"Las palabras entre comillas son pensamientos"

3. Delirios

El repiqueteo de la cubertería me estaba poniendo muy nerviosa. Era como si me dijera que algo de lo que estaba haciendo lo hacía mal pero por más que rebuscara en mi mente no encontré nada. Estábamos desayunando papá, Bella y yo, pienso que en la acción de desayunar no puedes cometer un error sin embargo lo sentía ahí. Presente.

-Deja de masticar como un animal ¿Qué no tienes modales?

Paré de masticar lo que fuera que tenía en la boca y la miré. Mientras yo masticaba como un animal-Según Bella- ella lo hacía con tal soltura y delicadeza que merecía inmortalizar ese momento en forma de cuadro.

"La delicadeza del comer"

"Sí, un buen título. Seguro que sería mi forma de masticar lo que yo misma me estaba alertando"

-Lo siento, estaba pensando.

-¿Y se podría saber en qué? Te notaba con una expresión de desagrado.

-No tengo porque contarte todo lo que se me pasa por la cabeza-Le solté, lo más delicadamente que pude. Papá estaba cerca.

Bella volvió a coger el tenedor y pinchó el pequeño trozo de fruta. Se lo llevó a la boca, lo masticó y se lo tragó. Todo como si fuera una gran obra de arte.

-¿Te has tomado tus pastillas? Seguro que no. Velvet, trae el frasco de pastillas amarillas.

No me contuve y solté un gran y estruendoso quejido a la vez que me hundía en la silla hasta caer en el suelo, debajo de la mesa. No quería tomar las pastillas. Desde ahí abajo vi el impaciente pie de Bella, que no paraba de moverse por mi comportamiento. Pero a papá no le importaba, al contrario, se estaba riendo.

-Speedy, solo son unas pastillas.

-Las pastillas son drogas. Papá, me estás induciendo a drogarme.

-El alcohol también es una droga y lo tomaste-Me recordó Bella.

Suspiré con cansancio. Ella nunca se olvidaría de eso.

-Era fin de año, no era ni media copa y me lo dio la abuela René. Además tú también lo tomas.

Hubo silencio en la sala con lo que aproveché para reírme.

-¿Por qué no me rebates? Te he dejado sin palabras.

Me puse a cuatro patas y fui gateando hasta un lado de la mesa ya que papá se encontraba en el otro extremo y salí. Un comportamiento muy adulto.

-Como no te sientes esta semana no saldrás.

-Llevo más de un mes aquí y lo único que conozco es esta casa. No tengo nada que perder.

-No verás a Floffy.

Gruñí para mis adentros. Esa maldita mujer. Me senté a regañadientes en la silla que tenía más próxima y Bella me pasó las pastillas amarillas. Con un gran trago de agua me las tragué.

-Y ahora, si me disculpan señores padre-Miré a papá acusativamente- y Bella, me voy a mi habitación.

Caminé hacia mi habitación y en cuanto llegué me acosté en la cama, esas pastillas me daban sueño aunque a lo largo de los años he conseguido controlar eso. Desde los siete años que tomo esas pastillas, Bella me dijo que eran para la hiperactividad. Yo no lo recuerdo pero decía que era un niña demasiado activa y necesitaba algo para calmarme porque cuando estaba mucho tiempo en movimiento acababa portándome realmente mal. Ahora me las tomo para controlarme.

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Otra vez esos nervios, siempre que nos encontrábamos en la misma estancia los sentía. Eran como ondas de electricidad que se expandían a base de mis rápidos latidos. Odiaba esa sensación pero sobretodo tener miedo a los chicos. Lo único que me impedía no salir de ahí era que me encontraba en una Iglesia escuchando el sermón del Padre Low.

-¿Cuándo llega la parte en la que tenemos que decir amén?

Hice caso omiso a lo que la persona de al lado me dijo.

-¿Ahora no me hablas? Dios te va a castigar por no responder a unas simples preguntas.

Miré nerviosamente a mí alrededor. Se me hacía raro que ninguna persona nos llamara la atención pero lo más raro era ver a Jacob Black en una Iglesia, sentado junto a mí. Absolutamente nadie le decía nada, incluso Bella que se encontraba en los bancos de al lado. Cada una estábamos en primera fila y junto a los grandes pasillos.

