Saludos, valientes lectores. Bienvenidos a un nuevo capítulo.
No sé qué pasa con los reviews que nadie se anima a dejar. ¿Acaso es una historia que los ofende?
Vamos, por lo menos, escriban "sigue".
Ahora a lo importante:
Capítulo 8
El juego continúa
Era otro aburrido día de escuela y Bill ya estaba cansándose de las tonterías de los adolescentes. Tener que fingir casi todo el tiempo lo amargaba: él, que sabía muchas cosas, aparentaba tener una inteligencia promedio, así no volvería a discutir con ningún profesor. A pesar de que trataba copiar la personalidad de Lee lo mejor posible, los demás ya lo estaban mirando raro, porque él era alguien que no podía pasar inadvertido. Muchos empezaron a sentir un mal presentimiento cuando él se acercaba, así que reaccionaban evitándolo. Nadie podía soportar sus extraños ojos, el que casi siempre estaba sonriendo, y sus comentarios retorcidos con palabras poco comunes. El grupo de amigos en el que estaba no se decidía si todo esto podría ser bueno o no, pero esta situación sirvió como repelente para bravucones. Así lo consideraba Robbie, que eso le ayudaba a que también lo vieran como un "chico malo", llamando todavía más la atención al tocar con su banda. Para Thomson esto le daba igual, con tal de que el grupo no se separara, sin embargo, sí estaba sucediendo a escondidas, porque Wendy y Nate presentían que algo estaba mal. Luego de enviarse un par de mensajes, ellos se reunieron en la Cabaña del Misterio, después de clases.
—No me gusta lo que está pasando —comenzó el que tenía tatuajes, mientras que observaba la mercancía sobre los estantes—. Conozco bien a mi amigo y el que vemos en la escuela no es él.
—Te entiendo —respondió la pelirroja, notando la angustia de su compañero, y sus palabras le llevaron a recordar su encuentro casi fatal con el Cambia-formas—. Si ese sujeto no es nuestro amigo, ¿en dónde está? Necesitamos saberlo cuanto antes y hay que buscar pistas para lograrlo.
Este tema la chica no quería hablarlo con Soos, que menos mal que estaba entretenido guiando a los turistas a un tour por las atracciones falsas. De esa forma, ella conversaba en secreto con el que se convirtió en salchicha una vez, tratando de averiguar si dicho monstruo estaba detrás de todo esto. Las diferentes pruebas le indicaban que no podía saberse con precisión y cosas como tener recuerdos de hacía años, le hacía creer que se equivocó. Cuando él le mencionó sobre las cosas raras que pasaron, como tener una fuerza capaz de empujar gente como si nada o la caída de algún objeto que nadie tocó, descartó por completo a ese sospechoso. Fue poco el tiempo en el que conoció a ese falso autor, no obstante, ella recordaba que no era muy fuerte, y tampoco que poseía unos ojos rasgados y amarillos. Él también le comentó sobre de las inusuales marcas en la espalda, que ese mismo día vio que iban aumentando, mas no sirvió de mucho ya que esa fémina se encontraba muy pensativa. La leñadora se sentía perdida en este caso, porque no era lo suyo hacer como si fuera una detective; no, ella estaba para la acción. Alguien se les acercó.
—Lo siento, amigos. Justo llegaron unos clientes —se disculpaba el administrador de la cabaña y de inmediato notó que los dos se veían preocupados y dejaron de hablar—. Oigan, ¿están bien?
—Soos, no quería darte problemas, pero será mejor que sepas sobre esto —respondió Wendy.
Mientras tanto, Bill fue al centro comercial en busca de nuevos aliados, y sin perder tiempo, se dirigió a una tienda de videojuegos. Él fue directo hacia un rincón en donde se ponían los juegos menos populares, tratando de hallar en el mismo lugar que el robusto, aquel que fue devuelto varias veces. Para su sorpresa, no lo encontró por ningún lado, de modo que primero se calmó para luego hablar con la encargada de la tienda. Ella le resultó extraño oír el nombre del juego, que la llevó a repetir la advertencia, pese a eso, tenía que cumplir con la regla de oro de que "el cliente siempre tiene la razón". Fue por eso que ella buscó por la web si otro local de un pueblo cercano lo tenía y, luego de una búsqueda que pareció eterna, los resultados fueron positivos. Tras escuchar las buenas noticias, Lee le entregó a la chica el dinero más una generosa propina con tal de tener cuanto antes una copia de Romance Academy 7. Era una pena no obtener lo buscado ya mismo, sino que tenía que esperar unos días, sin embargo, eso no lo molestaba ya que aún faltaba algo por hacer. Dejando atrás el concurrido centro comercial, él fue a otro sitio.
