6. Cosas absurdas y tardías
-Es tarde, estas no son horas para una señorita. Sube a tu habitación.
Me paré en medio de las escaleras hacia la salida. No tenía sueño y quería dar un paseo por el jardín pero Bella se interpuso en mi camino.
-¿Qué? ¡Pero si solo son las ocho menos cuarto! Y tengo calor.
-Yo estoy bien ¿Qué has hecho para tener calor? Mejor ves a rezar y pedir perdón por tus pecados, así nos ahorraremos tiempo.
"Alucinante, ahora mi cuerpo no puede tener calor porque Bella ya piensa cosas extrañas"
-Respóndeme una cosa-Le entrecerré los ojos, ella odiaba eso- ¡¿Cómo quieres que tenga pecados si mi situación aquí es peor que el de una monja de clausura?!
Bella arqueó una ceja y movió la cabeza. Con ese gesto lo decía todo, no le importaba lo más mínimo como yo me encontrara.
-Desde luego hay personas que ni estudiando en los mejores centros se puede comportar como alguien de nivel.
Abrí la boca indignada.
"Menos mal que soy tu hija, no quiero ni saber cómo tratas a tus enemigos."
Me crucé de brazos y adopté la postura que tanto se empeñaron en enseñarme en Richerston y que yo tanto me negaba.
-En eso te doy la razón-Dije con rabia contenida- Yo sé que tú no estuviste en ningún internado o en un colegio anglicano unos lugares donde podrías redimir tus pecados. Más bien estuviste en un instituto americano privado. Ni eso te salvó de ser como eres.
-¡A tu habitación!-Me señaló con su dedo prepotente escaleras arriba-Y reza para que el infierno no te lleve por injuriadora.
-Bella, no voy a reza por nada-Activé mi voz de modo Bella, es decir, hipócrita- A no ser que sea por tus pecados aunque te debo informar que esto de los pecados no es transferible así que… bueno, no me puedo apropiar de los tuyos porque tú tengas exceso de stock.
-¡FUERA!
Debo de reconocer que la conversación era entretenida, hasta que vi a Bella como un animal salvaje pero elegante- Enserio, no sé cómo puede hacer eso sin parecer vulgar- venir hacia a mí dispuesta a embestirme pero como esto no es un documental de como la hembra dominante se enfronta al cachorro para demostrarle quien tiene el poder, solo me cogió del brazo fuertemente y me condujo a mi habitación. Ahí abrió la puerta y un poco más y me tira al suelo. Lo último que escuché es que me estaba encerrando con llave
-¡Abre la puerta!-Golpeé la superficie- ¡Bella, no me dejes aquí encerrada! ¡No he cenado!
Pero mis gritos no sirvieron porque me dormí sin comer, lo que me causaba extraños sueños con extrañas cosas.
.
.-.-.
.
No tenía ganas de bajar pero tenía mucha hambre, por suerte había un buen desayuno y todo para mí solita. Papá y Bella no desayunarían hoy conmigo.
La verdad, era una tranquila y pacífica mañana de julio. Los pájaros cantaban, había un radiante sol en el cielo hogar de nuestro señor y el tiempo era perfecto. Todo una buena obra de Dios.
Sí, hoy antes de salir al jardín a pasear a Floffy había ido a la capilla de casa y había rezado por mis muy inexistentes pecados pero contar en voz alta lo que pasaba en mi vida me relajaba.
-Floffy, no me estires de la cadena ¿No quieres disfrutar de este esplendido día?
Él me ladró.
-Claro, tú lo que quieres es correr. Te soltaré, yo me quedaré en la hierba sentada.
Lo dejé libre y me acosté en la hierba. Debí de haberme quedado dormida porque cinco minutos después sentí a Floffy de nuevo a mi lado. Antes de entrar recogí sus desechos. Entré por la puerta de la cocina y volví a soltar a Floffy.
