Hola a todos.

¿Qué puedo decir?

Lamento los retrasos pero aquí estoy con la actualización de Mi Edén. El tiempo a veces me come y pues se me sale todo de las manos pero...se viene una mega sorpresa.

Para los que me conocen de hace tiempo, se viene una historia que fue la primera que publiqué hace ya mucho tiempo, nunca la acabé pero siento que ya es su momento. Al final del capitulo sabrán de qué historia les hablo y vendrá en su nueva edición y más complementada. Solo puedo decirles que pronto llegará.

Su amigo y agradecido escritor, Carlos Sánchez.

¡Un abrazo a todos y gracias por seguir esta historia!


Los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi y esta historia se sube sin fines de lucro.


10

El océano estaba calmado, aun así el viento hacia que el agua chocara entre sí formando pequeñas olas que morían en las orillas de la playa provocando un ruido bastante suave pero constante, daba una enorme sensación de paz el escuchar ese sonido y a lo lejos no se podía ver absolutamente nada más que la negrura del cielo combinada con la oscuridad del mar, el mirarlo fijamente te podría hacer caer en una vorágine de pensamientos profundos, el paisaje oscuro se mezclaba a la perfección con los suaves tintineos de las estrellas en el oscuro manto que estaba por encima de todos en Okinawa, la oscuridad era tal que era muy complicado andar también sobre cualquier paraje ya que la luna no se había aparecido esa noche, hasta cierto punto era una vista sombría como si la luz hubiera desaparecido del mundo entero y únicamente los puntos brillantes del firmamento fueran los indicios de la esperanza que de momento parecían apagarse y de momento brillaban de nuevo con intensidad.

Para las mentes frágiles se podía pensar que esto era el inicio del fin aunque solamente se trataba de una noche más en el Japón, donde un chico estaba sentado a la orilla de un acantilado de poco más de veinte metros de altura, su pierna izquierda colgaba del borde mientras que la derecha estaba doblada hasta tocar su pecho donde recargaba su propio brazo derecho y la mano del mismo lado alborotaba su negra cabellera. Soltó un suspiro y apretó los ojos y levanto su mano izquierda que estaba posada sobre su rodilla de la misma pierna izquierda, entre sus dedos estaba un cigarrillo encendido y aunque no era un ávido fumador esa noche si le apetecía un poco de tabaco. Sabía que su madre lo mataría por fumar así que lo hacía cuando ella no estuviera cerca y sin que tampoco hubiera algún testigo que pudiera delatarlo.

Fumó una calada y dejó salir el humo por las fosas nasales provocándole un poco de nubosidad en la siniestra y oscura vista que tenía frente a él, parecía que esa negrura se lo fuera a tragar en algún momento, la miraba atento y se concentraba en el sonido de las olas rompiendo contra el peñasco bajo sus pies, sentía y pensaba que así eran los momentos donde la calma solamente precedía a la tempestad, muy dentro de él lo sabía pues con lo sucedido esa noche no se podía esperar algo menor a una tormenta.

Ese fue el principal motivo de que deseara un cigarrillo, se dejó caer en el césped que le hizo tener una caída poco más suave y termino su cigarrillo mientras miraba a las estrellas sin saber a ciencia cierta qué era lo que iba a suceder a partir de que saliera el sol y estaba aún más intrigado por las palabras que su madre le había dirigido después de que tanto él como su acompañante hablaran. No podía comprenderlo más aun cuando ella misma era la única persona en el mundo que en verdad se opuso al matrimonio desde que este fue anunciado. No puede negar que él en cierto momento llegó a pensar en que no era mala idea puesto a que conocía a su prometida desde muy joven pero después de meditarlo durante mucho tiempo comprendió que ese "amor" que sentía por ella era únicamente como el que se le tiene a una hermana. Nunca había sentido algo especial por nadie como para querer protegerla o besarla incluso a costa de su propia vida hasta que la conoció a ella.

Le llamó la atención ver a una chica pequeña y menudita sentada a las orillas del mar, poca gente se queda así en soledad y por lo menos él nunca se había encontrado a nadie en sus carrera matutinas, ni siquiera en todo el tiempo que estuvo viviendo con su padres, no obstante no quiso darle demasiada importancia hasta que vio ese paraíso frente a sus ojos.

