Capítulo II
"Premonición"
El sol apenas se asomaba en el horizonte, pero la poderosa sacerdotisa ya se encontraba arrodillada frente al fuego sagrado, llevando a cabo sus oraciones de matutinas. No podía permitirse comenzar su rutina sin antes pedir a sus ancestros que guíen su camino. Estaba incómoda esa mañana, tenía un mal presentimiento, una sensación de que la tranquilidad volvería a alejarse de sus vidas. Deseo con todas sus fuerzas que sea sólo una sensación. Oró porque la paz y la tranquilidad no se aleje de sus vidas. Sin embargo, el fuego sagrado pronto le demostró que sus miedos no eran infundados. Pudo verlo. Una poderosa luz dorada. La Torre Tokio. La silueta de una mujer asechando desde las sombras. Tres jóvenes a las que no pudo verles el rostro. Después de eso, todo era desastre y desolación. Las calles de la ciudad estaban completamente en ruinas, sumidas en una inmensa y aterradora oscuridad.
Salió del transe asustaba. Su corazón latía con fuerza. ¿Qué había sido todo eso? ¿Acaso una visión del fin de los tiempos tal como lo conocían? ¿Un nuevo enemigo asechaba la tranquilidad, ponía en peligro su mundo?
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Oscuro. Muy oscuro. Corría por las calles, sin rumbo, llorando a mares. De pronto, la oscuridad se vio interrumpida con una luz dorada. Una luz brillante, cegadora. Se alzaba sobre la Torre Tokio, en forma vertical, hacia el cielo. No podía ver dónde terminaba.
La silueta de una mujer se interpuso en su camino. No era clara, pero la hizo estremecerse.
-Los talismanes. Los tres talismanes para el fin de los tiempos. - dijo una voz que no supo de donde vino. La poderosa luz que antes había visto se expandió, destruyendo todo a su alrededor. Amargas lágrimas cayeron de sus ojos.
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- ¡No! - gritó, mientras se sentaba en la cama. La gata que dormía a sus pies despertó sobresaltada. Vio como las lágrimas caían de sus ojos. Se acercó a ella, preocupada.
-Usagi… que ocurre Usagi.- la joven de cabellos dorados la abrazo con fuerza, no podía controlar sus lágrimas.
-Sólo fue… un sueño…- dijo casi en un susurro. Pero aquellas palabras no se quitaban de su mente. Los tres talismanes, el fin de los tiempos. Eso sólo podía significar una cosa. La última vez que Sailor Saturn había despertado, casi no había podido evitar que el fin de la humanidad aconteciera. ¿Acaso los tiempos de paz se acababan de nuevo? ¿Es que, acaso, alguna vez podría vivir sin tener que luchar?
El amanecer la sorprendió casi sin poder dormir. Así que, cuando su despertador sonó ya estaba lista para comenzar su día. Había tenido otras pesadillas, aunque no tan intensas. Bajo a desayunar a tiempo, cosa que no era común en ella. Se esforzó por llevar una sonrisa en su rostro. Le había costado demasiado convencer a Luna de que todo estaba bien. Y, a pesar de ello, no estaba segura de haberlo logrado. Aun así, daría su mejor esfuerzo para hacer como que nada había pasado. No quería preocupar a sus amigas, ni a Mamoru. Ahora que llevaban una vida normal, sin batallas ni enemigos, sólo quería que todo siga así, al menos hasta el momento en que deba asumir el trono de la Tierra.
El día transcurrió sin mayores sobresaltos. Un día como cualquier otro. Clases y más clases aburridas, que, creía, nunca le iban a servir en su vida. Después de todo, iba a casarse con Mamoru después de terminar la escuela y, años más tarde, sería la reina del planeta. De un planeta con reglas totalmente diferentes, con una realidad opuesta a la de aquellos días, un mundo hecho totalmente a su voluntad y totalmente dependiente del Cristal de Plata y se sus rezos. ¿Qué sentido tenía estudiar?
Sus amigas la esperaban en la puerta de entrada. Ese día no les había tocado ninguna materia juntas, así que sólo se habían visto en el almuerzo. Había quedado en ir a tomar un helado, en lo que hacían tiempo a que Rei y Ami terminarán con sus actividades extraescolares, y así juntarse en el templo, como lo hacían a menudo.
