13. Corre corazón (parte 1)

En capítulos anteriores…

Renesmee Cullen, va a pasar todo un verano fuera del internado donde lleva metida casi toda su vida. Ella se alojará en la casa que su familia tiene en la ciudad de Baltimore, ahí conocerá a Jacob Black, un QuarterBack muy sexual. Ella no sabe absolutamente nada sobre los hombres así que se va informando para no ser motivo constante de las burlas de Jacob con el cual tendrá que pasar mucho tiempo por órdenes de su madre, Isabella Cullen, una mujer que no siente especial amor por ella. Pero un día, mientras está en una reunión en el jardín de su casa se reencuentra con Alec Vulturi el amor de su infancia. Ellos dos pasan mucho tiempo juntos y ella está en una nube de la que no hay nadie que la baje. Su tío Edward Cullen, hermano de su padre James Cullen, tiene una extraña relación con su madre pero ella deja pasar eso por alto. Pero un día mientras accidentalmente se encuentra con su tío Edward en un restaurante ella recibe unas extrañas notas que le advierten de una gran cosa que descubrirá.


POV RENESMEE

No fue el nubloso día lo que me hizo dar una extraña sensación sino en el ambiente en el cual me desperté.

-Señorita, despierte. Hoy es un gran día y usted y yo tenemos muchas cosas que hacer.

Me rasqué los ojos mientras Bridget preparaba mi ropa y Celeste terminaba de abrir mis cortinas. Rodé sobre la cama para acurrucarme en el lado frío y encogerme en posición fetal.

Sí, se estaba en la gloria.

-Señorita, despierte.

Salí de entre mis sábanas bruscamente y cuando me levanté estiré bien mis extremidades desperezándome. Fui en dirección al baño para lavarme la cara pero por el camino me di cuenta de algo. Retrocedí hasta volver a posicionarme cerca del espejo. Llevé mis manos hacia el gorro blanco de tela fina en mi cabeza y lo palpé, se sentían unos bultos voluminosos. Cuando me quité la prenda me acordé que ayer justo antes de dormirme me habían hecho todo un recogido para preparar mi pelo para hoy.

Sí, la magmática fiesta tan esperada y alabada por el mundo había llegado.

-Siéntese por favor. Ahora peinaré su cabello.

Me senté esperando a no recibir muchos tirones. Jugué con mis dedos mientras ella hacía la faena.

-Por cierto señorita, feliz cumpleaños-Dijo mientras peinaba uno de mis resortes.

-Gracias-Dije sorprendida de que se atreviera a decírmelo, a hablarme. Usualmente el servicio que está bajo las órdenes de Bella casi no hablan.

-Estoy segura que el peinado que le harán esta noche le quedará perfecto con su vestido.

Con sus palabras entendí que el peinado seria uno infantil. Cuando Bridget acabó y estuve vestida fui al comedor a desayunar.

Mis pasos hacia el comedor eran insonorificados por la gran alfombra que cubría el suelo pero de alguna manera era como si al caminar siguiera algún tipo de partitura ya que toda la casa había sido invadida por música clásica, si no me equivoco, por un sexteto de cuerda.

Desayuné con tranquilidad y luego fui al gran epicentro de la función. La sala de baile, que en su tiempo fue el salón donde Amanda-Mi antepasada y la razón por la cual algún día heredaré un importante título nobiliario con diversas propiedades-celebraba sus grandes fiestas, estaba siendo decorado como toda una obra de arte. Los cuadros que de tan incalculable fortuna estaban antes habían sido remplazados por otros cuadros de aún más incalculable fortuna, los grandes pilares habían sido adornados con enredaderas de lágrimas de oro, el suelo estaba más impoluto que nunca, tanto que se veía perfectamente reflejada la araña de oro sobre la superficie de láminas de color crema con detalles dorados. Las paredes rococó eran de un parecido considerable al suelo, a la izquierda había un gran ventanal acristalado con un gran balcón.

Y en menos de doce horas esa sala estaría repleta de gente disfrazada y enmascarada.

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Justo a las seis en punto una serie de personas comenzaron a entrar a mi habitación para arreglarme. Tardaron una media hora para preparar todo para pre-arreglarme-Aun no habían ni comenzado- Y media hora después ya había preparado mi pelo para el peinado. Yo solo esperaba que no fuera uno de eso que llega hasta el techo y con peluca blanca.

Una hora y media tardaron en peinarme… entre que me hacían esto, que me hacían lo otro, que me quitaban, que me ponían… mi cabeza quedó adolorida.

