Glorieta abandonada
Por: SadChirimoya
Capítulo II
Cinco meses.
Esa era la cantidad de tiempo que Uchiha Sasuke pasó encerrado en su departamento y eso fue lo que le tomó a Haruno Sakura prepararse para tomar el examen que le permitiría subir su rango.
Había pasado los últimos meses realizando misión tras misión. Muchas eran muy breves y simples, otras de un rango más alto, de mayor duración y complejidad.
En muchas de ellas figuraba como la Kunoichi capitana del equipo, lo que le permitió expandir sus habilidades como estratega y como líder. Dos áreas medianamente debilitadas en el repertorio de sus habilidades, ya que usualmente ella formaba parte del equipo como la medic nin, limitándose a seguir órdenes en lugar de dictarlas.
Complementario a la cantidad de misiones que realizaba, había iniciado un entrenamiento con Kakashi en paralelo al de Tsunade, dado que la Hokage no contaba más que con un par de minutos al día para entrenarla.
Su ex sensei se encargó de entrenarla en el uso de armas que le permitieran luchar a mediano y largo alcance. Sakura era una Kunoichi cuyo estilo de batalla era primordialmente corto alcance, lo cual era brutalmente efectivo cada vez que asestaba sus golpes, pero también dejaba una importante brecha para ser atacada cuando fallaba en su objetivo.
La intención de Kakashi era compensar esa debilidad al complementarla con técnicas de pelea que le permitiese reducir su exposición a los ataques enemigos cuya habilidad principal fuese de tipo mediano y largo alcance.
Por otro lado, se enfocó en ayudarle a mejorar su velocidad. Sakura jamás había sido destacaba por ese aspecto. No estaba del todo mal, pero con el entrenamiento de Kakashi habían conseguido no sólo aumentar la velocidad de sus movimientos, sino también la de reacción frente a giros inesperados durante el combate, lo que, sumado con su capacidad de análisis y planificación, resultaba en una fuerte combinación de habilidades.
Fueron semanas intensas, pero era evidente el fortalecimiento que había alcanzado la joven Kunoichi.
Fue semana antes de su cumpleaños fue llamada a la torre de la Quinta para comunicársele la noticia de su ascenso. Misma que fue recibida con evidente sorpresa, pues la convocatoria al examen era hasta dentro de dos semanas.
Lo había marcado en su calendario para no confundir la fecha.
— Tu última misión fue parte del examen. — Explicó su maestra, mientras bebía con tranquilidad una copa de sake.
Sakura recordó con diversión las ocasiones en las cuales Shizune reñía a su maestra por estar bebiendo en horario de trabajo.
— No sólo fue completada con éxito, también trajiste de vuelta a todos los Shinobi's a tu cargo con vida y en buen estado. — La muchacha asintió con suavidad, recordando que su equipo fue emboscado por ninjas rebeldes de Kusa. Como resultado de la batalla, uno de sus compañeros había resultado gravemente herido. — Felicidades, Sakura.
— Gracias. — Pronunció ella, con firmeza y sinceridad.
— Pero eso no es todo. — Continuó Tsunade. — Tengo la primera misión que desempeñarás como ANBU.
De ahí en adelante, su maestra compartió la preocupación que mantenía sobre el asunto relativo al clan Uchiha. Habían pasado ya meses desde que salió a la luz delicada información sobre la masacre y aún no se habían tomado cartas en el asunto.
Casi medio año después de la guerra la Hokage habían logrado poner todo en orden en la aldea. Era el momento de actuar e investigar en profundidad, además, urgía la necesidad de encontrar a Uchiha Itachi, si es que aún continuaba vivo.
La misión, rango S, consistía en dos partes: Investigar y revisar documentos para armar la historia completa y tener pruebas de la acusación que planificaban hacer contra los del consejo y, por otro lado, necesitaba investigar sobre el paradero del Uchiha.
La misión estaba planificada para llevarse a cabo en compañía de Kakashi.
Naruto, la otra parte que estaba en conocimiento de la situación, no era adecuado para participar en esa clase de misión, puesto que destacaba demasiado al ser conocido como el gran héroe de la guerra. Sasuke, por otro lado, mantenía la prohibición de dejar Konoha, principalmente porque no sería bien recibido por otros países y aldeas ninjas. Muchos aún esperaban por su sangre como pago por los crímenes cometidos en contra de sus naciones.
