Los: *..*..*..* son flashback/recuerdos del pasado.
14. Remolino de transición
Fui todo el camino en taxi mirando por la ventana, distraída y absorta con la nada. Minutos después llegué al piso que la abuela René tenía en uno de los barrios de New Hampshire el cual me había dado desde hace años. Yo no entendía la razón de porque se lo había comprado en una zona un tanto deplorable pero ahora sí, lo hizo para estar sola. Justo como yo estaba ahora.
Me senté en un diván del salón, me quité los zapatos y lloré. Lloré desconsoladamente por la pérdida del amor familiar que apenas tuve y que fue fingido. Lloré por la mentira que había sido mi vida. Lloré deseando que Victoria nunca se hubiera cruzado en mi camino. Lloré por la dulce mentira que hubiera querido que nunca se rompiera.
"Tú no eres más que un obstáculo. Y si no lo crees así, dime ¿Dónde has pasado casi tota tu vida?"
Me hice un ovillo recordando las ácidas palabras de Victoria. Ella me había dicho tantas cosas que no creí… hasta que cometí el error de entrar en la biblioteca y… creer toda la mentira que en realidad era verdad. Noté como el estómago se me revolvía y rápidamente fui a vomitar. No hice más que vomitar el producto de todo el alcohol que había bebido, era asqueroso pero mis recuerdos de estar bebiendo eran vagos, apenas me acordaba del amargo sabor de las bebidas.
Acabé durmiéndome durante un tiempo pero no hacía más que soñar que me encontraba en la fiesta y que todos se hacían paso para mostrarme la gran y terrible verdad o mostrarme a Alec y María bailando como si no hubiera nadie más en el mundo. Aunque si tenía suerte a veces en vez de personas veía formas abstractas.
Me desperté por el sonido de mi móvil, iba a colgar pero era la abuela René. En mi interior quise conservar la esperanza de que ella no supiera nada.
-¿Renesmee? Por fin contestas. Hemos estado muy preocupados por ti ¿Se puede saber dónde estás? Condenado móvil prehistórico, tienes un aparato imposible de localizar. He tenido a mis diez mejores hombres de la agencia británica y ni han podido encontrarte. ¡Habías puesto una clave de seguridad indescifrable en tu móvil! ¿Por qué has hecho tal cosa? ¿Y si te hubiera pasado algo grave? ¿Renesmee, estás ahí?
-Sí.
-No te debería haber enseñado tan bien el mundo tecnológico. Al menos dime que estás bien.
-Estoy lo mejor que puedo.
-¿Qué es lo que ha pasado mi pedacito de amor? ¿Me lo contarás?
El amor de mi vida tiene novia, me han dado una noticia que hubiera preferido mil veces ser adoptada y he hecho algo de lo que debería arrepentirme pero no lo hago. Y lo peor, Bella con todo el descaro del mundo cuando la encontré en la peor de las situaciones, me dijo que nos quedaríamos para siempre a vivir en Estados Unidos.
Me sequé las lágrimas y sorbí mi nariz.
-Ayúdame-Dije con la voz rota.
-Oh, cariño pero dime que es lo que pasa.
-No me quiero quedar aquí.
-¿Aquí? ¿Aquí dónde?
-En Estados Unidos.
-Tu mamá me comentó eso, pero, piensa… piensa en que podrás asistir a una de las mejores universidades… piensa en Harvard, Yale... Tienes a Georgetown cerca. En esa universidad se graduaron tus padres.
La abuela intentaba convencerme pero ambas sabíamos el error de quedarme en América.
-Mi vida está en Inglaterra.
-Piensa en que te lo podrás pasar mejor aquí, no estarás en un internado, aquí hay mucho más sol, más días radiantes, más alegría. Podrás celebrar tus cumpleaños con fiestas en la piscina, en la playa o incluso podrás irte a una de estas islas caribeñas. Podrás elegir cualquier tipo de cumpleaños y todos serán maravillosos como el de ayer, estabas preciosa con tu vestido. Y también…
Cerré la tapa del móvil y con ello di la conversación acabada.
Victoria me había engañado para ponerme aquel vestido de fulana. Ella sabía que eso le molestaría a Bella y por eso me lo dio. Me odié a mí misma por satisfacer a una de las principales fuentes de mi sufrimiento.