En todo momento tuve el reflejo del vestido que me pondría a plena vista. Mis resultados por cambiar de vestido fueron en vano. Cuando recibí aquellas extrañas notas intenté seguir al pie de la letra las indicaciones pero cuando quise hacer una réplica idéntica del nuevo vestido que se me había planteado vi que era imposible. No había ningún lugar que pudiera reproducir una copia tan perfecta así que después de tres semanas de búsqueda-Sí, me escabullía bastante por la ventana- decidí dejarlo y conformarme con mi vestido rosa.

Paseé por toda la casa para perder el tiempo, faltaba aun una hora y media para que la fiesta comenzara y media hora para que me pusieran el vestido. Hacían falta tres personas para colocármelo.

Iba cantando una melodía al bajar por la escalera principal a la vez que hacía un improvisado baile de pies cuando resonó un ruido grave sobre la puerta, alguien estaba llamando empleando los viejos métodos.

-¿Puedo ayudarle en algo?

Frente a mí había un mensajero con un gorro colocado muy bajamente haciendo que lo ojos no se le vieran. Llevaba en mano una gran bolsa con ruedas.

-Firme aquí, por favor-No me dio tiempo a pensar cuando sacó un bolígrafo y me lo entregó. Me resultó extraño pero firmé con rapidez.-Gracias y que disfrute de su pedido.

-No es para mí-Dije impulsivamente sin comprender la razón.

-Sí lo es, está a nombre suyo.

Antes de que el mensajero se fuera, me pareció ver una sonrisa.

Cosas más extrañas se han visto.

Me llevé el gran objeto a mi habitación y lo dejé en una pared. Observé con gran curiosidad intentando adivinar de que se trataba, tal vez una bomba de la persona que me había escrito notas extrañas o algo similar.

Empecé abriéndolo cuidadosamente por un cierre que encontré y luego lo destapé poco a poco.

Nunca en mi vida me había sorprendido y maravillado tanto por un objeto-Sin contar el collar que me regaló Alec-. Era espectacular.

Era nada más y nada menos que una reproducción del vestido de Amanda en perfectas condiciones y mil veces mejor de lo que me había imaginado.

Parecía todo un vestido original del siglo XVIII, estaba compuesto por dos partes: arriba un ajustado corsé con las mangas color rojo borgoña y emplumadas al final, dos triángulos invertidos hacia abajo-El de arriba blanco y el de abajo dorado- con el fondo del mismo color que las mangas y tenía un lazo borgoña debajo del escote. La zona de abajo también tenía el fondo borgoña, en el centro era dorado y estaba decorado con lacitos rojos. Acaba con un bordado blanco. Me tendría que haber parecido una cortina pero no, era increíble.

Y ahora era mío. Ya tenía mi vestido perfecto.

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.-.-.

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Alec, él era lo único en lo que podía pensar. Hoy le iba a demostrar que nunca jamás iba a volver a ser su pequeña bestia, ni su sol-Por mucho que me gustara- sería su amor, su cariño.

Quería hacerlo, debía serlo.

Me senté en mi cama impaciente porque llegara Bridget y me ayudara a vestirme.

-Ya estamos aquí señorita-Bridget entró alegremente en mi habitación acompañada por Celestre y Abril.

-Solo requiero de una persona, Bridget quédate tú.

-¿Cómo? No puedo ponerle yo sola un vestido así.

Me levanté de la cama atándome mejor la bata. Pensándolo bien era mejor que se quedaran las tres, si una se iba ella podría avisar a Bella de lo que estaba haciendo y no lograría mi cometido.

-Está bien.

Me fui al rincón de mi habitación donde se encontraba mi vestido y con la ruditas que tenía incorporadas lo llevé al centro.

-Ese no es su vestido señorita.

-Sí lo es, tiene mis medidas-Dije como único argumento.

Fui desmontando las piezas del vestido y coloqué en manos de Celeste el corsé, el pequeño pantalón de tela me lo puse yo sola. Teóricamente eran los interiores de la época pero yo no me iba a poner eso solo, llevaba un culotte debajo con lacitos color crema.

-Estoy esperando a que entréis en acción.

-¿Sabe su madre que se pondrá este vestido?

-Es una fiesta de disfraces de época, nadie especificó nada.

-Pero su madre nos va a matar.

-Tranquilas, la abuela René estará en mi cumpleaños, estoy segura que ella nos defenderá.

-Pero…

-¡No perdamos el tiempo!

Mientras ellas se las ideaban para ponerme el vestido yo me fui poniendo los adornos correspondientes del vestido en mi pelo. Esos no me hacía ver pequeña, tenían un toque sensual incluso.

-¿Podrías no apretar tanto por arriba?-Le pedí a Abril.

Había zonas de mi cuerpo que no habían estado tan sobresalidas, notorias y grandes. El corsé me levantaba tanto los pechos que temía que se me fueran a salir. A parte, también quería respirar.

