Estoy algo confundido.

Ayer, cuando terminó la última clase, traté de llamar a Izuku para despedirme de él, pero salió casi corriendo del salón. Me resigné a perderlo de vista, pero ‒aunque me tardé un poco en llegar hasta la puerta‒ enseguida lo vi caminando en la dirección contraria a la salida de la escuela. No consideré raro que se asomara en otros salones, podía estar esperando a alguien; sin embargo, lo que no tenía sentido era por qué se demoró tanto en dirigirse a dichos salones, si parecía tan determinado a darse prisa cuando terminó nuestra clase. Como si en vez de esperar a alguien, lo tuviese que alcanzar.

Decidí no complicarme más con algo que realmente no me involucraba y mejor aprovechar para hacer lo que tenía en mente desde el inicio: despedirme de él.

"¡Nos vemos, Izu...!"

No terminé de hablar porque él ni siquiera notó que lo llamaba; en cuanto dio con un salón que parecía vació, entró. No sé si fue más extraño eso o que detrás de él entrara un rubio con los puños apretados. Eso último más que nada, fue lo que me terminó de causar curiosidad y acabé acercándome a una ventana de dicho salón. Apenas me asomé para ver mejor qué pasaba, sonó un puñetazo que no supe si impactó contra la mesa o la pared. Me preguntaba si acaso habría una pelea. De ser así, no me la perdería. El rubio parecía fuerte e imponente, pero Izuku, aunque al inicio tenía una expresión de no saber qué hacer, fue cobrando una fuerza que se reflejaba en el volumen de su voz.

"¡Te dije que no lo llames así! Él tiene un nombre: su nombre es Tenko Shimura y vale tanto o más que tú."

Bueno, bueno... eso fue sorprendente. A primera vista, Izuku parecía un manojo de nervios incapaz de defenderse a sí mismo, pero ahora más bien daba la impresión de que su fuerte estaba en otro lado. No tenía idea de qué iba toda esa discusión, pero el último grito pareció realmente poderoso y, a juzgar por la falta de reacción del otro chico ‒me habría gustado ver su cara de frente para poder asegurarlo por completo‒, hiriente. Izuku era brillante.

Luego, se repitió exactamente el mismo patrón del inicio: uno de ellos salió primero, decidido a no hacer caso a nada alrededor ‒en este caso, el rubio‒, y detrás caminaba la segunda persona, que esta vez era Izuku. Ni siquiera pensé en hacer el intento de hablarle nuevamente, pues parecía haber recuperado la prisa por salir de la escuela que llevaba al comienzo, cuando acabó nuestra clase. El caso fue que ninguno sospechaba siquiera que los había oído, y lo comprobé hoy.

Al comienzo de mi segundo día en la UA, descubrí que, de nueva cuenta, compartiría clase con Izuku, así que por fin pude acercármele.

"¡Izuku! Qué sorpresa, volveremos a compartir clase"

"Me da gusto encontrarnos otra vez, Kirishima. ¿Qué asignaturas tienes hoy? Tal vez coincidamos en más módulos"

"Ah, la verdad no tengo ni idea, reviso mi horario un momento antes de cambiar de aula, pero creo que mi próxima clase es en un salón algo distanciado de éste"

"Supongo que eso tiene sentido, para qué revisarías el cronograma con tanto tiempo de antelación si podrías olvidarlo de todas formas o confundir la siguiente clase con la que te toca primero y..."

Izuku se miraba más nervioso conforme ahondaba en su discurso. Sentí un poco de lástima y le habría dado una palmada en la espalda o dicho algo alentador, pero había una mirada que provenía de detrás de él que me daba una sensación de incomodidad. Era bastante pesada. Observé el espacio al alcance de mis ojos hasta dar con un tono rojizo más oscuro que el de mis iris. Me habría logrado intimidar si no estuviese tan desconcertado por el estilo antinatural del chico: su cabello blanco le llegaba casi a los hombros y parecía descuidado a propósito. Me atrevería a decir que tenía enormes ojeras y marcas en el cuello, pero entre los largos mechones de su cabellera y la capucha oscura que las cubría parcialmente, no me era posible afirmarlo. Me pregunté quién sería.

Manteniendo el contacto visual con aquella persona durante unos segundos, no me di cuenta de si Izuku habría terminado de hablar en algún momento, pero supuse que no lo hizo, porque simplemente se disculpó por extenderse tanto cuando vimos llegar al profesor y dijo que hablaríamos después. Antes de sentarme en mi pupitre, vi a Izuku volver a su lugar; quería ubicarlo para saber si podría acercarme a despedirme sin que saliera corriendo. Entonces, noté impresionado que tomó el asiento junto al chico peculiar.