— Puedes discutir con Kakashi cómo procederán. — Un pesado suspiro se escapó de los finos labios de la mayor. Sakura comprendía lo agobiante que resultaba la situación.
Para ella misma, aún a pesar de haberse visto ocupada entre su entrenamiento y las misiones en los últimos meses, fue difícil no pensar de cuando en cuando en ello.
De hecho, por iniciativa propia había hecho una revisión de los documentos que se encontraban disponibles para ella, pero la información que había encontrado era prácticamente nula. Y tenía sentido que fuese todo tan confidencial y reservado para los altos rangos, después de todo, era un secreto de estado.
— Puedes retirarte.
La pelirrosa asintió de forma ausente, y de la misma forma se encaminó hacia la salida. Ya estaba trazando un plan para investigar.
En primer lugar, iría a la biblioteca que se encontraba en el subsuelo de la torre. No deseaba llegar con las manos vacías y, de todas formas, seguía molestándole que la única información encontrada con anterioridad sobre el clan hablara sobre hechos históricos como la conformación de la aldea o la pelea de Madara y Hashirama; cosas que ya sabía porque se las habían enseñado en la academia.
Antes de retirarse, Tsunade se había acercado a ella luego de pronunciar su nombre. La joven se volteó en dirección a su maestra quien con suavidad apoyó la palma de su mano en el hombro derecho de la menor. Fueron unos instantes en los cuales ella observó con curiosidad a su maestra, cuestionando silenciosamente el motivo por el cuál dejaba fluir chakra hacia su hombro, sin embargo, y como muestra de la plena confianza que tenía en la rubia, se mantuvo tranquila hasta que, con la misma suavidad que había puesto la mano sobre su piel, la retiró.
Al retirar su mano, ella misma pudo ver grabado en su hombro el usual tatuaje que la distinguía como ANBU.
La marca había sido plasmada en su piel con chakra.
Ambas se dedicaron una pequeña sonrisa y luego la menor pudo emprender camino hacia la biblioteca.
Cerca de dos días le tomó revisar la totalidad de archivos clasificados que se almacenaban bajo la torre.
Una vez que había comenzado a leer no pudo detenerse y volvió de la biblioteca su hogar por aquel breve periodo de tiempo.
Sin embargo, el tiempo invertido sólo sirvió para concluir dos cosas. La primera: no existía información referente a la masacre cometida por Itachi o a ninguno de los conflictos ocurridos entre la aldea y el clan. La segunda: la paz en Konoha, y probablemente en todas las otras aldeas ninjas, era mantenida por medio de sacrificios.
Leyó sobre una serie de problemas y tensiones políticas referentes a otros poderosos clanes de la aldea cuyas resoluciones siempre eran pactadas por medio de sacrificios humanos.
Cualquier altercado que perturbase o amenazara con perturbar la paz era solucionado de exactamente la misma forma.
Históricamente hablando, la aldea estaba cimentada sobre sangre, muerte y odio.
Después de haber analizado sus descubrimientos abandonó con cierta pesadez la biblioteca. Necesitaba hablar con Kakashi, pero antes debía pasar por su departamento para asearse y comer algo.
Sus pensamientos dejaron de girar en torno al mal presentimiento que le provocaba el no haber encontrado nada relativo a la masacre cuando al ingresar a su nuevo departamento encontró un paquete con una pequeña nota encima.
— Uniforme… — Leyó ella extrañada mientras cerraba la puerta luego de haber recogido aquel bulto.
Pronto cayó en cuenta a lo que se refería.
Avanzó con su nuevo uniforme entre manos hasta llegar a la sala de estar.
Luego de su regreso de la guerra y de haber realizado un buen número de misiones, había decidido mudarse sola, aún en contra de los deseos de sus padres que alegaban, quizás con justa razón, que era demasiado pronto para abandonar el hogar familiar.
La pelirrosa no había hecho demasiado caso a sus argumentos, pues las ansias de estar sola fueron más grandes que cualquier otra cosa. Necesitaba armarse un refugio de toda la mierda externa que había vivido en la guerra y de la que vivía en las misiones, y ese refugio no incluía a nadie más que ella misma.
Necesitaba tiempo para resolver sus conflictos, sus ambivalencias. Necesitaba aterrizar firmemente sus pies sobre la tierra y de ahí construir su propio camino; un camino consciente, informado y realista.
