Las palabras entre "comillas" son pensamientos.
2. Bienvenida a lo desconocido.
POV Renesmee
-¡Papi!
Me abalancé sobre papá en un abrazo. Él me balanceó en el aire. Era mayor para ese tipo de abrazos pero me encantan las muestras de afecto. Llevaba más de un mes en la ciudad de New Hampshire y todos los días eran muy aburridos, me había recorrido la mansión un montón de veces incluso sabía lugares "secretos" y me había encontrado cosas realmente espectaculares pero por el resto... Bella no me dejaba salir de casa porque decía que los treinta mil metros cuadrados ya eran muchos pero seguro que exageraba con las proporciones. Ahora ya no rezaba y oraba tanto. Sin embargo, me gustaba el lugar.
-¡Speedy!-Papá besó mi frente y puso su brazo sobre mi hombro. Fuimos caminando hacia la entrada- Me han contado que hace un mes tuviste una visita muy especial ¿Tu madre no te regañó por eso?
Me quedé paralizada ¿Cómo sabía papá eso? ¿Cómo sabía papá que un hombre había estado en casa?
-Te lo juro, yo no lo sabía.
-Era una sorpresa, ese era el propósito.
¿Un chico era una sorpresa?
-Pensé que te gustaría pasar tiempo con Floffy, así que sorpresa.
Respiré más tranquila cuando supe a qué sorpresa se refería.
-¿Y tu madre?
-No lo sé, este lugar es muy grande. Podría estar días enteros sin verla sino fuera porque comemos juntas.
-Está bien, entonces tú y yo nos relajaremos al lado de la piscina tomaremos el sol ¿Sabes que me pongo más rubio en verano?
Me crucé de brazos para examinarlo. Papá rondaba los cuarenta, tenía un tono de piel muy blanca, alto, ojos azules y pelo rubio liso. Para mí siempre era de la misma tonalidad pero sí él lo decía… iba a misa.
Y bien, ¿habéis visto cuantos nos parecemos? Mi pelo es el del color de mi abuela y tío Edward, castaño cobrizo y rizado-Por el abuelo Charlie- mis ojos son color chocolate-Eso lo heredé de Bella y ella a su vez del abuelo Charlie, así que tengo los ojos del abuelo. Sin discusiones - pero soy alta y blanca, dos puntos a favor. Tres, dos… sigo perdiendo.
-Entonces tendremos que avisarles a las de servicio.
-Que más da, vayamos directamente a la piscina. Las tumbonas son muy cómodas pero la azul es mía.
Hicimos una carrera para bien quien cogía antes la tumbona, gané yo.
-Papá, ya no estás para correr.
-Pero que dices, si estoy en la flor de la vida.
Me reí de su comentario.
-¿Entonces yo? ¿Estoy en el capullo de la vida?
-Tú eres la flor más bella del jardín del Edén, Speedy.
Me recosté en la tumbona con los ojos cerrados.
-Deja de llamarme por ese nombre ¡Yo no soy un ratón!
Papá me llamaba Speedy desde que tenía uso de razón. Según él cuando nací era muy pequeñita, como un ratón pero era muy adorable y mi pelo se hacía esponja si no lo secaba adecuadamente. Y también porque de pequeña era muy activa. Tanto que incluso teniendo clase de ballet, equitación, violín, piano e idiomas aún seguía teniendo muchas energías. Aunque eso no lo podía saber mucho porque para ese entonces yo ya estaba en el internado. O cuando no, estaba con la abuela Esme, mi primera mamá, A René pocas veces la veía pero ella era más bien mi compañera de travesuras.
-Siempre serás mi Speedy ¿Sabes que has crecido mucho en estos años? Eres la niña más hermosa que he visto en mi vida, superas un millón de veces a tu madre y a tu abuela.
Papá se levantó brevemente de la tumbona para ajuntarla a la mía y así parecer que solo era una.
