1. Vacaciones
POV RENESMEE
El camino hacia mi provisional casa se sentía muy tranquilo pero el ambiente dentro del coche era poco apetecible. Hacía un radiante sol y el clima era muy cálido pero en comparación con los nublados o lluviosos, tristes y fríos días en Inglaterra todo me parece cálido. Sobre todo viniendo de Northumberland, el lugar más al norte cerca de la frontera escocesa. El estado de Maryland se veía un agradable lugar.
Hace una semana que acabé secundaria, una de las más jóvenes, las de mi edad todas cumplían años antes de septiembre. La institución en la que me encontraba no era un instituto cualquiera sino un internado, uno de los mejores en Inglaterra por su alto nivel en educación y por salir de ahí siendo una verdadera señorita bajo un estricto régimen casi victoriano. Se encontraba justo al lado del mar para darle un toque más tenebroso. Eso, más que fuera una institución religiosa en la que nos pasábamos todo el día estudiando, rezando y orando la hacía perfecta para ser un casi convento de monjas. Me alegraba de poder pasar un verano lejos de ahí.
Miré a mi acompañante, una mujer muy hermosa y segura. Bella. Pero estaba en su propia burbuja y no se daba cuenta que no estaba sola. Aunque siempre había actuado así, por ello pasé toda mi infancia lejos de ella.
Ahora estoy aquí. A millones de kilómetros de Northumberland, libre.
Salí del coche después de Bella y caminé detrás de ella como una sombra. Llegamos a la entrada en poco más de un minuto y ahí nos esperaba todo un arsenal de sirvientas vestidas con el típico traje negro y blanco. La casa-Yo creí que era una casa, al menos eso me dijo Bella- No era eso sino una gran mansión que incluso tenia alas en los laterales. Desde el coche se veía espectacular pero ahora que estaba enfrente se veía aún mejor. Pero hubiera preferido un lugar menos ostentoso. Sé que Estados Unidos es conocido por sus extravagancias como sus grandes mansiones pero Inglaterra también las tiene y mucho mejores ya que fueron antiguas residencias de nobles. Doy fe en ello. Nuestra casa en York es todo un palacio, una herencia de papá.
Una señora de aspecto pulcro y sin ningún cabello fuera de lugar se acercó a nosotras y nos hizo una leve inclinación.
¿Qué era eso? ¿Acaso estábamos en el siglo pasado? Espero que al menos no diga su excelentísima o su ilustradísima señora o peor aún lady Cullen.
-Señora Cullen, tenemos todo listo. ¿Desea tomar el té o se esperará a cenar?
-Tomaré el té.
Otra reverencia y nos condujo dentro. Bella giró brevemente la cabeza para hablarme.
-Tú no tomarás el té-Antes que le preguntara la razón, no replicar, sino la razón, ella me dijo una palabra-Tercero.
Suspiré pesarosa. Cuando Bella habla de números como primero, segundo, tercero, cuarto, quinto, sexto o séptimo se refiere a los pecados capitales. El tercero, la gula. Me sabía perfectamente bien cada pecado, cada mandamiento, cada fragmento de la biblia, cada apóstol… Sabía todo lo relacionado con la religión Anglicana. Y ahora, por haber comido de más en el avión ella me castigaba.
-Renesmee-Dijo con la voz lo suficiente alta para llamar mi atención.
Ahora que nos encontramos en este punto digo que lo que acaba de decir Bella no es algún tipo de pecado, mandamiento o forma de castigo. Bueno, si lo miro de cierta forma sí lo es. Eso que ha dicho es mi nombre. Sí, me llamo Renesmee Cullen. Mi nombre tiene su historia. Completamente sería Renesmee Carlie Cullen Swan, como no soy casada puedo llevar mis dos apellidos pero por costumbres inglesas solo es el primero que he nombrado. Si digo Renesmee en Inglaterra está un poco oído a pesar de ser muy extraño. Os digo las razones: mis padres son unos políticos muy importantes-Uno es el ministro de asuntos exteriores y otro el de interiores- y yo como hija de tan altas presencias a veces abro actos y eventos sociales como recaudación de fondos para hospitales infantiles, discursos, conferencias… Mis padres me quieren preparan bien para mi futura vida. Supongo que por eso estaré aquí todo el verano.