-Es imposible, si los suelto un poco se le caerá el vestido.

Cogí una respiración más profunda para no agobiarme pero el poco importante asunto de respirar se me fue de la mente cuando me dijeron que ya habían acabado.

-¿Cómo me veo?-Pregunté nerviosa. Tenía mi labio fuertemente mordido.

-Parece toda una princesa, como si se fuera a presentar a uno de esos bailes de sociedad.

Tapé mi cara con mis manos para no gritar de la emoción. Ellas se marcharon, hoy tenían la noche y la mañana libre Bella había contratado a muchas personas para que hoy pereciera toda una auténtica fiesta inglesa del siglo XVIII.

Me paré frente al espejo con mi abanico en mano y lo agité delicadamente en mi cara. El maquillaje que me habían puesto anteriormente me lo había quitado y ahora me había puesto una dosis extra de máscara de pestañas y un pintalabios que hacía resaltar la tonalidad rosa de mis labios pero sin llegar a rojo.

-Mi sol ¿Me harías el honor de concederme este baile?-Agravé mi voz creando la escena que esperaba que se produjera.

-Por supuesto-Dije colocándome al contrario de mi posición recreando a dos personas.

-Mi sol, me estoy equivocando al llamarte así. Debería de llamarte mi amor y tú a mí también. ¿Me concederías este privilegio?

Reí agudamente de mi imitación sin poder evitarlo. Estaba tan emocionada… estaba segura que el vestido de Amanda era una señal que me indicaba que todo iría bien. Incluso sentía una extraña energía entorno al collar que Alec me había regalado.

Sin más espera, cogí mi máscara y salí de mi habitación hacia la sala de baile. No tenía ni idea de la hora que era, pero sí sabía que llegaba un poco tarde, tampoco importaba, Bella siempre es el centro de todo a pesar que realmente hoy era exclusivamente mi cumpleaños.

Igualmente corrí hasta llegar a la sala de baile dónde además de servirse la cena, se conversaba. Me detuve unos metros antes de llegar, las grandes puertas estaban abiertas y vigilada por dos hombres a cada lado.

Cogí aire, elevé la cabeza, acomodé mi máscara y reposé las manos sobre el campanar que formaba mi vestido. Caminé con gran parsimonia para pasar más desapercibida, durante unos diez segundos pude ver la gran escena que se estaba formando en la gran sala de mi casa. Todos iban vestidos como si fueran grandes nobles del siglo XVIII, incluso tenían sus mismo modales y gestos; las mujeres con los abanicos tapándoles la boca cuando reían, grandes, brillantes, elegantes y caros vestidos, los hombres hablando entre ellos agarrándose sus finas chaquetas y otros-Pero muy pocos- fumando puros. Todos estaban en sus propios grupos.

Pero ocurrió algo extraño cuando entré por el gran arco. Sentí como si todo aquel ambiente estuviera capturado en una gran burbuja y yo de repente entrara en ella.

Entonces, todas las miradas fueron hacia mí.

Tragué saliva. La primera persona intenté buscar fue a Alec, pero con tantos hombres vestidos igual eso era imposible quise perderme entre las personas para buscarlo pero Bella se interpuso en mi camino. Ella iba vestida gloriosamente con su vestido color crema que hacía resaltar su perfecta piel, perfectamente podría pasar por mi hermana.

-Hija, has llegado-Bella me dio un abrazo como pudo con el obstáculo de nuestros vestidos- ¿Se puede saber que llevas puesto? ¿De dónde lo has sacado?-Dijo susurrándome- ¿No dirás nada James?

-Es un vestido… que… ¿Cuándo has crecido tanto? Hace poco eras una pulguita y ahora… tengo a toda una mujer. Creo que será mejor que no te apartes de mi brazo ni una sola vez.

Papá se veía gracioso con su ropa ajustada a juego con la de Bella. Y esos zapatos a lo Peter Pan…

-¿Me acompañaría mi lady?

-Por supuesto que sí, señor padre.

Papá y yo hablamos con bastante gente en la sala. No creí que vendría tanta gente aunque yo con la única persona que deseaba hablar era con Alec.

-No creí que te decantarías tan rápido por el destape, ni siquiera lo pensé. Pero si tuviera una chaqueta te la pondría inmediatamente ¿De dónde has sacado el vestido?

-De la abuela.

-Hablando de la abuela, mira quien se acerca.