-Hay cuadros muy valiosos por aquí, yo no dejaría a tu perro tan a la ligera.
Gruñí para mis adentros.
-Mi perro está muy bien educado, no puedo decir lo mismo de otras personas.
Crucé el gran arco de la puerta para ir a la biblioteca, el lugar donde se encontraba uno de los pianos y así seguir ignorando a Jacob. Por mi trayecto vi en la entrada a Bella con una libreta entre sus manos, decidí hacerme la que no la había visto pero ella si nos vio.
-Hija, en ti estaba pensando. He decidido que ya que Jacob y tú sois tan amigos…
-No somos amigos-La interrumpí yo, ganándome una de sus miradas.
-Querida, se buena y déjame hablar. Como Jacob y tú sois amigos he decidido que esta tarde a la hora del té os podéis sentar los dos juntos así tú sitio quedaría libre y la mesa quedaría perfecta.
-La mesa es muy grande.
-Siempre te lo tengo que explicar todo… hoy la hora del té será especial porque será algo así como una comida. Hoy haremos una fiesta celebrando que estamos aquí, en Estados Unidos.
"¿Una fiesta de bienvenida a sí misma después de más de un mes? Eso es absurdo"
-Sigo sin entender porque me tengo que sentar a su lado.
-Tú siempre has sido muy buena en las relaciones públicas.
Me hubiera tomado bien ese comentario si no fuera por su sonrisa. Ella quería decir otras palabras. En Inglaterra siempre era muy buena con las relaciones y con las conversaciones en los actos pero eran con personas que podrían ser mis padres, mis abuelos e incluso mis bisabuelos. Aunque esas personas siempre iban acompañadas por sus hijos jóvenes por ello ella se refería a mis "supuestas miradas que hago a los hombres". Si tanto se quejaba ¿Por qué quería que pasara tanto tiempo con uno? Y sobretodo con un americano.
-Así que por eso quiero que hoy seas la relacionista de Jacob, se verá bien contigo.
Me dio tanta rabia su forma de hablar, lo decía como si fuera una dama de compañía.
-No pienso pasar más tiempo con este americano. Ya he pasado demasiado tiempo. Odio pasar tiempo con él.
-Lo siento mucho Jacob, disculpa a mi hija. A veces no se sabe comportar y olvidas sus modales.
-No importa Bella, estoy acostumbrado a sus berrinches ¿Siempre es así? Porque cuando está conmigo lo es.
Entrecerré los ojos tanto a dirección de Jacob que parecía que en cualquier momento con la fuerza del enfado de mi mirada rompería algo.
"Maldito Yanqui arrogante mentiroso"
-¿Enserio? Lo siento entonces.
-¡No pienso acompañar a nadie!
-Hoy pasarás todo el día con él.
Horas más tarde ya estaba vestida con un vestido blanco corto, con un poco de vuelo y escotado y con unos tacones rosas. A Bella se le cruzaban mucho los cables, casi nunca me dejaba vestir vestidos siete dedos por arriba de la rodilla. Pero viendo la situación en la que me encontraba… Estábamos al menos veinticinco personas en una gran mesa del jardín trasero. No conocía a nadie pero todos me hablaban, yo les seguía la conversación porque sabía de lo que hablaban.
Era tan penoso que dominara temas de economía y política diciéndolo con la misma fluidez que personas de cuarenta años y más. Mientras que temas de adolescente apenas lo conocía. No sé los temas de música de moda, los artistas más populares, los reality shows de los que todo hablan…
Sin embargo, en mi mente abundaba un tema que surgió después de ver a Jacob hablar tan animadamente con el que supuse que era su amigo. Y ese amigo no dejaba de mirarme. Lo primero que se me vino a la mente fue mi libreta negra ¿Y si Jacob la ha leído? ¿Y si le ha contado el contenido? Ha pasado una semana, ha tenido el tiempo suficiente.
