En un principio, lo siento mucho. Llevo un mes y dos semanas sin actualizar. Pero mi tiempo no es algo que me sobre. He estado muy ocupada con exámenes… ni tan siquiera he podido aburrirme, no tenía tiempo ni para eso. A veces si he tenido tiempo pero he llegado a escribir tantas veces un capítulo que no sabía ni que poner. Al final he acabado haciendo de las mías con mi musa.
Bueno, siento la tardanza. Aquí va el primer capítulo de hoy, después de unos minutos colgaré el siguiente. Los próximos tres capítulos contienen cosas importantes que harán que lo eventos se precipiten demasiado y… hasta ahí contaré.
Besos y gracias por la espera.
"Las palabras entre comillas son pensamientos"
11. Queriéndote ver.
POV Renesmee
-¿Ahora si me quieres ver? ¿Ahora si te quieres hacer notar? Pues ahora soy yo la que te va a ignorar. ¿Sabes lo sola que me he sentido? Encima he vuelto a tener esas extrañas pesadillas y tú no estabas ahí para consolarme y acurrucarte en mi cama.
Miré fijamente al susodicho pero era inútil pedirle explicaciones a un perro. Floffy se había ido a un Spa desde el día en que fui con Alec al teatro, y eso hace unos cuatro días. No me enteré que se había ido hasta ayer, sí, eso me hace una mala ama por no saber donde está mi perro pero como a veces el solito se pierde por ahí… No pensé que estuviera a tres horas de distancia en un Spa canino muy relajado. Lo peor era que a parte también era un Spa amo-perro y yo no estuve con él. Fue cosa de Bella así que es comprensible que lo haya secuestrado sin avisarme, ella fue con Floffy.
Estoy segura que si hubiera ido a ese centro no hubiera tenido ninguna pesadilla musical. Pocas veces tengo este tipo de pesadillas pero seguramente después de mi extremo mareo en el yate en Baltimore mi cerebro de habrá vuelto loco y ¡Bang! Sueños oscuros con una música diferida y desconocida.
El lloriqueo de Floffy me devolvió a la dimensión real.
-Sí, lo siento. Yo también te abandoné a ti, soy una mala persona-Me arrodillé para acariciar su pelaje- Son las ocho, pensaba pasear por la propiedad pero ahora podemos ir juntos.
Floffy entendió mi mensaje porque ya meneaba la cola alegremente.
Una vez colocado el collarín me aseguré que nadie nos viera salir y así ninguna de las sirvientas le fuera a Bella diciendo que había salido y que seguramente sería con Alec. Desde que ella me dijo todo eso en mi habitación procuro que no se me vea nunca cuando salgo. Antes salía a escondidas y otras sin esconderme ahora siempre a escondidas. Lo bueno sería que realmente siempre fuera a ver a Alec, sin embargo, a veces simplemente paseo con mi soledad.
Hice bajar a Floffy por las escaleras, no me preocupé porque llegara a la puerta, él ya sabía que íbamos salir. Yo bajé por la enredadera de mi ventana, di una gran vuelta y con mis llaves abrí levemente la puerta principal. Ahí Floffy me esperaba sentado y no había nadie merodeando.
De ahí, el camino fue más fácil. Paseé sin pensar en nada, solo caminaba mientras era arrastrada por mi perro y a la vez me hacía una desastrosa trenza. Cuando volví a fijarme donde estaba me encontraba cerca de la casa de Alec, quizá sería la costumbre.
No sabía si él estaba en su casa o no pero seguí hasta llegar a la puerta.
Llamé una vez y nadie contestaba.
Llamé por segunda vez y seguía sin haber respuesta.
Al tercer timbre se me ocurrió que podía entrar pero se me hacía feo recurrir al allanamiento de morada tratándose de Alec. Me quedé debatiéndome conmigo misma mi dilema hasta que escuché el sonido de un pitido.
-Creo yo que una puerta no se abre a base de mirarla.
Me agradecí a mí misma no haber entrado, no hubiera tenido excusa salvo que Floffy se hubiera metido y yo lo estuviera buscando.
-Alec, no te había escuchado llegar.
-Es un motor silencioso.
Él salió de su coche y yo me quedé viendo como avanzaba hacia mí.
-¿Habías venido a verme o estabas buscando a Floffy?
-¿Mi…?
Fijé mi vista en la cuerda que sujetaba el collarín, se había soltado. Lo que significaba que tenía una buena excusa para estar ahí.
