«Los recuerdos clavados en mi corazón, son rostros que pasan y se burlan de mi, se acercan como si fueran a atraparme».


Cuando Kakashi llegó a la torre, Tsunade sintió el enojo escurrirse del cuerpo del hombre hasta convertirse en una masa tangible —y peligrosa— que arremetió contra ella incluso cuando estaban a varios pisos de distancia. Ella esperó, pacientemente, con las manos encima del escritorio cubriendo las marcas de uñas, y los ojos pegados a la manilla de la puerta hasta que está comenzó a abrirse.

Tal como lo esperaba, Kakashi entro con el porte de lobo en acecho que solía tener en sus momentos y cerró la puerta tras él con más fuerza de la que debía. Una mirada a sus guardianes, y los dos anbus se esfumaron silenciosamente de la habitación.

—¿Debo sentirme complacida con la presencia del comandante Lobo? ¿O amenazada?

Él hizo lo que pareció un parpadeo, y los puños a sus costados se relajaron forzosamente.

—No estoy en plan Lobo—recalcó con la voz apretada, tan milimétricamente medida que la mujer bien podía pensar que acababa de escupirle las palabras.

—Oh, pero deberias—le devolvió—. Siéntate.

Kakashi miró la silla vacía, luego le miró a ella de vuelta, como si no hubiese llegado a comprender por completo las palabras. Tsunade sintió que era un desperdicio tomarse el tiempo de explicarle porqué le debía lealtad absoluta incluso aún cuando estaba altamente considerado a convertirse en el nuevo Hokage.

Decía Jiraiya que las generaciones jóvenes se volvían cada vez más rebeldes, controlarlos ya no dependía de estatus y poder, era una cuestión de buena voluntad y diálogo. El problema venía a ser que Kakashi no era de aquellas jóvenes generaciones a las que se refería el sabio y su capacidad para dialogar —la de ella tambien— era una mierda sin un guión que le dijera qué decir.

—¿Es esto el inicio de un sermón? —preguntó de buena voluntad intentando volver al tono relajado que solía caracterizarlo— Porque si es así ya entendí la lección, no necesito de los regaños de la aldea.

Clavó sus uñas rojas contra la madera con demasiada fuerza para disimularlo, aún cuando trató de mantener la cara imperturbable.

—¿Sabes lo que hiciste?

—No hice nada que no ameritara hacerse, Lady Tsunade.

Tsunade inhaló, apretó los dientes con fuerza y trato de calmarse para volver a hablar, pero la cara rígida, con la mandíbula apretada y la posición de soldado en pie de Kakashi, le hacía imposible disimular la ira que bullia en ella.

Él no iba a ser el único enojado esa tarde, ella tenía más razones.

—¡Rompiste como diez acuerdos internacionales en una sola noche!—estrelló el puño contra la mesa— ¿Sabes lo que eso significa? ¡Joder, Kakashi!

—No hice nada que no ameritara hacerse, Lady Tsunade.

—-¡Cállate la boca si me vas a salir con el mismo cuento! —la rubia se levantó con tanta fuerza que su silla chillo contra la madera— Te llamo aquí porque quiero explicaciones, no quiero excusas baratas. Saliste de la aldea sin permiso, moviste a dos de mis mejores hombres de sus puestos, irrumpiste como Shinobi en una zona en conflicto armado sin autorización ¡Robaste un cadáver! ¡Maldita sea, Kakashi, merezco una explicación!

Pasaron un par de segundos sin respuesta en los que ambos se miraron fijamente. Kakashi seguía emitiendo esa aura asesina que solo podía ser percibida en el capitán Lobo, pero fuera de eso, la mandamás solo quería plantarse delante de él y tirar de sus orejas tan fuerte que recordaría los años de su juventud cuando ella le hacía lo mismo.

«—Podrias confiar en él—había dicho Jiraiya —Es tu mejor hombre, siempre tiene la razón».

Pero Kakashi no siempre tenía la razón, no cuando se trataba de situaciones que tomaba como propias. Su defecto más llamativo —y no era la tardanza— le hacía cargar con problemas que no eran suyos y hacerlos suyos. Inofensivo cuando se trataba de un par de traidores, peligroso cuando terminaba en zona de guerra por un muerto.