El abuelo Charlie y la abuela René se acercaban a nosotros, por su combinación de ropa supuse que habían venido como pareja. Ellos actualmente eran amigos pero no se habían replanteado volver. Ni ellos ni sus mundos congeniaban. El abuelo con la industria alimenticia y la abuela con la tecnológica. Y yo no sabía cómo en un futuro me podría ocupar de ello si son campos distintos y solo quedo yo como su única descendiente a heredar. Al menos con el abuelo Carlisle y la Abuela Esme habían fusionado sus compañías al casarse pero con Charlie y René…

-Mi nieta preciosa, que guapa estás ¡Has crecido una barbaridad!

-Pequeña ¿No quieres una chaqueta?

-Abuelo, creo yo que quien va más ajustado aquí eres tú y papá.

-Te han pillado Charlie-Comentó la abuela riéndose- ¿Tus otros abuelos no han venido cielo?

-Se han tenido que quedar con mi hermana Rosalie, estaba muy enferma.

Me giré hacia papá.

-¿Y no me lo habías dicho?

-Es tu cumpleaños, no te quería preocupar. Ahora tú solo alégrate y pórtate bien.

-¿Por qué no me tendría que portar bien?-Le dije, pero se marchó con los abuelos.

Suspiré cuando me quedé sola pero justamente recto a mí, se encontraba Alec sin su máscara puesta. De nuevo quise ir hacia él pero de nuevo Bella me interceptó.

-Querida, ¿Dónde piensas ir?

-Con… con Alec.

-¿Con Alec? No seas imprudente y descarada. Mis invitados están aquí y tú quieres dar el espectáculo con tu amante.

Mi cara de incredulidad no podía ser más grave.

-¿Amante? ¡Por favor! Vuelve al siglo XXI y deja de imaginar cosas que no son.

-Me imagino cosas que tú quieres, hija.

Abrí la boca indignada.

-Es pecado ponerse así por la realidad y por favor, no comiences con uno de tus espectáculos. Ahora, si eres lo suficiente buena quiero que vengas conmigo a saludar a los invitados.

Bella me agarró del brazo y me condujo hacia el primer grupo.

-Sonríe y sé amable, no me hagas quedar en vergüenza.

Estuve alrededor de una hora y media hablando con los amigos estirados de Bella que algunos, incluso habían venido expresamente de Inglaterra hasta aquí para presenciar una de las fiestas del famoso matrimonio Cullen. Al parecer, mientras yo estaba en el internado Bella organizaba maravillosas y sensacionales fiestas de las cuales hablaban los invitados durante semanas.

Por un momento, pude librarme de Bella pero no tuve suerte buscando a Alec. Temí que se hubiera ido.

No supe que hacer así que seguí caminando mientras me abanicaba con mi abanico. Me sentía perdida sin saber qué hacer, notaba como el tiempo pasaba y temía que Alec no apareciese. Busqué entre los invitados hasta que me topé con una cara conocida, no era la esperada pero me bastaba.

-¡Jacob! Estás aquí. Cuanto me alegro de verte. ¿Bailamos? Sí, bailamos.

Nos metí como pude a la zona de baile, ahí al menos me movería una poco.

-¿Era irónica lo de antes?-Escuché que decía Jacob pero no logré captar el sentido hasta segundos después, me encontraba muy absorta buscando a Alec.

-¿Qué? No.

-Si es por tu regalo no te lo daré hasta que me digas: gracias Jacob por tu presencia en mi extraña fiesta.

Él lo decía de broma pero yo no me encontraba en estado para hacer bromas.

-Lady Cullen su estado de ánimo no concuerda con el ánimo de la fiesta.

-No hables así.

-Por qué no desea que hable así Lady Cullen ¿Acaso solo pueden hablar así los de peluca blanca? Porque si es así, nadie lleva peluca blanca.

Fingí una sonrisa.

-Permítame decirle, Sir Black, que yo le imaginaba con peluca. Eso es toda una falta de moda.

-Lady Cullen, en la invitación no especificaba peluca y ninguno de los caballeros lleva una.

Jacob nos hizo movernos en un círculo para que pudiera ver la escasead de pelucas.

-No se le da bien los giros, Sir, ha apartado a todo una decena de personas.

-¿Y a usted sí mi lady?

-Claro que sí, pero he usted quien dirige… hasta ahora-Dije mientras nos daba un elegante giro que no alborotó a las personas como las ovejas ante un lobo.

-Muy bien, y no se le ha movido ni un solo pelo de su lustroso cabello. Ni siquiera un resorte- Llevaba un complicado recogido con dos tirabuzones a los lados sueltos- ¿Sabía usted que su vestido la hace ver pelirroja?

-¿Y eso le agrada Sir?-Le pregunté con sorna.

-Luce diferente.

Me quedé mirando a Jacob, no sabía como pero una extraña fuerza nos habían envuelto. Algo tenían sus ojos. En mi opinión era lo único bueno de él.