"Gracias Floffy"
-Lo desaté un momento y salió corriendo. Ha estado en un Spa canino así que ahora está liberando energía, corrió tan rápido que solo vi que se metía por aquí.
-¿Qué tal si te ayudo a buscarlo?
"Sí, más tiempo con Alec. Junto a él, cogida de su brazo"
-No es una mala idea-Dije con indiferencia.
-Vale, pero ves avanzando, yo… voy ver una cosa al coche.
Noté su comportamiento un poco extraño pero lo dejé pasar. Inicié mi búsqueda basándome en los agujeros de tierra del jardín. Floffy de alguna manera había entendido lo que le había dicho a Alec y estaba siguiendo mis palabras.
"Liberando energías, debería haber dicho siendo un perro dormilón"
-Se ve que estaba muy lleno de energías.
-Sí, lo siento. No pensé que tendría un perro tan destructivo.
Mientras hablaba con él fui abriendo con cuidado los rosales. Había visto una rosa tirada debido a la excavación producida por Floffy.
-Me hace acordar a ti en tus rabietas infantiles.
Me quedé sujetando una rosa esperando a que no continuara hablando de mi infantil pasado.
-Fue divertido porqué…-Ya estaba comenzando a escuchar su tono humorístico. Apreté levemente la rosa- No sé qué estabas hablando con tus muñecos en tu mesita de té pero de repente te levantaste y la tiraste. Todo el contenido cayó en la chica de intercambio de mi clase.
Me giré levemente pero sin dejar de tocar la rosa.
-¿Dónde estábamos?
-En tu casa.
-¿Y qué hacia una chica de intercambio de tu clase en mi casa?
-Justo me había tocado a mí ser su guía durante toda su estancia. Y como ella había decidido que alargaría su estancia, me sabía mal decirle que ya no podía estar disponible, así que como ese día acababas de llegar quería ir a visitarte y no vi problema en llevarla.
Poco a poco me fui acordando de la chica. Su pelo era castaño y corto, su voz era espantosa, no paraba de sonreír y de intentar jugar conmigo. La odié desde el principio pero no me acuerdo porqué.
-Sí, fue muy amable por tu parte.
-Ella era muy amable y simpática. En cuanto te vio quiso jugar contigo. A ti te costó un poco dejarla jugar porque decías que ya no había sillas libres. Acabaste dejando uno de tus peluches en un baúl y cuando te volviste a sentar…-Alec soltó una breve carcajada- Tiraste la mesa con tanta fuerza que creí que era imposible que una niña de siete años pudiera hacer eso.
Hice aún más memoria y todo me encajó. Al principio no me gustó porque se venía riendo junto a Alec, luego cuando se sentó me habló como si fuera una niña tonta y medio lela. Yo no la quería con Alec, por eso decía que no había sitio para ella en mi hora del té. Acabé haciéndole un sitio porque pensé que de esa manera se iría y nos dejaría a Alec y a mí solas. Cuando fui a dejar mi osito al baúl, vi que ella le guiñaba el ojo a Alec y luego le lanzaba besos. Él le sonreía. Yo no entendía nada de lo que estaba haciendo salvo que le coqueteaba a MI ALEC y que él le sonreía y la miraba de una extraña manera que nunca había visto. Ellos ni se daban cuenta que los estaba mirando.
Cuando regresé a la mesa la acabé tirando para que se espantara y se fuera.
"Esa golfa extranjera estaba coqueteando contigo y tú se lo permitías. Acaso… Acaso tú y ella… Por dios, no hace falta ni que me lo pregunte, estoy segura."
-Yo tampoco entiendo porque lo hice, era tu novia. Y si era tu novia es que era una chica buena.
-No era mi novia.
"Oh Alec, no me puedes mentir. Si no era tu novia al menos sí era algo muy parecido."
-Era mi amiga.
Arqueé una ceja mientras inclinaba la cabeza hacia un lado, lo miré con desconfianza y él con nerviosismo. Era como una de esas veces en la que preguntas a tu padre de donde vienen los niños y ellos te dicen que de la cigüeña o de París y luego te preguntan "¿Ya has hecho los deberes?" Con nerviosismo e intentando cambiar de tema.
-Tenía un pelo muy bonito, me hubiera gustado cortárselo y ponérselo a mis muñecas-Eso sonó siniestro pero lo solucioné con una sonrisa- Eso es lo que le dije cuando se le mojó el pelo y se veía muy brillante.
