7. Amor, charlas y momentos incómodos.
Sus carnosos y tiernos labios. Su mirada conocedora e inteligente. Su rostro tan hermoso. Era como un ángel traído del cielo para venir a salvarme.
El tiempo pasaba tan rápido a su lado, era ir a su casa y al cabo de cinco minutos tener que irme porque ya era de noche.
-¿Italia es divertida?
-Depende de con quien estés, pero si estoy contigo seguro que siempre lo será.
Bajé la mirada sonrojada.
-Gracias.
Aparté mi mirada hacia la televisión. Llevaba tanto tiempo sin ver una en acción… Y con Alec podía hacer tantas cosas cotidianas que en mi vida no cabían al estar tan ocupada con la apretada agenda que me ponía Bella incluso estando a distancia. Estar sentada en el sofá junto a él me hacía pensar en nuestra futura vida de casados.
-Sigues conservando tu rubor permanente de niña. Hay pequeña bestia, como me alegra que permanezcas igual que cuando eras pequeña.
Hice un mohín. Pequeña bestia, niña… ¿Cuándo entendería Alec que he crecido?
-Sí…-Acosté mi cabeza en su hombro y mis piernas sobre él. Eso lo hacía constantemente cuando era una niña. Él dijo que le alegra que siguiera igual- Me gusta tu gran televisión, se ve muy realista.
A lo que él giró su cabeza para mirarme yo ajunté mis manos en un solo hombro luciendo así mis pechos. Me había costado encontrar algo no muy decente en mi armario.
-¿No es la hora del té?
Me hubiera sentido incómoda si Alec lo hubiera dicho para esquivarme pero realmente lo estaba preguntando. No se fijaba para nada en mí. Seguramente ahora me estuviera viendo con los pomposos vestiditos y los lacitos rojos en mi pelo lleno de tirabuzones no con mi cabello suelto y arreglado, luciendo unos bonitos rizos, mis tacones negros y mi ropa con falta de tela.
-No lo sé.
-Vamos a preparar té. Llevo tiempo sin tomarlo. Me acuerdo que a ti te encantaba y siempre estabas en una pequeña mesa con peluches en los asientos.
-Tenía siete años y a ellos les encantaba.
Tomé el té por costumbre y por seguir escuchando la voz de Alec.
-Cuéntame más de lo que has hecho en Italia por favor.
-No gran cosa, solo estudiar y graduarme para tomar el control de los dominios Vulturi.
Quería acariciar su cabello con mis dedos mientras besaba sus labios. Como en toda la sarta de películas, series, novelas y libros que me leía y veía.
-Estar aquí me gusta sobretodo sin padres. Las personas aquí son más divertidas y por ello no son tan…-Alec se pensó un rato la palabra, como si necesitara un modulador PG*- escandalosos.
"Háblame como una persona normal. No como a la niña que viste por última vez con diez años"
-Estás frunciendo el ceño, eso no es una buena señal. La última vez que hiciste eso le arrancaste la cabeza a una de tus muñecas.
Mi ceño se frunció aún más, no sabía de lo que me estaba hablando.
-Nunca arranqué cabezas.
-Es comprensible que no te acuerdes de los que hiciste con cinco años, creo que fue por algo que te dijo Bella.
Lo miré con entendimiento. Eso lo explicaba todo. A la vez suspiré, odiaba esa repentina manía por recordarme de la manera que yo no quería.
-Explícame a que te refieres con eso que los americanos no son tan escandalosos como los italianos.
Bebí un sorbo de mi té y lo miré batiendo un poco mis pestañas.
-De cierta manera aquí son más libres y… tienen ciertos privilegios. Los católicos tenemos más normas.
Otra cosa en común, ambos crecimos bajo cárceles opresoras de normas constantes, muy extralimitados con la religión. Yo podría haber formado parte de ese grupo de personas que describe Alec como "liberales" pero mi educación se basaba en la época victoriana.
-Las universidades católicas no son tan estrictas como los colegios católicos seguro que por ahí no hubo siempre estudios.
-No hubo mucha diferencia, no llevaba uniforme y me podía divertir más. Las fiestas eran divertidas, las chicas italianas siempre tenían sus tácticas para animarlas.
