Prestando una mayor atención a los soldados, a las actividades y a las instalaciones, era evidente para Duo que nada estaba activado al máximo de su capacidad, como si el objetivo fuera que esa base no se volviera funcional para la guerra. La prioridad estaba puesta en esas largas sesiones de realidad virtual y otras mucho menos útiles como la lectura, escritura, limpieza y comedor. A veces se intercalaban, pero ni eso era suficiente para mantener al soldado alerta y se alegraba de que no estaría mucho tiempo ahí, o su horario de sueño sería alterado por siestas involuntarias. En cambio, veía que a Heero parecía agradarle las actividades que requerían un mayor esfuerzo mental. En eso le recordaba a Trowa.
Le resultó curioso no haber notado antes ese detalle en Heero, hasta que Quatre lo evocó al momento de darle los intercomunicadores. Tal vez por eso no había aprovechado el acercamiento que se había dado con el autómata en el gimnasio, pero no quería pensar que era alguien tan ridículo como para guardar fidelidad a un recuerdo. No, Duo no era de esa clase de personas. Entonces, tal vez se debía a que su inconciente sí los relacionó desde un principio y por eso se sentía cómodo a la par que nervioso. Sólo eso le faltaba, haber caído en el cliché de buscar enamorarse de alguien similar a una expareja. Y se maldijo al pensar que ya se estaba enamorando del loco androide con quien estaba próximo a partir.
La indicación era: "Estén listos, porque en cualquier momento podrían recibir la orden de salida". Las palabras de Quatre mantenían a Duo al pendiente de las notificaciones de su muñequera, en especial después de la última reunión, en que ya esperaba tener la fecha para ser liberado de la base secreta de su amigo; pero tenía las sospechas, podría decir certezas, de que en realidad lo hubieran planteado de ese modo desde un inicio. Así podrían asegurarse de no darles el tiempo ni el espacio requeridos para intervenir los monitores, de tal manera que podrían tenerlos vigilados en todo momento.
Aunque Duo sabía que sería ingenuo suponer que era con lo único que contaban. Desde que llegó se quejó de la incómoda ropa, en especial porque su piel era en extremo sensible a las aleaciones metálicas. No le tomó ni media hora darse cuenta que cada prenda estaba manufacturada con fibras magnéticas que, al estar dentro del complejo, eran capaces de transmitir más que sólo la ubicación. De sólo pensar en todos los datos que habrían reunido de él en tan poco tiempo se le revolvía el estómago. Todavía no estaba seguro de si contaban con capacidad de audio, pero no había logrado mantenerse con vida siendo descuidado.
Gran parte de esas habilidades se las debía a Trowa. Mientras Duo le informaba de todo lo que percibía, su ex se lo traducía a posibles aplicaciones prácticas.
Aún recordaba la misión en que se conocieron: Duo estaba por ir tras los científicos responsables de su origen y Quatre le pidió que lo acompañara a una función circense. Nunca se imaginó que conocería a otro miembro del proyecto en tales condiciones.
Trowa no era tan hábil como él, aún con todo y su gran capacidad física. En eso y en su gran sensibilidad era más parecido a Quatre, aunque a la vez eran diametralmente diferentes. La sensibilidad del cirquero era emocional y la de su amigo intuitiva. Terminó de comprender las diferencias después de dar con los detalles del diseño de cada Gun-Man.
Después del shock que siguió a comprender su naturaleza, Duo no encontró otro mejor refugio que no fueran los brazos del circense, incluso le permitió acceder a donde ningún otro hombre había llegado; pero la relación se quebró después de saber que su rubio amigo y su entonces pareja compartían un pasado íntimo. Por más que su entrenamiento le ayudaba a separar muchas áreas de su vida, algo muy dentro del trenzado se sintió culpable por haber lastimado a Quatre, aún sin saberlo, y entonces comprendió porque Trowa a pesar de amarlo mantenía una pequeña pero significativa distancia.
