Capítulo 23. Intromisiones
12 de febrero de 1734
Toda una vida de formación, en el convento, con las monjas, desde dedicarme a hacer con mis propias manos repostería hasta aprender latín y griego clásico, saber tocar cualquier instrumento de cuerda en cualquier momento atmosférico, tener conocimientos equivalentes a cualquier aspirante a princesa o incluiso reina europea… ¿Para esto? Toda mi vida había pensado que podría llegar a ser casada con una gran persona influyente o incluso un noble menor, una vida construida e ideal. Sin embargo, eso no iba a ser mi final soñado.
Había estado seis meses ayudando a vestir a las mujeres más influyentes de Londres. Meses en la oscuridad, desafiando mi posición, una posición que a veces era demasiado alta para estar trabajando y otras veces demasiado baja para fantasear con crear una interacción con las clientas. Estaba en esa tienda de costuras y telas con el único objetivo de sentirme realizada en todas mis esferas. Pero, por un simple descuido, acababa de ser invitada a palacio.
Al palacio a un baile de disfraces.
Hoy un hombre entró a la tienda, estaba cerrada, pero sin la llave y yo estaba en la zona principal entusiasmada con las nuevas telas que habían llegado. Dicho hombre buscaba un sombrero para… una dama especial. Su presencia me causó escalofríos, su mirada inquisidora y sus preguntas divagadoras siendo yo el eje central fueron cosas que hicieron que saliera de mi confort.
Me invadió a preguntas hasta que me extendió una invitación prácticamente obligatoria a palacio. Durante unos días pensé que podría rehuir, hasta que un mensajero llegó con una carroza de palacio hasta la tienda para entregarme en persona una invitación. Mi invisibilidad quedó anulada, no pude volver a la tienda porque se pensaría que era una amante desdichada y mis posibilidades de nupcias habían quedado reducidas a la nada.
No sabía quién quería verme, ¿Quién podría querer la presencia de una desconocida debutante burguesa en palacio?
Me encontré en las puertas de palacio rodeada de lujo y ostentación, había sido acompañada por el mismo hombre que conocí en la tienda: un vizconde con mucho empeño y energía en que estuviera toda la velada con él. Mamá y papá ya estaban informados, ellos estaban encantados, a pesar de que no se había concretado nada, en su mente ya tenía una próxima pedida de mano de alguien de la corte.
Nadie de la corte actúa así ni mucho menos, hace ese gesto de deshonor ante tantas damas de la sociedad y posteriormente es el intermediario de una proposición seria de matrimonio.
Yo sabía que estaba condenada.
Condenada por los caprichos de un lord desconocido.
Cuando me dio la mano para bajar del carrusel, cambié totalmente mi pensar. Ya había sido desgraciada, pero yo podía e iba a modular el resto de mi destino. No tenía título, pero sí posesiones, era la mejor candidata a próxima señora. Si hubiera nacido bajo un título noble, podría haber llegado a la corte sin estas deplorables circunstancias y haber llegado a lo más alto.
Estaba en la corte y aún se podía cumplir eso.
No iba a ser la próxima mujer desdichada de la corte, ni mucho menos la próxima amante de cualquier noble aburrido.
Iba a ser el próximo centro de atención.
Los detalles del baile son dignos para un nuevo capítulo en este diario, no obstante, mi tiempo ahora está siendo invertido en buenas nuevas.
Cerré el diario de Amanda, llevaba mucho tiempo queriendo leer su diario. No únicamente me había dejado un gran vestido y una gran herencia, sino que también me había dejado grandes conocimientos.
Seducción y monarquía.
¿Cómo se formaba la monarquía? ¿Cómo prosiguen hoy en día? Crecí estudiando la monarquía europea como si se tratara del abecedario, pero realmente ¿Qué se escondía detrás de todo ese conjunto de enlaces matrimoniales? Nos hemos desarrollado como nación tras centenares de años de matrimonios infelices y sin amor. Entonces, bajo esta inestabilidad… estas parejas simplemente llevaban doble vida, una para el ambiente social y otro para su vida personal.
