Adrien se había enojado con ella, así que ella se enojó con Adrien por haberse enojado. Después de meses de matrimonio pacífico y prácticamente de ensueño, Marinette nunca imaginó que discutiría con Adrien. Mientras lavaban juntos los platos después de la cena, ella recordó lo ocurrido la tarde anterior.
—Oh, Adrien, estoy tan feliz de haber podido salvarte de ese akuma. Tuve que ofrecerme a mí misma como carnada y corrí algunos riesgos, pero valió la pena. Los dos estaban sentados sobre un tejado, al frente de ellos se erguía imponente la torre Eiffel.
—No debiste haber hecho eso, Marinette— El rubio estaba muy serio, en una postura rígida se cruzó de brazos.
—¿Que no debí, dices? Por poco te quitan el Miraculous hoy mismo—
—Eso no tiene nada que ver con lo que estoy diciendo—
—Pero, pero tú...—
—Marinette, escúchame. Te pusiste a ti misma en peligro—
—No, escúchame tú a mí— Dijo ella frunciendo el ceño. Adrien se sorprendió y se molestó con su actitud.
—Te estoy diciendo que pudiste haber perdido el miraculous, Adrien—
—No me importa el maldito Miraculous, Marinette, maldita sea ¡Pude haberte perdido a ti!— El rubio levantó la voz.
—¡Pues tendría que importarte! ¡No puedes ser tan irresponsable!— Su esposo la miró como si lo hubiera abofeteado. Sus palabras le recordaron sus primeros meses como súper héroes, cuando ella no lo conocía demasiado bien y lo trataba como si fuera un niño mal portado. ¿Dónde quedaba toda la admiración que su esposa le profesaba cada día?
—¿Irresponsable yo? Irresponsable fuiste tú, sabiendo que eres la única que puede purificar los akumas y haciendo de carnada— Los dos habían levantado más la voz de lo usual. Se miraban con el ceño profundamente fruncido.
—Lo hice para protegerte, Adrien, ya te lo dije— Él negó con la cabeza.
—¿Y qué sentido tiene que me protejas a mí si tú te quedas desprotegida? Vaya, creí que Ladybug hacía mejores planes. Marinette se sintió profundamente ofendida. ¿Desde cuándo Chat Noir cuestionaba a su Lady?
—Oye, ése fue un golpe muy bajo— Le dijo.
—Pues lo siento, Ladybug no es la misma de antes ahora que sentó cabeza y tiene dos niños y un, un tonto y muy insensible esposo de los que cuidar. ¿Sabes? Tantas responsabilidades realmente pegan fuerte—
—En eso tienes razón... Solamente en eso— Murmuró el joven Agreste mientras su esposa abandonaba el salón, subiendo las escaleras hacia su cuarto.
—Oh, por el amor de Dios, Adrien, ya deja de decir tonterías— Marinette cerró la puerta de su habitación de un portazo.
—Oye, no puedes encerrarte ahí. No olvides que esa habitación es de los dos.
—¡Como sea! Respondió la voz de una furiosa Marinette.
Adrien resopló molesto. Apenas unos pocos minutos después, sin embargo, su enojo se había evaporado. El amor que sentía por su esposa era mucho más fuerte que cualquier otra cosa.
—¡Plagg, garras fuera!— Transformado en su alter ego, tocó la puerta de su propia habitación.
-¿Qué quieres?- Cielos, Marinette seguía enojada.
-Ay, Marinette, ¿Así le hablas al hombre de tus sueños?- Ella bufó por toda respuesta.
Adrien esperó un rato y lo intentó de nuevo.
-¿Mi lady, puedo pasar?- La azabache abrió apenas la puerta, asomándose y mirando al joven frente a ella. Puso mala cara.
-Quítate eso- Él le dió una sonrisa pícara.
-Oh, vaya, creí que estabas molesta conmigo y ya quieres que me quite la ropa. Te entiendo, mi lady, soy demasiado irresistible-
Marinette se puso como una cereza.
-De-deja de jugar Adrien, no se me pasará el enojo con tus ma-malas bromas- Tartamudeó. El hombre enarcó una ceja. Por dentro, lo celebró, ya había ganado. La había puesto nerviosa.
-¿Adrien? ¿Quién es Adrien?- Su esposa rodó los ojos.
-No importa, te habrás confundido, prrincesa, yo soy Chat Noir y he venido a pasar un buen rato contigo, descuida, ese tal Adrien no se enterará de nada. ¿Es tu novio?- La chica se rió un poquito pero enseguida volvió a ponerse seria.
-Adrien Agreste, si de verdad crees que puedes chantajearme con...-
-Oh, vamos, Marinette, conmigo no estás molesta. Chat Noir no te hizo nada malo- Ella negó con la cabeza.
-Dame un momento, entonces-
-¡Tikki, motas!-
Marinette, ya transformada en Ladybug, le sonrió a su alter ego.