En el momento que la pareja actual con la que estaba hablando me dejó de hablar yo presté toda mi atención-Disimuladamente claro- a Jacob y su amigo pero justo dejaron de hablar. Yo miré en dirección a su amigo que estaba enfrente de mí-Jacob a mi lado- y nuestras miradas se cruzaron. Él me miraba con una sonrisa.
-Jacob ¿No me vas a presentar a la Santita? Da igual, sé hablar. Sé que has pasado mucho tiempo con mi amigo Jacob, espero que se haya portado bien y no te haya dado un mal ejemplo de los americanos. Soy Emmet, por cierto.
"¿Santita? Eso significa que sí le ha hablado al menos un poco de mí.
Iba a responderle pero un agudo sonido de un repiqueteo de una copa me llamó la atención. Bella, una vez que vio que todos la mirábamos comenzó a hablar.
-Gracias por asistir a esta pequeña reunión. En principio quería agradecer la gran bienvenida que nos habéis dado los presentes asistentes. Con personas como vosotros es agradable tener raíces aquí. Este fue uno de los motivos que me impulsó a apostar por este país y su gran deporte nacional. Así que Némesis, estoy encantada de formar parte de vuestro equipo.
Todos aplaudieron pero yo no entendí lo que dijo. Los platos comenzaron a entrar a salir pero yo no tenía hambre. Cuando acabamos de comer y todas las personas comenzaron a extenderse por el jardín para hablar entre ellos en pequeños grupos y sus copas en mano.
Papá y Bella se quedaron solos y antes de que interviniera alguien más me uní yo a ellos.
-¿Me trajiste aquí solo por tus negocios? Si querías que estuviera en América me hubieras mandado con el abuelo Charlie, seguro que con él estuviera mejor que contigo.
-Siempre tan impertinente, para que cambiar las costumbres-Bella negó con la cabeza- Te traje aquí porque estoy segura que tu abuelo te hubiera malcriado, sobre todo estando en Florida tampoco iba a dejar que te quedaras un mes más de vacaciones estando tú lejos de mí.
Fruncí el caño.
-¿Un mes más de vacaciones?
-Sí, entrarás a clase en octubre. Ya está todo arreglado.
Mi cabeza giró tan rápido hacia papá que por poco me da un tirón. Papá no me miraba a mí, solo miraba a Bella confundido.
-¿Papá? ¿No dirás nada?
-Solo será un mes más.
-Yo no quiero estar más tiempo en este estúpido país. No me gusta.
-Lo tendrás que soportar, mis nuevos negocios así lo quieren.
-¿Negocios? Te refieres a lo que has hablado antes. ¿A ti desde cuando te interesa el futbol americano?
-No voy a discutir mis cosas contigo.
-Richerston es un internado en el cual casi no salgo ni en vacaciones porque mis padres están con sus asuntos políticos confidenciales o están muy ocupados para mí. Y tú me dices que me has traído aquí por negocios y encima además de afectarme anímicamente y tal vez psicológicamente también afecta a mis estudios.
-Speedy, no seas tan dramática. Solo será un tiempo más.
Miré a papá. Él lo decía como si dijera cualquier cosa pero para mí, que me no le diera importancia, me dolía. En New Hampshire no tenía a nadie en cambio en el internado tenía a una gran familia. Todas en la misma situación que yo: queriendo salir pero a la vez no porque la única familia real se encontraba entre esos muros.
Me alejé de ellos enfadada, en dirección al pequeño bosque de la propiedad. Estaba lo suficiente lejos como para que pudiera gritar y llorar a mis anchas.
Pero me topé con un par de obstáculos.
-La Santita no se ve muy contenta-Escuché que murmuraba Emmet.
-Es así, los ingleses tienen un extraño humor. Ella es muy difícil de tratar.
-Me dijiste que le encanta ser toda una chica cobra.