-Lamento haber estado ausente tanto tiempo. La última vez que te pude durante un tiempo medianamente largo aun jugabas al escondite. Lo siento mucho.
-No importa papá, lo importante es que ahora estas aquí conmigo.
Le tenía mucho amor porque él era una de las personas que seguro me querría toda la vida y jamás me abandonaría, no como Bella.
Me abracé a papá sintiendo su reconfortante cariño.
-Speedy, eres demasiado guapa. En Inglaterra te podía controlar porque todos erais chicas pero ahora… ¡Tendré que casarte con el mejor postor!
Hablaba de bromas, siempre lo hacía por eso me gustaba tanto su compañía.
-Papá, ya no estamos en el siglo pasado.
-Ya, pero… ¿Qué opinarías que te casara con el vecino? Lo conoces de toda la vida, vive cerca, es joven y rico. Y lo más importante, te gusta.
Me senté abruptamente con las mejillas sonrojadas, eso se lo podía culpar al sol.
-¡No me gusta!
-¿Cómo se llamaba? ¿Antoine Voltaire? ¿Alessio Vanet? ¿Amensio Vaquo?
-¿Amensio Vaquo? Eso ni siquiera es un nombre. Él se llama Alec Vulturi y es italiano.
-Ves como que te gusta.
-Estaba aclarando su nacionalidad porque tú decías nombres franceses o no identificados.
-Ya, pues estas sonrojada. Si vieras la carita que se te quedaba cuando jugabas con él-Apretó mi moflete-Bueno, tenías diez años.
-Sí y ahora quince.
-Casi dieciséis en dos meses y en dos años te puedo presentar en sociedad entonces.
-¡Papá, vuelve al siglo XXI!
-Vale, vale-Me dio un pequeño beso en la frente y se quedó casi callado- Deberías hacerle una foto a mi pelo así verás la diferencia.
-Papá, tu pelo no cambia de color. Nunca te lo he visto cambiado.
-En la fría Inglaterra no, pero viví unos veinte años en la costa Pacífica estadounidense y a mi pelo cada verano le aparecían trozos de pelo más claros y más oscuros. Estaba a la moda sin mover un dedo.
-Claro tu color sexy de pelo fue el que conquistó a Bella.
-Mamá.
-Bella.
-Mamá.
-Bella. Ella se llama así y mientras no muestre algún signo de humanidad será Bella para siempre.
-Es tu madre.
Me tapé la cara con frustración. Mi padre era el hombre más bueno y sabio que había conocido pero cuando se trataba de Bella… Perdía la razón. Por eso me gustaba que Bella no esté ahora así ella no se podrá quejar a papá de mi "mal comportamiento". Últimamente la he desobedecido bastante, me estoy soltando la melena.
-Lo sé, ella me recuerda a cada momento porque Dios le trajo a una criatura tan pecadora y mentirosa. Odio su religiosidad.
-Pues te pareces mucho a ella de joven. Solo que tú tienes humor, el pelo rizado y eres mucho más guapa. Y de eso que ella era la chica más guapa que había visto en mi vida.
Me puse de morros y entrecerré los ojos en dirección al agua.
-No hagas eso, que te ves fea.
-Gracias papá.
-De nada, para eso estoy.
-Papá-Hice una breve pausa- te echaba mucho de menos.
.
.-.-.
.
Alisté mi arsenal para dar un paseo por los jardines junto con Floffy.
-Gorra, reloj, silbato y recoge cacas.
Toque cada objeto y al final de la revisión mi perro ladró como señal de que estaba todo completo. Lo tenía muy bien amaestrado.
Paseé por el extenso jardín hasta que llegué al laberinto. Desde mi habitación se veía perfectamente y había trazado un mapa para poder entrar y salir. Lo tenía todo minuciosamente planeado, lo que me costó una semana intensa de mapas desde diferentes puntos.
