12. Casualidad…cena… batalla.
POV RENESMEE
Saqué dinero de mi bolso y me despedí del taxi.
"7.30 p.m. una hora perfecta"
Dejé mi móvil de nuevo en mi bolso y caminé por la extensa y habitada calle. Bella me había dicho que no podía salir de casa pero era tan agobiante… aunque pasear por Washington D.C. un sábado por la tarde con las calles llenas de gente me debería hacer sentir agobiada también pero sin embargo, eso me hacía sentir una más. Había tanto ruido causado por el gentío, por las voces, por los coches… Me sentía bien.
Ya me encontraba a pocas calles del restaurante cuando escuché el estruendoso sonido de una moto, una Harley Davidson solo esas motos pueden ser tan ruidosas, y me tuve que tapar los oídos. Ese es el único ruido urbano que no me gusta, aunque es un poco irónico contemplando…
Rrr!
Otro sonido aún más molesto vino a mí. Esta vez era la música de un coche que venía demasiado alta. Era una música muy fuerte, salvaje y llamativa. No alcancé muy bien a ver quién era el conductor pero logré divisar una melena pelirroja cubierta con algo. El sonido que produjo el coche me hacía acordar al sonido de mis pesadillas musicales.
A medida que el coche con la música tan fuerte se iba acercando a mí, de una manera muy inquietante, vino a mi mente un pequeño fragmento de mi pesadilla. Por un segundo me sentí sumergida en ese vórtice de oscuridad y calor, salvajismos, gritos y susurros. Por un momento sentí que no estaba rodeada de gente sino en un extraño y misterioso lugar.
-Vigila por donde pasas.
Me di cuenta que había salido de mi insomnio cuando me choqué contra una masa de gente. En estos casos es mejor esperar a que se diluya una poco y luego seguir con tu camino así que así hice. Me extrañó bastante como la gente se fue dispersando como si fuera una cola de algo.
-¿Nombre?
Enfrente de mí había un hombre con un esmoquin. No supe que tenía que hacer así que dije mi nombre.
- Renesmee Cullen.
-Muy bien, acompáñeme por favor.
Lo acompañé sin preguntarme el porqué, tal vez fuera alguna nueva tendencia social de la cual yo no me había enterado. Cosa normal viendo mi situación.
Por lo que pude adivinar, me encontraba en un restaurante-No uno cualquiera sino uno elegante- y el hombre era un camarero. Llevaba el suficiente dinero para pagar un lugar como ese y de esa manera aprovecharía la situación para comerme una mousse de chocolate. Si no me equivocaba era el mismo restaurante donde había comido con tío Edward tiempo atrás.
Subimos a la segunda planta dónde se sentía más intimidad pero quise retroceder cuando vi que a la mesa que me dirigía se encontraba el anterior protagonista de mis pensamientos, aunque fue imposible ya me para ese entonces ya estaba enfrente de él.
-¿Renesmee?-Me miró extrañado- ¿Cómo está tu madre?
-Bien supongo-Dije con su mismo tono.
-¿Ella sabe que estás aquí?
Me quedé sin respuesta, no sabía si Bella le había hablado sobre mi nuevo encierro.
-No me he escapado por la ventana-Me limité a decir- ¿Habías quedado con alguien?-Dije deseando que dijera que sí y poder irme. Seguía de pie así que no sería una complicación.
-No, vine solo para poder estar tranquilo. ¿Y tú?
-¿Yo? Pues… al parecer confundieron nuestros apellidos y habrían pensado que solo éramos una mesa.
-Es extraño…Suelen tener una buena cuenta de eso.
Tío Edward no me miró a mí, sino a sus manos por debajo de la mesa. Intuí que estaría haciendo algo con su móvil.
-Pero me alegro mucho de verte-Dijo luciendo una sonrisa.
-Espero que no hayas tenido que cancelar alguna cita por mí-Le dije yo-Me puedo ir enserio.
-No, quédate por favor. Es poco el tiempo que puedo pasar contigo y ahora que estás aquí… ¿Para que desaprovecharlo?
Tío Edward pidió la carta ya que el camarero en intuir la situación en la que estábamos prefirió dejarnos solos.
- Y dime ¿Te sigue gustando tanto montar a caballo?
-Sí-Dije con ánimo y alegría e intentando que mi voz no sonara tan incómodo.
Tío Edward con la mirada me alentó a que continuara, como siempre no paraba de preguntarme cosas y yo de responderle pero al tío no le bastaban con respuestas monosílabas, quería que le contara todo el primer testamento.
