« Supongo que es tentador tratar todo como si fuera un clavo, si la única herramienta que tienes es un martillo»
El tic tac insistente del reloj en el pasillo tenia un par de minutos que le había provocado una pequeña migraña. Nishimiya, desde su asiento, miró a la silla del hombre que escribía en el escritorio delante ella y luego al reloj como si él no notase lo incomodo que era.
Dudó de eso. Probablemente lo hacían con la misma intención que ella en su consultorio.
Había algo terriblemente perturbador en los sonidos repetitivos, que todos los que quisiesen jugar con las mentes de otros sabían que tenían aprovechar, por lo que el paso de dos minutos más, le confirmó su calidad de victima en aquella espera.
—Joven—llamó al Ninja a sabiendas que probablemente era uno o dos años menor que él—¿Falta mucho?
Él levantó pesadamente la vista de sus documentos y miró al reloj, probablemente cansado de la mañana, o de ella, o de la vida. De cualquier modo, su mano garabateó algo sobre un pergamino y pasaron diez o veinte segundos de silencio hasta que dijo: —Tsunade-sama le atenderá cuando Tsunade-sama pueda atenderla, no antes, ni después.
Yuko se aclaró la garganta, incomoda con la respuesta, no se sentía paciente para presionar más allá de eso y probablemente el tampoco tuviese la culpa de que su espera se hubiese prolongado más del tiempo que ella tenía disponible para eso.
Debía ir al consultorio, donde tenia probablemente una pareja esperando para su terapia matrimonial en una mañana conflictiva y contraproducente, pero sabia a que se enfrentaba cuando Tsunade Senju llamó personalmente por ella —una simple medico civil— para cubrir un asunto extra confidencial. No a cualquiera le confiaba la salud mental de su preciada estudiante, le dijo, entonces le dio instrucciones detalladas de lo que debía hacer, entre esas, una o dos reportes extra oficiales al mes para ponerla al corriente de algunos detalles que probablemente el consejo no necesitaba leer en los informes.
Luego de unos minutos mas de espera, cuando estuvo a punto de volver a preguntar por su cita, el hombre levantó la cabeza del escritorio y saludo a un recién llegado que apenas doblaba la esquina.
—¡Eh, tú!
—Yo. Raidou—respondió con voz plana.
—Te estaban esperando desde hace como una hora—le dijo.
Él la miró a ella y luego la puerta cerrada sospesando alguna respuesta. Su único ojo pareció calcular mil y un pensamientos confusos, en cambió su respuesta fue escueta y desprovista de toda emoción.
—Yo puedo esperar ahora.
—¿Bromeas? Claro que vas a esperar, los Yamanaka tienen una de sus sesiones informativas ahí dentro. Tsunade esta fúrica, puedo sentirlo aquí.
El hombre de pelo gris se sentó a una silla de distancia de ella.
—¿Sí? Me pregunto por qué será.
El tal Raidou volvió la vista los documentos delante, rebuscando entre ellos.
—Ibiki pasó esta mañana, te dejó esto—le entregó dos folios blancos tamaño oficio—. Dijo que ya sabias qué hacer.
—Odio la tarea, Raidou.
—No es mi problema, hombre.
Pasaron unos minutos, tres, cuatro o veinte, el tiempo era muy subjetivo en las esperas. Nishimiya volvió a mirar el reloj, la hora de su cita había pasado por completo y esperaba que alguien en la clínica hubiese tenido la delicadeza de atender a sus pacientes o despecharlos a la salida. ¿La espera también era parte del contrato? No, esto no tenia nada que ver con la tarea para la que se le llamó, pero Yuko tenia muy poco que decir acerca de eso.
Tsunade le dio varias instrucciones específicas, la mitad de ellas con detalles muy limitados de los traumas de Sakura y el comportamiento que le recomendaba adoptar para la terapia, la otra mitad era referente al orden místico y detallado que tenia que llevar cada informe.
Un informe oral y mensual sobre el progreso de Sakura Haruno. Dos informes quincenales sobre las terapias, sus métodos y la información recolectada. Uno para el consejo, y uno para Tsunade. Ambos debían ser aprobados por ella con antelación. Todo un procedimiento, pero a Yuko no le generaba curiosidad saber más allá de eso.
Lo que le había ocurrido a Sakura parecía un lamentable incidente parte del trabajo que realizaba, y aunque sabía que había algo mas allá de eso, Yuko Nishimiya entendía que algunas cosas no debían saberse. Lo que sea que estuviese pasando, Tsunade pensaba que podría alterar su juicio clínico tal vez, o quizás era un asunto de confianza. De cualquier modo, había algo que la rubia mandamás temía que Yuko colocase en papel y de lo que el consejo no podía enterarse.
¿Podía hacer algo más allá de eso?
—Oiga, joven—volvió a llamarle—. Tengo varios compromisos, la hora de mi cita pasó, al menos podría confirmar si la reunión sigue en pie.
