Capítulo III

¿Enemigas?

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Caminaba por el parque del colegio abrazando su netbook. En su brazo, colgaba una pequeña bolsa con galletas que Makoto había preparado el fin de semana. El parque del colegio era realmente inmenso, muy hermoso y bien cuidado, casi como un sueño. Tenía unas horas libres, puesto que su profesora de matemáticas estaba enferma ese día así que decidió buscar un lugar tranquilo donde pueda leer algún libro, o abrir su netbook y rastrear información de esas extrañas chicas, quizás buscarlas en Facebook o alguna otra red social.

Esa prestigiosa escuela era cien veces mejor que su antigua preparatoria, sin dudas, estudiando allí tendría un futuro prometedor. Aun así, se sentía extraña, sentía que no encajaba en aquel lugar de tanta gente con los bolsillos llenos y el alma vacía. Sus compañeros de clase la miraban desde arriba, como queriendo demostrar su superioridad. Claro, todos en la escuela sabían que ella tenía media beca y eso era suficiente para que la hagan a un lado, la gente de su alcurnia no podía juntarse con una becada. De repente se sintió como hacía años, antes de conocer a Usagi, cuando todo en su vida era el estudio, aquellos tiempos de soledad en los que no tenía ningún amigo.

Llegó hasta un área bastante alejada del edificio, ni siquiera sé había dado cuenta de que se había alejado tanto. Pero, al menos, allí estaría lejos de las miradas y chismes de sus compañeros. Recorrió el lugar con la mirada, buscando un buen lugar donde sentarse, a la sombra de un árbol, después de todo, estaba haciendo mucho calor, demasiado para ser primavera. Fue cuánto la vio. La joven de cabellos celestes estaba sentada en el suelo, con su espalda recargada sobre el tronco de un árbol, sus brazos abrazando sus rodillas y la mirada perdida en algún punto del suelo. Se la veía triste o, al menos, eso le pareció. En cierta forma, se vio a ella misma, alejada del mundo, buscando un refugio donde pudiera escapar de la gente con la que no se sentía cómoda. Se preguntó qué haría allí sentada, sola. Recordó el plan de hacerse su amiga. Era como si el destino se la estuviera sirviendo en bandeja, allí estaba, sola, esperando que ella se acerque y ejecute el plan. Nunca había sido buena para hacer amigos, ni tampoco rompiendo el hielo. Si Usagi estuviera allí, sin dudas, ya estaría hablando amistosamente con ella. Pero ¿ella? Ella era demasiado tímida. De hecho, cientos de veces se había preguntado qué sería de su vida si Usagi no se hubiera acercado a ella. Suspiró, como para tomar fuerzas. Y entonces se acercó.

Se paró a su lado, pero ella parecía tan metida en sus pensamientos que ni siquiera la sintió acercarse.

-Hola… - dijo tímidamente. La joven levantó la mirada y la observó sorprendida. En el momento en que sus miradas se entrelazaron tuvo, otra vez, esa extraña sensación, como aquella vez, cuando se la cruzó en la entrada del colegio. Su piel se estremeció, ella tenía una energía especial, un aura extraña, diferente. Sin embargo, a la vez, sintió cierta familiaridad, como si hubiera algo que las uniera. Pudo notar cierta tristeza en sus profundos ojos azules. - ¿Qué haces aquí tan sola? - preguntó, pero no recibió respuesta. Eso la puso aún más nerviosa. – Mí nombre es Ami Mizuno, voy en el último año. - dijo tratando de lucir lo más amistosa posible. - Tú eres Umi Ryusaaki, ¿verdad? ¿Puedo sentarme? - Umi suspiró. Claro que no le sorprendía que esa chica la conozca, después de todo, ella salía en tantas revistas de chimentos como cualquier actriz famosa. Lo que si le sorprendía era que fuera justamente ella quien se acercara, ella que le despertaba sentimientos encontrados. ¿Qué era esa sensación? Ella parecía estar envuelta por algún tipo de ¿magia? Magia, en la Tierra, eso no era posible ¿o sí? Aun así, creía que ella era especial.

