Sean bienvenidos a un nuevo capítulo.
Gracias a los valientes que siguen esta historia, este retorcido fanfic que busca salir de lo cotidiano.
Los invito a leer este nuevo:
Capítulo 7
Pesadillas hechas realidad
Ahora que Bill se alió con el Cambia-formas, tenía a otro soldado en su ejército, uno que podía causar más terror de lo que se imaginaba. Ese era sólo uno de los trabajos encargados para el bicho; el otro era el de custodiar el bunker, lugar donde sería la base de operaciones. Todo iba bien hasta el momento, y durante la segunda reunión, se habló sobre lo que haría en específico aquel nuevo miembro. Antes que nada, el triángulo lo puso a prueba, para comprobar si aquel era capaz de convertirse en determinados individuos. Sus imágenes fueron enviadas a través de los sueños, y también eso sirvió para que la criatura se diera cuenta con qué clase de ser estaba trabajando. Algunos de los pedidos fueron fáciles de realizar, mientras que otros, se notaba que era obvio que no se trataba de esa misma persona. Eso significaba que había que hacer algunos ajustes en el plan, refiriéndose precisamente en tratar de conseguir todavía más aliados. Por el momento, el cambiante tenía encomendadas unas tareas, enfocándose sólo en dos víctimas, y para eso, su jefe le dio las direcciones en donde vivían, para que pudiera atacar en las noches.
—Primero, voy a atormentarlas con pesadillas —le explicaba Lee al hombre que devoraba los suministros que guardó Ford para más de sesenta años—. Después, tú les darás un buen susto.
—De acuerdo —respondió el bicho aún con la boca llena—. Sólo un pequeño susto. ¿No es así?
El rubio asintió con la cabeza, sin embargo agregó que quería un trabajo que se acrecentara con el tiempo, hasta que finalmente los culpables cayeran. Por otro lado, el monstruo blancuzco se encontraba ansioso por empezar, sobre todo con alguien en especial que, por su culpa, recibió un hachazo en el estómago. Sí, él quería vengarse de Wendy, a falta de los recién adolescentes gemelos y de la prohibición de encargarse de Soos, ya que ese puesto estaba ocupado. El chico alto repitió sus advertencias, por si el otro estaba cegado por la venganza o por el simple hecho de que estaba concentrado con la comida. Ahora fue el turno del recién llegado de asentir, esta vez poniendo más atención que antes y con un poco de temor al oír las consecuencias si llegaba a fallar. Para cambiar de tema, y para tener más participación en la charla, Pyronica preguntó a qué se referían con que ya había alguien que hostigaría al robusto, exigiendo saber quién era. La respuesta la sorprendió, haciendo que se sintiera un poco celosa tras escuchar que habría otra chica en el grupo, una que primero debía encontrarla. Las cosas se pusieron peor cuando aquel joven de pelo largo decía que esa fémina misteriosa, inestable y obsesionada, le gustaría volver.
—¿Y yo qué voy a hacer mientras tanto? —habló ella sonando molesta y desafiante, llamando la atención de los muchachos—. ¿Cuáles serán mis víctimas? Yo también quiero una buena misión.
Un silencio se produjo en aquella sala hecha un asco, interrumpido por el sonido de las gotas de agua que se escapaban de las tuberías. Qué fue lo que le pasó, se preguntaban esos dos sujetos que se miraron un instante entre ellos. El demonio de los sueños casi perdió la paciencia ante la actitud descarada de su colega, no obstante, respondió a sus preguntas con calma. Le pidió que sea más seductora con Robbie, así podrá dolerle más cuando la relación se termine de repente; tener un corazón roto es un dolor difícil de soportar. Ante el pedido, la de pelo teñido protestó, comentando que no le gustaba tener que hacer esos juegos con el gótico, con lo que ahora sí el jefe se enojó. Con una voz tan grave, como la de esa criatura que estaba cerca, él le gritó que no debía olvidarse del cuerpo en que habitaba y, por lo tanto, debía actuar como esa persona, sin que le importara si le gustaba o no. Eso hizo que los demás se asustaran, tanto que se apartaron un par de pasos, mas no duró demasiado porque, ahora con su voz normal, él explicó con calma.
—Eso será un pequeño sacrificio en comparación con todo lo que obtendremos a cambio —dijo tranquilizando y motivando a sus compañeros con promesas—. Verán que todo valdrá la pena.
