Hola a todos.
Como ya les había mencionado, hoy les traigo el inicio de "Mi Edén". Originalmente esta historia era de un capitulo, pero tenía tantos agujeros en la trama y avanzaba tan rápido que sonaba ilógico que decidí alargarlo, no sé cuantos capítulos vayan a ser, ni siquiera sé si va a ser una buena historia con tantas modificaciones que le estoy haciendo, lo único que espero es que sea de su agrado y que lo disfruten.
En cada actualización de esta historia si voy a responder comentarios, pero serán exclusivamente los de esta historia; los comentarios de "Repertorio" serán contestados en aquellas publicaciones para no confundirme yo ni confundir a los lectores con algún enredo entre estas historias.
Les doy un afectuoso abrazo y cuídense mucho. Nos leemos pronto.
Los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi. La siguiente historia se sube con fines de entretenimiento y sin fines de lucro.
MI EDÉN
Capítulo 1
-¡Akane!-.
-No esta papá, pero…-.
-¡Nooooo! ¡Hijita! ¡¿Dónde estás?!-.
Soun Tendo estaba llorando a mares tanto que ni siquiera escuchaba a Kasumi; su hija mayor misma que trataba de manera infructuosa explicarle la situación que estaba pasando, lo único que se podía asegurar con él es que no iba a estar conforme hasta encontrar a su hija menor. Todo era un caos en el Dojo de los Tendo, el patriarca corría de un lado a otro levantando macetas, abriendo puertas y ventanas de toda la casa, incluso asomándose en la nevera y los lugares más absurdos de la casa como por ejemplo la lavadora, metiendo la cabeza en el agua del estanque de su patio trasero, abriendo las cajas del ático donde estaban guardados los miles de millones de recuerdos de su esposa fallecida, de la infancia de sus tres hijas y de su pasado como gran arte marcialista; pero en ninguno de esos lugares encontró a su más pequeña hija quien para ese momento ya tenía 20 años y era toda una dama.
-Papá…escúchame por favor-.
-¡Buaaaaa! ¡Akane! -Soun seguía gritando y corriendo por todos lados pero al no encontrar rastros de la joven de manera sorpresiva salió de casa e invadiendo la propiedad de los vecinos mientras buscaba a su pequeña bebé-.
-Olvídalo Kasumi, papá es tan terco que no te va a escuchar así que deja que haga el ridículo un poco más de tiempo y ya que esté relajado le decimos que Akane dejo una nota avisando sus planes -Comentó Nabiki, la hija mediana de Soun quien estaba tomando su desayuno totalmente despreocupada sobre la "desaparición" de su hermana menor- Mientras tanto podemos hacer algo de dinero pues conozco a alguien que podría pagar una muy buena suma por saber el paradero de Akane-.
-Nada de eso Nabiki, deja a Akane en paz -Contestó Kasumi mientras se sentaba para tomar su té que minutos antes se había servido-.
-Pero hermana, sabes bien que ese dinero nos vendría bien, como mujer que eres debes de saber que tenemos necesidades y quien mejor que el prometido de Akane, él pagaría lo que fuera por ella-.
-No seas así, papá se esfuerza por cubrir lo que necesitamos. Y de verdad espero que no digas nada, permite que nuestra hermanita se relaje. Ha estado bajo mucha presión con todo esto del compromiso y era de esperarse que de un momento a otro explotara, ¿No lo crees?-.
-Ummm, en eso tienes razón. A veces no entiendo a papá, mira que comprometerla desde antes de que naciera suena como algo que solamente nuestros antepasados harían.
-Papá tiene costumbres antiguas-.
-De cualquier manera eso no es justo para Akane pero lo peor para ella fue que desde niña demostró su afinidad por las artes marciales y eso no le ayudó en nada para evitar ese compromiso -Nabiki tenía cierta capacidad de hacer molestar a todo mundo, y Kasumi lo sabía bien y a su vez sabía que su hermana tenía razón, el patriarca Tendo comenzó a inculcar las artes marciales a Akane cuando apenas era una bebé y conforme fue creciendo, esa pasión por las artes se convirtió en un arma de doble filo, pues para las costumbres de Soun una mujer no puede llevar el Dojo por sí sola. No es que su padre fuera un machista, simplemente deseaba lo mejor para sus hijas y más si alguna de ellas se casara con algún buen atleta que conociera el arte marcial y pudiera cuidarlas cuando el ya no estuviera en este mundo-.
