Capítulo 2
- Gracias… Por lo de ayer. Gracias a tus instrucciones, pude atrapar la carta de Clow -le dice Kinomoto una vez ha llegado al aula, y se dispone a tomar su sitio en su pupitre.
- Si te dedicas a esto, es lo mínimo que deberías saber -le contesta Syaoran, de forma seca. No tiene ganas de hacer amigos. Y si quisiera hacerlos, esta cazadora de cartas novata no estaría en su lista de prioridades. Son rivales. Syaoran tiene una tarea que cumplir, y sabe que, cuanto antes la cumpla, antes podrá volver a su casa en Hong Kong.
- El conjunto que llevabas anoche tenía mucho estilo. ¿Todos vestís así en Hong Kong? -le pregunta Kinomoto, que, ¿está realmente sujetando una florecilla entre las manos? Esta chiquilla le resulta hasta un poco cargante, e infantil. - Es que soñé con un chico que llevaba ese mismo atuendo. Por eso me llamó la atención.
Clic. Esta última frase es lo que hace que se levante de la silla, como si su asiento tuviese un resorte. Eso implicaría…
- Es la ropa ceremonial de los Li. Es imposible que la hayas visto antes.
- No es que la haya visto, fue un sueño.
- O sea que puedes ver el futuro en sueños -ni siquiera él mismo, entrenado durante años, puede hacer eso. No lo dirá en voz alta, pero Syaoran sabe que la capacidad mágica que hay que tener para, simplemente tener visiones en sueños, es bastante alta. Su madre también tiene premoniciones en sueños, de vez en cuando. Pero su madre tiene un gran poder mágico, que ha ido entrenando y perfeccionando durante años. Y ni si quiera ella es capaz de acertar siempre en sus predicciones. Lo que le está contando esta niña ingenua y de inocentes ojos verdes delante de él, es revelador.
Syaoran no está contento con esto. Justo cuando se dispone a enfrentarse de nuevo a Kinomoto, ambos son interrumpidos.
- ¿Li? Sé que eres nuevo, pero te toca servicio. -le dice el muchacho que acaba de aparecer entre los dos, de pelo oscuro y mirada entornada.
- ¿Servicio?
- Cuando toca servicio, hay que borrar las pizarras, escribir un artículo, cantar canciones durante el recreo… Son un montón de cosas -le aclara el chico recién aparecido como de la nada, ante la estupefacción de Syaoran.
- ¿Eso hacéis en los colegios japoneses? -pregunta él, sin entender demasiado bien. ¿Tantas tareas de buena mañana para el encargado del día? Syaoran Li es, ante todo, un joven responsable y cumplidor, por lo que, sabe que si debe hacer sus tareas del día, las hará porque es lo que se espera de él.
- Sí. Bueno, ¿empezamos por la pizarra? -le dice el tal Yamazaki, mientras lo arrastra cogido por la muñeca hacia su destino matutino, mientras Kinomoto y su amiga de pelo largo lo observan incrédulas y cuchichean cosas que él no llega a oír.
El día transcurre sin demasiado sobresalto, excepto por ese extraño momento en el que Syaoran casi se pone a cantar mientras el resto de alumnos empieza a poblar la clase, siendo silenciado por el profesor Terada al entrar en el aula, y preguntarle qué estaba haciendo exactamente plantado cual estaca en mitad del estrado mientras él disponía los materiales necesarios para comenzar la lección. En ese momento, Syaoran agacha la cabeza y, avergonzado, seguramente con los colores subiéndole hasta las orejas, se dirige hacia su sitio al final de la clase, detrás de Kinomoto.
La mañana ha terminado y Syaoran ha aprovechado para explorar, de vuelta a casa, los alrededores de su apartamento. Vive en un barrio tranquilo, con edificios medianos, a unos 20 minutos del colegio, lo que agradece por las mañanas. El hecho de andar por las mañanas lo relaja, le ayuda a poner sus pensamientos en orden. En Hong Kong, siempre había recibido una educación estricta en casa, de parte de maestros particulares que le han enseñado desde matemáticas hasta inglés, pasando por japonés y ciencias naturales. No es que no le gustase su vida en Hong Kong. Syaoran Li ha sido educado y entrenado para ser una persona seria, un chico disciplinado y ordenado que cumple órdenes y los objetivos marcados. Por eso, encontrarse a esta nueva cazadora de cartas en Japón no le molesta por el hecho de que sea una posible amenaza (porque no lo es), si no porque rompe sus esquemas establecidos. Por eso, durante sus primeras idas y venidas al colegio, ha aprovechado para pensar estrategias para quedarse con las cartas. Para que ella no se le adelante. Para llamar la atención del muchacho de gafas…
Ese pensamiento se cuela en su cabeza de repente, y no puede evitar sonrojarse, mientras abre la puerta de su apartamento y se cambia de zapatos.
