Los gritos y vitoreos comenzaron a llenar el lugar y las cámaras llevaron el evento hasta la oficina de Quatre. Tanto Heero como Duo no mostraron problemas en ajustarse a los rápidos cambios que mandó encender, en cuanto vio que habían iniciado el circuito cerrado.
Los ojos azules de Duo se mostraban con un violeta intenso, en clara muestra de que estaba haciendo uso de sus habilidades especiales. En cambio los ojos oscuros de Heero se mostraban con un azúl cobalto casi imperceptible. Después de mutear el audio, Quatre no dejó de ver los monitores y de estudiarlos. Era como si el enviado para la misión, Heero, previera cuántos y de dónde vendrían los obstáculos; y en nano segundos fuera capaz de armar un plan que le facilitara el camino. Las reacciones de Duo eran más instintivas debido a sus sentidos desarrollados, pero era obvio que sus reacciones eran milésimas más lentas y menos precisas.
"¿Quiere que sigamos aumentando la dificultad?", se escuchó en el intercomunicador personal de la oficina.
—No. Es suficiente. Terminen la prueba y manden a todos a sus cubículos.
"Entendido".
Era prácticamente imposible que alguien superara las habilidades físicas de Duo, y Quatre lo sabía. Sólo WūFei podía llegar a igualarlo.
Los monitores se apagaron y Quatre volvió a revisar la información que había recibido de parte del refuerzo enviado por L1. Por "personal de élite" se habían referido a un humano especial. Modificado. Pero, según los acuerdos de la alianza en contra de Oz, habían quedado prohibidos hasta nuevo aviso. "A menos que sea uno previamente autorizado", se dijo para sí el rubio.
—Manden llamar a Duo a mi oficina —ordenó Quatre por el intercomunicador y continuó con el trabajo que había dejado a medias.
El camino a las duchas había sido silencioso pero refrescante después de aquella competencia. Duo estaba feliz por estar al lado de alguien que podía seguirle el ritmo, y el recuerdo de ver esos ojos encendidos de un azul profundo hicieron que casi perdiera la concentración justo antes de alcanzar el último nivel.
Esa sonrisa no había dejado su rostro desde entonces y, justo cuando comenzó a preguntarse qué otras actividades harían que su mirada se encendiera, la vibración en su muñeca se hizo presente.
—Parece que me necesitan en otro lado, luego te alcanzo —se despidió Duo en un segundo y sintió esa fuerte mirada a su espalda—. Tendré que hacer algo contigo un día de estos —se dijo en el camino, esquivando a los soldados que compartían el mismo piso.
Al llegar a la oficina de Quatre, Duo se arregló un poco y prefirió no olerse. Cualquier inconveniente sería culpa de su amigo por haberlo mandado llamar con clave roja. Aunque no tuvo tiempo de preocuparse mucho por eso, porque le sorprendió más encontrar solo a su amigo enfrente de una pantalla holográfica de tres dimensiones.
—Con lo que cuesta esta cosa podrías conseguir carne de verdad, en lugar de esa pasta proteica.
—Pasa Duo, siéntate.
—Hablo en serio. Ni siquiera es un centro de mando para necesitar uno de estos.
—Yo no armé este sitio.
—Pero puedes desarmarlo.
—Duo.
—Está bien. ¿Para qué soy bueno?
—¿Conseguiste la información que te pedí?
—¿Cómo podría si me alejas de él de está forma? Además de que tiene el carisma de un muerto. Necesitaré más de una semana, eso te lo aseguro.
—Eso quiere decir que sí.
—Es como nosotros, de eso no hay duda. Pero aún no puedo señalar los detalles para darte un informe.
—No creo que te los diga.
—¿Tú crees?
—Estoy casi seguro.
—Entonces es una apuesta.
—No, Duo. No quise decir eso.
—Piensa qué quieres perder —soltó alegre dirigiéndose de nuevo a la puerta—. Tengo una forma más divertida de obtener la información de tu pantallita, y mucho más directa —señaló los datos flotantes que giraban alrededor de una representación física de Heero.
—Duo, cualquier cosa házmelo saber de inmediato.
—Te lo haré saber, "si" no vuelves a interrumpirme.
Quatre exhaló rápido y pesado.
—De acuerdo.
—Ahora, me voy —Duo olió su axila—. De verdad tengo que bañarme.
Muchas en el camino no dejaron de flanquear a Heero, a una distancia segura y razonable, en lo que todos se dirigían a sus habitaciones. Sus voces chillonas de aprobación no ocultaban la naciente admiración que había surgido como una ardiente flama. Él las ignoró y su emoción no hizo más que aumentar, por más que el soldado prefería escuchar mil veces palabras de rechazo por sus habilidades e inteligencia, que aquellas que lo glorificaban y exaltaban su aspecto.
—¿Viste cuando salvó a Duo en la última recta? —chilló una.
—¡Sí! —chilló otra.
"No sé cómo las soportas", pensó para sí Heero, recordando que el trenzado hasta parecía disfrutar de toda la atención que provocaba.
