« Es quebrarnos lo que nos permite volver a armarnos a nuestro antojo. Son nuestras continuas muertes las que nos permiten reaventarnos. Sacudirnos los miedos o los dolores que tenemos pegados al cuerpo y volver a nacer».
—¿Estas segura de esto?
Shizune sostuvo en sus manos un delicado papel con la caligrafía pulcra y estética que caracterizaba a Sakura. Ella le siguió —por todo el edificio hasta atraparla en la salida— para interrogarle lo que verdaderamente creía.
—Lo estoy, es lo mejor para todos— Sakura miró como la mano de Shizune continuaba extendida hacia ella con la carta de renuncia pendiendo de sus dedos como si aquella estuviera contaminada de algún modo.
La mujer parecía reacia a dar vuelta atrás y depositarla en la caja de solicitudes, pero ¿qué más podía hacer? Perseguir a la pelirosa hasta la entrada debió parecerle algo lógico, incluso cuando los demás trabajadores presenciaban la escena con morbo.
—Llévatela a casa, piénsalo bien, una vez que te saquen de nómina activa, todo cambia. No podrás hacer misiones, no-
—Si.
Le costó un poco, debía admitir, mirar a los ojos a su amiga y tener que mantener la mirada fría y decidida, que quería demostrarle. Cómo si la confrontación fuese una lucha de voluntades, Sakura sentía que lo mejor que podía hacer con la suya era aparentar que estaba en pleno conocimiento de sus actos, cuando en realidad no tenía ni siquiera control sobre sus emociones.
Varias secretarias tras un escritorio empezaron a susurrar muy bajito, y una de ellas intentó acercarse hasta Shizune.
—Shizune san—le llamó con voz suave—le solicitan desde el hospital.
—No me la voy a llevar de vuelta, Shizune—perdió todo el aire tras sus palabras—-Acéptala ahora o vendré mañana, y al día siguiente, y al siguiente, y vendré todos los días hasta que alguien la archive.
Un suspiro salió de los labios de la pelinegra que se debatió entre la urgencia por la que le solicitaban y Sakura y su carta de renuncia.
—La subirte a solicitudes pendientes, pero tenemos una conversación pendiente también ¿Ok?
Sakura asintió y la vio subir las escaleras con la mujer tratando de informarle del caso. Inmediatamente todos los presentes se dispersaron a sus lugares y la chica se permitió salir intentando ignorar los susurros. Ella se preguntaba cuántos de allí lo sabrían, para cuántos sería una Kunoichi inútil y para qué otros se habría convertido en un monstruo.
Nunca soñó con ganarse ninguna de esas reputaciones.
Intentó no darle importancia mientras vagaba por el mercado, era día de compras, se sentía moderadamente cómoda con lo que acababa de hacer y hacia un clima estupendo.
Puedo ser normal, se dijo, todo está bien.
Y tenía que acostumbrarse a ello. La nueva normalidad en su vida se basaría en largas sesiones de terapia y mucho encierro en la casa, básicamente su día a día actual sin el compromiso de culpa y deber que consumían sus pensamientos cada vez que evitaba una misión.
Se detuvo a ver las flores en una vitrina. En el fondo, la señora Yamanaka cambiaba las que empezaban a marchitarse, cortaba sus pétalos, los lanzaba a un cubo de basura, como los seres que eran, su vida útil se había acabado y dejarlos permanecer con las demás era un error colosal.
A veces las apariencias no lo son todo.
Ino saludó desde adentro de la tienda e hizo un par de señas para que la pelirosa entrará.
Sakura miró a sus lados y considero su humor lo suficientemente viable para mantener una pequeña charla. Parte del del acuerdo tácito que mantenían entre ellas, dónde la rubia buscaría manera de sacar un poco de la plática amena que ambas solían tener, pero respetaría la barrera imaginaria que Sakura había puesto en su persona.
Ino solía buscarla en las tardes, a veces, llegaba tan efusiva como siempre tocando su puerta y todos los alrededores, con una voz chillona contaba un chisme, o algún dato trivial de lo que sucedía en Konoha; otras veces se percataba del humor patético que llevaba su amiga incluso con solo tocar la puerta y esperaba por mucho rato del otro lado, con miedo a perturbar la calma qué Sakura luchaba por tener... De una u otra manera siempre se iba con un: está bien Sakura chan, yo entiendo.
¿Qué entendía?
Sakura obligó a su cuerpo a moverse dentro de la tienda.
—Ino-chan, Yamanaka-san—saludó cuando estuvo centímetros del mostrador—. Ha pasado un tiempo.