—Dime lo que pasó, antes de que llegue a oídos del consejo.

Otra mirada de vuelta y una única ceja gris se levantó como si valorará la calidad de información y la mujer delante de si.

—No entiendo de que está hablando, Tsunade sama.

Y ahí se iba su más segura oportunidades de cuidarlo, la terquedad de Hatake le traía recuerdos vividos de sus años de adolescencia y sobre todo, de los de Sakumo. Al él probablemente no le gustaría que se lo dijeran, pero el parecido de Kakashi con su padre iba más allá de una cara bonita.

Resignada, Tsunade pensó en las nuevas excusas que tendría que sacar para convencer al consejo de que las acciones de Kakashi eran más que inofensivas, pero antes debía explicarle a su Shinobi el por qué de las insistencias.

Entonces, cuando la Hokage empezó un nuevo monolo en las típicas conversaciones unilaterales, uno de sus escoltas se deslizó silente en la habitación. Con una rodilla en la madera y una mano en el corazón, sin importarle la presencia del peliplata, el anbu extendió el pequeño pergamino.

—Ha llegado la respuesta que me ha encargado, mi Lady— anunció.

Tsunade se percató que su propio cuerpo vaciló un instante antes de tomarlo de las manos del hombre y despedirlo. Kakashi en silencio, compartía su único ojo entre el recado y la mujer.

Era más pequeño y más simple de lo que recordaba. Un delgado pergamino atado en el cordel ceremonial de la corte del Daymio del país del Fuego.

La mujer tomó una gran bocanada de aire antes de ponerlo en el bolsillo de su haori y volver la vista al su ninja favorito.

—¿Es que puedo retirarme?

Le tomó unos segundos más preocesar sus palabras.

—No-zanjó—. Tengo una misión para ti.

—¿Puede esperar? Tengo una cita importante.

—¿Mas importante que tú aldea?

Su único ojo se desvió bruscamente hasta el bolsillo de la mujer y cuando volvió a la cara rubia estaba más enojado y decidido.

—Ni el Daimyō, ni el consejo son mi aldea.

—Pero soy tu Hokage y te estoy ordenando. ¿A qué viene tanta rebeldía? —su voz tembló un poco cuando soltó sin pensar— ¿No me debes respeto?

Porque el respeto se gana, y Tsunade Senju había hecho de todo en esta vida menos ser alguien digno del respeto de colegas. Kakashi la miró a la cara y robóticamente se sentó en el asiento, incómodo levantó una ceja esperando que la mandamás volviese a hablar.

—¿Sabes que tenemos relaciones tensas con el señor feudal?

—Siempre ha sido así.

—Pues últimamente es peor. El acuerdo de paz está empezando a pasarnos factura, un pueblo que ha sido creado para la guerra siempre encuentra inconveniente comportarse apacible con los demás.

De sus labios rojos se escapó un suspiro cansado y desvió la mirada hasta algún lugar en la habitación, uno que no fuese Kakashi: —Las agrupaciones civiles siguen haciendo de las suyas, las aldeas como Ame financian a sus mercenarios, seguimos perdiendo terreno y no podemos desintegrar los sindicatos.

—¿Y eso que tiene que ver con el señor feudal?

-Su hijo menor posee nexos con los sindicatos de las aldeas cercanas.

El ojo de Kakashi se abrió ligeramente, pero no dejo que la sorpresa se apoderará de él.

—Con los grupos que operan en tierra de nadie.

—Correcto, Hatake—otro suspiro cansado—. Ya hemos hablado esto con su padre, incluso nos permitió infiltrar una pequeña facción en su palacio para recoger la información que necesitábamos...

—¿No es mejor desligar a su hijo de una vez?

La mujer miró el techo ante la puntada dolorosa que sintió en el costado, las trabas políticas no sé solucionaban de un momento a otro. Luego de muchas conversaciones y diálogos con su alteza, llegar a un acuerdo había sido un gran problema ¿Estaría ella en potestad de explicarle eso a Kakashi?

Si quería que las cosas se dieran como las tenía planeadas tenía que hacerlo, pero su propia vergüenza le atoraba las palabras en la garganta.