Y por sobre todo necesitaba alejar a sus padres. No podía permitirse que salieran dañados producto de sus propias luchas internas. No era correcto que pagase con ellos el enojo, la frustración y el dolor que se arraigaron tan profundamente en su alma luego del combate, luego de descubrir la verdad tras la verdad.
Con cierta impaciencia abrió aquel paquete y observó en su interior la armadura gris propia de los ANBU, junto con ella, un par de porta shuriken. También una de las ya conocidas espadas que portaban los ninjas de la división, y un par de camisetas y pantalones negros. Lo último en capturar su atención fue la máscara que se le había asignado.
Con curiosidad había tomado el objeto entre sus manos para poder detallar su diseño. Correspondía a un gato, lo cual se le tornó ciertamente curioso, pero no le dio demasiadas vueltas.
Con una pequeña sonrisa en sus labios transportó las prendas hacia su habitación. Quería probar su nuevo uniforme, pero antes, era necesario que se diera una breve ducha, así que con el pensamiento en mente encaminó sus pasos hacia el cuarto de baño después de haber depositado las prendas sobre la cama.
La ducha de agua caliente sirvió para relajar su cuerpo y fue muy placenteramente recibida por la joven. A veces le daba la impresión de que el agua arrastraba todas sus preocupaciones, y aunque breve, siempre era un tiempo que disfrutaba tanto como podía. De no haber sido porque le urgía hablar con Kakashi, definitivamente hubiese cambiado esa ducha por un baño en tina.
Lo que le recordó la invitación que le había hecho Ino hace unos cuantos días atrás relacionada a visitar unos baños termales. Dependiendo del curso de sus investigaciones, podía verse muy tentada a aceptarla.
Cuando se vio de pie frente al espejo de su habitación completamente vestida con aquel nuevo uniforme no pudo menos que recibir la imagen con orgullo. La pequeña Sakura de doce años que aún vivía en su interior estaba terriblemente orgullosa de ver el fruto de sus entrenamientos y estudios.
Quizás aún tuviese un largo camino por delante, pero había llegado a un punto en el que podía mirarse a sí misma y reconocer sus logros con felicidad.
Se dedicó a observar su figura un par de minutos más, olvidando por un instante lo mucho que le urgía hablar con Kakashi.
Recorrió con la mirada el calce perfecto de su uniforme en su cuerpo. Vestía una camiseta negra, pegada a sus curvas y sin mangas, pero con cuello alto, lo que permitía dejar visible aquella marca que avisaba de su rango. Los pantalones, del mismo color, eran de su talla, pero lo suficientemente sueltos para darle toda la libertad de movimientos que necesitaba durante un combate. Luego estaba la armadura gris que protegería su pecho de ataques enemigos. En la cama aún descansaba la máscara dedicada a mantener su anonimato, pero en su caso se cuestionaba con seriedad si realmente fuese útil.
Sakura era conocida, entre tantas cosas, por poseer aquel llamativo cabello rosado que nadie más tenía en la aldea. De hecho, la única persona que había visto en su vida con un cabello de características similares había sido la fallecida anciana Chiyo.
Junto con eso, la característica marca de ANBU plasmada en su hombro avisaría a cualquiera sobre la pertenencia a la organización, y no podía utilizar el uniforme diariamente, pues complementario a su trabajo en aquella división, continuaría trabajando algunos turnos en el hospital, y definitivamente no podía pasearse con armadura por el recinto clínico; entorpecería todo su trabajo de ser así.
Además, era totalmente consciente de que fuera de la aldea se le conocía como la Tsunade nigō, y eso era antes de la Cuarta Gran Guerra Ninja. Después del histórico evento, todos los que pelearon y resultaron heridos, volvieron a sus villas relatando los milagros que era capaz de hacer la Kunoichi de cabellos rosados.
En conclusión, el anonimato no parecía coincidir realmente con su nuevo puesto en ANBU. Imaginaba entonces, que el uso de aquella máscara y armadura estarían limitados para las misiones que se le asignase en un futuro. Quizás el resto del uniforme podría usarlo como reemplazo de sus actuales vestimentas ninja, pero si decidía hacerlo, no sería ese día. Así que con calma y cuidado retiró sus prendas para dejarlas ordenadas sobre la cama, y luego fue a su armario por un cambio de su usual ropa colorida a la que estaba tan acostumbrada.
Una vez que estuvo lista abandonó rápidamente su hogar y partió en busca de Kakashi.