El amor no estaba a la orden del día, no era algo relevante. Era un mito, al igual que las estelas que dejaban dichos monarcas, mitos, deidades, nombrados bajo la gracia de Dios.
Sin embargo, de alguna forma llegó algo nuevo.
Aquello que no era nombrado por la gracia del señor, sino que no era de este mundo: el amor. El encanto de Hollywood llegó a Mónaco. Hollywood como aquella ciudad de estrellas y Mónaco como la ciudad de la diversión. Dos lugares que, aunque era relevantes, no se tomaban enserio. Descabellado ¿Verdad? Pues eso fue lo que unió a la mítica Grace Kelly y al príncipe de Mónaco. Ambos luchando por sus futuros, ambos luchando para ser considerados personas de valor y no los bufones de su entorno. Grace Kelly fue una actriz que tuvo que labrar su camino para ganarse el respeto que merecía por su talento. El príncipe, sin embargo, aunque formara parte de la monarquía tuvo que luchar por hacer valer su nación como un país serio y diplomático, no como un parque de atracciones para las fortunas europeas.
Y todo eso era historia, no únicamente columnas de revistas de la prensa rosa, sino que era histórico. Era amor. Era algo aparentemente irreal.
Evidentemente no todas las personas lo vieron así.
Y yo, en un arranque por destacar, iba a cantar esa canción. Que irónicamente poco hablaba sobre ella, pero me intrigaba el motivo.
Intenté con todas mis fuerzas dedicarme por completo a ese proyecto, pero después de la intromisión de Alec, no me lo podía sacar de la cabeza. Era un constante Alec-María viviendo una vida pasional lo que más atormentada me traía. Alice era una bocazas. Estuvimos Rosalie, Alice y yo prácticamente recluidas en casa durante días después de clase. Y cada uno de esos días Alec venía para invitarme a cenar. Luego al ver el escenario de papeles, dibujos y pinturas, charlar con mis acompañantes preguntaba dubitativamente "¿Mañana estarías disponible?". A continuación, Rosalie y Alice estaban demasiado tiempo hablando sobre nuestra interacción y las conversaciones incómodas las recibía únicamente yo.
Ella simplemente no entendía la situación real, en su mente tenía que ser todo romántico y trágico. Estaba muy metida con "Romeo y Julieta", y por supuesto, todo tenía que ser así a su alrededor.
No entendía porque Alec día tras día venía, podría llamarme previamente. Podría evitarse el trayecto.
-¡PURPURINA LILA! No entiendo porque estamos discutiendo sobre esto- Alice se encontraba bastante irritada, ni Rosalie ni yo queríamos purpurina, puede ser que hiciera viento o nevara con lo cual la purpurina sería poco eficiente, preferíamos serpentinas brillantes.
Habíamos presentado la idea a dirección y estaban de acuerdo siempre cuando incluyera a 7 personas más en la preproducción, producción y postproducción. No obstante, al ser un extraescolar, tenía que finalizar al igual que el resto: en la primera semana de diciembre, ya que la penúltima estaba reservado para el baile de invierno.
-Me parece una idea brillante la purpurina lila
El tono galante italiano de todas las tardes estaba de vuelta. Suspiré al sentir como avanzaba, hacia mí.
-Muy bien Alec, tienes unos muy buenos gustos. Es un placer volver a tener por aquí, ya me estaba preguntando donde estabas.
Alec sonrió orgulloso y le hizo un guiño a Alice. En estos días habían establecido una pequeña conversación amistosa, como si fueran compañeros de pupitre. De hecho, cuando venía se sentaba entre Alice y yo pero con cierta distancia. No sabría como describir que me sentía con este trato.
-Había estado trabajando y pensé: ¿Por qué no hacerle una visita a mi pequeña amiga Alice?
Dijo él en tono gracioso.
-¿Tú… trabajas?-Preguntó Alice extrañada- Pensaba que vivías del patrimonio Vulturi y de los típicos impuestos de señor feudal.
Se encogió de hombros.
-Y por eso mismo tengo que trabajar, no soy un señor feudal. Soy una pequeña persona en este gran mundo, bajo el soslayo de la monarquía-Hizo un pequeño gesto disimulado, señalándome.
Rodé los ojos.