Durante los minutos de introducción a la clase, me concentré en hallar un razón por la que Izuku podría querer sentarse ahí. No tenía nada de malo, pero lucía como algo aterrador para alguien que se ponía nervioso con solo hablar de horarios escolares. Sonreí, admirando aun más a Izuku: no solo era capaz de enfrentar a alguien físicamente más fuerte que él, sino que también tenía como amigo a una persona fuera de lo común. Aunque claro, esa sospecha debería confirmarla antes, al igual que la conclusión de que no se dio cuenta de que lo vi cuando discutió ayer.

Terminó la clase y quise caminar hacia Izuku, pero recién noté que no tenía idea de qué asignatura me tocaría después y debía corroborar el salón. Como ya había guardado todo, tuve que revisar en la maleta dónde estaría la hoja con el dichoso cronograma. Luego, recordé ‒tras no hallar lo que buscaba‒ que también me lo habían enviado al celular. Revisando, di con el documento y pensé que no habría mayor problema si lo leía mientras avanzaba por el pasillo; incluso podría compararlo con el de Izuku, si lo alcanzaba para caminar junto a él.

Y luego cualquier plan que hubiese hecho, se habría ido por la borda al descubrir que el aula no se vaciaba, sino que se volvía a llenar, y que Midoriya era uno de los que permanecieron en sus lugares. Mierda. Al parecer había demorado mucho en guardar, sacar y volver a meter los útiles de mi maleta, y a esta hora ya debería estar llegando a mi siguiente clase. Suspiré y me dije que no había prisa, podría preguntarle después, si nos encontrábamos en otra clase en los siguientes módulos o durante el primer día de la próxima semana ‒porque compartimos la última hora‒.

Además, me servía de consuelo suponer que la hipótesis sobre Izuku y el chico extraño siendo amigos era más probable ahora, gracias a que, antes de pasar a un lado de Midoriya y por fin decirle que nos veríamos luego, los vi intercambiar unas palabras, imagino que a modo de despedida. Me desconcerté un instante más tarde al descubrir que aquel albino no solo dirigía sus pasos en la misma dirección que yo, sino que llegó al mismo destino: compartiríamos el segundo módulo. Decidido a no perder la oportunidad por segunda ocasión, me anticipo a lo que ocurrió hace unos minutos y me siento en el sitio a un lado de él, además, memorizo qué aula me toca después de esta clase ‒antes de que el profesor pueda profundizar en el tema del día y me lo pierda‒.

Me cuesta un poco seguirle el hilo a la sesión sin olvidar lo que me propuse hacer, pero finalmente ésta termina sin que yo haya muerto en el intento de prestar atención a todo y me apresuro a darme vuelta para hablarle al chico, en tanto él termina de guardar sus cosas. Hasta que recuerdo un pequeño detalle...

"¿Cómo es que te llamas?"

Y nada. Él no voltea, aunque estoy seguro de que me ha oído bien. Joder, debí ser más atento con las presentaciones personales de cada módulo. Vamos, Eijirō, fue hace una hora, te tienes que acordar. Mierda, con ese cabello solo se me ocurre Shirō, pero no le va nada bien a su estilo tétrico. Le vendría mejor Kuro, Akai o cualquier cosa como sus ojos… definitivamente no. ¡El rojo es el color de los héroes! Este tipo parece todo menos eso. Quizás el negro funcione.

"¡Kuro!"

Aún sin respuesta. Tal vez no es ningún color y debería resignarme… o no. Espera. El verde funciona perfecto para Izuku, ¿por qué debería rendirme? Piensa en más colores, Eijirō. Gris, carmín o café podrían quedarle, pero jamás los he oído en nombres de persona. Amarillo, azul rosa… demasiado alegres. Morado podría encajar con él, aunque es más frecuente como apellido. Murasaki, Murasaki, Mura…

" ...su nombre es Tenko Shimura y vale tanto o más que tú."

"¡Tenko Shimura!"

¡Eureka! Por fin volteó a mirarme, justo antes de ponerse de pie e irse. Aunque no parecía nada contento.

"¿Dónde oíste ese nombre?"

"¿Eh? ¿No te presentaste así con el resto de la clase?"

"No. Soy Tomura Shigaraki"

No puede ser cierto, estoy completamente seguro de lo que oí ayer. Midoriya lo llamó Tenko Shimura. Tal vez ese nombre es una especie de alias que solo usan ellos dos, si en verdad son amigos.