Ino se ajustó el delantal y abrió muy grande la boca para decir algo, pero inmediatamente alguien entro a la tienda y su atención se disipó.
—Espera, Sakura, no te vayas—hizo un puchero—. Esto será rápido y en serio quiero hablar contigo.
Caminó a las personas en la entrada.
Sakura miró los brotes flotar en agua del cubo.
—Entonces, Sakura chan, no te he visto desde hace mucho.
La señora Yamanaka apenas sonrió concentrada en podar cuidadosamente las flores marchitas, a Sakura le pareció que podía ser un trabajo incómodo, estar gran parte de la tarde torcida junto a centenares de flores eligiendo detalladamente cuales podía conservar y qué partes o cuáles debían ser desechadas.
—He estado ocupada.
Haciendo nada.
La mujer se detuvo por un instante, casi imperceptible si la chica no hubiese tenido toda su atención en ella, y luego continuó como si nada.
Ella lo sabía.
Lo primero que recuerda haber visto cuando despertó en el área de cuidado intensivo de Konoha, fue la cara preocupada de Shizune asomada tímidamente por la puerta blanca y luego de eso volvió a dormir. Lo segundo que recordaba era despertar entre sueños y ver a Inochi Yamanaka intentar hurgar en su cerebro. Así que por supuesto que su esposa lo sabía, el hombre no hubiese perdido la oportunidad de compartirlo con su mujer y su hija.
No por nada, Ino empezó a cuidar se vocabulario con ella. Cómo si las palabras Hombre y Sexo fuesen alguna maldición a sus oídos.
—¿Mucho trabajo en el hospital?
—Algo así, las cosas están un poco complicadas por ahora—-mintió.
—Oh, me lo imagino. Ya he visto a Ino muy ocupada en eso últimamente, ya ni siquiera tiene tiempo para misiones.
Yamanaka san no tenía por qué saber que ahora Ino tenía el trabajo que le correspondía a Sakura, así que asintió calmadamente y trató de parecer paciente cuando en realidad ya empezaba a morir de ansiedad.
Dio un largo respiro. Se enfocaría en lo que fuese para calmarse. Contar muescas en la madera del mostrador, pétalos en las flores, los lunares en el cuello de Yamanaka san, lo que fuese, con tal de mantener su mente ocupada, eso funcionaba a medias.
—Oh—dijo la mujer—mi espalda me está matando. Ya estoy muy vieja para esto.
Pasó la mirada del cubo con las flores marchitas a la rubia delante.
—¿Por qué?... ¿Por qué lo hace? Quiero decir, ¿No es mejor cortar todo el ramo y ya? —la aludida soltó la pinza en la maceta y miró discretamente a Ino que aún estaba fuera con los clientes—¿Por qué escogerlas entre tantas y ponerlas en la cubeta si al final todas están dañadas?
—Bueno, puede que estén marchitas, pero aún son útiles. Yo no usaría el término dañadas.
La mujer tomó una margarita medio marchita a la que le faltaban varios pétalos y la extendió hacía Sakura: —Adelante, tómala.
Tímida, Sakura la tomó en su mano y de pronto se sintió torpe con aquella flor. La nueva Sakura era alguien borde y probablemente carente de toda sensibilidad para las cosas efímeras en la vida, al mismo tiempo se sentía como un cachorro herido al que habían separado de su madre, solo quería llorar por las noches. Una flor marchita no era precisamente con lo que quisiese identificarse.
Y sin embargo, lo hizo.
—La vida para la que se cortó ya ha acabado, pero eso no significa que no pueda usarse. Las recolecto, las humedezco un poco, y las pongo en la tierra de los nuevos cultivos dónde son de ayuda para las generaciones futuras. Todos tenemos que reinventarnos, querida, hasta las flores.
Solo cinco pétalos medio oscurecidos prendían del centro, el tallo se sentía blando y débil bajo sus dedos, pero la flor aun así se aferraba a la vida. Dañada y a punto de morir, aún podía empezar un nuevo ciclo.
—¿Y funciona como abono?
—Todas las flores que se venden en esta tienda llevan una fracción de aquellas que han estado antes que ellas. Por supuesto que funciona.
—Mamá, ¿Qué rayos le estás diciendo a Sakura? No la atosigues.
Ino dio una palmadita suave sobre el hombro de su madre, y está se disculpó con una sonrisa mientras se alejaba por la pequeña puerta a la trastienda con la cubeta en sus brazos. La pinza quedó abandonada con un par de flores medio picar. Aquella debía ser la señal de "Déjanos en paz por un rato, mujer".