Raidou suspiró, como si aquel reclamo fue parte de su día a día.
—Tsunade-sama no cancela citas, señorita. Tiene que esperar.
El hombre de pelo gris puso en la mesa los papeles que antes había estado llenando y llamo la atención del oficinista:
—Vamos, Raidou, solo confirma su reunión, no te cuesta nada.
Raidou abrió la boca para responderle, aparentemente mas dispuesto a comunicarse con aquel hombre que con ella, pero en ese instante la puerta de la oficina se abrió y de ella salió una joven alta y rubia con un aire imponente.
El tipo de mujer que nunca miraría al hombre de la cicatriz y sin embargo, ella se detuvo un instante antes de retirarse y le dio una pequeña sonrisa de labios rosa.
Raidou revolvió los papeles algo nervioso y apenas ella dobló el pasillo, el hombre tomó todos los papeles y pergaminos de su escritorio y se adentró en la oficina sin decir una palabra.
Nishimiya volvió a su asiento y sopló el flequillo de su cara.
—Esto parece una broma—murmuró enojada.
El shinobi a su lado no contestó tal como esperaba, pero sin mirarlo, se imaginó su único ojo pasando información de allá para acá. Él parecía del tipo callado e introvertido, el aire relajado que emanaba se hacía físico en su forma de sentarse o de dirigirse a los demás.
Le dio una mirada de reojo, repentinamente curiosa, tenía la sensación de estar dejando pasar algo importante. Ella tenia el don de poder leer muy bien a las personas, una cualidad excepcional que había facilitado mucho su trabajo como psiquiatra y recientemente como psicóloga, pero que en su vida cotidiana se convertía en una maldición.
—Eh, inútil—Raidou salía de la oficina y señalaba al hombre—. Entra.
La mujer morena se llevo la mano a la frente mientras sentía la frustración crecer en ella.
—Me tocaba a mi—le dijo a Raidou cuando la puerta se cerró—. Llevo tres horas acá esperando, definitivamente me tocaba a mí.
—Si, su cita lleva tres horas de retraso, pero la de él lleva cuatro. Tiene que esperar, señorita.
—¡Genial! —exclamó.
Quince minutos después, el reloj marcaba casi medio día y por lo que veía también se iba a estropear su tarde libre, estaba frustrada y agotada, con ganas de largarse pero irse sin permiso de la Hokage debía ser algo un poco ilegal.
¿Y qué? Pensó, su paso por la oficina resulta tan extra oficial como el informe en sí. Quizá si lo guardaba y regresaba en otro momento, Tsunade estaría mas dispuesta de recibirla, pero también podría estar más molesta.
Nishimiya no llevaba una vida viviendo en esa aldea, ella no sabia como se manejaban las cosas con las autoridades, pero no creía que distara mucho de la vida en su ciudad natal. Te llama el alcalde, vas, no te atienden, vuelves en otro momento, ¿Por qué los ninjas tenían que complicar las cosas siempre?
—Oye...Raidou—se atrevió a llamarlo por su nombre y vio la confusión en su rostro—. Tal vez si regreso en otro momento...
—¿Tsunade sama le mando a llamar o usted agendo la cita?
—Ella me citó.
—Entonces debe esperar.
La mujer se cruzó de brazos.
—Pues me parece una falta de respeto.
—¿Sabe qué? Ese no es mi problema.
Yuko se levantó de la silla, dispuesta a decir un par de cosas, pero la puerta volvió a abrirse y una mujer delgada de pelo negro sostuvo el picaporte.
—¿Nishimiya-san? Ya puede pasar.
Le dio una mirada de reojo a Raidou y se acercó hasta la puerta.
Tsunade, tal como lo haría la máxima autoridad, estaba tras el escritorio. Tenia la cara ojerosa y cansada, asomada entre arrumes de papeles y documentos.
—Shizune, puedes retirarte, por favor y cancela mis citas por el resto de la tarde. Yuko, adelante, toma asiento.
La chica salió y cerró tras ella, y a medida que Yuko se aproximaba a la silla, se percató que aquel ninja nunca había salido y ahora estaba tras Tsunade de pie.
—¿Cómo has estado?
—Perfectamente bien, gracias, Hokage-sama.
Tsunade se recostó en su gran silla y sus manos nerviosas recorrieron algunos papeles justo frente a sus narices. Yuko esperaba que ella le diera la palabra, tenia en su bolso preparado los dos informes que debía entregar y casi memorizado el reporte oral que estaba segura que pediría en ese momento. Pero Tsunade parecía tener otros planes.
—¿Puedes echarle un vistazo a esto? —dijo y le extendió un simple folio tamaño carta con un par de manchas de tinta.
Nishimiya tomó la hoja y saco los lentes de su bolso para examinarla.
Era un dibujo, un simple dibujo de un rostro hecho a bolígrafo sin mucho detalle.
—¿Un dibujo? —preguntó pese a estarlo mirando.
Tsunade cruzó las manos bajo su barbilla y su rostro normalmente poco expresivo se volvió mas severo.