-Sube tus maletas a tu habitación. Segunda planta, primera puerta junto a la ventana.
Asentí. Cogí mis maletas hacia mi nueva habitación pero la tercera vez subí cansada a pesar de tener distintos sirvientes que estaban ahí para eso. Yo siempre he estado en contra de tener gente que me sirviera, nunca me había gustado eso pero Bella decía que una señorita de mi nivel no tenía que hacer ese tipo de cosas sin embargo ahora lo estaba haciendo como otro castigo.
Descansé en la mitad de la escalera dejando la maleta de pie al lado mío.
Uff, que agotador
Estuve unos segundos descansando y luego, cuando estaba a punto de coger la maleta… cayó escaleras abajo. Gemí en voz alta. Mínimo eran unas quince escaleras. Al menos la gran alfombra que recubría casi toda la mansión opacó el ruido. Bajé rápidamente antes de que llegara alguien y se quejara de mi torpeza. Cogí un poco de impulso para subir la muy pesada maleta.
-¿Qué haces aun en los pasillos, Renesmee?-Me quedé paralizada al oír su voz. Como si una orden me hubiera dado puse mi espalda bien recta y no encorvada como lo estaba haciendo para subir la maleta- Te dije claramente que dejaras la maleta en tu habitación. Bueno, ya que estás cámbiate. Te quiero arreglada en una hora, ya es casi la hora de cenar.
Asentí sin dejar de darle la espalda. Con un gran esfuerzo subí las tropecientas escaleras que me quedaban pero con el molesto murmullo de la voz de Bella en mi cabeza.
Y bien, ahora que ella ha aparecido diversas veces pero no de una forma muy agradable os contaré quien es la fantástica Bella. Ella es una mujer muy poderosa, orgullosa de sí misma, no tiene piedad ni la siente, es vanidosa, arrogante, malévola, agradecerías al infierno que te llevara en vez de estar con ella, es la directora general de los Siete Pecados Capitales, es un monstruo sin corazón, siempre juega con las personas, no siente amor por nadie y… es mi madre. ¿A que no lo hubierais pensado con todo lo que he dicho sobre ella? Es cierto que es mi madre pero como si no lo fuera, no me trata con cariño. Siempre tiene esa extraña mirada de frialdad preparada para mí.
Abrí la puerta de lo que iba a ser mi habitación los próximos tres meses. Desfilé lentamente por la habitación apreciando cada detalle. Era un lugar muy amplio, grande, con un techo bastante alto-Mínimo unos cuatro metros- y estaba iluminado con la luz natural del sol. Era muy al estilo rococó. No era la primera vez que veía la habitación pero sí la primera en la que me quedaba ahí. Las otras veces que había venido me instalaba en una habitación cerca de la de mis padres.
Avancé por la habitación sin dejar de tocar las paredes que contenían bastantes relieves, el fondo era de un bonito color mármol pero abundaba el color salmón. El techo era del mismo color que el fondo de las paredes. Baje la mirada justo a tiempo para ver enfrente de mí un pequeño tocador con su cuadrado espejo recubierto en los bordes, de lo más seguro oro. Me senté un momento en la silla y comencé a acariciar con mis dedos la mesa. Me hacía acordar a la que tenía en Inglaterra. Giré la silla para terminar de observar mejor la habitación. Justo en la otra punta se encontraba un gran espejo del tamaño de una puerta y en el otro extremo también había uno. Vi en el reflejo una pequeña mesa con otra silla. Me levanté de la silla para acostarme en la cama.
Bueno, al menos es cómoda. La habitación es bonita pero muy ostentosa.
Abrí la maleta y comencé a revolver entre la ropa hasta que encontré una falda estampada de flores rosas y lilas, y una camiseta blanca. Ahora que tenía la ropa faltaba bañarme, el problema era… ¿Dónde estaba el baño? Intenté ver si detrás de alguno de los espejo-puerta había un baño pero solo era espejos grandes. Abrí unas puertas pero resultó ser un vestidor excesivamente grande. Hasta que, cerca de la puerta encontré la entrada al baño. Este también era muy grande, contaba con dos lavamanos, dos puertas más, un tocador y una gran bañera en forma de cuenco sobre dos tarimas.