Apreté los puños por la respuesta de Jacob ¿Qué yo era difícil de tratar? Era él quien no paraba de molestarme y mi extraño humor es por su culpa. ¿Cobra? Acaso es… ¿Alguna postura sexual?
"Maldito Jacob Black, que le has contado sobre mí"
-Disculpad las molestias pero no he podido evitar que hablabais de mí. Jacob, que me mentira estás contando ahora.
-Sí, lo siento estábamos hablando de ti. Le estaba preguntando a Jacob porque te había mantenido tan oculta si pasa tanto tiempo contigo.
Emmet sabía demasiadas cosas, en su tono de voz había algo insinuante. Y también algo que me hizo caer en las circunstancias. ¿Qué tenía que ver Jacob con los negocios de Bella? Había pasado demasiado tiempo con él a petición de ella…
-Sí, un espléndido tiempo con Jacob aunque la verdad pasar tiempo como un americano es como un día soleado en Inglaterra, ocurre pocas veces y cuando lo hace es agradable pero después se vuelve molesto. Muy tedioso-Le sonreí a Emmet- Soy Renesmee.
-Vaya, eres exactamente como me describió Jacob. Toda una inglesa, incluso insultando lo dices con elegancia. Pero el gusto es mío, Renesmee.
Emmet se inclinó para coger mi mano y besarla. Todos los americanos tenían esa alma de galán. Solo que Emmet combinaba su galantería con su agresividad. Su gran tamaño, sus grandes y anchos hombros y su atractivo seguro que le abría muchas puertas.
-Emmet, no lo intentes. Está fuera de tu alcance.
Él nos miró a Jacob y a mí.
-Vamos hombre, no te pongas celoso. Me voy, os dejo solos.
Emmet le palmeó a Jacob el hombro como si lo estuviera felicitando.
-Algo me dice que tú eres una de las razones por las que me tengo que quedar más a aquí ¿Quién eres?
-Jacob Black.
- ¿Qué clase de tratos tienes con Bella?
-Si me lo preguntas tan amablemente…
Le entrecerré los ojos.
-Con esa mirada cualquiera…
-Que. Clase. De. Tratos.
-Tu madre ahora forma parte de los accionistas de la NFL y además de eso apostó por mí.
-¡Jesús! Me voy a quedar un mes más aquí por el estúpido deporte americano.
-Santita, estupidez es desear entrar en las clases.
-Mejor que ir detrás de una pelota curva. ¿Quién eres tú? ¿El defensa?
-El quaterback de los Némesis-Dijo como si fuera lo más obvio del mundo. Mientras que yo no sabía de qué trataba todo eso del futbol americano- ¿Por qué crees que tu madre estaba tan interesada? Soy un muy importante y buen negocio.
-¿Y eso me debería decir algo de ti?
-No, pero sé que te contienes para no desmayarte y caer a mis pies. Por cierto, tu diario es muy interesante.
-Devuélvemelo-Protesté- Estás invadiendo mi intimidad ¿Hasta que parte has leído de mi libreta?
Una malvada sonrisa se dibujó en su rostro.
-¿Hasta qué parte crees?
-Sí utilizas algo en contra de mí se puede considerar delito. Tengo a asociaciones como Unicef a mi favor, protección al menor.
-¿Todos las inglesas sois tan dramáticas? Creo que Unicef ya no se aplica a las chicas universitarias que en vez de disfrutar de las vacaciones se ponen histéricas porque tardaran un mes más en llegar a sus campus.
Lo miré como si fuera un bicho raro ¿Universitaria? Si aún no he hecho ni el bachillerato. A no ser que…
-Espera, Jacob…
Me quedé pensando en todo su comportamiento. Él todo el tiempo se había comportado de una extraña manera, como si fuera una de sus posibles conquistas pero siempre había algo…
-Jacob, creo que te has equivocado mucho conmigo. Menos mal que me he dado cuenta.
