«[...] Era el reverso de una moneda en la que Bien y Mal ocupaban la misma cara».
Luego de ver a Pakun hacer una amplia compra en la farmacia, por voluntad propia, Sakura decidió buscar a Kakashi seis días exactos desde aquella escena frente a su edificio. El hombre estaba bien acomodado en una de las fosas nasales de Minato Sama, cuando Sakura irrumpió en su espacio tímidamente como si temiese alguna represalia.
Su mirada, bien concentrada en el libro, no se desvió ni un milímetro y sacudió algo de polvo de su cabello.
Oscuro y solitario, la kunoichi se cuestionó dar un paso dentro.
—Los jóvenes de hoy en día está mejorando sus habilidades de rastreo—declaró—Me preguntó por qué no me siento orgulloso.
Kakashi la miró por encima del libro, más allá de toda obviedad y algo brillo tras su ojo. Sakura, en vez de acobardarse como solía hacer, se mantuvo en su lugar forzandose a responder como realmente le provocaba.
—Tal vez tú estés perdiendo las habilidades, Kakashi sensei.
—Bueno, no se puede ser hábil toda la vida, la batuta tiene que cambiar de mano—cerró el libro abruptamente y logró sentarse lo mejor posible en el estrecho espacio.
Agachada en la entrada, Sakura observó atentamente sus movimientos. Kakashi —como era obvio— tenía dimensiones muy altas para sentarse agusto en un lugar tan reducido, su cabello se extendia por el techo llenándose de polvo amarillo, y aún con su postura dergabada incluso al sentarse, no podía estar en toda comodidad.
—Sere honesta—murmuró muy bajito, tragando un par de pensamientos—, Pakun te delató.
—Oh.
Por un momento, lució visiblemente confundido, como un niño que ha sido atrapado con el frasco de galletas a medio comer. La comprensión golpeó a Sakura con un sabor amargo en la garganta.
—Sabia que era mala idea enviar al saco de pulgas—dijo recobrando su humor jugeton.
Sin embargo, ya era tarde para Sakura. Con una bocanada de aire, todo lo que pudiera contener en sus pulmones, empujó su pequeño cuerpo hasta la cueva sin perder de vista como el ojo de Kakashi volaba de su pequeña silueta rosa hasta la entrada una y otra vez en pánico.
—Hey, hey, Sakura, estoy bien, no tienes por qué-
—Ya entre— se defendió tratando de fingir que no estaba muerta de miedo.
Kakashi trato de hacerle el mayor espacio en el lugar sin tocarla y sin emitir queja alguna apesar de que Sakura se percató que por la posición que estaba adoptando, debía estar sufriendo un poco. Se mordió la lengua aún cuando quería pedirle que se sintiera cómodo de hacer contacto con ella, después de todo, su toque solía ser conciliador, pero encontró que por su bien personal y a punto de entrar en un trato más profesional, resultaba bastante adecuado distanciarse un par de centímetros de él.
Centró su vista en su abdomen, dónde una mano perezosa se posaba insconcientemente.
—No deberías estar aqui— le reprendió.
Kakashi decidió no mirarla, bastante conveniente en un lugar tan reducido y cuando ambos estaban visiblemente incómodos.
—Tú no deberías estar aquí, si estás herido debías ir a un hospital, no jugar al médico de campaña.
Él no hizo ruido alguno, y trató de no hacer contacto con ella. Repentinamente angustiada, Sakura empezó a concentrar chakra en las puntas de sus dedos y un resplandor verde iluminó sus caras.
—Preferiria manejar mis heridas por mi cuenta, Sakura chan.
La mano en su abdomen se movió discreta y tocó un punto específico en su cuerpo. Sakura, aún incapaz de verlo fijamente por mucho, decidió posar su mirada en su abdomen y no en el. Por encima de su chaleco abierto podía ver la camiseta más abultada señalando el lugar donde debía reposar algún aposito o vendaje.
Ella no encontró respuestas a eso.