"Cuanto me hubiera gustado hacer eso"
-¿Te acuerdas?-Le pregunté mi mentira sonriendo.
-Sí.
No se acordaba y yo no me arrepentía de haberle tirado la mesa. Podría haber tenido muchas novias pero yo sería la última mujer en su vida.
-¿Continuamos buscando?
No tardamos mucho en encontrarlo, estaba sacando tierra. Le até bien el collar y fui hacia la salida.
-Gracias por ayudarme a encontrar a Floffy.
-Es un placer someterme a las preguntas de una niña curiosa.
-Es un placer dejar en blanco a un hombre sin respuestas.
Nuestras miradas divertidas se cruzaron.
-Te invito a cenar, creo que me dijiste que te encantaba la crema de calabacín.
Me detuve mirando a Floffy.
-No creo que libere sus energías dentro de la casa. Ya ha hecho suficiente en el jardín.
Lo miré sin estar muy convencida. Alec cogió la correa y se fue llevando a Floffy.
-¿Vienes o mañana paso a dejártelo?
Había una sonrisa en su rostro pero volvía actuar de una manera un poco extraña.
-Voy.
Cuando entramos Floffy estaba muy tranquilo, se sentó en un rincón y durmió.
"Normal que estés cansado, has destrozado el jardín de mi próxima casa de verano. Sí, en cuanto me case con Alec pasaremos los veranos en América y viviremos en Italia."
Alec dejó sus llaves sobre la encimera de la cocina y su móvil sobre una estantería. Él recolectó todos los ingredientes sobre la mesa y comenzó a preparar la crema.
-¿Te ayudo?
-No, así voy bien.
Alec se movía muy bien en la cocina, debería comenzar a aprender a cocinar.
-¿Alguna vez has tomado crema de calabacín con queso? El ingrediente le añade sabor y está muy bueno.
-¿Queso? ¿Tipo queso Chédar?
-No, ese tipo de queso no. En algunos países latinoamericanos lo toman así.
-Aunque diga que no me lo harás comer.
-Sí, tienes toda la razón.
Nuestro momento de risas fue interrumpido por el sonido del teléfono que había a un extremo de la cocina.
-No respondas.
-¿Por qué?
-No me apetece hablar con esa persona ahora.
El teléfono no paró sonar hasta que lo cogí, colgué y lo dejé sobre la encimera.
-De nada.
La crema tardaría un poco en hacerse así que tenía tiempo de preguntarle que le pasaba.
-¿Me dirás algo?
-Sí, que tienes que poner la mesa.
-No me refería a eso-Dije entrecerrándole los ojos.
-Vamos, que se enfría la cena-Dijo canturreando.
-No lleva ni diez minutos.
Tiempo después cenamos. No paré de mirarlo durante toda la cena intentando que se sintiera observado y me dijera algo pero tampoco había diferencia entre mi mirada de acosadora de ahora y mi mirada de acosadora usual. Bueno sí, la mirada acosadora usual él no la notaba.
Cuando acabamos de cenar me llevó en coche hacia a casa, sin importarle que Floffy pudiera soltar pelo.
-Uno… dos, suenan las campanas; tres… cuatro vienen a por ti; cinco… seis, te van a matar; siete…ocho, comiendo bizcocho; nueve… diez, a las diez.
Canté todo el tiempo jugando con mis dedos, como quien no pretende nada.
-¿Estas intentando cantar una música siniestra justo a la diez menos diez para que te diga algo?
-Solo estoy cantando.
-Veo tu casa, ya no me puedes matar.
Miré hacia mi casa asegurándome que no hubiera luces encendidas y que no fueran a mí a quien mataran.
Todo seguro.
Aparcó pero yo me crucé de brazos hasta que me dijera algo.
-Mis labios están sellados.
En un intento de cruzar mis piernas en pose indio me di con un obstáculo que me dolió mucho. Para colmo, abrí sin querer la guantera y cayó una pequeña caja.
La cogí y la observé con atención. Era una bonita caja de color esmeralda con un pequeño lazo dorado.
-No la abras.
Alec volvía a tener ese ímpetu extraño lo que hizo que le prestara más atención a la caja.
-La iba a dejar, pero ahora me ha entrado curiosidad.
Cerré la guantera y salí del coche con la caja en mano.
-¿Me dirás al menos que es esto?