—Sakura—dijo Ino. Dio la vuelta al otro lado del mostrador—¿Cómo está tu madre?
Sakura se inclinó a recoger la pinza.
—Esta bien, o eso creo, la capital le sienta bien y/o es su nuevo esposo... De cualquier modo, está tan feliz que no ha escrito en meses.
O tal vez haya sido yo quien no quiere responderle.
—¡Genial! ¿No has pensado en ir a visitar?
La pelirosa abrió y cerró la pinza en su mano. No pensaba ni en salir de su apartamento.
—No—admitió—. Por ahora no... Escucha, Ino, realmente no pase a charlar. Hay algo que quiero decirte.
Ino subió los codos en la madera y apoyo su mejilla en la mano al tiempo que si semblante cambiaba por completo a uno más serio.
—Soy todo oídos y cero bocas.
Sakura se llevó una mano al pecho, cerró los ojos, inspiró profundamente y lo dijo: —Puse la solicitud de renuncia. No quiero ser un ninja.
No abrió los ojos y espero, cinco segundos, treinta, un minuto.
Cuando los abrió, alarmada por el silencio, Ino la miraba con ojos amables y una ligera sonrisa en su cara, como si aquello que acababa de salir de su boca no fuera la noticia más impactante que escucharía en días meses.
¿Acaso creía que estaba jugando? ¿Era Sakura tan predecible? Tal como Kakashi en su momento, la noticia no parecía haberla perturbado. A la misma Sakura le parecía extraño que su reacción despertara cierta molestia en ella, sus amigos podían no creerla capaz de las cosas que hacía.
—¿Es definitivo?
Sakura apretó los puños sobre la madera y trató de controlar la ira que se encendía en su pecho.
—Si.
—Está bien, está bien-sonrió amable y desvió la mirada consciente de que ya le había mirado al rostro más de la cuenta—. Sakura eres como mi hermana, apoyaré cada una de tus decisiones.
—Si.
—Si tu corazón te dice que debes alejarte de este estilo de vida, entonces estoy contigo.
La chica soltó un poco la respiración y miró a su amiga rubia que se sentía entre deslizar la mano por encima del mostrados hasta llegar a los puños de Sakura. Agradeció que se contuviera.
—Así que, desde esta semana, tal vez la otra, estoy oficialmente desempleada.
Aún no entendía por qué sentía su pecho apretarse cuando pensaba en ello.
—¡Ja! ¿Significa que desde ahora yo debo pagar nuestras salidas a cenar?
Habían pasado meses desde la última salida, Ino bien lo sabía, pero sus ojos brillaron con un destello de esperanza que Sakura no pudo cortar, no por el momento. Entonces asintió e intento sonreír lo más amable que pudo hasta que se sintió cómoda con ello.
Instantáneamente su amiga empezó a hablar de otras cosas, chismes de la aldea y un par de comentarios propios, nuevas noticias. No podía mentir, por instantes se sintió como antes.
Cómo aquellos momentos en los que su único conflicto en mente era tratar de llevarle el hilo al parloteo veloz de su amiga, o qué se pondría para la salida de chicas. No había chakra de por medio, sin órdenes estúpidas o ataques de ansiedad, era solo una chica de dieciocho años tratando de hacer lo mejor que podía con lo que tenía.
Había estado entonces tan cerca de la reputación de Tsunade, y los pasos de Naruto y Sasuke no se veían tan lejanos. Se sorprendía de lo mucho que podía cambiar una vida en solo un par de semanas. Sumida en la oscuridad de esa habitación, atada como un animal, comprendió lo mucho que iba a extrañar su vida, y lo fácil que podía escapársele de las manos.
La vida humana es frágil, puede terminar incluso antes de que comience.
Pero también podría conseguir una nueva, un nuevo comienzo. Lo único que pasaba por su mente mientras Shizune leía la carta horrorizada.
—Pero ya está mejor o eso espero—Ino arrancó el pétalo de una flor y lo lanzó a la cara de la pelirosada.
Sakura parpadeó confundida.
—¿Quién? — preguntó ligeramente avergonzada de sus escapes emocionales en plena conversación.
—Gai-sensei. Te dije, tuvo una misión que salió algo mal, prácticamente rompieron cada hueso de su cuerpo. Afortunadamente Tsunade sama estaba atenta a su llegada y pude verla en acción. ¡Fue increíble!
Ella lo sabía, esa faceta de médico era algo increíble de ver para aquellos a los que les apasionaba el med jutsu.