-Es decir, sí, me encanta montar a caballo, me siento unificada con la naturaleza y me gusta sentir la velocidad tan de cerca. Y luego el caballo…-Le iba decir el nombre de la raza de mi caballo, que estoy segura que está ansioso esperándome en Inglaterra, pero me di cuenta que él no sabía mucho de caballos- ¿Sabes la película de War horse? Pues aquel caballo tan bonito con los paños blancos en la frente y patas.
-¿Competías?
-Seis veces-Dije agachando la cabeza y en voz baja.
Mi profesor me decía que tenía talento y apenas dos meses después me dijo que podría ir entrenándome para competir. Esto rápidamente llegó a oídos de Bella y ella quiso que entrenara para competir. Aparte a mí me gustaba el ballet, me apasionaba, así que invertía más tiempo estando en mallas o tutú que montando. A Bella no le gustó eso porque del montón de posibilidades que se me presentaron, apenas competí en unas pocas comparando. Y ella siempre quería que yo fuera la mejor en todo. A mí no me apasionaba la equitación tan solo me gustaba, pero las numerosas representaciones en ballet que hice convalidaron con las competiciones que me perdí así que no enfadé del todo a Bella. Lo malo fue que como castigo por no cumplir con los deberes de hija-Impuestos por ella misma- no me compró el caballo con el que practicaba siempre, porque si me lo compraba significaría competir y eso era algo que yo no quería… Todo era un círculo vicioso.
-Vaya ¿Y ganaste alguna competición?
-Cinco trofeos de oro y uno de plata.
Nuestro suculento menú llegó minutos después. Se me hizo la boca agua al ver la salsa que recubría la carne. Se me hizo inevitable meter el dedo y probar un poco de la salsa sola, procuré que nadie me viera hacer eso-Y con nadie me refiero a tío Edward, él puede ser chivato con Bella, y luego ella me acusaría de echar a la basura todos estos años de modales- y me lo llevé a la boca.
-¿Está bueno?
"Uy, pillada"
-Sí, mucho-Respondí con las mejillas ardiendo así que ideé rápidamente un cambio de idea- ¿Tío Edward? ¿Tú no estabas con una novia en Grecia?
-Come que se te enfría-Se limitó a responderme él.
No sabía el motivo, pero ningún hombre quería hablarme de mujeres. Como si se sintieran incómodos.
Cuando ya fui captando su honda le fui preguntando yo cosas dejando que hablara lo que quisiera mientras.
-Creo que ya hemos hablado suficiente de mí y eso no es lo que quiero. Algo que quisiera saber es quien te ha regalado ese bonito collar.
Acaricié de bajada la cruz, sonriendo mientras pensaba en Alec.
-Un chico que te gusta entonces ¿Desde cuándo Bella te deja estar en presencia masculina?
Observé a tío Edward dubitativa pensando en cómo lo había adivinado pero claramente al ser mi tío no le iba a decir que sí, que me lo había regalado el futuro padre de sus sobrinos-nietos.
-Es un regalo, de cumpleaños adelantado.
-¿Nada más?-Él me miró con aire de sospecha.
-Mmm, no.
La recomendación del Chef estuvo muy buena pero yo lo que deseaba era el postre así que me pedí una mousse de chocolate.
En un punto del postre, no sé cómo me fijé en una de las ventanas del restaurante y ahí fue cuando vi Bella que se estaba dirigiendo hasta la puerta de este restaurante.
-Tío Edward, me tengo que ir.
Con suerte me podría ir sin ser descubierta.
Me despedí del tío y me fui yendo por los costados, había dos escaleras y había visto como Bella subía por la contraria. Bajé con prisa pero me detuve y di la vuelta rápidamente al ver quien subía por mí misma escalera
¿Qué acaso no existen otros lugares dónde comer?
-¿Tu no tenías la salida de tu casa vetada? Mira por donde me va estupendo que estés aquí, había quedado con Cullen madre y padre justo aquí.
Lo miré con indignación.
-No harás eso.
-Claro que sí lo haré.
-No.
En un intento de escapar conseguí ser atrapada.
-Así me encargaré que te mantengas lo más alejada posible de mi sistema de seguridad y no vuelvas a entrar en él.
-Te odio.
Jacob me volvió a llevar hacia la zona de dónde había partido. Era una muy enorme casualidad que justo en la mesa donde estaban ellos, al frente estuviera tío Edward. Solo que esta vez se encontraba Bella discutiéndole por algo.
-Mirar a quién me he encontrado.
-¿Renesmee? ¿Qué haces aquí?
Miré hacia el suelo mordiéndome el labio inferior. Bella me causaba tal terror que de tanto que se había encargado de meterme en la cabeza que por mis malas acciones solo recibiría cosas malas e iría al infierno y debido a ello, he acabado ideando mi propio infierno personal en forma de pesadilla.