La misa ya estaba acabando así que me levanté para coger el rastrillo e ir pasando con la recolecta. Cuando la misa dio por finalizada el Padre Low se acercó a mí.

-Hija mía, otra vez nos has vuelto a deleitar con tu dulce voz. Me alegra que hayas decidido formar parte del coro.

-Es un placer padre, me gusta cantar y no hay nada mejor que oficiar una misa con un cantico.

-Muy cierto.

Caminé junto al padre hasta la salida y despedí a las demás personas junto a él. Para mí era una costumbre hacer eso, en el internado teníamos nuestra propia Iglesia así que la gente del pueblo más cercano venía y nosotras las despedíamos. Sin embargo solo un par de decenas íbamos a nuestra propia Iglesia, la mayoría prefería ir a otras para así poder salir de aquel tenebroso lugar.

-Te puedes retirar, hija mía-El padre me hizo una cruz en el aire.

-Amén-Respondí yo.

Papá y Bella estaban ocupados hablando animadamente con otras personas. Me senté en una mesa de picnic que se encontraba en el jardín de la Iglesia. Todos los asistentes a misa iban con uniformes, pero no me refiero en el sentido literal. Absolutamente todos seguían el mismo estándar de vestuario: las mujeres, vestidos elegantes y caros con botones que relucían con la luz del sol y sombreros enormes con grandes plumas; los hombres, llevaban un traje muy al estilo retro pero que no les quitaba el toque a alta sociedad. No había nadie que no formara parte de nuestro círculo social. Era gracioso ver como gente con gran poder y dinero se reunían en un lugar sagrado para supuestamente alejar sus pecados, todos eran una panda de mentirosos y los que no solo eran personas influenciadas bajo el hechizo de alguien más como papá y yo.

Acomodé la pluma de mi sombrero y la puse a un lado para evitar arrancármela, lo hubiera tirado todo pero sin él tendría el caliente sol en mi cabeza, el sol impedía el trágico destino del sombrero. Mi vista fija en el suelo daba una buena vista de las sombras de los árboles.

-Es de mala educación no contestar a las preguntas cuando te las hacen.

Salté sobresaltada al escucharlo tan cerca de mi oído.

-No haga eso.

-¿El qué?-Me dijo Jacob con una sonrisa que pretendía pasar por inocente- ¿Hablar cerca de tu oído?-Dijo él, volviendo a hablar demasiado cerca de mi oído.

-¿Qué hace aquí?

-¿Acaso no puedo venir a la casa de Dios?

-Puede hacer lo que quiera-Me bajé de la mesa para irme pero él me interceptó. Y como se había acostumbrado, se puso muy cerca de mí, tenía su pecho a pocos centímetros- ¿Me deja pasar?

-Claro, después de que hablemos.

Moví mis piernas inquietamente, titubeando entre dejarle hablar o darle un empujón y marcharme. El recordatorio que estaba en un lugar sagrado me hizo decantarme por la primera opción.

-Hable.

-Me gusta mirar y que me miren a los ojos cuando hablo.

Desvié mi mirada frunciendo el ceño. Sabía perfectamente que no le tenía que mirar a los ojos y tampoco quería, así que no sé cómo acabé mirándolo. Me perdí en su oscura mirada, era la primera vez que lo miraba a la luz del día. Tenía un color de ojos tan oscuros que me resultó un juego encontrar su pupila; su mirada electrizante atravesaba mi piel como si de millones de agujas microscópicas se tratase, no se sentía doloroso, me gustaba, hacía que mi piel se erizara. Intenté buscar algo más en sus profundos ojos y cuando lo encontré agradecí haber tenido todo un mes de encierro para dedicarme a leer y ver películas. En los libros se describía como el hombre miraba de una manera ansiosa y devoradora, pasional y lujuriosa, deseosa y necesitada, había tantos tipos de miradas… pero para mí, alguien que nunca había visto eso, todas eran las mismas. Cuando me pasé al campo visual y pude ver algunas, en la pantalla era muy difícil demostrar tantas miradas y por eso creí que los escritores tenían una gran imaginación. Hasta ahora en este preciso instante. Jacob Black, un buen ejemplo de lo generoso que puede ser Dios, me estaba mirando como algo a lo que deseara y anhelara, como si tuviera temor de algo pero que eso fuera lo que le atrajera y quisiera poseerme-Y no sé en qué sentido- con una mirada posesiva. Deseo, anhelo, temor, atracción, posesividad, posesión… Sí, todo junto, revuelto y combinado.

