Capítulo 3
Mientras estudiaba en Hong Kong, Syaoran Li no tenía demasiadas oportunidades de acudir a clases tan interesantes como la que está presenciando en estos instantes, extasiado. No es que sus profesores particulares fueran malos, todo lo contrario: la familia Li había invertido muchísimo dinero para prestarle la mejor educación, tanto mágica como académica, no sólo para convertirlo en el mago más poderoso después de Clow Reed, si no, para convertirlo en una persona útil para la sociedad cuando se convirtiese en adulto. Pero esto es diferente. El profesor Fujitaka expone sus investigaciones con las pirámides egipcias de tal forma que hace absurdamente sencillo prestar atención a lo que cuenta. Se puede ver a simple vista su gran experiencia, y su pasión por la profesión. A Syaoran, la lección de hoy le ha cautivado, a pesar de haber cambiado la localización habitual de la clase por el gimnasio de la escuela, mucho más amplio para albergar a la cantidad de estudiantes que atienden la lección magistral del profesor. Cuando finaliza su exposición, Syaoran aplaude enérgicamente: la historia, y en particular la egiptología, no habían llamado especialmente su atención nunca antes, pero la energía positiva y la sabiduría que transmiten las palabras del profesor Fujitaka son contagiosas.
Syaoran no duda en acercarse a este profesor de mirada afable y semblante tranquilo una vez ha finalizado su exposición, no sabe muy bien si para agradecerle tan reveladora clase, o para preguntarle las millones de dudas y cuestiones que en ese momento pueblan su cabeza, con necesidad imperante de ser resueltas.
- Parece que te gusta este tema – le dice el profesor, mientras charlan sobre tumbas y faraones junto a Yamazaki.
- Sí.
- Si te interesa, pásate por casa alguna vez. Tengo ejemplos aún más interesantes -¡Qué maravilla! Syaoran está convencido de que, con suerte, el profesor Fujitaka guardará una colección excepcional de muestras y piezas. ¿Puede que, incluso, conserve algún fósil proveniente de sus múltiples expediciones?
- ¿Podría?
- Claro – Syaoran está extasiado. ¡Qué gran suerte la suya!
- El padre de Kinomoto es realmente increíble -ah, Yamazaki. Siempre oportuno con sus intervenciones. Está seguro de que debe ser otra de sus bromas, porque juraría haber escuchado…
- ¿Kinomoto? ¿Kinomoto?
- ¿No oíste el nombre? Es el padre de Sakura.
Esa noche, Syaoran escucha las campanas del colegio. Juraría que nunca suenan después de las cinco, por lo que se levanta de la cama y se acerca al balcón, asomándose, pero no ve nada extraño y decide volver a dormirse.
A la mañana siguiente, se asegura de preparar todo el material necesario para el examen de música. Está nervioso, ya que no ha practicado tanto como le gustaría. Música no es una de sus asignaturas predilectas, pero no se le da del todo mal. Por eso, mientras sus compañeros salen a la pizarra y tocan el acompañamiento a la profesora al piano, él decide digitar las notas en la flauta, una y otra vez, mientras sus compañeros se examinan con resultados bastante buenos. Una nota fuera de lugar lo distrae, y levanta la cabeza para apiadarse del zoquete capaz de fallar en esa parte de la canción. Quién si no: Sakura Kinomoto.
Su examen ha salido bien, aunque no tanto como esperaba. Ha perdido un poco el compás del piano, y no ha afinado tanto las notas como le hubiese gustado, aunque no ha fallado ni una sola línea del pentagrama. Por eso, sigue ensayando cuando toca el timbre del recreo y sale a los jardines del colegio tocando la flauta, concentrado y dispuesto a mejorar para la próxima vez.
En el exterior, sus compañeros se distraen con diferentes actividades. Pequeños grupos de niñas cuchichean, otros comentan el examen de música y algunos pocos juegan al fútbol. Mientras se dirige hacia un rincón algo alejado del jaleo de la zona central, Syaoran nota un ligero cambio en la dirección del viento. Es casi imperceptible. Con sus reflejos, entrenados gracias a años de preparación en Hong Kong, Syaoran es capaz de chutar de vuelta el balón que ha estado a punto de impactar contra su cabeza. Y sin soltar el instrumento de viento que pocos segundos antes aún tenía pegado a los labios.