Luce preocupada.
La morena volvió a mirar con más atención el dibujo intentando no dar mucha atención a las expresiones de su Hokage, ya tendría tiempo para analizarlo a fondo.
La obra de arte consistía de un rostro poco detallado, los trazos de cabello, corto hacia un lado, parecían haber sido hechos con mucha prisa, sin atención; los ojos sorprendentemente simétricos, tenían líneas muy gruesas pintadas con rudeza; y todo el perfil izquierdo muy mal sombreado. Un rostro que con amor pudo ser estéticamente agradable pero estaba representado de muy mala manera.
No era una obra de arte, en definitiva. Era un dibujo que fue realizado a las prisas y con mucho odio de por medio, bien podría ser la cara de un criminal o de un prisionero.
Yuko Nishimiya se sintió más confundida, no entendía si debía analizarlo o reconocerlo.
—¿Qué piensas de él?
—¿Qué pienso...? Es un dibujo bastante expresivo, aunque muy ambiguo, dice muchas cosas del artista —tenía un pensamiento seguro y contundente acerca de eso.
—¿Ah sí? ¿Qué te parece el artista?
Yuko pensó un poco en sus palabras para encontrar poner un poco en orden las ideas, se sintió un poco incomoda bajo la atenta mirada de la mujer y aquel ninja.
—Dime un poco de él, te escucho.
—Primero, está incompleto, debió dibujar la figura humana entera, no solo el rostro, esto probablemente indica que no se siente cómodo pensando en si mismo. Mire acá—señaló la ubicación—es un rostro de tamaño promedio, eso es bueno, pero esta inclinado, mirando a la izquierda y abajo, reflexiona de conflictos en etapas pasadas, podría ser alguien que tiende a la introversión.
»Hay mucha simetría entre ambos ojos, es alguien rígido, tal vez se exige demasiado y al mismo tiempo se siente renuente de darlo. Enfatiza mucho las líneas y las oscurece, omite algunos rasgos y detalles. Este rostro esta molesto, y le ha dado mucho detalle a esa expresión. Nariz sombreada, boca en línea gruesa. Todo esto indica mucha agresión y hostilidad. Pero al mismo tiempo temores internos.
Tsunade volvió a lo que debía ser su posición en control, estirada por completo sobre la silla con los brazos relajados a los lados y una sonrisa asomando entre sus labios rojo cereza. Tras ella, el shinobi se removió probablemente algo inquieto, pero su superior no pareció importarle. Miró a Yuko y le hizo una señal con la mano para que continuara.
La aludida se aclaró un poco la garganta:
—En realidad no hay mucho que concluir, la prueba está incompleta y realmente no conozco al sujeto.
—Pero ¿cuál es tu conclusión real sobre él?
—Creo que tiene mal carácter, tal vez algunos problemas de ira. Es oscuro. Está molesto. No se siente seguro y no sabe que hacer al respecto. Desearía poder controlar sus demonios en lugar de que sus demonios lo controlen a él. Está perdido. Solo.
Ella le devolvió el dibujo y Tsunade lo tomó en silencio y lo dejó en su lugar, tomándose un minuto para mirar detenidamente el boceto. Yuko empezó a sentirse un poco nerviosa, como si hubiese dicho algo malo. No había tenido la aprobación o el visto bueno de la Hokage, y eso solo podía significar dos cosas, que ella estaba de acuerdo o que de plano no le había gustado la respuesta.
—O tal vez solo estaba borracho —concluyó cuando el silencio empezó a hacerse pesado—Lo siento, Tsunade-sama, a veces saco conclusiones apresuradas.
—No, creo tienes razón. ¿Qué te parece este otro?
La psicóloga tomó el otro folio que le ofrecía, una hoja blanca tamaño oficio con otro dibujo incompleto y a lápiz esta vez.
—Es el mismo artista.
Y aunque a simple vista los dibujos eran radicalmente diferentes entre sí, Yuko podía ver pequeñas similitudes por aquí y por allá que le demostraban que habían sido pintados por el mismo hombre. Este dibujo era mas suave que aquel, se notaba que también había sido hecho a las prisas, pero habían prestado más atención a algunos detalles y otros se habían alisado. Ya no proyectaba sombras que cubrían un perfil, y los ojos aun eran simétricos, pero de trazos mas claros. No había tachones o manchas de tinta, todo era tal pulcro y cuidado como aquel que levanta un día su lápiz y decide pintarse.
—Acá su vida parece estar un poco mas en orden. Aun esta solo, no hay muchos detalles por lo que pobremente aun no sepa qué hacer, me parece que él es alguien evasivo en cuanto a su carácter en las relaciones con quienes le rodean, pero sus demonios están amarrados. Está bien podría ser una máscara, inexpresivo o introvertido, socialmente aislado. No es mejor que el anterior.
—Entonces... ¿Es un buen artista, estaba ebrio o solo necesita un psiquiatra?