-Si no fuera porqué sé en qué época estamos pensaría que la reina en cualquier momento entraría por la puerta con sus damas.

-Sí, te quedarían dos años para presentarte en sociedad, ¿Qué haces colándote en fiestas para mayores?

-Jacob-Lo miré con resolución- No sería la primera vez que lo hago.

-Y me vuelves a tutear-Dijo él en tono interesante- Esta fiesta no está mal, me gusta lo que veo… es una decoración envolvente. Apuesto a que todo lo que está aquí es original, un coleccionista de arte se volvería loco.

"A Alec le encantarían todas estas muestras de arte. ¿Por qué no apareces?"

En ese momento comenzó a sonar una música un tanto diferente a la que estaba sonando, era como más bailable pero en el sentido de baile antiguo tipo en grupos. Al principio no supe que hacer pero, después de ver a Bella con tío Edward-Los reconocí por la vestimenta- haciendo un baile de esos de película, tuve la espléndida idea de retirarme. Sin embargo, Jacob me sujetó más y me obligó a seguir en la pista.

-¿Podrías soltarme?

Él se subió un poco la máscara.

-No, será divertido-Dijo sonriendo.

-¿Divertido? Pero si ni sabes moverte.

-Lo anterior era diferente. Esto es pura coordinación y yo soy un hacha en ello.

Seguía sin ver en que veía diferente una cosa de la otra.

Y sin más, nos hizo iniciar en aquel baile. Él enseguida se adaptó pero yo iba muy perdida, tardé varios segundos en darme cuenta que el baile eran diferentes tiempos no uno sencillo como yo lo creí. Aunque, era como si todos supieran lo que tenían que hacer a pesar que estaba segura que sería la primera vez que bailaban este tipo de bailes.

Me acabé riendo un poco al acabar el baile pero no era lo suficiente para no pensar en Alec.

-Te noto extraña. ¿Has comido algo?

-No… nada.

-Creo que ya es la hora de cenar ¿Te podrás sentar con ese vestido?

-Supongo que sí-Dije ausente.

Fui con Jacob hasta la mesa y cuando me quise sentar en la silla como lo hacía con normalidad me costó.

-Dame la mano.

Jacob me volvió a levantar y luego me ayudó a sentarme.

-Eres como un cuadro.

-¿Por qué?-Pregunté sin preguntar.

-Tienes esa misma mirada pérdida que los personajes de cuadro pero te queda bien el estilo. Deberías ponerte más vestidos de este tipo.

-No, no me volveré poner nunca un vestido así. Es muy incómodo.

-¿Más incómodo que las licras de Peter Pan?

Primero fruncí el ceño pero acabé riendo divertida.

-Peter Pan, yo también pensé eso.

-Estos pantalones sí que me hacen ir al país de nunca jamás.

Esta vez reí aún más, me tapé hasta los ojos con el abanico. Cuando los platos llegaron no busqué a Alec para no seguir entristeciéndome, todo fluiría.

La comida estaba realmente exquisita. Pero el corsé me apretaba tanto que no podía comer como quería, ahora entendía la razón del porqué de los grandes modales en la mesa en las películas. Todas se tenían que retirar lo más pronto posible para poder respirar.

Cuando acabé de comer, tuve que buscar a Jacob por más que quisiera estar sola debido a que como Bella nos había visto juntos ya había dado por hecho que tendría que pasar toda la noche con él siendo una buena anfitriona.

Lo busqué con la mirada pero no tardé en encontrarlo rodeado de mujeres todas insinuándose y coqueteando.

"Y yo que creía que llevaba el corsé ajustado"

Vislumbré a Bella entre los invitados y al verla lo suficientemente distraída me fui al balcón a suspirar de anhelación.

-Feliz cumpleaños mi sol.

Me detuve inmediatamente cuando escuché a Alec. De repente la alegría me había vuelto. Solo me bastó con dar media vuelta para correr a sus brazos.

-¡Alec!-Le respondí con una gran sonrisa-Creí que no vendrías, no te había visto llegar.

-Nunca me perdería un cumpleaños tuyo si puedo evitarlo.

Alec me tendió mano cuando se escuchó la música de la orquesta.

-¿Me concede este baile señorita?

-¿Aquí afuera?

-Será mejor así, ¿No crees? Aquí hay más privacidad y me siento más en mi época. Entre tú y yo-Alec se acercó más a mí- Es como si llevara un cartel donde pusiera: persona sin título nobiliario.

Ante esa tontería no hice otra cosa más que reír.

-No, enserio, tú porque eres toda una duquesa con título nobiliario muy importante desde hace generaciones pero yo… que creo que ni en esa época existía la burguesía… me siento… en mi eterna soledad.