Alice se había convertido en una fan de la "historia". Le gustaba pensar que se estaba relacionando con la nueva monarquía, que se encontraba en un salón rodeada de las próximas personas ilustres de los libros de historia.
Estábamos rodeadas de arte auténtico, tenía cierto sentido que pensara eso, pero no de Rosalie, Alec y de mí.
-¿Hasta dónde habéis avanzado hoy?-Recapituló Alec
-La carroza debe tirar purpurina lila, a conjunto con la ropa de Renesmee- Explicó Alice-Se paseará por la zona externa del instituto así que como en un concierto, la estrella tiene que brillar.
Rosalie soltó un bufido y rechistó.
-Será diciembre, probablemente estará lloviendo o nevando. En la carroza irán protegidas pero las personas espectadoras no verán visualmente lo que está sucediendo. Con serpentinas brillantes, se podrá.
Alec miró a mis acompañantes con mirada evaluativa, tenía ambos antebrazos apoyados en sus piernas, analíticamente y escuchándolas atentamente. Estaba ligeramente inclinado hacia mí, estaba a pocos centímetros de rozarle la rodilla.
Y ese simple pensamiento me enviaba una corriente muy agradable por todo mi cuerpo, como si aquello fuera a remplazar el verdadero tipo de contacto que anhelaba.
Mi tía y amiga seguían discutiendo, yo decidí sumirme en mis pensamientos, dejando volar mi imaginación con esa mínima posibilidad de roce. Solo con un toque intencionado, su suave mano deslizándose por encima de mi rodilla, hasta llegar más y más arriba. Sentía como mi corazón palpitaba más fuerte, la conversación externa se había quedado en un murmullo.
Un roce
Una caricia
Un beso
Deseaba poder acercarme tanto a él, que nuestras respiraciones se mezclaran.
Sentir como me acercaba a él delicadamente, pasando la yema de sus dedos por mi mandíbula, elevándola.
Ver como mordía ligeramente su labio inferior
Milímetros de distancia
-¿Renesmee?
La voz lejana de Alec me sacó de mi ensoñación
-¿Te encuentras bien?
Su cara de preocupación me dejó desconcertada
-¿Mmmh?-Dije apretando los labios, como si eso fuera a alejar mi anterior pensamiento con él, como si eso hiciera que nadie escuchara mis pensamientos. Algo ilógico.
-Estás… ¿Roja? ¿Ruborizada?- Alice entrecerró los ojos mirando a mis mejillas.
Y de nuevo Alice y Rosalie se embarcaron en una discusión, seguí sin prestar atención y mucho menos entendí el motivo.
Miré a Alec buscando una respuesta en su mirada, no a la acalorada conversación de mis amigas sino a la pregunta previa, como si él me fuera a explicar lo que pasaba. Él llevó su mano a mi mejilla frunciendo el sueño.
-Creo que deberías descansar mi sol- En ese momento se inclinó hacia mí y me besó la mejilla.
Le deseaba.
No estaba ruborizada, estaba ardiendo por él.
-¿Te ayudo a escapar?-Me susurró al oído al mismo instante que se separaba rápidamente de mí.
Lo miré, luego a mis amigas y después otra vez a él.
-Alice, tienes muy buenas ideas, algún día harás temblar al mundo. Rosalie, apoyo tu idea, nunca se sabe que improvistos puede haber o quien puede faltar- Se levantó suavemente y me sonrío- En cuanto a Renesmee y a mí, nos espera una cena.
-¿Cómo?-Dijeron ellas a la vez mirándose.
Alec no les dio mucho tiempo a seguir pensando, me cogió de la mano inclinando ligeramente su cabeza a modo de reverencia.
-Y si usted me permite, duquesa, la apartaré de su encierro dorado.
No sabía donde iríamos, pero donde fuera quería escapar con él. No esperé ni a darle la mano que prácticamente salí corriendo de ahí.
Cuando llegué a su coche solo le esperé unos segundos.
.-.-.-.
Realmente habíamos ido a cenar. A un precioso restaurante con marcos imitando el estilo barroco, estos marcos simplemente eran retorcidos. Pero me gustaba la idea del concepto. La iluminación dorada le daba un toque elegante, pero sin derivar a la soberbia.