Al no saber dónde iniciar su búsqueda, puso particular atención a las emisiones de chakra que percibía en su entorno, buscando al ya conocido de sobra perteneciente a su ex sensei.
Extrañamente, la ubicación de donde percibía su chakra correspondía a lo que recordaba era su hogar.
Encogiéndose suavemente de hombros se encaminó a casa del peliplata.
.
La llegada de la menor a su hogar fue alertada cuando unos suaves golpes sonaron en su puerta. Kakashi, un poco sorprendido de no haberse percatado antes de su presencia, se acercó con la calma que lo caracterizaba a abrirle para permitir su acceso.
La joven Kunoichi, durante sus meses de entrenamiento, se había vuelto muy hábil disimulando su presencia y enmascarando su chakra, y aparentemente había agarrado la costumbre de hacerlo siempre.
A Kakashi le tomó un poco de trabajo abandonar esa costumbre luego de que abandonó la división ANBU.
Estaba tan habituado a pasar tan desapercibido como sus habilidades se lo permitiesen que, cuando ya no era necesario que lo hiciese, le tomó un poco de tiempo dejar de ocultar su presencia y chakra.
— Sakura. — Saludó el hombre mayor cuando la joven ingresó a su hogar.
— Kakashi-sensei. — Murmuró la joven, permitiendo a sus labios curvarse con libertad en una sonrisa.
— Veo que ahora eres parte de ANBU. — Acotó el mayor cuando su mirada capturó aquel signo plasmado en su hombro desnudo.
— Hace dos días Tsunade-sama me promovió. — Comentó con una nota de orgullo en su voz.
Kakashi elevó ambas cejas en un gesto curioso. Había estado esperando por la Haruno para comenzar con su misión, pero no creyó que la joven tardaría dos días en buscarlo, mucho menos conociendo el particular interés que manifestaba la joven en aquella problemática.
— Estuve investigando en los archivos clasificados de la torre durante los últimos dos días, por eso mi demora en buscarte. — Informó, como si fuese capaz de leer los pensamientos del Jōnin.
Quizás no figuraba dentro de las habilidades de la Kunoichi el leer mentes, pero conocía a su sensei desde los doce años, y aunque cuatro años no pareciesen mucho tiempo, había sido suficiente para aprender a leer las posturas, expresiones y los silencios del adulto.
— ¿Algo de utilidad? — Inquirió el mayor, mientras conducía a la joven hacia la cocina de su hogar.
Sakura observó que el lugar realmente no era grande e increíblemente se ajustaba a lo que alguna vez imaginó que sería su vivienda. Contaba con una cocina que compartía espacio con una pequeña área para comer, a su vez, dentro del mismo espacio se observaba una sala de estar poco decorada y con muebles precisos y funcionales. Asumía que detrás de las puertas cerradas que veía se encontraban su recamara y el cuarto de baño.
No era un lugar pequeño, pero tampoco nada ostentoso.
Luego de una muda invitación por parte de Kakashi, Sakura tomó asiento en la barra que conectaba con la cocina. El mayor reunió todos los implementos que requería para poder preparar una infusión mientras esperaba que la joven le actualizase de sus descubrimientos.
— Además de mi renovada pérdida de fe en las personas, no demasiado. — Respondió ella con la ironía adornando sus palabras. En el rostro de Kakashi se dibujó una expresión de diversión ante el dramatismo percibido en las palabras de su alumna.
Sabía que era tan en serio como broma lo que decía, y sabía también que la constante decepción era parte del trabajo. Él también lo había vivido en su juventud.
— ¿Y algo referente al Clan Uchiha? — Especificó él, dibujando una pequeña sonrisa bajo aquella máscara tan característica de él.
— Kakashi-sensei. — Llamó la pelirrosa y él alzó la mirada en su dirección, haciéndole saber que tenía su atención. — Cuando ocurrió el suceso ¿Se realizaron los reportes correspondientes sobre el incidente? — Kakashi la observó con cierta curiosidad mientras asentía lentamente. El Jōnin podía hacerse una idea hacia dónde se dirigía la conversación. — No hay rastro de documentos referentes a la masacre del clan en la torre de la Hokage… — Pronunció con lentitud.
— ¿Estás segura?
— Pasé 48 horas leyendo y releyendo todos los documentos de cada incidente ocurrido desde el primer Hokage, pero lo único referente al clan que pude encontrar, tenía relación con los conflictos entre Madara-sama y Hashirama-sama, luego sobre pequeños altercados entre la policía militar y el resto de la aldea. Ah, también había documentos sobre el ataque del Kyūbi en el cual se responsabilizaba indirectamente a los Uchiha.
