La segunda revisión y el primer tratamiento fueron más tardados de lo que Heero acostumbraba. Después de salir de la matriz era la primera vez que se veía en la necesidad de ser atendido, pero los procedimientos no le causaron desconfianza.
—Heero —la voz de Duo resonó en su pecho y la ubicó por el pasillo frente al área médica. Por un segundo lo imaginó usando su traje negro entallado y juzgó que ése le favorecía mucho más que los rectos cortes del uniforme gris con detalles en verde. Dejando que sus pensamientos se diluyeran en el silencio, giró a su derecha para ir a su siguiente punto en la agenda y, en cuestión de segundos, el "Padre" le dio alcance—. ¿Qué no me viste? Podrías haberme esperado —sonó agitado.
A pesar de sus palabras no podía identificar los motivos tras ellas. Sus peticiones no le marcaban signos de que quisiera que hiciera lo que le decía. Su lenguaje corporal despreocupado no marcaba signos de alguna intención y ni siquiera al tenerlo al lado podía escuchar sus pasos. Sólo sabía que no corría peligro al tenerle cerca pero, paradójicamente, todo lo anterior lo alteraba.
Sus ojos azules tampoco mostraban el brillo anterior de aquella mañana. Por alguna razón era lo único que lo había puesto en alerta. Ni siquiera el ligero resplandor en los ojos de Quatre lo había logrado.
—¿Qué? —Duo sonrió al girar para enfrentar su mirada y Heero regresó su atención al metálico pasillo—. ¿Cuál es tu nombre? Digo, ya sé que eres Heero, pero ese es tu nombre clave —el aludido no volteó ni al sentir su fuerte mirada azul sobre su cuerpo—. No pareces de L1, más bien, tienes rasgos de L11. Apuesto a que tienes un nombre parecido a Fei… hmmm… pero no se parecen tanto…
Heero le dedicó otra mirada antes de colocar su brazalete a la altura del receptor para abrir la siguiente puerta, y no vio a Duo con intenciones de entrar o seguir caminando cuando la sala de armamento les dio acceso. Sólo notó en la expresión de Maxwell una curiosa espera, que fue reemplazada por una amable sonrisa y la palabra:
—Yuy —salió de sus finos labios.
Se odió por eso.
Enseguida, Heero se le adelantó y ambos se adentraron en la oscuridad. Los caminos se fueron marcando por puntos apenas luminosos en el piso conforme avanzaban, que señalaban el rumbo a seguir. El silencio solo era interrumpido por el roce de las pesadas telas de sus uniformes y el casi imperceptible click de los focos al encenderse y apagarse.
Duo se percató de nuevo que el caminar del autómata era casi tan sigiloso como el suyo y entendió la preocupación de Quatre. Pero no podía modificar la curva de sus labios por la felicidad, provocada por saberse el único que debería conocer el verdadero nombre de Heero: Yuy.
Tardaron un par de minutos en llegar a una sala con movimiento. Uno de los principales hombres de Quatre los esperaba con una bonita selección de armas que, por supuesto, Duo reconoció. Pero aquello no significaba que fueran a soltarlas.
Después de un breve saludo el hombre les indicó que esos eran los modelos que podrían prestarles. Señaló la dirección del área de tiro y les dijo que sólo tenían tres días para elegir su equipo.
—Aprovechen sus horas para probar lo que puedan. Los permisos no serán liberados por la base en esta ocasión, así es que no se distraigan. Y no salgan del área iluminada.
Dicho lo anterior, el hombre se adentró en una pequeña cabina de vigilancia y los dejó solos.
—Supongo que espera que yo te explique cómo funciona todo esto —se quejó Duo viendo la larga mesa con las armas y municiones revueltas. Mas Heero ni siquiera volteó a verlo, parecía estar buscando algo muy específico—. No vas a encontrar nada como tus reliquias en esta base. Yo mismo me encargué de seleccionar lo mejor y más actualizado —volteó a la mesa—. Aunque parece que no nos darán los modelos más nuevos.
—Son armas dañadas.
—Sólo están desgastadas. El mantenimiento es demasiado costoso hasta para alguien como Quatre.
—Esta base no está inactiva.
—Claro que sí, pero son un punto importante en la distribución de armas —tomó una pistola de banda ancha—. Relájate, no nos darían algo peligroso para probar dentro de las instalaciones.
Duo tuvo que contentarse con esas dos líneas, porque no logró que sacara otra palabra durante el resto de las pruebas.