No esperé a que la bañera estuviera llena para meterme. Salí envuelta en una de las toallas que me encontré detrás de una de las puertas. Solo me bañé el cuerpo porque no me daría tiempo a secarme el cabello y Bella siempre exigía puntualidad.
Me acosté sobre la cama y abracé una de mis almohadas.
Tres meses de libertad, tres meses fuera de aquel infernal internado anglicano que estoy segura que más de un exorcismo habrán hecho allí. Paz, por fin.
Sonreí muy contenta imaginando lo que harían en esos meses de vacaciones. Inglaterra, a pesar de ser mi hogar era un lugar frío y no abundaban los días bonitos. En cambio aquí… Miré por la ventana, era un bonito día de verano americano. Me quedé mirando las vistas del gran jardín hasta que cerré los ojos.
La molesta luz del sol que me daba directo en los ojos hizo que me despertara. Me quejé por el fuerte impacto de iluminación. Revisé la hora en mi fantástico móvil-No es ironía, por mucho que sea un móvil con tapa me gusta. Es mucho más útil que las nuevas tecnologías de hoy en día y tiene más volumen que cualquier móvil táctil- Levanté la tapa. ¡Las siete menos cinco!
Rápidamente me vestí y salí por la puerta corriendo hacia el salón, pero ¿Dónde estaba el salón?
La próxima vez le pediré a Bella un mapa.
No conocía muy bien la mansión porque las otras veces solo estaba en el estudio haciendo deberes de verano o en otra habitación que estaba justo al lado de la de Bella. No confiaba en que no me escapara y fuera al salón o a algún lugar para ver la televisión. Un lujo que en el internado no podía permitirme.
Me recorrí todas las habitaciones de mi planta ¡Eran demasiadas! Pero después de la sexta habitación me di cuenta que en esa planta solo había habitaciones así que bajé y di un par de vueltas. Encontré el salón pero ahí, aparte de haber una gran mesa, muchos asientos y mucha decoración rococó no estaba Bella. Pero sí estaba en otra sala más pequeña con una mesa no tan grande pero bastante considerable. Ahí cabían al menos doce personas.
-Llegas tarde-Dijo ella cuando me vio entrar- No podrías haberte puesto otra ropa ¿Verdad? Lo que llevas es muy corto y escotado.
Me senté en el lugar donde había un plato y fijé la vista ahí. La ropa que llevaba no era tanto como ella decía, la falda me llegaba por un poco más arriba de la rodilla y la camiseta apenas tenía una pequeña bajada pero mis pechos hacia que todo lo que me pusiera se viera con escote o muy voluminoso. Bella siempre estaba diciendo que llevaba ropa poco apropiada, pero estaba bien, ya estaba acostumbrada.
-Lo siento, no vi la hora y me quedé dormida-Me disculpé cabizbaja. Estábamos a tres sillas pero su mirada no dejaba de ser gélida. Jamás había disfrutado del derecho al escabel*- No sabía tampoco donde estaba esto.
-Debiste haberle preguntado a alguien de servicio entonces.
-Es que no…
-No me repliques. Bien, al menos bendice la mesa.
Me posicioné en una postura más recta.
Bendice Señor y bendice estos
alimentos fruto de tu generosidad
y de nuestro trabajo.
Por Jesucristo Nuestro Señor.
Amén
Acabé rápido la oración, había decidido bendecir la mesa con la oratoria más corta que me sabía. Eso causó otra mirada más de hastío sobre mí de Bella.
-Come antes que tu comida se enfríe.
Miré mi plato. Era una sopa verde con un círculo blanco y una pequeña hojita de perejil en el centro. Si papá estuviera aquí seguramente ya estuviera haciendo alguna broma del plato. Pero Bella estaba muy bien sentada, utilizando la cuchara de sopas y comiéndosela-Era algo espesa- con mucha delicadeza y mucha clase.
-¿Dónde está papá?
-Tu padre está en Inglaterra arreglando unos asuntos.
-¿Vendrá pronto?-Pregunté con esperanza de verlo. Lo echaba de menos y quería darle un fuerte abrazo.
Bien, como habréis notado a mi padre le digo papá y a Bella no la llamó mamá. El motivo es que no siento el suficiente cariño hacia ella para decirlo, ya me cuesta bastante solo mencionar la palabra cerca de su nombre. Bella solo es la mujer que veo ocasionalmente, que me dio a luz y que paga mis gastos.