Realmente no era gracioso, pero todo lo que salía de él me gustaba.

-Mucho mejor así, me gusta verte con una sonrisa en el rostro. ¿Bailamos?

-Por supuesto-Dije contenta. Ahora todo iría bien, adiós a las preocupaciones.

-Pero no aquí, si no he entendido mal. Bella no te quería cerca de mí, así que… ¿Por qué no ir dentro y bailar en el centro de la pista?

Estuve de acuerdo con él. Nos colocamos en una zona de baile e inmediatamente el recuerdo de mi habitación vino a mi mente.

-Me siento muy joven entre ellos-Comenté

-No lo hagas, ya eres un año más vieja.

-Oye gracias-Dije haciéndome la indignada. Su momento de risa me dio tiempo a pensar algo para seducirlo- El collar que me regalaste ha ido perfecto con este vestido.

-Sí, lo estoy notando.

Pero Alec apenas miró mi collar.

-Estos vestidos son un poco incómodos pero bonitos.

-Sí, ¿No quieres una chaqueta?

-Tercero.

-¿Qué?

-Eres la tercera persona que me pregunta eso.

-No lo dudo. Pero en general el vestido está bien, las mangas pomposas son muy renacentistas, me gusta-Alec elevó un poco mi mano para repasar la curva de mi manga- Y los colores de tu vestido también me gustan… te ves mayor. Me sorprende que Bella te deje llevar este vestido.

-¿Por qué?

-Yo te imaginaba más con un vestido rosa, azul o verde pero como siempre, la realidad supera a la imaginación. Estás preciosa mi sol. ¿Sabes qué? Espérame aquí, voy a buscar alguna bebida.

Alec se fue dejándome sola, al poco tiempo apareció una chica de la nada, una de las pocas chicas jóvenes que había visto, pero ella acababa de llegar. Llevaba un vestido de tonalidades amarillas que combinaba con su melena rubia y sus ojos color miel.

-Es una bonita fiesta ¿Verdad?

-Sí-Respondí con extrañez, ella no me sonaba de nada y su acento francés menos.

-Sería espectacular que me hicieran una fiesta cumpleaños así.

-Sí, a…-Recordé que delante de desconocidos debía de llamarla de forma "cariñosa"- mamá siempre le han gustado estas barbaridades.

-¿Tu madre? Yo creí que eras más pequeña.

-¿Perdona?

-Me habían hablado de ti pero te imaginé más pequeña ¿Cuántos cumples?

-Dieciséis.

-¿Dieciséis? Bueno cumpleañera, feliz dieciséis cumpleaños, ya puedes conducir aquí. Me habían llegado los mensajes muy diferidos.

-No te entiendo ¿No me estás confundiendo?

-Al parecer no te han hablado de mí. A mí me han hablado bastante de ti. Y ya que nadie nos hace una presentación oficial… me presento. Soy María Delavie, la novia de Alec.

Los murmullos y la música de fondo desaparecieron para dejar paso al vacío.

Maria Delavie…

La novia de Alec…

Él tenía novia…

Alec… Él…

Hice todo lo posible para volver a estabilizarme. Clavé mis uñas en la palma de mi mano para no comenzar a tener un fallo de respiración.

-¿María?

Ver a Alec acercándose a nosotras y pronunciando su nombre agravó la situación. Cada segundo se me hacía más real que Alec se fuera desvaneciendo de mis manos.

Todas mis esperanzas… mis anhelos… mis deseos…

-¿Te pasa algo mi sol? Te noto pálida-Alec tocó mi cara.

Intenté sonreír a pesar que su contacto me dolía como mil infiernos. Él no podía ser mío.

-¿Mi sol?-Escuché la voz incrédula de María.

-¿Qué le has hecho María?

-Nada, solo le he explicado la actualidad.-Se exculpó ella.

-Solo estoy cansada hay mucha gente y me entra claustrofobia. Voy… a salir. Salgo. Un placer conocerte, María.

Prácticamente corrí, mi abanico nunca me había sido tan útil.

Mi corazón también estaba corriendo pero sentía que no iba a ser capaz de escaparse de aquel devastador terremoto.

Miré la salida del balcón pero era como si todas estuvieran ocupadas. No tuve más opción que volver a dentro.

El paso se me hizo más difícil, de repente todos los camareros se habían puesto a repartir copas por mi camino, hasta que de tanto abanicarme se me cayó el abanico.

No me molesté en recogerlo, tampoco podría, el vestido limitaba mis movimientos. En un momento de mi caminata Bella se me apareció para decirme que debíamos comunicarnos con los invitados para agradecerles que hubieran venido. Todo el discurso lo dijo ella, yo no hice más que decir las últimas palabras.