Después de una charla estimulante, ya era hora para que los adolescentes se fueran del bunker y regresaran a sus casas. El Cambia-formas, convertido en el barón, los acompañó hasta la salida ahora con mejor aspecto y ropa en buen estado. Él los observó alejarse hasta perderlos de vista y permaneció contemplando el calmo bosque mientras que estaba el sol atardeciendo. Inmóvil con la mirada en el paisaje, parecía estar en paz, sin embargo, él estaba fraguando los planes de ataque. Esa misma noche, él se decidió a comenzar con su trabajo y, teniendo en cuenta todo lo que le dijo el demonio triangular, prefirió por ir despacio y dejando a cierta pelirroja para el final de cada jornada. En el momento que estaba ensimismado con sus cavilaciones, un ruido similar al de ramitas rompiéndose le llamó la atención, y buscó con la mirada al responsable. El hombre no iba a salir en su busca, porque no debía permitirse que nadie lo viera, así que volvió con algo de prisa al refugio oculto. Ese mismo ruido también sorprendió a Lee y Tambry que atravesaban el bosque discutiendo, así que de inmediato detuvieron la marcha y permanecieron en silencio.
—No debe ser nada —habló ella en voz baja, ya que el otro estaba cerca—. Quizá fue un ciervo.
—Eso espero —respondió él gruñendo, porque le molestaba que se escondieran de él o que le estuvieran haciendo una broma—. Si es alguien que nos escuchó por accidente, le irá muy mal.
Pasó un par de minutos sin que nada extraño sucediera, de modo que ellos volvieron a caminar, yendo más rápido esta vez para no perder más tiempo. Clave aún seguía enfadado porque, si no tuviera que llegar pronto a casa, buscaría al culpable que estaba seguro de que era una persona. Para sacarse ese mal sabor de boca, él se concentró en la idea de causar pesadillas, cosa que le encantaba hacer y lo haría esa misma noche. Antes, él tenía que realizar su actuación a diario de hijo normal para el padre que trabajaba casi todo el día, y eso lo tenía bien dominado. Pronto ya llegó la hora de dormir y él tuvo que despedirse por un momento de su cuerpo, para atacar con su verdadera forma. Era una lástima que no podía quedarse todo el tiempo que quería creando los sueños más retorcidos y con todos los detalles, no obstante, las cortas pesadillas tuvieron un buen efecto. Ambas chicas afectadas se despertaron horrorizadas a la mitad de la noche y luego les fue difícil volver a dormirse. Cada una fue atacada con lo que más le temía y, por más que las dos estuvieron cerca de perder la vida durante el Raromagedón, su peor miedo no era Bill Clave.
—Hora de actuar —se dijo el ser versátil, oculto en un rincón oscuro, tras oír el grito de horror.
El intruso en la habitación se escondió presuroso bajo la cama, al darse cuenta que la joven iba a encender la luz de la mesita de noche. Ella permaneció quieta, aunque su corazón latía sin parar debido al miedo, y observó los alrededores para asegurarse de que allí no estaba ese monstruo. Por suerte, su alarido no alertó a sus padres, porque no quería verse como una niña asustadiza, y también porque ellos no iban a solucionar nada por su egocentrismo. Sí, sus padres no habían cambiado mucho luego de perder una fortuna, así que era de lo más seguro que ellos no iban a tranquilizar a su única hija, sino que iban a reprenderla. Mientras que Pacifica reflexionaba todo esto, se preguntaba si sus padres realmente la querían y si algún día lo demostrarían sin llegar a acudir a bienes materiales. La dura realidad hizo que se olvidara de su repentina pesadilla, en la que otra vez fue atada por los liliputienses, para que fuera despedazada por las aspas del molino de viento. Tenía que intentar dormir de nuevo, a pesar de no tener sueño, mas no quería tener que apagar la luz que le daba seguridad. Como tenía que levantarse temprano, ella apagó la luz.
—No creas que Franz olvidó todas tus amenazas —se oyó una débil voz en la oscuridad, una que reconocía, y pronto ella sintió que algo pequeño caminaba en su cama, en dirección hacia ella.