—¿Quieres eliminar al hijo de un Daimyō?

—¿Es una pregunta retórica o me lo estas encargando?

Tsunade no quería nada más que encargarselo, acompañarlo, ver cómo le quitaba lentamente la vida a un ser detestable, pero eso habría traído más problemas que soluciones. Cosas de burócratas, pensó.

—Nuestros infiltrados consiguieron buena información—decidió continuar—. Cuando se le llevó a su padre, se llegó a la decisión de desligarlo de los sindicatos sin el menor daño posible a su persona.

—Aun no comprendo qué me estás pidiendo, Lady Tsunade.

Lentamente, la mujer abrió con una pequeña llave de chakra, uno de los cajones de su escritorio y saco un pequeño pergamino igual de decoroso que el que tenía en el haori. Lo puso delante de los ojos del Hatake y clavó las uñas en la madera decidida a hablar:

—Aqui está comprimida toda la información recopilada sobre sus contactos y actos delictivos. Lavado de dinero, tráfico y trata de personas, drogas, y todas las otras aberraciones que se te ocurran que produzcan dinero... El enfrentamiento en tierra de nadie nos ahorró mucho trabajo, ahora te encargo a ti terminar de eliminar todas estas facciones delictivas.

Deslizó la información por sobre la mesa y esperó un par de segundos a qué Kakashi la tomara en manos. Estaba implícito, decidió ella, que sus shinobis comunes y corrientes no terminarían involucrados en eso, pero Kakashi —como recién le había demostrado una vez mas— era un especialista en trabajar en las sombras. El copy nin probablemente podría manchar la imagen de la aldea involucrandose en varios asesinatos civiles, pero el comandante Lobo podría hacerlo y solo sería otra leyenda urbana. Ella confiaba que él pudiera entender eso, le daba toda la potestad de ejecutarlo a su modo.

—¿Y qué hay del noble? —preguntó sorpresivamente aún negandose a tocar el pergamino.

Discretamente Tsunade se llevó la mano al bolsillo.

Incapaz de verlo a la cara, respondió:-No será capaz de involucrarse en eso nuevamente, por ahora está incapacitado.

—¿No me dará la información completa, Hokage sama?

—Hay cosas que están por encima de tu rango.

Instantes luego de que Kakashi se fuese, sospechosamente más malhumorado, Tsunade se frotó la cara para intentar despabilarse un poco. Le había costado un montón mantenerse imperturbable delante de él, y otro poco más poder mantener la boca cerrada.

Ella aún podía sentir su chakra repentinamente más calmado ahora que Sakura rondaba los pasillos de la torre, y agradeció a los dioses que el hombre tuviera la mínima comprensión de permanecer calmado frente a sus alumnos. Sakura ya estaba bastante traumada como para pasar todo el día asustada por su cuenta y que Kakashi le intimidase sin querer. Ella no necesitaba un instinto asesino que la pusiera alerta, necesitaba un hombro dónde recostarse ahora que flaqueaba como nunca, y la misma Tsunade no tenía la fuerza de ser ese apoyo emocional para Sakura.

Escudándose tras la fachada del Hokage, impuso una sana distancia entre ambas, cuando en realidad sentía vergüenza de ver a su disipula en la cara. ¿Cómo le explicaba a Sakura que había sido ella quien le había salvado la vida a su verdugo? No habia traición más grande que esa.

Sacó el pergamino de la corte y se dispuso a leerlo rápidamente bien sabiendo cuál sería el contenido.

«[..] Por lo que hemos decidido trasladar al príncipe a cuidados intermedios y esperamos pronta recuperación»

En sus tantas décadas de ejercicio médico, nunca había deseado tanto que alguien muriera como ese hombre.

Aún, si recordaba vividamente el momento en que tomó esa decisión, venían a ella náuseas de cuidar su asqueroso cuerpo.

En aquel momento, sin siquiera terminar de recibir el informe de Katsuyu, Tsunade había convocado a su guardia real y fue trasladada de emergencia a las instalaciones del palacio real de verano, donde el cuerpo casi inerte del principe Yoshida, le esperaba en una cama mientras su médico de cabecera luchaba por mantenerle con vida.