Estábamos en la segunda planta de restaurante cerca del puerto, las luces de la noche iluminaban nuestras preciosas vistas del paisaje nocturno. Solo veía los barcos encima de una masa negra, el mar, pero era como si estuviera escuchando las pequeñas olas.
La carta era muy extensa y como había sido Alec quien tuvo la idea, decidí que fuera él quien comenzara a hacer sugerencias. Nos trajeron a la mesa una copa de vino blanco, una única copa.
Antes de que Alec se llevara la copa a sus labios yo la cogí.
-¿Tu recuerdas que sé de vinos? Era de esas asignaturas medio legales-ilegales del internado.
-¿Y bien?- Me miró con media sonrisa, conteniendo un gesto más perverso- Eso no quiere decir que puedas hacerlo. Recuerda que aquí no estamos bajo el soslayo de Northumberland, aquí te doy alcohol y me podrían acusar de corrupción a una menor. Isabella Cullen me perseguiría hasta el fin de los dominios de Carlo Magno.
Incliné mi cabeza mientras hacía dar vueltas la copa.
-Pues corre -El sabor amargo del alcohol inundó mi garganta. Estaba delicioso, partículas de uva, afrutado, europeo.
Alec pidió 1 copa más, esta vez la alejó de mí. E hizo bien, notaba como los colores subían a mis mejillas. Ya no estaba acostumbrada a beber. El protocolo y las fiestas van de la mano, no podíamos ir a eventos sin controlar absolutamente todo lo que estaba a nuestro alrededor. Entonces el alcohol como prácticas semiilegales comenzaron a los 14 años, previamente habíamos estudiado partes teóricas.
Habíamos elegido probar un poco de la variedad del lugar, una super degustación. Pequeños platos tras pequeños platos, sabores suaves, sabores fuertes y sabores explosivos.
Plato tras plato, risa tras risa.
Me sentía tan a gusto con él, tan en mi hogar.
-¿Y cual era la insistencia en vernos? Llevas días tras días viniendo a casa, soportando al grupo adolescente que ahora tengo conmigo- La única copa que se me había permitido tomar estaba surgiendo en mí, haciendo salir esa gran incógnita que me perseguía desde hace días.
Se acomodó más en la silla, mirándome con ilusión. Ese simple gesto me hizo sonreír de oreja a oreja.
-A raíz que fui el primer día a verte, después de Alice la… conversación- Dijo dubitativo- sentí como si te hubiera desplazado-Me tendió la mano por encima de la mesa.
-Lo siento por eso, no pensé que Alice se comportaría de esa forma, principalmente sino te conocía-Me disculpé recordando como de agresiva había sido con ese abordaje- Pero es muy adolescente Alice, cosas de Estados Unidos supongo.
-Así que una chica de Northumberland-Elevó la barbilla y agravó su voz- La señorita Renesmee Cullen ya comienza a sentir los efectos de su educación de internado.
Rodé los ojos, eso no era cierto. Únicamente Alice tenía otra energía, otro ambiente, otro… era muy estadounidense.
Alec volvió a relajar su postura y apretó nuestras manos, volvió a tener esa mirada ilusionada anterior.
-Eres mi personita importante, te quiero y pienso que hay cosas que te debo contar, como la chica adulta que eres-Entrecerré los ojos, no sabía si lo decía de verdad o como una broma- Y actualmente también hay otra personita importante en mi vida de la cual aún no te he hablado.
No.
No quería escuchar eso.
En ningún momento le había pedido ninguna explicación, tampoco la quería.
No quería saber los detalles de cómo se conocieron.
No quería saber lo feliz que era.
Como de enamorado estaba.
No quería saber que planes tenían de futuro.
No quería saber absolutamente nada.
Pero eso hice, absolutamente nada mientras Alec seguía sosteniendo mis manos. Se encontraba tan absorto en sus ideas que no prestó atención a cuando mi expresión cambió a la completa nulidad.
-Como le dije a Rosalie, conocí a Marie hace un par de años. Su familia antes vivía al otro lado de la ciudad, pero había mucho trato, cosas del circulo social familiar. Yo no sabía que esa familia tenía una hija y si lo hubiera sabido tampoco habría mostrado interés, únicamente contemplaba un trato cordial con alguien tan joven respecto a mí.