En los comedores, a pesar del obvio interés de Duo por acompañarlo a su mesa, el trenzado no logró esquivar las peticiones insistentes de los jóvenes para que hablara con ellos.
Heero tuvo que ver a lo lejos cómo le pedían consejos para salir con alguna chica, tácticas y entrenamientos. Incluso detectó que algunos de los integrantes aprovechaban las circunstancias para tocar y pegarse al cuerpo de Duo. Aún no lograba comprender cómo alguien como Maxwell lograba atraer a tanta gente y, sobre todo, por qué tenía la necesidad de ir a volver a arrancarlo de ese grupo. Pero no volvería a cometer el mismo error del día anterior, cuando se dejó llevar sin tener un plan o un objetivo después de haber logrado captar toda su atención.
Pensó que tal vez fuera por la tranquila desesperación que le provocaba su cercanía. Tal vez fuera por la melodiosa forma en que se expresaba. Pero en definitiva, algo existía en ese joven "padre" de larga y trenzada cabellera que capturaba el interés de todo ser vivo con quien se cruzaba.
—¿Cómo sabes que no va a lastimarte? —escuchó Heero a lo lejos.
—Sólo con mirarlo se me hiela la sangre.
—Sí, sí.
—A mí me dio miedo desde que entró.
—A mí cuando estuvo a punto de disparar al Comandante.
—Se equivocan chicos. Heero no es alguien peligroso. Bueno, sí, pero no le haría daño a ninguno de nosotros —las últimas palabras que escuchó de Duo le sorprendieron más que las quejas y argumentos que intentaban rebatir sus palabras.
No se le hizo raro que Quatre, al conocer la señal, conociera sus intenciones. Pero que alguien como Duo hablara de forma tan segura sobre su carácter, cuando todo el que lo conocía se ponía nervioso a su alrededor, hirió su orgullo.
—Oye, ¡Heero! —el nombrado hizo un esfuerzo por ignorar la voz de Duo— ¡Heero! —lo sintió acercándose hasta que azotó las manos en la mesa—. Los muchachos y yo queremos saber si nos acompañas a unas pequeñas pruebas de habilidad, después del acondicionamiento físico —lo vio soltar con una enorme sonrisa y sus brazos apoyados de forma tal que no podría terminar de comer sin dar su respuesta—. No me veas así —comenzó a bajar la voz—. Será una buena oportunidad para que te conozcan y hasta podrás lucirte frente a las chicas —terminó en un hilo.
—Las pruebas no están en el itinerario.
Duo se torció sobre su plato ante lo obvio.
—Ya sé que no, pero no te hará daño un poco más de ejercicio —apretó su brazo superior—. Puedo jurar que en estos días tu tono muscular ha disminuido. Necesitamos estar en la mejor forma posible antes de salir, ¿no te parece?
Con la mirada asesina que había recibido, Duo se sorprendió de que Heero de verdad accediera con una provocación tan vaga. En especial porque tenía un cuerpo tan bien trabajado como el suyo.
El único motivo por el cual había apostado por un evento físico, es que de esa manera podría comprobar sus habilidades y, de paso, tonificar sus cuerpos que ya tenían varios días en reposo. Si Heero tenía una rutina parecida a la suya, sabía que los ejercicios de la base no le serían suficientes.
La sala de obstáculos, que estaba marcada en su mapa, se veía demasiado amplia; y Duo no se sorprendió que estuviera rodeada por un circuito de carreras. El área de máquinas y equipo era reducido pero suficiente, ya que la zona de realidad virtual tenía una marcada preferencia para los entrenamientos.
—No importa cuánta experiencia acumulen, si su cuerpo no puede responder con tiempo y precisión de nada les servirá —hizo su observación en voz alta a Yuy, quien, a pesar de su rostro adusto, sabía que estaba de acuerdo al terminar con el acondicionamiento físico en las máquinas centrífugas—. Sería genial si tuviéramos alguna cancha. ¿Cuál es tu deporte favorito? —le preguntó alejándose del pequeño grupo con el que habían entrenado, y que empezó a acomodarse a las orillas para poder ver mejor las habilidades de ambos.
—Pilotear —contestó Heero de camino al circuito de carreras.
—¿Ah? Ese no es deporte. No marcas puntos derribando gente.
—El ajedrez no es diferente. La caza. La guerra.
Duo rió nervioso alcanzando a Heero que tomó posición en las marcas de salida.
