«A veces me pregunto lo que escondes detrás, mi silencioso amigo. ¿Qué máscara llevas? ¿O es que solo estás tan asustado como el resto?»
Kakashi la vio cruzar el pasillo a pasos rígidos y con los hombros cuadrados y firmes, como si ella esperase que alguien le atacara por la espalda. No había estado así hasta hace algunos momentos, primero ella lucia avergonzada, con pena de todo aquello que él fuese a decirle, por lo que al peligris le sorprendía enormemente que solo con demorar en abrir la puerta, la actitud de la chica cambiara instintivamente.
Se maldijo internamente hasta que la vio doblar en la esquina de las escaleras y luego cerró la puerta tras él. Ligeramente arrepentido de hacerla sentir incómoda en todo momento.
No es lo que él pretendía. Había leído sin parar los informes de Tenzo y comprendía que Sakura tenía un conflicto con el encierro —¡Cómo no tenerlo!— pero aquello era algo diferente al simple gesto de dejar correr tres segundos sin girar el picaporte.
—Debes de tener cuidado—dijo Jiraiya apareciendo desde el pasillo de su habitación.
Kakashi sintió ganas de golpearse la frente contra la puerta.
—¿Qué te hace pensar que no estoy tomando mis previsiones?
Él sentó su enorme cuerpo en la silla que antes había ocupado Sakura y se sirvió del plato de galletas de arroz dulce. El Hatake aprovecho para subirse la máscara.
—He estado observandote, Kakashi, no parece que estés tomándola. Sakura necesita espacio, creo que te estás acercando a algo en lo que no quieres estar.
—Ella no necesita espacio, necesita compañía.
—Necesita un psiquiatra y terapia.
—Con todo respeto, Jiraiya-sama, pero ambos sabemos que eso no sirve para una mierda.
Aprovechó para servirse un trago y uno para su acompañante.
El hombre brindó con él en silencio: —A ti, a mi tal vez. Pero Sakura es un ser diferente, puedo verlo. Sé mucho sobre mujeres ¿Sabes? ¿No has pensado lo difícil que debe ser para ella abrirse con alguien que conoce? Por ejemplo alguien como tú. Debe sentirse humillada, insuficiente, debe sentir que te falló. Ella necesita una conversación impersonal, alguien a la que su vida le importe una mierda, porque así no sentirá que le está fallando a nadie, especialmente a ti.
Kakashi no pudo distinguir si el ardor que recorrió su cuerpo fue por las palabras de Jiraiya, que se volvían realidad a sus oídos, o por el enojo que le provocaba tener que pensar en ella así.
—No quiero ser su psiquiatra—escupió—. Ambos sabemos que soy el menos apto, solo quiero estar ahi. Me necesita.
—Entonces actúa en consecuencia y deja de hacerla pasar un mal rato.
—¿De qué ha-
—Mirate, la culpa que se escapa de tu rostro, desaliñado, borracho, la sed de sangre y venganza brotando de tus poros ¿Crees que ella necesita reunirse con Lobo cuando viene a dar noticias de su vida?
—Estoy bien, estoy controlandome lo mejor posible.
El sabio se extendió en todo lo que pudo de la silla, con el rostro pétreo como si estuviera viendo algo más allá de él. Solo Jiraiya, con la experiencia que se gastaba, podía reconocer a su alter ego tan rápido como lo haría con su propia persona, y sin tapujos le pondría las cartas sobre la mesa. Kakashi —Lobo— sabía que podía tener una conversación honesta con el sanin, lo que no comprendía es por qué este quería o sabía acerca de Sakura, y sin embargo tampoco quería molestarse en entenderlo. Hubieron tantas cosas que quiso dejar de entender antes de volver a verla, y todas se las tuvo que tragar desde el momento en que sus ojos enormes llenos de miedo aparecieron en su puerta.
Jiraiya no sabía eso.
La ira que sentia, el instinto asesino que se escapaba de su cuerpo, se suprimió inconscientemente cuando ella cruzó su puerta y Lobo volvió de sopetón al lugar de su mente que Kakashi había destinado para él, hasta volver a necesitarlo.
Kakashi no le explicaria eso a nadie. Así como Jiraiya podía reconocer a Lobo estar en él con solo una mirada, aparentemente Sakura podía lograr disiparlo con posar sus ojos el él.
Esto no puede ser bueno.
Pero ya estaba hecho.
Jiraiya bebió mas, y un poco mas, y la silla bajo él crugió y Kakashi se resignó a mirar un punto en el fregadero intentando encontrar las palabras adecuadas, pero no las había. Lo que él sentía, las ganas de devorar el mundo, no podían ser puestas en una frase. Kakashi se sentía culpable, y Lobo quería hacerlo sentir bien, como siempre lo hacia, tomando el control de todo, actuando en consecuencia.
—¿Sabes cuál es tu problema? —dijo el sanin y sin esperar respuesta continuó:—Sufres demasiado. Cómo si esperases que el mundo cambiara por eso.