Las saludó con una sonrisa en su rostro, tal como todos los días. Como si nada hubiera pasado aquella noche, como si no tuviera esa sensación de que algo no estaba nada bien. La joven de cabellos castaños rodeó su cuello con su brazo. Tenía la fuerza de un hombre, además de que le llevaba más de una cabeza de altura.
-Llegas tarde…- le dijo. Claro que eso no era nada extraño en ella.
- ¿Estas bien, Usagi?- preguntó la joven de cabellos rubios.- Luces como si no hubieras dormido anoche.
-Ah, sí. - río Usagi, algo incómoda. - Estuve leyendo historietas hasta tarde… ¡Se me pasó la hora! - una gota de sudor resbaló por la frente de las jóvenes.
-Tú nunca cambias. - caminaron hasta la salida del establecimiento. Al llegar al portón, se sorprendieron al ver un lujoso auto color azul parar en la entrada.
El auto era manejado por una hermosa jovencita de cabellos celestes. Ella se apresuró a bajar de su auto. La observaron embelesadas. Era alta y tenía un cuerpo perfecto, su largo cabello celeste llegaba hasta su cola. Llevaba el uniforme de un prestigioso colegio, pollera celeste, camisa blanca y corbata azul. Unas costosas gafas de sol, la hacía lucir aún más misteriosa.
- ¿Ya vieron? Es muy hermosa. - dijo Usagi con una sonrisa en su rostro y una notoria emoción en sus ojos.
- Ese uniforme… ella asiste a la preparatoria más cara y prestigiosa de todo Japón, ¿qué no es la preparatoria a la que Ami fue becada? - observó Makoto.
- Se nota que es adinerada, ¿que estará haciendo por acá?
La joven se quitó las gafas y las observó. Estaban a una distancia considerable, pero podían sentir su mirada penetrante en ellas. Un escalofrío recorrió el cuerpo de Usagi. ¿Qué era esa sensación? Ella era… diferente. Por unos segundos, sus miradas se entrecruzaron.
-Usa-cham, ¿Qué ocurre?
-Nada… es que… ¿no lo sientes, Mina? - Minako observó a la joven y, entonces, entendió. Una poderosa energía la rodeaba. Pero no podía estar segura de que era esa sensación. De repente, la joven desvió la mirada de las suyas y, sonriendo, levantó su brazo, saludando a alguien más. Las tres voltearon a ver a las jóvenes que se acercaba corriendo hacia ella.
- Ellas...- dijo Minako, recordando lo que había sentido días atrás, cuando ellas la observaban en el salón de clases. Si Usagi también lo había sentido, entonces ya no podía tener dudas. ¿Acaso se trataría de un nuevo enemigo?
Las jóvenes se acercaron a ella y las tres se dieron un fuerte abrazo.
- ¡Es cierto! ¡Ahora recuerdo! - dijo, de repente, Makoto. - ¡Ella es Umi Ryusaaki! Por eso se me hacía familiar– Minako y Usagi se sorprendieron al oír su nombre.
- ¿La conoces? – pregunto Usagi, curiosa. Mientras, desde lejos, observaba como la joven de cabellos celestes se subía a su carro, ahora acompañada de sus amigas. Una gota de sudor resbaló por la frente de Minako
-Tú siempre tan despistada, Usagi. Umi Ryusaaki es la única hija del empresario más importante de Japón, es la heredera de una gran fortuna. Con frecuencia sale en los periódicos y medios de comunicación y hasta ha hecho algunos trabajos como modelo.
- ¿En serio? ¡Modelo! No me sorprende, ella es muy hermosa.
-Me pregunto cómo alguien de su nivel tiene amigas que asisten a esta preparatoria. - dijo Makoto, mientras llevaba su mano a su barbilla.
Esa tarde, en casa de Reí, entre tazas de té y charlas sobre chicos y tareas escolares, no pudieron evitar que salga el tema de la adinerada joven amiga de sus compañeras de clase.
-¿Umi Ryusaaki?- se sorprendió Ami. -Es cierto, ella asiste a mí escuela. - acotó, recordando el extraño encuentro que había tenido con ella en la entrada el primer día de clases. Entonces, también había tenido una extraña sensación al cruzarla.