Le miré, pero él realmente no me prestaba atención, seguía en su ensoñación. Conmigo tenía un gran trato y no era cordial, pero claro, no hablábamos de lo mismo.
-Era de noche, yo me encontraba en mi papel de hijo cumplidor de eventos sociales. Desde que mis padres volvieron a Italia de forma más permanente era yo quien tenía que seguir con el contacto social por ellos. Sin embargo, al no tener amistades sólidas por aquí, no lo hacía muy fácil. Solo eran conversaciones banales, de las cuales quería salir en cuanto antes. No estudiar aquí limita las posibilidades, yo quería estudiar en Georgetown, pero no se me permitió. Tenía que estudiar en Italia, como el resto de mi familia, el máster y posgrado si pude hacerlo donde yo quería, pero para ese momento simplemente quería viajar. Conocí a Marie en una de esas fiestas, ella discrepaba totalmente de la fiesta-Sonrió de lado, recordando- Llevaba lentejuelas, brillos, maquillaje de festival y una botella de tequila en mano. Realmente no recuerdo si volvía o venía, pero me choqué con ella cuando salí a tomar un poco de aire.
Hice una inspiración profunda per silenciosa, se aproximaba lo que no quería escuchar.
-Me dijo tales palabras tan mexicanas que me quedé mudo. No entendí lo que me dijo, únicamente que había bebido y que había interrumpido en su camino-Río, perdido en sus pensamientos- A continuación, hizo un cántico mexicano y le dio un sorbo puro a su tequila. Tuve que poner una expresión de lo más extraña porque al instante me ofreció un trago. Simplemente todas esas acciones me parecieron de lo más refrescante, me pareció otro mundo. Yo no sé que hice para llamarle la atención, pero ella continuó hablándome.
Volví a suspirar, ¿A quien no le llamaría la atención?
-"Me parece que tú no eres de aquí, y no me refiero a que no seas estadounidense, híjole mi cuatacho, mexicana de pura cepa, con el mejor tequilazo de mis tierras. No discrimino. Pero no veo que encajes en esa fiesta" Fueron las palabras que me dijo. Yo para esos escasos minutos ya me había quedado embelesado con ella. Me llevó hacia el jardín, tampoco me dejó tiempo a rechistar. Nos sentamos en un gran banco de piedra caliza y sin más motivo me explicó sobre ella. Estaba tan fascinado que no pensé que estaba fuera de mis posibilidades hasta que llevaba demasiado tiempo con ella en ese jardín y simplemente no quería que dejara de hablar. Era alguien tan única. Mientras la escuchaba me sentía como un niño pequeño esperando al cuento de Navidad.
Le escuchaba y me veía reflejada, estaba viendo como por unos pocos años, todos mis planes se lo estaban llevando la niña egoísta y egocéntrica que roba los regalos de Navidad.
-Cuando me dijo que tenía que retomar su camino, me volví a quedar mudo, no sabía que hacer ni cómo actuar, no quería perder el contacto con ella. Así que simplemente fui yo, le pedí un baile en ese instante. Reproduje una canción en mi móvil, una lenta. Al acabar me dijo "Así que chico mayor, ¿Querrás seguir viéndome?" -Suspiró melancólico- No me había planteado que edad tenía, me había acostumbrado a la mayoría de edad europea. "Tengo 16 años" me dijo al instante, y después…-Alec sonrío, se le iluminó la cara.
No entendía porque le escuchaba, por qué no le paraba. Estaba escuchando el relato de como se había enamorado. Estaba sintiendo el amor y la ilusión en su voz. Como hablaba de otra persona que con unos pocos minutos le bastó para robarle la respiración. Me estaba comenzando a marear, varias veces me había mordido el labio para no llorar y había contenido tanto la respiración que no me sorprendería caer de la mesa.
Solo había llegado un poco tarde a la partida que no sabía que había más jugadoras.
El corazón no obedece a órdenes, obedece a lo que más le hace latir.
