La reunión del día siguiente fue programada después de la atención médica de Heero. Duo lo esperó para caminar juntos hasta la oficina de Quatre y no tardó en darse cuenta de que el endemoniado androide había vuelto a decidir ignorar su existencia.
Eso no hubiera sido problemático si, cuando entraron, todos los hombres del rubio Coronel no los hubieran recibido con la misma frialdad y recelo. Duo intentó buscar el apoyo visual de Quatre, pero este actuaba como si no se diera cuenta de nada y sólo les dio a Heero y a él asientos enfrentados.
La junta no fue menos densa. Repasar un mapa obtenido por el "contacto" y señalar los posibles puntos donde estaría la Duquesa, hizo que más de uno protestara por la falta de precisión en la información facilitada por el "infiltrado". Para Duo, la mirada de Heero parecía decir que estaba en desacuerdo con sus conclusiones, y el trenzado sólo protestó por recibir menos de la mitad de lo que había pedido como armamento y municiones.
—Es todo lo que les conseguí. No podemos darnos el lujo de que los vinculen con una organización más grande —los hombres sonrieron complacidos ante la explicación de su Coronel—. Me hubiera gustado hacer más, pero si llaman demasiado la atención también pondrían en riesgo todo nuestro trabajo —terminó de explicar el rubio a Heero y Duo, pero este último no se iba a quedar callado.
—Las armas de asalto son de libre venta, no puedo creer que hasta eso nos hayan negado —se quejó el trenzado.
—Lo siento, de verdad. Pero no pude hacer mucho cuando vieron que estaban pidiendo bombas estelares.
—¿Estelares? Yo no pedí nada de eso —espetó Duo, comprendiendo quién había sido—. ¿Estás demente? El objetivo es salvar a la Duquesa, ¡no volarlo todo con nosotros y ella dentro del complejo!
Heero ignoró los gritos de Duo, que lo veía a través de la pantalla azul como si quisiera matarlo ahí mismo.
—Duo, descuida —intervino Quatre—. Podrán conseguir lo que les haga falta allá afuera.
—¡Sólo acepté ayudar porque fui el que trajo a este loco! Pero no pienso participar en una misión suicida, eso no fue parte del trato.
—Pues, según recuerdo, no has cumplido tu parte del "trato". Así que, puedes considerar saldada tu deuda si traes a la Duquesa con vida.
Duo apretó los puños y no pudo evitar delatarse con la mirada al ver a Heero. Quien, para desgracia del trenzado, decidió ponerle atención justo en ese momento. Por lo menos agradeció que Quatre cambiara el término "apuesta" por "trato", pero no podía asegurar que el condenado androide no consiguiera adivinar de qué tipo de trato estaban hablando.
Recobrando la compostura, Duo accedió a los términos de Quatre y tomó asiento para no volver a moverse hasta que dieron por finalizada la junta. Sólo entonces miró su reloj, pero todavía tenía programada una hora dentro de aquella oficina. Entendió la indirecta y, cuando Heero salió de la sala, no se contuvo de recorrer esa perfecta figura que tan bien recordaba, oculta bajo el incipiente uniforme.
Quatre no se molestó en llamar su atención en cuanto todos los demás estuvieron fuera de su oficina, sólo se limitó a extenderle dos equipos con red de comunicación cuántica.
—¿Dónde conseguiste esto? —preguntó Duo, pero no siguió con sus dudas al ver la melancólica expresión en el rostro de su amigo.
—Él me los envió.
Duo comprendió con esas escasas palabras quien era el "Él" al que se refería y, por lo tanto, a quien debería buscar una vez que estuviera fuera de la base de Quatre.
—Es todo lo que me quedaba por hacer —el rubio regresó a su escritorio—. El resto dependerá de ustedes. Y, Duo.
El mencionado, bastante incómodo y deseoso de irse, miró a su amigo; esperando paciente a que Quatre terminara con su reunión.
—Espero estar equivocado, pero... Si mis sospechas son ciertas, debes mantener a Heero alejado lo más posible de la Duquesa —con esas palabras, el rubio consiguió toda la atención del trenzado.