"Lo siento", fue lo único que escuchó de su pareja cuando Duo terminó con esa relación. No le sorprendió que Trowa no intentara recuperarlo. Y Duo no lo culpaba. Después de todo, cuando empezaron eran unos niños de apenas dieciséis, y dos años de relación no hicieron mucha diferencia.
Nunca se atrevió a reclamarle a Quatre por haberlo juntado con Trowa. En su corazón, a Duo le gustaba pensar que su amigo lo había hecho para que la persona que en realidad amaba fuera feliz al lado de alguien. Pero todos terminaron por darse cuenta de que no funcionaría.
Por supuesto que, después de una experiencia así, Duo jamás volvió a tener algo tan íntimo con nadie. Se limitó a agregar a su historial puras relaciones efímeras y superficiales, pero sobre todo provechosas, para que nadie saliera herido. Por otro lado, se involucraba de un modo más sincero sólo con aquellas personas que prometían nada más que una amistad. Se enorgullecía de tener un saldo blanco hasta entonces.
La sensación de una intensa mirada sacó a Duo del mundo de sus memorias. Heero lo observaba con descarada atención, casi como si intentara desnudarle el alma. Ante esta nueva reacción, el trenzado le sonrió de lado y entró con el autómata y otros dos soldados a la centrifugadora. El movimiento fue suficiente para alejar el presente y el pasado de su cabeza.
En su imaginación, Duo se transformó en una bolsa de tinta roja y comenzó a desparramar su contenido por sobre las paredes y todos los presentes. Si cada gota fuera una vida que había tomado, era muy probable que todo terminaría escurriendo.
Para Heero fue cuanto menos raro descubrir otra faceta del trenzado. Después de salir del gimnasio, se había sentido atraído a la imagen de Duo como si hubiera una fuerza magnética entre ambos; pero pronto se percató de que el sentimiento no era mutuo.
Ambos habían llegado apenas a tiempo para formarse ante la enorme máquina y, todo el tiempo que se tomaron en pasar los equipos ya reunidos en el cuarto hasta llegar a ellos, Duo permaneció sumergido en un espacio al que él no tenía acceso. Heero pensó en usar su habilidad para tener una mayor comprensión de lo que estaba pasando con el trenzado, pero le resultó mucho más placentero deleitarse con lo que estaba presenciando: Duo se veía como un cuerpo hueco. Hueco, pero con una luz muy poderosa en su interior que se dejaba ver por unos pequeños orificios. Era como si estuviera ante la capa más delgada del soldado. Le sería tan sencillo irrumpir en esos momentos y acceder a todos sus secretos que Heero se avergonzó de sí mismo.
"Quiero saber todo de ti", Duo le había dicho. Y Heero se identificó por completo con aquel deseo, pero lo quería voluntario, no robado.
Al darse cuenta de sus propios pensamientos, todos y cada uno de sus cabellos castaños se tensaron. Su piel empezó a generar tanta electricidad, que él solo hubiera podido echar a andar la enorme máquina que estaba en la sala adjunta y mandado a volar a todos los que estaban en ella. Perdió el sentido del tiempo mirando esas delicadas facciones y recordando la sensación de esa piel al contacto con la suya. Tanto, que sólo el pitido de la máquina al frenar por completo lo regresó a la realidad, pero Duo seguía sin moverse. Heero encendió sus ojos por un instante y se aseguró de llegar hasta el trenzado. No sé sorprendió al verse captado de inmediato, es más, le agradó que esos ojos azules buscaran de inmediato los suyos y saberse reconocido por ellos.
Ambos abordaron la máquina, uno al lado del otro, y Heero no logró apartar a Duo de sus pensamientos mientras sus cuerpos eran sometidos a la fuerza centrífuga.
¿Por qué aquél joven hacía que todo su cuerpo reaccionara de tal manera que sólo quisiera enfocarse en él?