-…Me besó. "Sé que querrás seguir viéndome, chico mayor" me dijo cuando se separó de mí. Yo no sabía cómo actuar, ella era demasiado joven, yo tenía 23 años y sabía que estaba perdido. La estuve evitando durante semanas que para mí parecieron meses. Hasta que un día decidí tocar a su ventana. Nunca había escalado una pared de esa forma-Agitó la cabeza a la vez que se ría- y ninguna. Cuando llegué a su habitación fue como si siguiéramos en el jardín, retomando el baile. Ella estaba radiante y me estaba esperando- La sonrisa triunfadora y de orgullo de Alec me hicieron derrumbarme. Decidí soltar mis manos de las suyas. Él seguía sin notar mis acciones ante sus palabras- No podía creer que fuera correspondido, pensaba que yo solo había creado esa fantasía alrededor de aquella noche.
No sabía si había finalizado la ronda de platos, pero para mí la noche estaba terminada. Tenía que volver al palacio de Amanda, no quería dejar mis lágrimas aquí ni en ningún lugar con Alec cerca.
-Te enamoraste-Susurré- En una sola noche, en un solo baile, con una sola conversación- Le cogí lo que le quedaba de contenido de vino- Tenemos que irnos-Mi voz estaba perdida entre la desilusión y la melancolía a algo que nunca tuve.
Alec no me hizo preguntas, pero tampoco parecía disgustado, solo desconcertado, permaneció en silencio hasta que nos fuimos del restaurante.
No fuimos directos dirección al coche, sino que nos desviamos hacia el puerto, no me había fijado de ese detalle hasta que pensé que nos encontrábamos a un buen rato a pie.
A nuestro alrededor había barcos, de diferente tamaño, de diferente marca, con sus propias historias. Esos barcos componían el paisaje nocturno, producían ese efecto de elegancia y sofisticación. Era una buena época para pasear, para sentir la brisa y ser libre.
-Lamento no haberte explicado todo esto antes, lo siento si te he hecho sentir desplazada.
Alec se había detenido, yo seguí caminando con mi corazón en un puño. Solo me detuve a 2 metros de él, cabizbaja y sin darme la vuelta.
Bum, bum
Bum, bum
Comencé lentamente a inspirar.
Lentamente.
Lentamente.
Hasta que se convirtió en una respiración más profunda.
¿Paciencia? Era algo inútil.
Actuar.
-¿Renesmee?
Me giré, sin temer a las consecuencias de mis actos. Miré a nuestro alrededor: mar y barcos. En otras circunstancias habría sido un lugar ideal para estar a solas con Alec.
-Hemos estado sin contacto durante mucho tiempo. Pero había cartas, eran cartas que recibía con mucha ilusión. Las comencé en el verano que te conocí, me gustaba mucho practicar mi ortografía y gramática inglesa e italiana contigo, aunque fueran meses de esperar una respuesta… obtenía la respuesta. Año tras año, guardaba todas las cartas, luego las limité. ¿Qué chico de universidad querría leer a una niña que aún no estaba ni en su educación secundaria? -Suspiré y le miré por primera vez a los ojos mientras me acercaba a él- Me avergonzaba mi posición, ser joven, demasiado joven, no tener nada que explicarte, no tener ninguna aventura. Mi vida… mi vida me resultaba tan aburrida y sin nadie conmigo que fantaseé e inventé…-Alejé el pensamiento real que quería manifestar, eso era algo que verdaderamente tenía que quedar en el fondo del baúl- …Creé un mundo.
Nos quedamos mutuamente mirándonos a los ojos, Alec se mantenía de la misma forma que antes, impasible y sin entender a lo que me refería. Era como si volviéramos a estar en la noche de mi cumpleaños.
-Mi…-Titubeó, él también estaba teniendo recuerdos de esa noche- Renesmee, yo no quería ninguna historia extraordinaria, simplemente quería saber de ti, de que te encontrabas bien en tu internado, que eras feliz. Que aquella niña desconfiada que con tanta ilusión me abrió su pequeño mundo estaba bien.
Esas palabras retumbaron en mí, niña.
Pequeño mundo.