-Claro, siéntate. - dijo fríamente. Ami se sentó a su lado, dejó su laptop apoyada sobre el césped, abrió la bolsita que llevaba consigo y se la ofreció. - ¿Quieres una? - Umi la observó en silencio.- Las hizo mí amiga, están deliciosas. Los dulces son buenos para aliviar la tristeza. - Umi tomó una

-Eres nueva, ¿verdad? No te había visto en el colegio antes.

-Comencé este año, me sorprende que no lo sepas.

-¿Por qué debería saberlo?

-Porque soy la nueva becada, todo el colegio lo sabe. - Umi sonrió. Había estado tan metida en sus "cosas" que ni siquiera sé enteraba de los nuevos chismes del colegio. La verdad era que desde su visita al "País de Nunca Jamás" ya no le importaba nada de lo que pasará a su alrededor. - Tal vez no deberían verte hablando conmigo...- Umi rio ante el comentario de la joven de cabellos cortos.

-No deberías hacer caso a lo que dicen los demás, aquí todos se creen superiores sólo por contar con unos cuantos millones en sus cuentas bancarias. La gente de alta sociedad es demasiado hipócrita.

-Entonces, ¿por eso estar aquí sola?

-Hace tiempo que perdí en interés en relacionarme con esas personas. - Umi le dio probada a la galleta que Ami le había convidado. - Mmm, está deliciosa... Tu amiga es muy buena cocinera. - Ami sonrió. Ella era agradable, la primera persona en ese colegio que no la trataba como si fuera menos. Y parecía sincera, pero no debía olvidar que ella podía ser un enemigo, debía tener cuidado.

-Tú eres diferente...- dijo Ami, de repente. Umi la observó. Esa chica era algo extraña, podía sentir era aura que la rodeaba, ella parecía ser una persona fuerte y valiente, pero, sin embargo, se comportaba como alguien tímida e insegura. - Eres la primera persona en este colegio que me hace sentir una más.- Umi sonrió. Recordó el momento en el que había dejado de hablarle a las que había llamado "amigas". Amigas. Aquellas niñas caprichosas a las que sus papás llenaban de lujos estaban lejos de ser verdaderas amigas. Céfiro la había cambiado tanto, de repente la ropa de moda y las lujosas fiestas habían dejado de importarle, todo aquello en lo que se basaba su mundo le parecía insulso y vacío, el mundo de repente era muy injusto. Lo único que deseaba era que llegara el próximo fin de semana para volver a Céfiro o, por lo menos, que sea la hora de salida para poder ver a sus amigas.

- Eres muy linda, Ami… Si tan solo se dieran una oportunidad de conocerte... Lo siento, fui un poco descortés, la verdad es que vine a este lugar alejado porque no tenía deseos de hablar con nadie. Me sorprendió que estuvieras aquí.

-Supongo que también buscaba un lugar donde esconderme del mundo. - comentó Ami, y ambas rieron. Después de todo, parecía que tenían muchas cosas en común. Aunque lejos estaban de imaginarse cuánto. - Lamento si te incomode.

- No tienes nada que lamentar, es agradable conocer a alguien como tú en esta escuela. Creo que vamos a llevarnos muy bien. – Umi se puso de pie, y extendió su mano hacia ella. - Te gustaría dar un paseo por el colegio… Aún debe haber lugares que no conoces, ¿no es así? - Ami la miró sorprendida.

- La verdad es que solo conozco los salones en los que he tenido clase. - dijo, tomando su mano.

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La clase de gimnasia de esa tarde se vio interrumpida por una fuerte tormenta que se desató casi de repente. No dejaba de ser extraño, la primavera no era época de lluvias, y, menos aún, tan intensas. El clima estaba bastante extraño en Tokio, hacía ya unos años. Se desataban tormentas en épocas en las que no eran frecuentes, hacia demasiado calor todo el año, y cada vez eran más frecuentes los terremotos y tornados. Claro que no era algo exclusivo de Tokio, si no catástrofes que ocurrían en todas partes del mundo.

Usagi caminó por los pasillos de la escuela. Al suspenderse la clase de gimnasia tenía un par de horas libres, así que pensó en buscar a sus amigas. Las clases de gimnasia era comunes a todas las divisiones, así que, como ella, tendrían algún tiempo libre. Casi estaba llegando al aula en el que ellas cursaban cuando se cruzó con una jovencita de cabellos color fuego. Ella estaba parada junto a la ventana, observando hacia afuera con cierta tristeza en su mirada. Usagi la reconoció, sin dudas era ella, no sólo por sus peculiares cabellos rojos, si no por esa poderosa energía que la rodeaba. Sin pensarlo demasiado, se acercó a ella.

