·٠•● Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ ●•٠·˙˜"*°•.En capítulos anteriores·٠•● Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ ●•٠·˙˜"*°•
Un extraño sueño atormenta a nuestra princesa. Rei tiene un mal presagio. ¿Puede ocurrir un nuevo despertar de Sailor Saturn? Tal como en las visiones, una extraña luz dorada surge de la Torre Tokio, ¿acaso son nuevos enemigos?
Mientras el clima se vuelve extraño, las Sailor comienzan a sospechar de esas tres extrañas niñas que parecen tener poderes mágicos. Más aun cuando una extraña criatura aparece en la ciudad y ellas logran derrotarla usando unas reliquias samurais obtenidas en una tienda de antigüedades.
En el extraño encuentro, Hikaru, Umi y Fuu descubren que sus compañeras de clase son guerreras. ¿Son ellas las protectoras de la Tierra?
·٠•● Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ ●•٠·˙˜"*°•
Capítulo IV
"Profecía"
Sailor Moon. ¿Quién es ella? ¿Existen en la Tierra guerreras guardianas, así como las hay en Céfiro? ¿Acaso la magia es posible en este mundo tan terrenal? ¿Quiénes son ellas? ¿Qué clase de poderes tienen?
Fuu estaba sentada en el escritorio, usando la Macbook último modelo de su adinerada amiga. Umi estaba parada a su lado, observando cada uno de sus movimientos. Mientras Hikaru observaba por la ventana de la habitación, que daba a los inmensos jardines que la señora Ryusaaki cuidaba celosamente, casi tanto como cuidaba a su única hija.
La habitación de Umi era realmente inmensa y de una elegancia que Hikaru y Fuu nunca antes había visto, ni siquiera en el palacio, o en la habitación del gran maestro. Su cama, de dos plazas y media, cubierta por un fino edredón de plumas, color azul, claro está, (claramente el color favorito de la muchacha) y recubierta por un tul que recaía finamente desde el techo. Sin dudas, digno de una princesa.
A un costado se encontraban los armarios en los que Umi guardaba sus costosos trajes y vestidos de alta costura, carteras de Dolche Gabana y zapatos Ricky Sarkany. Al otro lado, junto al ventanal decorado con cortinas de seda blanca, estaba su escritorio, allí donde se sentaba por las tardes a pretender que hacía sus tareas. El escritorio estaba decorado con varias fotos que denostaban la vanidad de la joven cabellos celestes. Umi de bebé, Umi con su elegante madre, en el primer día del jardín de infantes, Umi con su papá en las oficinas de una de sus muchas empresas, Umi con un costoso vestido de gala, el día de su presentación en sociedad, a sus tiernos 15 años. Y, por su puesto, Umi con sus dos grandes amigas disfrutando de uno de sus paseos en la Torre Tokio. Dos finos sillones de un cuerpo y una pequeña mesa ratona sobre una alfombra de finos hilos tailandeses completaban la decoración se la alcoba.
"Sailor Moon" las palabras escritas en el buscador web arrojaron cientos de resultados, la mayoría noticias periodísticas de los últimos tres años. Fuu leyó algunos titulares, pero finalmente se decidió por uno titulado "¿Quién es la misteriosa guerrera que lucha por la paz de Tokio?". Ingresó en la nota. Realmente no aportaba mucho al caso, el título no era más que una trampa para atraer a lectores curiosos. La realidad era que nadie sabía quién era, que hacía, cuáles eran sus poderes. Solo había una imagen, se veía su silueta, oculta por las penumbras, ni siquiera podía verse su rostro. Así como esa, ciento de notas. Testimonios de personas que decían haberla visto, a ella y a sus compañeras de combate, quienes decían haber sido salvados por las poderosas guerreras. Pero nada cierto, nada comprobado, sólo rumores y más rumores. Sólo historias, como las de quienes aseguraban que su casa estaba habitada por fantasmas o demonios, o aquellos que juraban haber sido abducidos por extraterrestres. Como si hubiera prueba de que la vida en otros planetas existe.