-Muy bien, tienes unos preciosos ojos, iguales que el fruto de la flor del cacao. Unos perfectos Theobroma, estoy seguro que también lo eres-Su sonrisa remató sus extrañas palabras.

Y con ello me perdí. No había entendido nada pero sonó precioso. Lo dijo de tal manera que me dejó perdida. Quería escucharlo hablar más de esa manera, quería ver como sus labios se movían de esa forma tan deliciosa, tan atractiva. Me acerqué más a él y elevé mi rostro, quería sentir como se movían sus labios sobre los míos, quería sentirlo. Mi mano curiosa, que hasta el momento había estado suspendida en el aire, se desplazó a pocos centímetros de su rostro queriendo tocar sus labios.

Hubo una brisa en mi dirección que desplazó los pocos cabellos sueltos que tenía fuera del sombrero, su olor penetró profundamente en mis fosas nasales. Olía a hombre, a salvaje, un exquisito olor. Me mordí el labio inferior impetuosa por hundir mi nariz en su cuello pero el alto sonido de las campanas eclesiásticas y la oscuridad que nos invadió de repente me despertó de mi insomnio. Por un momento creí que el suelo se abriría y me tragaría, pero el tiempo oscuro se debió a que una nube había cubierto el sol. Ese lapsus me fue suficiente para alejarme de Jacob. Algo me decía que él sería el causante que las puertas del cielo se me cerraran para que las de la del infierno se me abrieran y así, sentarme en el lugar de honor junto al rey del infierno. Mi estricta educación religiosa me había enseñado bastante bien cómo se llegaba tan fácilmente al infierno, era un camino fácil y atrayente de seguir pero sabía cómo evitarlo.

-Si me disculpa, me voy.

-Estás disculpada, Santita.

La sonrisa con la que dijo su última palabra me dejó más que aturdida. Me tenía que alejar de él y de todos los hombres que no fueran de mi familia. El camino al cielo es uno muy difícil y hasta el momento me lo estoy labrando bien.

-Hoy te invito a cenar, pasaré a por ti a las siete. Respeto tus hábitos diarios.

¿Pero cómo podría ganarme el cielo si tenía el pecado en mis narices?

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.-.-.

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Era el décimo largo que hacía. Llevaba desde la hora del té en la piscina y no lograba sacarme de la memoria los ridículos pensamientos que había tenido esta mañana. Ni en toda mi vida había pensado tanto en un solo tema no sé ni como pude pensar en tantas palabras casi desconocidas para mí en tan poco tiempo. Me desconocía y… ¿Me había invitado a cenar? No me acordaba, el tiempo que estuve con él fue como una ilusión, algo raro me había pasado. Y no era amor.

-Imaginé que no te habías vestido pero no que estuvieras tan desvestida.

Jacob se aproximaba a la piscina con un andar soberbio, arrogante y seguro de sí mismo.

"¿Por qué todas las personas de mi alrededor tienen ese andar? ¿Acaso en el colegio era una asignatura? En serio eso es algo que me quita el sueño"

Sumergí mi cuerpo totalmente, avergonzada por el comportamiento de esta mañana. Aguantaba mucho tiempo la respiración, no había problema.

-Santita no te escondas ya te he visto-Logré escuchar diferidamente.

Emergí poco a poco y con cuidado evitando volver a tener el impulso de mirarlo tan fijamente a los ojos.

-Buenas tardes ¿Se le ofrece algo?

Jacob me sonrió maliciosamente.

-Se me ofrecen muchas cosas.

Hice ademán de coger mi toalla pero él fue más rápido y la cogió, no me quedó otra que ir hacia mi lado e ir por las escaleras de suelo.

-Estoy aquí para invitarte a cenar. Realmente coméis muy pronto.

-Yo no voy a ningún lugar contigo.

Preferiría quedarme en la mansión encerrada, que salir con él. No sabía lo que me había pasado en el jardín de la Iglesia para no negarme a su absurda petición. Así que cogí rumbo a mi habitación.