Me reí sin poder evitarlo. ¡El creía que yo era mayor! Bueno, es cierto que lo parezco, mi físico no contribuye mucho a quitar esa idea. El cuerpo pecaminoso del que tanto se queja Bella tiene la culpa.
-¿Qué edad crees que tengo?
-Acabas de graduarte así que dieciocho.
Me tapé la boca para evitar llamar la atención de los comensales. No podía aguantarme la risa.
-Ha sido un error de sistemas educativos. Vuestra educación es muy extraña, entráis al instituto con catorce años hasta los dieciocho que creo que eso es el High School y os graduáis con todo eso de los bailes mientras que en Europa, al menos en los países que conozco, el graduado de secundaria es cuando acabamos cuarto, con dieciséis años. Después de eso son dos años de bachillerato, otro tipo de graduado.
-Santita, te vas por las ramas. No me interesa tu sistema educativo.
-Tienes un gran cerebro Jacob-Lo alagué irónicamente-Para que me entiendas, yo acabo de obtener el graduado de secundaria y cumplo los dieciséis en septiembre. Así que aún tengo quince.
Quería una cámara de fotos para inmortalizar la cara de Jacob.
-Tú no puedes tener quince.
-Sería mejor dieciséis. Pero no importa, estoy acostumbrada a que por mi físico me crean mayor.
Se quedó evaluándome atentamente, no como las otras veces que tenía una mirada encendida sino como si me estuviera estudiando.
-Tienes quince-Concluyó estupefacto.
-Sí, quince primaveras.
Palmeé su espalda y me fui de ahí aliviada. Ahora estaba segura que dejaría de molestarme.
"Un momento, he acabado con la única manera de salir de aquí. Debería de habérselo dicho cuando me fuera a ir. De aquí dos meses"
Otra vez, mi enfado volvió. ¡Pero Jacob seguía con mi libreta!
Ya me encontraba cerca del pequeño bosque cuando casi me caigo al pisar una rama, decidí quitarme los zapatos y partir por la mitad la rama. El suelo herboso era muy muñido así que no me lastimaba pero tenía mucha rabia acumulada en mi interior así que cogí más ramas y las partí furiosamente.
-Pequeña bestia, ¿Que te han hecho esas ramas?
Me giré partiendo aún con más fuerza el objeto entre mis manos. No podía ser… ¡Era él! Y yo que creí que nunca lo volvería a ver. ¡Papá me dijo que ahora vivía en Italia! Pero él estaba aquí. Justo a mi lado.
Solté lo que tenía en las manos y corrí hacia él. Lo abracé con la misma efusividad que lo hacía con diez años y besándolo repetidas veces por todo su rostro. Alec era tan perfecto y hermoso.
-¡Alec, Alec, Alec! ¡Estás aquí!-Lo abracé con más fuerza y hundiendo mi cara en su cuello. Odié llevar el pelo recogido, si lo llevara suelto ahora podría hacer eso de balancearlo y que oliera el olor de flores que desprendía.
-Sí, lo estoy.
Suspiré y descansé mi cabeza en su hombro. Eso me hizo acordar a cuando lo conocí. Yo tenía cinco años y él catorce, yo estaba jugando con mis muñecas al juego del té cuando un chico se apareció ante mí. Yo como toda niña curiosa le hice muchas preguntas y cuando acabé él se quedó jugando conmigo. Me dijo que prefería mi compañía que la de la gente de la fiesta-Ese día había una gran fiesta en casa, en esta casa- y cuando me quedé dormida él me llevó a mi habitación a peso, por suerte yo me desperté a tiempo y le pedí que me contara un cuento. Él no se sabía ninguno infantil y tampoco era bueno inventándolos pero a cada momento pidió mi opinión y me preguntaba sí me gustaba por dónde iba el cuento. Después de eso Alec me llegó a gustar mucho porque era uno de los pocos adultos que quería mi opinión y que no me reñían sino que me trataba con cariño. Al final del cuento, decidí que algún día me casaría con él y a medida que pasaba tiempo con él lo confirmé.