Desvincularse de sus deberes en el hospital puede que hubiese sido una gran decisión, pero nunca planteó encontrarse que tal vez —ninjas como Kakashi— podrían extrañar la atención que ella pudo ofrecer. En sus tiempos dorados, el equipo siete siempre tuvo la dicha de no pisar un hospital más que para un chequeo rutinario y sin embargo, ella seguía siendo quien estaba al mando de dicha formalidad. La realidad es que Naruto era demasiado inquieto para permanecer en una sala de espera, Sasuke muy malhumorado para dar un buen trato al personal y Kakashi muy renuente para asistir por su cuenta.
Ellos —y tal vez muchos otros— le necesitaban aún.
—Puedo curarte—decidió responder—. Quiero decir, no tienes que ir al hospital, yo puedo hacerlo.
Vagamente se cuestionó si realmente podía. Contacto humano, espacios cerrados y oscuros, su chakra invadiendo en un cuerpo extraño... Pudo ser parte del trabajo anteriormente, ahora en cambio, se sentía como una terrible intromisión a su espacio personal. Aún así, la profesional encerrada en algún lugar de su mente sabía que podía.
—Lo sé, sé que puedes.
—Pero no quieres.
—Lo que yo quiera no es importante.
—¿Lo que yo quiera si lo es? —cuestionó y ante la falta de respuesta decidió continuar diciendo:— Yo quiero hacerlo.
Sin esperar respuesta, Sakura cernió sus manos encima de él, sin levantar su camiseta y a unos centímetros de tocar la tela, envío chakra de sondeo a cada cuadrante de su abdomen. Su sensei trató de recostarse lo mejor posible contra la pared rocosa para facilitarle el trabajo, pero no pudo evitar el ligero toque de la tela de su pantalón contra la rodilla de la pelirosa, un estremecimiento recorrió su espalda.
Contacto.
—Esta bastante limpia tu herida—rompió el silencio luego de unos segundos mas— Puedo cerrarla justo ahora, si quieres.
—Te lo agradecería mucho.
La chica tomó una gran bocanada de aire preparándose para tocar su piel.
—Pero es mejor dejarla así.
—Seguiras sufriendo por un par de semanas más.
—Puedo lidiar con eso.
Las manos de Sakura regresaron a aparetujarse en su regazo, y luego de no verlo durante tres días se sintió nuevamente perdida ante la cara que debía mostrarle.
Ella había estado un poco aquí y un poco allá, fué a su cita con Nishimiya san, y se sentó en el mismo lugar de su cama a mirar el mismo lugar de la pared, pero luego de un rato había estado preguntándose por él.
Era inaudito cuestionarse su falta cuando Kakashi apenas había estado un par de veces con ella, y aún más cuando Naruto estaba en el piso de arriba e Ino tocaba su puerta todos los días rogando un poco de su atención. La ausencia de Kakashi durante seis días, ciento cuarenta y cuatro horas completas, empezaba a sentirse incómodo.
«—Tal vez le extrañas— cuestionó Nishimiya san el día anterior cuando Sakura menciono su ausencia.
—No hablamos mucho, solo un par de palabras.
—Tal vez extrañas un par de palabras.
—Solo han sido un par de ocasiones.»
Y la mujer había insistido en que extrañaba el par de ocasiones. Sakura volvió a casa poco mas confundida que cómo salió y a la mañana siguiente se encontró recorriendo el barrio de Kakashi con los nervios a flor de piel como si esperará emcontraselo en el puesto de tempura o leyendo en alguna banca. Varios días después, cuando vio a Pakun salir de la farmacia, no dudó en correr tras el perro en haras de llegar al copy nin.
Una gran falta de su parte, se reprendió, y luego el nikken empezó a soltar —y sin interrogarlo— lo terco que era Kakashi bien pudiendo buscar ayuda en ella sin costo alguno. Le dió una hora y un lugar exacto y un rato después, efectivamente, Sakura dió con la ubicación del escondite secreto preferido de su maestro.
—Debiste buscarme, Kakashi sensei. A mí me hubiese gustado que me buscaras.
Ella sintió su único ojo volver a mirarla y forzandose a confrontarlo, pudo ver su ojo arrugarse en la sonrisa confortable que era tan característica de su sensei.