—Y Kakashi sensei estaba bastante nervioso. Tal vez estaba enojado. Bueno no sé, eso dijo Gemma.
—Kakashi... ¿Qué hacía ahí?
—No lo sé, ya sabes que siempre andan haciendo cosas raras.
Pero aunque Sakura quería terminar la conversación, Ino seguía hablando. Era como si el voto de silencio y decencia que procuró llevar todo este tiempo, se perdió en la pequeña pizca de confianza que acababa de darle.
—Ino.
Ella detuvo su perorata:
—Sakura.
—¿Puedo trabajar aquí? Puedo ayudar a Yamanaka-san por las tardes que tú no estés.
La rubia desvió la mirada a la puerta a la trastienda y luego a la entrada, como si buscará la opinión de alguien que no estaba. Inmediatamente Sakura maldijo su impulsividad.
—No veo por qué no—sonrió—pero conmigo. Mamá no suele venir, ella cuida flores, no las vende.
La segunda vez en el día que trató de sonreir, la sintió un poco más genuina y su mejor amiga tenía algo que ver.
-o-
Tratando de volver a la rutina, Sakura encontraba poco pacífico el silencio de su apartamento.
No podía tomar una siesta, no podía ver el punto definido de la pared, ni siquiera podía pensar. Había tanto silencio, tanta paz, que ya ni el ruido constante de la gotera del baño podía crear el eco que le gustaba.
Sofocante.
Los rayos del sol filtrándose por la ventana de su cuarto mal cerrada y casualmente, el alboroto que solía haber calle abajo, había cesado por obra de magia. No había caos externo, solo los gritos en su propia mente.
Sacudió la cabeza.
Ya no tenía como desviar si atención, el silencio llevaba a su mente a momentos antes de caer prisionera. Cuando la mansión había estado tan tranquila que Sakura escuchaba sus propios latidos mientras recorría los pasillos. La cocina vacía, los jardines desolados, las habitaciones abandonadas. En la oscuridad perpetua que empezaba a trepar en ella, solo observó una luz, la oficina del heredero.
Un paso dentro y perdió la consciencia, horas después, si cuerpo crucificado pendía de la pared mientras él disfrutaba probar su sangre. Entonces rompió el silencio y gritó, tan fuerte que desgarro sus cuerdas vocales y todo su cuerpo se convulsionó en vómitos de asco y dolor derramándose sobre sí misma.
Luego su mente era un vacío, sin imágenes, negro infinito, oscuridad que solo podía asociar a sus propios gritos, la sensación de sus manos ultrajando su cuerpo, mientras entraba en ella una y otra vez.
«— A esto te enviaron, maldita zorra»
La voz que alguna vez fue galante, estaba destrozada por la furia de algún animal desquiciado, sedienta de ella y de su sangre.
Sakura se mordió la lengua con tanta fuerza que la sangre inundó su boca, pero no hablaría.
«—Maldita perra espía—dijo—Esto es lo que hago. Me follo a las putas como tú y disfruto de su sangre y sus chillidos ¡Grita!»
Nunca supo cuánto tiempo pasó en silencio, horas, días, semanas. No gritó cuando introdujo sus partes en ella, ni cuando destajó pequeños trozos de su piel en todo el cuerpo pidiendo información. Y se cortó los labios con los dientes cuando él quemó su cuerpo con hierro caliente y atravesó sus uñas con agujas.
Sakura no habló en ese entonces y Sakura queria hablar, nunca.
Miró las pequeñas rendijas de la ventana, dónde se filtraba la luz del sol, un pájaro metía su pico tratando de husmear o buscar alimento.
Si tan solo mi vida fuera así, pensó y casi automáticamente se arrepintió. Su vida podía ser así, si ella quería.
Buscaría alimento, saldría a pasar el rato, había mucho que podía dejar atrás solo si tomaba la decisión de hacerlo. Pero echaba a perder todo lo que tocaba, estaba tan dañada que no podía tolerar que otros intentarán arreglarla, como el tema de su psicóloga a quien no podía darle una charla sincera, o Ino, con quién sentía la necesidad de correr cada vez la pida hablar, o Shizune que la había rabiar cada vez que le miraba con ternura... Y luego de eso estaba Kakashi, la única persona que dejó muy en claro que quería quedarse y Sakura insistía en huir de él.
¿Por qué lo hago?
No tenía respuesta, para Kakashi nunca había respuestas. Era como si de a momentos quisiera bajar las barreras y correr a sus brazos como una niña pequeña y en otros solo quería esconderse bajo una piedra porque no podía soportar la vergüenza de mirarlo a la cara. ¿Por qué no podía mostrarse como realmente era?