-Floffy, me puedes esperar aquí si tienes miedo. Tardaré unos diez minutos en cruzarlo y volver aquí. Pero si vienes estaré encantada en incluirte en una de mis aventuras.
Él agitó muy animadamente su cola. Floffy siempre me entendía cuando hablaba y yo a él.
-Bien, pues ahí vamos.
Agarré su correa y me comencé a adentrar en el complicado laberinto. Iba corriendo porque no me gustaba la sensación de estar casi encerrada. Floffy corría con mucho ánimo pero después de un tiempo se le fue.
-¡Vamos! ¡Con más ánimo!
Él me miró con una cara extraña.
-No nos hemos perdido. Tengo un mapa.
Consulté mi mapa. Y para mi mala suerte, lo estaba mirando al revés.
-Que no cunda el pánico, tengo una navaja suiza y un móvil.
Miré la hora, faltaba veinte minutos para la cena.
-Bien, puede cundir el pánico. Pero no te pongas a ladrar. Mientras lleguemos puntuales a la cena todo irá bien.
Mi móvil comenzó a sonar rebotando entre la multitud de paredes vegetales. Era Bella.
-Renesmee ven al salón ahora mismo, es casi la hora de cenar y aun no estás aquí. Las sirvientas me han dicho que llevas más de dos horas fuera.
-Te ahorrarías la faena de buscarme si en vez de cenar a la hora inglesa lo hiciéramos a la americana. Las nueve es una buena hora. Y si me permites opinar te diré que irse a dormir en vacaciones a las nueve es un pecado.
-¿No te cansas de replicarme?
Papá llevaba una semana fuera, así que no tenía que molestarme en disculparme después.
-Sé que esta conversación se puede alargar mucho así que te informo que estoy perdida en el laberinto.
-Santo Dios, ¿Siempre tienes que estar metida en líos? ¿Y así quieres que te deje salir de la propiedad? Está bien, es fácil salir de ahí solo mira tus huellas en el suelo. Se marcan mucho.
Busqué mis huellas, por suerte no había ido en círculos. Le hablé todo el camino sobre las cosas que podrían mejorar de su actitud, como ese sentido tan maternal y dulce.
-He salido, estaré en la cena en cinco minutos si voy corriendo.
-Te quiero presentable y arreglada.
Le colgué sin contestarle. Ya iba lo suficiente arreglada. No había nada en mi armario que no fuera elegante y sofisticado, había de todo salvo la ropa normal que a mí me gustaría llevar. Tenía un par de chándales pero si me los ponía siempre había alguna sirvienta vigilándome y se me estaba casi prohibido ponérmelos.
-Señorita Cullen, su madre la espera-Me dijo Arthur, el mayordomo. Junto a él estaba una sirvienta, Cassandra la cual cogió la correa de mi perro y la bolsa recoge-cacas.
-No es necesario, yo iba a tirar eso.
-Lo sabemos pero su madre nos ha dado órdenes de que entre impecable a la cena-Cassandra sacó de su bolsillo un pequeño frasco y me lo pulverizó- Ya está, olía a exterior.
No entendí nada de su comportamiento. La servidumbre era muy extraña y como había tanta no me daba tiempo a familiarizarme con ellas porque era como si cada día viera a una nueva.
Al pisar la entrada ya había otra sirvienta, Odelia-Me sabía sus nombres pero solo si veía sus rostros- y me llevó hacia mi habitación a cambiarme. Otra orden de Bella.
En mi habitación me esperaba Bridget, la que se encargaba de vestirme. Como si yo no supiera hacerlo. Pero esta vez nada más entrar me desvestí, cogí el vestido y me lo puse junto con los tacones negros. Fui rápidamente al espejo- Tenía varios a escoger- Y refunfuñé por mi aspecto. El vestido era negro, largo, ceñido y con encaje en la zona del pecho hasta el cuello. El negro acentuaba mi color blanco de piel, parecía la duquesa Drácula*.