—Gracias, Sakura chan, te aseguro que para la próxima vez iré a ti.
Salir fue un poco más complicado que entrar y luego de que por fin pudo estirar su cuerpo, tuvo que esperar un par de minutos más a qué Kakashi sacará su enorme figura del espacio.
Instantaneamente hizo una nota mental: No volvería a meterse en la nariz de nadie.
Bajaron de vuelta al pueblo en un cálido silencio intercambiando una imperceptible sonrisa cómplice. Sakura se percató entonces, de lo cómoda que podía ser la presencia de Kakashi cuando ella no subía sus barreras.
Él destilaba calidez, siempre lo había hecho, le hacía preguntarse a si misma por qué antes no lo buscó a él.
En cierto punto, podía entender su actuar. Ella no buscó de él cuando empezó esta nueva etapa de su vida así que Kakashi no se sentía en derecho a buscar ayuda en ella. Conocedor parcial de sus problemas, el peliplata no le obligaría a hacerle un hueco a los de él.
Así que verlo desde una posición crítica era desalentador, Sakura realmente no quería establecer lazos con nadie pero eso no significaba que no valoró los que ya tenía. El asco que sentía hacia si misma le obligó a distanciarse de todos, pero tampoco quería cortar las relaciones por completo, eran ecos de realidad para ella, cuerdas que la marcaban la fina linea entre la vida y el oscuro abismo que representaba la muerte.
—Kakashi sensei—tiró de su manga—. No quiero que te vayas.
Tras él, podía ver a las demás personas hacer su vida en las calles del pueblo, y casi se acorbardo por lo inconveniente de sus palabras en el lugar más público de la aldea.
—Nunca abandono a mis camaradas.
—¿Vendrás a mi cuando lo necesites?
—¿Vendrás tú a mi aún cuando no me necesites?
Sintió sus mejillas calentarse y no por el sol de medio día.
—Cla-Claro— tartamudeó— Yo... Debería irme ahora, tengo...
—¿Quieres entrenar conmigo está tarde?
Hatake estaba herido y para la tarde su herida seguiría igual de abierta que a media mañana, si ella decía que no, él saldría con un nuevo plan que estaba segura iría ajustando tras cada excusa que ella pusiese.
Ya estoy rompiendo la rutina.
—Claro que si, nos vemos donde siempre.
Siempre era un concepto lejano para un lugar que tenía años que no pisaba. De pie, la chica lo vio perderse entre la multitud hasta desaparecer por completo, sin pasar por alto la sensación de haberse quedado con ganas de decir algo más.
Se llevó la mano al pecho intentando calmar su corazón y emprendió camino al distrito civil sin saber exactamente por qué quería decir algo más y por qué eso le hacía sentir poco más emocionada.
-o-
—Supongo que es todo— Tenzou le tendió un impoluto pergamino sellado con la etiqueta roja que lo identificaba como confidencial.
Con la mente fuera de juego, Kakashi lo desató, garabateó su firma al final y se lo extendió de vuelta sin volverlo a enrollar.
—¡Ni siquiera lo leíste, sempai!—protestó el castaño.
—No necesito leerlo, se que eres bueno en lo que haces, Tenzou. Volvamos a las cosas importantes.
El apartamento de Gai —que siempre había funcionado como guarida— estaba abarrotado por la intromisión de los cuatro anbus y un montón de pergaminos y mapas de por medio. Las mesas ocupadas con café a medio beber, los sillones con las pesadas armaduras, Tenzou medio acomodado en una silla, Gai en un taburete, Kakashi en la encimera y Genma posiblemente asfixiado bajo tanta papelería en el piso.
—Bueno, es un plan execelente, debo recalcar—precisó Gai—. Yo digo que podría entregarse hoy mismo.
—Si, si, lo que ustedes digan— apoyó el del piso.
Kakashi se frotó ligeramente la barba que ya empezaba a salir por la máscara y se percató de que todos esperaban su palabra como la definitiva.
¿Que podría decir?