Sabe que algo está pasando en cuanto nota el tirón de la magia en la nuca. Una carta Clow. Casi tira la silla al suelo cuando se levanta de la mesa y deja los deberes de ese día a medio hacer, para ver desde qué dirección proviene la presencia mágica.
Syaoran corre a su habitación y se viste con su traje ceremonial. Coge su espada y con la ayuda de su brújula, un haz de luz le indica en qué dirección debe moverse.
Le cuesta encontrarlo, pero el sonido de una espada y cosas resquebrajándose le ayuda a localizar a las dos muchachas que en ese momento se encuentran enzarzadas en un combate mortal. Bueno. Al menos una de ellas, a la que reconoce de haberla visto en clase, con el pelo moreno y corto, y los ojos como velados. La otra, se encoge sobre sí misma sobre el murete de una de las casas que pueblan la calle. Syaoran tiene ganas de darse una palmada en la cara ante la incredulidad de la situación, y de cómo Kinomoto parece incapaz de manejarla. Pero no tiene tiempo. Syaoran se abalanza justo a tiempo, y antes de que la muchacha convierta a la novel cazadora de cartas en una brocheta, detiene el estoque de la morena con la espada.
- Eres débil -le dice, enfadado y casi, con la preocupación de haber estado a punto de atestiguar una desgracia. La carta Espada no entiende de ñoñerías. Es necesario actuar rápido si no quiere que nada malo ocurra. Syaoran se encara hacia la muchacha de ojos velados con su mejor guardia, dispuesto a desarmarla y quedarse con la carta. Pero, alguien se lo impide. Kinomoto acaba de lanzarse sobre él, impidiéndole continuar el ataque. - ¿Qué haces?
Tarde. La muchacha de la espada se dirige hacia ellos, y sabe que su estoque será certero, porque Espada nunca falla. Syaoran se impulsa junto a Kinomoto, y ambos saltan, aterrizando de forma un tanto precaria sobre un seto cercano. De repente, la muchacha que siempre acompaña a la joven aspirante a cazadora de cartas, aparece, mostrándose preocupada ante la situación.
- Sí, pero Rika… -es la única contestación que ofrece la muchacha de ojos verdes. ¿De verdad, está mucho más preocupada por su amiga poseída por la carta Clow, que por la posibilidad de ser herida seriamente? Si tanto le preocupa su querida amiga… ¿Qué hace la muchacha del pelo largo tan cerca? ¿No está también poniéndola en peligro?
- ¡Somos nosotros los que casi no lo contamos!
- ¡No podemos herir a Rika! -y con esto, Syaoran sabe que la diferencia de opiniones con la joven Kinomoto es difícilmente solucionable. Syaoran Li está cabreado. Y con razón.
El guardián Kerberos aparece de repente, y ante la idea de que la muchacha suelte la espada, Kinomoto sale disparada como una flecha, dejando a Syaoran con el peluche de león y la muchacha de pelo largo.
- ¡Tú mira y aprende! -le espeta el pequeño guardián, mientras lo muerde en la mano, ante el impulso de levantarse de nuevo y cortar el ataque de Kinomoto hacia la carta Clow. Maldito peluche…
Kinomoto invoca entonces con su báculo una de las cartas que ya tiene en su poder. Esta, crea una ilusión frente a la joven con la espada, que parece deslumbrarla y dejarla aturdida durante un microsegundo, que la cazadora de cartas aprovecha para arrebatarle la espada. Syaoran debe reconocer que, aunque infantil y débil, la muchacha es ingeniosa.
La carta ha sido capturada, y una vez más, la cazadora de cartas novata se le ha arrebatado. Ésta se encuentra sujetando a la joven Rika, desmayada y tumbada en el suelo, bajo la atenta mirada de la amiga de Kinomoto y el guardián Kerberos.
- La carta Espada es una de las más flojas. Estaba chupado -dice él, con cierta rabia, al saber que una vez más la carta se le ha escapado de las manos por no ser lo suficientemente rápido, y por haber permitido que la chiquilla se le adelante. Quizá, la próxima vez, deba dejarle menos tiempo de reacción. Sabe, al mismo tiempo, que esto último lo dice por envidia, porque, aunque no es uno de los elementos más fuertes, la carta Espada es peligrosa en las manos equivocadas. Esa tarde podía haber tenido un desenlace fatal. Kerberos decide en ese momento, de nuevo, morderle un dedo, que deja a Syaoran, una vez ha quemado toda la adrenalina, en estado de shock.
- ¡Oigo pasos! ¡Kero, escóndete en mi habitación!
- ¿Está Toya? Vengo a devolverle un CD que me prestó -es él. El chico de las gafas, el amigo del hermano de Kinomoto, y aparentemente, también amigo de ella y que, ante el panorama de encontrarse a los tres muchachos en el suelo junto a Rika desmayada, no puede hacer más que preguntar confuso. - ¿Qué ocurre?
Y entonces, Yukito se dirige hacia él con cara de preocupación, y coge su mano.