¿Sería igual con los otros miembros del experimento que le faltaba por conocer, o sería algo exclusivo con Duo?
Heero tenía tantas dudas, pero si algo había aprendido, y comprobado, era que lo mejor en esos momentos era dejarse guiar por la voz más fuerte en su interior; y todas parecían haberse puesto de acuerdo en que no había nadie igual a Duo Maxwell.
Cuando el ejercicio terminó, Duo volvió a sentir que tenía un par de agujeros negros clavados en él; pero esta vez Heero lo observaba con los párpados entrecerrados y el seño fruncido.
Juntando todo su encanto, se aseguró de hacerle una no muy discreta invitación, manteniendo el contacto visual hasta que se dio la vuelta por completo. Los otros dos que habían bajado con ellos de la centrifugadora se desviaron en su camino al comedor dejándolos solos por los pasillos, y Duo desconocía si el autómata estaría familiarizado con aquella señal que le había lanzado; pero no sé atrevió a voltear para confirmar que lo seguía hasta que estuvieron de nuevo frente a las puertas de sus cubículos.
Buscó a su derecha para ver si encontraba algún indicio en Heero, aunque tampoco sabía qué esperar de él. El autómata lo observaba fijamente desde la puerta de su habitación y el peso de esa mirada le produjo una opresión sobre la espalda. Cualquier otro ya habría aprovechado el momento para empujarlo hasta el interior de su cubículo, o para jalarlo hasta un oscuro rincón. Lo que fuera que borrara el incómodo momento. Sí. Ese incómodo espacio de silencio era el causante de que se estuviera sumergiendo en sus marañas mentales, además de restregarle desde la distancia la intensidad con la que era deseado. Se sentía acosado en su propio territorio, su área de expertiz, y no podía permitirlo.
—Deja tu uniforme y luego vienes. ¿O prefieres que vaya?
Después de preguntar, en los ojos de Heero se leyó el "haz lo que quieras" tan transparente como el aire, como si Heero continuara sin creerle a pesar de jamás haberle mentido; aunque no es porque ese pedazo de chatarra oxidada fuera especial, sólo era algo que Duo no acostumbraba hacer. Rió enseguida para cortar el absurdo momento y volteó los ojos, para luego regresar su atención a la suspicaz chatarra.
—¿Qué necesitas para saber que hablo en serio? —su segunda pregunta no esperaba respuesta, pero el:
—A ti —frío e inexpresivo que salió de la boca de Heero, le sonó a amenaza.
—¿A mí? Pues aquí me tienes, y no veo que hagas nada —Duo se acercó decidido al maldito cobarde que tenía enfrente, hasta que percibió el calor de ese cuerpo perfecto—. Te estoy diciendo que si quieres, puedes tenerme; y sólo te quedas ahí, parado, como una colegiala que no sabe nada de nada. Ah. Es eso —sonrió con malicia—. Don impenetrable, no tiene experiencia.
La mirada enjuta de Heero se hizo más delgada, al mismo tiempo que el espasmo de dolor en la entrepierna de Duo llegó a su cerebro.
—Tú eres el que no sabe nada —Heero apretó el miembro de Duo, que empezó a correr peligro dentro del puño del androide.
—Yo que tú tendría más cuidado con eso —pidió lo más sereno que pudo, encogiéndose, hasta que quedó recargado en el hombro de Heero.
Duo ni las manos metió para evitar la amenaza a su tan preciado órgano reproductor. En lugar de eso, acercó la cadera para aligerar la presión y aprovechó el movimiento para abrazar los hombros de Heero, y susurrar su nombre a su oído.
En menos de un segundo, la opresión se convirtió en roces furtivos y no tardaron en entrar a la habitación tras la puerta de Yuy.
Volver a probar la boca de Duo, y que éste aprovechara para enredar su lengua con la suya, fue inaudito. Poder sentir su miembro crecer sobre el pantalón fue como recibir una invitación a sumergirse en el interior de aquella prenda.