-¿No tenías permiso de salir?-Preguntó tío Edward.
Volví mi vista hacia él.
-No bien-bien.-Dije dubitativa.
-Edward, deberías de tener más consideración. Si no la dejábamos salir seria por algo-Bella soltó su acidez sobre tío Edward, pero esta vez era diferente, era como ver a una leona rugir salvajemente.
-Yo no sabía nada-Se defendió él
-¿Renesmee?-Escuché a mis espaldas.
-Papá.
-¿Qué haces aquí?
Boqueé como un pez fuera del agua intentando encontrar mi salvación.
-¿Edward?-Papá inclinó un poco la cabeza y cambió su expresión a una de enfado- Claro, tuve que suponerlo. Cuantas veces te he dicho Edward que mi hija tiene unos horarios y normas y si se las imponemos es por algo. Ella no puede salir de casa solo por un antojo tuyo.
-No sabía que no podía salir de casa, ella apareció.
-Claro Edward, nunca sabes nada. Tú nunca tienes la culpa de nada-Papá atacó con su habitual tono al tío.
-¿Por qué me has desobedecido?- Bella se cruzó de brazos.
Pensé en muchas respuestas pero no eran las apropiadas para decir en esos momentos. Así que me senté y cogí la cuchara que aún contenía junto con el plato, restos de mi postre.
-En cuanto me acabe el postre puedo volver a casa-Le sugerí con timidez.
Ella arqueó las cejas.
-Tres en uno, vas mejorando.
Noté su sarcasmo instantáneamente pero no fue hasta unos segundos después que me di cuenta que se refería a tres pecados capitales en una oración. Yo no los veía por ninguna parte.
-No pienso arriesgarme a que te vuelvas a escapar.
-No me he escapado-Dije en un murmullo.
En eso, escuché una pequeña risa, su dueño, un molesto americano que seguramente supondría la verdad. Lo miré con cara de odio.
-Da lo mismo, te quedarás con nosotros. Si nos disculpas Edward, me llevaré a mi hija a otra mesa.
-Tu conducta no muestra mucha amabilidad, Bella. ¿Por qué no nos sentamos los cinco en una misma mesa? Igualmente yo quiero pasar tiempo con mi sobrina y tú no quieres que se vaya sola.
-Esto pretendía ser una cena de negocios, Edward, tú no estás incluido.
- Todo un encanto Bella.
Me sentía como en medio de una batalla verbal en la que yo era la causante. Una extraña batalla muy pocas veces vista entre ellos dos ya que se pasan mucho tiempo riéndose y luego soy yo la que coquetea con hombres.
-¿Por qué no le preguntamos al socio? ¿Jacob Black no?
-Sí.
-Un placer conocerte, soy Edward Cullen, ¿Te importaría que me uniera a vuestra conversación?
Le supliqué con la mirada a Jacob que dijera que no. Si tío Edward se quedaba la batalla campal continuaría.
-No hay ningún problema.
A la vez que él me miraba yo le lanzaba miradas de odio acompañadas por mil misiles de balas cargadas de ácido sulfúrico.
-Esplendido.
Ajuntamos una mesa más y los cinco quedamos suspendidos en un bonito ambiente de guerras. Yo me pedí un té verde para al menos relajar mi propio ambiente hasta llega a casa donde seguramente se formaría mi guerra.
La guerra inició sin iniciarse, al parecer Bella se había dado cuenta que batallar verbalmente con un hombre y con su maravilloso tono de voz no era de damas. Ellos se metieron en una larga y aburrida conversación sobre fútbol.
Aburrida, miré dentro de mi taza para saber si era de esas que las hierbas se quedaban en el fondo y con ellas podrías ver tu futuro. Quizá en mi taza saldría la cara de mi futuro marido, aunque no creo que pudieran dibujar tan bien a Alec con unas simples hierbas. En vez de eso, al alzar la taza, vi que había una nota.
Dulce princesita, solo eres el medio de tapadera en esta gran olla. Observa todo a tu alrededor atentamente y lograrás saber una de las partes de lo que trata esto. El resto lo irás sabiendo poco a poco, incluso antes de lo que esperas.
Arrugué el trozo de papel sin darle importancia, seguramente se habrían equivocado de persona. Me compadezco del no-destinatario, no debe de ser agradable que te envíen un mensaje siniestro.
Tiempo después Bella nos excusó con una excusa, papá no vino con nosotras porque aún tenía cosas por hacer.
-La modista llegará de aquí un rato, ponte la ropa que te indicaran las sirvientas.
-¿Cómo?-Di media vuelta antes de subir las escaleras de casa- ¿Lo de la modista de antes no era una excusa inventada?
-Renesmee, yo nunca miento.