Necesitado de un lugar menos concurrido, se apresuró a encerrarse en su cubículo. Tenía poco tiempo para la última hora de comida, pero pensó en aprovechar que todos estarían cenando para tomar un baño solitario, o en su defecto madrugaría para evitarlos a todos. O eso pensó hasta que alguien llegó a tocar a su puerta con bastante insistencia.
Una brillante sonrisa lo recibió al abrir la puerta, todavía con marcas secas de sudor remanente y un aroma que provocó que cada vello de su piel se erizara.
—Así que sí estás aquí. No creí que fueras de los que sacrifican su estómago después de haberle exigido tanto esfuerzo a su cuerpo —señaló Duo entrando con un par de bolsas de suero. Le arrojó una con un lanzamiento hacia atrás y se recostó en la cama—. Las regaderas están libres, pero supongo que estás igual que yo y tendrás que esperar a la siguiente entrega de uniformes de mañana —abrió su suero y empezó a beber—. Agh, nunca lograrán mejorar el sabor de esta cosa —tomó un poco más y con el envase casi vacío colgando de su boca se giró para ver a Heero.
La cara de su vecino parecía molesta, pero no sabía si iba a correrlo, a darle las gracias por la cena, preguntar el porqué de su invasión, o se había quedado sin baterías luego de atrapar el suero. Maxwell se levantó un poco nervioso, sólo para comprobar que esas iris oscuras lo estaban siguiendo. Volvió a sonreír y tiró el envase vacío en el ducto para desperdicios.
—Tómalo antes de irte a dormir. Me costó mucho que me dejaran subir tan sólo este par, y no creo que se repita. Aunque lo puedes tomar después de dejar de desvestirme con la mirada —para su sorpresa, la expresión amenazante de Heero no cambió con su infundada acusación. Aquellos agujeros negros lo helaron por dentro y un calosfrío le advirtió que era hora de salir corriendo—. De acuerdo, me largo. Es obvio que nuestra competencia fue demasiado para ti —comenzó a caminar hacia Heero y la puerta, pero los ojos de Yuy no lo acompañaron—. Espero que hayas traído un repuesto de baterías, si no podrías pedirlas al almacén —tomó la puerta y comenzó a salir—. Si te encuentro así mañana tendré que averiguar si tienen refacciones. Bye-bye —sus dedos danzantes fueron los últimos en desaparecer por el umbral.
La soledad del pasillo y el metro de distancia entre sus puertas se le hizo eterno al trenzado. La pequeña impresión en su pecho comenzó a intentar volver a la normalidad en cuanto estuvo dentro de su propio cubículo y un ligero sudor frío le corroboró que había sobrevivido. Dejó salir un suspiro pesado y abrió la cama para dejarse caer de cara sobre el par de mantas.
—Estoy más que jodido —se quejó Duo, al tiempo que un aire frío cubrió su cuerpo y al girar se dio cuenta que su puerta comenzaba a abrirse muy despacio. La inseguridad de haber escuchado el click de la puerta o no, después de haber entrado, lo hizo volver a levantarse para cerrarla, esta vez con toda su concentración puesta en la tarea.
No es que contaran ni que necesitaran de seguros, podían monitorear sus movimientos con los mentados brazaletes y cualquier acción sospechosa sería usada en contra del perpetrador mucho antes de que lograra justificar sus motivos. Por eso mismo, Duo hubiera preferido seguir como un agente externo, por ese mismo incómodo e intrusivo protocolo habría elegido fugarse de la visión cristalina de su amigo. Pero era el escalofrío en su espalda el que le volvía a recordar el por qué de su elección, tan contraria a todo lo que preferiría en ese o en cualquier otro escenario.
Pensó en girarse y saludar, pero por alguna razón ya no quería sonreírle a ese sujeto. Le había salvado la vida en el simulador y visto a través de su treta en cuestión de segundos. Se sentía expuesto y no era algo que quisiera ver regresado en esa oscura e indescifrable mirada. Vista la situación, Duo agudizó sus sentidos y corroboró que esa esencia, que había capturado durante su primera mañana en la base y durante la prueba física, estaba en su habitación. La temperatura casi no había cambiado y la respiración del intruso estaba tan controlada que era casi imperceptible; pero había algo más en el ambiente: un incremento en la producción de testosterona que no era emanado sólo por él.
La sonrisa que Heero vio en el rostro de Duo no era tan llamativa como el violento color violeta en su mirada, pero era un detalle menor que ya no lo pondría en alerta.
—Me alegra ver que esta vez no traigas un arma.
El pensamiento de "Ya sabías que no vengo armado", llegó a su cabeza, pero Heero no le dio importancia. Estaba más interesado en averiguar por qué sus pies lo habían arrastrado hacia esa pequeña habitación. La sensación de que su cuerpo, su mente y su corazón tuvieran voluntades propias y separadas era un proceso incómodo la mayoría de las veces; pero al mismo tiempo, descubrir lo que encontraban interesante solía ser lo único que valía la pena mantener en su almacén de memorias.
La electricidad que empezó a recorrerlo le hizo avanzar hasta el trenzado, con las ganas de querer hundir los dedos en sus ojos y arrancarlos de sus cuencas. Le parecían tan hermosos.