—¿Y desde cuándo hablamos de mis problemas?
—Desde que entré misteriosamente a tu casa y no has tenido ni la atención para preguntarme qué se supone que hago aquí.
A Kakashi la máscara le protegió de no verse ligeramente avergonzado por eso. El hombre había entrado por la ventana de la habitación, tal vez escuchó más de la mitad de su conversación privada con la mujer y aún así tenía la osadía de sentarse en su mesa y comerse sus galletas con su licor.
O Kakashi estaba más distraído de lo que pensaba, o Jiraiya tenía los testículos más grandes que cualquier otro hombre en el mundo.
—No necesito preguntarte, estoy seguro que no es una reunión de un club de ancianos. O viniste a buscar información o a traer.
De sus ropajes, saco un pergamino pequeño de cinta dorada.
—El deber te llama, princeso— y no esperó a réplicas hasta que Kakashi lo leyese. Salió tal como entró.
El peliplata por otro lado permaneció un par de minutos más en la mesa analizando si realmente debía abrir la nota. Sabía que el hecho de que Jiraiya hiciera de su mensajero era una advertencia discreta de que esta vez no podía huir del deber como venía haciendo desde hace días.
Pero la furia que traía contenida desde aquella pseudo conversación con Tenzou no se había disipado por completo. Era ira, eran ganas de destrozarlo todo y a todos uno por uno, arrancar sus uñas, cortar a tajos la piel de cada miembro del consejo y hacerse un lindo abrigo. Tanta furia contenida que no podría verles la cara sin escupirles.
—Lo siento mucho sempai—habia dicho Tenzou.
Su voz tenue, se fundía con el ruido de las máquinas que sostenían la vida de Gai estable y que sonaban como grillos de fondo.
Genma discretamente se había colocado a su flanco derecho como si esperara detenerlo en ese momento, pero entonces Kakashi no se sentía desquiciado, su cuerpo drenaba cantidades de adrenalina pero su propia mente no podía pedir más que descansar de todo y de todos por no poder procesarlo.
—Escucha—dijo Genma—. Estamos en una situación crítica, Gai está delicado, la misma aldea está pasando un momento de tensión, cálmate un poco por ahora.
Kakashi se sintió etéreo, las palabras de sus camaradas sonaban lejanas y solo podía distinguir dos sonidos, el beep consecutivo de fondo y la presencia de Lobo susurrando en su oído, rogando por salir.
—Lamento guardarlo, sempai. No pensé que estuvieras al tanto de esto, yo... Tu no...
—No estás apto para estas cosas.
El peliplata no pudo contener la sonrisa amarga que brotó en él.
—¿Para cuidar de mi estudiante?
—Para cuidar de nadie—sentenció Genma.
Kakashi se llevó la mano al cabello y tiró de él con fuerza tratando de volver en sí. A través de la ventanilla de la habitación, podía ver los tubos entrar y salir del cuerpo de Gai. Y estuvo a punto de gritar un par de improperios a sus colegas, cuando la chica Yamanaka apareció en la esquina del pasillo.
—Buenas noches, lo siento—entró timidente a la habitación de Gai.
Genma se pegó nuevamente de él y tironeó de su brazo hasta sentarlo en las sillas frente a la puerta.
Tal vez él tenía razón, pensó, tal vez Kakashi no estaba apto para cuidar de nadie. Su único rival convaleciente y conectado a un respirador mecánico eran la prueba de lo poco útil que podía ser la para eso.
Y aquel pensamiento fue más que suficiente para sentir los últimos vestigios de cordura escurrirse como agua entre sus dedos.
Kakashi no estaba apto, pero Lobo había sido creado para situaciones tan específicas como esa, y Sakura —nuevamente— tendría que quedar de lado por unos momentos más hasta que Kakashi puediese decidir que hacer con ella.
—¿Lograste deshacerte de todo lo que quedó en la guarida?
Tenzou lo miró, valorando si debía responder al drástico cambio de conversación.
—Plantamos un rastro falso, pero tarde o temprano debieron descubrirlo. El pacto está roto.
—Eso quiere decir que señalarán a Konoha cuando quieran. Mierda— Genma golpeó con fuerza el borde de la silla de plástico.
—No necesariamente. Ame señalará a Konoha de entrar armada a zona de paz, pero no pueden echarnos encima el asesinato del líder de su sindicato ¿O si, capitán Lobo?
Lobo paseó la mirada a cada uno de sus subordinados, incapaz de atinar qué estaban pensando, para medir cuál sería la respuesta correcta.
Decir que no estaba seguro, no era una opción, y asumir toda la responsabilidad le volaria los tapones a ambos.
«Hay que mentir», decidió.
—Fue algo limpio, no vio la mato que lo mató.
—Pero los guardaespaldas si—Tenzou señaló al hombre en la cama.
Kakashi apretó los dientes tan fuerte que estaba seguro que ambos lo oyeron crugir.