-Vaya, ¿en serio? Asistes al mismo colegio que la heredera más importante de Japón, sin dudas fue un gran cambio, Ami.
-Es cierto…- dijo, sonrojada. Recordó el momento en el que le habían ofrecido media beca en la importante institución en la que se formaba lo mejor de la élite de Japón. Le había dolido mucho tener que separarse de sus amigas, pero era una oferta que no podía rechazar.
-Entonces, Reí… dime, ¿tú no has visto nada? ¿No has tenido alguna visión? ¿Un presentimiento? ¿Acaso algún enemigo nuevo? - se apresuró a preguntar Minako, que solía tomarse muy a pecho su rol de guardiana líder. Sus constantes preguntas hicieron estremecer a Usagi. ¿Acaso esa extraña energía que rodeaba a esas jóvenes tenía algo que ver con su sueño? Parecía que la paz y la tranquilidad nunca sería parte de sus vidas, que cada vez que parecían llevar una vida normal algo nuevo volvía a suceder. Había preferido no hablarles de sus sueños, de su presentimiento, para no preocuparlas, pero, aun así, ahí estaban, temiendo lo peor, de nuevo.
-Bueno, yo… - titubeó Reí, mientras su mente divagaba por las visiones que había tenido esa mañana. La realidad es que, si había sentido una presencia maligna hacía unos días, una poderosa energía que andaba dando vueltas por la ciudad, y que tenía su epicentro en la Torre Tokio. Pero prefería no mencionarlo hasta no estar totalmente segura de que significaba una amenaza.
-Oigan, no creo que debamos preocuparnos por esto. - interrumpió Usagi.- Quizás no haya nada malo en ellas. Hay muchas personas que tienen habilidades especiales y eso no significa que se trate de un enemigo, ¿no es así? No deberíamos apresurarnos a sacar conclusiones.
- Tienes razón, Usa-cham… Quizás nos estamos adelantando a los hechos. Aun así, creo que me acercaré a ellas, quizás pueda hacerme su amiga, así las podré vigilar de cerca y podremos estar seguras de que todo está bien.
-Pero, Minako…
- ¡No olvides que nosotras debemos asegurarnos de que estés a salvo, princesa! Nunca está de más ser precavidas. - dijo poniéndose de pie. Una gota de sudor resbaló por la frente de Usagi, al ver como los ojos de su extrovertida amiga adquirían un brillo especial.
-Mina tiene razón. - continuó Ami.- Creo que me tocará acercarme a la adinerada heredera.
-Chicas…
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Observaba por la ventana del departamento. La Torre Tokio se alzaba entre los altos edificios de la metrópoli. Desde allí podía verse todo su esplendor. Su cúpula roja y blanca destacaba en el paisaje de la ciudad. Aunque a esas horas de la noche no se distinguían bien sus colores, si las luces que la iluminaban. A su lado, podía verse una hermosa Luna Llena. La Luna siempre le daba tranquilidad. Era como si, con tan solo verla, sintiera toda la protección del palacio lunar. Era de madrugada. Llevaba puesta una camisa suya de color blanca, sin nada abajo, más que su ropa interior. Su cabello estaba suelto, raras veces lo llevaba así. Suspiró. ¿Acaso su sueño sería cierto? Sentía una poderosa energía proveniente de aquella torre. Una energía diferente, algo que nunca antes había sentido. ¿Era acaso un nuevo enemigo? ¿O era que sus poderes eran cada vez más fuertes, que le permitían sentir cosas que antes no sentía? Aun así, no estaba segura de que esa energía que sentía sea una energía maligna.
Él se le acercó. Sintió su aliento detrás de ella, pero no volteó, continuó observando la torre casi hipnotizada. La abrazó por la espalda y beso su nuca. Llevaba puestos unos pantalones negros, su torso estaba desnudo. Tenía un estado físico que cualquiera envidiaría, le llevaba unos cuantos centímetros de altura. Ella permaneció mirando por la ventana. Aunque le agradaba sentirlo cerca, seguía teniendo esa sensación de que algo no estaba bien.