Amanda, una mujer sin apellido que había llegado a la corte inglesa con el objetivo de ser la favorita del rey pero antes y como toda amante real, se tenía que casar. Había llevado el vestido de una fulana…¿Casada con el primo del rey? No, lo había engatusado con sus artimañas de cortesana de alto nivel después de conseguir tener al dichoso rey comiendo de su mano. No quería a uno solo, quería a los dos. Y yo había llevado el vestido con el que logró capturar para siempre la atención del rey y del duque. Asco.
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Tan pronto como entré, cerré la puerta y me quedé apoyada ahí, respirando tan agitadamente como si hubiera corrido un maratón…por todo el planeta. Más que respirar parecía que me estuviera dando un ataque. Fui corriendo a la cocina y busqué una bolsa, encontré una de una boutique francesa pero no quería tener nada que ver con Francia.
Esas dos malditas mujeres eran de ese maldito país.
Acabé con una bolsa de comida rápida en la cara, llenándome del oxígeno más autóctono posible de este estúpido país. Del estúpido país dónde Bella tenía sus raíces, si al menos fuera totalmente inglesa yo no me tendría que…
Aspiré la bolsa hasta casi dejarla sin espacio y la solté con un gran suspiro.
Suspirar… fue lo que mayormente hice antes de ayer con Jacob.
Antes. De. Ayer. Con. Jacob.
Jacob.
Jacob.
Jacob.
Llevé involuntariamente mis manos sobre mi vientre. No sentía nada diferente, no me sentía… sucia. Pero era una pecadora, me había convertido en una pecadora al igual que Bella y la cortesana de mi abuela Amanda.
Me agaché rápidamente previendo otro atraque, busqué la bolsa pero eso no evitó que comenzara a escuchar voces en mi cabeza. Intenté alejarlas pero se me hizo imposible, ya estaba hundida en el océano de recuerdos.
*..*..*..*
Las agujas del reloj iban lentas y sin prisa para seguir en su camino. De esas dos pequeñas cosas dependían nuestras vidas porque sé que si no fuera porque son inanimadas se quedarían para siempre paradas en un lugar fijo y el tiempo jamás pasaría. Algo perfecto para esas dos piezas de porcelana, de esa manera nos quedaríamos el resto de nuestras vidas encerradas en aquella clase escuchando a la Señorita Marisse.
Una fuerte sonido de una regla siendo golpeada contra la mesa me sacó de mi ensoñación.
-¿A dónde mira tanto Señorita Cullen? ¿Al reloj? El tiempo no pasará más rápido porque lo mire ¿O acaso lo mira para no tener que escucharme? ¿Acaso quiere caer en las llamas del infierno?
Cada vez la Señorita Marisse se iba acercando más a mí, a lo que yo iba retrocediendo en mi asiento.
-Señorita Cullen, la serpiente es una un animal esquivo que viene en muchas formas y tamaños. La rara serpiente del pantalón con capucha es más consciente de su entorno, pero esta serpiente le gusta coleccionar materia cursi y mantenerlo en su capó. Cada serpiente lleva un saco de veneno que produce un veneno blanco cuando alcanza la madurez. Un ojo de la serpiente también funciona como su sistema de retirada de la boca y de los residuos. La serpiente no le gusta el clima frío y se reducirá en condiciones de frío. Prospera en condiciones cálidas, como las muchas madrigueras que escupe en el fin de marcar su territorio. Al tocarla, la serpiente se hinchará hasta el doble de su tamaño original con el fin de ahuyentar a los depredadores. ¿Crees que eso es terrible?
No respondí, no sabía que decirle. Ella ante mi silencio golpeó con su regla en mi mesa.
-¿Señorita Cullen?
-Sí, es terrible.
-Pues imagínese que cada vez que entra en una cueva la serpiente produce un gran dolor y además, si la serpiente no es la emparejada eterna de la cueva bajo los ojos de Dios, se forma una gran agujero en la tierra. El infierno. Un lugar lleno de almas miserables, condenadas a la eternidad, nunca pueden salir de ahí, lo peor es que no hay noción del tiempo y siempre se experimenta un dolor inaguantable. No creas que por ello te puedes desmayar, en el infierno no se duerme, ni se come, ni se descansa. Vives muriéndote. ¿Y todo por qué? Por dejar entrar a la serpiente que Dios no te autorizó. Ese sufrimiento solo se podrá evitar si dejas entrar a la serpiente que Dios bendijo. Solo así experimentarás un único dolor. El dolor de perder aquello que solo lo puedes dar una vez y a una única serpiente. El resto de veces que esa serpiente adecuada entre en la cueva, será para dejar su semilla ahí.