—Nos encargamos de ellos. No hay rastro. Y si llegara a haberlo, no somos los únicos en esto, el equipo de inteligencia se encargaría de borrarnos.
Genma suspiró:
—Bueno, rompimos el tratado de la zona de paz, y en este momento Ame debe estar a punto de enviar una delegación a Konoha para declararnos nuevamente la guerra por las zonas neutrales. Todo bien.
Ino Yamanaka salió del salió del cuarto. Su cabello rubio en marcado contraste con su uniforme verde y tardó un par de segundos en perderse en el pasillo, como si hubiera oído su conversación privada.
—¿Genma?
—¿Si?
—Ya cállate.
Entonces Kakashi se había dedicado a emborracharse durante dos días consecutivos mientras evitaba la fatídica citación a algún consejo de guerra por un conflicto que él mismo había causado.
La administración de Konoha fue astuta, mandó al único hombre que sabían que tenía los testículos bien puestos para infiltrarse al hogar del copyninja y obligarlo sutilmente a ir.
Abrió el pergamino. Cómo lo esperaba, citación para comparecer ante un consejo de guerra. Fechado para esa misma noche, pero él dudaba estar sobrio y tranquilo para entonces. Porque ver a los altos mandos a la cara lo obligaban a ser Kakashi y pensar en Sakura, y tener que dar explicaciones de la misión era volver a convertirse en Lobo.
Su persona fragmentandose en dos.
Como la galleta de arroz que ahora tenía entre los dedos, temía romperse hasta convertirse en polvo.
—Tal vez solo necesito unos calmantes—dijo en voz alta—O un Kunai en el corazón, lo que llegue primero.
-o-
Al día siguiente, el capitán Lobo tomó asiento dónde se lo indicaban sin prestar mucha atención a la audiencia. La sala de reuniones especiales que se usaba en anbu, curiosamente tenía una silla especial para los 'acusados' en medio de la sala con los espectadores en un gran semicírculo alrededor.
Perfecto para los juicios clandestinos, pensó, y se dió una reprimenda mental cuando sus pensamientos se fueron por otro hilo de ideas a tal punto de ignorar las voces de los burócratas.
—¿Es en serio?— se quejó Sadashi Miura. Su cara, aunque muy arrugada por los años, aún podía expresar muy bien la indignación en todos sus rasgos—. Este hombre ni siquiera nos está oyendo. ¿Parecemos un chiste para tí, Anbu Lobo?
—Usted no quiere oír la respuesta a eso, Canciller.
En la pared contraria a la anciana, pudo ver la silueta de Ibiki moverse incómodo.
Tsunade se levantó de su asiento, investida en sus ropajes ceremoniales, caminó decidida hasta Kakashi para poner una mano en su hombro y aclararse la garganta.
—Ahora si. Daremos inicio al interrogatorio oficial del comandante Lobo.—apretó ligeramente su hombro.— ¿Alguien quiere hacer la primera pregunta?
El corazón del Anbu dió un vuelco cuando Ibiki levanto la mano.
—Capitan Lobo—dijo—¿Considera usted que fue una misión fallida?
—No. El objetivo se logró, se hizo un asesinato limpio y sin inconvenientes.
Ibiki claramente quería decir algo más, pero Isoroku Yamamoto le interrumpió y se puso de pie junto a su silla.
—Cuentenos que ocurrió, por favor.
El peliplata dió una rápida mirada a cada uno de los presentes incapaz de buscar una historia que mantuviese a todos los vejestorios en sus cabales sin ofender al de al lado y por segundos se sintió un poco perdido sin saber qué hacer.
La historia real no era una opción. Decirles que la mision ya había empezado mal era como lanzarse la soga al cuello, y algunos de los presentes allí estarían muy complacidos en ver eso, pero tampoco podía ser tan descarado al mentir. En cualquier momento le llevarían con algún Yamanaka y alguien tendría que urgar su cerebro, eran las desventajas de haber arruinado un tratado de paz internacional.
—Todo iba bien. Mi teniente el Anbu Gato y nuestro especialista en armas Anbu Ardilla, trazaron una ruta para el objetivo y montamos el seguimiento de inteligencia en solo 48 horas, ellos comprobaron los acompañantes del objetivo y sembraron las semillas para infiltrarnos en la casa principal.
»Anbu Gallo y yo nos acercamos con la fachada que ya inteligencia había montado para nosotros, seríamos dos traficantes de la zona de Suna que compraríamos a la mercancía. Usamos clones para simular algunos secuaces, nos disfrazamos de locales, y decidimos ejecutar el plan.
—¿Por qué no los cuatro?— interrumpió Homura— ¿No hubiese sido mejor para afrontar el conflicto.
Kakashi lo busco entre los presentes, inclinado hacía adelante con un un pequeño pergamino entre manos.
