«Mi peor enemigo soy yo. Nunca tuve mayor ni más cruel rival»
Poco pasadas las cuatro de la tarde, Kakashi apareció en el campo de entrenamiento que usaban cuando eran niños, y lucia mucho más cansado de lo que Sakura notó por la mañana.
Lo que sea que había pasado en su día, le había escrito en un gran letrero neon sobre su cabeza: Andese con cuidado.
Sakura tomó una gran bocanada de aire preparada para hablar, pero mientras él se acercaba dijo: —Pensé que no vendrías.
La dulzura en su voz no contrastaba con el aura que arrastraba.
—Dije que lo haría—se defendió—. Hace tiempo que no entreno.
Lo que quiso decir, dejándolo implícito en su línea, era que hace tiempo que no sentía ganas de hacerlo. El entrenamiento se volvía un acto inútil mientras Sakura intentaba salir discretamente de ese mundo, incluso cuando se encontró bastante activa en él, no termino por servir de mucho.
—Puedo verlo, estás fuera de forma.
La mujer apretó los labios ligeramente, avergonzada de su situación.
—No es como que sirva de much—-respondió con la voz poco más alta de lo que pretendía.
Kakashi levantó una ceja interrogante, alguna pregunta surgió tras su ojo pero fue rápidamente solucionada por él mismo cuando soltó un suspiro y sonrió.
—Supongo que no. La vida real es muy diferente a la práctica, las cosas casi nunca salen de acuerdo al manual.
—Estoy bastante segura de eso.
Él tocó ligeramente uno de los árboles a su lado y luego miro al cielo sopesando alguna idea. Sin previo aviso se lanzó al pasto.
—¿Que entrenaremos?— se atrevió a preguntar cuando él se acomodaba bajo la sombra del árbol.
Era un escena sumamente familiar, como resultaron ser muchos de los días de su infancia.
El fantasma de su yo de doce años haciendo la misma interrogante, en ese entonces, Kakashi sacaría su libro del bolsillo, lanzaría un par de kunais a los chicos y los dejaría correr como animales salvajes. A ella la miraría, sonreiria inocente y palparia un lugar a su lado antes de decir-
—Entrenaremos la mente.
Sakura parpadeó un par de veces, sacada súbitamente de sus recuerdos, Kakashi la miraba extrañado.
—¿Qué... Qué dijo?
—Dije que entrenaremos la mente.
Se mordió el labio inferior conteniendo una risa.
—¿Qué es tan gracioso?
Ella valoró el espacio a su lado, unos perfectos cincuenta centímetros de distancia entre ambos que podían ser muy convenientes.
Se sentó, con las piernas cruzadas como antaño mientras la risa se iba de su rostro.
—¿Algunas cosas nunca cambian, no?
Él aún no había empezado a leer. Se llevó la mano a la barbilla fingiendo pensar y luego volvió su rostro hacia la chica sonriendo.
—Es una escena familiar, si.
—Naruto y Sasuke pelearian entre ellos, hasta que alguno terminara rompiendo algo en el otro.
—Entonces yo los llevaría a Urgencias y el entrenamiento estaría arruinado.
Sakura arrancó pasto y el viento se lo arrebató de las manos.
—Ahora entiendes porqué siempre has sido mi favorita.
—¿Por qué no tenías que llevarme al hospital?
Kakashi soltó una risita por lo bajo, algo muy extraño en él.
—Lo decía porque tú aceptabas entrenar conmigo, pero esa también es buena razón Sakura-chan. Siempre has sido más tranquila.
—¿Entrenar? Nunca entrenamos, yo solo me sentaba aquí a "meditar". Y usted leía sus libros cochinos.
El sensei cambio de página y Sakura lo vio unos segundos antes que el respondiera: —Entrenar la mente también es bueno, yo diría que es incluso más importante que cualquier otro entrenamiento.
—Ningun entrenamiento es útil. Solo nos mantienen en forma, las situaciones no son algo que soluciones con práctica.