Inventar un informe para los récords oficiales nunca iba a ser su fuerte, principalmente porque era muy vago como para fijarse en que cada detalle encajara con la historia oficial, pero luego redactar el informe verdadero para los ojos de Tsunade y el Consejo sería igual de tedioso que hacer el falso para los archivos públicos.
—Solo quiero terminar con esto.
—Seria más rápido si nos ayudarás a tratar de inventar una muerte coherente para este terrateniente— le reprendió Tenzou.
Genma procedió en su defensa:
—Bah, Tenzou, en principio no deberías estar ideando excusas para el favor que le hacemos a la humanidad. ¿Quien quiere saber por qué el mayor traficante de drogas en el norte falleció a manos de una amante?
—Envenenado por su amante— corrigió Gai.
—Como sea, estamos siendo héroes, ¡Por amor a Dios!
Kakashi comprendía muy bien lo que quería decir su subordinado. Una vida tan despreciable no podía ser echada de menos por nadie, pero lo que Shiranui nunca llegaría a comprender es que así funcionaban las cosas en este mundo, los traficantes eran traficantes mientras estuvieran vivos, al morir eran solo civiles manipulados por algo más allá que ellos. ¿Tenía sentido eso? Para una parte de la población si. Una parte que había sido enormemente beneficiada por el trabajo que el hombre ofrecía en sus terrenos, por las grandes donaciones que hacía en escuelas y hospitales para intentar lavar el dinero sucio que ganaba con los narcóticos, pero de nuevo, así era como funcionaban las cosas en ese mundo.
—Si la gente supiera de qué van las misiones secretas, dejarían de ser secretas.
—¡Maldita sea, Kakashi, no necesitamos lógica aquí!— gritó lanzando varios senbons al ventilador de techo.
Afortunadamente Gai había insonorizado la habitación.
—El público no necesita ser consciente de todos los asesinatos de Konoha en nombre de la paz— interrumpió Tenzou—. Si todos nosotros supiéramos todo lo que hemos hecho, creo que muchos ni siquiera seríamos amigos ¿O si?
Kakashi se vio repentinamente avasallado por la sensación fantasma del chidori chisporrotenado en sus dedos.
—Hay un protocolo que seguir, Genma—dijo Gai—. Estamos en tiempos de paz, hay cosas que simplemente no pueden decirse.
El recuerdo de Akane —entre llantos su anciana madre repitió una y otra vez ese nombre— volvió a él fresco como estaba. Su cuerpo ultrajado y despojado de cualquier dignidad, que él y sus hombres habían guardado obediente en una bolsa de cadáveres.
Los muertos seguian siendo muertos aún en tiempos de paz, aún si nadie sabía que estaban muertos.
Tenzou continuó:
—La gente piensa que este hombre era un buen tipo, algo bueno debió hacer. Konoha no puede atribuirse los muertes de "gente buena" y estás muy claro de eso, Genma.
Genma se levantó pesadamente dejando su silueta marcada en los archivos del piso, sin dirigirle la mirada a nadie en especial. El peliplata lo conocía lo suficiente como para saber exactamente qué pasaba por su cabeza en los tres o cuatro segundos que sus ojos hicieron contactos con los suyos y como estaba solo a instantes de explotar.
De los tres —y todos habían sufrido— el de los senbons era a quien más le había pegado los estragos de las acciones de la aldea. Mientras que para Gai y para Yamato había zonas grises dónde se hizo lo que se pudo y todo tuvo una explicación o resolución decente, para Genma todo había sido negro. Su brusca transición desde un astuto asesino anbu hasta un noble tokobetsu en servicio de la Hokage, tenía escrito secreto de estado, asesinatos incubiertos y misiones fallidas, por todos lados.
—Si asesinas a una persona te conviertes en un enemigo, pero si matas a un enemigo te conviertes en un héroe.
—¡Oh, jodete Kakashi! —gritó sin miramientos y se dirigió a zancadas hasta la puerta— ¡Jodanse los tres!
—Genma vuelve aquí, tenemos que hacer el informe de Tsunade.
—Ya déjalo que se vaya, Gai— Tenzou le hizo una seña para detenerlo—. Necesita tranquilizar un poco su mente.
