Bienvenidos a un nuevo capítulo.

Gracias a la gente que puso esta historia en sus favoritos y a quienes la siguen.

Pero anímense a escribirme un review, ¿sí?

Ahora sí a leer:


Capítulo 6

Pareja explosiva

Por suerte, Tambry cayó sobre su cama, de modo que no se hizo daño luego del desmayo que la atacó de repente. Bill no dejaba de sonreír, mas no debía perder el tiempo, así que se apuró en lanzar un conjuro, colocando una mano sobre los ojos cerrados de la chica. El próximo paso era convertirla en un fantasma, con lo que él tuvo que abandonar su cuerpo por un momento y así poder sacar el alma con su forma triangular. El espíritu permaneció flotando a un par de metros arriba de su cuerpo y estaba en un sueño profundo, producto de las palabras mágicas. La bestia de un solo ojo volvió al cuerpo de Lee y nuevamente pronunció más palabras en latín, ahora con el fin de invocar a uno de sus aliados. Todo se volvió gris y apareció la criatura invocada que se apresuró en ocupar el cuerpo de la adolescente, antes de que algo saliera mal. Regresando a la normalidad, lo primero que hizo ella fue abrir los ojos. Los mismos tenían unas escleróticas color rosa como raro y esa fue la única evidencia visible que la delataba como algo fuera de lo común.

—Empieza a moverte despacio —le aconsejaba el chico—. Te llevará un tiempo acostumbrarte.

—Está bien, Bill —obedeció ella y, luego de unos minutos, se levantó de la cama y se aproximó a un espejo—. Ella no es tan bonita como yo, pero creo que debo conformarme. ¿Tú qué piensas?

El rubio quería advertirle que no debería decir su nombre en voz alta, sin embargo, la pregunta le causó una sensación extraña. En lugar de responderle, él contempló cómo ella se observaba y ese silencio llamó la atención de la de pelo teñido. Ella se acercó, diciendo que ahora era capaz de hacer tantas cosas, y fue directo a abrazar con fuerza al joven. Él quería decirle que era mejor no hacer eso, que debería actuar más como aquella muchacha, pero ese gesto cálido le gustaba. Cuando por fin se decidió a regañarla, hablándole en voz baja, ella lo interrumpió con un rápido beso en sus labios. De nuevo, él quería avisarle que no hiciera eso, no obstante, ella continuaba y el otro no la detuvo en ningún momento. Estas eran las consecuencias de habitar un cuerpo: se podía sentir nuevas sensaciones que, en su anterior forma, no se darían. Ambos se sentaron sobre la cama y continuaron besándose, hasta que el fuerte llanto de la pequeña niña los volvió a la realidad. Ese ruido se escuchó muy cerca, así que era mejor simular que nada había pasado, con lo que retomaron las lecciones, sólo que esta vez, se trataba de cómo fingir ser esa chica.

—Espero que sepas cómo comportarte, Pyronica —le dijo él al final, sonando un poco molesto porque estaba al tanto que ella era algo impulsiva—. No quiero arrepentirme con esta decisión.

—Tranquilo, amor. Todo saldrá bien —respondió y pronto se fijó en algo—. ¿Eso se quedará así?

Él no sabía de qué hablaba hasta que también observó lo que pasaba: aún estaba ahí flotando el alma de Tambry, y menos mal que no se había despertado justo cuando su cuerpo cometía una infidelidad. Por poco se olvidaba del fantasma y, tan rápido como pudo, fue a buscar algo en su mochila, precisamente esa cosa que compró de la tienda de antigüedades. Su compañera, al ver lo que tenía el otro en sus manos, ese objeto envuelto en un colorido papel, pensó que lo daría como un regalo de bienvenida. Su ilusión se destrozó cuando él hizo lo mismo con el envoltorio, revelando que había comprado un pequeño espejo de plata, algo recomendable para encerrar a un espectro. Como si se tratara de una red para cazar mariposas, el alto usó el espejo y, después de un relumbrón, él observó que logró capturarla. Mientras que él sonreía, celebrando el haber completado su plan de traer a la diablesa rosa, dejó de hacerlo al notar que el espíritu despertó y empezaba a gritar. Antes de que alguien más la oyera, el de ojos amarillos lanzó un conjuro y así volver a adormecerla. En seguida, él guardó con cuidado esa especie de prisión en su bolsa.