-Solo espero que Akane sepa lo que hace. Y papá, espero que cambie de idea sobre eso y que nos permita decidir nuestro futuro, porque si no, la boda será un hecho-.
-Dudo mucho que papá cambie de idea, pero no podemos hacer nada más que esperar lo que tenga que pasar -Comentó Nabiki mientras se levantaba de su lugar para alistarse pues iba a salir de compras con sus amigas de la universidad- De cualquier manera cuando Akane se comunique dale mis saludos y dile también de mi parte que mejor se atrape a un guapo habitante de esa hermosa playa y si tiene un hermano o amigo para mí, que me lo haga saber e iré para allá-.
-¡Nabiki! ¡Qué cosas dices!
-Está bien, está bien. Que tenga dos, uno para ti y el otro para mí. Seré compartida contigo tú también mereces ser feliz hermanita y no podemos esperar a que el Dr. Tofú se decida o podemos celarlo para que se atreva a confesarse -Contestó la castaña mientras le guiñaba un ojo a su hermana mayor para después dirigirse a su habitación-.
Kasumi solo se sonrojó. Ella sabía que de verdad había hombres guapos en esa playa pues la conocían perfectamente aunque hacía años no iban a ese lugar y en verdad deseaba volver a ese hermoso sitio pero por cosas de la vida no ha podido cumplir su sueño. No obstante de todo corazón deseaba que Akane se encontrara bien y tranquila, su hermanita debía de relajarse y no había nada mejor que las playas de Sesoko, en Okinawa para poder cumplir ese objetivo.
/
La madrugada se estaba despidiendo cuando ella se vio de frente a aquel océano azulado casi negro debido a la oscuridad del cielo donde se reflejaban las pocas luces del firmamento que brillaban con mucha intensidad, el oleaje iba y venía en calma sobre esa playa y respiró tan profundo que sintió que su cuerpo se hacía uno con aquel hermoso paisaje que tenía frente a sus ojos. Comenzó a andar sobre la arena sin rumbo fijo y con la paz que estaba deseando desde que salió de su hogar hace poco más de dos días. Buen pudo haber llegado en menos de seis horas si hubiese tomado un avión que la llevara directamente a la prefectura de Okinawa pero debido a que no tenía el más mínimo interés de llegar pronto a su destino y mucho menos de volver con prisa a su rutina, decidió tomarse el tiempo que fuera necesario para llegar y de la misma manera, no tenía prisa por regresar.
En cuestión de dinero no se preocupaba pues tenía el suficiente para sobrevivir bastante tiempo ya que desde muy pequeña tenía el hábito de ahorrar la mitad de su mesada y con sus breves trabajos a medio tiempo en sus épocas de estudiante de preparatoria, tenía el capital necesario para realizar ese viaje que había pospuesto desde hacía largo tiempo. Antes lo quería hacer por simple deseo de viajar pero no quería agobiar a su padre quien siempre a protegido y cuidado con mucha vehemencia ella y a sus hermanas por lo que se le complicaba mucho el viajar sola. Ahora es completamente diferente; quería huir de todo de su vida rutinaria, de sentirse atrapada en un compromiso a la que fue atada por el simple hecho de amar las artes marciales, mismas que le ayudaban en tiempos difíciles cuando por culpa de su hermana Nabiki, se volviera demasiado popular en el instituto, así que gracias a sus dotes de artista podía alejar a cualquier hombre que se le acercara para cortejarla.
A decir verdad, se rehusó al compromiso cuando le fue anunciado por su padre pero después de una extensa charla con Kasumi terminó por darse una oportunidad de tener un "novio" formal. Ella nunca había tenido ninguna experiencia en alguna relación ya que lo que más deseaba era estudiar para formarse como doctora y a su debido tiempo hacerse cargo del Dojo familiar por lo que nunca se dio el tiempo de conocer hombres. El momento en que su prometido le fue presentado, no fue muy de su agrado, ya que aunque era bastante agraciable a la vista, no sentía fuera el indicado para ella. No obstante debido a su falta de experiencia con el sexo opuesto, se dio el tiempo para ver si podría llegar a enamorarse de él.