Con una mano se asió a la nuca de Duo y acercó sus rostros. Los dedos de su otra mano intentaron alcanzar esos iris, pero un gemido y los párpados que se cerraron hicieron que saliera de su trance.
Al abrirlos, los ojos de Duo habían vuelto a ser azules.
—No me molesta que me tomen del cabello, pero me estás lastimando y aún no recibo ni un premio de tu parte, ¿sabes?
Dicho eso, Heero lo soltó y dejó que el trenzado volviera a incorporarse.
—Creo que ambos estamos buscando lo mismo, ¿o me equivoco? —para su sorpresa, Duo sonó melancólico, casi molesto.
Haciéndolo a un lado, Maxwell fue por su ropa de cama y comenzó a cambiarse como si él no estuviera. Desató su largo y brillante cabello, lo cepilló y volvió a tejer sus gruesos hilos castaños casi de la misma manera.
—Será mejor que hablemos mañana. Hoy estoy cansado y…
Con esas palabras fue suficiente. Heero por primera vez reconoció una petición sincera de Duo y salió sin dejarlo terminar de excusarse.
—Espero que eso no se te haga costumbre —suplicó Duo un poco decepcionado de que Heero se fuera, mas no tardó en darse cuenta de que en realidad estaba aliviado.
Un dejo de miedo se había alojado en su corazón después de sentir a Heero tan cerca, y en especial después de darse cuenta de que lo dejaría hacer con él lo que el autómata quisiera.
—Esto no es bueno —sujetó su frente con ambas manos, intentando que aquella extraña sensación en su cuerpo desapareciera. Y es que tenía una necesidad que crecía conforme usaba su habilidad, una necesidad que no se calmaba hasta que recibía justo aquello que su cuerpo quería, aunque su voluntad fuera otra. Y si lo seguía prolongando se podría convertir en algo muy problemático—. Si yo caigo, caerás conmigo —le prometió al espacio vacío donde Heero había estado.
Después de liberar la tensión acumulada en su entrepierna, pasó el resto de la noche pensando en qué momento podría abordar a Heero sin ser interrumpidos. No era que no podría correr con su sola presencia a todos los chicos de las regaderas, tampoco que durante los recorridos no podría evitar a las chicas, o que durante las otras actividades no podría lograr un poco de privacidad. Era sólo que, aparte de que no estaba en su naturaleza alejar a la gente, en realidad sabía que no quería estar a solas con el androide. Así que, por sus horarios y por el revuelo que seguro enfrentarían, el único e inevitable lugar privado que tendrían sería el área de tiro.
Ese último día que tenían para elegir cuáles serían las armas suficientes que llevarían consigo seguía transcurriendo y, para su sorpresa, al contrario de lo que imaginó, Heero parecía evitarlo. "¿Qué, no te gustó ser rechazado?", se preguntaba constante entre actividades y, antes de llegar al oscuro pasillo, la sensación de alerta había cambiado a coraje. Hasta ese momento se daba cuenta de que él era al único que el autómata no rechazaba de una u otra manera, y Duo se sintió sumamente indignado al ser tratado como el resto. "Nadie se libra de Duo Maxwell así de fácil", fue la conclusión a la que llegó cuando estuvieron en el área de tiro.
Heero jamás se imaginó que Duo, el alegre pero tranquilo Duo, llegara algún día a apuntar un arma de verdad contra él. El shock fue casi igual de violento que percibir todas sus hormonas invadiendo su habitación la noche anterior y tan lamentable como enterarse de que no lo quería cerca.
Jamás se imaginó que el trenzado tomaría tan mal que dejara a sus instintos tomar las riendas de su relación, pero por lo visto habría represalias. Por alguna razón con él todos sus sentidos parecían atrofiarse o sobre funcionar para poder leer a aquel joven que vivía envuelto en máscaras. No era la primera vez que se equivocaba con Duo y debía aceptar las consecuencias.
Giró un poco para enfrentar el juicio que el Dios del trenzado le habría escogido, deseando por un momento volver a contemplar la mirada violeta de esos grandes y expresivos ojos azules.
—No me pongas esa cara —suplicó Duo, luchando con su fuero interno—. ¡Ahhhhhh! Eres un demente —exhaló con fuerza y le dio al centro de los blancos que tenía a la vista—. ¿Cómo es posible que exista alguien como tú en este planeta?
Heero no entendió la pregunta. Duo sabía que venía de L1 por una misión, incluso había adivinado que su ascendencia era de L11 y si estaba ahí era porque él mismo lo había llevado. Descartando todas las opciones más obvias, pensó que Duo en realidad estaba mal articulando su pregunta.
—No soy diferente a ti.
—Eso ya lo sé —cambió la carga y dio un par de disparos—. Pero alguien como tú no debería existir.
Ese último comentario le caló hasta el tuétano. Tanto que, cuando Duo estuvo a punto de volver a hablar, Heero lo mandó callar y se aseguró de que sus disparos hicieran tanto ruido que el trenzado no tuviera otra opción que cerrar esa maldita boca parlanchina que se cargaba.
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