—No asumimos que tendríamos un conflicto. Y alguien debía borrar las huellas que dejaramos, ellos se encargarían de sembrar una coartada para nosotros. El plan siempre había sido estar en la aldea como parte de los turistas y seguir circulando por ahí como civiles una vez acabara el asesinato, de ese modo no seríamos sopechos. ¿Cuatro supuestos comerciantes que aparecen de la nada y desaparecer luego del asesinato? ¿Sin comerciar? Eso es muy sospechoso.
—¿Y cuál era la mercancía? —inquirió Ibiki
Kakashi lo miró, como si estuviera preguntando alguna atrocidad y se quedó en silencio, en espera de que alguien quisiera decir algo más, pero ni a su lado Tsunade abría la boca. Todos en silencio esperaban que continuará su relato.
La experiencia le decía que era una mala señal, pero si nadie respondía, no sería él el primero en abir la boca.
—De igual modo, todo iba acorde al plan. Inteligencia nos hizo entrar y pronto nos encontramos hablando con el objetivo en su sala de reuniones. Nos mostró un catálogo, con la mercancía de dónde teníamos que elegir y eso hicimos. Nos llevó a las afueras de la finca donde usaban el espacio como sala de muestras, pero tan pronto como nos quedamos solos en sus caballerizas y dimos el golpe, todo un ejército de sus hombres irrumpió en el local. Ahí fue cuando todo se salió de control.
—¿Por qué no abandonó el cuerpo de Anbu Gallo si ya era una carga para usted? El cadáver podría haberse destruido fácilmente.
Kakashi miró a Miura como si le hubiese crecido otra cabeza. Tras toda esa mata de cabello azul llamativo estaba el cerebro de una Kunoichi que había vivido muchos más años que él, podía verlo en sus ojos, una mujer fría y controladora que bien podría haber llegado a su puesto usando las pieles de sus camaradas como tapetes.
Ella habría abandonado a Gai. Todos los presentes allí lo habrían hecho. Era eso lo que venia molestandolo desde que supo que tenía que someterse a un interrogatorio del consejo, tan incómodo que ni siquiera Lobo podía tolerarlo sin sentir ira o enojo.
Se clavó las uñas en la pierna. Por la mente de cada uno de ellos también habría pasado dejar a Sakura a su suerte, esperar que muriera de los abusos y deshacerse de su cadáver para conservar el honor de una aldea que está tan maldita como ellos.
Sintió ganas de levantarse y molerla a golpes y estuvo a punto de hacerlo de no ser por la mano de Tsunade que lo retuvo con fuerza en su silla, tan discreta que nadie podría haberlo notado, y sin embargo, la silueta de Ibiki se movió a una de las esquinas de la habitación listo para saltar sobre él.
—Pff ¿Bromeas, mujer? —interrumpió Yamamoto. Se acercó a él como si quisiera tocarlo, pero tal vez sintió el instinto asesino empezar a brotar del peliplata. El hombre se aclaró la garganta:— Es el hijo de Sakumo Hatake, no esperaba nada menos de tí, chico.
Ibiki interrumpió al hombre con un ligero aclaramiento de garganta que se escuchó glorioso para el Hatake y miró pacientemente al hombre mayor hasta tener su atención: —Mantenga la conversación impersonal, Yamamoto-sama.
Y vaya que lo necesitaba. Kakashi sentía que bien aquello en cualquier momento podía dejar de ser un simple interrogatorio y convertirse en una acusación oficial. Yamamoto no lo reconfortaba para nada, solo le recordaba amablemente que alguien de los suyos —el mismísimo Sakumo Hatake— también había pasado por ahí, y la resolucion de aquello no fue para nada bueno.
—Anbu Gallo conoce la ruta mucho mejor que yo, y se encontraba en condiciones suficientes para mantenerse activo en la retirada, en ningún momento fue una carga. Su conciencia mermó poco antes de llegar a la aldea.
—¿Estaba consciente al llegar al refugio?
—Si, Koharu-sama. Deben tener muy en cuenta la resistencia de Gallo-san.
Tsunade apretó de nuevo su hombro en señal de continuar: —¿Cómo sabían que el supuesto comercio seria una trampa? —le preguntó.
Kakashi miró uno a uno a los presentes sabiendo que aquella pregunta había sido hecha con toda la malicia del mundo. Cualquiera que le conociese sabia que él no era un hombre de falsas acusaciones por lo que si pensase que había una filtración lo diría sin rodeos, pero ellos no eran las personas con quién él quisiera hablar eso justo ahora.
—No lo se, Hokage sama.
—¿Seguro?
—No se me ocurre como podrían saberlo, Tsunade sama.
Sadashi se acomodó la yukata y se levantó, repentinamente indignada sin hacer contacto visual tal y como si estuviera a punto de dar una reprimenda para todos, en cambio, se aproximo a la rubia y se planto justo delante de su cara, tan cerca que ambas podrían intercambiar un par de bofetadas antes que sus escoltas llegaran a detenerlas. Tsunade no se echó para atrás y la encaró.