Al encontrar el interruptor de la luz con facilidad y accionarlo, la rubia pudo ver con claridad a ese intruso en su cuarto. Se trataba de uno de esos seres con una pelota de golf por cabeza y él era quien tuvo la idea de acabar con ella para conseguir el agrado de Mabel. Ese liliputiense que usaba zuecos sonreía de una manera de lo más aterradora, apoyado sin preocupación sobre las piernas de la chica, y parecería que en cualquier instante se lanzaría al ataque. Al tenerlo frente a frente, Pacifica recordó aquella vez en que iba a morir y sintió un profundo terror que la llevó a gritar y a comenzar a patalear para sacarse a esa criatura de encima. Esta vez el alboroto llegó a los oídos de su familia y su padre exigió saber qué estaba pasando, llamando a su hija con su nombre completo. El miedo hizo que la menor enmudeciera y, cuando consiguió calmarse, ella no sabía cómo explicarlo todo. Su madre empezó a preocuparse y le pidió con dulzura que dijera algo, que contara qué le había asustado tanto. La joven Noroeste comentó aun agitada que algo entró en su habitación, una cosa pequeña y, sin pensarlo dos veces, Preston revisó cada rincón.
—Aquí no hay nada —indicó el hombre tras la búsqueda fallida—. Tal vez sólo fue una pesadilla.
Madre e hija también optaron por creer en esa explicación y después todos volvieron a dormir, asegurándoles con eso que estaban en lo correcto. Fue un gran susto para ser el primer día, y no habían terminado los deberes para hoy, de modo que el Cambia-formas fue tan rápido como le permitían sus transformaciones para llegar al hogar de su próxima víctima. Todo lo contrario a la nueva residencia Noroeste, ubicada en la zona céntrica de Gravity Falls, la de la familia Corduroy estaba casi en el límite con el bosque. El edificio se trataba de una pequeña cabaña, que se veía un poco desprolija y descuidada, pero aun así, el Varonil Dan y sus cuatro hijos vivían bien. Ese monstruo convertido en pájaro carpintero, voló hasta ahí e ingresó por la chimenea. Avanzando ahora como un ratón, llegó hasta el cuarto de la pelirroja, quien dormía profundamente tapada con gruesas mantas. La luz de la luna iluminaba el lugar, con lo que se podía ver la expresión de la cara de la adolescente, que señalaba que estaba teniendo un sueño desagradable. Bill estaba entrando en acción, pensó la criatura, y logró su cometido cuando Wendy se despertó asustada.
—¿Qué? ¿Qué es eso? —se dijo la leñadora al notar una sombra que no coincidía con las cosas de su habitación, la que le causó pavor cuando ésta empezó a moverse despacio, acercándose.
—¡¿Creíste que escaparías?! —gritó una voz que era igual a la suya y esa sombra se lanzó sobre ella, para poner ya sus manos sobre su cuello, asfixiándola—. ¡Por fin te atrapé, Cambia-formas!
La muchacha no entendía nada y, mientras forcejeaba, trataba de pensar qué demonios estaba pasando. La débil luz le permitía ver a ese alguien, que precisamente se veía como ella, excepto que mostraba una sonrisa siniestra. El aire se le estaba agotando y, por más que le estaba dando golpes, ella no podía sacarse de encima a su atacante. Como odiaba verse en esta situación, en la que no podía hacer nada, ella que era tan fría y capaz de enfrentarse a todo. De pronto, unos golpes se oyeron en la puerta, seguido de la gruesa voz de su padre que la estaba llamando. Eso alertó al intruso, quien dejó de atacar, y la puerta se cayó de repente, permitiéndole ingresar a la familia que se acudía alarmada. El hombre prendió la luz y se encontró con su hija que estaba respirando con dificultad, rodeada de mantas tiradas en el suelo. Ellos vieron con claridad unas marcas alrededor del cuello de la fémina, preguntándose cómo pasó y, cuando ella se recuperó un poco, les contó que había alguien tratando de ahogarla. El que ganó la prueba de hombría se enfureció y buscó por todas partes al agresor, primero examinando la ventana, luego, el resto.
—¿De verdad que había alguien aquí? —preguntó el velludo después de buscar sin lograr nada.