-¿Te encuentras bien?- preguntó amistosamente. Entonces observó por la ventana y pudo ver hacia donde estaba mirando ella. Desde ese piso podía verse la cima de la Torre Tokio, nunca lo había notado. La verdad era que nunca le había prestado demasiada atención a aquella torre. Un escalofrío recorrió su cuerpo. La lluvia caía con intensidad, los nubarrones negros se iluminaban por los constantes relámpagos. Jamás había visto una tormenta semejante a esa altura del año. La temporada de lluvias aun no llegaba, ¿qué se podía esperar entonces?

Hikaru la observó por algunos segundos. Podía sentir una poderosa energía que la rodeaba. Ella tenía un aura especial, por alguna razón le recordaba un poco a la princesa Esmeralda.

-Si… lo siento… ¿te conozco? - preguntó Hikaru.

-No, no… perdón si te incomode, es sólo que te vi un poco triste y sola, por eso me acerque… Me llamo Usagi Tsukino.- dijo extendiendo su mano.

-Hikaru… Hikaru Shidou.- Al tomar la mano de Usagi, Hikaru sintió como un escalofrío recorrió su cuerpo. Luego, una visión paso frente a sus ojos. La luz, la torre Tokio, la destrucción. Usagi pudo sentirlo, ella también lo vio. Rápidamente retiró su mano. Se quedaron mirando fijamente durante algunos segundos, como si cada una supiera que la otra pudo ver lo mismo que ella misma.

-Karu-cham. - la voz de la rubia la sacó de sus pensamientos. Usagi la observó. Ella era fina y elegante, pero a la vez lucía muy cálida y dulce. ¿Cómo ellas podían ser las causantes de semejante catástrofe? - Te estaba buscando. - dijo acercándose. Al ver a Usagi, hizo una pequeña reverencia. - Hola, Mi nombre es Fuu Houoji.- Usagi se sorprendió de la educación de la joven, ella era tan correcta.

-Hola Fuu, mi nombre es Usagi.- dijo con una sonrisa en su rostro. Fuu también sonrió. Aunque le incomodaba un poco la confianza con la que la joven la había tratado. Ella no era de llamar por su nombre a las personas que recién conocía. Cierto era que, tanto Hikaru como Umi solían tener ese tipo de actitudes. Pero con ella era diferente. Algo en ella la hacía desconfiar más de lo que normalmente desconfiaba de las personas desconocidos.

-¡Usagi!- gritó Minako, con esa euforia que la caracterizaba, desde la esquina del pasillo. Ella venía junto con Makoto. Usagi la observó y pudo darse cuenta de su molestia. Después de todo, le había prohibido que se acerque a esas niñas y ella la había desobedecido. Ambas se acercaron.

-Mina, Makoto… Las estaba buscando…- se apresuró a decir Usagi.- Déjenme presentarlas. Minako, Makoto, ellas son Hikaru y Fuu.- dijo, señalando a las jóvenes al tiempo que mencionaba sus nombres. - Hikaru, Fuu, ellas son mis amigas, Minako y Makoto. - del mismo modo, señalaba a las jóvenes.

-Las conocemos… ellas van en nuestra clase… - comentó Makoto. Luego se acercó a la ventana y observó la lluvia caer. - Vaya tormenta. Es extraño para esta época del año… Los rayos se ven extraños, comentó, casi sin darse cuenta de que Hikaru y Fuu la escuchaban.

-Te buscábamos, Usagi… Makoto hizo unas galletas que están deliciosas… ya que las clases de gimnasia se han suspendido, ¿por qué no vamos a comerlas y así charlamos un rato?

- ¿Galletas? ¡Qué bien! ¡Muero de hambre! - dijo Usagi, emocionada.

-Hikaru, Fuu… ¿quieren acompañarnos? - preguntó Minako, observando a las jóvenes. Después de todo, Usagi lo había hecho de nuevo, realmente ella era muy buena para romper el hielo. Aprovecharía la oportunidad para ganar la amistad de aquellas niñas y, así, tenerlas controladas desde cerca.