-¿Me vas a decir que ocurre? - preguntó, casi en un susurro. Ella guardo silencio. Sabía que no había nada que pudiera decir que le hiciera pensar que nada pasaba. Él la conocía demasiado. Podía llegar a engañar a sus amigas, pero a él nunca. – Puedo sentirlo, Usako, sé que algo te preocupa. Dime qué has sentido.
-Es la Torre, siento una energía muy poderosa que emana de ella. - Mamoru levantó la vista hacia la torre, aún sin soltarla a ella. Siempre había sentido que había algo especial en ese monumento, siempre había sentido esa particular energía a su alrededor, como si allí todo fuera posible.
-Usako.- Mamoru cerró los ojos y le tocó la frente. Entonces pudo verlo. La oscuridad, la luz proveniente de la Torre Tokio y esa mujer, esa extraña voz. Luego, el silencio de la destrucción. A las sombras, las siluetas de tres jóvenes. Rápidamente retiro la mano de su frente, como si se tratara de un caldero hirviendo. Ella también se sobresaltó. Lo había visto, era su sueño, aunque... ¿Quiénes eran esas jóvenes a los pies de la Torre Tokio?
Volteó a mirarlo. Mamoru pudo notar una mezcla de temor y tristeza en su mirada. Sus visiones no solían fallar. Nunca. La abrazó con fuerza, sin decir nada. Ella recargó su cabeza sobre su pecho desnudo. Permanecieron así, durante algunos minutos.
-No te preocupes Usako. Yo te protegeré siempre. – dijo, por fin él. - Pase lo que pase, siempre estaremos juntos, en esta vida o en la siguiente. Recuerda que el destino siempre nos volverá a unir. - Usagi separó la cabeza de su pecho y lo miro a los ojos. Claro que lo sabía, ellos permanecerían juntos, en esta vida o en la siguiente. Pero morir no estaba en sus planes, no ahora. De hecho, no en los próximos mil años, al menos. Él acercó su rostro al de ella. Usagi cerró los ojos, mientras sus labios recibían los de su amado. La Luna, testigo de lo que había sucedido en esa habitación esa noche, los iluminaba a través del ventanal. De repente, una extraña sensación recorrió su cuerpo. Su piel se estremeció y todos los vellos de su cuerpo se erizaron. Él pudo sentirlo, pudo sentir lo mismo que ella sintió. Se separaron y miraron nuevamente por la ventana.
La Torre Tokio resplandecía. Una extraña luz dorada se alzó sobre ella. No era tan intensa como la de su sueño, pero allí estaba, una luz que salía desde la Torre Tokio y ascendía en forma vertical, hacia los cielos.
-Eso es…- dijo Usagi. Mamoru se aproximó a la ventana, poniéndose al lado de Usagi. Apoyando sus manos en el vidrio, observó aquella extraña energía que salía desde la Torre.
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Despertó sobresaltada, se sentó en su tatami de un salto. Llevó sus manos a su cabeza. Sentía unas fuertes punzadas. Separó las sábanas y se puso de pie. Las imágenes de sus visiones pasaron por su mente. Se acercó a la entrada de su casa. La noche era cálida, agradable, pero se respiraba una energía muy poderosa, una energía que, sin dudas, traía un mal presagio. Observó al cielo, entonces pudo ver esa extraña luz. Esa luz, como en su sueño. Desde el templo no podía verse la Torre Tokio, pero la luz provenía de allí, del lugar en donde se erguía el monumento.
Su corazón latía con fuerza, estaba nerviosa, preocupada, un miedo inusitado la invadió. Si sus visiones eran ciertas (y la realidad era que nunca fallaban), no sólo Tokio, si no todo el mundo estaría en peligro. Esa energía era demasiado poderosa, mucho más de lo que hubiera sentido antes. ¿Estarían en presencia del inicio del fin? ¿El fin de los tiempos tal como los conocía? ¿Un final inevitable? ¿Un final que ni siquiera ella pudiera evitar? Corrió hacia dentro del templo, se arrodilló junto al fuego sagrado y comenzó a orar.