—Justo ahora el Señor Feudal esta tratando de arreglar los tratados civiles de paz que tus hombres rompieron. Una batalla en pleno corazón del pueblo. No somos mejores que Ame.
—Vamos, Sadashi-sama, era inevitable. Matar o mori.
—¿Y cuando Ame envió sus cazadores especiales a Tierra de Nadie? —cuestionó la anciana ahora en voz mas alta para todos—. Quiénes somos para quejarnos si hacemos lo mismo, solo que a diferencia de aquello, ellos no mataron a uno de nuestros lideres sindicales mas importantes.
Eso fue suficiente para Kakashi, asi que explotó:
—Era un civil, un delincuente civil que traficaba mujeres civiles. ¿Cree que no le estamos haciendo un favor a Ame? No joda con eso, Canciller. Rompimos un acuerdo internacional nada que un poco de burocracia no arregle, somos expertos en eso ¿no?
—¡MUCHACHO INSOLENTE!
—¡Kakashi!
—Tu solo eres un soldado, ¡Tu haces lo que te ordenamos hacer!
—Entonces deme una orden, Canciller, la reto a que me dé una orden.
Kakashi no midió lo enojado que estaba hasta que se levanto y la silla golpeó con fuerza el piso. Algunos de los escoltas de la anciana se movieron a la defensiva tras él pero ninguno se atrevió a acercarse, el instinto asesino que manaba de él debia ser lo suficiente para detenerlos a todos, y sin embargo la anciana no se movió de su sitió y le dio la cara arrugada y encolerizada.
—Hay evidencia para resolver esto por las buenas, señores—interrumpió Yamamoto—no es necesario acusárnos unos a los otros. El señor feudal tiene pruebas de lo que hacia ese hombre no solo en sus tierras sino en las nuestras con nuestros ciudadanos, el hecho de que haya ocurrido en su territorio solo es un infortunado accidente.
—¡Silencio, Yamamoto! No necesito oir mas. Ibiki Morino, arreste a este hombre por insubordinación.
Ibiki la miró y luego volvió la vista al peliplata en clara señal de desconcierto, como si desobedecer su petición fuera casi tan peligroso como obedecerla. El capitán Lobo no era un juego, todos estaban conscientes de eso, y el mismo Kakashi podía ver la escena trancurrir delante de sus ojos como si él no perteneciese a ella.
En cierto modo sucedia.
Cuando él se ponía ese uniforme perdia parte de su voluntad, mucho de lo que hacia o decía era delegado a su alter ego, una parte de si mismo que le costaba tanto controlar a veces, no porque no quisiera, sino porque no lo intentaba. Porque Kakashi los odiaba, a todos los presentes.
Por las noches soñaba con matarlos, revolcarse en las entrañas de todos ellos y saciar la sed de venganza que pedia su alma. Destajaria cada centímetro de sus viejos cuerpos y luego arrancaría las uñas una por una.
¿Cuánto habría tardado sakura en dormir en su propia podedumbre y fluidos ¿Habrian todos ellos dormido plácidamente arrullados por los lamentos de su Sakura? Kakashi luchaba por no saberlo, pero Lobo se lo pedia como si fuese alimento para sus acciones.
Todos los ancianos presentes tenían una deuda muy grande con Sakura, y por mas que Tenzou y Genma insistieron en disuadirlo, Kakashi seguia ansioso por cobrarla.
Tsunade interrumpió, tirando de él por el brazo enguantado y dejandolo seguro tras ella.
—Sadashi-sama, los castigos de mis hombres los impongo yo. Le exijo que se dedique a sus funciones que yo haré las mias. Doy por terminado este interrogatorio— y luego lo miró a él a punto de partir la máscara con la vista:—Capitan Lobo, los detalles de la ejecución de su misión los completara un Yamanaka en una sesión de interrogatorio. Dirijase a la sala de examen antes que lo ponga en una celda.
Ibiki llevó a Kakashi al piso de arriba donde se realizaban los interrogatorios especiales, aun sin tocarlo ni establecer contacto visual. La caminata entre el largo pasillo de oficinas, las escaleras y el sonido de las teclas de alguna maquina de escribir, se sintieron pesados y vergonzosos, mientras la furia salia demasiado rápido de su cuerpo, Kakashi se empezaba a salir un poco del personaje. Estaba dejando que sus emociones nublaran el poco juicio critico que le quedaba como Anbu.
—Estas mal—dijo Ibiki cuando lo dejó delante de la puerta.
Ninguno de los dos quería hacer contacto visual, vaya a saber Dios por qué el hombre no quería mirarlo, pero él no quería mirar a Ibiki porque de repente se sentía fracasado. Como si el humor burlón y colérico que había teniado minutos atrás se hubiese escapado tan rápido como llegó. Kakashi no le había fallado a Ibiki de ningún modo, pero luego de imaginar en blucle continúo como acabar con los altos mandos de la aldea, no podía mirar a la cara a uno de los hombres mas honestos y entregados que Konoha alguna vez llegaría a tener.
Kakashi estaba siendo hipócrita.