Conforme se iba acercando confirmo que se trataba de una chica joven pero pudo notar que no se encontraba bien ya que la joven estaba abrazada a su piernas y parecía estar llorando por lo que decidió no hablar para no incomodarla pero lo vio, ese sitio prohibido, ese lugar que nadie debería de visualizar sin el permiso de la dueña respectiva, ese azul pastel contrastante con el blanco de lo que parecía ser una mini falda y de la piel clara de la joven. Como idiota observó y admiró por escasos segundo el instante de descuido masivo de la chica pero él no era ningún pervertido por lo que optó en hacerla reaccionar para que se cubriera con una delicada pista que denotara que estaba siendo descuidada. Cosa que no funcionó.

-En verdad esa chica es una tonta -Dijo Ranma en voz suave mientras terminaba ese cigarrillo que lo relajó bastante- Pero en verdad también es linda-.

Un sonido diferente al de las aguas chocando contra la base del acantilado lo alertó pues lo escuchó a sus espaldas, cerca de su casa pero al estar todo tan oscuro no pudo notar nada, incluso se puso de pie estando con el riesgo de caer al vació pues estaba a escasos centímetros del fin de la tierra donde estaba sentado. Saotome no era un cobarde y no creía en fantasmas ni nada por el estilo, así que simplemente pensó que el sonido que lo alertó debió haber sido provocado por algún animal nocturno que se encontrase cerca de su hogar. Dejó la colilla de su cigarro que ya estaba completamente apagado en un bote metálico de basura que tenía ahí cerca, desde el primer día que llegó a vivir a ese lugar decidió que necesitaba uno ya que había tomado como una costumbre ir a sentarse al acantilado para disfrutar de la vista, pensar un poco en cualquier idiotez o asunto importante mientras comía algún refrigerio. Tal vez sería más sencillo llevar la basura a la casa pero se la pasaba mucho tiempo en ese lugar así que cuando tuviera ganas el quitaría la basura ese lugar, además tenía pensado en realizar algún picnic en ese lugar invitando a sus padres en el futuro, así que el cesto era muy necesario.

Todo lo que había planeado al enterarse de que Akane volvería a Nerima al amanecer lo tenía bastante malhumorado, estaba consciente de que la chica le gustaba pero con las palabras de Nodoka se sentía atrapado, si solo fuera por decisión de su viejo, no dudaría en ignorarlo y pelear en contra de lo que Genma deseaba pero no así por las decisiones de su madre. La amaba y ella siempre había estado ahí cuidándolo de todas los abusos de su viejo y decir que odiaba al pobre Genma sería mentira, también quería a su padre pues aunque sea difícil de creer, le ha enseñado muchas cosas, entre ella las Artes marciales etilo Saotome pero era más abusivo que buen padre. Lo consideraba como un buen maestro, hasta cierto punto.

Pero Nodoka lo era todo para él y tan solo pensar en ir en contra de su voluntad en verdad lo tenía cabreado, lo tenía molesto y lo tenía triste. No discutir con ella pero en verdad no quería casarse con Ukyô pero al parecer estaba atrapado, a menos de convencerla de que la que de verdad él quería fuera mejor nuera que la propia U-chan. Decidió buscar a su peli azul, estaba convencido de que después de lo vivido a su lado ella era su mujer ideal, tierna y dulce, pero agresiva y salvaje al mismo tiempo, se sonrió a sí mismo y con determinación comenzó a caminar con rumbo a su casa para después ir a buscar a la chica de sus sueños.

Comenzó a caminar cuando vio que algo ondeaba en un pequeño arbusto cerca de la entrada a su casa y tanta curiosidad le dio que se acercó a revisar de que se trataba y con sorpresa vio que era un trozo de tela de la falda de su peli azul, el color blanco lo delataba e inclusive aún tenía el perfume de la chica impregnado, el ambiente salino del agua de mar no borró el dulce aroma, lo tomo en su mano y lo guardo en su bolsillo como un pequeño recuerdo del día en que se conocieron. Sonriente entró a su domicilio y buscó el interruptor de luz e intentó encenderla pero la entrada no se iluminó.

Ignoró el desperfecto ya que no era la primera vez que la luz de la entrada fallaba puesto que su madre se lo había dicho con anterioridad y se dirigió a su cuarto para cambiarse su camisa roja por una que se encontrase limpia pero se le hizo inusual que incluso en su habitación no hubiera energía eléctrica y aunque por unos momentos pensó en investigar el porqué, concluyó que no tenía sentido ya que estaba a punto de salir con rumbo a la casa de sus padres pues sabía que cierta chica estaba hospedada ahí y por primera vez junto con cierto nervio, iba a ir en contra de los deseos de Nodoka.

-¡Agrrr! Sé que me lo pediste mamá pero…debo de hablar con Akane…

-Yo también tengo que hablar contigo Saotome-.

