Saludos, lectores que no se atreven a dejarme review.

¿Acaso la historia es tan mala como para que no digan nada?

No sé qué hice mal, pero seguiré adelante hasta el final.

Disfruten el nuevo capítulo.


Capítulo 5

Cambio de planes

El hechizo del unicornio fue un golpe duro para Bill, haciendo que resultara difícil llegar a la casa con el espantoso dolor de cabeza que sentía. Ni bien llegó a su habitación, se dejó caer sobre la cama y ahí permaneció durante un tiempo que perdió la cuenta. Debería ir por alguna medicina, sin embargo, él estaba tan cansado que no podía levantarse. Odiaba sentirse de esa manera, tan débil; cosa que no sucedía bajo su forma original, en la que prácticamente era indestructible. La protección que tenía la Cabaña del Misterio por poco hizo que se desprendiera de aquel cuerpo que obtuvo mediante engaños, consiguiendo que se enojara en serio. Sobre una cama tendida, el demonio de los sueños por fin se quedó dormido y no quería por nada del mundo tener que despertarse. El dolor dejó de atormentarlo y, antes de seguir con su plan de venganza, él decidió que mejor era visitar a sus aliados que hacía una semana que no sabía nada de ellos. Después de regresar a su dimensión, se reencontró con esas criaturas malignas, las cuales se reunieron para escuchar las novedades que les tenía su líder. Ellos se pasmaron tras oír sobre el escudo mágico.

—No hay problema, amigos —intentó calmar las cosas el triángulo—. Signo de Pregunta no va a estar todo el tiempo encerrado en ese lugar. Algún día tendrá que salir y ahí estaré esperándolo.

—Eso suena a que tendrá que esperar mucho, jefe —opinó Cerradura temiendo que se enojara.

—O tal vez estés necesitando ayuda —agregó Pyronica con una sonrisa perversa—, mi ayuda.

A partir de ahí, la demonio color rosa explicó lo que tenía en mente, y a toda la congregación de extraños seres le gustó la idea. Fue lo mismo para el que usaba sombrero de copa, el cual ahora tenía otra misión dentro de su plan de venganza, algo que perturbaría al pueblo. Algunos ya se ponían ansiosos por un poco de acción, no obstante, tenían en cuenta que lo importante era no perder la paciencia. Con eso último, la bestia de un solo ojo regresó al mundo físico y las cosas seguían estando como las dejó, sin que el padre del muchacho descubriera que había algo malo en su hijo carente de espíritu. Al ocupar de nuevo el cuerpo, notó que el malestar desapareció y ahora podía encargarse de un asunto pendiente, no sin antes hacerse cargo de cosas cotidianas. Después de hacer los deberes de la escuela y de limpiar un poco la casa (los cuales le resultaba bastante fáciles), él salió a la calle en busca de la joven Noroeste. Otra vez hacía mucho frío y unas nubes grises cubrían todo el cielo, impidiendo que los rayos del sol calentaran el ambiente.

El rubio comenzó con su búsqueda en el mismo lugar donde la encontró antes, en el conocido centro comercial, que últimamente se hizo muy concurrido, como escape al mal clima. Si podía encontrarla ahí, él no sabía si era capaz de cometer lo que tenía planeado y todo por esa gente. Podría esperar a que saliera y sorprenderla en un callejón, mas ella siempre estaba acompañada por esas amigas que tenía. Las cosas se estaban complicando y eso lo hacía enfurecer, pero se obligó a calmarse distrayéndose con la cacería de alguna golosina. Mientras pasaba frente a los locales, tratando de avistar alguna máquina expendedora, de repente él oyó la voz de Pacifica, burlándose de la ropa que traía una chica. Al cíclope le gustaba ese lado malo que tenía la niña, llevándolo a pensar que ella podría ser una buena secuaz, aunque no podía olvidar lo que aquel fantasma le dijo: que no era como los demás Noroeste. La tendría en cuenta para más tarde, ya que podría convencerle, o amenazarla, si bien primero intentaría eso con un antiguo aliado, que de seguro le gustaría volver a las andadas. No, era mejor deshacerse de ella, así que él la siguió.

—Vamos, acércate más —se decía Lee entre dientes, observando que su víctima estaba por caer en la trampa, la cual era una máquina que no quería dar latas de bebida y por eso era golpeada.

