La cantidad de plantas comenzó a crecer conforme avanzaban a las afueras del pueblo, y con ellas la humedad y la sensación de volverse más pequeños. Maxwell, alentado por la adrenalina que le provocaban los espacios abiertos, se adelantó en su aeromoto y tomó un desvío por entre los campos de frijol y papa que los rodeaban. Por el espejo retrovisor, corroboró que el extraño lo seguía y se dirigió a un monte despejado a gran velocidad.
Antes de chocar con las grandes rocas de la segunda curva, aceleró y se perdió de vista, seguido de cerca por el desconocido. El Padre se sorprendió de que el encapuchado no hubiera dudado ni un segundo en imitar sus movimientos y que, como resultado, hubieran logrado acceder juntos al cuartel camuflado. De haber titubeado por un segundo, las defensas no le habrían concedido el paso al autómata por ir a una diferente velocidad y se habría deshecho como si de verdad se hubiera estrellado contra las falsas rocas.
En seguida que frenaron en seco, las actividades del interior se suspendieron para recibirlos. Un puñado de jóvenes rodeó a Maxwell y las miradas curiosas de los más adultos se posaron en su acompañante. Con una enorme sonrisa, el joven vestido de cura desvió la atención hacia su persona y pidió hablar con el "jefe" de aquella base militar, que no tardó ni diez minutos en ir a encontrarlos.
—Duo, qué alegría verte. ¿Qué te trae por aquí? —le saludó un joven rubio ante quién todos se retiraban, aunque fuera bastante más bajo que el resto.
—Quatre —se enderezó Maxwell en respuesta—. Necesito información sobre algún incidente en estos días.
—¿Incidente? No ha pasado nada. Dijeron que mandarían refuerzos especiales, pero no he recibido noticias desde entonces.
Mientras hablaban, el encapuchado se adelantó con una actitud amenazante y la sed de sangre hizo reaccionar a Maxwell, quien detuvo el arma que estaba en camino a la frente de Quatre.
El dirigente de aquella base los miró curioso por los rápidos movimientos, pero sonrió con ternura y retiró la mano de Duo que aprisionaba los brazos del extraño.
—Tranquilo, no quiere hacerme daño —Quatre tomó la pistola que le había apuntado y la abrió en cuestión de segundos, sacando del interior una diminuta tarjeta electrónica.
Duo estaba confundido. Se había asegurado de revisar las armas, pero los escáneres no habían revelado la existencia de tal unidad.
—Deben estar muy seguros de tus habilidades para mandarte solo, en lugar de una tropa entera de hombres —sonrió el rubio y dio la vuelta—. Pónganse cómodos. Enseguida haré que les preparen sus instalaciones.
Maxwell seguía confundido mientras veía a su amigo internarse en la base. Se preguntó si, la primera vez que aquél extraño le había apuntado, había sido porque le estaba preguntando si él era el contacto, o en realidad había querido matarlo.
—Duo —escuchó al autómata llamarle, pero más a modo de confirmación.
—Ese es mi nombre clave —el Padre se llevó ambas manos a la nuca para recargarse, mientras le regalaba una sonrisa petulante.
Debía admitir que el cambio de actitud del joven "cura" lo había sorprendido. Había sido como verlo dejar caer su disfraz en un segundo, o ponerse otro en cuanto apareció el contacto que había estado buscando por todo L5. Se felicitó internamente por seguir sus instintos y no matar al tal Duo y seguirlo hasta aquella base. Ahí se aseguraron de darle atención médica de primer nivel y, si era tan buena como la que él conocía, estaría en óptimas condiciones en cuestión de días.
Después de su primer chequeo y toma de muestras, lo reubicaron para darle un primer tratamiento. Al terminar, le dieron el número de su cubículo personal y le indicaron las áreas de uso común. Más cansado que hambriento, reconoció que tomar un baño sería una buena opción antes de dormir. Localizó su pequeña habitación donde ya lo esperaban todas sus pertenencias reunidas que no habían confiscado, listas para ser acomodadas. Guardó todo de golpe en un cajón y tomó uno de los dos uniformes empaquetados.
El camino a los baños fue despejado, por lo que no se esperó que, al dejar los cambiadores, se encontraría a Maxwell saliendo de las duchas totalmente desnudo y ocupando su única toalla para secar su cabello. Su imagen no solo lo hizo detener sus pasos, sino que dejó de parpadear en el proceso.
—Oh, ahí estás. ¿Todo en orden?
Desvió la mirada para buscar las duchas que deberían estar por donde Duo venía caminando.
—Pedí que nos asignaran al mismo piso —el cura sonrió despreocupado aireando sus largos cabellos—. De haber tenido más tiempo habría agarrado el tratamiento, aquí no tendrán nada de lo que necesito —lo vio revisar sus puntas para luego verlo extrañado—. ¿Qué?