-¡Ahhh! -Ranma soltó un grito de terror mientras se lanzaba por la ventana de su habitación-.

-No esperaba que fueras tan cobarde. Mira que brincar hacia afuera de tu casa solo por verme. ¿Tanto miedo me tienes?

Ranma se sintió como un idiota, tanto se consideraba un hombre varonil y valiente que no le temía a nada y precisamente la chica que le gusta vino a asustarlo de la forma más infantil posible, lo peor para él es que su reacción fue aún más patética al salir de su casa como medida de protección cual si fuera un pequeño gatito. Mientras trataba de recuperar la compostura, con un solo movimiento, bastante similar al que usó para salir de su habitación, ingresó de nuevo para ver donde estaba su peli azul a quien a pesar de la oscuridad la pudo ver sentada en una silla que tenía cerca de la entrada del cuarto y por eso comprendió por qué no la vio al entrar tan rápido.

-¿Que…que…que…? ¿Cuándo? ¿Cuánto…hace…? ¿Desde… desde…?

-Ahorrémonos todos tus tartamudeos por favor, no vine aquí a perder el tiempo tratando de entender lo que estés queriendo decir, estoy aquí desde hace una hora y pensaba verte aquí pero sorpresivamente no te encontré así de decidí esperarte-.

La chica se notaba visiblemente molesta, tenía las piernas juntas y los puños apretados, la cabeza la tenía baja y sus cortos cabellos le cubrían el rostro, a diferencia de la forma en como la conoció que, ahora se encontraba vestida con su ropa de dormir pero no por eso dejaba de verse bonita a los ojos de Ranma, su pijama era amarilla, dejando los brazos completamente a la vista y con un poco de tela al vuelo sobre los hombros, se podía ver una parte negra sobre sus piernas que cayeron al piso al mismo tiempo en que la joven se puso de pie, seguía con la cabeza baja y el joven ojiazul por fin cayó en cuenta de que eran casi las tres de la mañana y la distancia entre su casa y la de sus padres si era bastante, al menos eran 30 minutos de pie y no escuchó ningún auto acercándose a la casa.

-Akane… ¿cómo llegaste aquí? -Preguntó el joven pero la chica se mantuvo en silencio- ¡¿Acaso viniste caminando sola?! ¡¿Estas bien?! -Gritó Saotome pero la joven seguía solamente de pie y en silencio- ¡Responde Akane! ¡¿Te sucedió algo?!

-Llegué hace una hora, como te dije y tú no estabas…seguro estabas con tu bella prometida-.

-¿Qué? ¡¿De qué diablos estás hablando Akane?! ¡Mejor dime como carajos llegast…!

-¡Si estuviste con ella o no, no me importa! -Lo interrumpió- ¡Yo solo quiero saber porque dijiste que los tonos azules más claros o fuertes o inclusive el rosa se me verían mejor!

-¿Eh? -Ranma tragó en seco al saber a lo que la chica se estaba refiriendo-.

El joven no era tonto, la primera impresión que tuvo de Akane fue precisamente esa, que los colores azules fuertes o claros y no en término medio le quedarían mejor por su tono de piel conforme a sus gustos y por la tonalidad de sus sedosos cabellos, ahora estaba entre la espada y la pared, o le seguía mintiendo o le decía la verdad esperando que ella lo entendiera.

-Pu…pues… este… yo… ¡Por tu piel! ¡Eso! Por tu piel clara…

-Por mi piel… -Dijo Akane por lo bajo, casi en un susurro- Eres un mentiroso-.

Ya se había echado todo a perder, Akane no le creyó a Ranma, ella seguía de pie y no se movía, él, por su parte no sabía ni que decir o que hacer, pensó en acercarse a ella y abrazarla pero temía de que fuera a ser rechazado, avergonzado comenzó a rascarse la nuca con la mano izquierda y dejó de mirarla. El silencio era sepulcral, únicamente roto por el sonido de las olas del mar a lo lejos, el chico ojiazul sabía que ya se había enamorado de la joven que tenía enfrente y le dolía haberla lastimado y decidió intentar arreglar la situación a como diera lugar.

-Akane, yo…

-¡Eres un pervertido! ¡Pero eso ya no me importa! ¡Solo vine a dejarte esto que es tuyo! -Le gritó mientras le aventaba la prenda que traía en la mano golpeando a Ranma con ella en la cara, este a su vez, comenzó a echar humo por las orejas al tomar en sus manos y ver lo que la chica le había lanzado-.