-Es julio y faltan dos meses para tu cumpleaños. Llevo sin darte un regalo desde hace seis años y después de la fase eliminatoria de regalos este fue el que más me convenció. Me dijiste que te gustaban las iglesias católicas porque son más bonitas que las inglesas. Me dijiste todo eso del detalle, los rosetones, la arquitectura, las imágenes…
-¿Me has comprado una iglesia católica?-Pregunté confundida-Oh, que bonito como el Taj Mahal. Lo es que me hace acordar que eso fue un gran mausoleo hecho por un príncipe a su difunta esposa. ¿Ahora quién quiere matar a quién?
-Peque…-Elevé las cejas como señal que se desviara del rumbo por donde iba-Ren…-Esta vez arqueé una ceja-Mi sol-Sonreí, había dado con las palabras indicadas, las cuales me encantaban. Mi sol denomina algo esencial para una persona y además la posesión. Yo ya sé que soy de Alec pero él poco a poco y subliminalmente lo tiene que ir asimilando- Está relacionado con algo que siempre llevas encima y que es… de cierta manera internacional.
-¿Y está relacionado con la Iglesia? Eh…¿Has comprado mi alma?
-¿Qué? ¿Enserio? ¿Eso es lo primero que se te viene en mente?
Me encogí de hombros riéndome.
-Yo que sé, me das pistas extrañas.
Alec cogió la caja de entre mis manos.
-Cierra los ojos y pon tus manos formando un cuenco. No sigas pensando, no me imagino que pensarías si te digo algo más.
Pasados unos segundos noté un pequeño objeto frío entre mis manos.
-Abre los ojos.
Gracias a la luz de algunas farolas pude ver mejor el objeto entre mis manos. Era un collar con una cruz de oro con piedrecitas incrustadas.
-El verde y el rojo de las esmeraldas y rubíes te queda muy bien. Tu habitual cruz plateada es bonita pero estoy seguro que te verás aún más preciosa con este.
-Alec…esto es…hermoso… y demasiado. Es mejor que una iglesia católica. Pero también estoy segura que vale como una iglesia católica de esas renacentistas con muchos detalles y santos por todos los lados.
-Quería darte algo grande-Alec me obsequió de nuevo con una sonrisa.
-Por Dios-Lo abracé con fuerza- Ahora sí que te mataré… pero a besos.
Repartí tantos besos por su rostro como pude, estaba eufórica pero no lo suficiente como para besar la zona que yo más deseaba.
-Gracias Alec, muchísimas gracias.
Volví a abrazarlo con fuerza.
-Te quiero-Dije sin atreverme a mirarle a los ojos.
-Yo también te quiero mi sol.
Me costó devolverle la sonrisa. Él no me decía de la misma manera que me quería.
-Pensaba dártelo un poco antes de tu cumpleaños pero ahora te podré dar un regalo aún mejor el día exacto de tu cumpleaños.
-¿Aún mejor? No. No aceptaré más regalos. Me has comprado una iglesia en unos cinco centímetros, eso ya es más que suficiente.
Me despedí de Alec con un gran beso en la mejilla e hice entrar a Floffy por la puerta mientras yo subía por la ventana. Me hice un moño para evitar el inconveniente de mi pelo.
Cuando llegué al principio de la camuflada escalera seguí el mismo procedimiento de siempre: agarrar fuertemente el hierro de la enredadera, apoyar un pie sobre el hierro, impulsarme… ya lo hacía todo con una gran agilidad digna de un ninja.
-¿Quieres pasear conmigo Floffy?
Me tensé en mi lugar cuando escuché la voz de Bella de fondo. Ese adorable perro no había seguido mis instrucciones, él también había caído bajo los encantos de Bella. Odiaba la gran afinidad que sentía por ella pero no es su culpa, Bella era la dueña de su madre y cuidó a sus hermanos y a él hasta que las diez chicas seleccionadas del internado fuéramos lo suficientemente responsables para ellos.
-¿Qué pasa? ¿Me quieres enseñar algo?
Incluso Bella actuaba más amorosa con Floffy, conmigo nunca ponía ese tono de voz, conmigo nunca…
-¿La habitación de Renesmee? ¿Es eso?
Como si de un rayo fuera, corrí hacia mi ventana abierta, casi pierdo un zapato por el camino pero llegué casi bien. Casi porque en cuanto estuve en el alfeizar de mi ventana me caí dentro de mi habitación, choqué con algo y luego caí a cuatro patas.