—Será mejor que no te escuche Quatre o no saldremos de esta base —señaló Maxwell intentando no fijarse demasiado en la posición de Yuy con el trasero levantado, mientras él mismo tomaba su lugar en la siguiente marca.
La cuenta regresiva comenzó en cuanto los sensores reconocieron que estaban listos. El pitido de salida alertó a los que estaban cerca y los testigos aumentaron.
Ambos corredores pensaron que primero calentarían con una carrera de doscientos metros planos, para luego moverse a algo que les exigiera un mayor esfuerzo. Las espectadoras ya reunidas notaron que Duo no se estaba molestando en seguir el ritmo del temible desconocido. Es más, estaban encantadas haciendo que se atrasara con tal de que les dedicara una mirada y una de sus coquetas sonrisas que tan gustoso compartía. Los chicos se identificaron con la cara de pocos amigos de Heero, todavía más cuando el presuntuoso trenzado comenzó a correr hacia atrás, fingiendo que limpiaba unas inexistentes gotas de sudor.
Heero aumentó la velocidad y Duo se giró para alcanzarlo, justo para darse cuenta de que al llegar a la primera curva la indicación en la pantalla de "meta" les decía que siguieran corriendo. Maxwell notó un dejo de suspicacia en su contrincante, como si hubiera recibido la orden de tomarse el ejercicio en serio.
Las voces en la orilla empezaron a aumentar cuando, al llegar a la última curva, ambos soldados pasaron con facilidad las primeras cinco vallas holográficas; y se escucharon unas risas maliciosas escondidas entre los gritos de las jóvenes.
Al empezar la segunda vuelta, la primera flecha amenazó con cortar el ritmo de los competidores, pero en lugar de detenerse aumentaron la velocidad y las chicas notaron que la sonrisa de Duo se afiló y sus ojos azules se alejaron de ellas para empezar a buscar el origen de las armas hechas de luz naranja. Los cuchicheos aumentaron a gritos de sorpresa al verlos esquivar la primera ráfaga de hologramas, e incluso algunos que habían intentado el circuito de obstáculos comenzaron a levantar apuestas. La mayoría se empezaron a negar, diciendo que Duo sería el único que conseguiría dar esa vuelta completa. Pero su contrincante los sorprendió a todos cuando saltó junto al trenzado la primera fosa marcada por luz rojiza.
El alboroto de las chicas enardecidas no se hizo esperar y empezaron a animar al ojiazul para que aventajara al recién llegado.
Después de que sus pies volvieron a tocar la línea de salida, nada marcó el final de la prueba. Sus respiraciones estaban empezando a complicarse y en el circuito de obstáculos seguían apareciendo líneas que les indicaban continuar. Los dos soldados rápidamente comprendieron que, sin saberlo, habían empezado una competencia de niveles donde el primero en desistir sería el perdedor. La cara de Duo cambió a una más seria y su trenza comenzó a volar en lo que se acopló al ritmo de Heero.
Las chicas se encendieron más. Las apuestas comenzaron a tomar fuerza. Los gritos aumentaban. Heero rápidamente se hizo de un coro de hombres que sólo querían ver a Duo tragando tierra. Y las defensoras del trenzado poco a poco comenzaron a dividirse al notar el vigor de las piernas del de cabello corto y ojos oscuros. Porque sí, apenas se estaban permitiendo admitir que era casi tan atractivo como su querido Duo.
Los pechos de ambos soldados comenzaron a verse más alzados, para mejorar la capacidad pulmonar, y sus ojos estaban fijos en la trayectoria de las flechas. Los hologramas cambiaron en lanzas recién llegado a la segunda curva, más gruesas pero igual de rápidas; alternando con bolas de luz que parecían rocas. Algunas guadañas pendulares fueron apareciendo, así como marcas en rojo que invalidaban partes del suelo en forma aleatoria. El calor aumentaba no sólo en los testigos de la carrera, sinó que el esfuerzo comenzó a verse reflejado en la piel humectada de los competidores.
Después de esquivar la última roca, que después de rebotar se dividió ante sus ojos, comenzaron a aparecer luces móviles que asemejaban animales en estampida. Víboras, jabalíes, caballos, rinocerontes, llegando hacia ellos entre guadañas pendulares. El incómodo uniforme se iba ajustando a sus cuerpos conforme absorbía el sudor permitiéndoles una mayor movilidad, y que no perdieran tanto líquido en el proceso. Las chicas hubieran dado lo que sea por poder capturar en algún dispositivo esos cuerpos bien tonificados en movimiento. Sus sonrisas eran casi tan luminosas como la que los chicos mostraron al iluminarse los brazaletes de los corredores, al empezar la tercera vuelta.