- ¿Estás bien? – a Syaoran le late muy deprisa el corazón, y le cuesta respirar. Ante la situación, de nuevo, la adrenalina que corre por sus venas le hace actuar rápido, sin pensar demasiado, y lo único que se le ocurre es levantarse y salir corriendo de la escena, dejando a Yukito, Kinomoto y sus dos amigas en el portal de aquélla casa. ¿Por qué este chico le produce ese estado de nerviosismo? ¿Por qué se siente así?
Al día siguiente, Syaoran toma un camino diferente para ir al colegio. Necesita pensar, necesita fortalecer las estrategias que lleva días pensando para ser él quién reúna todas las cartas. Sabe que necesita entrenar más, mejorar su velocidad, y sus técnicas de artes marciales. Pero sabe que no podrá hacer nada contra la inseguridad. Las últimas dos cartas de Clow las ha perdido por dudar de sus acciones, y dejarle ventaja a Kinomoto. No volverá a pasar. No puede volver a pasar.
Esa mañana no hay incidentes reseñables. Syaoran llega a clase, como todas las mañanas, y toma su sitio en su pupitre. Kinomoto todavía no ha llegado, ni su amiga de pelo largo. No tiene demasiado claro cuál es el apellido de ésta, ni tampoco el nombre de pila de la primera, pero le importa poco. Y hablando de ésta… Llega poco después de que suene el timbre de entrada, con las mejillas rojas y sudor en la frente, pero justo antes de que el profesor entre por la puerta. Además de débil e ingenua, Kinomoto le parece irresponsable y poco comprometida. Syaoran sabe que, tiempo al tiempo, porque será él quien finalmente se haga cargo de la custodia de las cartas de Clow.
Durante el recreo, se dedica a hacer rondas de vigilancia y a comer su almuerzo sentado en una rama. Nada reseñable. No nota presencias mágicas, no nota fenómenos extraños ni… ¿Es esa Kinomoto? Parece acercarse a la valla lindante con el instituto, donde, su hermano y Yukito están hablando y… ¿Kinomoto lleva un paquetito de papel en sus brazos? ¿Por qué?
Se ha acercado a Yukito y ante la estupefacción de éste, le ha tendido el paquetito de papel. No, esto sí que no va a permitirlo. Kinomoto no va a salirse con la suya de forma impune. No va a ganarle a Syaoran Li, tampoco en esto.
- Me encanta el dulce -le dice Yukito con su amable mirada a la muchacha delante suyo, agradeciéndole el gesto. - ¡Menuda pinta! No tenías que haberte molestado.
Syaoran busca una solución rápida. Él también quiere llamar la atención de Yukito. Recuerda entonces que, lleva en los bolsillos una caja de galletas de chocolate que se estaba reservando para la hora de comer. ¡Eureka!
- T-toma…
- ¿Para mí? -le contesta el chico de anteojos y pelo plateado, de nuevo, anonadado ante este gesto que, ahora, viene de él y no de Kinomoto. Syaoran asiente enérgicamente. ¡Claro que son para él!
Yukito las acepta de buen gusto y con una sonrisa extrañada. Sin mediar palabra, de nuevo, Syaoran sale disparado como una flecha. Y, aunque nunca lo dirá en voz alta… ¡Qué vergüenza!
Nota de autora: ¡Holi! Como muchas y muchos de vosotros sabréis, en España estamos bajo un estado de alarma y una estricta cuarentena que nos impide salir de casa para evitar colapsar (más aún) nuestro sistema sanitario por culpa del virus Covid-19. Así que, mi manera de contribuir al #Yomequedoencasa y matar el aburrimiento estos días que se esperan difíciles, es, además de escribiendo y adelantando este fanfic, pintando un par de cuadros y organizando contenido para un proyecto de emprendimiento que espero poder lanzar cuando todo esto termine. ¡Será por días!
Respecto al capítulo de hoy… Tengo poco que contar. La verdad es que en sí, me cuesta "poco" redactar los capítulos de esta historia, pero, el problema sobrevenido es que tengo que redactarlos con la serie de CCS en una pantalla al lado, e ir vigilando mucho los diálogos, lo que ralentiza muchísimo mi avance. Pero, poco a poco.
Este capítulo corresponde al Ep. 9 de la serie, como ya habréis podido adivinar tras su lectura. Lo cierto es que, no sé si acortar los capítulos respecto a no coger todos los diálogos en los que aparece Syaoran durante los episodios, y hacer capítulos algo más breves, o, en cambio, si "recortar" en episodios de serie y escribir acerca de los episodios un poco más "significativos". No lo sé, tengo que pensarlo y ver cómo va evolucionando todo.
En fín. Poco más. Mi consejo es que os quedéis en casa estos días. Si estáis en España, muchísimo ánimo durante esta cuarentena, y ojalá mucha salud. Para quiénes me leéis desde el extranjero, y especialmente LATAM, de verdad, #Quédateencasa.
Un saludo fuerte, os espero en las reviews.