Tsunade se quedó estática sin cruzar el umbral de la habitación, el rastro de sangre y vísceras extendidas en el piso le llevaban sin desviaciones hasta el lecho del hombre, mientras que todo lo demás estaba manchados con pisadas. La mujer se reusó mirarle, reposando en la cama, deseaba que terminara de desangrarse como el animal carroñero que era.

«—¡Lady Hokage!—gritó alguien—¡Gracias a los cielos ha venido a ayudar!»

Bajo sus impecables tacones tacones rojos, reposaba el rastro carmesí de lo que debieron ser las manos de Sakura arrastrándose por el suelo, huyendo por su vida, arrasando con otra vida de por medio.

¿He venido a ayudar?

Katsuyu se movía inquieta tras su oreja murmurando un par de maldiciones a nadie en específico, desesperada por lo que su otra fracción observaba dónde quiera que Shizune tuviera a Sakura bajo su cuidado.

¿He venido a ayudar?

Ella si queria ayudar, a su discípula, quería terminar de acabar con la vida del hombre, asfixiar su putrido cuerpo con las pocas vísceras que le quedaban.

«—Hokage sama—murmuró una mujer a su lado. Absorta en sus pensamientos, la mandamás apenas se detuvo a pensar en la dueña de la voz—, haga lo correcto, por favor»

¿Y qué era lo correcto? ¿Que justificaba sus acciones como correctas? Salvar a un príncipe perverso que probablemente le había quitado la vida a su discípula y conservar la paz en su territorio, debía ser lo correcto para un grupo de personas, pero ¿Quien hacía lo correcto por Sakura? ¿Por las otras víctimas de ese monstruo?

Dió un paso al frente, insegura, buscando las fuerzas por las que le habían nombrado Hokage.

«—Lady Tsunade—rezó Katsuyu en su oreja, palabras lejanas, con el dolor quebrando su voz suave. Un dolor que nunca pensó oír.

—¿Cómo está?

Su propia voz baja y carente de emociones no fue llamativo para nadie en la sala. Ahora los gritos y órdenes por la vida del principe ocupaban laente de todos, todos menos ella.

—Mal, Tsunade sama, Shizune sama no... No lo está logrando, si sale de esto, habrán mayores.

—Katsuyu, dime qué hacer...

—Sakura chan es mi prioridad, Tsunade sama, pero yo no tengo un pueblo al que proteger con mi vida»

De vuelta al presente, Tsunade se recostó en la silla, incapaz de seguir evocando cada momento de esa fatídica noche. Ella había elegido evitar una guerra entre el Daymio y sus países aliados, y había mantenido a salvo a su pueblo... Sakura en cambio, se había salvado gracias a la increíble habilidad de Shizune ¿Pero a qué costo?

«—El sacrificio de uno para salvar a muchos—habia dicho Jiraiya varias noches atrás»

Eso no le quitaba el asco que sentía hacia sí misma cada vez que se miraba más manos manchadas en la sangre del agresor, cada vez que debía supervisar su progreso en UCI, cada vez que la miraba y Sakura estaba allí como un cascarón vacío y sin vida. No todos los que entregaban su vida por la aldea estaban realmente muertos, algunos simplemente quedaban como el ejemplo de las consecuencias invisibles de su carrera. Allí también estaba Kakashi circulando, fuera del alcance de cualquier ayuda, es así como se veía una víctima. Otra víctima de la sociedad.

—Es hora de olvidar un poco— se dijo así misma y abrió la gabeta dónde guardaba a su fiel compañera.

Sake.

Justo apunto de darle el primer trago, Shizune tocó suevamente la puerta pero no entro, y Tsunade escuchó el par de voces en una conversación a la distancia.

Arrastrando ligeramente los pies y bajo su brazo apretando la botella de sake, salió de su oficina y deambuló cauta el pasillo hasta llegar al origen de las voces. Sakura y Shizune intercambiaban una conversación ligera.

—¿Qué hacía Sakura aquí? —preguntó a Shizune cuando estuvo segura que la pelirosa se había alejado.

Sakura era un ratón asustado que huia de ella con solo escuchar un rugido. Y era mejor así, verse era lastimarse mutuamente.