—Tal vez son todas.
Tsunade sonrió y esta sonrisa si llego a sus ojos, se aflojó un poco la túnica.
—Me agradas, Nishimiya, creo que nos llevaremos bien. Kakashi, ya puedes retirarte.
Así que este es Kakashi...
—Si, Tsunade-sama.
—Y quiero todas esas misiones D, listas para esta semana. Estoy cansada de tener que salvar tu trasero.
—Si, Tsunade-sama.
Él se movió hasta el borde de la ventana, a punto de saltar, con pasos rígidos como un robot.
—Y si ves a Sakura—agregó Tsunade. Kakashi se detuvo abruptamente—. Dile que pase por la oficina de asuntos Kunoichi para su liquidación.
Nishimiya le vio saltar por la ventana, aun no muy acostumbrada al mundo de los ninjas, y una duda empezó a formarse en su mente.
Cuando estuvieron solas, Tsunade se aclaro la garganta, lista para hablar, aunque de la nada empezó a notarse incomoda.
—Yuko Nishimiya, esto es un pequeño encuentro bajo secreto profesional, ¿verdad?
—Claro, Tsunade sama.
—He leído los reportes sobre el estado de Sakura, no hay muchas mejoras.
Nishimiya exhalo todo lo que pudo, preparada para dar noticias algo neutrales que sabia que Tsunade las esperaba. Ella le miraba en su asiento, incomoda y casi preocupada.
—No muchas, se niega a hablar incluso de trivialidades.
—¿Asiste y se sienta en silencio por cuarenta minutos?
—A veces si, a veces no. A veces hemos tenido pequeñas conversaciones, no puede dormir y esta bastante ansiosa, aunque eso puedo verlo.
Tsunade movió otros papeles y saco el informe que Yuko realizó para el consejo.
—Otra de mis estudiantes, esta siguiendo atentamente tus reportes y encontró un par de incongruencias. Aquí dice que Sakura no habla, se niega a ser colaborativa y no puede desahogarse, pero en este otro —liberó otro folio— mucho mas reciente, habla sobre una ruptura de rutina.
—Si, tuvimos algo como una conversación. Ella paso toda la sesión en silencio, pero casi al terminar nombro un acercamiento que tuvo con su ex maestro.
—Exactamente, el hombre que acaba de retirarse.
Nishimiya no conocía a Kakashi Hatake a pesar de que su solo nombre parecía ser una leyenda tan mítica como tangible en las calles de la aldea. Había escuchado de jóvenes y de ancianos su nombre y sus hazañas tanto con admiración como con desprecio, y hoy precisamente había podido ponerle cara al nombre.
—Pero ahí falta una actualización, Hokage sama. El nuevo trabajo de Sakura, y su capacidad de socializar están cambiando, no sabría decir por qué. Nuestra última sesión fue ayer por la tarde y al menos físicamente hay un cambio, tampoco sabría decir si es una mejoría.
—Yo quisiera creer que lo es.
La morena abrió la boca, lista para tener que contradecir un poco de eso, pero inmediatamente una pequeña fotografía en el escritorio, había quedado visible mientras la mandamás rebuscaba entre los papeles. Una pequeña Sakura de doce años, asomaba la cabeza entre el abrazo de Tsunade.
Nishimiya se mordió la lengua.
—Podría ser—dijo—. Sakura tiene Síndrome del sobreviviente, y un TEPT. Pero ella ya ha aceptado el trauma y esta consciente de sus fallas incluso podría estar tratando de corregirlas sin querer compartirlo con nadie. No es lo ideal, pero necesito probar algo, por lo que ayer le di una pequeña tarea como prueba.
Tsunade le interrogó con la mirada.
—Le pedí que tenga una pequeña cena con un par de amigos. Esta en un nuevo trabajo y me parece que quiere desempeñar un rol más "civil", así que sería justo estimularla a que vuelva a tener interacciones sociales por ocio y no por deber. ¿Está bien con eso?
—No lo sé, es tu criterio médico.
—Es que, con todo respeto, parece que me ha traído acá para aprobar mis decisiones, Tsunade sama.
Tsunade empezó a sudar, y Nishimiya sintió tocar una fibra sensible. Ahí había algo mas que el compromiso de un Hokage por un estudiante preciado y destacado.
—¿Qué edad tienes, Nishimiya?
—Treinta años.
—Imagino que no tienes hijos—la aludida negó con la cabeza— pero tienes algún hermano, ¿o me equivoco?
—Tengo una hermana menor, Hokage sama.
—Y la amas, y quieres lo mejor para ella, y estas dispuesta a tomar la mejor decisión para ella incluso si eso implica no estar mas presente para ella ¿verdad?
—Concuerdo con todo, Tsunade sama, excepto con eso ultimo. La dejaría tomar sus propias decisiones, pero no creo poder alejarme.