—Vamos, empecemos ya con hacer algo —propuso Bill, preparándose para irse e invitando a su aliada a hacer lo mismo—. Las cosas llevarán su tiempo y será mejor comenzar lo antes posible.

—¿A dónde iremos primero? —preguntó ella de camino al guardarropa, en busca de un abrigo.

—Con alguien que ya estuve asustándolo —respondió creando suspenso—. Con el de los lentes.

Con la excusa de ir por materiales para la escuela, la chica salió de casa en compañía de ese tipo alto y ambos se dirigieron hacia la gran mansión. Por supuesto, ellos no podían acercarse así no más hacia la enorme construcción que estaba protegida por un muro eminente. No, lo que ellos buscaban era atormentarlo desde una distancia segura, y podría serlo desde lo alto de un pino, observando por medio de unos binoculares. Después de viajar hasta las cercanías de la antigua residencia de los Noroeste, los jóvenes comenzaron con la tarea de trepar por el árbol más alto para administrarle al viejo McGucket su dosis casi diaria de poltergeist. Allí se lo veía al anciano, trabajando con su laptop y todo parecía normal, excepto que se lo notaba nervioso. Él miraba a los alrededores casi todo el tiempo y también echaba un vistazo hacia el ventanal que tenía más cerca. Eso último les decía que quizá él podría ver a los espías, sin embargo, ellos se consolaban creyendo que él no alcanzaba a verlos por la vasta distancia. La ansiedad del inventor era oculta cuando se le aproximaba su mayordomo, el mismo quien trabajaba para los dueños anteriores.

—Los sucesos paranormales le ocurren sólo a la víctima —aclaró el rubio cuando era el turno de Tambry de utilizar los binoculares—. Es para que los demás piensen él que está enloqueciendo.

—Pronto volverá a ser llamado el loco del pueblo —comentó ella aun observando cada detalle.

Debido a que hacía mucho frio, los dos se decidieron a apresurar las cosas, y más aún ya que se sentía más fuerte con el viento golpeando las copas de los árboles. El que aconsejaba a los niños a devorar libros literalmente, se atemorizó al ver que los objetos de su escritorio rodaban hasta caerse sin ninguna explicación. Ahora era el turno de ella para causar estragos y, luego de varios intentos, logró que las llamas del fuego en la chimenea crecieran de repente por un instante. Se consiguió el objetivo y, a diferencia de otras ocasiones, los dos vieron cómo aquel hombre llamó con desesperación a alguien por teléfono. Era una lástima no poder escuchar, no obstante, ellos sabían que él no habló con nadie, sino que dejó un mensaje. ¿Con quién él quería comunicarse? Eso era algo que el triángulo podía averiguar metiéndose en sus sueños, justamente en la parte de los miedos, y lo haría esta misma noche. Antes de eso, se despidió de su colega y le advirtió que se portara bien, que no llamara la atención, o todo se echará a perder. La advertencia sonó seria, en cambio, ella se lo tomaba con calma y se marchó luego de darle un beso en la mejilla.

—Ella me meterá en problemas —se dijo cuando regresaba a la casa y se llevó una mano en el lugar que ella lo había besado—. No entiendo por qué lo hace y por qué no intento impedírselo.

—¡Auxilio! ¡Sáquenme de aquí! —escuchó él de pronto y estaba seguro que el grito venía detrás de él. No sabía qué sucedía, hasta que recordó lo que tenía en la mochila: el fantasma atrapado.

Había un par de personas que también oyeron ese escándalo, y el chico se apresuró en explicar que se tan sólo se trataba de un extraño tono de timbre de su teléfono. Él tenía que deshacerse de ese espíritu lo antes posible, o mantenerla lejos de todo oído humano, mas como a él se le hacía tarde, para cumplir con la rutina del adolescente, optó por la primera opción. Antes de la llegada del padre del joven, el endemoniado pronunció otro hechizo con el fin de enviar el alma a otro lugar, y así evitar que se comunicara con alguien, tal como lo hizo Dipper por medio de un títere. Fue así que el espectro fue a parar en aquel sitio donde estaba encerrado Lee, y ese poco tiempo que estuvo consciente, lo consideró como una pesadilla que jamás se volvió a repetir. Él ya tenía a dos víctimas dentro de esa realidad falsa y quizá pronto serían muchas más, todas las que sean necesarias con tal de que sus planes se concretaran. Aunque esa era la idea, la bestia de un solo ojo temía que sus socios se salieran de control, así que empezó la prueba con la peor.