Kakashi la miró de reojo y cerró de súbito el libro, para Sakura no paso desapercibido como su postura recostada en el árbol cambiaba ligeramente a una que debió ser más cómoda para la herida de su abdomen. Hasta ese momento, no pensó que tal vez esa no sería la única herida que guardaba el ninja que copia en su cuerpo, tras capas de ropa bien podría tener un par de huesos rotos o una que otra magulladura. Ella debió enviar un chakra de sondeo a todo su cuerpo en la mañana cuando tuvo oportunidad.
—En una situación dónde las únicas opciones son matar o morir, ciertamente no necesitas de una preparación—coincidió con ella—, los conocimientos son empíricos, es tu vida o nada, pero debes estar muy consciente de eso.
Sakura miró algún punto indefinido en el verde del campo solo para evitar tener que cruzar miradas con él, aunque lo vió como una necesidad. Kakashi siempre tenía esa peculiaridad en las personas, como si siempre supiera de lo que hablaba, daba en el clavo sutilmente, nunca decía lo que realmente quería decir pero dejaba la semilla ahí en algún lugar entre los pensamientos, nadando hasta alcanzar un punto peligrosamente reflexivo.
—¿La meditación puede hacer la diferencia?— preguntó.
Por el rabillo del ojo, notó como volvió a su lectura.
—La meditación siempre hace la diferencia. Lo creas o no, hay un pequeño infinito en el instante dónde tomas la decisión de matar o morir.
—¿Y cuál es la diferencia?
—Una mente bien entrenada siempre mata, nunca muere.
La palabra muerte, como muchas veces la habían tocado entre ellos, nunca llegó a tener tanto sentido para la chica como lo tenía en ese instante. Tal como su sensei decía, la tuvo de frente y tomó —aparentemente— la decisión correcta, sin embargo, sentía la boca amarga de solo pensar en ello. Recuerdos que no quería evocar, mucha sangre que no podía decir si era la suya, todo venía con tanta fuerza que retorcía sus entrañas al punto de querer expulsarlas por la boca.
¿Sabría Kakashi que aquella decisión venía teñida de culpa y soledad? Probablemente no, él siempre decidía bien. Kakashi no necesitaba el pequeño infinito, su mente estaba bien preparada para lo que viniera, a diferencia de su mente débil de papel, Kakashi estaba blindado.
Él nunca necesitaría un psicólogo que le dijera que estaba bien, él no necesitaría a Sakura invitandolo a entrenar solo para estar segura de que no se cortaría las venas.
Kakashi Hatake no necesitaba entrenar su mente, él era un ser completamente capaz de mantenerse de pie por si mismo, podría romperse y armarse por si sólo.
Mierda. ¿Qué hago aquí?
—Yo...Debo hacer algo y no puedo retrasarlo.
Se levantó súbitamente resistiendo el mareo que le provocó, pero la mirada de Kakashi desde su lugar en el árbol le detuvo de dar un paso más fuera.
—¿Puedo ayudarte?
—¡No! Algo... Algo pasó, yo no creo—el aire escapó de sus pulmones a tal velocidad qie explicar se convirtió trabajo y de la nada, estaba forzando palabras a salir—. No creo que debería estar aquí contigo, Kakashi sensei. Esto es mucho para mí, yo no creo-
—¿Por qué no crees que puedo ayudarte?
Sus palabras la sacaron un poco de la órbita en la que giraban sus pensamientos.
Kakashi se levantó, de nuevo pesadamente y de pie frente a ella, sus manos se abstuvieron de tocarla. Sakura no comprendia como alguien podía verse tan mayor en solo un par de segundos. La expresión cansada que se traia del día fué reemplazada una cara amarga, dolida de quién ha visto mucho.
¿Cómo puedo notarlo? ¿Cómo lo sé sí no estoy mirando su cara?
—Sientate, Sakura—le dijo.
Llevada de nuevo a su lugar como niña pequeña y ahora con el hombre peligrosamente cerca de ella, la kunoichi volvió a mirar el punto sin definir en el pasto.
—¿Es tu única herida?
Kakashi pareció pensarlo.
—Depende para que preguntes.
—Para sanarlas.
—¿Otra vez? Están bien como están.
—¿Por qué no me dejas ayudarte?
Cuando volteó, Kakashi no estaba mirando, tenía el único ojo cerrado y ella sabía que él había vuelto a la expresión tranquila que lo caracterizaba.