Escuché el sonido de algo muy fino romperse. Era el sonido de cómo se rompía la burbuja en la que estaba metida, nunca me había puesto a pensar en esas tontas italianas que intentarían conquistar a mi Alec. Pero… ¿Y si él se dejó conquistar?
Mi pensamiento me hizo relajar tanto la mano que acabé empapada toda la blusa con té.
-Eh… lo siento. Me dio un calambre.
Me levanté del asiento cogiendo unas cuantas servilletas y bajé por las escaleras que conducían al jardín. No quería pensar en esas golfas italianas.
-Creo que no debería de hablar tanto yo, tú siempre fuiste muy inquieta cuando hablabas.
"Era inquieta cuando te decía algo que me había sorprendido"
-Igualmente prefiero que hables tú, me gusta tu acento inglés. Echaba de menos tus "por favor", "gracias" y "lo siento".
Sonreí de lado. Delante de él sí que sacaba a relucir mi yo inglesa porque sabía que le gustaba. Y sé perfectamente que puedo ser mejor que esas chicas a pesar de no saber tanto sobre chicos como ellas. Al fin y al cabo llevaba la blusa mojada y Jacob nunca paraba de fijarse en esa parte de mi anatomía. Me podría considerar una inglesa seductora en potencia.
Me giré sin dejar de "secarme".
-¿Y de qué quieres que te hable?
-Cuéntame que has hecho en este tiempo de vacaciones.
-Estar encerrada en esa gran casa-mansión-palacio y tener una única y tediosa vía de escape. Bella me utilizaba como moneda de transacción de uno de sus nuevos tratos por algún sórdido motivo que desconozco.
-Sí, creo que vi el momento en el que le reclamabas algo y luego como discutías con un chico. Y después le sonreíste y te reías.
No supe identificar su tono pero yo quise interpretarlo como celos.
-Que encantador Alec, estás celoso. Tranquilo, con el que me casaré será contigo-Le di un beso en la mejilla y lo abracé por la cintura. Mis planes de boda no eran inadvertidos para él. Había pasado cada vacaciones con él durante cinco años y cada uno a partir del segundo le decía algún día llevaría su apellido. Alec lo aceptó porque lo creía una broma.
-Es verdad ¿Qué quieres como regalo de boda? ¿Aún sigues con la idea de derrumbar Richerston con tus profesoras dentro?
-Sí-Le respondí sin pensármelo. Él conocía mi oscuro secreto de estar internada en ese espantoso lugar al igual que yo sabía que había estado en otro internado solo que católico.
Alec me abrazó por los hombros y me condujo nuevamente dentro. Ahí me dio una camiseta suya de recambio que nunca se la iba a devolver. Luego volvimos a salir, esta vez nos sentamos en el césped junto a la piscina. Yo tan cómoda como siempre, con mi cabeza sobre sus piernas, un antiguo gesto casual del que me seguía aprovechando.
-A veces echo de menos Richerston. Ahí al menos tenía compañía y nos queríamos entre todas. Este es un lugar más feliz con sus días soleados pero me faltan mis amigas.
-¿Dónde están ellas?
-No lo sé. El último día nos intercambiamos números telefónicos pero con las prisas nos olvidamos de arrancar el número de la libreta donde estaban. Tampoco ninguna de nosotras sabíamos dónde íbamos hasta que nuestros padres se dignaran a decírnoslo.
-Bueno, seguro que ellas también te echarán de menos ¿Son las mismas de aquella vez que te hice una visita con nueve años?
-Sí.
-Entonces seguro que piensan todos los días en ti, es difícil no hacerlo.
-¿En qué sentido?-Me giré un poco, no estaba en una buena posición como para poder verle toda la cara.
-En el sentido que eres como un rayo de sol que ilumina todo lo que le rodea.
Jugué con la hierba de entre mis manos mientras le daba las gracias. Cinco minutos después quise meter mis pies en el agua de la piscina pero Alec me dijo que aún no estaba acondicionada para el baño.
-Vine ayer sin previo aviso. Le avisé a mi padre que me quedaría aquí cuando el avión aterrizó.
-No mientas Alec, lo que pasa es que querías ver a tu futura esposa pero te olvidaste que me gusta mucho el agua y no le dijiste a nadie que la limpiara.