La que representaba el símbolo de la llama estaba dándole patadas y golpes con la mano a ese aparato, sin lograr nada salvo perder el tiempo. Ella estaba enfurecida, porque siempre obtenía lo que quería, y hasta sus amigas retrocedieron asustadas. Después de un rato, se oyó un sonido metálico, que tal vez significaba que la máquina se estaba arreglando. Ese no fue el caso ya que, en un instante, ese gran armatoste caía en dirección hacia su atacante. La caída causó un ruido impetuoso, llamando la atención de todos los visitantes del lugar, que acudieron enseguida a la zona de impacto. Bill también se acercó, para ver si todo había salido bien, sin embargo, dejó de sonreír al notar que la rubia estaba aún con vida. Ella estaba un poco desorientada y sentada en el suelo, a sólo medio metro del pesado objeto, sin saber cómo llegó hasta ahí. Las horrorizadas amigas ahora estaban asombradas por ser testigos de algo misterioso y, cuando por fin ellas se calmaron lo suficiente para poder hablar, relataron que una fuerza invisible empujó a Pacifica a un lado seguro. Por más que había casos paranormales con frecuencia, a la gente le costó creer.

—Bueno, terminó el show —anunció harta la chica que se vistió una vez con un saco de papas, con lo que los curiosos se fueron dispersando y volviendo a sus asuntos de a poco. Cuando casi todos se fueron o también dejaron de prestarles atención, ellas se reunieron para hablar a solas.

—Es la verdad —insistió una de sus seguidoras—. Vimos que tenías unas luces que te rodeaban.

Aquella le respondió que les creía, que ella mismo vio algo extraño, aunque no le parecía bueno que todos lo supieran. Al llegar unos agentes de seguridad al lugar de los hechos, la que casi se murió aplastada comenzó a reprenderlos y que, por esta vez, decidió no demandarlos. Las tres jóvenes se alejaron de ahí y ni se dieron cuenta de que había alguien observando toda la escena, escondido tras una columna. Ese era el endemoniado, que estaba hecho una furia, y se culpaba por no hacerla dormir primero con solo un chasquido, así no lograba escaparse. Mas lo que a él le estaba preocupando era esa fuerza, como si algo o alguien la estuviera protegiendo, o si solo se tratara de suerte. Debía intentarlo de nuevo, para ver si eso sucedía otra vez, de modo que la siguió hasta llegar a una tienda de ropa. Él ingresó también y la perdió de vista, no obstante, vio que los adolescentes de esta época tenían mal gusto para vestirse, con esa ropa apretada y muy colorida. El local era lo suficiente grande como para que hubiera prendas para ambos sexos, así que mientras el alto parecía estar buscando un gorro de lana, miraba de reojo a esa Noroeste.

—Tengo una idea —se dijo y se dirigió hacia uno de los probadores, sin que nadie lo notara, de paso haciendo que las cámaras de vigilancia apuntaran hacia otro lado. Espero ahí a su víctima.

Como la araña que espera a que caiga una mosca en su trampa, Lee permaneció oculto hasta oír que se acercaba su presa y, en un segundo, la arrastró hacia él sin olvidar antes taparle la boca con una mano para que no intentara gritar. La otra mano estaba en el cuello de ella, aplicando cada vez más presión y, en el momento en que el poseído quería usar su fuerza sobrenatural, las luces reaparecieron, junto con algo similar a una explosión. Era así ya que fueron impulsados los dos en direcciones opuestas, logrando que la muchacha terminara en el suelo y a dos metros de donde estaba. Rápidamente todos los clientes se aproximaron a verla, algunos de ellos fueron a auxiliarla, y fue en ese momento de confusión que el de ojos amarillos se escapó como pudo, ya que chocarse contra la pared fue doloroso. En tanto él iba corriendo, se preguntaba que carajos fue lo que pasó, y lamentablemente aquello se sumaba a las pocas cosas que no sabía. No creía en lo que le sucedió: todo eso demostraba que existía una especie protección dentro de ella, tal como el hechizo del unicornio. ¿Es posible?, se preguntó ni bien estaba de nuevo en la fría calle.

—¿Acaso no puedo acabar con los representantes de los símbolos? —supuso cuando transitaba por el parque que estaba vacío—. Si es cierto, tendría que buscar ayuda o intentar otras formas.