«—¿Cuando me dejaras mirar tras ella?» había dicho, ¿Pero qué había que mirar? ¿Quién era ella realmente? Ya no era la Kunoichi en ascenso, y tampoco era el cadáver viviente que recorría la aldea, ¿La cobarde que colgaba el hitae ate? ¿El médico con ataques de ansiedad? ¿El ninja que no podía usar chakra?
Kakashi lo ve, sé que puede verlo. Porque su sharingan le permitía verlo.
Sakura se levantó de un salto, golpeada por la repentina realidad de haber alejado a la única persona que le suplicó quedarse.
Corrió hasta el baño y descorrió un poco la manta que tenía cubriendo el espejo.
Despeinada, ojerosa, ligeramente más pálida, el espejo le devolvía la visión de una mujer deplorable, el estado de desidia más bajo en el que podía caer, pero lo Sakura estaba viendo iba más allá de eso. Ahora que pensaba en Kakashi, veía un brillo ínfimo en sus ojos, el último vestigio de quién fue, aferrarse a sus entrañas.
Él es mi lugar seguro.
Se lavó la cara con agua fría, ató su cabello, y se lanzó a la calle en búsqueda del copyninja.
Ino había dicho que estaba bastante afectado por lo de Gai, por lo que buscarlo en el hospital habría sido la primera opción. Sin embargo, ella conocía a su maestro lo suficiente como para saber que no pisaría un hospital dos veces seguidas, el sentimiento de culpa que podría haberlo atormentado lo llevaría hasta su cripta. Ambos se parecían más de lo que les gustaría admitir.
Sakura corrió hasta su calle, la más alejada en el distrito civil, llena de carritos de comida grasosa y edificios descoloridos, y trató de evocar el último recuerdo que tenía de la vivienda de Kakashi. Cuando Sasuke se había ido, y el equipo 7 luchaba por sobrevivir, Naruto y ella habían venido a buscarlo a su casa para rogarle ir en busca del Uchiha.
Afuera, una mujer en delantal barría la calzada. Sakura se aproximó a ella.
—Señora—dijo temerosa— ¿Cuál es el departamento de Hatake Kakashi?
Ella le miró de arriba a abajo y la escoba se balanceó de una mano a otra.
—¿Y tú quién eres?
Sakura tragó saliva: —Soy...
¿Quién era? ¿Su alumna? Hace años que ese vínculo se rompió, ahora quedaba una mera formalidad entre shinobis, sin embargo, Sakura tampoco era su colega ahora, tenía medio día de haber renunciado.
—Soy su amiga—afirmó a pesar de no estar segura de querer formar ese nuevo vínculo—¿Podría decirme cuál es su habitación?
La mujer volvió a mirarla como si valorará su respuesta, luego recostó la escoba contra el muro.
—Bueno, no pareces prostituta—respondió—. Supongo que debes ser de sus amigos ninja raros. Te llevaré hasta el cuarto.
La chica siguió a la mujer de cerca mientras entraban en el edificio, pero antes de que ella señalará las escaleras, decidió interrumpirla: —No soy ninja.
Y se sentía increíblemente liberador decirlo en voz alta.
—¿Ah, no? —la mujer empezó a subir— ¿Entonces si eres prostituta?
—¡No! Solo soy un civil. Somos amigos.
—Oh, señorita civil, conozco esos trucos. ¡Todos esos ninjas son unos vándalos!
Golpeó muy fuerte el escalón con su talón.
—Conozco a las de tu tipo—señaló muy fuerte a Sakura.
—¿Las de mi tipo?
—¡Claro que sí! —exclamó. Sakura siguió tras ella por el largo pasillo con puertas a los lados.
Estaba igual de viejo que el edificio entero y las baldosas en el piso tampoco eran la excepción.
—Se dejan deslumbrar con los encantos de un ninja, y cuando menos lo piensas ya estás en casa esperando y rezando que llegue a salvó.
—No, no, se equivoca, yo no-
—¡Son sucios, borrachos e infieles, niña! ¡Abre los ojos!
Para ese momento, Sakura tenía muchas cosas que decir en contra de eso, pero se mantuvo callada hasta que la mujer se detuvo delante de una puerta.
—¿Y 13B? ¡Es el peor de todos! No quieres eso en tu vida—continuó como si estuviera verdaderamente convencida de lo que decía—. Se ve que eres una niña joven e inocente, deberías alejarte de él y su mundo de muertos.
—¿De muertos?