La Señorita Marisse se fue dirigiendo a la gran pizarra, todas ahora le prestábamos suma atención. Fuimos sorprendidas cuando golpeó la regla contra la pizarra.
-De lo contrario señoritas, sufriréis una castigo inigualable e inimaginable. Las puertas del cielo nunca se abrieran para vosotras, el infierno os absorberá, seréis azotadas sin piedad por vuestros pecados y la piel se os caerá a tiras dolorosamente sin que podáis hacer nada.
Un gran nudo se me formó en la garganta. Jamás dejaría que aquella serpiente me llevara al infierno.
El timbre sonó y con ello la clase dio por finalizada.
-Muy bien señoritas, ya se pueden marchar.
Todas nos dirigimos hacia nuestro salón común, el lugar dónde las niñas de sexto realizábamos nuestra clase de modales. Algunas nos sentamos en los lugares dispuestos, otras se fueron a sentar al lado de la ventana pero todas teníamos el mismo semblante asustado. Temíamos a la serpiente.
Comenzamos a murmurar lo que nos pasaría, hasta que llegaron unas chicas mayores. Siempre venían un par para poner mejor de ejemplo.
-¿Infiernos, llamas y azufre? ¿De que estáis hablando?
-De la serpiente venenosa.
Entre las dos chicas mayores se quedaron mirando, luego rieron.
-Acabáis de salir de las clases de la Señorita Marisse.
-Y os ha hablado de One oyed trouser snake.
Ellas volvieron a reírse pero a todas nos quedó esa gran duda ¿Qué era el One oyed trouser snake?
-One oyed trouser snake es como llamamos a veces a la serpiente que os ha descrito la Señorita M. Os explicamos, niñas, antes de que llegue la Señorita modales que estoy segura que no le habrán echado un buen po…
La chica pelirroja, Beth, se calló cuando la otra chica, Ruby, le golpeó en un brazo. Esos no se veían muchos modales y ellas eran las chicas a las que más les teníamos que seguir el ejemplo, cuadros de ellas se encontraban bien asentados en la entrada.
-Eso fue elegante, querida-Hizo otro gesto no modélico- Veamos, tenéis doce años yo a esa edad ya di mi primer beso y con quince años ya dominé a mi propia serpiente, luego continuaron más y más. Ahora con diecisiete años ya las controlo con solo mirarlas aunque a veces ni me hace falta hacer eso, ellas misma se someten a mí.
-Sí, sí, alardea de tu dominio-Beth le hizo una señal para que dejara de hablar- Niñas, la serpiente no es algo a lo que tengáis que temerle. Es algo muy bueno, pero que muy bueno. Es cierto que la primera vez duele aunque si esa serpiente es lo suficientemente buena haciendo lo que hace antes hará cosas para que no duela tanto. Y no hagáis caso a eso de la serpiente de Dios, porque…¿No era una serpiente la que estaba en el jardín del Edén pero en la zona prohibida?
*..*..*..*
Esta vez en vez de inhalar soplé todo el aire que tenía en la bolsa y luego la aplasté con una mano. ¡Plaf! Adiós bolsa.
Estar en el suelo era incómodo pero no quería ir a las habitaciones, no sabía porqué pero me daba escalofríos. No había razón para ello, me encontraba en un lugar seguro.
Por adentro era un bonito piso-Aunque un tanto frívolo- decorado con muchas piezas modernas. Y así, era mejor quedarme dentro y no salir. Acababa de salir a comprar algo que comer pero nada más pisar la calle un jarrón de recuerdos de la-noche-de-la-cual-debería-arrepentirme-y-no-lo-hago llegó y me atormentó por todo el camino. En realidad tenía problemas mayores en los que pensar pero al menos Jacob distraía lo suficiente mi mente para no volcarme a probar las pastillas amarillas. Ayer me tomé un par después de llorar hasta que me doliera la cabeza-Las utilicé como analgésicos- y acabé durmiendo más de catorce horas. Realmente no quería pasar lo que me queda de vida durmiendo así que las dejé apartadas. Las que sí me tomaba era las blancas, esas sí que eran una necesidad, porque ellas regulaban mi periodo, tengo un organismo interior muy desequilibrado debido a malos hábitos infantiles que tienen su origen en ¿Sorpresa? Bella.