"¿Eres amigo de Izuku?"

"No. Soy su primo"

Eso fue algo que en serio no esperaba, es decir: él y Midoriya parecen absolutamente opuestos. Nadie podría adivinar que fueran familia o algo así.

"Dónde oíste ese nombre"

Esta vez fue más un recordatorio de su antigua exigencia, que una pregunta. Me cuestiono bastante si debería decírselo; la pelea de Izuku es asunto suyo. Un verdadero hombre no se mete en los asuntos personales de otro. Sin embargo, vi a Izuku llevarse bien con este chico, aunque fuese solo por un momento, y si "Tomura" está tan interesado, deben tener obligatoriamente una relación más íntima. Así que, si en verdad son primos, no habría problema con explicárselo directamente. Puede, incluso, que el mismo Izuku ya se lo haya contado. No es de hombres ocultar cosas a tus amigos, después de todo. Tampoco a tus parientes, si es el caso.

"Izuku lo dijo ayer en medio de una discusión"

"¿Discutió contigo?"

"No. Lo hizo con un tipo rubio... ¿puedo llamarte por tu nombre?"

Nuevamente no me responde. Esto se está volviendo incómodo y cansado, y Shigaraki no parece discordar de esa impresión. Tiene cara de querer morirse aquí mismo y una de sus manos rasca, insistente, su cuello. Definitivamente eran marcas las que ahora parecen a punto de abrirse y echarse a sangrar.

"Viejo, eso es enfermizo. Deberías..."

"¿Cómo se llamaba? El rubio"

"No tengo idea. Después de la última clase, lo vi entrar a un salón detrás de Izuku y alcancé a oír únicamente una parte de la conversación, pero no escuché ningún nombre además de Tenko Shimura y algún apodo que el rubio usó para dirigirse a Izuku. No recuerdo cuál era con exactitud."

"Deku"

"Algo así. Entonces, ¿sabes quién era ese tipo?"

"Katsuki"

"Eso no me dice mucho. Sin embargo, creo que Izuku está bien, ¡y fue grandioso! Primero pensé que… ¿Katsuki? Acabaría con él tan rápido. Daba la impresión de estar molesto por algún asunto referente a otra persona, ¡pero Midoriya defendió el honor de ella aun mejor de lo que parecía capaz de defenderse a sí mismo! Como todo un héroe. En algún punto pensé que la persona a quien tanto intentaba proteger Izuku podría ser Tenko Shimura, pero si no te identificas bajo ese nombre, ¡lamento mucho haberte confundido!"

Estaba por decirle que debo ir a mi siguiente asignatura o me retrasaré, pero Shigaraki me toma del brazo y sonríe de una forma que me da escalofríos, pese a que desde hace un tiempo dejé de vacilar.

"Tú y yo no tuvimos esta conversación, Eijirō Kirishima"

Y así, sin más, se va. ¿Qué es lo que pasa con este sujeto? Cuesta aceptar que es algo de Izuku. Suspiro, resignado. Tiene que serlo, no puedo dudar de mi percepción ahora: yo los vi tratarse. Midoriya no se dirigiría directamente a él si no se conocieran ya. ¿Por qué más le hablaría?

Decido hacer lo que Shigaraki sugirió implícitamente y no volver a tocar este asunto tan lioso, lo cual fue lo mejor que pude haber hecho, puesto que no he tenido más complicaciones en lo que va de mi tercera clase. Por suerte, la sesión llega a su fin y me dirijo a la siguiente aula, ansioso por terminar con la rutina académica.

Es así como, a medio camino de cruzar la puerta, siento un empujón en mi hombro izquierdo acompañado de "apártate de mi camino, pelos de mierda". Vaya, qué directo. Me encuentro preguntándome si debería reclamarle o dejar pasar el incidente, hasta que caigo en cuenta de quién se trata: es el chico rubio. Opto, entonces, por poner a prueba el dato cortesía de Shigaraki.

"¿Katsuki?"

El chico voltea casi que echando chispas por los ojos; juraría que, de hecho, sus manos centellean tras el espasmo que sufrió. Cielos, cuánta ira. Me recuerda un poco a Shigaraki, pero las emociones que advierto divergen de modo radical; mientras Tomura inspira una especie de temor pútrido, repelente, Katsuki emana adrenalina al rojo vivo. Me entusiasma pensar que puede ser alguien realmente apasionado.

"¡¿Cómo me llamaste, dientes de tiburón?!"

Sonrío gratamente. Por una vez en el día, intuyo que no me equivoqué.