—Si, dejen que me vaya por fin, ¡Tengo una semana sin pisar mi casa! ¡Y ojalá sigas arrastrandonos a asesinatos dirigidos Kakashi, cada vez estoy más tranquilo!
Cerró con un portazo que estremeció el reloj de pared y los tres se miraron entre ellos hasta que Tenzou rompió el silencio extendiendo el nuevo pergamino sobre la mesa.
—Él tiene razón—dijo antes de empezar a escribir.
—Él siempre tiene razon— completó Gai.
Evitando pensar en las palabras de su amigo, Kakashi recordó que no había fijado una hora exacta para encontrarse con Sakura, la tarde bien podría ser ahora o en un par de horas más, y aún faltaba entregar el informe en la torre. De repente se percató que no debía llegar tarde, no sabía cuándo Sakura volvería a aceptar un entrenamiento y con lo poco que había visto los días anteriores, estaba consciente de que se le estaba otorgando un gran privilegio.
Estar con una fracción de lo que fue el equipo Kakashi, siempre sería un privilegio.
—Y esto es solo la punta de Iceberg— dijo Gai—. No estoy complacido de volver a esto, pero si es un deber por mi aldea, haré lo que tenga que hacer para continuar la voluntad de fuego.
—No lo veas desde tu orgullo de "Konoha", lo que hacemos realmente son asesinatos. La voluntad de fuego no tiene nada que ver.
—¡Claro que tiene que ver, Tenzou! Mi voluntad de fuego no me permitiría dejar vivir el mal en este mundo.
—Hay mucha más burocracia de la que piensas tras ese mal.
El peliplata —aun sin interrumpir la conversacion— se acercó y arrebató el pergamino de las manos de Tenzou, estampando su firma descuidada en lo alto del papel, como si empezará a redactar el informe.
—Tienes razón, los verdaderos malos están entre nosotros. ¿Iremos a ver a Genma por la noche?
—Tenemos que terminar esto, luego iremos a buscarlo.
Durante la siguiente hora, el copy nin se la paso en la pequeña cocina, jugando con los recipientes que tenía a la mano y asintiendo vagamente a lo que decían sus compañeros. Muchos dirían que probablemente esa era la parte más fácil —o aburrida— de la misión, se sentarían como grupo durante horas a establecer una línea temporal de cada una de las acciones de cada integrante, Kakashi en cambio lo consideraría la más complicada. Por más enfocados que estuviesen siempre faltarían uno o dos detalles que a un buen lector podrían ser incongruentes con lo que había pasado. Era relativamente más importante en las misiones de asesinatos dirigidos, dónde la víctima que era un objetivo grande, ya tenía varios burócratas ansiosos por leer como había terminado su vida. El equipo Lobo sencillamente podría meterse en grandes problemas si no contaban bien como sucedió cada cosa, y eso para la desgracia de los cuatro, requería que revivieran una y otra vez el asesinato.
Patético.
Tsunade lo había encargado desmantelar toda una fracción delictiva sin dejar el mínimo rastro que llevará represalias a ellos. Eso significaba muchos asesinatos planificados, varios secuestros, un par de torturas... ¿Por qué los tiempos de paz siempre eran los más violentos? Los burócratas podían tener la culpa, pero los soldados como ellos eran quienes ejecutaban las órdenes, el caos pasaba de mano en mano, antes y después de una guerra.
Que irónico que algo así hubiera terminado en las manos de un shinobi traumado con las fuerzas especiales, el experimento de un cientifico loco, un simple sensei fracasado en spandex verde, y el hijo de una deshonra.
Le daba risa.
—Kakashi— le llamó Gai— ¿Este no es último verdad?
Kakashi dejo el salero en su lugar destinado.
—Siempre puedes negarte, ya sabes, nadie está obligado.
Una mera cortesía, si el equipo Lobo se negase, el consejo —y quería pensar que Tsunade no lo haria— buscaría la manera de obligarlo. Y esa no sería la primera vez que lo hicieran.
—¡Nunca te dejaría solo en nada, mi estimado rival!
—Entonces no, no será el último. Queda mucho por hacer aún.