Solté un quejido por el dolor de sentir el choque de mis rodillas contra el suelo, me incliné un poco hacia atrás para sentarme de rodillas pero algo se quejó y no era Floffy. A pesar de la poca luminosidad que había pude distinguir que me encontraba sobre una cuerpo humano, tuve que entrecerrar los ojos para identificar al individuo. Era nada más y nada menos que un odioso americano.
-¡¿Qué haces aquí Jacob Black?!-Cambié mi postura cuadrúpeda a bípeda con las rodillas flexionadas a los costados del intruso- Me podrías haber matado, me podría haber caído ¿Y si nos hubiéramos caído?
-Si te levantas podría...
Jacob intentó levantarse, llevándome consigo pero no iba a dejar escaparse sin darme la respuesta del porque estaba en mi habitación así que hice fuerza hacia abajo.
-¿Qué haces colándote en mi habitación?
-Tú te colaste en mi casa irrumpiendo en mi sistema operativo.
Él intentó apartarme pero yo me recoloqué de nuevo.
-Yo tenía razones, tú no. ¿Por qué te has colado en mi ventana?
Era claro que si lo encontré casi cruzando el arco de mi ventana era porque había entrado de esa manera.
-Es incómodo responder en esta posición.
-Háblale al techo, te prestará la misma atención que yo si mientes.
-Bien, eres un peso ligero y puedo bastante contigo.
Jacob me agarró por las caderas y nos levantó a ambos. Increíble. Me obligué en el proceso a sujetarme fuertemente a él para no caer.
-Puedes abrir los ojos.
Me sorprendió nuestra cercanía pero aproveché con la luz que había en jugar a encontrar su pupila. Era divertido porque cuando lo hacía se tensaba.
-Al suelo.
Me tiró al suelo como si fuera un simple saco. Ya estaba preparando mis argumentos de queja pero mientras yo estaba lista para la carrera, él ya se encontraba en la meta.
-Si tú, Santita subes por tu propia ventana a escondidas no veo porque no pueda yo subir por aquí. Es como una enredadera santificada, amén.
Mi alma se fue al piso.
"Oh, no. Me había visto."
-No sé de qué me hablas.
-Te he visto subir y bajar por la enredadera como toda una experta, no creo que fuera la primera vez. Y creo saber el motivo. No sabía que tenías novio.
Ignoré su comentario acusativo y únicamente me centré en lo último que dijo.
-¿Novio?-Se me fue difícil no sonreír con eso-¿Lo dices de verdad?-Pregunté ilusionada. Si el mundo creía que Alec era mi novio tan solo faltaría un paso para que él se diera cuenta de nuestro futuro en común.-No es mi novio-Dije con una actitud totalmente contradictoria a la inicial.
"Más quisiera yo"
-¿Enserio? No lo parecía por la manera con la que te comportabas. Nunca había visto dar tantos besos por minuto.
-¿Nos estabas espiando?
-Sentí curiosidad.
Bufé exasperada y volví a la ventana para cerrarla, observé que en el suelo había un objeto brillante, no tardé mucho en deducir que era el disco duro de mi ordenador portátil. Y el único motivo por el que se encontrara lejos de dónde le pertenecía estaba enfrente de mí. Seguramente se le habría caído cuando me caí sobre él.
-¿Por qué has cogido mi disco duro?
-Por qué me pertenece.
-¿Cómo?-Pregunté desconcertada.
-Es mío, ahí está almacenada la información del programa con el que hackeaste mi seguridad, de esa manera podré mejorar mi sistema y evitar intrusos como tú.
Me reí con burla. Eso era una buena técnica para mejorar su seguridad pero él no estaba capacitado.
-¿Y eso lo harás tú? No estás capacitado.
-Lo hará mi seguro.
-Ah sí, el mejor sistema de seguridad del país-Dije con ironía- No creo que logren encontrar algo a lo que yo no pueda entrar. He hackeado el Servicio Secreto Británico-Con el permiso de la abuela René- así que lo tienes difícil. Prueba contratando algún sistema de seguridad de la CIA, nunca he probado a entrar en ese sistema.
Jacob se burló de mí con su risa.
Ahora me encontraba aún más indignada.
-Deja de reírte de mí.
-No me río de ti, no sé porque la gente piensa que me río constantemente de ella.
-Tal vez porque constantemente te metes con ellas.