-Es inútil, jamás encontrarás algo allí. - dijo Hikaru, sin moverse de la ventana.
-Es cierto, nadie sabe si esas historias son ciertas, sólo aquellos que las cuentan. Pero nosotras sabemos que ellas existen, las hemos visto luchar, compartimos clases con ellas. Yo he sentido todo ese poder. Ella... tiene poder sobre el agua, por eso sentía esa conexión especial. - Umi observó el vaso de agua que Fuu tenía sobre el escritorio. El agua empezó a burbujear desde la base del vaso de vidrio y terminó saltando sobre él, salpicando a la su amiga.
- ¡Oye! ¿Qué haces? - dijo molesta. Y se apresuró a secar las gotas de agua que habían caído sobre la Mac, con un pañuelo que sacó de su bolsillo. Umi observó la espada samurái, que estaba apoyada en la pared, junto a su cama. Comprarlas había sido una buena idea, pero ¿que se suponía que debían hacer si algo así volvía a pasar? No podían ir por la ciudad con las espadas, a la espera de que algo así volviera a pasar.
- ¿Creen que nuestros poderes funcionen? ¿Creen que podamos usarlos? - preguntó Hikaru, alejándose de la ventana por primera vez.
-No tenemos nuestras gemas, ¿cómo podríamos?
- ¿Realmente crees que unas gemas pueden guardar el poder? Umi, nosotras somos las guerreras mágicas, somos la reencarnación de los dioses, nosotras tenemos el poder. ¿Dime cómo hiciste eso?
- ¿Como hice qué?
-El agua en el vaso...
- Ah claro… pues, simplemente lo hago y ya.
-También puedo hacer cosas como eso. Mira. - Hikaru señaló el cesto de basura que estaba junto a los pies de Umi. Los bollos de papel ahí dentro, comenzaron a prenderse fuego. La llamarada se intensificó en cuestión de segundos, hasta sobrepasar las paredes del cesto.
- ¡Ten cuidado con eso! - gritó Umi, mientras lanzaba el agua del vaso sobre el cesto, para apagar el fuego.
- Ya dejen de jugar… Esto es serio…- intervino Fuu.- Primero el portal y ahora esto…
ஐ..•.¸¸•´¯`•.¸¸.
La imagen de la pantalla sobre la pared reflejaba el rostro preocupado de la guardiana. Cabellos cortos y rubios, ojos azules, rasgos masculinos. Lucía preocupada, pero intentaba disimularlo, para no preocuparla aún más a ella.
-Estamos bien, Haruka… descuida…- intentó tranquilizarla, Minako. De ninguna manera iba a mencionar que si no fuera por esas extrañas chicas no sabía que hubiera sido de ellas. Las demás permanecieron en silencio, incluso Usagi, quien llevaba a Luna en sus brazos.
-Por favor, manténgannos al tanto. Si las cosas empeoran, podemos tomarnos el próximo vuelo.
-Estaremos bien, no tienen por qué temer.
-Bien… ¿Princesa?
-¿Eh? Ah… si, si… ni te preocupes Haruka, estamos bien.
-Bien. - dijo la joven, no muy convencida. - Tengo que cortar, pero nos mantendremos en contacto.
Haruka cortó la videollamada y cerró la Notebook. Tenía un mal presentimiento. Estaba segura de que ellas habían minimizado los hechos para no preocuparlas. Sintió las finas manos de su amada en sus hombros. Ella comenzó a darle masajes. Suspiró.
-No podemos regresar, Haruka… Lo sabes, es mejor así.
-El tiempo señalado en la profecía se acerca, es mejor que estemos separadas… Lo sé. ¿Pero crees que unos cuantos miles de kilómetros puede detener al destino? - Haruka se puso de pie y volteó a ver a la joven de cabellos verdosos. Levantó su mano y acarició su rostro. Ella sonrió. - Michiru, la última vez la distancia no fue un impedimento.
-Pero por lo menos podemos demorar las cosas, hasta tener certezas de saber con qué nos estamos enfrentando, y darle tiempo a ella...
ஐ..