El peliplata frunció el entrecejo con extrañeza. Era de su conocimiento que, al igual como sucedía con cualquier incidente en la aldea, para el caso del Clan Uchiha se habían realizado todos los reportes correspondientes, tanto de los primeros ANBU en llegar a la escena como del equipo médico-forense.
— Por otro lado, entre toda la información referente a Uchiha Itachi no se hace mención de su desempeño como doble agente. Existe un espacio entre la época que se unió a la división y cuando desertó la aldea donde la única información existente tiene relación con las misiones que llevó a cabo como ANBU.
Kakashi procesó durante unos instantes en silencio la información que le había entregado la pelirrosa. Si los archivos no se encontraban bajo el poder de la Quinta, eso sólo dejaba como opción que se encontrasen bajo el poder del consejo.
Conseguir acceso a ellos iba a requerir de mucho ingenio y planificación.
— Será complicado alcanzar esa información. — Comenzó el peliplata, recibiendo un asentimiento como toda respuesta. Sakura se había figurado que si su maestra no estaba en posesión de esos archivos muy probablemente se encontraban bajo la custodia de los ancianos del consejo. — Homura y Koharu no bajaran la guardia contigo; eres la viva imagen de los ideales de Tsunade y prácticamente su mano derecha junto con Shizune. Conmigo la situación es similar, pero no podemos incluir a otra persona en esta misión o comenzarían a levantarse sospechas. — Finalizó el mayor, soltando un pesado suspiro mientras dejaba frente a la muchacha una humeante taza de té.
— ¿Qué propones para continuar? — Inquirió la Haruno mientras apoyaba una de sus manos en la cerámica que contenía su té. Kakashi había tomado asiento relajadamente frente a ella, y hasta ese momento no había puesto real atención a su aspecto.
Se observaba relajado sin el chaleco militar de Konoha, incluso un poco más joven vistiendo sólo aquella camiseta negra de cuello alto, sin mangas, y un pantalón suelto del mismo color. Su cabello despreocupadamente desordenado, aún desafiando las leyes de la gravedad, le otorgaban una esencia jovial y no tan seria como cuando estaba en servicio.
— Propongo que me dejes a mí a cargo de reunir información física, y en tanto, averigües el paradero de Itachi.
En primera instancia Sakura pensaba contradecir al exANBU al escuchar que pensaba quedarse con toda aquella tarea para sí, pues pensó que pretendía dejarla fuera de acción hasta que reuniese la suficiente cantidad de documentos como para partir en busca del Uchiha. Luego, comprendió que no estaba dejándola fuera, de hecho, todo lo contrario.
Tenía mucho sentido lo que proponía el Jōnin. Si continuaban trabajando juntos tarde o temprano levantarían sospechas. Por separado, sin embargo, se mantendrían libres de cuestionamientos y sería muchísimo más fácil para Kakashi encontrar una forma de acceder a cualquiera que fuese el lugar donde el consejo almacenaba información de máxima confidencialidad. Además, paralelamente Sakura podría indagar por el paradero de Uchiha Itachi, y si tenían suerte, no sería necesario prolongar en exceso su misión.
— Suena a un plan. — Asintió finalmente, curvando sus comisuras con suavidad hacia arriba.
Kakashi decidió aprovechar que no habían hecho más que comenzar a beber el té, para indagar en un tema que picaba su curiosidad desde hacía meses. Un tema completamente diferente a su misión.
— ¿Has hablado con Sasuke? — Inquirió de pronto el mayor, recibiendo por parte de la pelirrosa una expresión de confusión.
No entendía a qué venía la mención de su compañero, pero contestó de todas formas.
— Hace dos semanas asistió a su cita mensual. — Respondió mientras recordaba aquel día que trabajó en el hospital.
A veces extrañaba aquellos turnos atareados que pasaba en el recinto médico. Estaba tan habituada a ellos, que dejarlo todo de un momento a otro para poder enfocarse completamente en su entrenamiento había sido un cambio muy drástico al que le costó un poco adaptarse.
— Me refiero a si has hablado con Sasuke.
— No realmente. Contesta mis preguntas regulares en relación con su salud, pero fuera de ello, no. ¿A qué viene la pregunta?