—¿Cuáles son tus sospechas?
—Hay una razón por la que suspendieron el proyecto Gun-Man. Fue por su falta de ética.
Duo bufó molesto.
—Esos sujetos no conocen esa palabra. ¿Qué puede ser tan grave que hasta a ellos se les hizo inapropiado?
—No es que les pareciera inapropiado, sino peligroso. Se suponía que "Prime" sería nuestro líder, lo sabes; pero descubrieron que el objetivo real de la investigación era otra. Duo —Quatre guardó silencio por unos momentos—. Querían crear soldados perfectos. Sin voluntad propia. Al servicio de una sola familia. Si todo esto es una trampa para reunir a Heero con la realeza sin generar sospechas.
—No llegarían tan lejos por una táctica que no asegurará terminar con la guerra.
—No lo sabemos. Si reabrieron la investigación bajo otro nombre...
—Los he estado vigilando. Y me deshice de los archivos. Tendrían que haber empezado de cero para… —y entonces Duo comprendió y llegó a la misma conclusión que Quatre—. Son unos malditos.
—Duo. Sólo tienes que vigilar a Heero, y regresar a la Duquesa a salvo.
—Eso sería más fácil si no se tratara de ese maniático.
Quatre sonrió, con una dulzura que cubría sus más profundas y divertidas conclusiones.
—Sólo es una posibilidad. Nadie te lo va a quitar.
—No veas a través de mí, es grosero.
—Si quieres posponemos la misión y te doy más tiempo para ganar la apuesta. Aunque, sólo te daría más razones para llevarla a cabo.
Duo se fue a la salida, antes de que revelara más información a su amigo.
—Por eso no te visito, ¿te das cuenta? Justo por eso. Dios. Existe algo llamado privacidad.
—Y también algo llamado confianza —el rubio amplió su blanca y dulce sonrisa.
—No abuses —abrió la puerta y salió corriendo del alcance de Quatre.
Heero tenía bastante tiempo libre antes de las dos horas disponibles de comida, durante el cual decidió probar las aplicaciones que tenían en el área de realidad virtual. La red Lan con la que contaban era bastante eficiente, pero para acceder a internet necesitaría las claves de acceso. ¿Cuánto podría tardar sin levantar sospechas? Ya había intentado intervenir el brazalete, pero con sólo una mano no era algo fácil; y menos con todas sus horas ocupadas, sus movimientos registrados y sus herramientas confiscadas.
Hizo algunos vagos intentos y, tras aburrirse, optó por entrar al sistema abierto e intentar una simulación de infiltración en cubierto. Todos los ejercicios que encontró los había practicado de modo presencial, con supervisión y objetivos fijos desde los diez años. En ese entonces era alguien más accesible, si alguna vez lo había sido.
Reacio a evocar recuerdos innecesarios, Heero se salió de los programas y apagó el sistema. En cuanto volvió a la realidad, notó que un aroma muy familiar estaba en el aire. Duo lo había localizado y parecía divertirse con algo. De inmediato, volvió a entrar y envió una solicitud de simulación compartida.
Con el acceso, de pronto se vio inmerso en un gimnasio con las gradas repletas. Un sujeto generado por computadora le preguntó si quería reemplazar a uno de los jugadores genéricos, y Heero aceptó sin saber de qué deporte se trataba.
El ávatar de Duo estaba en el equipo contrario y, por el balón, reconoció que se trataba de baloncesto. La partida se reanudó y se dio cuenta de que no podía utilizar toda su capacidad, pero el sistema y su equipo se acopló a su forma de jugar. Con eso fue suficiente y logró que su equipo igualara el desfavorable marcador. Al final, superó a los contrarios con el marcador seis puntos a favor.
Se desconectó de inmediato y Duo hizo lo propio. Su usual sonrisa, esta vez desafiante, encendió su mirada azulada de una forma que hizo a Heero alejar todos sus pensamientos de esos grandes ojos.
Antes de que reaccionara y emprendiera el camino al comedor, el trenzado le aventó un aparato que Heero tardó en reconocer.