-No lo sé. Renesmee, deja de parlotear tanto y come. De segundo hay conejo.
-¿Conejo? Ya decía yo que no veía ningún conejo por el jardín-Dije intentando hacer una broma en aquel frío y hostil ambiente. Pero Bella arqueó una ceja molesta en mi dirección.
-Vamos ríe un poco, no es difícil-Yo sonreí pero ella seguía inescrutable.
Ella suspiró exasperada.
-Tan impertinente como Madame du Barry y tan exigente como Pompadour-Comentó para mí.
Aquí un dato referente a esta encantadora mujer. Mejor dicho dos. Siempre me compara con amantes de reyes francesas por dos razones: no le gustaba los franceses, los consideraba sucios y porque decía que yo tenía una forma de ser digna de una amante-Sí, un insulto diciéndome de manera "delicada" cortesana -. Y porque creo yo, que al hablar de la nobleza antigua, se siente como si estuviera en esa época e importante. Aunque importante ya lo es, es decir, somos. Al igual que el 60% de los políticos ingleses tenemos un título nobiliario, solo que el nuestro no es comprado. A Bella le viene de una antepasada suya que era duquesa, su marido era un primo lejano del rey de la época. Impresionante ¿Verdad?
-Espero que ahora que estamos aquí no coquetees con cualquier hombre.
Suspiré internamente, deseando volver a mis pensamientos.
-Yo no hago eso.
Ni siquiera sabía cómo se coqueteaba.
-Dios me ha enviado una hija pecadora y mentirosa. ¿Qué habré hecho?
Pecadora
Ella repetía constantemente esta palabra. Decía que tenía un cuerpo pecaminoso, que si yo hubiera sido creada para ser una buena mujer sería menos curvilínea. A veces me hacía pensar que estaba siglos atrás y no en el siglo XXI. Pero ella no era una santa, si yo era una pecadora ella debería ir al infierno.
Era verano, vacaciones, un estupendo tiempo para divertirse. Ya era hora de que me divirtiera y si eso le enfadaba a Bella, siempre me podía ir a la casa del abuelo Charlie que después del divorcio con la abuela René se mudó a Miami.
-¿Cómo está tío Edward?-Le pregunté con curiosidad. Yo sabía que entre ellos dos existía un cariño especial, algo más que ser cuñados. Pobre papá, en mi opinión Bella siempre está coqueteando con los hombres y estoy segura que sí en vez de ser dos hermanos, Edward y papá, James, fueran tres, seguro que también coquetearía con él. Pero son dos hermanos y una hermana, tía Rosalie.
-Con tu padre.
-¿Con papá? Si me dijo que la pasaría con su novia en Grecia. No le digas a nadie que tiene novia, la quiere mantener en secreto pero no sé el motivo.
Sí que sabía el motivo. Edward no quería que su querida Bella se enterara de sus amoríos. Pero él me lo cuenta absolutamente todo… me adora. Pero llevo bastante tiempo sin verle, desde aquel fatídico día en que tanto lo necesitaba y no estuvo para mí.
Pues ahora te fastidias Edward.
-La sopa se te ha enfriado. Janet, trae el segundo plato.
Casi grito cuando vi que detrás de mí salió una sirvienta. No la había visto antes ¿Acaso había estado todo el tiempo ahí?
Comí mi segundo plato con una sonrisa en la cara. Cuando acabé me fui a pasear por el jardín, casi no me acordaba de este lugar y tenía que memorizármelo un poco, viviría todo un verano aquí ¡Todo un verano! ¡Que emocionante!
No eran más de las ocho y el cielo aun seguía más o menos claro. En Northumberland ya estuviera oscuro y con viento. Antes que Bella dijera que entrara ya me estaba dirigiendo a la puerta. Estaba en el pasillo de mi habitación cuando sentí un ladrido a mis espaldas. Me giré y un perro se abalanzó sobre mí lamiéndome la cara.
-Ey, perrito. Sal que…
Iba a apartarlo de mí pero me di cuenta que era mi perro ¡Era mi Golden Retriever!
-¡Floffy! ¡Eres tú!-Me senté para poder abrazarlo y apachurrarlo.
Floffy había sido mi trabajo hace ocho años. La escuela había seleccionado a diez niñas para que nos encargáramos de unos cachorros y así ser responsables. Cuando fueron más mayores se encargaron de vigilar el internado por las noches.