-Alec, te echaba mucho de menos.
-Sí… verás Renesmee… podrías- Vi en su mirada que se encontraba en apuros y me percaté que él lo que quería decir era que si podía ponerme de pie. Estaba enrollada como una anaconda a él pero yo no me quería soltar.
-Lo haría pero me clavé algo en la planta de los pies y si me apoyo me dolerá.
-Está bien, ¿Por qué no te apoyas en un pie y veo lo que te ocurre?
-Es que no sé cuál pie es. Ambos me duelen.
-Entonces siéntate en el suelo.
-El vestido se ensuciará. Ya sabes cómo es Bella.
Y esa era otra de las razones por la cual estaba enamorada de Alec. Él conocía cada rincón de mi vida y siempre era amable conmigo.
-Ahora le haces caso a tu madre ¿Dónde está aquella niña que le encantaba hacerla rabiar?
A Alec no le gustaba mucho Bella.
En menos de un segundo ya estaba sentada en la hierba sin importarme que el vestido blanco se manchara o rompiera. Cuando Alec se agachó yo no hacía más que sonreír, estaba maravillada con su rostro de querubín.
-No veo nada en ninguno de los dos pies.
-¿Enserio?-Pregunté con ensoñación- Digo, a mí me dolían. Creo que serán los zapatos. A Bella cuando se le cruzan los cables siempre hay un motivo, creo que esta vez fue que no pudiera caminar para no huir de sus garras.
Alec fue a por mis zapatos y me los colocó. Él era mi encantador príncipe que encontraba mis zapatos perdidos.
Cuando me ayudó a levantarme yo volví a abrazarlo.
-Pequeña bestia, has crecido mucho en estos años.
Me separé de él con una sonrisa en los labios.
-¿Eso te parece? Yo me veo…-Di una vuelta completa sobre mí misma- Igual, solo que ya no tengo cara de niña ni soy una pequeña bestia, he madurado.
No me gustaba la idea que me viera como una niña pequeña sobretodo si tenía planeado casarme con él en breve.
-Pues has crecido estás hecha toda una duquesita.
-No me gustan los nombres con diminutivos.
-Antes te gustaban los diminutivos.
-Porque los decías con cariño y amor, ahora… no lo sé.
-Lo sigo diciendo con cariño y amor mi pequeña bestia. ¿Volvemos a la divertida fiesta?
-Si no estás invitado no puedes asistir-Dije con la esperanza de quedarme un tiempo más con él.
-Estoy invitado-Alec avanzó hacia el núcleo con lo que yo aproveché para bajarme el escote del vestido y reajustarme el sujetador. No sabía cómo se conquistaba a un hombre pero el cuerpo femenino es una buena arma de seducción que debo de aprender a cómo utilizarla.
Me pasé toda la tarde con Alec, él me invitó a cenar para saber que era de mi vida pero le dije que no podía salir por Bella, Alec lo comprendió. Por la noche me quedé junto a la ventana mirando hacia afuera.
"Ojalá pudiera salir"
Me quedé observando más detenidamente el paisaje. El laberinto, las rosas, los arbustos, los pequeños árboles, las luces de leves colores que iluminaban la zona… incluso si giraba lo suficiente la cabeza podría ver la Fuente del Ángel. Si tan siquiera tuviera alas para volar y huir…
Como si una descarga eléctrica me hubieran dado, salte y sonreí, aunque por lo que se me había ocurrido lo más normal es que fuera una sonrisa espeluznante. Incliné mi cabeza más afuera para ver la distancia del suelo a la que estaba, era bastante pero me obligué a mí misma a ser valiente. Volví a mirar al suelo, al menos había hierba que amortiguaría mi caída. Lo volví a mirar por una tercera vez y esta, sí descubrí algo interesante. Por todo el sector de mi ventana había una enredadera de esas en las que podías escalar, era de hierro.