—Porque las necesito, me recuerdan lo que hago.
Ella no entendió, pero entre dejarlo pasar u obtener un par de respuestas, prefirió abrir la boca a voluntad e interrogar aún sin saber por qué sentía la necesidad de hacerlo, todo en Kakashi siempre le llevaba a no dejar morir las conversaciones. Hábitos que conservaba desde niña y que nunca les tomo importancia.
—¿No es mejor cerrar las heridas? Quiero decir—se mordió el labio—es mejor sanar y cerrar el capítulo.
Asintió a alguna cavilación mental y luego se volvió hacía ella:
—Lo es, pero a veces, es mejor mantenerlas abiertas. Nos recuerdan lo que hacemos, que somos humanos y nuestros actos no siempre están bien.
—¿Cómo un autocastigo?
Rió suevemente.
—No lo estás entendiendo, no es un castigo, no puedes ir por la vida sufriendo por gusto. Es parte del proceso de sanación, déjalas que sigan su curso.
—Pero te quedarán cicatrices.
—Esa es la idea. No todas las heridas duelen, no todas las cicatrices son malas.
Luego de un rato, perdió la noción del tiempo y para cuando levantó la mirada el sol ya desaparecía por un lado. Kakashi sensei siguió a su lado, con los ojos cerrados, tan tranquilo que podría estar realmente dormido. Sakura se permitió unos momentos para admirarlo sin sentirse cohibida.
De niña, no habria perdido la oportunidad de intentar ver su rostro, ahora siendo algo parecido a una adulta, respetaba el misterio que creaba la máscara. Los pocos rayos de sol proyectaban una sombra etérea en todo su perfil, su nariz afilada y pestañas delicadas, la tela aferrándose a sus rasgos, marcando sus contornos.
Fue estúpida al pensar que Kakashi tendría dientes de conejo o labios muy grandes.
Pero fuera de eso, lo que más llamaba su atención era la capacidad que tenía para expresar amargura o paz por sobre esas capaz de tela. Ella lo sabía, Kakashi era como ella. Nunca lo había notado hasta ahora, el sufrimiento siempre se ocultaba tras una máscara y él lo había llevado al plano físico.
¿Sería él un reflejo de lo que ella podría llegar a convertirse?
No, Kakashi era un ser más complejo que ella. Él podía caminar bajo las luz sin romperse, podría funcionar como una máquina bien aceitada.
Sakura en cambio, amenazaba con romperse bajo el primer toque, ella no podía continuar con grietas.
—¿Quieres ver qué hay debajo de mi máscara?
No quiero, se dijo, bajo apariencias quería conservar la imagen mental que tenía de él, el maestro relajado, el shinobi con temple de acero, el hombre admirable con el que había crecido.
—Si—mintió.
Chocaron miradas y en un par de segundos Sakura no sintió la necesidad de alejarse.
—Te dejare ver bajo mi máscara cuando me muestres qué hay bajo la tuya.
Ella no queria ver su rostro volverse amargo o una sonrisa fingida. Habían fachadas que debían mantenerse tal y como estaban.
—No hay mucho que ver. Solo soy yo.
—Exacto, Sakura, eres tú. Y eso para mí es mucho.
Sintió su rostro empezar a calentarse apesar de que la noche estaba entrando y por su mente volaron cientos de pensamientos difíciles de seguir.
Cuando consiguió la respuesta correcta, Kakashi ya miraba en otra dirección, alerta a una presencia.
—¡Rayos! —gritó Naruto desde el otro lado del campo—¡Ustedes sí que son difíciles de encontrar!
Trató de ponerse de pie mientras él se acercaba risueño. El peliplata no hizo ademán de querer moverse de su lugar.
—La abuela Tsunade los está buscando desde hace un rato, Kakashi sensei, ¿no has oído a Takamaru?
—¿Me creerías si te digo que de pronto desarrolle sordera?
Sakura desvió la vista con una sonrisa tímida jugando en sus labios.
—¿Es por eso que estabas tan cerca de Sakura chan?
No me molesta que esté cerca.
—¿O estabas coqueteando con ella, viejo cochino?—sus ojos se afilaron con sospecha desplazándose entre ella y su sensei.