—Entonces comprendes por qué creo conveniente aprobar tus daciones. Sakura es para mi más que mi estudiante, y ya le falle cuando más me necesitó, no puedo cometer el mismo error dos veces. Así que estoy apelando por tu criterio médico, y confiando en él, pero me siento en la obligación de estar al tanto de cada paso.
La morena de lentes asintió comprendiendo en parte la citación, pero la cuestión de los reportes diferentes aun molestaba un poco. Entonces Tsunade dijo;
—El único problema, es que cuando permití que Sakura se viese con un psicólogo civil, no preví que fueses tan competente en tu trabajo o diligente y especifica con tus reportes—continuó—El consejo no quiere para ella todo lo que quiero yo, Sakura tiene información muy preciada en su mente, cosas que a nadie le conviene saber, pero están conscientes de que su cabeza esta un poco mal organizada ahora. Ellos no necesitan saber que ella se está estabilizando, por una ley que ni siquiera yo pedo violar, la someterán a duros interrogatorios, le harán revivir su trauma más del necesario para salvar sus arrugados cargos. Entonces, yo no les diré que Sakura esta mejorado, y tu tampoco lo harás. ¿De acuerdo?
—Comprendo.
—De ahora en adelante, cambiaremos un poco el plan. Vienes dos veces al mes, me reportas directamente a mí la novedad de mi estudiante, y juntas escribimos un lindo informe para el consejo.
—Entendido, Hokage-sama. Entonces continuare mi plan de terapia para Sakura, sin problemas—Nishimiya se levantó, lista para retirarse.
—Correcto... En cuanto a Kakashi, me gustaría que acordáramos un par de cosas, siéntate.
-o-
Cuando la mujer llegó a la clínica, ya había pasado la hora del almuerzo. Sus pacientes del día probablemente fueron remitidos a otro terapeuta, y el lugar se encontraba vacío.
Yuko subió las escaleras hasta su consultorio, sin detenerse en la recepción y evitando los ascensores para no tener que toparse con nadie en ese momento. La migraña que tenía desde que salió de la torre Hokage seguía atormentándola con fuerza y sentía que con quien sea que se topase, su cerebro podría explotar.
Ser nueva en la clínica y algo introvertida, la convertían en el bicho raro con el que nadie quería tener un almuerzo o el objeto de criticas de las secretarias.
Esas cosas nunca cambiaban, ni siquiera en una pequeña aldea ninja, y antes le habían sucedido en la gran ciudad cuando ejercía como psiquiatra. ¿Quién diría que estudiaría todos esos años como médico y como psiquiatra para escuchar por los pasillos del trabajo que la loca era ella?
—¡Oh! Nishimiya-san, no esperaba verla tan tarde por acá —le saludó la secretaria del piso—Derivamos sus pacientes a Mitsuya-san.
—Esta bien, gracias, Yuki. Tuve que atender asuntos especiales.
—Vino una chica, me dijo que necesitaba verla hoy, pero se fue antes de que pudiera buscar bien su nombre en la lista, ahora no recuerdo muy bien que me dijo, pero estaba muy nerviosa. Incluso le ofrecí que esperase ver a Mitsuya y no quiso.
Nishimiya sabía que ningún otro de sus pacientes sería tan evasivo como Sakura.
—Esta bien, Yuki, ya hiciste bastante por mí.
La psicóloga entró a su consultorio, tomo las notas que guardaba bajo llave en el escritorio y salió con una despedida a las prisas.
Planeaba llegar a casa, quemar los reportes que tuviese de Sakura y tener una buena comida, nada del otro mundo, pero necesitaba darse un tiempo para organizar un poco sus ideas y replantearse la situación de Sakura.
Tsunade no había dicho nada muy especifico sobre el trauma y ni menos se había opuesto a su plan de terapia, pero algo en sus palabras no lograba dejarla contenta del todo. Parecía como si Sakura fuese una niña indefensa que quisiese proteger incluso a costa de su desinformación. Y es que Nishimiya no entendía mucho sobre las cuestiones ninjas —mucho menos sobre su salud mental— pero no creía conveniente ninguna de las sugerencias de su Hokage.
«—Tal vez hayas oído de Kakashi.
—Solo cosas buenas, Tsunade sama.
—Entonces te han mentido. Kakashi tiene muchas mas cosas malas que buenas. Es un ser con cero habilidades comunicativas, insensible y caustico, pero tiene esta cosa muy sobreprotectora con todos sus alumnos.
—Ella habla con él, tienen pequeñas charlas triviales.
—Exactamente, y Kakashi no es un ser trivial, así que lo que sea que lo esta llevando a Sakura de nuevo implica un compromiso emocional muy grande.
—Sakura no esta preparada para rodearse de todo el mundo, con todo respeto, Hokage-sama. Como le mencioné muy claramente en mis reportes, ella aun no posee habilidades sociales, apenas estoy ayudándola a estimular un poco su comunicación con sus personas cercanas. Solo con personas cercanas. Cualquier otra intención social que no la haga sentirse cómoda es un retroceso.»