—¿No has oído los rumores? Es Kakashi Hatake, el mata-amigos, todo lo que se le acerca se muere ¡Mira esa planta!
Al final del pasillo, junto a una puerta descolorida, estaba una maceta con lo que alguna vez fue una planta.
La mujer le hizo una señal de permiso, y Sakura se aproximó cauta a la puerta bajo su atenta mirada.
El valor que sintió antes, se desvaneció muchos antes de llamar al departamento, pero la pelirosa se obligó a tocar de todos modos. Tan débil que creyó que no lo habría escuchado, así que alzó la mano nuevamente y antes de golpear la madera, la cara de Kakashi se hizo presente.
Una fracción de segundo dónde se miraron sorprendidos uno del otro, y luego sin una palabra, él terminó de abrir y se hizo a un lado para darle espacio.
Era la primera vez que entraba a su apartamento siendo una adulta. La última vez, ella había estado demasiado ocupada pensando en Sasuke como para notar que todo el cuarto olía a él, o que había un viejo librero con la mayor cantidad de libros que había visto en una casa alguna vez. Kakashi estaba en medio de la pequeña sala, descalzo, con un pantalón de chandal y su camiseta con máscara.
Se miraron por unos segundos, dónde Sakura no se movió de su lugar junto a la puerta, pero el tampoco sé aproximó a ella, como si temiera hacerle daño.
Soy un animal herido, pensó. Y bajo toda lógica, en un pequeño espacio, solo podía haber una presa y su cazador, sin embargo, por primera vez en meses Sakura no se sintió la presa de nadie.
Se sentía en confianza allí, pese a mantener su posición firme como una roca, sentía que no había entrado a la guarida del lobo. Estaba segura ahí, tan segura como podía estarlo en su casa, en su soledad; estaba bajo el ala de Kakashi, la única cosa estable en su vida.
Solo que en ese momento, él no lucía estable en lo absoluto.
—Vine—su voz salió temerosa—porque escuché que Gai-sensei estaba herido y tu estabas-
—Él está bien.
Sakura se miró lo zapatos y luego miró los pies descalzos de su maestro.
—Está bien... ¿Y tú estás bien?
¿Desde cuándo lo tuteo?
—He tenido mejores momentos.
—Si, es cierto—admitió avergonzada—. Kakashi, sensei, yo no debí decirte eso la otra vez. No sé por qué lo hice, pero yo-
Tomó una gran cantidad de aire, hasta que sintió su pecho expandirse lo suficiente, y su diafragma dolió.
—Yo no debí presionarte, lo siento.
No era justo, Kakashi se disculpaba por cosas que no estaban en su control, que mucho menos eran su culpa, y eso le dolía casi tanto como herirlo. Porque sabía que lo había hecho.
Abrió la boca de nuevo, lista para soltar sus disculpas, pero entonces Kakashi bajo el rostro y se sobó la nuca nervioso.
Tímido.
Las palabras salieron de su boca antes de que pudiera ser plenamente conciente: —¡Kakashi sensei! Te extraño mucho.
No sabía en qué momento había empezado a hacerlo, pero lo que si sabía era que debía decírselo.
—No quiero que te alejes — le dijo.
—No voy a hacerlo, nunca.
Sakura miró otra vez sus zapatos, sus uñas mal pintadas y pies callosos, como algo para evitar mirarlo, tal vez en espera de que él se aproximara a ella y colocará su mano en el cabello rosa como siempre hacía. Ese era el gesto reservado para Kakashi y solo se lo permitía a él.
Pero Kakashi no se movió ni un milímetro, y cuando ella levantó la vista para mirarlo, él estaba mirándola de vuelta, viendo su alma en el estado más prístino que alguien podía percibir.
—Te deje sola. Estuve con Naruto y Sasuke, los guíe, los preparé y a ti te deje sola. Lo siento mucho, Sakura.
—¿Por qué te estás disculpando? No hiciste nada malo, yo debí haberlo hecho mejor. Defraudé a Tsunade sama, le fallé a la aldea, me deshonré a mi misma. ¡Ya no quiero culpar a nadie más que a mí!
Lo miró por un par de segundos más, intentado encontrar nuevamente palabras. Su boca estaba seca, su cerebro sobresaturado de escenarios que pudo cambiar, y su corazón angustiado por la revelación que estaba teniendo.
Está era ella, su verdadero yo que palpitaba con fuerza en algún lugar de su alma.
Cansada de culpar a la aldea, agitada de arrepentirse, herida de la vida.
—Sakura, tu no fallaste.