-Oh, no… en realidad, Hikaru y yo íbamos a.-

- ¡Vamos! ¡No sean tímidas! Makoto siempre cocina en cantidades, tenemos de sobra para todas…

- Claro que si… Minako, ¿verdad? - se apresuró a decir Hikaru, antes de que Fuu vuelva a rechazar la propuesta. Por alguna razón, sentía que debía acercarse a aquellas chicas, conocerlas mejor, averiguar que era esa energía que las rodeaba, ese sentimiento que tenía cada vez que las tenía cerca.

Minako sonrió. Se ganaría la confianza de esas niñas y así sabría más de ellas, así podría averiguar si eran un enemigo o representaban un peligro para la humanidad.

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•.••..ஐ ESE DÍA DESPUÉS DE CLASES ஐ..•.••..

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Observaba el mar, casi hipnotizada. El sol se ponía tras sus aguas. La intensa tormenta de horas antes había cesado, ya no quedaba una sola nube en el cielo. El mar de Japón, embravecido por los vientos de la costa, no se comparaba con el pacífico y cristalino mar de Céfiro. Sus aguas no eran claras, estaban llenas de residuos industriales. Basura y más basura flotaba entre su espuma. Las criaturas del mar no eran felices, sufrían, podía sentir su llanto. Nunca había sentido esa conexión con el mar de Tokio, nunca había imaginado que pudiera sentirla, siempre había creído que su magia, su conexión con Ceres, sólo era posible en Céfiro. La brisa de mar movía sus cabellos celestes, apoyada sobre la pared que separaba la costanera del mar, escuchaba la conversación de sus amigas, casi sin prestarle atención.

-¿Qué piensas, Umi?- la voz de Hikaru resonó en su mente.

-¿Qué pienso?

-La Torre, esa visión… esas chicas extrañas. - Umi suspiró. Había escuchado la historia de Hikaru acerca del extraño encuentro con esa niña y esa visión, esa visión que incluía a la Torre Tokio y el portal. Pero, la verdad, es que no le había prestado demasiado atención.

-Yo insisto en que no debimos aceptar su invitación… Esas niñas me dan desconfianza, yo creo que quieren acercarse a nosotras por algo… Quizás lo sepan, sepan de nosotras, de Céfiro, del portal. Quizás estén buscando información.

-Me gustaría conocerlas…- dijo Umi, quitando por primera vez sus ojos azules del mar.

-Tengo un mal presentimiento. No fue sólo el portal. Pude ver todo destruido, Tokio destruido. ¿Creen que la luz que vimos la otra vez haya sido la de esa visión? - Umi y Fuu guardaron silencio. La verdad era que no tenían respuesta a las preguntas de Hikaru.

-Clef sabe algo… estoy segura de eso. - dijo, por fin Umi, rompiendo el silencio. - Se puso demasiado nervioso cuando le preguntamos por el portal. Estoy segura de que no nos ha dicho toda la verdad.

-También tuve esa sensación.

-Pero, ¿por qué Gurú Clef quería ocultarnos información? - preguntó Fuu, llevando su mano a su barbilla. Umi volvió a mirar el mar. Un silencio se produjo.

-Puedo sentirlo…- dijo Umi, después de algunos minutos. - Siento esa conexión con el mar. El mar… está sufriendo, las criaturas lloran. ¿Acaso pueden verlo? - Fuu y Hikaru miraron a mar. Las aguas tenían un color extraño, estaban turbias, no como las cristalinas aguas del mar de Céfiro. Adónde sea que miraban, podían ver basura flotando, botellas, bolsas de plástico, cartones. Miles de desechos industriales y cloacales eran desechados a través de enormes alcantarillas. Grandes chimeneas escupían humo y restos químicos hacia los cielos de manera casi constante, día y noche. El aire ya no era puro. La brisa de mar traía consigo olor a humo y contaminación. Entonces también pudieron sentirlo, sentir el sufrimiento de la Tierra, así como, antaño, habían podido sentir el sufrimiento de Céfiro.

-La Tierra, está sufriendo. – continuó Hikaru.