"Vamos Renesmee, sé que tú puedes ¿No querías salir? Aquí tienes tu escape."
Me relajé lo máximo que pude y me apoyé en la ventana. El aire peinaba mi pelo, tal vez fuera una señal de que estaría bien o una señal de que volviera a atrás.
"Bueno, de algo vas a morir y no hay nada mejor que hacerlo por amor."
Saqué y metí aire de mi boca tantas veces que me mareé.
-Vamos, vamos, tú puedes-Me animé-Tú puedes, tú… ¡puedes!-Dije tan animada que me reí. Una chispa de adrenalina cruzó por mi cuerpo, como que me sentía poderosa.
Lo primero que hice fue tirar mi pijama blanco por la ventana.
Con una última exhalación, cerré los ojos cerrados y me senté sobre el alfeizar con mis pies fuera. Los balanceé hasta que poco a poco me acostumbré a mi huida. Abrí los ojos cuando me sentí lista para seguir. Aterricé lentamente sobre el saliente y di media vuelta, baje mi cuerpo lentamente sujetándome todo el tiempo fuertemente a la ventana. Miré un momento hacia abajo para ver en que parte de la enredadera podía poner mi pie. Tuve que recordar mi anterior euforia para no rendirme. Finalmente logré asegurar mis pies sobre la escalera y bajé muy lentamente y con los ojos cerrados. Nunca nada se me había hecho tan eterno sobre todo cuando estaba por bajar mi pie al siguiente estante y no encontré nada en lo que apoyarme. Bajé más el pie pero fue tanto la bajada que caí de espaldas. En ese momento se me fue el alma. Estaba cayendo a saber cuántos metros de altura.
"Debí de hacerle caso al viento, debí de hacerle caso al viento, debí de hacerle caso al viento"
Cuando caí, estaba viendo las estrellas, literalmente. Primero, solo rocé un poco los pies y luego caí de espaldas. Creí que me dolería y por eso apreté fuertemente los ojos pero los abrí al no sentir nada. Me senté poco a poco para ver desde donde había caído y me reí por la raquítica distancia, no era más de medio metro.
Me levanté, sacudí la hierba de mi vestido y busqué mi pijama blanco, si alguien me veía podía hacerme la sonámbula. El problema era que las farolas que iluminaban el camino me podrían descubrir también debido a la distancia, Alec era mi vecino pero la gran mansión ocupaba mucho territorio. Tardaría al menos veinte minutos a pie pero el tiempo se me pasó volando mientras pensaba en todos los momentos que había pasado con Alec.
Él tampoco tenía una gran muralla como nosotros ya que sería absurdo intentar cubrir toda esa propiedad. Así que solo me limité a llamar a la puerta.
-¿Pequeña bestia?
Me molestó de nuevo el nombre pero le sonreí.
-Creo que Bella no se dará cuenta que no estoy en mi habitación.
Él me devolvió la sonrisa de manera infantil. Seguramente Alec a un pensaba que esa era una de las travesuras que hacía de pequeña contra Bella y luego se las contaba. Él tenía un extraño concepto de mí. Creía que era educada y recatada pero que a la vez le gustaba hacer rabiar a su madre- Una pequeña bestia- a base de ser revoltosa e inquieta. Yo lo único que quería era cambiar esos adjetivos por unas simples palabras: la mujer de su vida.
Hola Bad people, ¡Nuevo personaje! Aun quedan unos cuantos. Sé que he tardado demasiado tiempo pero el capítulo llego. ¿Veis el contraste del pensamiento de Jacob con el de Renesmee? Es gracioso. Y ya se enteró de su edad jejeje
Dedicado a:
Rose black20: todo se ponía más fácil para Jacob pero ahora que sabe su edad… 3:D Veremos si aún puede "vender" Bella tan fácilmente a su hija jajaja
Gracias por comentar