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Caminaban por las calles peatonales del centro, cuando aquella luz dorada se alzó sobre la Torre Tokio. Apenas salían de uno de los karaokes más conocidos de la ciudad. Salir los viernes por la noche y volver a casa a altas horas de la madrugada era algo que solían hacer con frecuencia. Más desde que el señor Ryusaaki le había regalado a Umi ese lujoso auto que ahora manejaba. Y sus salidas siempre terminaban en el centro de Tokio, muy cerca de la torre que les había cambiado la vida hacía ya casi tres años. Después de la salida venían los regaños del señor Ryusaaki, claro. Qué una niña como ella no debería andar por las calles, de noche, y sin custodia, que todo el mundo sabía quién era y podrían querer secuestrarla para pedir una recompensa, que sólo debería juntarse con chicas de su nivel social. ¿Qué podía saber él? Había luchado contra monstruos horrendos, ¿iba a tener miedo a que la secuestren o intenten robarle?
Caminaban por la transitada peatonal, transitada aun a esas horas, disfrutando del agradable clima primaveral. Los cerezos aún estaban en flor, había algunos por aquellas calles. Estaban a punto de volver al estacionamiento en el que Umi había dejado su auto, cuando una extraña sensación las invadió. Las tres levantaron la vista, hacia la punta de la Torre Tokio. Y allí estaba. Esa luz dorada, tan extraña y, a la vez, tan familiar.
-¡El portal!- se apresuró a decir Hikaru. Observando a su alrededor, las demás personas seguían cada una en su asunto, parecía que nadie más que ellas tres podían ver aquel extraño suceso.
-No puede ser...- dijo Fuu.- pero antes de que pudiera reaccionar, Hikaru ya estaba corriendo en dirección a la torre. Umi y Fuu se miraron y, luego corrieron tras ella. Mientras iban hacia la torre, Umi volvió a mirar hacia arriba y notó que la luz se desvanecía.
Alcanzaron a Hikaru a los pies de la torre, cuando ella se detuvo ante la imposibilidad de ingresar.
-¡Karu!- gritó Umi, al alcanzarla. Hikaru permaneció erguida, con su mirada perdida.
-¿Qué... qué fue eso?- preguntó, aun sin voltear.- Nadie más que nosotras o Clef puede abrir el portal...
-No pudo haber sido él, ¿verdad? Es decir, para que querría...- dijo Umi, sin atreverse a continuar.
-Esto no está bien… tengo un mal presentimiento… deberíamos ir allá...- dijo Hikaru, casi al borde de un ataque de nervios.
-Cálmate, Karu-cham. - interrumpió Fuu. Es de noche, no hay forma de que podamos subir, tampoco podemos desaparecer, así como así. Lo mejor será volver a casa y esperar hasta mañana, temprano.
-Es cierto, si no vuelvo a casa, papá es capaz de llamar hasta la Interpol. Volvamos, ya mañana podremos trasportarnos a Céfiro.
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•.••..ஐ EL DIA SIGUIENTE ஐ..•.••..
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Observaban la imagen de la joven de cabellos celestes en el monitor traslúcido de la base secreta. Las cuatro guardianas estaban paradas detrás de Luna. Minako llevaba a Artemis en sus brazos.
Usagi permanecía al margen, sentada en una silla contra una de las paredes de la guarida, con Mamoru a su lado. Él la tomaba de los hombros, como intentando calmarla. También estaban en silencio.
-Umi Ryusaaki… - dijo Luna, mientras introducía información a la supercomputadora a través del teclado. – 17 años, último año de preparatoria. Es la heredera de una gran fortuna. Las empresas Ryusaaki están valuadas en un billón de dólares. – La imagen en la pantalla iba cambiando, mostrando imágenes de las empresas propiedad del padre de la joven. - Quizás gracias a la fortuna de su padre, ella se ha hecho conocida en el mundo de farándula. - continuó mientras aparecían imágenes de revistas de chimentos, en los que la joven salía, algunas veces modelando, otras veces, como víctima de algún paparazzi mientras hacía compras en algún lujoso shopping o simplemente paseando por las calles de Tokio. Luna se detuvo en una imagen, en la que se la podía ver junto a dos jovencitas, una de cabellos color fuego, y una rubia de anteojos. Se encontraban junto a la ventana en el mirador de la Torre Tokio. Sin dudas, algún paparazzi la había fotografiado sin que ellas se dieran cuenta.
-Son ellas. - se apresuró a decir Minako, al reconocer a las jóvenes que eran sus compañeras de clase.