Su armoniosa risa me causó un profundo suspiro.
-Sí, me has pillado. La próxima vez vamos a tu piscina.
Pensé en Bella y en su norma de no hombres. Alec era mi futuro marido así que está fuera de la categoría, para mí, no para ella. Lo más seguro era que lo enviara fuera en cuanto pisara la piscina.
-No, mejor nos quedamos aquí sin que nadie me separe de ti. Echaba mucho de menos una cara familiar y no hay nada mejor que tú para eso.
Era tanta la tranquilidad que había que sentía como me iba durmiendo. Sería como mi sueño hecho realidad, estar entre los brazos de Alec. Pero un zumbido me alertó.
Vi una abeja cerca de mí, solo me quedé mirándola porque era como ver un unicornio, un mito que nunca se veía por el frío Northumberland. Salvo que cuando se fue acercando a mí vi que sus intenciones no eran buenas. Mi perfume de flores la estaba atrayendo. Me giré como un rodillo hacia la derecha y me levanté rápidamente.
-No te muevas o te picará-Dijo Alec con cautela
Lo único que llegué a escuchar fueron las últimas dos palabras, tenía que hacer algo para que no me picara. La intenté alejar con la mano pero eso la enfureció más, escuchaba su particular sonido más fuerte lo que me obligó a retroceder y retroceder.
-Quédate quieta, no avances.
No entendí la razón del porqué me lo dijo hasta que vi la abeja alejarse, Alec acercándose a mí, el cielo y luego…
¡PLAF!
Me zambullí en la sucia agua. Solo nadé con las manos hacia la superficie porque mis zapatos me lo impidieron. Eso no me ayudó mucho, era como si estuviera atascada ahí. Segundos después escuché una vibración en el agua y luego ya volvía a respirar aire. Alec me había salvado. Pero su heroicidad fue sustituida por mis ansias de quitarme el agua. El agua olía muy mal y se había quedado bastante impregnada sobre mi piel y ropa. Lo primero no me lo podía quitar pero lo segundo sí. Aun así olía a agua estancada.
Me quejé mucho de mi olor, hasta tal punto que parecía el berrinche de una niña sin su juguete. Lo cual no me importó porque todo lo que había hecho hasta el momento por la atención de Alec seguramente se había ido.
Alejé los brazos de mi cuerpo como si en el extremo de mis manos tuviera un pañal sucio.
-Definitivamente me ofrezco voluntaria a limpiar tu piscina.
Dejé caer mis brazos de forma rendida. El escalofrío que me recorrió me hizo dar cuenta que estaba casi desnuda delante de Alec.
"Las inglesas elegantes y educadas no hacen eso. No se desnudan tan a la ligera."
"Las inglesas elegantes y educadas no hacen eso. No se desnudan tan a la ligera."
"Las inglesas elegantes y educadas no hacen eso. No se desnudan tan a la ligera."
Apreté los ojos avergonzada, como si esa acción hiciera que la ropa volviera mí o yo desapareciera.
-Alec…-Dije intentando dar una explicación abriendo poco a poco los ojos- el agua…
Me quedé a media frase cuando vi la expresión absorta de Alec. Él por primera vez me miraba ¡Me estaba mirando! Y no una de esas miradas para evaluar si estaba bien o mal sino una de esas que un hombre le dedica a una mujer. Estaba tan contenta de haber podido ver esa mirada en él.
-El agua no muy es recomendable para bañarse-Dije bromeando intentando que no pareciera que ahora no me tapaba para que él continuara con su mirada pero la apartó rápidamente y me llevó adentro.
-En mi encierro he averiguado que mi casa tiene treinta y cinco habitaciones y la biblioteca tiene 55 metros de largo-Dije por decir algo.
Él me guío hacia un baño y me dio una toalla. Usé bastante jabón y por último me miré al espejo.
"Adiós al trabajo hecho en mi pelo"
Salí envuelta en una toalla con Alec esperándome afuera. Él también volvía a estar limpio.
-Te debería haber dicho más rápido que tenías la piscina detrás-Se disculpó Alec.
-Yo debería de haberte hecho caso. Por mi culpa te tuviste que meter-Me balanceé un poco pensando en la abeja- Me dio ilusión ver algo tan mitológico.