-Nunca había notado el daño que sufre la Tierra. Este es un hermoso planeta, como Céfiro, pero se ve opacado por el ser humano.

No muy lejos de allí, eran observadas por una extraña criatura, con un extraño aspecto similar a un conejo. Su objetivo con ellas estaba cumplido. Ellas habían podido sentir el sufrimiento que el ser humano le ocasionaba a su mundo, habían podido conectarse con las fuerzas de la Tierra, tal como estaban conectadas a la fuerza de Céfiro. Sería cuestión de tiempo que ellas aceptaran la única salida que la Tierra tenía para poder sobrevivir. Satisfecha, dio un brinco y se retiró del lugar.

Hikaru se sobresaltó. De repente, esa extraña sensación de que alguien las observaba la inquieto. Miró a su alrededor, pero no pudo observar nada.

-¿Ocurre algo, Karu?- preguntó Umi, al verla algo inquieta.

-No… nada… no te preocupes… Se hace tarde. - dijo, al observar que el sol ya se había puesto en su totalidad. Deberíamos regresar…

Las demás estuvieron de acuerdo. Estaban a punto de emprender el regreso cuando sintieron gritos que venían del parque que se encontraba cerca de la costanera.

Corrieron hacia el lugar. Jamás, ni en sus peores pesadillas, hubieran imaginado que iban a ver, en la Tierra, lo que encontraron en ese lugar. Una enorme criatura amenaza la tranquilidad de la ciudad. Tenía unos tres metros de alto, de aspecto similar a una araña, con seis grandes y gruesas patas, era de un color verde azulado y tenía tres enormes ojos sobre su cabeza y una larga cola que terminaba con una punta muy afilada. Las jóvenes observaron aterrorizadas como derribaba todo lo que se interponía en su camino. La gente corría asustada, mientras la criatura lanzaba contra ellos una especie de telaraña que inmovilizaba a quien cayera en ella.

Se miraron entre ellas. Era claro que algo tenían que hacer. Pero, en ese mundo no eran más que tres simples adolescentes, aunque pudieran sentir y ver cosas que la gente común no, aunque a veces pudieran dominar el fuego, el agua y el viento. Aun así, no eran más que simples adolescentes.

Hikaru observó a la criatura, por la expresión en su rostro, Umi y Fuu entendieron que estaba dispuesta a luchar contra la criatura, aunque tenga que agarrarla a patadas.

- ¡Es una locura, Karu!- intervino Umi, como adivinando sus pensamientos.

-Aun en este mundo, somos guerreras… ¡Yo soy una guerrera! - Fuu miró a su alrededor buscando algo que pudieran usar como armas, pero allí no había nada, ni siquiera rocas que pudieran lanzar contra ella. Estaba a punto de decir algo para evitar que Hikaru intervenga, cuando alguien más lo hizo.

-¡Cadena de amor de Venus!- se escuchó desde no muy lejos de allí. Las jóvenes observaron, con sorpresa, como una especie de cadenas mágica golpeaba a la criatura, aunque no le hacía el menor de los daños.

Hikaru abrió los ojos con sorpresa al reconocer a la creadora de aquel poder. La guardiana de cabellos dorados estaba parada sobre un paredón que separaba el parque de la costanera. Ella dio un salto y aterrizó en el suelo del parque. Detrás de ella, aparecieron tres jóvenes más. Las cuatro llevaban trajes de marinero, en diferentes colores.

-¡Fuego de Marte!- gritó una joven con un traje de marinero rojo y largos cabellos negro azabache. El fuego golpeó contra la criatura, eso la detuvo unos segundos, pero se recuperó enseguida. Furiosa, atacó a las jóvenes usando su cola como si de una espada se tratara, intentó atravesarlas con su filosa punta, ellas esquivaron el ataque de un salto, pero la telaraña que lanzó luego cayó sobre la guardiana de Marte y la dejó inmovilizada. Luego repitió el ataque con la guerrera Venus, inmovilizándola también.

Hikaru, Umi y Fuu observaron, con sorpresa, como una luz rodeaba a la criatura, haciéndola más grande. ¿Se alimentaba de sus energías? No, claro que no, ellas sabían muy bien que no era así.

-Se alimenta... de sus temores. - dijo Hikaru

-No puede ser... esa criatura es tan parecida...