Mis pasos hacían eco por el pavimento, la brisa del mar ondulaba mi pelo mientras me acercaba a Alec. Dejé una distancia decente entre él y yo para poder hablar.
-Caí en las llamas-Le confesé con una voz casi extraña para mí- me traicioné a ti misma- Me reí irónicamente- No eres la única persona que tiene declives prohibidos- Elevé mi mano hacia él para estrecharlas. Le costó entenderlo, pero lo hizo. No le solté la mano, sino que la sujeté mientras nos hacía rotar en nuestro propio eje- Nuestro contacto era lo único que me daba alegría. Fantaseaba tanto con nosotros.
Le solté y me encogí de hombros
-Y eso ya no eran fantasías de niña. Te quería y te quiero.
Alec seguía estando desconcertado, por su expresión facial parecía que comenzaba a comprender, pero sin querer comprender todo mi mensaje.
Acorté nuestra distancia, volviendo a coger su mano, estrechándola levemente contra mi mejilla.
-Todo eso era aquello que me pasaba- Seguí con mi tono lento y pausado, con aquella misteriosa voz- dejo que tu mente cree sus ideas.
Y le besé, labios con labios.
Respiración con respiración.
Sus labios eran tan suaves como me había imaginado.
Roce con roce.
Sellados.
Cuando volví a dejar distancia entre nosotros, no le di espacio al silencio.
-Alec, te quiero, estoy completa y totalmente enamorada de ti .
Su expresión solo se podía explicar cómo anonadada.
-Voy yendo al coche, te avanzaré unos cuantos pasos. No te preocupes que puedo estar sola unos instantes.
No tuve que esperar más que un par de minutos a que él llegara. Fue un camino liberador para mí, probablemente había arruinado mi amistad con él. ¿Y que más daba? Ya no me quedaba mucho más a perder. El palacio de Amanda no tardó en estar a nuestros pies.
Al detener el coche Alec seguía sin mirarme a los ojos.
-Ese palacio fue construido por mi antepasada Amanda, llegó a la corte hace varios siglos. Como todas, rondaba los dieciséis años, para ese momento ella era considerada una mujer. La diferencia de edad con los hombres que había ahí no era importante. Mi tataramuchos abuelo tenía mínimo unos quince años más.
Alec por primera vez hizo algo, apoyó su cabeza en el volante y bufó.
-Me has besado.
Me mordí el labio inferior.
-Eso he hecho.
Alec se giró, me miró por primera vez en mucho tiempo.
-Todo este tiempo para mí había sido algo inocente y puro, eras esa persona con la que me sentía relajado, en harmonía. Sin problemas, sin conflictos, siendo el uno con el otro. Renesmee, quiero dejar claro que en ningún momento mis intenciones fueron esas, no quiero herirte solo quiero decirte la realidad.
Me acomodé de lado en el asiento, preparada para mi película.
Amanda, esta va por ti.
-Claro, y estás muy enamorado de alguien que cuando conociste tenía mi edad, bajo malas condiciones, totalmente adecuada para ti, por supuesto- Mi tono lo modulé de tal forma que no sonara como una queja, sino como una afirmación con un tono sutil irónico- ¿Pero sabes? Ahora solo ves a Marie, en ella están tus focos, como una telonera. Cuando llegue yo… prepárate para los aplausos.
Alec bufó, de la misma forma que lo hizo anteriormente.
-Renesmee, no estás siendo objetiva. Sigues con el vino dentro de ti
-Estás tan firme a tus convicciones de chico adulto que te olvidas de que puedes seguir divirtiéndote. Ese palacio fue el foco de la pasión y puede seguir siéndolo cuando desees.
Sentí como me condenaba al decirle eso.
-Renesmee…
Dicho eso, me bajé del coche.
Estaba equivocada, pero sentí como hacía un paseo triunfal hacia la puerta. Como si Amanda me sujetara la mano, al igual que en su entrada triunfal a la corte.
.-.-.-.-.-
¡Otro capítulo! Espero que os haya gustado, estoy mezclando historia e inspiración, llevaba mucho tiempo queriendo hacer eso. Muchas veces las amantes reales entraban a palacio así, pero ahora no estábamos hablando de amantes reales… ¿ O sí?