Sakura abrió los ojos como platos repentinamente nerviosa.
—¿De- De qué hablas? —lo miró alarmada—Yo tampoco lo he oído, Naruto.
—Umm—sobó su barbilla—Bueno, igual, Tsunade sama los está buscando a ambos urgente.
Los tres partieron hacia la torre ya caída la noche, escuchando atentamente los juegos de palabras y risas de Naruto. Luego de algún tiempo era lindo oírlo reír.
Entre el pueblo, y las personas que lo saludaban, Naruto resultaba un ser cómico, el protagonista de una buena novela, o de alguna serie de las que madre solía ver. Él siempre conservaba el aura de encajar en todos lados, una ironía, si lo analizaba, luego de ser un rechazado se convirtió en el tipo de persona que todos querrían tener de amigo.
Es porque la gente es hipócrita, pensó, porque Naruto los ha salvado, él es el orgullo. Sakura solo trajo más problemas, si la gente lo supiera ella sería la vergüenza.
Mierda. Detente Sakura.
Una parte de ella no podía fingir estar tranquila por una tarde, no podía siquiera intentar disfrutarlo. Tenía que pensar las cosas malas, recordarse escenas mentales una y otra vez y perderse pedazos completos de conversaciones solo por intentar controlar su ritmo cardíaco.
Mierda, Sakura.
¿Cómo era posible que pudiese sentirse tan sofocada en un espacio abierto? ¿Tan sola rodeada de tanta gente?
—¿Todo está bien?—Kakashi se inclinó hacia ella para susurrar.
Naruto caminada varios pasos adelantes en un acalorado monólogo.
Sakura tomó una bocanada grande de aire y negó.
—No quiero ir.
—Tenemos qué—a su lado, su brazo se tambaleó como si quiera tocarle—. Estaré ahí, todo irá bien.
Naruto se detuvo abruptamente y se volteó a mirarlo como si de repente se hubiera descubierto que ambos no eran parte de la conversación, pero algo en su cara cambio cuando vio algo en sus compañeros.
Una sonrisa se extendió lentamente en la cara del rubio.
—Creo que Tsunade sama los enviará en alguna misión.
Ya sabía lo que pasaría.
—Yo no puedo ir—se llevó los brazos tras su cabellara dorada—. El sabio pervertido saldrá a hacer un poco de investigación, estoy seguro que me llevará con él.
Sakura puso unos centímetros de distancia de Kakashi y asintió apenas mirando a su amigo.
—¡Increíble!— trató de sonar emocionada—Ya tenías mucho tiempo encerrado.
—No más que tú, Sakura chan. Siempre que voy a buscarte no estás. La última vez que salimos fue en mi cumpleaños hace semanas.
Solo bastó eso para percatarse que ya había pasado mucho tiempo de aquella vez y el viento frío se lo confirmó anunciando cuan cercano estaba el invierno. La chica miró a Naruto, o fingió mirarlo, y deslumbró con su sonrisa de disculpas mejor construida.
Se sintió toda una idiota cuando Kakashi hizo un ruido incrédulo.
Un par de niños detuvieron a Naruto unos metros más adelante, y Kakashi aprovecho la oportunidad para volver a cerrar el espacio entre ellos.
—Saliste con Naruto en su cumpleaños.
—Aunque no lo parezca, debo mantener una fachada.
—¿Y cuando me dejaras mirar tras ella?
Trató de enfocarse lo mejor posible en su amigo rubio y los pequeños. Uniformes ninjas bien cuidados, las bandas demasiado relucientes para decir que habían sido usadas y sonrisas esperanzadas en su rostro. Todo gritaba novatos.
Sakura se preguntó cuánto durarían con vida ahora que las guerras ninja se habían ido y todo se estaba convirtiendo en una guerra civil.
—Voy a renunciar—admitió muy por lo bajo sin tener muy claro por qué Kakashi debía saber eso—. Esta semana, pienso renunciar.
Pero contrario o lo que estaba esperando, Kakashi no dijo algo al respecto. No hubo respuesta, ni un ruido que confirmara que realmente había escuchado sus palabras. Él estaba tranquilo, mirando al frente, sereno, con la vista perdida en algún puesto de comida, o en las luces que parpadeaban desde la torre Hokage a un par de cuadras.