El compromiso fue anunciado dos días después de su cumpleaños número 16 y la boda estaba fechada para cuando Akane cumpliese sus 18 primaveras y aunque ella había aceptado obedientemente el matrimonio, en vísperas de la fecha estipulada ella no se sentía lista; Kasumi intercedió por ella y se llegó al acuerdo de que la boda se celebraría cuando ella sintiera esa emoción al verlo; no obstante y a pesar de lo lloriqueos de Soun, este terminó por aceptar las condiciones de su hija menor. Y así en un abrir y cerrar de ojos pasaron 4 años desde el anuncio y no ha habido cambio alguno.
Ella lo intentó, buscó enamorarse de él para cumplir con el capricho de su padre, fueron días de citas que parecían interminables y tediosas para ella pues a él solo le importaba coquetear con otras chicas y aunque Akane en un principio sentía celos por las actitudes que su prometido tenía con las chicas, al final simplemente comenzó a ignorarlo; desgraciadamente para ella nunca pudo romper el compromiso.
Aun así se sentía en paz y torpemente tenía la esperanza de que su papá recapacitara y evitara que se casara con ese tipo; sin embargo eso no fue así pues apenas hace una semana Soun le notificó que su boda estaba próxima ya que debía de encargarse del Dojo, que ya era tiempo de cumplir el compromiso y que no debían de posponerlo más.
Ese momento odió a su padre, odio a su prometido y odió su vida misma; nunca en su vida le había gustado le dijeran que hacer pero estaba accediendo a hacer lo que le estaba pidiendo su padre. Esa misma noche lloró desconsolada hasta que ya no pudo llorar más; es verdad que de niña deseaba con toda el alma ser la novia y casarse en una hermosa ceremonia y días después de el anuncio del compromiso estaba sonrojada en la intimidad de su habitación pues al parecer su máximo sueño se haría realidad; incontables fueron los vestidos de novia que se midió para ver cual la haría ver más linda en el día de su boda, evidentemente nadie se enteró que la niña pequeña que aún vivía en su interior estaba emocionada en demasía. Pero conforme pasó el tiempo y mirando las actitudes de su prometido y el deseo egoísta de su padre por solo buscar a un hombre que se casara con ella y que pudiera manejar el Dojo provocaron un cambio de sueños y sentimientos en ella. Se iba a casar pero no por propio deseo, sino por imposición.
Ninguna condición existía ya para evitar la boda pero ella tomó riendas en el asunto, sacó sus ahorros y se preparó unos días para organizarse y antes del amanecer salió de su casa con una meta en su cabeza, relajarse y olvidar todo, tomar las riendas de su destino; se marchó de su casa prometiendo volver, se despidió de Kasumi pidiendo que no la detuviera, solo que la entendiera; le dejó una nota a su padre y salió de ahí. La joven peli azul escapó a un nuevo destino, aunque este solamente fuera un breve descanso antes de aceptar su vida en matrimonio.
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Su rutina de ejercicios comenzó durante ese amanecer, si algo bueno le aprendió a su padre y en su pensar cree que es lo único que le aprendió, es que no hay que desperdiciar ningún rayo de sol, así que después de 4 series de abdominales, flexiones y un poco de calentamiento, las katas de las artes marciales hicieron su aparición. Los músculos de Ranma Saotome comenzaban a brillar debido al sudor y a la tenue luz que comenzaba a asomarse gracias al sol y por primera vez se detuvo a contemplar el amanecer algo que jamás había hecho desde su estadía en aquella cabaña alejada por varios kilómetros de la civilización.
Nunca ha sido de los que se detienen a contemplar el paisaje ni de los que saben dar un cumplido de corazón, pero en su mente sabía bien que era lo que quería y sus deseos los tenía bien definidos, el mejor ejemplo era que se encontraba completamente solo, apenas cumplió la mayoría de edad y salió de la casa de sus padres. Nunca le desagradó la idea de formar alguna familia propia pero aún no se sentía listo para eso, quería disfrutar y pasar su tiempo como él quisiera , no obstante durante esa noche no pudo conciliar el sueño, sentía como si una avalancha de problemas. Daba vueltas y vueltas en la cama y únicamente pudo relajarse cuando se levantó a hacer ejercicio. Curiosamente para Ranma si durmió bastantes horas pero sintió que apenas pudo hacerlo unos minutos.
Tal vez ese fue el motivo en que se quedó mirando el nacimiento de un nuevo sol esa mañana pero con aun tanta debilidad que podría decirse que es un bebe prematuro, necesitaba madurar aún más para iluminar la tierra y despertar completamente en un nuevo día. El joven de cabellos negros sentía que ninguna mañana sería igual a esa y se sentó a la orilla de su casa la cual daba hacía un peñasco donde se podía ver perfectamente el horizonte oceánico. Soltó un suspiro y sonrió. El presentimiento de la tormenta no podía dejarlo atrás, pero no había nada que el gran Ranma Saotome pudiera vencer y fuera lo que fuera él iba a salir vencedor.