—¿Qué estaba pasándome? —se preguntó Bill a la hora de dormir—. Creo que Pyronica no me tiene tanto miedo como antes. Debería darle un buen susto para que no se olvide quien soy yo.

Él se ocuparía de la rosada más tarde, ya que había una misión que cumplir esta misma noche: ir a la mente del viejo McGucket y averiguar qué pensaba acerca de los sucesos extraños. Primero esperó a que aquel se durmiera, con ayuda de unos medicamentos, y este hecho le demostraba que estaba en buen camino para enloquecer al anciano. Cuando finalmente se durmió, él entró en los sueños del hombre, descubriendo diferentes lugares correspondientes a las etapas de su vida. El demonio no iba a perder el tiempo con cosas del pasado, evitando revisar lugares como la cochera donde hacía sus artefactos, la cabaña de Ford y el depósito de chatarra. Él fue hacia la mansión, buscando alguna puerta que daba paso a los miedos y la encontró enseguida. Esta tenía un cartel que rezaba "fantasma en mi casa", y contenía los eventos más espantosos que le ocurrieron. No sólo había eso, sino que estaba conectado con otra puerta que decía: "ayúdame, Ford", y guardaba el recuerdo de cuando le dejó el mensaje en su teléfono. Él ya lo descubrió y, por suerte, Seis Dedos no lo atendió de inmediato, aunque podía hacerlo en cualquier instante.

—Por ahora, no quiero que ningún Pines regrese a Gravity Falls —se decía el de tres lados en el tiempo que regresaba a su cuerpo robado—. Parece que tengo que apresurar un poco las cosas.

Al día siguiente, él se reunió después de clases con su aliada para hablarle de las novedades, y llevaron a un nuevo nivel el proceso de matar de miedo. No sólo hacia el creador del monstruo del lago, sino también con Pacifica y ya tenían planes específicos para los demás. Atacarían con los peores temores, acordaron ellos al final, sin embargo, con tal de que alguno se despidiera de este mundo, se rompería el círculo de energía mística. Eso significaba que el cíclope ganaría por un tiempo, hasta que apareciera otro representante de ese símbolo faltante. Él todavía no sabía cómo sus amenazas reaparecían y reemplazaban a las que se habían ido, y tampoco si se trataba de un legado familiar. Por qué no pudo averiguar esas cosas antes, se regañaba, pero es que era la primera vez que los dueños de los símbolos le hicieron enojar tanto. No debía importarle si el círculo se regeneraba, porque él existió desde el comienzo del universo y parecía que nunca iba a desaparecer. Qué más da si justo ellos eran atraídos a Gravity Falls, el pueblo más raro del país y la prisión del triángulo amarillo; tenía todo el tiempo del mundo para descubrir los secretos.

—Estamos logrando grandes avances —comentó Tambry al enterarse que la joven Noroeste era obligada a ir a un psicólogo para que dejara de llamar la atención con sus cuentos de fantasmas.

—Pero ninguno parece que quiera matarse —continuó Lee hablando entre dientes quejándose.

Por más que le estaba molestando esa situación, su compañera lo distrajo haciéndole pensar en el siguiente paso, de todas formas, sus víctimas caerían tarde o temprano. Lo que ella insinuaba era echar un vistazo a cierto lugar para preparar el reemplazo de la fisura inter-dimensional, y también encontrarse con algo que utilizarían para la venganza. Eso sí que era un buen remedio contra la impaciencia, así que fueron a hacerle una visita rápida, antes de que alguien los viera haciendo algo sospechoso. El mencionado lugar estaba en medio del bosque, un poco cerca de la famosa Cabaña del Misterio, ya que ese sitio le pertenecía a Ford. Después de un breve viaje en autobús y de una larga caminata, los posesos llegaron frente a un pino que no lo era, sino un acceso a una edificación subterránea. El rubio usó sus habilidades de telequinesia para bajar la palanca disfrazada de rama y para que se abriera la compuerta del cuarto de vigilancia. Todo ahí lucía abandonado, pese a la reciente visita de Dipper, Mabel, Soos y Wendy buscando al autor de los diarios. Eso último demostraba ser un peligro si alguno de los nombrados volvía al bunker y se encontrara con personas que no deberían estar ahí, aunque no había motivos para volver.