Arqué una ceja y reí en mi foro interno.
-Entonces, subiré y me vestiré para que una modista venga a… ¿A que vendrá exactamente?
-A ver los arreglos de tu vestido de cumpleaños.
No dije nada, subí por las escaleras y me vestí con la ropa indicada. Esperaba que Bella no se refiriera al horrendo vestido rosa. Mientras la "modista" llegara o no llegara yo me metí en la bañera y me di un rápido baño, solo me apetecía dormir. Al salir, me topé con una empalagosa y desagradable sorpresa.
Vestido, rosa por todas partes... lazos gigantes en el pecho que iban bajando y disminuyendo de tamaño hasta llegar a la cintura, mangas con bordados que finalizaban cosas parecidas a adornos de cortinas, faldas con estructuras metálicas, corsés… No podía seguir mirando esa cosa horrenda.
Me fui a la otra punta de mi habitación para no ver ese vestido.
Este año Bella había decidido hacer una fiesta de máscaras ambientada en el siglo XVIII, y como en los últimos quince años, los celebrábamos juntas para demostrar nuestra "unión" madre e hija. Una unión inexiste para nosotras pero glorificada para el resto.
Me senté en la cama mirando al dosel pero aun así sentía como el vestido me miraba… podía ver su forma, su color, sus lazos… su todo. Incluso sentía como si emitiera música. Me tapé los oídos e inmediatamente puse la radio, cosa que empeoró la situación. Sonaba una canción antigua que ya me estaba haciendo ver con ese vestido en mi cumpleaños.
No podía ser posible.
No podía ser real.
No podía…
-¿Por qué te has duchado? No te dije que te ducharas. Ahora perderemos el tiempo secándote el cabello. Bridget- Demandó Bella- Sécale el pelo.
Bridget me sentó en el tocador y comenzó a hacer magia con sus manos.
-Lo siento, querida, mi hija aún tiene que… arreglarse.
Exhalé cansada. Unos quince minutos después, ya me estaba volviendo a medir pero en diez minutos se fueron. Por suerte no me hicieron probar el vestido.
-Bueno, el vestido lo guardaré yo. No vaya a ser que le pase algo.
Bella cruzó la puerta llevándose en una gran bolsa el vestido. Me sorprendió que con aquella estructura metálica de la falda pudiera pasar sin dificultad.
-Buenas noches y espero no volverte escuchar hablar muy alto con Dios.
Me acosté en mi cama tirándome de golpe y acurrucándome bien en ella. En el transcurso escuché un sonido debajo de la almohada producto del ruido de un trozo de papel arrugándose.
Dulce princesita no te puedo decir toda la adivinanza completa pero empecemos remontándonos en tu pasado… viajando al pasado.
Releí la nota una y otra vez sin entender el significado ni la persona que me lo había traído. Era una letra muy delicada y bonita. Me quedé acostada mirando el trozo de papel. Solo entendí que alguien me estaba espiando y que el sello con el que estaba firmado era el mismo que tenía una de las puertas de la gran mansión. Pero nunca había entrado ahí.
Salí de mi habitación en busca de "la máquina del tiempo" más por aburrimiento que por curiosidad-El miedo que debía sentir se había dormido-. Recorrí con habitual monotonía los pasillos y justo levanté la mirada cuando supe que había llegado a mi destino. Delante de mí se encontraba aquel escudo típico de la casa que estaba en todos los suelos posibles, pero no en las puertas, se encontraba rodeando la gran puerta de madera.
La puerta no estaba cerrada con llave pero al entrar sí se encontraba protegido con polvo, había por todas partes. A medida que fui quitando el polvo de los objetos me di cuenta que lo que decía la nota era cierto, entrar a la habitación me había hecho viajar al pasado. Pero no encontré nada de mi interés así que di la vuelta, ahí me encontré con otra nota pegada detrás de la puerta.
Encontraras las respuestas de eso en el diario de Amanda pero lo que estoy segura que te gustará es aquello que era tan preciado para ella… aunque todo lo que hay aquí son sus cosas más preciadas. Aun así, lo encontrarás. Junto con su lado (nunca) visto.
Me fijé más en la habitación pensando que era lo que tenía que ver. Me adentré aún más y no hice más que encontrar cosas del siglo XVIII que Bella podría emplear perfectamente para nuestro cumpleaños. Acabé topándome con algo que a pesar de estar tapado, por su relieve, me llamó la atención.
Lo destapé y ahí fue cuando entendí el verdadero significado de arte y estilismo juntos. Al lado de él, había el mencionado diario de Amanda, mi antepasada y propietaria de absolutamente todo lo que había ahí.
Aquí el último capitulo de hoy. Espero y deseo poder actualizar a finales de esta semana.