El resto del día transcurre sin demasiado alboroto en la Escuela de Tomoeda. Después del recreo, Syaoran asiste a las lecciones habituales de esa jornada, almuerza en el colegio, recoge sus pertenencias y se marcha de vuelta a casa.
Qué raro. Juraría haber vuelto a escucha la torre del reloj del colegio después de cenar. Igual que ocurrió ayer.
Si hay algo que llama su atención respecto a Kinomoto, es su expresividad. A diferencia de él, es sencillo leer sus expresiones faciales. Puede que no sea demasiado experimentada con la magia. Y que no le llegue ni a la altura de los talones en cuanto a entrenamiento. Pero Syaroan sabe por sus gestos y cara de confusión, que Kinomoto también se ha dado cuenta. Hay algo que no cuadra. Bajo otras circunstancias, y si se le preguntase al respecto, dirá que se ha dado cuenta gracias a su gran capacidad mágica. Pero en realidad, Syaoran se ha percatado de que algo no iba bien cuando Wei ha cocinado la misma receta que el día anterior para desayunar. Algo raro teniendo en cuenta que Wei nunca repite las recetas que cocina en un periodo de tiempo tan corto. Pero eso no tiene por qué saberlo Kinomoto.
- ¿No te parece extraño? Ayer también tuvimos examen de flauta, ¿no? Parece que sólo somos tú y yo -le dice Syaoran, dirigiéndose a Kinomoto y Daidouji en el recreo. Su interlocutora parece no comprender. Qué novedad-. Solo nosotros notamos que se está repitiendo el día de ayer. Esto es cosa de una carta de Clow – aclara.
Kinomoto sigue mirándolo extrañada. Como si le estuviese contando algo que no tiene nada que ver con ella. Qué espesa es esta chica…
- ¿No lo notaste? El aura de una carta de Clow. La carta está allí.
De repente, vuelve a suceder. Igual que ayer. Bueno, no igual. Pero vuelve a notar ese ligero cambio en la dirección del viento y cómo un objeto se dirige hacia él. Antes de escuchar el "¡Cuidado!", Syaoran ya ha saltado y se ha colocado en la posición ideal para que el balón de fútbol no le dé de lleno en toda la cara. Y de nuevo, vuelve a sonar el reloj al que ha señalado pocos segundos antes, intentando hacerle comprender la situación a la muchacha.
Como los anteriores días, la noche ha vuelto a caer sobre Tomoeda, y esta vez, Syaoran Li ha decidido que ya es hora de aparecer en escena. Así que, de nuevo, se viste con su ropa ceremonial, toma su espada y sale del bloque de apartamentos en el que se aloja para dirigirse hacia la Escuela Primaria de Tomoeda.
- ¿Qué haces?
Empieza a estar un poco cansado de la situación. Lleva tres días desayunando tortitas con sirope de frambuesa, haciendo un examen de flauta que ya debería estar aprobado, y para colmo, hoy se ha distraído y la pelota de fútbol ha impactado en su cara. De lleno. Maldita cazadora de cartas novata…
- ¡Li! ¿Tienes bien la cara? -le espeta Kinomoto cuando lo ve aparecer en el patio de la escuela, supone que con cara de pocos amigos. Y con una tirita que no debería estar sobre su nariz. A Daidouji parece hacerle gracia la situación. El peluche-guardián también las acompaña.
No tiene tiempo para cháchara ni para las tonterías de Kinomoto y sus amigos. Y sobre todo, no quiere volver a desayunar tortitas con sirope en mucho tiempo.
- "Tiempo" está sincronizado con la torre -intenta explicarle Syaoran-. Se convertirá en carta si usas una de ataque para destruir la torre.
Por supuesto, esto es un problema para la siempre sensible Sakura Kinomoto, que le explica, preocupada, que no pueden destruir la torre al ser un referente para el alumnado del colegio. En realidad, Kinomoto tiene razón. Destruir la torre sólo traería problemas y preguntas no deseadas la mañana siguiente. Tiene que pensar en algo, y rápido.
- Debemos acercarnos sin que nos vea. Te verá si vuelas usando magia -y casi no ha terminado la frase, pero Kinomoto, Daidouji y Keroberos ya han salido corriendo de su punto de reunión, supone Syaoran, que para buscar una entrada alternativa a la torre del reloj. Mientras tanto, él recurre a la solución más práctica y que con suerte, le conducirá antes al encuentro con la carta: una cuerda con un gancho.