Minako suspiró, mientras volteaba a ver a sus amigas.
-¿Y ahora que, Mina?- se apresuró a decir Makoto.- ¿Aún tienes deseos de fraternizar con esas niñas?
-Pues… quizás ellas sepan algo que nosotras no…
-Puedo ser peligroso…- intervino Rei. - No sabemos nada de ellas, pero ellas ya saben quiénes somos ¡nos han visto!
-¡Esperen!- gritó Usagi, poniéndose se pie.- Yo no creo que ellas sean peligrosas… ¡Ellas nos salvaron!
•.¸¸•´¯`•.¸¸.ஐ ஐ..•.¸¸•´¯`•.¸¸.
Salió de su despacho agotado después de haber pasado toda la noche en vela, leyendo sus antiguos libros. Tenía ese mal presentimiento, esa sensación de que las cosas no estaban bien, de que se pondrían aun peor. Recordaba que, alguna vez, su padre le había hablado de la famosa leyenda de las Guerreras Mágicas, pero había sido hace tanto tiempo, ¿500? ¿600 años? Ni siquiera él estaba seguro. De lo que sí estaba seguro era de que la leyenda no era, solamente, la que todo Céfiro sabia y recordaba. Había más. Detalles que sólo los ancianos más sabios conocían. Su padre era uno de ellos. La antigua leyenda estaba íntimamente relacionada con el origen de Céfiro, y de la Tierra. Después de todo, no era casualidad que las Leyendarias Guerreras Mágicas sean de ese mundo. Ni siquiera sus antiguos libros hablaban de esa historia, ni de los orígenes de Céfiro. Pues, de hecho, casi nadie en Céfiro conocía esa historia, ni siquiera él conocía los detalles, tampoco estaba seguro de que las historias que le había contado su padre fueran ciertas. Pero él estaba muy seguro de lo que decía, él conocía la verdadera historia de la creación del Mundo. No en vano había sido el Mago supremo durante tantos años, su antecesor, el que lo superaba en poder, en conocimiento, en sabiduría, en todo. Pero hacia cientos de años que no le dirigía la palabra. Más precisamente, desde que el supremo había dejado su puesto a su único y poderoso hijo. Jamás le había dado opción, simplemente había desaparecido dejando todo el peso sobre sus hombros. Desde entonces, había dejado de creer en él, en sus palabras, en sus historias, desde entonces había pensado que todo lo que le había contado del origen de Céfiro no eran más que patrañas. Ahora ya no estaba seguro de nada. De todos modos, no tenía deseos de volver a hablarle, ni de volver a verlo, pero las dudas lo estaban carcomiendo, hacía noches que no podía dormir, que no sentía hambre, que no dejaba de pensar en ellas, en la Tierra, en el portal. Tampoco tenía idea de donde se encontraba el gran maestro. Claro que, para alguien como él, encontrarlo no sería una tarea imposible. Recordó el momento en que enfrentó a sus guerreras, el día de su última visita. La mirada acusadora de ella, esos expresivos ojos que tantas noches de desvelo le habían ocasionado. Estaba seguro de que ella no había creído en sus palabras. Ella desconfiaba y tenía razones. Pero, ¿Qué iba a decirles? ¿Con que sentido preocuparlas aún más de la que estaban? Aún no sabía porque ella había abierto el portal, ni que intenciones tenía para hacerlo. Aun así, ¿Por qué pensar que ella pudiera ocasionar el caos en su mundo? Después de todo, ella era creadora de vida, no de destrucción.
Perdido en sus pensamientos, siguió caminando por los pasillos, sin rumbo alguno. Se detuvo al ver a la rubia armera acercarse a él. Venía por el mismo pasillo, en sentido contrario, mirando hacia todos lados, como buscando a alguien o algo.
- ¿Te ocurre algo? - preguntó el mago supremo, preocupado.
- Guru Clef… ¿acaso sabes donde podrá estar Mokona? – preguntó la armera. El mago abrió los ojos y suspiró profundo. Su corazón se aceleró. - Hace varios días que no la encuentro, ella suele desaparecer sin dejar rastros, pero nunca por tanto tiempo.