También pensó en optar por las dos opciones, porque recordó todo era mejor con ayuda de un amigo, tal como le había dicho a Seis Dedos. Mientras iba de regreso a casa, pensaba en quien podría ser la víctima, para que se le alojara uno de sus socios desquiciados. Antes de eso, era mejor darle un vistazo a los famosos diarios de Ford, porque todavía no tenía ni idea de lo que aquel escribió con tinta invisible. Para eso, era necesaria luz negra, cosa que el rubio descubrió que no tenía y, después de revolver la habitación, él ordenó todo de una manera prolija, algo inusual para un adolescente. Tendría que conseguirla, pero por suerte sabía cómo fabricarla de forma casera y, cuando al final ya la tenía, revisó cada página prestando más atención a lo que decía sobre él. "No lo convoques", "no confíes en nadie", estaba escrito un par de veces por ahí, algo que le resultó gracioso al ver cómo aterrorizó la mente de ese hombre. Por ahora, sólo vio datos inútiles, haciendo que perdiera las esperanzas, sin embargo, encontró algo que podría ser bueno. Unos planos lo llevaron a no conformarse sólo con la venganza hacia ciertas personas.

—Primero hay que encargarse de esos símbolos, una simple venganza, y luego habrá una fiesta para celebrarlo —se decidió mientras estudiaba un par de gráficos—. Ya tengo el lugar perfecto.

Cuando él regresó a la escuela, advirtió que cierta chica le llamaba la atención, por su actitud de salirse siempre con la suya y sin acudir a la violencia, como lo hacía Wendy. Se acordaba de ella, la que mentía con tal de seguir siendo popular, la que decía lo que pensaba sin importar si podía lastimar. Ella coincidía en algunas cosas con alguien que conocía, y estaba claro que iba a ser la victima ideal. Era un buen momento para acercarse, ya que su novio estaba distraído por volver a las prácticas con su banda de música, y sería por largo tiempo porque se acercaba un concurso de bandas. A ella no le molestaba el distanciamiento, todo lo contrario, le resultaba estupendo ser alguien que servía como musa inspiradora para las canciones románticas. No se sentía sola; tenía miles de amigos en las redes sociales, así como verdaderos que siempre tenían formas de pasarla bien. Mas, como le daba mucha importancia a sus contactos virtuales, más de lo normal, sus notas en la escuela estaban al borde de desaprobar. Necesitaba mejorar sus calificaciones, antes de que le quitaran el teléfono como castigo, y más ahora que reprobó un par de materias.

—Si quieres, puedo ayudarte, Tambry —propuso Lee, ni bien la muchacha se quejaba porque no entendía las lecciones, haciendo que ella se sorprendiera al principio y luego aceptara sin dudar.

—Está bien —respondió ella y después sonó algo molesta—, pero con una condición: no le digas a mis padres que estás dándome clases; diles que estamos haciendo un trabajo en parejas. ¿Sí?

Después de aceptar las condiciones, Robbie se disculpaba con su novia una y otra vez por no ser él el que la ayudara y, de paso, lanzó una advertencia al chico alto: que se portara bien con ella. Todo estaba saliendo bien por ahora y, esa misma tarde, el endemoniado visitaría la casa de esa chica para comenzar con las lecciones. Antes de eso, él tenía que conseguir un objeto específico para lo que se proponía y no podía irse hasta que se terminaran las prácticas de baloncesto. En esas clases, Bill tenía que esconderse más que nunca y respetar esas reglas absurdas. A él le era difícil controlar la fuerza y no usar sus poderes, así como no hacer trampa o simplemente eludir las horribles actividades. Por suerte, todos creían que el deporte no sólo se superaba con cierta habilidad, sino que había algo de azar, así que no se hacían problema si la pelota no entraba en el aro. Después del entrenamiento y de una ducha, ya era momento de vestirse y abandonar la secundaria, así que aquel muchacho se vistió con presteza. En ese momento, el triángulo notó que le molestaba el cabello demasiado largo del joven, algo que iba en contra de su elegancia.

—¿Qué fue lo que te pasó? —preguntó Nate sonando asustado, el cual estaba a un par de pasos detrás de su amigo que no sabía a qué se refería—. ¿Cómo te hiciste esas marcas en la espalda?