Se me escapó una sonrisa que él me correspondió.
-Entonces los mosquitos te encantarán. ¿Me acompañas?-Dijo haciéndome un gesto para que avanzara.
Lo seguí hasta una habitación y allí me mostró un armario, dentro había ropa de mujer.
-¿No me digas que pasar tanto tiempo con hombres te hizo desarrollar alguna extraña actividad?
-No me visto de mujer. Aquí hay ropa para que te vistas en vista que te sigues ensuciando la ropa cada dos por tres como cuando jugabas sin supervisión de un adulto.
-Te gusta sacar mis trapos sucios a relucir.
-Tú eres la que los ensucia.
Lo miré arqueando una ceja.
-Tocada.
Cuando se fue reflexioné de quien sería la ropa ya que se veía muy jovial como para ser de Sulpicia Vulturi, su madre y mi futura suegra.
Me crucé de brazos desechando mi búsqueda por saber de quién era para elegir la ropa. Opté por un vestido blanco, holgado y de flores primaverales, un cinturón de cuero dividía la parte superior de la inferior. Era uno de esos vestidos con dos oberturas para las piernas. La ropa interior no fue tan fácil, me sentía extraña ponerme ropa de otra persona y más aun registrando sus cajones.
Bajé descalza hacia el baño y cogí mis zapatos ya secos. Me hubiera quedado más tiempo si no fuera por la vergüenza que sentía y porque hoy al fin volvería a ver a Floffy, se me fue requisado cuando fui tan amable con el americano. Bella dijo que hoy a las siete podría volver a verlo, era un buen plan para ella porque así volvería antes a casa.
Yo quise llamar a uno de los chóferes para que así Bella no viera el coche y luego se pusiera a investigar-Sí, no estoy loca. Ella haría eso y mucho más, heredó ese factor espía de la abuela René que formó parte del servicio secreto británico-. Pero Alec se empeñó en llevarme, casi hasta me suplicó. Vale, no hizo eso…realmente, pero en mi imaginación sí.
-Me gusta tu coche, es de cuatro plazas.
Busqué el cierre del cinturón y me acomodé sobre el cómodo asiento. Al jugar con la suela de mi zapato me di cuenta que algo se movía demasiado, comprobé que uno de los tacones se había salido. Así no podría caminar.
Cuando Alec detuvo el coche frente a la puerta yo me quité los zapatos y saqué de mi bolso los calcetines que siempre llevaba por si algún día regresaba muy tarde y tenía que hacerme la sonámbula. No sería muy creíble que me descubrieran sin calcetines ya que no puedo dormir sin ellos.
Alec abrió mi puerta, como todo caballero que es.
-¿Me he perdido algo?
Me mordí el labio inferior reflexionando sobre una respuesta que no sonara muy tonta.
-Se me… han roto los zapatos y… esta era la única solución.
-Hay piedras, te puedes hacer daño.
Salí del coche a lo que él cerró la puerta.
-Tengo otra solución.
En un delicado movimiento Alec me cogió en brazos. Estaba en el cielo, al fin, todas las acciones buenas que había hecho al largo de mi vida se me estaban siendo devueltas.
-¿Tienes llaves?
-Por supuesto, no me escapo de incógnito sin que nadie me vea.
"Al menos no siempre"
-¿Podrías darme las llaves entonces?
Titubeé bastante en darle la respuesta. Darle las llaves significaría dejar sus brazos.
-Es que…
-Puedo abrir la puerta aunque te lleve.
Pensé en el otro inconveniente que repentinamente ya no lo era.
-El problema no es ese. Buscaré las llaves en mi bolso.
Con mi mano izquierda cogí el bolso hasta llevarlo por detrás del cuello de Alec, ahí con la otra mano busqué las llaves. Un gran aro con diferentes llaves.
-Ten. Me gustan las llaves-Dije ante su mirada sorprendida- Pero no sé qué abren salvo dos, una la entrada principal y otra la de la cocina.
Diez segundos después ya estábamos cruzando la puerta entre risas. Cuando volví a guardar las llaves en mi bolso me quedé rodeándole el cuello a Alec.
-La próxima vez te dejaré probar todas las llaves, tienes unos brazos muy cómodos.