—Nunca habias actuado asi. Senti que querias matarlos.
—Tal vez iba a hacerlo.
—Esto es nuevo hasta para ti. Ten cuidado con eso, Lobo.
Se retiró sin esperar respuesta alguna y Kakashi esperó hasta que dobló en el pasillo, para poder abrir la puerta.
No recordaba todas las veces que estuvo en ese cuarto. Para un cazador especial era normal que el grupo de interrogatorio hurgara en su mente una o dos veces luego de cada misión. Sí resultaba incomodo y a veces un tanto escalofriante, pero el protocolo era asi, se obtenían mejores resultados y se agilizaba el proceso.
El capitán se sentó en la única silla de madera disponible en la habitación, bien iluminada bajo las luces halógenas y esperó pacientemente por Inochi. Le explicaría brevemente la situación y él pondría en el informe la información exacta que Kakashi había dispuesto para él. Ni Tsunade ni su consejo debia enterarse que había llegado ebrio a la misión, que el asesinato no se había hecho tan limpio como afirmó que era, que mientras lo mataba disfrutó darle una atenta tortura y probablemente esa haya sido la razón por la que fueron atrapados, y Gai definitivamente se convirtió en una carga cuando colapsó en medio del escape.
—Lobo-san.
Y todo iba a salir perfectamente bien hasta que el Yamanaka delgado y rubio que cruzó la puerta no era quien él esperaba.
Aparentemente Ino Yamanaka cumplía más de una función para la aldea.
—¿Dónde está Inochi?
Ella se veía reacia y firme, casi apunto de soltarle un golpe.
—Tiene otros asuntos más importantes para Lady Hokage.
Pero qué podía ser más importante para Tsunade que la misión fallida de Kakashi.
—Yo puedo esperarlo.
—Él no vendrá pronto, Lobo-san. Estoy yo y estoy yo. Coopere conmigo y terminaremos más rápido de lo que piensa. Y le advierto, no trate de salir del jutsu o podria rasgar su mente.
Kakashi suspiró muy consciente de eso y se acomodo en la silla mientras ella llegaba tras él. Sus manos delgadas y sorprendentemente frías tocaron sus sienes muy diferente a lo que haría su amigo y entonces empezó.
Fue rápido, doloroso e invasivo. Cómo si alguien escarbara algún lugar de su mente de modo insistente y agresivo, pequeños trozos de recuerdos empezaron a pasar como una película rasgada delante de sus ojos, la sangre, el peso de Gai sobre sus hombros, y la sensación de que se lo arrancaban.
Luego Ino cavó más adentro, desordenado, sin una secuencia en específica, se llevó pedazos de su borrachera anterior a la misión, y más adentro encontró las palabras de Asutka san mientras recibía el cadáver de su hija y entonces, un poco más adentro, llegó a Sakura. Kakashi quiso resistirse, eso no tenía nada que ver con su papel como ninja, y sin embargo su mente estaba tan difusa que no podía apartar la energía de ella. Cómo si la rubia lo alejase cada vez que trataba de guardar el recuerdo, era inútil por mucho que tratara de evitarlo.
Delante de sus ojos Sakura empezó a pasar en un filme entrecortado y borroso a los bordes, mientras se miraban en el campo de entrenamiento, cuando Sakura lloró en la biblioteca y no tuvo otra opción más que arrullarla, todas sus discusiones una a una, y los silencios cómodos que compartían ambos. Ino se llevó sensaciones, aquella calidez propia de un ebrio mientras disfrutaba de ver a Sakura sonreír por su nuevo trabajo, y luego el miedo que tenía cuando encontró el cuerpo descompuesto de la prostituta en la finca y no pudo evitar compararla con Sakura.
—¡No toques eso! —gritó desde lo más profundo de su garganta, pero Ino ya estaba afuera para entonces.
Frente a él le miraba inexpresiva, conmocionada. Ella definitivamente había visto más de lo que él pensó.
Kakashi se levantó, enfurecido de nuevo, mareado y casi ciego, y salió del cuarto con un portazo.
Ya no le importaba lo que sea que ella quisiera colocar en el informe, como siempre, Konoha-maldita siempre hacia lo que le daba la gana con él.
Llegó a su casa dando trompicones y cagado por la luz del sol, el mundo giraba alredor por lo que vomitó en el fregadero todo lo que se había comido en los últimos dos dias y un poco más, y luego resbaló por la pared hasta que se quedó hecho un ovillo en el piso. Inochi nunca lo hizo sentir así, pero él nunca trató de salirse del jutsu a la fuerza y su examinador nunca cavó tan profundo.
Cerró los ojos un momento y se tocó la cara solo para asegurarse que seguían ahí. Todo le punzaba, la cabeza, el pulso en el cuello, los oídos y los flashes de luz que veía como luciérnagas en su cabeza hasta que se apagaron y empezaron los recuerdos intrusivos y las voces inhumanas como si las tuviera de nuevo ahí.