El mayor se encogió con suavidad los hombros.
— Creí haber notado cierta tensión.
— Bueno, sí. Intentó asesinarme. — Explicó vagamente, aunque sin estar del todo segura de que esa fuese la respuesta que esperaba el mayor.
— ¿Ese es el motivo por el cual has estado tan corta con él?
Sakura arrugó su nariz al verse envuelta en aquel interrogatorio. Su plan al acudir al hogar de Kakashi era discutir ciertos detalles de su misión, no las razones por las cuales actuaba como lo hacía con Sasuke.
— ¿Qué es lo que quieres preguntarme, Kakashi?
El aludido sonrió para sus adentros. Hacía meses atrás se había cuestionado si el crecimiento sufrido por la joven durante la guerra era bueno o malo, pero ahora podía asegurar que su maduración estaba tomando un buen rumbo.
Sí, quizás se haya caído la venda que cubría sus ojos y le permitía ver el mundo rosa y de corazones. Quizás una pequeña parte de la Sakura que conoció hace unos cuantos años murió en la guerra y fue enterrada con sus camaradas. Quizás le hubiese gustado conservar a la kunoichi como la soñadora niña de doce años, pero todo lo sufrido en la guerra y en la postguerra había contribuido para tener a la pelirrosa sentada en su casa hablando como si fuesen grandes amigos de toda la vida. Y Kakashi no era precisamente un sujeto muy hablador o de muchos amigos, por lo que la escena se plasmaba como una imagen interesante y que el hombre jamás había figurado posible, pero que apreciaba con justicia en su presente.
— Sasuke volvió a la aldea. Supongo que siempre imaginé que cuando volviese, te acercarías a él. — El énfasis marcado en sus palabras fue suficiente para hacerle comprender hacia dónde estaba dirigiendo la conversación.
— Mierda, no. — Respondió apresurada, casi por acto de reflejo ante la insinuación de Kakashi. La dejaba un poco sorprendida del interés de Hatake en la vida romántica de sus estudiantes. Talvez ya se había aburrido de leer aquellas novelas eróticas que siempre cargaba con él y ahora buscaba un reemplazo para sus lecturas.
La mirada curiosa de su exmaestro fue lo que la alentó a explayarse en aquella breve respuesta.
— Tiene que ver con que intentó asesinarme, claramente. — Comenzó ella. — Pero también tiene que ver con la persona en la que Sasuke se convirtió. No intento bajar el perfil a la terrible infancia que vivió, y evidentemente es de esperar que eso influyera en su desarrollo a futuro. No es algo que estuviese bajo su control y por ende no es algo que pueda recriminársele. — Explicó con calma. — Pero todas las decisiones que tomó Sasuke desde los doce años en adelante son absolutamente reprochables. Eligió marcharse de la aldea, lo cual podría ser fácilmente perdonable. Eligió la venganza antes que reconstruir su vida aquí, con personas que lo querían como si se tratase de familia, y está bien, tenía una misión, un objetivo que llevar a cabo, puedo entender quizás que haya dado la espalda a sus camaradas. Pero Sasuke no dejó de tomar malas decisiones, una y otra vez. Alejó a Naruto sin descanso, atentó contra la vida de inocentes sólo porque se cruzaban en su camino, atentó contra mi propia vida y la de los ninjas de Konoha. Y ahora estamos aquí, sabiendo que Itachi no es el villano que se nos contó y, por lo tanto, que todo lo hecho por Sasuke hasta ahora prácticamente fue un desperdicio. — Pausó mientras acercaba la bebida hacia sus labios. Sabía que podía sonar severa cuando hablaba del tema, pero esa era la forma en la que se sentía respecto al asunto. Sasuke hacía mucho tiempo había dejado de significar algo para ella en el sentido romántico. — Y no es que le odie, simplemente no soporto el hecho de que camine libre por las calles sin ningún tipo de castigo aún pese a los crímenes cometidos.
Kakashi había escuchado con atención cada palabra pronunciada por la pelirrosa, y efectivamente creyó que estaba siendo muy severa, pese a que compartía gran parte de la opinión de la chica sobre el asunto de su impunidad.
— Además, si algo aprendí de ti, es que todo aquel que da la espalda a sus camaradas es peor que la escoria. — Agregó con una sonrisa divertida en sus labios. Sabía que iba a descolocar a su exmaestro escuchar sus propias palabras en boca de la pelirrosa, pero contrario a lo esperado, el mayor esbozó una afable sonrisa.