Siguió su camino de inmediato. Había perdido el control de sus ojos al punto de no saber por cuánto tiempo había estado mirando la piel salpicada que envolvía unos músculos bien torneados. Molesto, pasó de largo a Duo asegurándose de sujetar muy bien la toalla que lo cubría de la cintura para abajo.
Maxwell sonrió ante la idea de haber apenado al androide, pero su reacción había sido más la de haber olvidado algo en los baños, que la de escapar por toparse de frente con sus cuerpos expuestos. No es que lo hubiera planeado para probarlo, pero darse cuenta de lo poco que reaccionó como un ser humano lo tranquilizó. Por primera vez no se sentía acosado por alguien, ya fuera hombre o mujer, y eso le hizo desear conocerlo un poco mejor.
Una vez luciendo su uniforme de la base, Duo esperó afuera de su puerta para ver qué número le habían dado al misterioso joven, ya no encapuchado, y fue feliz al ver que sus números sí estaban juntos.
—Voy a recorrer el lugar, antes de que nos pongan collares —le informó al androide para invitarlo a ir con él, pero sus ojos huecos fueron toda la respuesta que obtuvo antes de desaparecer tras su puerta—. De acuerdo. Debes estar cansado. Será mejor que me vaya o pensarás que soy un pervertido —terminó de decirle a la nada y se adelantó a donde sabía que encontraría buena compañía.
Al revisar las instalaciones por su cuenta fue haciendo un mapa mental de todo el complejo, así como del tipo de tecnología y cuerpos disponibles. Calculó que tendrían alrededor de quinientos miembros armados, más el personal médico. Según sus deducciones, aquella base contaba con la fuerza suficiente para liberar la zona y, con alguien con el historial que conocía de Duo (si era el mismo Duo), era una misión más que posible.
No tuvo tiempo de pensar en el Padre trenzado, o alegrarse por no haberse cruzado de nuevo con él, cuando escuchó unos pasos acercándose a los barandales.
—Heero —escuchó la voz de Quatre llamándolo desde su retaguardia antes de que lo alcanzara—. Me sentiría agradecido si no alertaras a mis hombres. Ya he recibido varias quejas de seguridad de que te han visto espiando por los rincones.
—Sólo evalúo.
—Sí. Ése es el problema —Heero lanzó la pregunta con la mirada, una que Quatre interpretó de inmediato—. Si nuestra capacidad queda al descubierto perderemos la ubicación táctica y el factor sorpresa. Las órdenes son esperar y fortalecernos. Pero surgió un imprevisto, por eso pedimos apoyo a L1.
—¿Cuál es el objetivo?
Por el silencio, Heero supo que Quatre estaba escogiendo sus siguientes palabras.
—Rescatar a la hija del Cónsul. La Duquesa de Peacecraft.
—Según los informes, la Duquesa se encuentra en otro sector.
Otro pequeño silencio.
—El golpe y su naturaleza fueron silenciados. Creemos que buscarán doblegar la voluntad del Cónsul en la próxima reunión del consejo...
—Necesitaré equipo.
—Lo trajiste contigo —la dulce sonrisa del rubio lo hizo sudar frío al saber a quién se refería.
De regreso a su habitación, no le fue difícil saber dónde estaba el "cura" dentro del gran complejo. Las voces subidas de tono y la energía que se reunían en un mismo punto se lo dijeron.
En los comedores, donde todos podían relajarse, la mayoría se habían reunido alrededor del joven que lo había llevado a su objetivo. Heero sintió unas ganas enormes de dejar de inmediato aquel tumulto, pero en cuanto se dio cuenta ya estaba frente al epicentro de aquel desastre auditivo. Atrapó la mirada de Duo y se retiró, con el cura a sus espaldas reclamando por qué había hecho su ronda solo.
Duo nunca se imaginó que el androide podría tener una reacción semejante. Que su indiferencia pudiera ser reemplazada por la furia lo atrajo como la fuerza gravitacional de un cuerpo celeste mucho más grande.
—No quiero que me llamen la atención porque eres un cabeza dura, la próxima vez que salgas tengo que saber. No quiero ser tu niñera, pero me sentiré responsable si causas problemas.
Un portazo fue lo único que recibió de respuesta.
Decepcionado, Maxwell entró a su propio cubículo y el pitido de un aparato desconocido rompió el silencio. Tomó el brazalete del escritorio, pensando que su vecino debería tener ya en sus manos otro semejante y se lo colocó para poder leer el mensaje. El lugar y la hora de su siguiente reunión apareció en la pantalla, así como su itinerario y tareas dentro de la fortaleza. Asumió que el extraño tendría actividades parecidas, lo que quería decir que ya no podría regresar a su capilla.
—Debí irme en cuanto tuve oportunidad —se dijo, pero imaginó esos agujeros negros que parecían absorberlo todo a su paso. Le fue más que obvio porqué se encontraba ahí en primer lugar.
Sonrió.