Ya me comenzaba a replantear si volver o no hoy a lo que supuestamente era mi casa.
Veis, es mejor pensar en problemas pequeños que en grandes. De lo contrario acabas en una horrible depresión.
Yo…simplemente tenía que continuar con mi vida y fingir ser feliz, fingir que mi familia no estaba rota, fingir que aún conservaba mi pureza-Las profesoras del internado nos decían que era como si lleváramos a nuestra espalda la gran cruz con la que murió Jesús la cual todo el mundo podía ver- y lo más importante de todo, hacer como si nada hubiera pasado, sin darle el gusto a Victoria. Sí, eso iba a hacer.
Maldita francesa.
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Con ropa nueva, decente y mía, llamé a un taxi y me direccioné hacia el Palacio Cullen/ Palacio del Pecado Cullen/ Palacio de Amanda/ Casa de New Hampshire/ mi casa. Tenía distintas maneras de llamar a ese lugar. Palacio Cullen sería si me referiría al edificio como tal si tenemos en cuenta los dueños pero la dueña de ahí es una Swan-Bella, antes era de la abuela René pero cuando se graduó fue su regalo- Así que ya puedo ir desechando varios nombres. Entonces me quedan: Palacio de Amanda, Casa de New Hampshire y mi casa. Pero, no me quiero recordar constantemente el origen de todo, Casa de New Hampshire queda muy largo y mi casa queda muy familiar, cosa que no es… Bueno, ya iré viendo como lo llamaré tampoco es que tenga prisa.
Pasé mucho tiempo divagando por nimiedades que no venían a cuenta pero que eran perfectos para distraerme hasta llegar a la gran propiedad.
-Señorita, hemos llegado.
Giré mi cabeza como un resorte hacia el conductor.
-Gracias.
Le entregué el dinero y salí del coche. Agité mi cuerpo para aliviar nerviosismo y pisé bien en la tierra para no caerme. Cuando estuve enfrente de la puerta cogí aire y entré.
"Actúa como si nada hubiera pasado, por mucho que te cueste. Al menos, no dramatices más de lo que ya está la situación."
-¡Señorita Renesmee! Al fin ha llegado.
Bridget, que hasta que me vio estaba bajando las escaleras con varias sábanas en los brazos, las dejó sobre estas y corrió hacia mí.
-No sabíamos dónde estaba, nos temíamos lo peor. Ahora mismo avisaré a su madre.
Aunque no hiciera falta porque más personas de la servidumbre estaban ahí y seguramente ya le habrían avisado, la detuve.
-No, no hace falta. Yo iré a mi habitación, me ducharé, bajaré a comer, luego veré mis regalos de cumpleaños, les enviaré cartas de agradecimientos a los propietarios, volveré a mi habitación y dormiré. Si no me equivoco las clases están por comenzar.
-Está bien señorita, la acompaño a su habitación.
No discutí con ella ese asunto. Fuimos a mi habitación y la encontré tal y como la dejé: revuelta y caótica. No pasaron más de diez segundos cuando Bridget comenzó a disculparse por algo que ella no tenía la culpa.
-Lamento señorita que se tenga que quedar aquí. Yo también he tenido que renunciar a muchas cosas, antes trabajaba en el palacio dónde sus padres residían todo el año y luego cuando nos comunicaron la noticia que se iban a mudar permanentemente a América muchas tuvimos que decidir si decidíamos mudarnos a otro país con otras costumbres y dónde no conocíamos a nadie o quedarnos y buscar otro empleo. Sabe, no es fácil encontrar un trabajo tan bien pagado como este para hacer lo que hacemos.
Dejé de mirar absorta al techo de sobre mi cama. Genial, incluso la servidumbre sabía que se quedaban aquí menos yo.
-¿Sabes qué Bridget? Me voy a duchar. ¿Crees que la comida, esté preparada o no, estará caliente de aquí media hora?