-A…Akane…esto…

-¡Cállate Saotome! -La joven volvió a interrumpirlo mientras daba media vuelta con dirección a la salida de la casa pues su intención ya había sido cumplida, pensó además en golpearlo pero si se acercaba a él temía que sus sentimientos la traicionaran ya que debido a eso en ningún momento hizo contacto visual con él- En verdad te agradezco que me hayas prestado tu pantalón pero tenía que devolverlo ya que ¡Mi novio! -Dijo enfatizando y casi gritando esa parte- Es un hombre muy celoso y se podría molestar si al entrar a mi habitación viera una prenda de hombre, a mí me rompería el compromiso y a ti seguro que te mataría-.

-¡¿Tú qué?! -Gritó molesto ignorando el hecho de que ella prácticamente lo sentenciara a la derrota en manos de aquel con el cual su amada iba a casarse ya que eso fue lo que menos lo enfureció-.

-¡Mi novio! ¡Dije MI NOVIO! ¡Espero ahora si lo hayas escuchado perfectamente porque no te lo voy a volver a repetir! ¡¿Algún problema?!

-¡Sí! ¡Un gran problema Akane! ¡Ese tipo no es tu novio! ¡Tu novio debería ser…!

-¡Nadie que te importe Saotome! ¡Me voy de aquí! ¡Adiós Saotome!

Todo eso se lo dijeron mientras no se veían a la cara, Ranma estaba totalmente enervado y más que enfurecido pero estaba determinado a hacer que la chica entrara en razón y se retractara de todas esas palabras que le había estado diciendo pero lo que él no sabía por no haberla visto a la cara era de que ella moría de ganas por voltear y abrazarlo y evitaba a toda costa que las lágrimas y el arrepentimiento la dominaran, lo dicho ya estaba escrito en sus mentes y sus corazones, ahora solo falta la realización de los planes que ambos tenían aunque a cada segundo que pasaba estaban cada vez más distanciados. Akane ya había salido de la casa y seguía con los puños apretados, sintió como el frio de la madrugada le comenzaba a calar los huesos y comenzó a emprender el camino de regreso a la casa de huéspedes pero en cuanto dio el primer paso escuchó de nuevo la voz de Ranma a sus espaldas.

-¡Espera Tendo! –Gritó el joven mientras le tomaba el brazo y la obligaba a voltear para quedar frente a frente por primera vez esa noche-.

-¡Que quier…!

/

El reloj marcaba ya las 3 y media de la madrugada, el silencio era el único ambiente que podía sentirse y una incomodidad ante tal situación que nadie se atrevía a beber un trago del té verde que conforme pasaba el tiempo se enfriaba. Las miradas de ellos tres eran firmes y profundas, las miradas de dos de ellas eran conscientes de que en cualquier momento las cosas podían salirse totalmente de control mientras que la mirada de la última mujer en esa enorme habitación decorada con diversos tipos de flores y una enorme mesa de comedor, era simplemente cristalina por las lágrimas derramabas debido al gran bostezo que acababa de dar.

-Por favor, casi son las cuatro de la mañana. ¿No podría verse de manera intensa después de dormir un poco?

-Silencio Nabiki -Kasumi le llamó la atención-.

-Tengo sueño hermana -Contestó la mediana de las Tendo mientras se recargaba malhumorada sobre su brazo derecho-.

La chica tenía razón, nadie hablaba. Fueron recibidos por Nodoka gracias a una de las encargadas que se quedó en lugar de Akari por sus vacaciones. La dueña del lugar los guió al comedor principal de la casa, que era el más amplio y les sirvió un poco de te. Ella y Kasumi que eran las más educadas, se saludaron con una reverencia y en total silencio puesto que no sabían cómo iban a reaccionar los hombres. De pronto se rompió el silencio.

-Genma Saotome. No pensé encontrarte aquí. Vine a buscar a mi hija y sin embargo ahora podré cobrar mi deuda. Maldito estafador-.

-Soun Tendo, no permitiré vengas a insultarme a mi casa. Si quieres arreglar las cosas salgamos y tengamos un duelo-.

-Si así lo quieres, que así sea Saotome-.

Ambos hombres se pusieron de pie sin dejar de verse con furia a los ojos y en cuanto se enfilaron a la salida otra voz les gritó.

-¡Esperen! -Ambos voltearon y las tres damas también dirigieron la vista hacía Tatewaki, quien era quien los había detenido- ¡Yo no vine aquí por sus disputas de ancianos! Yo lo que quiero saber es ¡¿Dónde está mi prometida?!

Continuará…


¡ÚLTIMOS CAPÍTULOS DE MI EDÉN!

Próxima actualización: Martes 5 Octubre


Próximamente: El Misterio de Heilong.