—No parece haber mucho espacio para semejante máquina —observó la de mechón rosa al ver la reducida sala de control y lo que las sucias pantallas le revelaban: unas viejas cápsulas vacías.

—Sí, hace falta arreglar un poco este lugar —le respondió él sin quitar los ojos de los monitores, en busca de algo en especial—, y ya sé quién nos ayudará —agregó mientras oprimía un botón.

Con algo de prisa, el muchacho se dirigió a lo que Wendy llamó "clóset de metal", y le hizo señas a la chica para que le siguiera. Ella no conocía a fondo el bunker, de modo que no sabía lo que él estaba haciendo o lo que se proponía en ese espacio tan estrecho. Si bien eso mismo podría ser preocupante, ella sólo se interesó en el rostro sonriente de aquel chico alto, en especial en esos ojos de pupilas rasgadas. Pyronica se acercó a él en busca de un beso en los labios, algo que por un instante pareció sorprender al otro, porque este dejó de sonreír y abrió más grande sus ojos. Sin embargo, él dejó que ella avanzara y, por más que una parte de él le pedía que se detuviera, le permitió que siguiera ofreciéndole sensaciones que nunca había sentido. Aquel olvidó por un rato su plan de venganza y empezaba de a poco a tomar la iniciativa, consiguiendo que ellos dos actuaran con cada vez más salvajismo. La inesperada ducha descontaminante automática fue la que enfrió las cosas, y una compuerta se abrió, permitiéndoles el paso a la zona de las cápsulas.

—¡Déjenme salir! —gritaba una voz conocida, chillona y graciosa, captando la atención de esos dos demonios—. ¡Ayúdenme, por favor! Un monstruo me encerró aquí. Les ayudaré a atraparlo.

—¿Ese no es Dipper Pines? —preguntó ella muy confundida, preguntándose cómo terminó allí.

—Por favor, no me hagas reír, Cambia-formas —exclamó con sarcasmo el de pelo largo amarillo.

Luego, Bill le desafió al prisionero a mostrar su verdadera forma y aquel niño se puso serio, para transformarse después en una criatura blancuzca, similar a una gran termita. Aquel monstruo se veía anonadado y preguntaba cómo fue que lo conocían, si nunca los había visto antes. El joven le explicó la verdad, que esa no era su verdadera apariencia y que él sabía muchas cosas. Mas él no estaba para responder preguntas, sino para llevar a cabo su especialidad: la de hacer tratos. Sin vueltas, Lee le ofreció la libertad a cambio de su ayuda para poder vengarse de aquellos que lo encerraron. Dejándose llevar por el refrán "el enemigo de mi enemigo es mi amigo", el ser de numerosos aspectos acabó por aceptar el trato y de inmediato fue liberado. Con pasos lentos y con una mirada de desconfianza, el Cambia-formas salió de la capsula, con ganas de encargarse de esos adolescentes pretenciosos. Enseguida el que entraba en los sueños le advirtió que no se arriesgara, que en un segundo podría congelarlo otra vez o morir calcinado. Para demostrarle a ese bicho que los dos hablaban en serio, él lo empujó con una fuerza invisible de nuevo a la caja.

—Querida, ¿quisieras quemar a este insecto? —pidió él causando que la muchacha sonriera y se sonrojara por el inesperado trato, pero de inmediato ella volvió en sí y unas llamas comenzaban a tomar fuerza muy cerca de ese extraño animal—. No quería llegar a esto… ¿Ahora sí me crees?

El cambiante suplicaba que se detuvieran y, cuando no hubo más ataques, avanzaba con algo de miedo. El triángulo lo felicitó por haber tomado una buena decisión y, mientras que los tres iban hacia el exterior, él le comentaba su plan de venganza. Antes de llegar al bosque, le pidieron a la criatura que se transformara en otra cosa, por si alguien se aparecía, y aquel se convirtió en ese hombre que su foto se veía en las latas de comida. El supuesto hombre miró el exterior como si fuera algo único y todo porque gracias a Ford, él pasó a ser una rata de laboratorio, confinado a vivir bajo tierra para siempre. El Cambia-formas sonreía emocionado por recuperar su libertad y les agradeció a esos chicos. Mas no había tiempo para explorar; había mucho trabajo por hacer.


Bueno, ¿qué les pareció el nuevo capítulo?

Es hora de que me dejen un review.