Comparando la reacción de su cuerpo al estar en contacto con Duo, con todas las personas que habían aparecido en tiempo y forma conveniente durante sus misiones, aquella estaba cargada de una necesidad y un hambre desconocidos. Apenas se separaban para recuperar un poco de aliento antes de volver a perderlo, mientras sus cuerpos se golpeaban buscando el ritmo adecuado.
Duo sólo rompió el beso cuando Heero hizo contacto con su palpitante erección, y aprovechó el espacio para hacer que sus manos intentaran alcanzar la que aún permanecía escondida, pero impaciente por recibir atención.
Heero acorraló a Duo sobre la pared que guardaba la cama, pero no pensaba abrirla. Los jadeos en su oído le pedían que no se detuviera y su cadera intentaba traspasar la tela y su propia mano con la que masturbaba al trenzado. Dejó que esas manos que no eran suyas abrieran su pantalón y, en un movimiento, Heero tomó ambas envergaduras con un suspiro de profundo placer.
Duo volvió a aferrarse a sus hombros y Heero afianzó la fina cadera del trenzado para no perder el punto de fricción que unía sus cuerpos.
La pesada respiración de Heero empezó a aumentar la temperatura del lugar y sintió como Duo, un poco más seguro, dejó resbalar sus manos hasta alcanzar el inicio de sus glúteos. Antes de poder protestar, la boca de Heero volvió a ser atrapada por los labios y la hábil lengua de Duo. Tan cadenciosa, que no le importó dejar que sus manos pasaran la frontera de su espalda baja.
Los jadeos aumentaron y ambos tuvieron que separarse para que la mano de Heero pudiera alcanzar una mayor velocidad. La electricidad que viajó de la punta de sus pies a su entrepierna, fue fantástica; la liberación del orgasmo de ambos, insuficiente; pero el beso lento y profundo de Duo lo complació. Heero estaba satisfecho, acariciando la cadera y la espalda de Duo por debajo de la ropa mientras aún sujetaba la tersa calidez de ambos miembros relajados. Sentir las fuertes manos de Duo desordenando su de por sí alborotado cabello era magnífico. Casi no podía esperar a que lo siguiera haciendo, mientras lo volvía a escuchar gemir junto a su oído.
Duo no necesitó pedir que se encendieran las luces para notar el brillo satisfecho en los ojos de Heero. Acercó sus frentes y sonrió antes de volver a besarlo, y estuvo a punto de alzar una pierna a la cadera del autómata cuando sus muñequeras vibraron.
—Maldición —se quejó Duo al darse cuenta que tendrían que pedir otras ropas antes de tiempo si querían salir del cuarto del autómata—. Esto es inoportuno.
Heero se apartó sin ceremonia y acercó papel para que ambos empezaran a limpiar el desastre en que se habían convertido sus uniformes.
—¿Por qué tienes que complicarlo todo? Si hubiéramos hecho lo que propuse desde un inicio, ¿me estás escuchando? —le reclamó a esa insensible máquina que ya estaba juntando sus pocas pertenencias—. Desgraciado —espetó antes de salir corriendo a su cuarto para hacer lo mismo.
No tenían tiempo para desperdiciarlo peleando.
El tono grisáceo del uniforme ayudó a disimular las zonas oscurecidas y que se iban endureciendo al contacto con el aire. Por suerte, nadie estaba por los pasillos cuando llegaron ante Quatre, a la entrada principal de la base. Sus hombres sólo se limitaron a guiarlos a la zona donde habían reunido sus pertenencias confiscadas, y los insumos y equipo extras que ellos mismos habían proporcionado. Nadie les dedicó una segunda mirada cuando ambos se perdieron detrás de unos cambiadores portátiles para colocarse las ropas con las que habían llegado. Duo notó que no fue el único en envolver las zonas marcadas por el deseo recién satisfecho de ambos, y no se contuvo en recorrer de soslayo el cuerpo de Heero. Era una lástima que tuvieran prisa y una suerte que necesitara descanso, o todos notarían el poco control que tenía sobre su cuerpo en cuanto volvieran a estar a plena vista.