-Y tú eres muy ligera, espero que te comas todas las verduras.
-Te informo, que en estos años mi apetito ha cambiado. Me encantan las verduras sobre todo la crema de calabacín.
Alec me dejó en el suelo.
-Te haré crema de calabacín entonces.
-¿Cuándo?
Una divertida sonrisa lució en sus labios.
-Próximamente.
-Esto no es una película.
Nos quedamos callados en un cómodo silencio. Lo rompí con un beso en la mejilla, quise ir más al centro a sus labios concediéndome el deseo que Alec fuera mi primer beso. Pero yo no era tan valiente.
-Gracias por traerme y por todo.
Lo acompañé a la puerta y lo despedí con un abrazo. Cuando cerré la puerta suspiré apoyando mi cabeza en la puerta.
"Alec, Alec, Alec. ¿Cuándo podrás ser al fin mío?"
Me enderecé y di la vuelta, di un pequeño respingo al ver a papá en las escaleras.
-Alec Vulturi, así que con él pasaba tanto tiempo mi niña.
-Hola papá.
Quería ir a refugiarme a mi habitación pero papá estaba en medio de la escalera. Se vería y se me hacía feo evitarlo. Así que me quedé quieta en mi lugar desplazando mis ojos en la estancia y de vez en cuando mirando a papá.
-Se os veía divertidos y muy cerca-Papá bajó su mirada a mis pies- ¿Por qué…?
-Se me han roto los zapatos.
-Bueno, te acompaño a tu habitación para que te cambies.
Fueron unos minutos muy tensos para mí hasta que me puse mis pantuflas de dormir, las elegí porque como no sabía dónde estaban tardaría más en encontrarla y de esa manera papá tal vez se iría.
Cuando vi que papá permanecía en la habitación cogí un libro y comencé a leerlo.
-Renesmee…
-Por favor, espera un momento. Me encuentro en la mejor parte.
Cinco minutos después, intentó volver a entablar conversación.
-Lo siento, es que el libro tiene muchas historias individuales dentro de él y cuando termino una empiezo otra.
Papá se sentó a mi lado y yo subí aún más mi libro.
-Renesmee, sé que en un principio de cierta manera te alenté pero tampoco creí que fueras a ir tan rápida. Sé que cuando te propones algo lo quieres conseguir sea como sea.
-Estoy leyendo-Fruncí el ceño extrañada-en estos momentos lo único que quiero conseguir es acabarlo.
-Me refiero a Alec.
Tragué saliva.
-Sé que te gusta, cuando eras pequeña lo mirabas con tal adoración que creí que eran tus ganas por tener un hermano con el que jugar pero ahora que os he visto me doy cuenta que tu no sientes un amor de hermano mayor hacia él.
Dejé el libro a un lado y abracé mis piernas.
-De aquí poco tiempo cumplirás dieciséis y Alec tiene veinticinco años, sé que el amor es cegador y que se comete locuras por ello.
-No entiendo lo que dices.
-Tu pelo está mojado y él aún conservaba ciertas partes mojadas también.
Seguía sin entender lo que me decía, papá entendió mi confusión.
-Eres preciosa y cualquier chico se podría fijar en ti, antes Alec no estaba a tu alcance pero ahora sí y…y él puede cambiar fácilmente el concepto que tiene de ti de… una niña para transformarlo en el de… una mujer. Y si… si eso pasa quisiera mantenerte advertida porque estoy seguro que en Richerston sería un tema tabú y…
Papá balbuceaba frases sin sentido que poco a poco fui entendiendo pero que no lo quería entender.
-…Alec es mayor que tú, no puedo quejarme por eso ya que yo también soy mayor que tu madre por varios años, sé que eso te deslumbrará y… y… cuando un hombre y una mujer se quieren el hombre y la mujer…
Me horroricé hasta lo imposible cuando me di cuenta del camino por donde iba.
-Papa, por favor para. No… no me siento cómoda que tú me hables de… de eso. Por favor, no me des ninguna charla. En Richerston ya nos espantaron lo suficiente, no quiero traumatizarme completamente si algún día quiero tener hijos.