Mis últimas palabras me hicieron reflexionar. Había estado tan pendiente del motivo por el que estaba en mi habitación que no me percaté del inconveniente que representaba Jacob. No dije ni una sola palabra más, se me acababa de pasar por la mente que si seguía, diría algo lo estropearía todo.
-¿Por qué estás encerrada Renesmee?-La voz de Bella desde detrás de la puerta me puso muy alerta. Ahora sí que quería tirar a Jacob por la ventana y tal vez, irme con él para no tener que soportar a Bella.
-No estoy encerrada-Grité para que me oyera. Mientras tanto conduje a Jacob hacia el baño.
-Pues no puedo abrir la puerta-Dijo ella.
Estaba por abrir la puerta cuando se me ocurrió que Bella podría entrar al baño. Así que saqué a Jacob de ahí y le dije que se escondiera debajo de mi cama.
-No me voy a esconder debajo de tu cama, si me pilla tu madre puede pensar cosas que no son y que no han sucedido.
Preferí no pensar en que pensaría.
-Metete ahora-Le ordené intentando bajar su hombros pero era tarea difícil con el semejante hombre que era.
-Me iré por la ventana.
-No te dará tiempo.
-¿Renesmee?
Me puse muy nerviosa cuando Bella volvió a formular mi nombre.
-Está atascada la puerta, estoy intentando abrirla.
Me saqué un zapato y lo tiré a la puerta simulando el efecto de intentar abrir la puerta.
-¿Qué ha sido eso?
-Nada Bella, mis intentos fracasados por abrir la puerta.
-No sé si eso haya colado, tu madre es una mujer muy inteligente, deberías parecerte más a ella quizá de esa manera serias más apta.
-¿Apta para que?
Jacob sonrío, cosa que me llevó a muchas deducciones como que volvía a burlarse de mí y que yo me debería ir callando aunque si tampoco ha notado nada raro es que voy por buen camino. La otra conclusión me llevó a una un tanto escalofriante.
-¡¿Te gusta Bella?!-Grité susurrando.
Él esta vez río.
-¿Está pasando algo allí dentro?
Miré la puerta y luego a Jacob. Decidí darle una patada en la pantorrilla, eso lo dejó un poco débil y así se me hizo más fácil empujarlo debajo de la cama.
-Sit, al suelo. Mi perro es mucho más obediente que tú Jacob.
Bella nunca lo buscaría por ahí porque simplemente nunca se agacha. Sería degradante para ella.
Antes de abrir, cogí un albornoz y una toalla pequeña y me la envolví al pelo. A continuación, simulé que abría la puerta mientras quitaba el seguro que Jacob habría puesto cuando entró.
-He escuchado voces-Dijo ella con sospecha.
-Estaba rezando.
-¿En bata?
-Acabo de salir de la ducha.
-Para rezar no hace falta hablar tan alto.
-Vale, me has pillado. Estaba teniendo una discusión con Dios del porqué me has tocado tú como madre. No eres la única con ese tipo de problemas celestiales y justo ahora me encontraba en un debate con el de arriba. ¿Te quieres unir? Tal vez tú puedas preguntar por qué te ha tocado una hija que tan poco deseabas y así nos encadenaríamos en una amena discusión ¿No sería divertido?
Bella me miró frunciendo el ceño.
-Venía a decirte que no puedes salir de la propiedad bajo ninguna circunstancia a no ser que sea acompañada por tu padre o por mí.
-Nunca salgo de aquí.
Ella inclinó la cabeza.
-Creo que yo también discutiré con Dios ahora.
En pocas palabras me estaba llamando mentirosa, y bueno sí, estaba mintiendo.
-Procura no hablar tan alto y no pidas cosas imposibles. Yo me he tenido que conformar-Dejó las palabras en pause y sonrió falsamente durante dos segundos- Buenas noches mi vida, recuerda que no todos los sueños se pueden hacer realidad, yo lo he intentado y ha sido en vano.
La acompañé hacia la puerta para asegurarme que se marchara y dejara de decir con palabras maquilladas que soy una mala hija y que ha intentado por todos los medios cambiarme a mejor sin remedio.
Suspiré sintiéndome más liviana cuando me sentí casi completamente sola, le acabé dando mi disco duro para que se fuera de una buena vez.
-Procura no matarte, no todos podemos bajar tan bien por una enredadera.
Jacob intentó decir algo pero yo lo eché rápidamente y cerré la ventana.
Gracias a todas ellas que han comentado y a la personas que a pesar de mi tardanza no me han quitado de sus favoritos.