-Hikaru y Fuu. Ellas asisten a nuestra escuela. Su amistad es extraña, todos lo comentan. Hikaru es muy popular y extrovertida, en cambio Fuu, es una chica reservada y muy estudiosa, del tipo de chicas que prefieren pasar desapercibidas. - continuó Makoto. Una amistad extraña, sin dudas, de las que no suelen darse en la preparatoria. Como cuando Usagi se hizo amiga de una jovencita con el IQ más alto de todo Japón.
Los rostros de las jóvenes no llegaban a verse bien en la imagen, puesto que estaban de costado. Pero Luna logro extraer sus características con el computador y así rastrear información sobre ellas. Entonces, la imagen del rostro de Hikaru apareció en la pantalla.
-Hikaru Shidou, 17 años. Último año de preparatoria. Su familia es dueña de la escuela de Kendo más importante de Tokio. – En la pantalla aparecieron imágenes de la escuela propiedad de los padres de Hikaru, una reconocida escuela de kendo, no sólo por la excelencia de sus profesores sino también por los años que llevaba en el rubro. Luego, la imagen cambió a la joven de cabellos rubios. - Fuu Hououji, 17 años, último año de preparatoria. Durante toda la primaria y secundario, asistió a un prestigioso colegio privado para niños superdotados. Tiene un IQ de 289. Obtuvo el primer lugar en la competencia nacional de arquería, el año pasado.
Desde donde estaba, Usagi escuchaba con atención, pero no emitía sonido. Tres jóvenes. Tres, como en su visión. ¿Acaso ellas tenían algo que ver con esa luz?
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Todos en el palacio se sorprendieron de verlas nuevamente ese día. Todos, hasta el mago Clef. Aunque todos en Céfiro ya se habían aprendido casi de memoria el calendario gregoriano y sabían a la perfección que en la Tierra era fin de semana, por lo tanto, no había escuela.
De repente, Clef se encontró con tres alarmadas jovencitas en el salón del trono, con cientos de preguntas sobre el portal.
- ¿Qué el portal se abrió en la madrugada? - preguntó Clef, sorprendido. Era casi imposible que el portal se abriera y él no pudiera sentirlo. De hecho, hacía apenas unos minutos, se había sorprendido al sentir la energía del portal que las había llevado hasta allí.
-Estoy segura de que eso fue, Gurú Clef.- se apresuró a decir Hikaru.- Pero el único que puede abrir el portal, además de nosotras, eres tú... ¿o no es así?- Clef tragó saliva, mientras mantenía el silencio. Sabía que había alguien más con el poder del abrir portales entre ambos mundos, de eso y mucho más. Y, además, ella tenía el poder de pasar desapercibida. Eso explicaría porque nunca sintió la energía del portal. Pero, ¿Qué razones podría tener para abrirlo? Sabía cuán poderosa era, pero aún había muchas cosas de esa criatura que desconocía. Sólo podía asegurar que, si sus sospechas eran ciertas, nada bueno podía esperar.
-¡Clef!- gritó Umi, ante el silencio del mago.- ¿Hay alguien más que pueda abrir el portal?- insistió.
-Claro que no…- dijo Clef, tratando de evitar los expresivos ojos de la guerrera de Ceres. - No que yo sepa… - continuo, haciéndose el desentendido. Pero su respuesta no convenció a ninguna de las tres muchachas. -Hasta donde yo sé, no hay nada de lo que ustedes deban preocuparse. No sé qué fue esa luz que vieron, pero no deberían apresurarse a sacar conclusiones…. Ahora, ya que están aquí, ¿por qué no aprovechan el día? Estoy seguro de que todos estarán contentos de verlas de nuevo...
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N/A
Hola de nuevo! Aquí subiendo el capítulo II. Estoy muy emocionada con esta historia, hacia tiempo que tenía ganas de escribir un crossover de mis dos series favoritas, y tengo muchas ideas, espero poder llevarlas a cabo sin extenderme demasiado jeje.
Gracias a , El Grinder y SupergodzillaSailorCosmos mis tres primeros reviews en esta historia.
Espero les guste este segundo capítulo y espero seguir así de inspirada para que no me lleve otros 10 años terminar esta nueva historia jajajaja
Besos a todos los que me leen! Me agarada tenerlos por aquí