-Me voy, te he ahorrado cinco minutos.
-Señorita, aun la tengo que maquillar.
Bridget aprovechó que estaba muy sorprendida para llevarme al tocador.
-Vaya, un vestido ceñido, tacones y maquillaje ¿Tanto por una cena?
Lo más interesante, era que llevaba un vestido de Chanel una lujosa marca francesa y maquillaje. Dos cosas que Bella odiaba que me pusiera, hasta hoy por lo visto.
-Son órdenes de su madre. Pero el maquillaje será muy leve, los labios sí serán de una tonalidad fuerte. El perfume también será leve.
Una vez acabado el maquillaje me fui abajo sin mirarme a un espejo. No era normal que me tuviera que arreglar tanto así que fui a buscar a Bella a la biblioteca, solía pasar ahí casi todo el tiempo que se encontraba en casa.
Abrí la puerta sin llamar.
-Encuentro bastante injusto que no me pueda vestir por mí misma. Aprendí a vestirme perfectamente bien y combinada con cinco años. Tal vez tú eso no lo supieras, porque no estabas ahí.
Mi estruendosa entrada causó que los dos hombres reunidos con Bella se giraran y ella me miró con una de sus gélidas miradas por haberla interrumpido. Pero no me importaba, no me molestaba a esconder mi lengua viperina como ella me decía. De esa manera la dejaba en ridículo por tener una hija tan poco controlada.
Sonreí con una de mis simpáticas sonrisas, esas que hacía que las personas fueran incapaces de decirme nada.
Los hombres me miraban con curiosidad y yo no dejaba de sonreír hasta que se me quitó de la cara la sonrisa. Se me cortó la respiración cuando vi al hombre más joven y no tan uniformado como el otro. Era el mismo que vi en la Sala de los Cuadros. El mismo del de hace un mes. Toda mi valentía se fue.
-Lamento la interrupción, no sabía que estarías ocupada. Me retiro, si me disculpan.
-Espera, Renesmee te presento a mis socios.
Me vi obligada a acércame. Pero siempre con la mirada en el suelo.
-Señores Cell y Black, les presento a mi hija Renesmee.
-Un placer conocerles-Les saludé estrechándoles la mano. Pero cuando lo hice con Black, él retuvo mi mano.
-Igualmente, pero como le he dicho a tu encantadora madre, llámame Jacob-Besó la palma de mi mano.
Asentí y enseguida aparté mi mano, tapé la parte en la que me había besado. Sentía una extraña corriente que nacía ahí y desbordaba por todo mi cuerpo.
-Hija, ¿Podrías acompañar al señor Black a la mesa? Nosotros nos quedaremos un momento más aquí.
-Por supuesto-Dije con voz pasiva- Acompáñeme por favor.
Pero no sabía porque razón, tenía miedo quedarme a solas con él.
Había un par de sirvientas haciendo los últimos retoques en la mesa. Jacob se sentó enfrente de mí. Lo peor es que ahora me tocaba entretenerlo mientras Bella llegaba.
"Que no me falle la voz, que no me falle la voz, que no me falle la voz."
-Lamento la interrupción anterior, no sabía que ustedes estaban reunidos.
-Eres inglesa ¿Cierto? Tienes un acento bastante elegante y muy educado. Yo he conocido a ingleses pero eres la primera, aparte de tu madre que escucho hablar de una manera tan fina. Eres nueva en la ciudad, nunca te había visto antes-Afirmó.
-Me acabo de graduar y estoy pasando mis vacaciones aquí.
-¿Es la primera vez que vienes a Estados Unidos?
-No, pero lo único que conozco es esta gran mansión.
-Sí, es enorme. Cuando entré me pareció que estaba entrando al Palacio de Versalles.
Me calmé un poco, al ver que la conversación iba fluida.
-Yo también pensé lo mismo-Dije sonriendo pero al ver su extraña mirada, una que no lograba identificar, miré a la cubertería.