.
ஐ..•.¸¸•´¯`•.¸¸.
Era una noche clara, la Luna estaba en su fase llena, y en su punto más cercano a la Tierra, así que se veía mucho más grande e iluminada. Las estrellas parecían acompañarla con su brillo. Salió de su modesta casa, caminó por el sendero, entre sus plantíos. Caminaba lentamente. Llevaba unos viejos pantalones de algodón, color gris y un pullover de lana negro. Sus cabellos rubios caían sobre su frente y hombros. Las arrugas de su frente y las marcas alrededor de sus expresivos ojos azules, dejaban en claro que era un hombre de edad madura. Aunque nadie en todo el planeta podía imaginar que tan maduro.
Desde allí, en el medio de la nada, lejos de las luces de la ciudad, podían verse la mayoría de las estrellas. Aunque, claro, no se comparaba con el esplendor del cielo de Céfiro. Los gases que integraban la capa de ozono, como productos de años de contaminación, impedían que pudiera verse el espectáculo del cielo nocturno en todo su esplendor. Observó con atención. Las estrellas siempre tenían la respuesta. A todo. Las estrellas podían guiar el camino de los viajeros, te hablaban del pasado, predecían el futuro, anunciaban las buenas nuevas, o hasta las próximas tragedias. Las estrellas le decían que el momento estaba cerca. Urano, Neptuno y Plutón estaban casi alineados, Saturno brillaba con mayor intensidad, tal como lo indicaba la profecía. La última vez que algo similar había acontecido en el cielo nocturno, la catástrofe se había desatado en la Tierra y en La Luna.
Se incómodo ante el recuerdo de esa tragedia. Aún le seguía doliendo pensar en ella, su amada Serenity. ¿Alguna vez podría ella perdonarlo? Se sobresalto al oír un ruido entre los plantíos, más precisamente, dónde plantaba sus zanahorias. Se acercó cuidadosamente, movió las hojas tratando de no hacer demasiado ruido, de repente una criatura blanca y esponjosa como bolas de algodón, salió de entre los matorrales, saltando sobre su cabeza. El hombre, del susto, cayó sentado sobre el césped. La criatura rebotó con gracia sobre su cabeza y aterrizó en el césped, a sus espaldas. Rápidamente se puso de pie y volteó a verla. Su estado físico no parecía concordar con su edad. Abrió sus ojos con sorpresa. La criatura comenzó a dar saltos en el mismo lugar.
-¡Mokona! – dijo con su gruesa voz. La joya que la criatura llevaba en la frente comenzó a brillar, pasando del color Rojo al amarillo. El hombre volvió a mirar al cielo. – Sailor Saturn. – dijo casi en un susurro. - ¿Aún no sabes dónde está cierto?
-Pupupuuu.
-Esas niñas… ¿de verdad crees que te ayudarán? Después de todo, este es su mundo…- En ese momento, una luz amarilla salió de la gema de la criatura y se reflejó en la arrugada frente del hombre, mostrándole imágenes del monstruo que había aparecido en la costanera de Tokio. El hombre abrió los ojos, sorprendido. – Ya… ha comenzado…- La luz se apagó de repente. - Tiene que haber otra solución… No puedes acabar con toda la creación cada vez que algo se sale de tu control. - El cuerpo de Mokona comenzó a brillar. Una luz dorada se manifestó sobre ella, formando la silueta de una mujer, de largos cabellos ondulados.
-Ya no hay vuelta atrás. - la voz de la mujer resonó fuerte en su cabeza. - No hay otra alternativa… Hay que hallar los tres talismanes… para el despertar de Sailor Saturn.
.
ஐ..•.¸¸•´¯`•.¸¸.
"Los tres talismanes, debes encontrar los tres talismanes. Los tres talismanes, para el despertar de Sailor Saturn."