"Uy, eso alteró a papá"
-No es que… Alec y yo… papá ¿Podemos dejarlo? ¿No me tendría que dar estas charlas Bella?
-Ninguno de los dos, por nuestro sano juicio tendríamos que dártela.
Papá se levantó de mi cama y acomodó su habitual traje.
-Bueno ahora que ya… bien… voy…
Con el nerviosismo en su voz papá se fue. Esa noche pedí que me llevaran la cena a mi habitación, Bella aún no me dejara ver a Floffy y como protesta ya no cenaba con ellos a la vez que evitaba la incomodidad delante de papá.
Por la noche bajé a por un vaso de agua, los pasillos estaban oscuros y yo era propensa a intentar traspasar las paredes. En mi paseo vi que la luz de la biblioteca estaba encendida, se colaba una rejilla de luz. Avancé hacia allí para apagarla pero la puerta se abrió, era una silueta bastante familiar. Entrecerré los ojos para identificar mejor quien era y los abrí al máximo cuando lo supe.
-¿Tío Edward?-Pregunté sin aún poder creérmelo. Los pasillos estaban oscuros pero lo reconocía lo suficiente-¿Qué haces aquí? ¿Tú no estabas con una novia tuya en Grecia?
Él pareció asustado pero me reconoció y avanzó hacia a mí, me abrazó y besó mi frente.
-Buenas noches, mi niña. Ojalá pudiera verte mejor, pero se ve que has crecido mucho. Pero es tarde ¿A dónde ibas a estas horas?
-Yo…-Aun me costaba creer que estuviera ahí. Hasta que lo asimilé y la alegría me vino al cuerpo- iba a la biblioteca-Me dirigí hacia la puerta pero me detuvo-¿Qué pasa?
-He estado discutiendo un asunto importante con tu madre y como ella ha perdido, está que echa humo. Mejor vayamos a tu habitación, después mañana no querrás despertarte.
Tío Edward rodeó mi hombro, yo le fui indicando el camino a mi habitación. Me reconfortaba estar así con él, era como estar con papá solo que se sentía diferente. Cuando llegamos me acostó en la cama y comenzó a contarme cuentos como si fuera una niña pequeña pero no me quejé.
-Hubiera sido divertido que me dejaras verla, me encanta verla descontrolada y bajada de su pedestal de señora estirada.
-No hables así de tu madre, ella te quiere.
"Me quiere a matar"
-Claro. Cuando hay público presente solo. Después, la única persona que me quiere es papá. El me ama por él y por ella multiplicado por infinito.
-Yo también te amo mi pequeña niña. Tú sabes que siempre estoy para ti.
Reflexioné sobre esas palabras, viéndome transportada a cuando tenía trece años. Todo transcurrió en el período que menos aguantaba tomando esas pastillas amarillas. Estaba asfixiándome en Richerston y no hice otra cosa que huir. Fui a la casa de Tío Edward que se encontraba a hora y media, él después de papá era el que más veces me iba a visitar. Pero ese día él no estaba solo. Había una mujer, no la pude ver bien pero tenía el pelo muy largo y liso. Se alteró mucho cuando me vio ahí y en vez de recibirme me llevó de vuelta al internado. Después de eso, no acepté sus visitas durante mucho tiempo.
-Sí, lo estás.
-Buenas noches, nos veremos mañana.
Se levantó de la cama, ya que estaba recostado a mi lado y se quedó observándome.
-Te estás convirtiendo en una duquesa preciosa, te pareces mucho a tu madre de joven. Ambas con el mismo rubor en las mejillas.
Asentí pero lo detuve antes de que cruzara la puerta.
-Tío Edward, ¿Si no me hubieras visto, hubieras venido a darme las buenas noches?
-Te hubiera venido a dar un beso de buenas noches aunque estuvieras dormida.
-¿Entonces por qué no viniste a verme antes que a ella?
Tío Edward solo se limitó a cruzar un poco la puerta.
-Mañana me gustaría poder desayunar contigo ¿Puedo?
-Si a papá no le importa, siempre desayunamos los dos juntos. Bella se ausenta mucho.
Me sonrió como despedida y finalmente me acosté.
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.-.-.
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Hoy papá y yo habíamos decidido desayunar en el jardín para mayor disfrute de los sabores. Me estaba acabando mi zumo natural de naranja para cuando vi venir a tío Edward a lo lejos y luego, no tan lejos.