Todos ya estaban comenzando a tomarla por una loca, o quizá tuvo una pesadilla tan grave que intentó asfixiarse ella misma por equivocación. De todos modos, a ella le parecía indignante esta situación e insistió que alguien le atacó, sin embargo, no podía tenía explicación sobre cómo fue que aquel entró o salió sin un claro lugar de escape. Como su familia no le ayudaba a revelar ese misterio, Wendy les ordenó que regresaran a dormir y, una vez sola, un pensamiento la invadió y la angustió. Se trataba de aquella copia, que tal vez podía causar problemas si se aparecía ante los demás, problemas que había supuesto Dipper: si el Cambia-formas estaba libre, no se podría confiar en nadie. Eran raras las ocasiones en que ella se encontraba con miedo y esta era una de ellas y, lo peor, era que no podía hablarlo con nadie. De seguro que si le contaba todo esto a su propia familia o a sus mejores amigos jamás le creerían de una, por más que a ellos les sucedió algún hecho paranormal. La ex empleada de la Cabaña del Misterio sólo podía recurrir a alguien, a quien ahora estaba a cargo de dicho lugar, mas no le gustaba ser quien traería malas noticias.
—No puede ser —se dijo enfadado el cambiante, siendo un pájaro, observando desde afuera—, debía hacer que creyera que todo fue un sueño. Admito que me excedí y ahora qué voy a hacer.
Temiendo lo peor, el monstruo regresó a su guarida y permaneció ahí pensando hasta que logró dormirse sobre una silla giratoria. Al día siguiente, él tuvo suerte de no encontrarse con su jefe, porque no sabía cómo explicarle lo que sucedió, así que se cansó de esperar y salió al bosque. A pesar de contar con los suministros, no había como una comida fresca y fue con pasos sigilosos en su busca. Adoptando la forma del barón, él recorrió el laberinto de antiguos pinos, cada vez más alejándose de la civilización. Si bien podía conseguir todo yendo en dirección opuesta, ese bicho no se llevaba con los humanos y no iba a aprender a comunicarse con ellos para obtener alimento. Él era un maestro del disfraz, podía verse como cualquier cosa, no obstante, no podía actuar como la persona copiada sin conocerla antes. Por eso fue descubierto la vez pasada, y el recuerdo de ese fracaso también lo llevó a pensar a que él era impulsivo: debió esperar la señal de la pelirroja para también copiarla. Menos mal que Bill estaba ahora para decirle cómo era la actitud de las cosas que duplicaba, o nunca se animaría a andar por ahí con el aspecto de Franz.
—¡Una tienda! —exclamó asombrado al hallarla, ya que podría haberla avistado antes de no ser por ir tan distraído con sus pensamientos, y fue retrocediendo en silencio—. Habrá gente cerca.
Cuando dio como unos tres pasos hacia atrás, él escuchó el sonido de alguien corriendo y se dio vuelta enseguida. Pudo alcanzar a ver cómo aquel se escondió detrás de un árbol de tronco muy grueso y, notando que ambas partes querían ocultarse, se decidió a seguir su camino. Al querer correr, algo lo llevó de repente lejos del suelo y estaba rodeado por una red casi llena de hojas de árboles: había caído en una trampa. El extraño animal era capaz de escapar de ahí muy fácil, transformándose en algo pequeño, pero no estaba seguro si era buena idea, porque era mejor utilizarlo como último recurso. Antes de hacer algo, él quería ver quiénes fueron los torpes que lo atraparon y así planear su escape. Primero, él oyó las voces de unos niños discutiendo que se acercaban y, poniendo más atención a las palabras, ambos chicos parecían sonar igual, como si conversara con sí mismo. No sólo eso le extrañaba, sino además que reconocía esa voz, algo que le causaba resentimiento. Aquel o aquellos no se dejaban ver, aunque sí advirtieron a su captura que se fuera ni bien ellos desactivaran la trampa. Después de aceptar el trato, la red descendió.
—¡Regresa por donde viniste! —gritó enojado alguien tras los pinos, al ver que el otro no se iba.
—Conozco esa voz —comentó el que aparecía en las latas de frijoles—. ¿Acaso tú eres Dipper?
—Este sujeto sabe algo —murmuró uno pero fue callado por el otro—. ¿Y qué podemos hacer?
—¿Por qué tanto misterio? —preguntó el mayor harto de todo, ya con los pies en la tierra, y se quitaba la mugre de encima—. Creo que ustedes quieren esconderse de las personas. Yo igual.
Con eso pudo convencerlos y así vio que eran dos chicos iguales al nombrado; parecían clones.
Ya se imaginarán quiénes son, ¿verdad?
Nos vemos el próximo capítulo.