ஐ
Hikaru dio un salto en el tatami. Estaba sudando y su corazón latía con fuerza. Otra vez ese sueño, otra vez esa voz. ¿Qué significaba? ¿Qué eran los tres talismanes? Se puso de pie, aún estaba oscuro. Tomó su celular para mirar la hora. El fuerte ruido de un rayo cayendo cerca de ahí la hizo sobresaltar. Otra vez lluvia. Otra vez rayos. El clima estaba cada vez más extraño.
ஐ
Umi despertó con esa extraña sensación. Tenía un nudo en la garganta y unas inmensas ganas de llorar. ¿Sailor Saturn? ¿Sailor? ¿Cómo ellas? Sintió la lluvia golpear con fuerza contra la ventana de su alcoba. ¿Por qué sentía tanta tristeza? Después de todo, sólo había sido un sueño, ¿o no era así? Lágrimas cayeron de sus ojos, así como la lluvia caía sobre la ciudad. Seguía teniendo ese sentimiento de angustia. La Tierra estaba sufriendo, podía sentirlo.
ஐ
El sonido de su celular la hizo despertar de la pesadilla. Se acercó a la ventana de su cuarto. La lluvia no cesaba. Los vientos azotaban con fuerza. La fuerte tormenta le recordaba a aquellas que azotaban Céfiro en tiempos sin pilar. Observó los nubarrones que se agolpaban en el cielo. La tormenta no parecía tener intenciones de parar, al menos no en lo inmediato. Sentía una profunda tristeza en su corazón.
Su celular volvió a sonar. Se apresuró a tomarlo. Era demasiado temprano, si alguien le mandaba mensajes a esa hora, seguramente sea algo importante. Lo desbloqueó y pudo ver un mensaje en el grupo de Whatsapp que tenía con sus amigas, "Magic Knight", era Umi.
-Quisiera verlas.
-Tuve un horrible sueño
-Me siento fatal
Los mensajes de Umi le helaron la sangre. ¿Un sueño? ¿Acaso había tenido el mismo sueño? La respuesta de Hikaru no se hizo esperar. Era extraño que ella estuviera despierta tan temprano.
-¿Un sueño?
-Umi, también he soñado
El corazón se Fuu se aceleró. No hacía falta que sus amigas cuenten sus sueños. Estaba segura de que las tres habían visto lo mismo, y de que las tres tenían la misma sensación de tristeza y desolación.
.
.
.
.
.
N/A
¡Buenas, buenas! Aquí la autora de esta humilde historia, ¿cómo han estado? Bueno, he tenido un bache inspiracional, básicamente me he bloqueado a pesar de ya tener en mente hacia donde quiero que vaya esta historia, es que escribir una historia con tantos personajes se me hace algo complicado, creo que esa es la razón por la que no me animo a escribir historias de Sailor Moon, prefiero Guerreras Mágicas... es que aun tengo mucho que aprender para obtener mi premio nobel como escritora jajajaja. Pero bueno, he aquí mi capítulo. Debo confesar que esta historia esta bastante más avanzada, y mi bloqueo fue unos cuantos capítulos más adelante, pero siempre me suele pasar que al avanzar en los capítulos se me ocurre alguna cosa que antes no se me ocurrió y quiero volver hacia atrás para modificar capítulos anteriores, por eso es que espero a avanzar lo suficiente y así estar segura de cada capítulo porque, bueno, uno vez subido ya no se modifica, intento mantener eso, por respeto a ustedes, mis lectores, no sería justo para los que siguen esta historia capitulo a capitulo que de repente les modifique lo que ya han leído. Y es por eso que leído este capítulo unos 50 veces más o menos, y le he modificado algunas cosas antes de subirlo, para que encaje con lo el capitulo que estoy escribiendo ahora.
Espero les este gustando como va quedando. La historia se está complicando ¿verdad? ¿Qué es eso de la profecía? ¿Qué tiene que ver Mokona? ¿Quién es ese extraño sujeto que vive a las afueras de la ciudad? ¿Tienen alguna idea?
En el próximo capítulo, ¡un poco más de acción! Además, se incrementa la rivalidad entre nuestras sailor gardian y nuestras guerreras mágicas, ¡no se lo pierdan!