La aludida suspiró y colocó sus manos en la cadera.

—Aun es temprano, Tsunade sama. ¿Por qué tiene que beber aquí?

Tsunade batió la mano retandole importancia y volvió sobre sus pasos hacia la oficina.

—¡Pensé que había dicho que hoy trataría de dormir temprano!

—Y eso haré—movio la mano enfatizando la botella de licor—. Solo quería relajarme un poco, ya sabes, quiero un poco de apoyo moral hoy...

Shizune suspiró, resignada a mucha de sus peticiones, pero apunto de retirarse y dejarle encerrarse en su oficina, volvió y se acomodó en la silla y esperando que la mayor tomara asiento tras el escritorio.

—He estado leyendo los informes de la doctora Nishimiya, y hay un poco de incongruencias en cuanto a-

—No quiero lidiar con eso hoy.

—¡Tsunade sama!—infló las mejillas en su acostumbrado sermón—¡Póngase al corriente de las cosas! No puede ir por ahí haciendo como si no le importará, Sakura necesita-

—Sakura necesita ayuda, es cierto, pero no mía. ¿Que dice Nishimiya? Que necesita apoyo materno, no soy su madre, lo siento.

Miró un punto por encima de la cabeza de Shizune, dónde las luces del ventanal a su espalda se reflejaban ligeramente. Las arrugas del entrecejo de Shizune se apretaron y luego se aflojaron, dejando su expresión tan lisa y tersa como siempre había sido, la comprensión pareció atacarla con tanta fuerza que todo su cuerpo se vio flácido por un momento.

—Sakura no habla—dijo después de varios segundos en silencio. Su voz, cauta y ligera prendiendo de un hilo—. Nishimiya dice que Sakura no habla, simplemente no dice nada sobre lo que ocurrió.

—Eso no es nuevo, es lo que viene haciendo desde despertó del trauma. Es lo que suele hacer una víctima, no habla, no duerme, no toca, no come, no vive...

Tomó un largo trago de sake para abrirse la garganta cuando sintió el nudo volver a formarse.

—Pero está hablando con Kakashi —soltó atropellada.

Tsunade pasó la vista del pequeño pergamino hasta Shizune una y otra vez.

—¿Está hablando con él?

Shizune miró al piso y luego tiró levemente de su labio inferior.

—Es lo que intuyo que están haciendo. Él la está estuvo esperando fuera.

Tsunade saltó de su asiento y se inclinó contra el gran ventanal.

Con la tarde cayendo, tenía una gran vista panorámica de la cuidad, y justo bajo sus narices, Kakashi y Sakura intercambiaban palabras y miradas.

Los vió por un rato más, hasta que comenzaron a caminar lejos de su vista y se perdieron entre las calles.

—¿Desde cuándo hablan?

—No lo sé, solo acabo de notarlo, a principio me pareció extraño que se quedará rondando en los alrededores, pero luego Sakura entró su chakra se calmó y...

—Y Nishimiya dice que no habla—completó Tsunade. Los engranajes de su mente girando tan rápido que le era difícil mantener un solo pensamiento.

—Ni siquiera puede tolerar que la miren.

Tsunade volvió la vista al punto dónde ambas siluetas habían desaparecido.

—¿Cree que sea bueno dejarla sola con Kakashi? Ella está vulnerable aún, nadie sabe qué está pasando por su mente... Podrían hacerse daño.

—No veo por qué tiene que ser malo.

El siguiente trago de sake le tranquilizó un poco más, mientras una idea se encendía en su mente.


Estoy tratando de darle atención por igual a todos mis fics, pero esta semana por algún motivo, solo Titanio ha estado en mi mente, no tengo mucho que decir.

Mañana pondré una nueva actualización (que aún estoy editando), espero leer sus opiniones y que se esté entendiendo lo que realmente paso con Sakura. Aún no es tiempo para ser explícita, quiero primero pasear por los puntos de vista de todos los personajes involucrados para luego poder irme directo a explicar aquella fatídica misión. Mientras tanto iré dejando pistas para que cada quien arme si teoría de lo que pudo pasar.

¡Muchas gracias por leer!