-Speedy ¿Te encuentras bien?

-Solo estoy cansada.

Aproveché el momento que estuve sola para marcharme. No podía hacerlo por la puerta principal así que lo hice por la zona del balcón, no por las escaleras ya que seguían ocupadas, si no por el propio balcón. Mi caída pudo ser amortiguada por el matorral en forma cuadrada y por mi vestido que por milagro no se rompió.

El solitario jardín era iluminado por unas pocas luces, romántica para los enamorados, deprimente para mí. Aunque era el lugar perfecto en estos momentos.

-Supuse que estarías cogiendo aire ¿Te encuentras mejor?

Quise hacer como si no lo escuchara pero con Alec no podía.

-¿Y María?

-Ha vuelto a casa.

Sentí como los ojos se me llenaban de lágrimas. Había dicho casa… ella estaba con él de verdad…en su cama.

-Te has puesto pálida-Sentí la mano de Alec abanicándome para conseguir algo de aire- Estás temblando. Vamos, te llevaré adentro para que bebas un vaso de agua.

Alec cogió mi brazo pero yo se lo aparté como si quemara.

-No, no quiero ir dentro. No…no me toques por favor.

Me abracé a mí misma dejando que el mar de lágrimas fluyera. Le di la espalda esperando que se marchara pero él se posición de nuevo en frente de mí.

-¿Qué pasa? ¿Por qué lloras? Mi sol, me estás preocupando.

-¡No me llames así!-Solté con un sollozo- Eso es una necesidad y tú no me necesitas.

-No te comprendo.

Respiré agitadamente, mi pecho subía y bajaba violentamente. No hice más que observarlo y observarlo, aprecié cada detalle de su hermoso rostro.

Él…Alec… llevaba intentando durante casi tres meses y él no me entendía. Todos los días junto a él, deseando que no se acabaran, todos los días deseando verlo. Arreglándome… escapándome…Todos los días… Todos los días deseando que me dijeras aquello que yo tanto quiero ¿Y él no me comprendía?

-No hay nada que comprender. Solo… ya no importa. Ya nada importa.

Cogí mi vestido por los lados, para facilitar mi huida. Corrí sin ver el camino real pero no paraba de toparme con paredes de hierba hasta que me di cuenta que estaba en el laberinto.

-Es una bonita fiesta, feliz cumpleaños.

No contesté, estaba pendiente de llorar y desgarrar mi alma. Tampoco me molesté en averiguar cómo me había encontrado.

-Tienes la misma carita perdida que él.

Por un momento presenté Dejà vú, otra vez una desconocida y con acento francés se acercaba a mí. Así que no tendría que haber preguntado, sobre todo por esa alerta que me decía mi sensatez de no hablar.

-¿De quién?

-De aquel hombre que tanto quieres, que parece tan amable, tan atento y agradable, que parece que te quiere hasta el infinito. Pero que no es más que un gran necio, un estúpido y engreído, egoísta y caprichoso, un payaso vanidoso y lleno de celos. Ese es tú tío Edward, eso y mucho más. Pero hay cosas peores en la vida. Mi dulce princesita, no sabes qué cosas peores hay.

Por primera vez la observé. Pelirroja, piel de porcelana, belleza angelicatta, ojos… la oscuridad no me dejaba ver sus ojos pero era ella. Ella era quien me envió las notas.

-Eres tú.

-Sí, soy Victoria Rousseau, la ex esposa de tu tío.

-Yo no sabía que él había estado casado.

Victoria comenzó a acariciar mi rostro, sonriendo con malicia. Peinó mi pelo.

-Seguramente Isabella no pensó que me atrevería a venir, tampoco habrá pensado que nos acabaríamos encontrando. Si no me equivoco, te habían prohibido salir de este palacio. Por cierto, me alegra que te hayas puesto el vestido, estoy segura que te queda tan bien como Amanda. Has heredado su cuerpo.

-¿Fuiste tú quien me lo envió?

Ella se aproximó a mí, con aire misterioso.

-Soy yo la razón por la que no lo pudiste buscar con total libertad. Yo soy la razón por la que no podías salir. Ellos temían que te contara la verdad.

POV Jacob

Era tan graciosa e irónica la situación que no podía evitar reírme un poco cada vez que una mujer se me acercaba. A veces venían solas y otras en grupo. Era gracioso e irónico porque si verdaderamente estuviéramos en la época de los disfraces todas esas mujeres ya estuvieran siendo criticadas o enviadas a la horca. En cambio ahora, la mayoría son mujeres inglesas, estiradas y supongo que nobles las que se acercan y se comportan como todas unas… cortesanas, si contextualizamos la situación.