El brillo azul en su muñeca tomó a Duo por sorpresa y, en un mal movimiento, tocó un búfalo de costado. El animal cambió su color naranja al de su brazalete, y de inmediato dio media vuelta atacando a los hologramas animalescos que seguían llegando en contra flujo. El animal desapareció en una pequeña exploción al dar de frente con un venado. Ninguno perdió atención ante ese detalle y, a partir de ese momento, Heero comenzó a tocar a los animales. Sólo que los suyos cambiaron a verde y atacaban de igual modo a los azules.
A partir de ese momento, los equipos formados comenzaron a alterar el ritmo que habían logrado. Tanto se concentraron en recuperar el impulso que por poco perdieron de vista las dagas que empezaron a irse contra ellos. Un grito de horror se escuchó cuando una casi atraviesa a Heero por el estómago, pero, sin pensarlo dos veces, Duo había tomado otra y la había lanzado para desviar el ataque en contra de Yuy.
Con eso, ambos se dieron cuenta de que podían tomar las armas enemigas con la mano que tenía el brazalete iluminado. Recuperaron un poco de aire por sus labios inflamados, justo a tiempo para comenzar a combatir con los hologramas humanos que comenzaron a salir contra ellos. La sonrisa de Duo volvió a aparecer y Heero se puso todavía más serio. La fuerza de su respiración alcanzó a escucharse en los segundos que un pequeño silencio cubrió las orillas, antes de que las voces de los testigos renacieran con más fuerza a verlos lanzarse en batalla. Ira, miedo, asombro. La mezcla de emociones era tan compleja y tan eufórica como los grandes saltos y casi imposibles movimientos que estaban presenciando.
Nadie se imaginó que llegarían tan lejos, la mayoría habían perdido con las primeras guadañas y los siguientes niveles les resultaron inverosímiles a los soldados ahí reunidos. Sus ojos abiertos no podían creer su velocidad y su capacidad de respuesta en combate. Las chicas a veces se tapaban el rostro al creer que los corredores no alcanzarían a desviar o a reaccionar ante un ataque. Y la mayoría los dio por derrotados cuando los hologramas humanos comenzaron a aparecer por detrás y a perseguirlos, apenas empezada la cuarta vuelta.
Tanto Heero como Duo se comenzaron a ver inmersos en una simulación de invasión a una base enemiga. El primero mostró sus habilidades de combate cuerpo a cuerpo, dejando que los hologramas se acercaran demasiado a él. Y el segundo cambió sus tácticas por ataques a media distancia. En lugar de competir, ambos soldados parecían estarse protegiendo el uno al otro. Todos entendieron que, si seguían compitiendo, ninguno llegaría a salvo solo con aquél nivel de fuego en su contra.
Para alivio de muchas, al llegar a la línea de salida se marcó la quinta y última vuelta, y ambos se concentraron en aventajar al contrario. Una combinación aleatoria de todo comenzó a ir en su contra y fue desapareciendo cuando dejaban atrás una curva. Aún así no se confiaron, los dos mantenían una daga verde y una lanza azul en cada mano, por si acaso.
La trenza comenzó a volar al lado de los cortos y revueltos cabellos que tenían al lado.
Voltearon a verse y, por un segundo en que rociaron unas pequeñas perlas de sudor, Duo abrió demasiado los ojos al ver que la daga verde de Heero voló en su dirección.
Duo alcanzó a ladear el rostro, sin perder de vista a Heero, y alzó la lanza justo cuando un estallido a sus espaldas llegó hasta él.
Maxwell se giró y vió cómo el arma había ido a estamparse en un holograma mutante que lo habría descalificado de no ser por Heero. La luz comenzó a desintegrarse e hizo brillar de naranja y dorado los largos cabellos del trenzado antes de que siguieran con su prueba.
La meta no se apagó sino hasta que ambos cruzaron la línea de llegada, casi al mismo tiempo.
No se marcó un vencedor.
Los vitoreos y gritos de asombro no se hicieron esperar. Nadie logró cobrar sus apuestas con un final tan cerrado. Y no faltó el que dijo que podría llegar tan lejos como ellos.
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