— Me alegra saber que después de todo retuvieron algo de los que intenté enseñarles. — Le enorgullecía ver que la lección que aprendió a base de dolorosas experiencias había sido bien plantada dentro de los ideales de su alumna. Ese era su máxima meta como sensei, aún por encima del fortalecimiento o desarrollo sus habilidades.
De nada servía un shinobi con grandes habilidades si no era capaz de pensar en el bienestar y seguridad de sus compañeros antes que en cualquier cosa.
— De todas formas, creo que Sasuke está recibiendo suficiente castigo por todos los errores cometidos. — Ahora fue el turno de Sakura de prestar atención, intrigada por las palabras del exANBU. — No creas que Sasuke no se tortura a sí mismo pensando en todas las malas decisiones que alguna vez tomó. De hecho, es muy probable que estos últimos meses no haya hecho más que castigarse mentalmente a sí mismo por la existente posibilidad de que Itachi en verdad esté muerto. Y si es así, es un peso que cargará toda su vida sobre sus hombros.
— No dudo que lo será, pero eso no cambia el hecho de que lo que alguna vez sentí por él está enterrado desde hace mucho tiempo. Me es difícil siquiera pensar en Sasuke como un amigo. — Suspiró la menor, dejando apoyar su espalda en la silla mientras alzaba la mirada al techo. — Y realmente no estoy en posición de distraerme en estos momentos.
— No puedo creer cuánto has crecido, Sakura-chan. — Dijo el mayor, luego de pasar unos instantes en silencio.
Como toda respuesta Sakura le dirigió una mirada molesta que pronto se suavizó al encontrarse con un par de ojos que transmitían un sentimiento más bien paternal en lugar de una burla.
Si lo pensaba durante un segundo, era un tanto inesperado encontrarse compartiendo una conversación de ese tipo con el que alguna vez fue su sensei, pero contrario a ser extraño, era agradable.
— Creo que es hora de que deje de quitarte tiempo. En cuanto tenga algo de información nueva, te daré aviso. — Musitó luego de dejar su taza ya vacía sobre la madera en la cual apoyaba sus brazos. — Tengo un par de ideas por donde iniciar mi búsqueda, así que espero volver con novedades pronto.
El hombre se puso de pie al mismo tiempo que su estudiante para poder guiarla hasta la puerta. Había pasado un rato agradable aún si el motivo original de su visita era aquel delicado e importante tema.
— Ten cuidado. — Fue todo lo que dijo el más alto al momento de despedirla.
Sakura asintió y decidió que era buen momento para volver a su casa. Decidida entonces, encaminó sus pasos hacia su nuevo hogar, excepto que realmente no lo hizo.
De hecho, su caminata tomó un rumbo completamente diferente, y para cuando detuvo sus pasos estaba frente al territorio que alguna vez perteneció al clan Uchiha. Su mirada paseando atenta por la entrada clausurada con viejas cintas plásticas en las cuales se leía con dificultad, gracias al paso de los años, un "prohibido el paso".
Concentró sus sentidos en buscar alguna presencia o chakra cercano, pero no encontró nada.
Lo que alguna vez fue el hogar de la policía militar se encontraba apartado de la aldea, en un extremo distante, por lo que aldeanos curiosos eran su menor preocupación. Sin embargo, era sabido que el área había estado permanentemente clausurada hasta el presente, por lo que su preocupación era la presencia de un agente ANBU vigilando que nadie se acercase lo suficiente a la residencial.
Pero no había rastros de chakra aparte del suyo.
Quizás, con los años ya no fue necesario destinar un soldado a vigilar constantemente, después de todo el sitio era conocido por el macabro crimen cometido ahí y estaba segura de que nadie en su sano juicio se acercaría a curiosear. Las personas de la aldea eran muy supersticiosas y confiaban a ojos cerrados que todo aquel que se atreviese a molestar a los muertos, sería objeto de la ira de sus espíritus.
Sakura, por otra parte, no era muy creyente de que las almas de los muertos vuelven a la tierra para tomar venganza de quien ose a pisar lo que fue su hogar en vida. Y no es que estuviese demente, sólo se sentía extrañamente atraída al lugar.
O eso se decía mientras sin dificultad alguna atravesó las viejas cintas que poca y ninguna resistencia ofrecían, encontrándose pronto en el interior complejo del legendario Clan Uchiha.
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