—Mirame bien, Kakashi. Estoy cansada, estoy triste, estoy desanimada, pero no quiero volver a lo que era antes, deseo una nueva vida. Querías verme sin máscara ¿No? Mírame ahora. Ahora soy está chica civil, que antes fue una Kunoichi, y ahora no sabe cómo volver a vivir bien.
Entonces, Sakura esperaba algo más de él, lo que sea que le diese el visto bueno, a su nueva vida, en cambio Kakashi miró a otro lado, con el entrecejo arrugado y dijo:
—¿Quieres verme sin máscara? — más indignado de lo que tal vez pretendía, pero el dolor en sus palabras expresaba lo que Sakura no quería aceptar.
Culpa.
—No tienes que hacerlo, Kakashi.
Pero él ya había bajado la tela de su rostro y la miraba desde su lugar, como si temiera de su reacción.
De pronto, Sakura no podía procesar nada más allá de su cara. Una mandíbula de líneas rectas, la nariz afilada y sin desviaciones, armónica con todos sus rasgos. Su cicatriz tan característica balanceaba todos su cara y para su sorpresa, también había un solitario lunar poco más abajo de sus labios.
La desfiguración por la que todos apostaron alguna vez, nunca existió.
Kakashi era un jóven muy apuesto. Más apuesto de lo que alguien alguna vez alguien debió darle crédito, más joven de lo que a alguien pudo ocurrírsele. Y sin embargo, todo eso fue mínimo en comparación con lo que trasmitia su rostro, fue entonces que Sakura por fin lo entendió.
Al fin, no hubo máscara. Solo dolor grabado en sus rasgos completamente expuestos.
No me mires, parecía decir, casi pudo escucharlo a pesar de que él no habló.
Sakura ahora entendia las razones bajo su máscara. Y es que la cara de Kakashi era expresiva en formas que nadie podía procesar, algo en sus facciones emanaba vergüenza, angustia, culpa, e inmediatamente Sakura desvió la mirada lamentando haber mirado su alma desnuda.
Volvió a inspeccionar sus zapatos, moviendo los dedos de sus pies y jugando con el dobladillo de la camisa hasta que sintió haber encontrado las palabras.
—No más máscaras, por favor—dijo avergonzada, sin poder convertir las palabras en algo agradable, algo que no sonase como la necesidad de ser perdonada.
Kakashi cerró la distancia entre ambos, pero se abstuvo de tocarla: —Ni la tuya. ni la mía.
Sakura miró un punto por encima del hombro del peliplata, sin poder mirarlo aún a la cara, sintió el rubor hacerse mella en su rostro y cualquier respuesta que tuviese para Kakashi, se fue tan rápido como él le sonrió de vuelta.
Kakashi sin máscara no lucía tan estable como ella le idealizaba, sin embargo, se sentó frente a él en la modesta mesa cuando se lo indicó, y comió de su plato de galletas junto a una que otra sonrisa discreta.
—Renuncié. Hoy. Lo siento.
Él le sonrió de vuelta, y su expresión volvía a ser ajena a su rostro. Cómo si no llegara a encajar por completo, Sakura sentía que las sonrisas no eran algo que Kakashi estuviera acostumbrado a dar. Tal vez arrugaba su ojo solo para pretender que la hacía, o solo estiraba las comisuras de sus labios como un payaso triste.
—¿Es lo que querías? —preguntó —¿Te sentirás cómoda?
—No es lo que planeaba, pero cambiar mi vida me parece una buena idea.
—Yo apoyaré lo que decidas—respondió—, pero...
Sakura apretó los dientes y la galleta de arroz se volvió polvo en su boca. Kakashi no tenía derechos a tener peros en su vida, nadie más que ella lo tenía. Sin embargo, si iba a concederle un lugar en un su nueva vida debía admitir sus opiniones como validas no dolorosas, él no haría nada que fuese a herirla por lo que incluso debían ser útiles.
—Me gustaria que entrenemos juntos—terminó por decir—, quiero que recuperes tu chakra. No importa si no vas a usarlo, solo quisiera que lo tuvieras de vuelta.
Tragó el nudo de su garganta.
—Eso es doloroso para mí.
—La vida es dolorosa, Sakura. No deberías estar huyendo. No más huir.
Comenzó a acomodarse la máscara en la cara, pero la pelirosada saltó por encima de la mesa y le detuvo. Se arrepintió en el momento en que ambas manos se tocaron.
—Tengo una condición para poder aceptar eso: No uses máscara, cuando estés conmigo, cuando estemos solos, no uses la máscara.