De un salto le arrebató el pergamino al castaño, atandolo rusticamente con la cinta y guardandolo sin delicadeza en el bolsillo dónde guardaba las armas. No se despidió de nadie y salió lo mas rápido posible rumbo a la torre Hokage, entregaría el pendiente y correría rápido al encuentro de Sakura.
Tomó un par de atajos entre calles para evitar la gente y concentrase en su diligencia, aprovecharía la caminata para pensar en Sakura, para planear que haría a su encuentro.
El peliplata no tenía un plan de entrenamiento, ni siquiera recordaba la última vez que había pasado por un campo de esos por voluntad propia, pero el andar poco gracil de Sakura, su dificultad para meterse en un espacio reducido y la rigidez de sus brazos al moverse le decían lo mucho que ella lo necesitaba. Él ni siquiera tenía ganas de romperse los puntos del abdomen por lanzar un par de patadas, pero de nuevo, Sakura había aceptado, y eso lo hacía extrañamente feliz.
Concentrase en Sakura era suficiente para distanciarlo de lo que debía hacer, sus grandes orbes verdes pidiendo sutil atención, como como a veces fingía sonreír como si la felicidad fuese a volverse real de un momento a otro.
Se detuvó frente a la torre buscando fuerzas para volver a su actitud pasiva cuando sabía que su cuerpo emanaba el aura sombría que traía encima desde la misión de Lobo días atrás.
Subió las escaleras de tres en tres e irrumpió sin aviso en la oficina de Tsunade. Le extrañó ver qué no solo los acostumbrados consejeros estaban a los flancos de la rubia, sino que aparentemente habían decidido reunirse con todos los consejeros útiles que aún poseía la aldea, incluso aquellos que debían estar cumpliendo puestos diplomáticos fuera del territorio.
—¿Es esto algún club de ancianos? ¿Jugaremos Mahjong?
—Sientese, comandante Lobo, esperábamos por usted— le dijo Isoroku Yamamoto, un hombre de mediana edad que hacía menos de un año que fué designado como parte del consejo oficial del Daimyō.
Kakashi apretó los labios y se sentó resistiendo el impulso de sacudirse el título de ANBU mientras estuviera investido en su típico uniforme Jounin. De los presentes, solo Tsunade sabía de la fractura que existia entre Kakashi Hatake y su alter ego, el venerado comandante Lobo. A los demás no tenía caso explicárselos.
—Anbu Lobo, Hatake Kakashi, se te ha asignado una mision— empezó Tsunade siguiendo el juego— y ya ponemos ver los resultados.
Homura Mitokado acercó a él una hoja de alguna crónica dónde se leía bien detallado el reportaje sobre el fallecimiento de quién fuese la víctima.
—¿Alguien más considera una falta de respeto que este hombre haya venido sin los honores que hace su nombre?
Kakashi quitó la vista del periódico y la posó en la anciana a su derecha, pequeña y arrugada como una pasa, su cabello azul brillante llamaba bastante la atención y él inmediatamente pudo ponerle nombre: Sadashi Miura, la mismísima canciller del país del fuego.
¿Honores que hace mi nombre? Kakashi Hatake era su nombre, y ese nombre podía llevar de todo menos honor.
—No sabía que debía venir elegante— respondió con la voz a punto de rayar en la arrogancia.
—¿Elegante? Acabas de matar al mayor traficante de toda la región norte, mínimo pudiste venir acompañado.
—Miura sama, ¿Quería usted que viniera con un escuadrón de asesinos de élite? ¿Puede usted, la única civil de todos aquí presentes tolerar mi aura asesina?
—¡Kakashi!— le reprendió Tsunade antes que la mujer pudiera contestarle.
—Bueno, el hombre tiene razón, Miura san, dejemos la formalidad de paso.
Frente a él, Tsunade de frotó las sienes: —Solo quiero saber si todo salió bien.
—Debiste reportate aquí desde ayer por la noche, muchacho— regañó Koharu.
El peliplata hizo contacto visual solo con Tsunade y se propuso evitar las críticas de los presentes. Si hubiera sabido que le esperaban tan ansiosamente, se hubiera retrasado un par de días más.