—No intentes encenderlo dentro de las instalaciones. Una vez afuera podremos completar la estrategia —señaló el artefacto con la mirada—. ¿Cuándo te dan el alta? —quiso saber Duo, inclinándose y buscando su mirada, peligrosamente cerca.
—Iré solo —sentenció Heero y dio media vuelta rumbo a la salida, recuperando la totalidad de su espacio personal.
—Lo siento, pero sólo yo sé quién es y cómo dar con el contacto. Si quieres cumplir con tu misión, lo mejor será que vayas conmigo. Eso si planeas regresar con vida a Relena.
—Duquesa —se giró un instante para fulminar a Duo con la mirada y desapareció.
Duo sonrió con malicia al comprender uno de los puntos débiles de Heero.
Se aseguró de adelantar al androide en el camino al comedor y se reunió con el grupo que había formado desde que llegó. Hilde ya lo esperaba con su bandeja en la fila para recibir sus raciones diarias y Duo no tardó en darle alcance. Se apegó mucho al costado de la morena, tomando su brazo en todo momento por ridículos que parecieran. Y, ya con sus raciones y rumbo a su mesa, Duo se hizo con ambas charolas y ella lo persiguió protestando por el gesto.
El trenzado tomó como un triunfo personal que Heero se retirara sin sus raciones y, en cuanto se perdió de su vista, le devolvió su bandeja a Hilde, quién se sentó delante de él.
—¿Para cuándo está programada su salida? —preguntó la morena en nombre del grupo.
—Ese dato es confidencial. Así que gózenme mientras puedan, chicas —respondió Duo volando un beso a una rubia, quien no titubeó en responder.
—Hablas mucho, pero no has aceptado ninguna de mis invitaciones. Estoy empezando a creer que eres sólo palabras —apretó su prominente busto al cruzar sus brazos, dejando su cuello expuesto con el movimiento, indignada.
—Eso sería porque cualquiera que te toque terminaría muerto, Dorothy —bromeó uno de los chicos.
—No sería justo. Duo es de todas —chilló quedo otra de las chicas reunidas, haciendo sonreír al trenzado.
—Duo tiene cosas más importantes que perder el tiempo contigo —soltó Hilde, cortando el buen humor de la mesa y comenzando una breve pelea de miradas con la rubia; quien procedió a ignorar a la morena.
—Si le tienen miedo a mi familia o a mi prometido, eso sólo demuestra que ninguno de los que pretenden algo conmigo vale un segundo de mi tiempo. Son hombres débiles que ni siquiera son dueños de ellos mismos —se volteó a ver sugerente a Duo—. Pero tú eres distinto —se estiró para alcanzar la mano del trenzado que le dedicaba una sonrisa, pero fue bloqueada por Hilde.
—Sí, es distinto. Demasiado bueno para ti.
—Estoy segura de que puede hablar por él mismo y que alguien como él conoce todo lo que puedo ofrecer y le daría un buen uso. Uno mucho mejor que cualquier Winner.
—Te recuerdo que estás hablando de la familia de mi amigo —intervino Duo—. Y me temo que estés subestimando de más al Coronel de esta base.
Dorothy bufó y se replegó en su asiento.
—Tener a su prometida rodeada de brutos soldados como condición para casarnos, no es algo que esperaría de un aristócrata inteligente y respetable. Lo más interesante has sido tú, por mucho. Tú, y ese tal Heero.
—Quatre considera muchos factores para tomar todas sus decisiones.
Dorothy miró con recelo a Duo, enfurecida por la alta estima en la que tenía al rubio.
—Tal vez engañe a todos con esa cara, pero yo sé lo que es. Harías muy bien en no confiar ciegamente en las personas —dicho esto, la rubia tomó su charola y cambió de mesa.
Un instante después, el último del grupo llegó con sus raciones y todos aprovecharon para cambiar de tema. Duo bromeó con cada uno de ellos e Hilde se retiró a su siguiente actividad en cuanto terminó, sólo despidiéndose del trenzado con un beso en la mejilla.