Naruto volvió más feliz que nunca y sin previo aviso tomó a Sakura de la mano arrastrándola a su ritmo mientras hablaba acerca de los niños, tras ellos, su sensei siguió el paso, ausente de todos como era de esperar. El corazón de Sakura se sacudió un poco ante eso. Ella no esperaba que él llorara su despedida, o le suplicara que se quedará con ellos, pero antes lució tan interesado en ella y en sus problemas que se le hacia amargo que no dijera una palabra.
—Hey, Sakura chan—Naruto sacudió ambas manos unidas y susurró muy cerca de su oído: —Vamos, ya dime, ¿Estás saliendo con el viejo?
—¿Perdón?
—Te has vuelto imposible de encontrar desde hace algunas semanas. No estás con Ino, ya no estás entrenando y está mañana te vi con Kakashi sensei—le dió un mirada discreta al hombre varios metros tras ellos—. Por eso te busque con él hoy. ¿Estan teniendo algo como un amorio y no quieres decirme?
Sakura contuvo una pequeña risa.
Una de verdad.
—¿Nosotros? ¡Que va! —evitó mirarlo— Solo nos reunimos hoy.
—No me mientas, Sakura chan.
El uzumaki endureció su cara en la expresión más seria que Sakura le había visto en meses, perforandola con sus ojos de zafiro, pidió una respuesta sincera.
Ya habían llegado a la torre.
—Naruto, nunca te mentiría— mintió—. Eres mi mejor amigo.
Él volvió a sonreír y sin avisarle estampó un sonoro beso en las mejillas rosas.
—Mas te vale, Sakura chan. ¡Ya debo irme! Seguramente el sabio pervertido ya está volcado en alguna taberna. ¡Adiós!
Palmeó con fuerza el hombro de Kakashi cuando se retiraba.
Kakashi se metió las manos en los bolsillos e intercambio la vista desde la puerta hasta ella como si esperaba actuar en consecuencia.
Cuando Sakura se dió la vuelta para retirarse, volvió a detenerla con su voz de mando:
—Todavia tienes que ver a la Hokage.
—Ya te dije que no quiero, Kakashi sensei.
—Asi que viniste todo el trayecto hasta acá, solo para que Naruto estuviera más tranquilo... ¿Que no acabas de decir que no vas a mentirle?
Sakura sintió una pintada en su pecho.
—No tiene sentido que venga aquí. Tsunade sama no quiere verme, yo no quiero verla—hizó lo mejor que pudo para sacar una voz firme—. Voy a renunciar, te dije.
—¿Es tu última palabra?
—¿Esperas que me arrepienta?
Su voz se quebró fácilmente en la última palabra y trató de sostenerle la mirada, pero a diferencia de lo que solía hacer, Kakashi estaba mirando algún punto por encima de su hombro.
—Espero que subas conmigo a la oficina y retiremos la misión. O de lo contrario, renuncia ahora mismo.
—Kakashi sensei, yo no puedo hacer misiones ¿Entiendes? ¡Estoy dañada! No puedo ver un poco de sangre sin tener un ataque de pánico, ni siquiera puedo usar mi chakra completamente, algo en mi no funcionará de nuevo nunca más. ¡Soy una inútil! ¿De que te sirve un Shinobi que no puede matar? ¿De que te sirve uno que no puede ni defenderse?
No sabía cuánto tiempo había contenido esas palabras que las sintió desgarrar su garganta al salir. Cómo una enorme cadena de prisionera, tensaron su lengua tan profundamente que sintió en su cuerpo todo el estragos de decirlas.
Y por muy doloroso que fuera no dejaban de ser verdad. Tsunade y su horrible consejo le habían enviado a un psicólogo, le dieron misiones simples, le regresaron su aburrido trabajo en el hospital solo para hacerla hablar de nuevo, y Sakura se había negado fervientemente a abrir la boca.
El asco que se tenía, nunca podría compararse a la desidia que atacaba cada vez que recordaba que nunca volvería a ser la misma. Esa misión, esa situación, ese hombre, le habían quitado la capacidad de ser un ser humano competente y con ello la mayor parte de su chakra también se había ido.