De camino a su casa, Nishimiya se detuvo frente a un lugar muy popular. La Florería Yamanaka.
Desde el otro lado de la calle, se sintió tentada a acercarse solo para observar con curiosidad a su paciente, pero sabía que esto rompía cualquier regla de ética que podría tener. Ella no era un psicólogo muy convencional, pero podía trazar perfectamente el límite entre su profesión y su curiosidad personal.
No, Yuko, no, vete a casa.
Vio a Sakura y a una mujer mayor recortar un par de flores, y antes de que la pelirosa diese la vuelta hasta la vitrina, Nishimiya partió a correr.
Llegó a casa, jadeando y lo primero que hizo fue lanzar los folios al fregadero metálico y prenderles fuego, luego de eso perdió la voluntad para cocinar. Se lanzó en el sofá, frustrada, hasta que el teléfono sonó y era su padre.
Hablaron un par de horas y justo antes de cortar, él dijo:
—Vamos, dime que te molesta.
—No es nada, papá, cosas del trabajo.
—Pero ayer no estabas así, ¿algo pasó?
—Solo tengo un paciente algo difícil —admitió, convencida de no estar rompiendo el secreto profesional.
—¿No está cooperando?
Nishimiya se mordió el labio, sin saber exactamente qué responder. No es que Sakura no colaborara con su tratamiento, en lo posible ella o hacia —o se notaba que quería hacerlo—, asistía a sus sesiones a pesar de no decir mucho, y ayer cuando le dio su primera tarea por cumplir, ella pareció bastante dispuesta a hacerlo.
—No es eso... Es solo que, ha pasado por cosas muy duras, y esta intentando rehacer su vida, pero no creo que con las personas adecuadas.
—Bueno, pero como sabes que no son adecuadas.
—Tengo este extraño presentimiento que no me deja estar tranquila.
—Mi hija la obsesiva... Ojalá pudiera ayudarte.
—Está bien, papá—por la ventana vio las luces de la calle encenderse—. Es algo tarde y debo colgar, te llamo pronto.
Tomó dinero de la mesilla, las llaves y salió de nuevo.
Primero vagó un rato por la calle buscando algo con lo que cenar puesto que se había saltado el almuerzo, luego, se encontró entrando al centro de la ciudad, las áreas shinobi, donde casualmente estaba la florería.
Yuko se sentó en el puesto de dangos del frente, y se soltó el cabello y se retiró las gafas para evitar que Sakura la viese, pero aunque esperó y esperó no encontró nada referente a lo que buscaba.
¿Pero qué es lo que estoy buscando?
Ni ella misma lo sabía.
¿Esperaba que Sakura se reuniese con su maestro y así pudiese ver lo que Tsunade veía? ¿Qué esperaba ver cuando estuviesen juntos? ¿Le haría consumir drogas, patear cachorros?
«—Pero él le hace sonreír y cualquiera que haga que mi estudiante sonría, debe estar en su vida.
—¿Quiere que anime sus acercamientos?
—Podría decirse, sí. No estoy mintiendo cuando te digo que Kakashi es una mala influencia, está más allá de toda ayuda posible, pero Sakura esta cómoda con él, habla con él, está mejor cuando esta con él. A mí no me importa el resto.»
Estaba rompiendo de nuevo la ética profesional, pero decidió mandarla al diablo por un rato. A veces alguien tenia que hacer estas cosas solo si eso contribuía a salvaguardar la salud mental de sus pacientes.
Y era muy extraño, porque en un principio se preguntaba por qué si Kakashi estaba "más allá de cualquiera ayuda" se le había puesto a cargo de niños en un principio, o por qué aun así, Tsunade le quería tan cerca de Sakura en momentos tan delicados.
Sin embargo, Kakashi nunca llegó, y Nishimiya se levantó, avergonzada y derrotada, y se retiró sigilosamente hasta la siguiente cuadra y vagó sin rumbo fijo por un rato más.
Cuando su estómago rugió pidiendo comida que no fuesen dangos, se metió al lugar mas tranquilo y cercano que encontró y tomó una mesa algo alejada.
Era un resto-bar shinobi, no el mejor lugar para un civil que quisiese una comida tranquila o un simple trago, pero tampoco era como si estos lugares estuvieran prohibidos para los no usuarios de chakra. La zona ninja de Konoha era mucho más agitada y activa que la civil, y probablemente Yuko nunca se acostumbraría a eso.
Esperó tranquilamente por un mesero, mientras veía gente entrando y saliendo del bar, hasta que una señorita se acercó.
—¿Qué me recomiendas que sea rápido y sabroso? —preguntó cortésmente.
La chica sonrió y miró la mesa de al lado que estaba muy cerca.
—¿Qué recomiendas hoy Asuma-san?
Un hombre y una mujer shinobi disfrutaban de una cena. Él se dio la vuelta y sonrió.
—Hoy definitivamente es Viernes de Sushi, Miku-san.
—Ahí, lo tienes, la recomendación de un cliente destacado.