-—¡Silencio! —gritó intentando callarlas, pero fue inútil.
Eran un zumbido que cada vez se hacía más fuerte, y entraba a su cabeza como abejas en un panal. Vomitó un poco más ahora en el piso y sobre si mismo hasta que se percató que aún tenía el uniforme Anbu.
Tanteó las manos sobre su cuerpo, se arrancó la armadura y los protectores de los brazos.
Eso lo liberaba un poco, pero aún no podía respirar y su estómago estaba hecho una fiesta. Sentía una migraña aproximarse si el zumbido no se detenía pronto, pero parecía que nunca lo haría.
¿Sería este su castigo por ser un perro fiel de lo burócratas? Se desmayó antes de responderse a sí mismo.
Muchas horas más tarde cuando Kakashi recuperó la consciencia, lo primero que se percató fue del desagradable olor a vómito que había en el lugar y lo segundo fue que no solo era el lugar, sino él también. Se estiró en el piso, y contó hasta diez antes de tratar de ponerse de pie, agradecido de que las cosas hubiesen dejado de moverse apesar de que aún tuviese migraña.
Por las persianas de su habitación se colaban las luces de la calle y lo que fue el zumbido de millones de abejas en su cabeza, se convirtió en el suave murmullo de los transeúntes por su calle.
Kakashi se dispuso a no pensar en eso por ahora y mejor limpiar el desastre que había hecho. Ya después tendría tiempo para analizar lo que sea que ocurrió, porque sospechaba que había otro desastre que tendría que limpiar.
Cuando todo estuvo limpio, incluyendo su persona, el estómago le pidió comida y colocándose la máscara de tela, el peliplateado salió en búsqueda.
Primero paseó un rato por las calles del centro, sin saber realmente porque estaba buscando algo con qué distraerse, luego se detuvo momentáneamente frente a la florería cerrada, y siguió su camino hasta llegar el restaurant-bar que solían frecuentar sus camaradas.
—¡Eh, Kakashi! —gritó Asuma apenas lo vió cruzar las puertas.
Estaba en una de las mesas del rincón, con Kurenai a su lado, aparentemente en una cena.
—Yo.
—¿Cuál es la ocasión especial para verte por acá? —preguntó la mujer.
Una camarera se acercó a Kakashi con un menú.
—Quiero lo que ellos tienen—dijo y ella asintió y se retiró rápidamente—. Oh, bueno, no mucho, hoy me rasgaron el cerebro y salí a ver si todavia soy normal.
—¿Normal? ¿Tú? Tendrías que volver a nacer.
—Asuma, déjalo. ¿Estás bien, Kakashi?
Tardó un poco más de lo políticamente aceptable en responder:
—Perfectamente.
La camarera volvió al mismo tiempo que un nuevo intruso llegaba a la mesa. Kakashi lo notó desde que entró al local y él a ellos por lo que no tardó en conseguir un par de sillas y saltar a la mesa.
—Los enamorados, y Kakashi—saludó Genma—. Les presento a la futura madre de mis hijos.
La rubia que venía con él se sonrojó.
Kakashi aprovecho la distracción para llevarse a la boca la mitad del tempura.
—¿Otra?
—¡Silencio, Kurenai! No los escuches querida.
Genma tenía la costumbre de elegir citas civiles y tontas, lo suficientemente despistadas para dejarse deslumbrar por sus actitudes de Playboy, y eso nunca fue del agrado de Kurenai. Siendo la segunda mujer de su círculo más cercano, antes de estar con Asuma se mostraba algo celosa con sus amistades.
«—Son celos de amiga— decía» pero a Kakashi siempre le pareció que en realidadcuidaba los intereses de Anko. Las mujeres entre ellas siempre tenían algún tipo de complicidad del que nunca hablarían, por lo menos en público.
—Como sea... Me enteré de lo que pasó hoy, Kakashi, eres un demente— Genma se carcajeó.
Asuma y Kurenai soltaron a reir: —Nosotros tambien. Bien hecho, Hatake.
El aludido bajó la vista a su comida terminada. Muy inocentes al felicitarlo, los rumores en Konoha corrían tan rápido como el viento y no dudaba que más de uno calificaría sus actos como insolentes. Pero tras la risa de Genma, sabía que él estaba consciente de la verdadera razón y que lo de hoy no había sido un simple acto de rebeldía.
—¿Que sucedió? —preguntó la chica.
—Este hombre que ves aqui, puso en su lugar a la canciller del país del Fuego y salió ileso para contarlo ¡Es mi ídolo!
Y aparentemente los chismes también se tergiversaban un poco.
Genma estuvo a punto de decir algo más, pero antes que pudiera abrir la boca, una mano se estrelló con mucha fuerza en la mesa haciendo saltar los platos y a la mujer rubia.
—¡Tú! —exclamó Anko.
Todos los ojos cayeron en el del senbon.
—Anko.
—¿Sabes que día es mañana?