-¡Chicas! – Hikaru volteó al reconocer la voz de la recién llegada. Sailor Moon corrió hasta donde estaban sus amigas y dando un salto, tomo su tiara y la lanzó contra ellas.

-¡Tiara Lunar, acción!- la tiara golpeó la telaraña que recubría a las guardianas, pero no logro destruirla. En lugar de eso, la telaraña comenzó a brillar, absorbiendo, de ese modo, la energía de las guardianas.

- Ella es….- dijo Hikaru, al observar a la joven de rodetes. Una vez más, verla allí le trajo recuerdos de la princesa Esmeralda.

-No puede ser… Ellas… ¿Son guerreras? ¿Aquí en la Tierra? - preguntó Fuu, confundida. Mientras Umi observaba a la joven guardiana de traje azul y cabellos cortos. Era ella, no tenía dudas. Aquella poderosa energía que había sentido al conocerla realmente existía, ¡ella era una guerrera!

-¡Niebla de Mercurio!- gritó la joven. Entonces observaron como la espesa niebla a su alrededor les impedía ver más allá de su nariz.

-¡Hazlo ahora Sailor Moon!- dijo la joven. Un cetro apareció en las manos de Sailor Moon y con el conjuro una especie de extraña magia.

-¡Curación lunar!- gritó, una enorme energía con aspecto de una luz dorada salió del cetro e impacto contra la criatura. Pero no le hizo el menor daño. Exhausta, Sailor Moon cayó de rodillas.

Furiosa, la criatura lanzó su telaraña contra ella. Pero antes de que pudiera alcanzarla, la guardiana Mercurio se puso delante de ella, recibiendo el ataque y quedando inmovilizaba.

-¡Tenemos que hacer algo!- dijo Hikaru.- ¡Tenemos que ayudarlas… a este paso, ellas morirán!

-Pero como… nuestros poderes…

-No necesitamos poderes. - intervino Fuu.- Has visto sus ataques, la magia no le hace daño… Miren.- dijo señalando una tienda de antigüedades al otro lado de la calle. En la vidriera de la tienda estaban en exposición algunas espadas samurái. Eran bastante antiguas, pero seguramente servirían.

Sailor Moon abrió los ojos y vio a su amiga atrapada por la telaraña. Desesperada intentó retirarla con sus manos. Al tocarla, sentía como si se estuviera electrocutando, aun así, lo intentó con todas sus fuerzas. La criatura se acercó a ella, con la intención de atacarla con una de su cola.

-¡Rayo de Júpiter!- El rayo de la poderosa guardiana de Júpiter impacto con la criatura electrocutándola. Sailor Moon se puso de pie y la observó. Debía hacer algo rápido, antes de que la magia de su amiga se acabe y termine atrapada como a las demás. Pero ¿qué hacer? Había intentado con su más grande poder y no había funcionado. Esa criatura era tan extraña, nunca había visto algo así, era totalmente diferente a todas las entidades malignas que había enfrentado, parecía que la magia no hacía efecto en ella. Como si fuera poco, parecía que cada vez que atrapaba a alguna de sus amigas se hacía más fuerte. Sus ojos se llenaron de lágrimas, se sintió una inútil, sus poderes no le servían de nada.

-¡Luna! ¡Luna, dime! ¿Qué debo hacer? - el reloj que llevaba en su muñeca comenzó a brillar, comunicándola con la estación central.

-¡Usagi! Tienes que ser fuerte, tú puedes hacerlo, puedes encontrar la manera.

-Pero yo... yo...

Usagi permaneció inmóvil al ver como una jovencita de cabellos color fuego aparecía corriendo y, frente a sus ojos, daba un salto frente a la criatura y, con una antigua espada, cortaba una de sus patas. Un líquido verde, viscoso, comenzó a salir de la herida, al mismo tiempo que la extraña criatura chillaba de dolor.

-¡No llores!- le gritó la jovencita. No podía verle el rostro, pero creyó reconocer aquella voz y esos cabellos tan característicos. - Al sentir miedo sólo incrementas su fuerza.