-¿Ahora me tuteas? Santita, me mareas. Pero no importa tendrás que hacerlo, hoy soy tu canguro. Tu madre me lo ha pedido en su ausencia ya que hoy no estará aquí y no te quiere sola. Apuesto a que eres toda una diablilla.

Como no, debí haber previsto que mi nuevo dolor de cabeza tenía una razón. Rebusqué en mi memoria buscando algo en lo que se podría basar Bella en castigarme y encontraba muchas razones, todas producto de mi rebeldía.

"¿Esta mañana no hablé del camino fácil al infierno? Que más da, lo que hago no cuenta como una mala acción sino como un bien propio."

-No sabes lo que dices.

-Oh, sí que lo sé. Presiento que no eres quien me pretendes hacer creer.

-Injurias al prójimo, Jacob.

-Claro, claro. Lujurio al prójimo, mi querida prójima Santita.

-Me pones de los nervios.

-A todas las mujeres pongo de los nervios.

Ya había llegado a mi habitación así que la abrí y empujé la puerta para cerrarla. Me acosté sobre mi cama boca abajo.

-Santita, perdona mi atrevimiento, aunque sea más el tuyo pero ¿Para qué me has traído a tu habitación? ¿Acaso me quieres enseñar alguna de tus diabluras?

Me di media vuelta y me quedé mirando al techo.

-He cerrado la puerta-Me quejé

-La has dejado medio abierta, eso me invita automáticamente a pasar.

Observó la habitación de la misma manera que yo lo hice hasta que llegó a mí.

-Encajas en esta habitación, solo te quedaría ponerte uno de esos estrafalarios vestidos y podrías formar parte de la decoración.

-No quiero cenar contigo-Ignoré su comentario.

-Claro que quieres ¿Quién no quiere cenar con Jacob Black? Hay gente que incluso pagaría por hacerlo y han pagado. Tú tienes la suerte de hacerlo gratis y sé que estás loca por pasar tiempo conmigo.

-¿De dónde has sacado esa idea tan loca?

-Tu mirada indiscreta no te es muy fiel.

Me mordí el labio, apreté los puños y me sonrojé, todo a la vez.

-No te estaba mirando-Mi voz sonó más aguda de lo que deseaba- solo que me suelo quedar perdida mirando a un punto y mi mente se queda en blanco como si estuviera dormida pero con los ojos abiertos y en un punto fijo.

-No me molesta que me mires, yo mismo me deleito mucho mirándote. Me gustas mojada.

Apreté los ojos deseando haberme saltado esa parte de mi aprendizaje autodidacta sobre los hombres. Ellos pueden tener un lenguaje asqueroso cuando se lo proponen. Tampoco es que sea tan ingenua, en el internado llegaba todo tipo de cosas solo que yo intentaba evitarlas. Ahora opino que no debí de hacerlo, de esa manera hubiera podida lidiar mejor que mi actual situación.

-Por favor, no hables. Me voy a vestir ¿Vale? Estaré lista en diez minutos tú te puedes entretener con cualquier cosa que encuentres por aquí.

-¿Con cualquier cosa de aquí?-Sonrió- Pues, tú sigues aquí.

-Me alegra que me consideres una cosa.

Su sonrisa de desvaneció para descomponerse en un gesto de error y equivocación.

-Eso no era lo que pretendía decir-Se llevó la mano a la frente- Has malinterpretado las palabras-Me señaló con el dedo acusadoramente.

Su comportamiento me hizo gracia y decidí que ya era hora de vestirme cuando sentí mi piel de gallina.

"¡Oh, Dios! He estado casi desnuda delante de un desconocido"

Corrí hacia mi vestidor y me encerré allí dentro.

Salimos quince minutos después a un elegante restaurante con música clásica de fondo. Jacob se dio cuenta que me gustó y tuvo la amabilidad de pedirle a la orquesta que la volviera a tocar. Fue un detalle por su parte, eso hacía que me cayera un poco mejor. No era tan idiota como yo creí que lo era con las mujeres.


¡Gracias Bad People! Me encanta la bienvenida que le dais a mi nueva historia :D

Capitulo dedicado a:

Fanfics RxJ: conexión? sí, porque no.

Rose Black20: hago lo mejor que puedo, gracias por tu valoración

Candy: aquí tienes un cap nuevo, personita ansiosa jajaja (me encanta tu entusiasmo)

Sakura Michel: nuevo cap ;D