-Creí que estabas en Richerston-Dije el nombre del internado-¿Te han traído en coche? ¿Has venido a hacerme compañía? Claro que sí bonito-Le acaricié la parte de atrás de las orejas.
.
.-.-.-.
.
Que Floffy viniera hizo mucho más amena mi estancia. Me pasaba todo el día jugando con él por toda la mansión o por el jardín y luego llegábamos todo sucios pero siempre le limpiaba las patitas para que no manchara las alfombras. Solo que me costaba mucho hacer eso, no le gustaba ser parcialmente duchado. Era un perro muy limpio.
-La patita-Le di un poco con la manguera pero enseguida la volvió a poner en su lugar-Sino no podremos entrar en casa. La patita-Le intenté volver a coger la patita pero me manchó la camiseta-Es muy fácil solo quédate quieto unos segundos, mira- Hice la acción de limpiar con la manguera mis zapatos que ya estaban limpios pero un sonido lo alteró. Se puso muy inquieto y en un movimiento quitó la manguera de su lugar haciendo que me mojara completamente. Floffy se alejó un poco y vi que se volvió a tranquilizar pero cuando reinstauré la manguera y la cerré él olfateó algo en el aire y lo siguiente que supe era que él se fue corriendo hacia dentro de la casa y yo detrás.
-¡Floffy, detente!
Él ya estaba entrando en la cocina, por suerte sus patas se habían limpiado lo suficiente en la carrera pero eso no bastaba, seguía dejando marcas. Crucé la cocina, la lavandería casi sin resbalarme. Floffy daba vueltas en círculo porque pasé diversas veces por el mismo lugar hasta que entró en la Sala de los Cuadros.
Menos mal, ahí sí lo podría atrapar y el suelo no estaba cubierto por alfombras.
Ya huiría después cuando Bella viera el estropicio hecho.
Pero ahí hay muchos jarrones y todo lo que hay ahí es fácilmente manchable o rasgable. Los cuadros…¡Oh, Dios! Estoy muerta si les pasa algo.
Corrí más rápido y casi me estampo contra la puerta en el brusco giro que hice. Floffy estaba lamiéndole la mano a un chico semi arrodillado a su lado. ¡Hay un hombre en la mansión! ¿Y si Bella piensa que soy yo quien lo ha traído? ¿Y si piensa algo que no es? Tengo que huir de ahí.
-Floffy, ven aquí-Lo llamé rápidamente y el fugitivo Golden se acercó a mí.
-¿Es tuyo?-El chico se acercó a mí sin dejar de mirarme a los ojos. Su altura se hacía más imponente a medida que se acercaba, tenía la suerte de ser alta pero aun así… él era grande y se lo veía fuerte. Sus rasgos nativos y su intimidante mirada me daban escalofríos. Pero a la vez, había algo que me incitaba a mirarlo tenía un potente atractivo que no pasaba para nada desaparecido y era joven. Antes de seguir pensando bajé la mirada a mi perro.
-Sí-Respondí en un susurro no buscado. Su presencia me hacía sentir incómoda y temerosa.
-¿Estas bien?-Elevó mi barbilla para mirarme a los ojos. Eso lo único que hizo fue que me ruborizara. El chico estaba muy cerca de mí y no paraba de examinarme de una manera muy extraña. En mi vocabulario no existía la palabra para definir esa mirada pero de lo nerviosa que estaba mi corazón comenzó a bombardear muy rápido. Lo que sí sabía era que no era algún tipo de amor a primera vista. Yo sabía perfectamente lo que era. Pavor a los chicos, demasiada cercanía.
-Sí, gracias por preguntar-Me mordí el labio haber sí así con el dolor la rojez se me desviaba a los labios. Tenía que salir de ahí- Eh, me tengo que ir. Adiós.
Di la vuelta sin importarme dejar a Floffy ahí pero lo llamé con la voz.
-Soy Jacob-Me dijo cuando crucé la puerta.
*Sentarse frente a la reina.
¡Hola Bad People! Nueva historia ¿Os gusta? ¿Os disgusta? Como veréis. Esta es una Renesmee ingenua y un Jacob muy vivo. Si no os gusta tanta ingenuidad, tranquilas… 3:D es R18/M