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Todo se sucede bastante rápido desde ese momento. Syaoran aparece rompiendo los cristales de una ventana. Kinomoto parece que acaba de llegar también, y ambos acaban de localizar a la forma antropomorfa de la carta huida. Va cubierta de una túnica, y cuando levanta la cabeza y deja de manipular su reloj de arena, a Syaoran le parece que su mirada resulta muy inquietante.
- ¡Date prisa, y utiliza la carta Escudo!- le espeta Syaoran a Sakura, que hace tal y cómo él le indica. No le sorprende el resultado: ha funcionado. Sin embargo, la figura encapuchada ha comenzado a huir a través de la ventana rota y de repente, Syaoran encuentra la forma de desplazarse de ésta, con sus grandes mangas aleteando como si fuesen unas alitas muy cortas, un tanto cómica.- ¡Está huyendo!
Kinomoto trata de invocar alguna carta, pero él es más rápido que ella esta vez.
- Adelante, ¡rayo! – y la carta queda automáticamente atrapada en su red. Cae fulminada. Es el momento.
- ¿Venías preparado? -le pregunta Sakura. Claro que venía preparado. Preparado es su segundo apellido, piensa Syaoran mientras le ofrece una mirada triunfal a su rival.
- ¡Date prisa, Sakura! -el peluche-guardián le da indicaciones a su ama y ésta recita su conjuro sosteniendo su báculo. Con un destello, la carta se desvanece y vuelve a su forma original, revoloteando cerca de ellos. Hasta aterrizar en su mano. Syaoran está pletórico.
- ¿Por qué? -pregunta Kinomoto, que obviamente, no entiende la situación. Es el guardián alado quien le explica que, aunque ella haya capturado la carta, ha sido Syaoran quien ha sellado el poder de "Tiempo" y por tanto, él es su legítimo amo desde este momento. Por fin es medianoche. Y en esta ocasión, y por primera vez desde que está en Tomoeda, el día ha terminado bien para Syaoran Li.
Nota de autora: ¡Hola mis queridas y queridos lectores! Hacía mucho tiempo que no me pasaba por aquí. La última vez que nos leímos fue en marzo o abril del año pasado. Espero que todas y todos estéis bien ahora que parece que esto de la pandemia va mejorando poco a poco.
Tenía este capítulo bastante avanzado en mi carpeta local, y esta tarde he podido encontrar un hueco después del trabajo para terminarlo. Lo cierto es que, como ya os comenté, es un fic un poco "especial" de escribir, ya que no he podido encontrar transcripciones de los diálogos, lo que hace que escribir mientras tengo que ir parando la serie en mi plataforma de streaming de referencia se haga pesado. Y eso conduce a la inevitable pereza. Pero, la verdad es que, me han bastado unas pocas líneas de re-lectura para volver a convencerme de que esta historia es una buena idea, es algo que me mantiene entretenida y de la que me gustaría seguir escribiendo. Lo cierto es que, no dispongo de mucho tiempo una vez termina mi jornada laboral, además de que tengo varios proyectos personales abiertos ahora mismo. No os voy a mentir. Pero tampoco os voy a negar que me sigue apeteciendo mucho darle forma a esta historia. Así que, veremos cómo y de dónde puedo sacar algún ratito libre.
Respecto al capítulo, no tengo mucho que decir. Este capítulo corresponde con el número 12 del anime ("El día interminable de Sakura") y me parecía interesante escribir sobre él porque es precisamente, el primero en el que Syaoran captura una carta: "Tiempo". Carta que, por cierto, y si habéis visto el anime, resulta bastante útil para ayudar a Sakura en cierto episodio en el que hay un árbol y un templo (guiño, guiño). Y un momento entre Sakura y Syaoran bastante mono. Pero no me adelantaré más a los acontecimientos. No quiero hacer spoilers si aún no habéis terminado la serie o llegado a ese capítulo. También, debo admitir que me ha resultado muy divertida de escribir la escena del principio en la que Syaoran conoce al papá de Sakura.
Sin más, os dejo por hoy. Recuerda darme un "Review" si te ha gustado este capítulo! Nos vemos pronto!