Yuko pidió una gran ración de Sushi tan variada como los de la mesa contigua y una cerveza para acompañar y se sentó a escudriñar el menú con poco interés y a inspeccionar el lugar. Con una decoración simple, mesas de madera pulida y asientos de semi-cuero gris, estaba lo suficiente decente como para pasar una buena noche entre amigos y al mismo tiempo tener una cena tranquila. El lugar no estaba muy lleno, apenas había cinco personas en una región de la barra lateral, y frente a la cocina estaba otra barra para quienes comían solo y mas ligero.
La mesera regresó con su cerveza y un vaso.
—¡Eh, Miku-san! —le llamó el cliente destacado—Por ahí vienen los invitados, tráenos una ronda de Sake, y una cerveza.
La mesera se retiro y casi inmediatamente entraron dos hombres al local y se apostaron en la mesa.
Yuko casi se atraganta con el primer sorbo.
—Traje a Kakashi —dijo un hombre con un palillo entre los labios.
—Me trajo—dijo el peliplata. Yuko estaba sentada de espaldas a su mesa, mirando por el rabillo del ojo, pero escucho claramente como las sillas se movieron y el hombre del palillo se sentó justo tras ella y Kakashi a la derecha hacia la pared.
Se cubrió la cara con el cabello. ¡Que incomodo! Se supone que ese ninja era el objeto de sus violaciones a los límites de su ética profesional, y como mala pasada del destino, venía a ponérselo de frente.
Que no me reconozca, Kami, por favor, que no me reconozca.
Antes de ese día en la mañana, ella no sabia como él lucia, tenia una ligera idea al respecto, pero los rumores no ayudaban a crearse una imagen mental de él. Se lo imaginaba mas viejo de lo que probablemente lucia y tal vez mas corpulento. Su rostro, fiel objeto de misterio apenas permitía ver un triángulo de piel en su cara. Pero él tampoco lucia tan despreciable como Tsunade lo había descrito.
—Kakashi, luces como el infierno—dijo la mujer—. ¿De que pocilga acabas de salir?
—Umm, había una anciana que perdió su cerdito en el lodo, tuve que ayudarla recuperarlo—respondió con la voz plana.
—No se por qué creo que eso no es una de tus excusas.
—Es que Kakashi esta haciendo misiones D, debe pagar la deuda que tiene con Tsunade.
Entonces todos rieron.
Yuko le dio un trago a su cerveza que empezaba a calentarse y se recostó más en la silla.
—¿Y qué cuentas tú, Genma? —pregunto el cliente estrella.
—Ando por aquí, por allá, soy como un colibrí.
—Si, colibrí, Anko ha estado por ahí de muy mal humor, algo hiciste.
—¿Creen que, si hago la evaluación psicológica sedado, salga mejor? —respondió el tal Genma.
Yuko se sobresaltó silenciosamente cuando escucho sus palabras. A su mente volvió la escena de la mañana y aquel perturbador dibujo. Ahora empezaba a verle más sentido.
—Trata de no matar a nadie en las pruebas físicas y que repruebes la psicológica será lo de menos.
Miku regreso con un enorme barco de sushi e inmediatamente Yuko se arrepintió, era demasiada comida.
—No ordené todo esto.
—La mitad lo envían ellos—la mesera señaló al hombre moreno de la barba.
Yuko lo miró tímidamente, intentado que su cabello cubriera la mayor parte de su cara, pero apenas giró, su único ojo estaba mirándola.
—No suelen haber civiles por aquí, disfrute su cena.
—Gracias, shinobi san.
La mujer y él asintieron de vuelta.
Empezó a comer algo inquieta.
Ella no tenía problema con que el recordase su cara, después de todo, seguro no tenía idea que ella estuviese relacionada de algún modo con Sakura, pero se sentía realmente mal verse descubierta indagando la vida de sus pacientes.
La relación profesional se había ido al caño, pero ¡hey! Había mucho sushi para compensarlo.
Estuvo a punto de golpearse la cara con la mesa.
Luego de un rato, perdida en sus propios pensamientos, trato de seguir el hilo de su conversación y comer tranquilamente para no levantar sospechas, y algo volvió a llamar su atención.
—Ibiki está convencido de que estamos mal de la cabeza
—¿Y lo están?
—Kurenai, yo estoy perfectamente bien. Shiranui Genma no ha perdido la cabeza ni un segundo en toda su vida. Ibiki lo dice solo porque Kakashi esta algo tocado.
Un golpe en la mesa hizo que Yuko saltara también y volteara involuntariamente a verlos. Una mujer de pelo violeta estaba parada al lado, arrastró una silla y se sentó a horcajadas interrumpiendo la conversación:
—Vaya, Ibiki cree que Kakashi está frito del cerebro, no me imagino cuanto tiempo le tomó llegar a tan compleja conclusión.
—¡Cállate, maldita bruja! —dijo el del palillo.
—Ven a callarme tu, idiota—golpeó la mesa.