—Todo salió bien, el objetivo fue eliminado sin bajas civiles, solo su guardia personal. Los empleados de su residencia fueron noqueados con antelación y las pruebas se plantaron fácilmente para dirigir la atención hacia alguna amante inexistente. La aldea está limpia.
—¿Encontraste algo de valor?
—Prendas, algunas joyas de dudosa procedencia, varios kilos de narcóticos en un almacén personal. Todo transportado en pergaminos sellados y espera por su auditoría, Tsunade sama.
—¿Inteligencia?
—Empacamos toda su papelería y ahora están bajo la custodia de Shikaku Nara, Ibiki Morino e Inochi Yamanaka.
Tsunade asintió pensativa y entre los presentes se hizo un silencio roto por un par de murmullos a su espalda.
—Shikaku recibirá por la mañana el informe que iría a los archivos secretos oficiales.
—Perfecto, mañana mismo se iniciará la investigación sobre su muerte.
Como parte de la charada oficial, el país del fuego estaba en la obligación de investigar la muerte de uno de sus civiles más importantes. Una investigacion de papel, cuyas pruebas ya habían sido sembradas por sus mismos asesinos y cualquier detalle que se pasará por alto, inteligencia lo cubriría cómo hacian siempre.
—Aqui está el informe extra oficial para usted, Hokage sama— recalcó que específicamente había sido hecho para ella como en una especie de punta afilada para el resto de los vejestorios presentes.
Si bien Kakashi tenía la fama de fiel y leal perro en nombre de la aldea, no estaba demás dejar sutilmente claro que tenía preferencias hechas sobre quién poseía el control sobre su persona y su alter ego.
—Es mucho trabajo para una sola persona—opinó Sadashi—¿Donde están los informes de tu escuadrón?
Todos los ojos presentes se posaron en él, y el peliplata pudo ver el sudor de Tsunade aparecer discretamente.
Ante la mirada de los vejestorios, se levantó tranquilamente y miró a la Hokage con el temple que siempre le caracterizaba. Él había intentado no actuar arrogante, pero era hora de ser arrogante y dejar en claro con quiénes estaban tratando.
—Lady Tsunade, me diste carta blanca cuando me asignaste este grupo de misiones. Yo he elegido a mi personal, hemos ejecutado el trabajo más limpio que hará alguien alguna vez en esta aldea, pero no los expondré a cualquier escrutinio al que quieran someterlos. Su misión se tratara directamente conmigo y seré yo quien dé la cara por ellos.
—¡¿Estás desafiando a tu Hokage, muchacho?!
La voz de Koharu se alzó por toda la habitación, pero Kakashi no quitó sus ojos de la rubia ni por un momento. Ella se estiró un poco en la silla y una sonrisa de satisfacción cruzó por sus labios, complacida por su decisión.
—Calma, Koharu. Kakashi sabe lo que hace. Puedes retirarte, Hatake, yo afinare los detalles faltantes con el consejo.
Llegó con dos zancadas hasta la puerta, pero antes de salir, la voz de Tsunade lo detuvo de nuevo.
—Hiciste bien, Kakashi— murmuró ahora con más familiaridad a pesar de que estaba a punto de ser atacada por el club de la tercera edad.
Kakashi estuvo a punto de ignorar lo que tenían que decir los presentes, abrió la puerta, cruzó el umbral y entonces escuchó:—Ahora hablemos de tu aprendiz, Tsunade hime.
Pero entonces, la puerta ya se había cerrado.
Dentro de aproximadamente dos días tendré la continuación de este capítulo :)
Por otro lado, no sé si ya están viendo el rumbo del fic... No voy a hondar mucho en el conflicto político, me gusta más enfocarme en las perspectivas de los personajes principales, pero esto es primordial porque de algún sitio deben partir todos los traumas de nuestros protagonistas ¿no?
En el siguiente capítulo veremos un poco de lo que será la dinámica de la pareja de ahora en adelante.
Muchas gracias a todos los que comentan y me ponen en favoritos y alertas. Me complace mucho que les guste.
¿Merezco un comentario?