-Sí, señorita, ahora voy a avisarles para que tengan todo listo. ¿Alguna otra cosa más?
-Sí, llámame Renesmee, necesito un poco de familiaridad en un lugar…-Suspiré con pesadez- dónde no conozco a nadie.
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Costillas al horno con una buena salsa de sabores, plato principal, el resto era mucha comida muy apetitosa. Llevaba dos días sin comer bien, así que mis modales habían decaído un poco. Tenía un plato a medio comer de cada cosa porque en cuanto veía algo me lanzaba con mi tenedor a hincarle el diente. Iba por mi sexto medio plato por comer cuando Bella apareció.
-Te he querido dejar comer tranquila, pero ya veo que no ha sido buena idea.
La ignoré e intenté comer pero tenía un nudo en la garganta que oprimía la comida. Bebí un gran vaso de agua en pocos tragos.
-De acuerdo, dejare pasar eso-Bella se sentó en una silla contigua a la mía.
"A estas alturas de la vida ya no me interesa disfrutar del derecho a escabel, Bella"
Alejé mi silla lo máximo que pude hasta tocar otra silla.
-Has vuelto, eso es lo importante. ¿Tal vez por qué has sido lo suficiente considerada y te has acordado que hoy es el cumpleaños de tu madre?
Paré mi patata en seco y la dejé de nuevo en el plato. Me aclaré la garganta, me limpié con una servilleta y me acomodé en el asiento.
-Por supuesto que sí, querida, he vuelto expresamente para decirte feliz cumpleaños. Traigo mi regalo justo aquí- Puse la mano en forma de cuenco- Se llama honestidad, sinceridad y dignidad ¡Y son todos para ti! ¡Que emoción!-Dije con una gran alegría fingida para luego estampar mi mano contra la mesa- Son todos tuyos, espero que no lo pierdas, de nuevo.
Volví a comer, esta vez con el gusto de haber enfrontado un poco a Bella.
-¡Renesmee Carlie Cullen! Soy tu madre, no me puedes hablar así.
Entrecerré los ojos en dirección a la fruta. Que pena, ya no habría postre. Me levanté de la silla y volví a enfrontarla.
-¿Qué no te puedo hablar así? ¿Quieres que lo repita?
-Irrespetuosa.
-¿Yo soy la irrespetuosa cuando eres tú quien ensució esta casa? Quiero ver a papá ¿Dónde está papá?
Bien, como he dicho con anterioridad, hago como si nada hubiera pasado. O al menos exculpo a papá de todo asunto del que se haya tenido que ver salpicado.
Ella apartó la mirada brevemente, incómoda.
-James… tú padre, está de viaje. Le surgió un imprevisto.
-¿Qué imprevisto? ¿El de la biblioteca? Como no lo vuelva a ver nunca más por tu culpa, sí sabrás lo que es una tener un castigo de dios personificado en tu hija. Te arrepentirás de haberme sacado del internado.
-Renesmee, yo tampoco sé dónde está tu padre. Todo fue muy rápido, la llamada era urgente y desde donde está no se puede comunicar.
Bella me miró con firmeza.
-Mañana entras al instituto. Es un colegio femenino, a una media hora de aquí si vas lento digamos que en autobús pero tú irás en coche así que serán veinte minutos. El colegio se llama Saint Eleonor and Greenwich Academy. Las clases empezaron el 3 de septiembre pero ya está todo arreglado, tienes tu horario y los libros en tu habitación.
Rechiné los dientes.
-Siempre me has ignorado, hoy me ha gustado en especial tu manera de ignorar mis respuestas.
Me volteé y dejé-Esperaba que fuera así- a una indignada y furiosa Bella.
Hola Bad People, he vuelto con un capítulo, tal y como indica el título, de transición. Espero que os haya gustado y hasta pronto :D
rose black20: a todo lo tuyo digo... ajam, sip y 3:D chica como siempre tus comentarios matadores jajaja
miangmi: iba a actualizar mañana por la tarde pero tu me has animado, thanks ;D
Iffel, esto va por ti 3 sorry por no dedicarte el anterior capítulo sabes que soy despistada pero igual me quieres. Bad People, que sepais que ella estuvo como en la premier del capítulo anterior ya que estaba presente cuando lo escribía.
Besos