-Buenos días-Se detuvo con una flamante sonrisa en medio de la mesa.
Yo le devolví el saludo con otra sonrisa pero papá se puso a leer el periódico. Su relación era inestable, como la de todos los hermanos. Él se sentó en una de las dos sillas libre que había y sonrió de lado a lado. Se lo veía divertido con el estado de ignoración de papá.
-Acabamos de desayunar ya no hay más comida.
Negué con la cabeza, la voz de retenida de papá siempre estaba activa con tío Edward cerca.
-James, no venía a desayunar, he venido a pasar tiempo con mi sobrina.
-Has tenido tiempo suficiente para pasar tiempo con ella, seguro que llevas bastante tiempo en Estados Unidos-Dijo sin dejar de mirar su periódico.
-Solo llevo dos días aquí.
-Entonces deberías de haber llamado- Dejó el papel sobre la mesa-Hoy estaremos muy ocupados.
-¿Así? Dime que mentira se te acaba de ocurrir.
Papá, lo miró con una mirada muy agresiva. Suspiré en voz alta. Siempre que estaban los dos juntos tenían estas batallas verbales.
-Ninguna mentira, la iba a llevar a la tan histórica Casa Blanca. Hoy hay visitas guiadas, además siempre soy bienvenido ahí. A veces ceno con el presidente cuando voy a Washington D.C. junto con los otros ministros.
Sí, papá eran tan importante que hasta hacía pequeñas juegas con el presidente de Estados Unidos cuando se veían. Con eso de ser el ministro de asuntos exteriores siempre intentaba mantener la paz con América. No es del todo no cierto el mito ese de que América e Inglaterra no tienen buenas relaciones. Vulgares contra estirados. ¿Pero quién no se va a llevar mal con América del norte? Es una metiche, se mete en todo. Nadie la llamó en la primera guerra mundial y mira… se metieron porque supuestamente su transatlántico Lusitania se hundió en aguas europeas a manos de un submarino alemán. Eso solo fue una excusa. Aunque Estados Unidos e Inglaterra estuvieron en el mismo equipo en la Triple Entente. Y todo porque a las dichosas potencias se les ocurrió sacar a relucir sus juguetitos. Porque realmente no me creo que todo se haya montado porque un estudiante bosnio relacionado con las organizaciones nacionalistas serbias asesinó al príncipe Austro-húngaro y como consecuencia los países se fueron declarando la guerra e hicieron valer sus alianzas previas. Y luego para colmo fue el presidente Estadounidense-El que llegó el último- quien junto a los países vencedores decretó los tratados de paz porque él era el más "imparcial".
¿A qué se nota que hace poco estudié la primera guerra mundial? Saqué un diez en ese examen. Justo para ese entonces Bella decidió visitarme para ver cómo iban mis estudios, lo único que dijo era que era mi deber sacar buenas notas.
-¿Y por qué no vamos todos de visita a la Casa Blanca?
-Speedy no importa-Papá apretó mi mano- Ves con tu tío Edward, yo soy tu padre te puedo ver todos los días pero él no.
-Gracias por darme tal honor, James-Dijo el tío rodando los ojos- Vamos pequeña, hoy tendrás acceso ilimitado a todo lo que pidas.
-Quiero dos unicornios, uno rosa y otro lila-Dije lo primero que se me vino a la mente.
Pasé un fantástico día con tío Edward. Comí helado, jugué en los recreativos, comí mousse de chocolate en unos de los mejores restaurantes de Washington D.C. y tuve dos unicornios de peluche muy grandes.
*PG - Guía Paternal Sugerida: Parte del material puede no ser adecuado para los niños menores de 10 años.
Hola Bad People! Aquí llega recién salido de mi mente el capítulo 7. Espero que os haya gustado.
Rose black20: Bella irá a por ti con una cruz bendecida para quitarle los demonios jajaja. Alec viendo a Nessie como una niña siempre... quien sabe tal vez se le adelante a Jacob 3:)
Besos.
Pd: feliz cumpleaños Nessie, (aunque fue ayer o hoy, me confundo) oficialmente cumplirías tres añitos.