—¿Qué? —respondió tratando en vano de ver, y no había ningún espejo a la vista que pudiera ayudarle—. Creo que no debe ser nada... Ni sabía que las tenía y ni duelen… Ya olvídalo, amigo.

Si bien el rubio se mostraba despreocupado, el que tenía los brazos tatuados no estaba calmado y le sacó una foto con su teléfono. Cuando ambos vieron la imagen, se trataba de unas cicatrices pequeñas que no tenían sentido, pero que casi ocupaban toda la piel de la espalda. De nuevo, el afectado explicó que eso no era importante y ellos dejaron el tema de lado porque se acercaban más chicos buscando sus casilleros. De por sí, ya era bastante ilógico que a ese muchacho de un día para el otro sus ojos cambiaran, la cosa estaba peor por esas marcas inexplicables. Mientras que el de pelo oscuro se despedía a las apuradas de su mejor amigo, él seguía su camino mucho más relajado porque estaba intentando recordar. Él no sabía bien si desde siempre su camarada tenía esa particularidad, mas no tenía ningún recuerdo, con lo que ahí mismo se convenció de no pensar más en eso. Él podría preocuparse un poco más si los sucesos extraños comenzaran a ocasionar problemas y, por ahora, nada malo sucedía. Eso mismo pensaba la criatura de un solo ojo, por más que tenía una idea de lo que pasaba, que sólo el tiempo le podía dar o no la razón.

—Espero que no sea lo que creo que es —se decía refunfuñando mientras iba hacia una tienda de antigüedades a conseguir el objeto que necesitaba—. Si es cierto, de seguro me descubrirán.

Cuando él llegó al local, quería entrar con sigilo aunque el sonido de la campana en la puerta le arruinó el silencio que creó. El lugar era un poco oscuro y con muchos estantes que mostraban diversos objetos de todo tipo, cubiertos con una fina capa de polvo. No sólo se fue fijando en la mercadería, sino también en unos débiles fantasmas que se apegaron a su objeto favorito ahora en venta. Quien se mostraba detrás de la caja registradora era una anciana con aspecto amable, y el adolescente preguntó sin vueltas por lo que vino. Con la excusa de que estaba buscando un regalo para su abuela, consiguió la pieza pagándole con un dinero que obtuvo de una tarjeta de crédito robada. Ni bien ya lo tenía, salió del lúgubre sitio para ir directo hacia la casa de chica de mechón pintado. La vivienda en cuestión estaba bastante lejos del centro del pueblo, en donde había en su mayoría casas simples y cercanas al bosque. Luego de una larga caminata y llamar a la puerta, fue ella misma quien le atendió, con una expresión de fastidio en su rostro. Dentro del hogar había ciertas cosas desordenadas y, quien tenía la culpa de eso llegó ante ellos enseguida.

—De modo que era verdad que tu hermanita causaba desastres —dijo Lee sonriéndole a la niña que se acercaba y se notaba que estaba aprendiendo a caminar, por los pasos torpes que daba.

La pequeña se quedó estática mirando a la visita, algo muy diferente a la ruidosa intranquilidad que se encontraba recién. Aprovechando inesperada la quietud, Tambry guio a su compañero a su cuarto, donde ella explicó mientras subían por las escaleras, que ahí había un poco de paz. Ya en ese lugar, él se fijó en los objetos coloridos que adornaban la habitación: muchos peluches y cosméticos sobre un tocador, aunque todo bien ordenado. A la muchacha le costaba abandonar su teléfono por un rato, así que el alto esperó como unos cinco minutos a que ella se pusiera a revisar su carpeta. Bill se decidió a esperar el momento adecuado, sin que nadie fuera capaz de interrumpirlo, de modo que por breve tiempo, todo parecía normal. Esto le recordaba un poco a las clases que le daba a Ford, sólo que en lugar de hablar de lo sobrenatural, exponía sobre unos tontos problemas matemáticos. Él casi perdía la paciencia escuchando preguntas absurdas y ese molesto ruido de la vibración del móvil, sin embargo, continuó con su plan de maestro dócil. No hubo interrupciones, así que antes de que cambiara su suerte, vio que ya era hora de avanzar.

—¿Qué pasa? —preguntó la de piel tostada cuando se percató que aquel otro sólo la observaba.

—Duérmete —exclamó él sonriendo y chasqueando los dedos, haciendo que ella se desmayara.


Por favor, pasen a comentar, que me alegra la vida.