Genma asintió tranquilamente, como si ella no estuviese arrojando veneno en sus palabras.
Anko miro con flechas en los ojos a la mujer enrollada en la cintura de Genma.
—Mas te vale que lo sepas. ¡Y si faltas...! —acercó su cara a centímetros del senbon— Te arrancaré las bolas y te las pondré de corbata.
Luego ella los miró a uno por uno, y se retiró con aquel caminar relajado y sensual que la caracterizaba. Cómo si nada hubiese pasado.
Genma miró la mesa en silencio y luego tomó el trago junto a la mano de Asuma y se lo bebió de una vez.
—Nunca entenderé esa relación de ustedes dos—dijo Kurenai para romper el silencio.—No están juntos pero... Hay algo.
Kakashi decidió que era el momento de irse, no quería quedarse en medio de una discusión amorosa ni volver a tocar los temas del pasado por hoy.
—Hay muchos tipos de relaciones—dijo Genma y Kakashi no perdió de vista como discretamente desenredó el brazo de la rubia—. Y muchos tipos de "algo". Las personas no necesitan estar juntos para amarse y hay muchos tipos de amor.
Kakashi solo salió del local, en silencio y sin despedirse de nadie, y al encontrarse en las calles vacías encendió un cigarrillo y vagó un rato sin rumbo fijo. Aún, por mucho que sabía que debía hacerlo, no podía poner en orden sus ideas luego de que Ino sacudiera su cerebro. Había visto tanto de Sakura, y se percató de lo mucho que piensa en ella sin siquiera notarlo, cómo indiscutiblemente todo lo lleva a ella.
Y eso le espantaba.
Tenía miedo de seguir encontrandosela en cada cadáver joven que veía, de inconscientemente tratar de recrear la escena que Tenzou le había contado, de soñar como cobraría por todas las que le habían hecho.
Kakashi no era Sasuke, él no podía ejecutar venganzas infinitas contra cada ser que le hacía daño, pero tampoco era Naruto y podía olvidarlo como si aquello no existiese. Él era Hatake Kakashi, y era obsesivo, y no dejaba de querer tomar la culpa en sus hombros.
Lo había sabido desde que la vió en la biblioteca y había tratado de ignorarlo, dejarla lidiar con eso, pero sin percatarse de que cada vez se iba metiendo más en ella.
Así como entre Genma y Anko había "algo" de lo que ambos nunca se zafarian. Kakashi sabía que entre él y Sakura también había "algo" creciendo, algo tan grande que le hacía querer voltearse contra todo por lo que alguna vez luchó, algo más grande que su necesidad de ocultar su rostro, algo más importante que la lealtad a su pueblo.
Se detuvó de nuevo frente a la florería y se sintió mal de haberse perdido el primer día de trabajo de Sakura por estar desmayado en su propio vómito.
Mañana vendré a verla.
Y cuando estuvo a punto de seguir su camino, escuchó su risa. Auténtica, como si realmente fuese ella y casi idéntica a como la mantenía en sus recuerdos.
Encima de la tienda estaba el hogar de los dueños, las luces estaba encendidas y la ventana más alejada estaba abierta. Un par de cortinas lila flotaban en el viento y entre ellas estaba Sakura, con el cabello muy corto, justo a la altura de su cara y un pequeño espejo de mano admirando el peinado.
Ella sonreía y Kakashi se sintió como si estuviera mirando un momento privado entre ella y su reflejo. Entonces Sakura bajó el espejo y se giró a la ventana sintiéndose observada.
Su sonrisa se amplió un poco más y levantó la mano en un tímido saludo. Kakashi se encontró saludando de vuelta, sonriendo sin control de si mismo, hasta que la silueta de Ino Yamanaka se interpuso, le dió una mirada envenenada y cerró abruptamente las cortinas.
Y la magia se apagó.
Kakashi volvió a casa y se lanzó en la cama sintiendose drenado. Ya no estaba enojado, ya no se sentía fracasado, no sabía que sentía. Lo único que sabía era que Jiraiya tenía razón, Kakashi se estaba acercando a algo en lo que no quería estar pero ya era muy tarde para echarse para atrás, estaba hasta el cuello de Sakura. Y por primera en su vida, ni Kakashi ni Lobo sabían qué hacer.
—¡Argh! Olvide pagar la cuenta, Genma va a matarme.
Si, ahí está. Hice todo lo que pude para no meterme en conflictos políticos y convertir el asunto de la misión en algo más entendible. Espero vayan siguiendo el curso de la historia y se vaya comprendiendo la trama.
Ya vemos que Kakashi no está tan cuerdo como parece y que poco a poco va a empezar a quebrarse, pero por lo menos ya sabe con pelos y señales qué es lo que traumó a nuestra pelirosa, y yo seguiré —en otros capítulos— dándoles pedazos de lo que fue su cautiverio en manos de ese loco, por favor tengan paciencia.
Si tienen dudas, críticas o sugerencias, me las dejan en comentarios.
¡Gracias por leer!