Aprovechando el cambio, el trenzado se escapó rumbo a la cocina para robar un poco de raciones extras, con un autómata terco en la cabeza. Sería usar la misma excusa para ir a verlo, mas no le importó. Y no tuvo que preocuparse mucho por eso, ya que ni siquiera lo encontró en su cubículo.
Por un instante, Duo temió que se hubiera deshecho del brazalete y hubiera escapado, pero se tranquilizó al pensar que de ser así ya habrían movilizado a todos para localizarlo. Un tanto impaciente estuvo a punto de pedir de nuevo la ayuda de Quatre, pero no fue necesaria al encontrarlo de nuevo en el gimnasio.
El autómata estaba sacando provecho de la impopularidad del lugar, y ocupando eso a su favor para estudiar el intercomunicador que le había dado.
—Estoy un poco ofendido por ver que prefieres pasar tiempo con ese aparato que conmigo. Soy mil veces más interesante y divertido —se acercó para verificar que no hubiera encendido el intercomunicador y se sentó al lado de Heero—. O será que las máquinas te prenden más.
Heero ignoró aquellas insinuaciones que estaban rayando en el acoso. Pensó en soltarle a la cara que en realidad no quería estar con él, sino que su sobrada confianza radicaba en que no mostraba un interés evidente en obtener un acercamiento físico o de cualquier tipo; pero sintió que, de soltar así sus conclusiones, sólo lograría lastimarlo. Por alguna razón, intuía que ese era un terreno delicado.
—Hablas demasiado —dijo en cambio, muy poco interesado en dar pie a cualquier conversación.
—Eso dicen, pero el silencio es aburrido. Si mínimo tuviéramos alguna radio o algo parecido. Las actividades recreativas también son importantes para mantener el espíritu y la cordura, pero fomentar el individualismo en una base militar no es algo que les interese.
Tomando en cuenta que alguien podría ubicar el lugar con las ondas de radio, a Heero no le extrañó que la base no contara con ese tipo de aparatos. Lo que no comprendía era por qué Duo evitaba ese tema y buscaba desviar la atención a algo más mundano. Era un traficante, él más que nadie debería comprender los riesgos y no hablar como un adolescente rebelde.
¿O estaría intentando provocarlo para que hablara? Sí, debía ser eso.
Todo lo que hacía ese desvergonzado era para provocar sus instintos: su ira, su deseo. Sólo le faltaba encontrar sus miedos y ya lo tendría entre sus manos, pero con él no se podría pasar de listo. Con la mirada Heero interrumpió a Duo, quien seguía hablando de cosas sin mucho sentido. Se acercó a su rostro y, justo como pensó que lo haría, el trenzado echó para atrás su cuerpo para alejarse del probable contacto de sus labios.
Heero observó cómo el pecho de Duo acumulaba cantidades cada vez más grandes de aire, y no tuvo que ser un adivino para saber que el corazón del trenzado había empezado a aumentar su velocidad.
—Guarda silencio —sentenció Heero en un susurro, a modo de amenaza, y tuvo que juntar todas sus fuerzas para no comenzar a tocar el cuerpo de Duo. No así logró volver a su posición original.
El trenzado pasó saliva y recorrió la distancia que él mismo había creado para llegar hasta los labios de Heero. Pero, aunque sus respiraciones chocaron de nuevo, ninguno comenzó el beso.
Duo sonrió sobre la boca de Heero, y este observó sus pupilas dilatadas.
El trenzado estaba totalmente recuperado y Heero pensó que continuaría lo que habían dejado inconcluso. Mas cuando sintió algo posarse sobre su muslo...
—Será mejor que lo guardes —Duo dejó caer el suero entre las piernas de Heero—. No querrás vomitar en la centrifugadora, Yuy.
Dicho esto, el trenzado se levantó rozando el rostro de Heero y volvió a dejarlo sólo, con el corazón embravecido.
"Un provocador, eso es lo que es", concluyó Heero para sí, aliviado de no haber perdido por completo su autocontrol después de que volviera a llamarlo por su nombre.
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