Decirlo en voz alta luego de que suprimió ese pensamiento, era aceptar que ahora más que nunca era real.
A la lista de desgracias como mujer y como kunoichi, Sakura sumaba la perdida de lo único que le otorgó las ganas de vivir.
—No puedes usar chakra.
Oírlo en su voz hizo que algo bullera dentro de la chica. Enojo, lastima, odio, miedo...
—Eso puede solucionarse, Sakura—dijo en voz suave—. Si lo hubieses mencionado antes nosotros-
—¿Nosotros? No hay un nosotros en esto, Kakashi sensei. ¡Siempre he sido yo! No le importo a esta maldita aldea, solo soy un juguete roto para ellos ¡Soy la vergüenza de Tsunade sama!
—¿De qué hablas?
—Ellos me enviaron a la cueva del ogro, me sacrificaron como un peón ¿Sabías? Claro que sabías, por eso estás detrás de mi ¿Te envía Tsunade o el consejo? ¿Es alguna clase de misión?
—Sakura, necesitas calmarte. Nadie me envió a ti, yo-
Sakura bufó audiblemente y se tragó el miedo que se le había formado en la garganta.
—Pero lo sabes, tu sabes lo que me pasó, lo puedo verlo en tu ojo, esa cosa con la que me miras a veces. Es algo raro, puedes ver mi alma sucia y manchada me miras con algo diferente a lastima ¡No mires, maldita sea, no me mires!
Sintió las lágrimas empezar a derramarse por su rostro barriendo su último rastro de cordura.
—Tu aldea me envió hasta sus brazos para que me violaran y me torturaran una y otra vez, ellos sabían que me iba a usar como un juguete morboso... ¡¿Quieres ver lo que hay bajo mi máscara?! Es eso, esta soy yo ahora.
Varios transeuntes civiles que se detuvieron al escuchar el arrebato, siguieron su camino una vez que ella se detuvo exaltada y los miro enfurecida, con la cara contraída en algo que iba más allá del dolor.
La ira moviéndose en crescendo hasta un punto tan alto en su cabeza, que la sentía volcar por sus ojos como dagas mal afiladas, destrozando su cabeza al salir.
Kakashi se movió un paso hacia ella, lentamente como si rodeada una bestia. La chica sabía lo que haría, el solía hacerlo, limitaba su tacto a uno o dos toques durante el día, que bajo otra circunstancia le parecían conciliadores e incluso necesario. Más cuando su mano se extendió en camara lenta hacia ella, Sakura dió un paso atras porque también sabría lo que ve deja de su parte.
Y le dolía.
Le dolía tener que deshacerse de lo que era la única relación humana medianamente estable que volvería a tener, pero ese dolor que se consumia en ella no se de tendría hasta que lo hiciera, la sensación de las cadenas colgando de sus muñecas y de su chakra evaporandose en sus venas no se iría hasta que ella misma no se dejará ir.
—¿Y adivina qué? Yo no quiero ver qué hay debajo de la tuya. No quiero ver tu dolor. No quiero que me digas como recomponerme cuando estás tan destruído como yo...
—Detente, Sakura, piensa lo que vas a decir. No lo hagas.
¿Acaso ya no puedes sentirlo? Un dolor que nos consume hasta convertirnos en cenizas.
Le dió la espalda dispuesta a retirarse.
—No quiero que vuelvas a buscarme, nunca más.
Mientras se alejaba a pasos grandes e inestables, deseó con todas sus fuerzas que Kakashi la detuviera porque ya no sabía qué estaba haciendo ni que sería capaz de hacer.
N.A: Mis ánimos —como los de Sakura— están un poco frágiles por ahora, así que no me había decidido a publicar esto hasta este momento.
Creo que generé mas dudas que las que aclaré jaja pero en el siguiente capítulo se endereza todo, lo prometo. Porque el proceso de sanación de Sakura es lento y tedioso, y con cada paso adelante son dos para atrás, en su situación todo se vuelve un vaivén entre estar vulnerable y estar a la defensiva incluso ambas al mismo tiempo. Espero sean pacientes con ella.
Proxima actualizacion en 2 días, porque este capítulo estaba
¡Muchas gracias por leer!