-Hay muchos cubiertos, ¿En Inglaterra también es así?
-Solo en cenas elegantes o en casas de alta sociedad. No te preocupes sino sabes cual utilizar, debes coger de fuera hacia dentro. Ese es el orden en el que traerán los platos.
La cena fue bastante amena, por suerte yo apenas intervine, una de esas intervenciones fue para bendecir la mesa. Al principio creí que la presencia de los americanos sería fantástica pero a medida que pasaba el tiempo y no dejaba de sentir la persistente mirada de Jacob sobre mí, me sentí bastante incómoda. Bella lo notó y otra vez, como otro castigo por la interrupción, me dijo que le enseñara el jardín. Ella había notado cuanto me molestaba e incomodaba ese americano.
-Te gustará el jardín, hay flores de noche y luciérnagas. Nunca había visto luciérnagas ¿Por aquí hay muchas?
-En verano muchas. ¿Está lloviendo?
-No, lo que estás escuchando es la fuente del ángel.
Lo conduje hacia la fuente, iluminada con unas luces bajo el agua, pero el resto estaba todo bastante oscuro. Deseaba dejarlo ahí tirado pero si lo hacía tendría a una muy molesta Bella rondándome.
-Aquí se pueden ver casi tantas estrellas como en Northumberland.
La gran mansión se encontraba a las afueras de la ciudad, con lo que no le llegaba mucha contaminación lumínica.
-Debo suponer que es de ese lugar de dónde vienes. Me gusta tu collar- Él tocó con su dedo la superficie de la cruz que siempre llevaba. Justo encima de mi pecho. Puso su dedo por debajo de ella y la acercó más a él pero también se acercó más a mí-Es muy…bonita-La volvió a dejar en su sitio mientras decía esas palabras sin dejar de mirarme.
Fue imposible no ruborizarme. No sabía exactamente si me lo decía a mí o al collar.
-E-es d-de...-Me interrumpí antes de seguir tartamudeando y cogí aire- de…-Pero no me acordaba de donde era o quien me lo había dado. Siempre estaba conmigo, no me lo quitaba ni para ducharme- Ahora no me acuerdo, no es que me haya quedado en blanco por ti, no es que tu presencia me…-Comencé a balbucear así que me callé.
-Te ves preciosa ruborizada.
La respiración se me estaba cortando.
Jacob me acarició la mejilla hasta que llegó a mis labios donde se detuvo. Debería apartarle en este punto pero era como si no pudiera a pesar que ahora su extrema cercanía me molestaba mucho más.
-Sería un detalle por tu parte que retrocedieras un poco.
Acercó su rostro al mío. Su mirada cambió un poco era una mezcla de incredulidad, burla, risa y seducción. Eso lo último lo sabía por la televisión, estar todo el día con chicas no te ayuda a saber cómo son los chicos.
-¿Por qué? En la cena vi que no dejabas de mirarme y no era un miradita de reojo.
Bien, era cierto que lo había estado mirándolo, pero evaluativamente. Solo quería saber el motivo por el que me miraba tanto y porque me sonaba de algo. No es mi culpa ser curiosa.
-Tu silencio me dice muchas cosas.
Apreté fuertemente los ojos cuando se acercó tanto a mí que creí que me iba a besar pero se desvió a mi cuello y olió profundamente. Su cálida respiración me puso la piel de gallina.
Aspiró todo el camino hasta mi oreja y con su dedo tocó la piel sobre mi muy agitada vena que no dejaba de palpitar. Mi respiración era errática. Eso le causó risa porque se río y luego, dejándome aún más desconcertada me besó el cuello.
Hubiera preferido que me besara en los labios, al menos ahí no era tan íntimo.
*Lo correcto sería condesa pero era un chiste suyo referente a los títulos de sus padres.
Quien lo lea espero que le guste.
Nuevo cap, Fanfics RXJ :D