-Hola, gatito. ¿Vamos afuera? Antes de que quienquiera que viva aquí regrese- La chica lo tomó de la mano y su esposo la siguió y le siguió el juego. Ambos subieron al techo de la enorme casa en la que vivían.
-Ven, siéntate- Marinette palmeó un espacio a su lado y Adrien tomó asiento.
-¿Cómo estás? Yo estoy molesta con mi esposo, se portó como un completo tonto hoy-
-¡Oye!-
-¿Qué pasa, Chat? ¿Acaso lo conoces?- El aludido negó con la cabeza, suspiró.
-Ahora que lo dices, mi lady, yo también estoy molesto con mi esposa- Ladybug simuló sorprenderse.
-¿Ah sí? Dime, gatito, ¿Qué te molestó específicamente?-
-Bueno, me molestaron varias cosas- Adrien se rascó la nuca, era un poco incómodo y esperaba que Marinette no se ofendiera una vez más y lo dejara hablando solo.
-Te escucho- Ella se cruzó de brazos.
-Primero ella... Ella es increíblemente valiosa para mí. Tú eres maravillosa, Ladybug, pero Marinette, Marinette es torpe y dulce y... Ella es perfecta porque no lo es-
-¿Qué?-
-Es perfectamente imperfecta, si ella tropieza con algo yo estoy ahí para sostenerla antes de que toque el suelo y, y me cuesta decir estas cosas. Nunca se lo dije a ella- Marinette miraba a su esposo con los ojos brillantes.
-Si algo malo le pasara, mi lady... Yo no podría soportarlo. No querría soportarlo, supongo, supongo que me dejaría morir-
-¡No, no digas eso! Ella, ella se molestó porque siente exactamente lo mismo por ti, Ad, Chat Noir. Ella sólo quería protegerte tanto como tú a ella y por eso, eh...-
-¿Por eso dijiste, quiero decir, Marinette dijo que soy irresponsable? No soy un niño, ¿Sabes, Ladybug? Lo que más disfruto en esta vida no es el dinero, ni la fama...-
-¿Los croissants? Eres un gatito muy glotón- Ladybug se rio con dulzura.
-No, tampoco es la comida, aunque mi esposa cocina de maravilla. Pero no, lo que más disfruto es su admiración y su respeto-
Marinette se puso roja de vergüenza y miró hacia abajo, evitando los ojos de su compañero frente a ella.
-Puntos fuera-
-Garras dentro- Adrien la imitó. La joven tenía los ojos llorosos.
-No, Bugaboo, no llores- Él abrazó a su esposa.
-Lo siento mucho, Adrien. Yo no, cielos, nunca quise faltarte el respeto. Tú sabes que te amo, ¿No? Yo te admiro muchísimo, eres...- Él la apretó con más fuerza entre sus brazos.
-No tengo nada que perdonar, Marinette, ya está, ya pasó. Cuando su abrazo terminó, los dos se miraron a los ojos. Él le limpio las lágrimas con el dorso de sus dedos, terminando en una suave caricia sobre sus mejillas.
-Adrien, ¿Ya, ya estamos bien?- Preguntó ella con cierta timidez. Todo esto de discutir y enojarse era nuevo para la pareja de casados.
Él asintió con la cabeza.
-¿Seguro? Porque yo, ya sabes, sí que metí la pata y, y jamás quise...- Él la tomó delicadamente de la barbilla y la calló con un beso que le supo tan dulce como saber que todo estaba bien ahora.
-Sí, amor mío, estamos bien- Marinette sonrió y fue ella la que besó a su esposo esa vez. Él correspondió, más que feliz.
-Oye, ya casi es la hora de dormir para Emma. ¿Quieres leerle tú esta noche? Yo le leeré a Hugo- La azabache asintió.
-¿Vamos adentro, mi lady?- Los dos entraron por la ventana del segundo piso, que daba al balcón de la casa.
-Espera, quiero hacer algo antes de ir con nuestros niños- La sonrisa de Adrien aceleró, como siempre, el corazón de Marinette. Él la tomó por la cintura, atrayéndola hacia su cuerpo y la besó con pasión, mordiendo sus labios y acariciando sus caderas. Llevaba un par de horas sin besarla y eso nunca había pasado antes. Ella quiso devolverle el beso y tocarlo también, pero él se alejó de ella.
-Marinette, tenemos que arropar a los niños-
-¿Quieres que hagamos más? Esta noche- Preguntó ella en un impulso. Su esposo se sonrojó hasta las orejas.
-¿Ma-más niños?- Se preguntó si había escuchado mal.
-Sí, amor mío. Pequeños tiernos y hermosos como tú. Además, siempre quise que fueran tres. No lo olvides. Él sonrió. Amaba a su chica, ella era locamente asombrosa.
-Tendremos todos los que tú quieras, Bugaboo- Él le dio un beso en el dorso de la mano. Después Adrien y Marinette bajaron las escaleras rumbo a las respectivas habitaciones de sus hijos.
Fin.