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Comenzó a caminar por la orilla del mar cuando los primeros rayos del sol poco a poco iluminaban las aguas oscuras del océano, el agua que iba y venía aun no tocaba sus pies descalzos pero en cada arrastre sobre la arena sentía que se llevaba parte de su pesada loza; como si una nueva vida comenzara cuando el agua se acercaba a ella y la antigua se perdiera en el inmenso mar que la aceptó como visitante. El ambiente comenzaba a sentirse caluroso pesar de que la oscuridad aun dominaba casi en su totalidad y a cada paso que daba la soledad le llenaba el alma y por primera vez en mucho tiempo se sonrió a si misma tan viva y en paz, deseaba que ese momento no acabara nunca. Iba preparada con un buen bloqueador que había comprado un día antes en una de sus paradas de descanso ya que así que no se iba a preocupar de alguna quemadura.
Sabía que su padre buscaría por cualquier medio su ubicación y aunque Kasumi y Nabiki sabían exactamente donde se encontraba no iban a decirle a nadie, al menos no por un buen rato y en verdad tenía la esperanza de que Nabiki no vendiera la información, en especial a su futuro esposo pues es al que menos deseaba ver en esos momentos. La intimidad del mar y ella era lo único que le importaba y cuando el sol ya había salido en su totalidad se roció del bloqueador y encontró un buen sitio para sentarse y no hacer nada más que observar el mar. Las idas y venidas eran hipnotizantes mientras que el suave sonido de las olas se convertían en un suave susurro que llegaban a sus oídos, el fresco pero a la vez cálido viento que soplaba hacia que su delgada falda tuviera oleajes sincronizados con el mar; si antes de salir el sol la vista era preciosa, ahora no había nada en el mundo que se pudiera comparar a la imagen que se encontraba en sus pupilas y que se quedaría enmarcada para siempre en lo profundo de su corazón, cerró los ojos y sonrió.
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Ranma no se movió de la orilla del peñasco hasta que se dio cuenta que el sol ya iluminaba por completo aquel paraje, recordó que no debía desperdiciar tiempo ya que tenía que ir a comprar víveres pues prácticamente no había nada de comer en casa así que con ese pensamiento se levantó para continuar con su rutina de ejercicios. Comenzó a trotar por la orilla del mar, no tenía prisa, no le debía nada a nadie, simplemente comenzó a disfrutar ese ligero trote y la brisa salina que el oleaje soltaba caca vez que el agua de mar chocaba contra la orilla de la playa, a veces se detenía para realizar flexiones e incluso katas, se mojaba leventemente los pies para quitarse el exceso de arena y volvía a trotar, pero mientras más avanzaba sentía una presión en el pecho, su presentimiento cada vez se hacía más fuerte hasta el punto de tirarse un buen chapuzón en el agua, misma que aún se sentía bastante fría pues el sol no era tan potente como para siquiera entibiar un poco la superficie. Al salir del agua se dio un par de palmadas en las mejillas y continuó con su trote pero esta vez fue un poco más lento. Por primera vez, no se sentía la soledad en aquella playa de Okinawa.
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Estaba sentada a pierna suelta y recargada hacía atrás dejando todo su peso en sus brazos pero al ser tan temprano y después de caminar por un buen tramo de la playa sabía que ese lugar era completa y absolutamente solo suyo, miro a todos lados para cerciorarse que no hubiera mirada humana a sus alrededores y se tumbó por completo en la arena. Poco o nada le importó perder la compostura y comenzó a reír a carcajadas mientras agitaba bruscamente ambas manos y piernas en el aire como si se tratase de una pequeña niña que conocía el mar por primera vez. Sus cabellos azules ya tenían rastros suficientes de arena pero cayeron súbitamente cuando la joven se incorporó y agitó fuertemente la cabeza para después volver a sentarse, su falda blanca que se arremangó en sus piernas por abrazarse a ellas dejaban ver más de lo que ella permitiría en público y ya que no llevaba puesto algún traje de baño, su ropa íntima estaba a la vista pero no le importó, ella estaba sola con el mar.
O eso pensaba.
Continuará…
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