Tras ella, llegaron dos jóvenes más. La joven guerrera de cabellos color cielo dio y salto y logró cortar otra de las patas de la criatura. Esta chilló de dolor. La tercera, de cabellos rubios y anteojos, logró clavar su espada en uno de los tres ojos de la criatura. Con la misma soltura con la que se había manejado, aterrizó en el suelo del parque. La criatura, molesta intentó clavarles su afilada cola, pero con unos rápidos movimientos lograron esquivarlo. Las jóvenes se miraron entre sí. Con una sola mirada entendieron a la perfección lo que la otra quería decir. Fuu corrió hacia la criatura, dio un salto bien alto y logró lastimar los dos ojos restantes de la criatura. Luego corrió para huir de su furia. La criatura fue tras ella, guiada sólo por su instinto. Entonces, Umi aprovechó la oportunidad para correr hacia ella y cortar las dos patas que le quedaban de su lado derecho. La criatura cayó al suelo, impactando con fuerza. Ahora no sólo estaba ciega, sino que también estaba inmovilizada. Hikaru dio un salto y la cortó con su espada por la mitad. El líquido verde que salió de ella la empapó por completo. Sus pies tocaron el suelo y trastabilló, pero logró mantenerse en pie. Jadeó. Estaba agotada. Umi y Fuu se acercaron a la criatura desde el otro extremo. También estaban agotadas y empapadas por el líquido que salió de ella.

Makoto se acercó a Usagi. Ambas observaron, con sorpresa, como esas chicas habían acabado con la criatura.

-Usagi ¿te encuentras bien? - preguntó a su amiga, mientras ella observaba, con los ojos llenos de lágrimas, la escena.

De repente, la criatura comenzó a desvanecerse y, con ella, las telarañas que cubrían a sus amigas y el líquido viscoso que cubría las ropas de tres extrañas jóvenes. Las guardianas abatidas, así como el resto de las personas que habían caído bajo las redes de esa telaraña, recobraron el sentido y las fuerzas.

Hikaru se acercó a Umi y a Fuu. Llevaba la pesada espada con sus dos manos. Aun no entendía como la había manejado con tanta soltura durante la batalla.

-¿Están bien?- preguntó.

-En unos segundos lo estaré. - comentó Umi, intentando tomar aliento. - Creo que me he desacostumbrado a estos trotes...

-Esas chicas...- dijo Fuu, entonces Hikaru volteó a verlas y puso observar como la joven de cabellos dorados se acercaba a ellas. - Deberíamos irnos de aquí

-¡Oigan!- gritó Usagi, al ver que las jóvenes tenían la intención de alejarse.- ¿Qué fue eso? ¿Quiénes son ustedes? - preguntó. Pero ninguna de las tres se animó a contestar sus preguntas.

A unos cuantos metros, Makoto ayudaba a Ami a levantarse, mientras observaba a las tres jóvenes. Mientras, Rei se ponía de pie rápidamente. Esa sensación, esas chicas. Estaba segura de que eran las que había visto en su visión.

-Dime que sientes, Rei. - La voz de Minako la hizo sobresaltar. Estaba justo detrás de ella y ni siquiera la había escuchado acercarse. - ¿Sabes quiénes son ellas? ¿Las has visto en tus visiones?

La brisa de mar comenzó a soplar con más fuerza, la oscuridad dominó el lugar, cual preludio de lo que se avecinaba. Algo en su interior le decía que esto era sólo el comienzo, el comienzo de una cruel batalla de la que no saldrían con vida. Y que esas chicas serían partícipes de esa batalla y del fin de los tiempos.

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N/A:

Hola a todos! Aquí estoy de vuelta. Espero que les guste este capítulo y como viene la historia. Intenté ser la mas detallista posible en la batalla, para que pueda imaginarla como yo lo hice, espero haya quedado bien, ya que me cuesta bastante escribir este tipo de escenas.

La historia se va complicando, ¿verdad? La paz que reinaba en Tokio ha llegado a su fin. Y nuestras sailor gardian desconfían de estas misteriosas chicas, (y con razón!), veamos si esa relación mejora o se pone mas tensa con el correr de los capítulos. ¿Qué sabe Gurú Clef que prefiere ocultar? En el siguiente capítulo, sabremos un poco más de esa presencia que observa a las guerreras mágicas desde lejos... ¿les suena?

Prometo que tendrán novedades mías muy pronto.

¡Nos leemos!