El hombre asintió lentamente y ambos tardaron un par de segundos más en terminar el contacto.
—Entonces tenemos un trato. Pensé que pondrías más objeciones.
—Y las tengo, Kakashi, solo que... Quiero una nueva vida, pero quiero una vida sin miedo.
Una vida en la que estén todos, en la que estés tú.
Luego de un par de palabras más, y otras galletas, Kakashi acompañó a Sakura hasta la entrada, dónde tardo un poco más en girar el pomo. El corazón de Sakura dio un vuelvo en su pecho cuando le vio dudar al abrir la puerta y pensamientos abusivos comenzaron a dar vueltas en su cerebro, como si Kakashi jamás fuese a abrir la puerta, como si fuese a encadenarla en alguna mazmorra como un animal deforme, los oídos le empezaron a pitar en un ruido sordo.
Dio un paso a atrás, obligándose a empujar todo fuera de su mente, hasta que Kakashi giró el picaporte y dijo:
—La casera estaba en el pasillo.
Sakura soltó el aire contenido en los pulmones: —Creo que no le agradas mucho.
—No creo que alguien lo haga. Específicamente yo no.
Le acompañó hasta el pasillo.
—¿Mataste alguno de sus gatos?
—No le cayó muy bien que saliera con su hija.
Sakura ahogó una pequeña risa y cruzo el umbral hasta que le dio la espalda.
Al salir del edificio aún podía sentir la mirada de Kakashi en sus hombros —o quizás la de su casera— a pesar de haberse alejado casi trotando del lugar.
Incomoda como estaba, la posición del sol en la tarde le decía que tenía otro lugar donde estar y a esta cita no podía fallar.
Llegó a su departamento, tocó con fuerza la puerta de su rubio amigo, y sin esperar respuesta lo arrastró hasta el piso de abajo.
Naruto se dejó llevar, confundido pero seguro que no podría replicar ahora que Sakura voluntariamente había ido por él. Entonces, Sakura abrió su puerta y lo arrojó dentro del apartamento.
—Mira, Sakura-chan, sé que debí avisarte que volví de mi misión, pero el sabio Pervertido no-
Sakura le tendió el bolso que tenía en el respaldo del sofá donde había guardado dedicadamente cada una de sus armas, interrumpiendo así el monologo de Naruto.
Sus ojos azules pasaron del bolso y la bandana que sobresalía, a la cara ojiverde una y otra vez. Sakura pudo ver la confusión en él.
—Dime que no es lo que yo creo que es.
La chica tomo aire discretamente y asintió lo más firme posible: —Lo siento, Naruto.
Naruto volvió a mirar a la bolsa mientras la comprensión se hacía lugar en su rostro.
—¿Por qué?
—No puedo decirlo, lo siento Naruto.
—¡No sientas algo que no puedes explicarme, Sakura chan! ¿Es por esto que ya no quieres salir a misiones, que te alejas de nosotros?
—No puedo decírtelo, Naruto—su voz se quebró un poco a pesar de lo valiente que se sintió en el trayecto hasta allí—. Solo espero que entiendas.
—No, no entiendo. No creo que quieras que lo haga. Me estas abandonando, estas abandonando a la aldea-
—Que se joda la aldea.
Naruto apretó la bolsa en sus manos y salió dando un portazo tan fuerte que todos en el edificio debieron escucharlo claramente. En cambio, Sakura se quedó allí en su sala mirando fijamente el lugar por donde había salido, esperaba una reacción diferente de él, pero al menos, no fue tan malo como pensó.
Naruto era un peso que se acababa de quitar de encima.
NA: ¡Estoy tan emocionada de por fin poder publicar esto! porque creo que es un capitulo muy importante, Sakura esta decidiendo que quiere hacer algo con su vida de ahora en adelante y por decisión propia, ¡al fin!, además de que siento que la relación de ambos —aunque no se si se nota— se va volviendo cada vez mas privada, ya vemos que Kakashi confía lo suficiente en Sakura para mostrarle su carita hermosa. Inicialmente era un solo capitulo, pero me quedo demasiado largo asi que fue mas conveniente partirlo en dos, miren que la relacion entre estos personajes está bien compleja c: quiero abordarla bien, sin prisas.
El capitulo dos llegara para la otra semana, espero que les haya gustado este. ¡Muchas gracias a todos los que leen! En especial a: Aria, FairyMila, Istharneko, Joanaygarcia, Savka y Mrs. Drosselmeyer, que me dejaron comentarios en el cap mas reciente y no pude responder. Sepan que las leo siempre.
¡Gracias por leer!