Dando otra mirada a su pequeño cubículo, dio con uno de los almacenes y lo abrió para guardar el rosario. "Parece que ya no lo necesitaré", pensó un poco melancólico. Sería una desgracia que lo perdiera en una emergencia, pero así tendría algo por qué regresar cada que lo mandaran llamar.
Guardó la mesa para poder sacar la cama de la pared de enfrente y se recostó mirando al muro contrario, deseando tener vista de Rayos X para saber qué estaría haciendo su vecino.
—Debería preguntarle su nombre.
Cuando dejó su cubículo y se volvió a encontrar con la sonrisa de Duo, lo que más llamó su atención fue el rápido brillo violeta en sus ojos azules. Todo el cuerpo de Heero se preparó para un ataque antes de poder procesar.
—Vamos a llegar tarde —dijo dándole la espalda mientras su trenza bailaba de un lado a otro de esa angosta cadera—. La sala de reuniones debe ser la del sótano —volvió a verlo para indicarle que avanzara con él y siguió caminando.
"¿Qué fue eso?", se preguntó Heero, inquieto más por no sentirse amenazado por el cura, aunque todos sus instintos le decían que estaba en peligro.
La reunión con Quatre y todo su equipo de confianza fue breve. Duo usaría su red de tráfico de armas para ayudarlos a acercarse al objetivo y los sacaría de ahí, y Heero sería el responsable de llevar a cabo toda la operación en cubierto.
—Ya tenemos el contacto infiltrado para anular las bajas. De ser posible, me gustaría que nadie se diera cuenta hasta que la Duquesa esté a salvo.
—Pero, podemos aprovechar y reducir su fuerza de ataque.
Los ojos de Quatre se entristecieron ante las palabras del general.
—Lo más importante es la vida de la Duquesa —señaló y volteó a ver a Heero—. El uso de la violencia o un desvío sólo aumentará la dificultad y la pondrá en riesgo.
—Pero, si se da la oportunidad, no sería mala idea inutilizar su equipo —todos voltearon a ver a Duo—. Eso no llamará la atención y nos puede ganar tiempo si Heero es descubierto.
Quatre reflexionó al notar la aprobación de su equipo. Miró a Heero y a Duo a los ojos y un brillo tornasol apenas perceptible sorprendió a los jóvenes.
—Tendré que meditarlo —el mayor de sus hombres se acercó a su señal—. Quiero que estén listos para cualquier evento. Tienes cinco días para prepararlos.
—Entendido —le respondió otro de los generales presentes.
—Heero, Duo. Tienen sus itinerarios. Recibirán los detalles antes de irse. Cuento con ustedes —miró a sus hombres y todos asintieron—. Duo, quédate. Necesito hablar contigo.
—Sí —respondió y todos los demás abandonaron la sala de reuniones.
Los sentidos de Duo se agudizaron, pero no sintió nada de parte de los hombres conforme se iban retirando. Volteó a ver a Quatre, que seguía sumido en sus pensamientos, y sonrió al ver la espalda de Heero antes de que desapareciera.
—Lamento no tener algo para ofrecerte.
—Podrías dejarme usar mi ropa. Este uniforme es horrible, y no soy el único que lo piensa.
Quatre rió un poco y por fin volteó a verlo.
—¿Sabes algo de Heero?
Duo lo miró extrañado.
—Me enteré de su nombre hasta esta junta. Apuesto que tú tienes mucha más información que yo.
—Eso temía —Duo esperó a que el rubio siguiera, deseando que le diera un poco de claridad al tema—. Heero es sólo su nombre clave.
—Todos tenemos uno. Aunque se me hace demasiado pretencioso —señaló cruzando los brazos detrás de su cabeza—. No me sorprende que sea tan arrogante.
Quatre se encogió de hombros para intentar controlar su risa.
—No siento que sea arrogante.
—Enigmático. Interesante —señaló Duo viendo al techo.
—Precisamente. Pero no de la forma en que tú lo dices —Quatre recuperó la atención de Duo—. Creo… que puede pertenecer al proyecto Gun-Man.
—Ese proyecto murió con nosotros. O con la muerte de nuestros maestros para ser más preciso.
—No te enojes. Sé que el tema te molesta. Pero que hayan cancelado el proyecto original no significa que no abrieran otro bajo otra clave.
—Pero entonces sería "Prime", no Heero.
—Necesito que... averigües lo más que puedas antes de que la misión empiece.
—¿Averiguar? Si tú con tu habilidad no has detectado nada hasta ahora, no tengo oportunidad —se quejó y Quatre le sonrió con ternura.
—Al contrario. Creo que eres la persona indicada para este trabajo.
Duo no logró evitar apenarse y voltear a la puerta.
—Lo intentaré. Pero no prometo nada —enfatizó antes de retirarse.
—Con eso será suficiente. Mi línea directa está en tus contactos. Te deseo suerte.
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