—¡No hablaras de Kakashi!
—¡Mierda, Anko, siéntate!
—¡Yo hablo de quien se me dé la gana, Shiranui!
—Y yo me acuesto con quien se me dé la gana.
—Y yo golpeo a todas las perras civiles que se me den la gana, se acuesten o no se acuesten contigo.
La mesa de pronto quedó en silencio, y este solo fue roto con el sonido de las patas de una silla volviendo a su lugar y un par de pasos alejándose.
—No sé quién es peor, Genma o ella.
—Claramente el peor no soy yo, yo no secuestro y golpeo a sangre fría a cada hombre con el que se acuesta... Esa chica es una inocente civil, no puedo creer que le hiciera eso.
Otro silencio, y para entonces, Yuko ya tenia los nervios tan de punta que no podía ni comer.
—Gai salió del hospital, deberíamos pasar por su casa.
—Iré a comprarle flores—fueron las únicas palabras de Kakashi en toda la noche y luego de eso se retiró.
Yuko se puso una mano en el pecho, y le hizo una seña a la mesera en la barra, quería llevarse la comida para su casa. Ella fue muy amable al llevarse su comida para envolverla.
—Si tal vez salieses con Anko de nuevo...
—No. Ya he pasado por eso una vez, y no volveré a esa tortura. Jamás volveremos a estar juntos. Por el bien de ambos.
Miku volvió con una caja para llevar y Yuko pagó y salió pitando del lugar no sin antes medio despedirse de la pareja que pago la mitad de su cena.
Mientras caminaba a casa volvió a pasar por frente la florería, ahora sin querer mirar hacia dentro, donde dos figuras hablaban en el mostrador y el letrero colgaba en la puerta como cerrado.
Llegó a casa, metió la comida en la nevera, y se sentó con su pequeña libreta sobre la cama. Ya tenia una nueva tarea para Sakura cuando volviese a verla y no podía mentir que se encontraba un poco curiosa de saber cómo le había ido en la cena con sus amigos— esperaba que mejor que los amigos que acababa de ver—. Pero si Tsunade quería propiciar un acercamiento entre el famoso Kakashi Hatake y su querida estudiante, Yuko no tenía más opción que estimular esa amistad. Era hora de usar medidas un poco más drásticas.
Aunque si pensaba en ello, podía ver una verdadera mejora en ella. Quizás era muy temprano para decirlo, pero su instintito pocas veces fallaba con sus pacientes.
Colocó la libreta entre los libros de la mesa justo encima de uno de sus libros de psiquiatría e inmediatamente volvió a recordar el dibujo.
El hombre del palillo había dicho que alguien les estaba haciendo pruebas, y el tipo odioso del escritorio también había dicho algo así cuando le entregó a Kakashi aquel folio.
Ahora todo tenía sentido, los dibujos eran de Kakashi, eran parte de su prueba.
—La prueba de la figura humana—dijo para sí misma.
Una prueba que evalúa y clasifica la personalidad, la estabilidad emocional y los puntos de conflicto del sujeto.
Probablemente, su psicólogo le había pedido hacerlo en dos situaciones diferentes, y tal como Yuko intuyo con el vistazo que le dio, algo raro pasaba en él. A ella le hubiese gustado que tal vez Tsunade le hubiera permitido hacerle a Kakashi las preguntas que corresponden con cada dibujo y no solo dejarle dar un monologo subjetivo de lo que veía.
Los ninjas parecían tener mucho más equipaje emocional del que dejaban ver, esa pareja del bar era un claro ejemplo de eso.
Probablemente —aunque eso fue lo que Yuko noto en el bar— Kakashi no estaba tan estable como lucia, pero la respuesta a la pregunta que la había estado molestando desde su conversación con Tsunade, surgió como un chispazo en la oscuridad.
¿Por qué Tsunade dejaría a alguien como Kakashi Hatake, oscuro, sin habilidades sociales y solitario, acercarse a una Sakura insegura y vulnerable?
Probablemente porque no hay nadie mejor.
¡Capítulo de Transición! Un OC a la que no planeaba darle mucha relevancia pero que se me metió entre ceja y ceja dedicarle un trozo de capitulo y terminé por escribirle uno completo. Fue tan fácil y cómodo que creo que modificaré algunas cosas para darle mas participación.
Espero no les aburra demasiado.
La actualización ya esta lista, y preparada para la semana siguiente. Tal vez —si mi cerebro coopera— pueda haber doble capitulo.
Ahora... Me han hecho comentarios acerca del Genma x Anko. Ellos serán una historia secundaria que tal vez podría tener su spin-off, es que me gustan mucho. Son tan disfuncionales que me provoca torturarles la existencia literaria.
Muchas gracias por leer y muchas gracias a Fair Mila, Aria, Claudia, y 13 (tienes toda la razón acerca de Ino, puede que complique un poco las cosas). Amo leer opiniones, espero les guste este tambien.
¿Dudas, criticas o comentarios?