Cuando estuvieron listos, el encargado de la vigilancia les retiró los brazaletes y les regresó las llaves de sus vehículos. Fue el único que les dedicó una mirada divertida.
Por la expresión de Heero, Duo sabía que ni había reparado en la cara de ninguno de los hombres de Quatre, y la del encargado no fue la excepción, pero el trenzado le agradeció la discreción en su fuero interno. Ni siquiera su amigo parecía estar al tanto del breve encuentro que había tenido con el autómata. Todavía.
El rubio se limitó a verlos prepararse para ir al primer punto, aprovechando el anonimato de la noche.
—Las raciones sólo nos durarán una semana —observó Duo, en un rápido cálculo a los equipajes.
—Agradece eso a la falta de armas y municiones. Además, sólo son para emergencias. Con los pases que agregamos, estoy seguro que podrán costear los gastos hasta que hayan terminado. Entonces el código se anulará.
—Es un boleto sólo de ida —pensó Duo en voz alta.
—Así es —la blanca mano del rubio le extendió el rosario que había dejado a posta en su cubículo—. No podrás regresar por él, será mejor que te lo lleves.
Duo lo tomó, guardando todos los comentarios que tenía para él, más que nada porque estaban frente a sus hombres. Pero con ver la expresión divertida de su amigo, supo que ni siquiera necesitaba hacer uso de su habilidad para entenderlo.
—¿Algo útil de último momento que haga falta? —la voz de Heero desvío la atención del rubio, quién le sonrió demasiado amable al oportuno autómata.
—Los sensores pronostican lluvias. Ya llevan equipo para ese y otro tipo de climas. Mientras sigan las instrucciones no debe haber problemas —hasta Duo comprendió que sus últimas palabras se referían a los intercomunicadores que no estaban registrados en el inventario de salida—. Les deseo suerte —se despidió Quatre, mientras veía a los soldados montar y encender sus aeromotos.
Ninguno respondió a las últimas palabras del rubio. Heero había arrancado sin previo aviso y Duo se apresuró a darle alcance.
*.CONTINUARÁ.*
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En definitiva no soy de dejar notas... La intención era publicar una vez finalizado, pero sólo diré que fue el resultado de leer tantos y estupendos fics de Neutral HD y que, después de tanto revisar, tenía que irlo subiendo o lo iba a borrar.
Gracias por darle una oportunidad, no prometo fecha de próxima actualización.
Noticias:
Romance Sanctuary, una reinterpretación del universo Saint Seiya, va en su 5º capítulo, con sus respectivos SpinOff's. Ya puedes leer sobre Aioria, Milo, Deathmask, Aioros y Mü, aquí y con Lesath Al Niyat.
Noches de San Juan, un silice of life estudiantil de Saint Seiya, va en su 6º capítulo. Si quieres conocer como Shun se enamora de Sorrento en un universo alternativo te lo recomiendo.
Inconexos, una historia de pequeñas mini aventuras con piratas y un toque romántico, va en su 1er capítulo. Combina personajes de TLC con SS Clásico en un universo alterno.
Naruto Zetsumetsu, un final alternativo para Shippuden, va en su 8º capítulo. El NaruSasu es canon y nadie puede convencerme de lo contrario.
Milo, un relato de Milo desde que nace, va en su 3º capítulo. Sus papás son Dégel y Fem Kardia, con la curiosidad de que es puro diálogo.
Jardín d'Hiver, un mundo de fantasía entre medieval y victoriano, va en su 13º capítulo. Reúne personajes de Saint Seiya Clasico y The Lost Canvas.
También puedes disfrutar otros trabajos ya terminados en mi cuenta y en la de Lesath al Niyat. Gracias por tu atención y estero que nos leamos pronto.
Ciao-su. n.n/