Bella me informó que en esta fiesta habría grandes e importantes contactos, la mayoría venían en avión desde Inglaterra y que además tenían títulos nobiliarios. Aunque ella alardeó que son comprados, no como ella, que su título proviene de una gran estirpe de un famoso duque primo de no sé cuál rey.

La diferencia entre ella y el resto de la gente que le gusta estar sobre el hombro de los demás es que ella lo deja caer como un pluma cayendo al vacío. Con delicadeza, elegancia y casi sin notarse.

-Disculpe, ¿Me podría decir dónde se encuentra la anfitriona de la fiesta?

Una chica rubia, con acento francés y con un vestido a juego con su pelo se volvía a ver disponible frente a mí. Y yo solo quería reírme.

-Bueno, te aseguro que en este balcón no está.

Ella rio divertida y tapándose con el abanico.

-Sí, eso es cierto. ¿Sabrías donde podría encontrarla?

-Um…no lo sé.

-¿Enserio? Si me ayudas a encontrarla te concederé un baile.

Ella sonreía de lado coquetamente. Era del tipo de mujer que creía que con una cara bonita lo conseguiría todo. Además de eso, se lo notaba que buscaba algo más que un baile.

-Lo siento…

-María, María Delavie.

-Bien, María Delavie, no puedo concederte ese ansiado baile. Pero si pruebas buscando dentro a una mujer con un gran y bonito vestido color… bueno la encontrarás, te lo aseguro.

Ella giró frunciendo el ceño y antes de irse se dio la vuelta para despedirse.

-Igualmente, estoy disponible para un baile siempre que quieras.

Ahora sí que me reí.

Apoyé los brazos en el barandal de yeso. No me apetecía presenciar el discurso así que no entré. Estuve mirando la fracción del gran jardín durante varios minutos, hasta que apareció una mujer que iba corriendo y que de repente se detuvo cuando me vio. Al momento de llegar a mi posición, se quitó la máscara y me hizo una reverencia.

-Encantada de conocerte, estoy muy agradecida de que estés aquí. Gracias a ti, mis sueños se han hecho realidad.

Pelirroja, con acento francés y muy guapa. Pero como toda mujer de la alta sociedad, nunca se sabe si tiene veinte o cuarenta.

-Oh, lamento mi indiscreción. Soy Victoria Rousseau.

-Yo soy…

-Jacob Black, lo sé. Te estoy agradecida infinitamente, gracias por aceptar el contrato, siempre es agradable tener más gente en nuestras filas.

-¿Eres una accionista de la NFL?

- No, solo soy una amiga cercana a la familia Cullen.

Ella se colocó su máscara de nuevo y se perdió entre la multitud. Tan extraño como vino.

Vi que ya era hora de entrar pero no había ningún Cullen conocido ni siquiera Edward, que casi toda la fiesta se había pasado alrededor de Bella, al contrario de su marido, James, que se había pasado toda la fiesta reunido con otros hombres la mayoría del tiempo.

El suelo era interesante, era como ver mi reflejo en oro incluso me encontré con un abanico. Uno muy elaborado, bordado, color borgoña con filos dorado y sabía a quién le pertenecía, a la Santita. Justo en ese momento, ella salía del pasillo de la biblioteca corriendo.

-Santita, deberías de mirar lo que se te cae, no vaya a ser que alguien se tropiece. Ten, tu abanico.

Ella disminuyó el ritmo cuando me vio, cabizbaja cogió su abanico y habló:

-Llévame contigo.

-¿Qué?

-Llévame a tu casa.

Intenté ver lo que volvía a estar mal en ella pero no logré adivinarlo. Solo estaba ella y una pequeña mochila.

-Otra vez estás actuando extraño.

-Por favor, vámonos.

Ella agarró mi brazo con fuerza y me llevó hasta la salida principal.

-¿Dónde está tu coche?


¡Hola Bad people! Sé que he estado desaparecida a long time pero han surgido bastantes cosas como mi falta de tiempo, mi falta de inspiración y mi falta de gusto por lo que escribía.

Bien, han sido 20 páginas, me he explayado lo máximo que he podido solo por vosotras porque os adoro y quería que vierais la destrucción de una chica de 16 años, feliz cumpleaños por cierto Santita. Uy, ella me acaba de enseñar el dedo del medio (Sí, estoy loca jajaja) Bien bien realmente no sabeis todo el material que la ha demolido, solo la parte de Alec, la parte de Victoria me la reservo.

Sin más os deseo un feliz año nuevo.

Besos.

Capitulo dedicado a:

Miangmi (A ti te lo dedico el triple por hacerme recordar que tengo enjaular a mi musa para que la inspiración no se me vaya)

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Daluar