—Encontré a mi siguiente peón —se dijo el triángulo luego de entrar en el lugar donde estaban los videojuegos que pedían monedas y de avistar uno en especial, el que decía "Fight Fighters".
Antes que nada, él ingresó un código para resetear el juego, similar al de desatar todo el poder, y así borrarle la memoria a Rudo McGolpes. Después, él liberó al personaje en una explosión de luces fuertes que a nadie le llamó la atención, porque a todos los ahí presentes se concentraban en las pantallas. Con la excusa de encontrar un oponente digno para el de pixeles filosos, los dos salieron a la calle, y las personas que vieron al luchador, lo reconocieron con admiración. Aquel no entendía lo que pasaba, no obstante, suponía que se debía a que todos ellos estaban al tanto de sus proezas. Mientras iban caminando, el adolescente le contó la historia sobre cierto joven gótico que aterrorizaba el pueblo y que acabó con la vida de los padres de muchos niños. Nadie podía pararlo, porque aún era menor de edad, y era el líder un grupo de seguidores amantes del caos. Era necesario un héroe que le diera una buena lección y, el que relataba, confesó fallar mil veces. El hombre que usaba vendas quería ir ya mismo a enfrentarlo, pero el flaco lo detuvo con el cuento de que primero había que encargarse de los secuaces, y dejar al otro como jefe final.
—Tal como estás acostumbrado, ¿cierto? —explicó al final el poseído, recién llegando ambos al parque que estaba deshabitado—. Tú te enfrentas con el doctor Karate a lo último. Acá es igual.
—De acuerdo. Presiona "comenzar" —respondió el de parche en un ojo, haciendo que aparezca un gran botón flotando en el aire; el chico lo presionó sin dudar—. Bien, ¿en dónde están ellos?
Los rubios se encaminaron hacia el cementerio del pueblo, donde los Valentinos vivían ahí cerca porque tenían una funeraria. Robbie practicaba con su banda en el típico lugar, el garaje, y a sus padres no le importaba la música fuerte, es más, siempre tenían una actitud alegre que nada la cambiaba. Fue por ese mismo sonido estruendoso que los jóvenes tardaron en darse cuenta que tenían una visita inesperada; un silencio apareció de golpe. Antes de empezar a pelear, el sujeto musculoso soltó una especie de discurso, amenazando que llegó para impartir justicia, y que no se detendría por nada. Por supuesto que los músicos no entendían lo que pasaba y sospecharon que se trataba de una broma extraña, ya que ellos lo conocían por ser un buen guerrero contra el Raromagedón. Al mismo tiempo que el grupo se preguntaba por qué rayos aquel amenazaba, la violencia surgió en un instante, volcándose contra el bajista. El muchacho logró esquivar por suerte y, al ver los demás que iba en serio, todos emprendieron la huida, sorteando objetos que eran lanzados como proyectiles. Gritos de pánico se oyeron, señalándole a Bill que el trabajo se estaba haciendo, y sonreía cada vez que escuchaba un alarido o un fuerte ruido de destrucción.
—Lástima por esos torpes que no tenían nada que ver —musitó el endemoniado, viéndolo todo a una distancia segura, desde el cementerio, hasta que sintió algo en un tobillo—. ¿Y ahora qué?
Del enojo que sentía por ser interrumpido, pasó a estar sorprendido al ver que tenía una mano podrida aferrada. Eso le hacía ver que aún había problemas con los zombis y, de un tirón, él se liberó, llevándose consigo esa extremidad arrancada. Tras sacársela de encima, él pensó que ya era hora de irse, antes de que alguien lo viera y comenzara a cuestionarlo, y enseguida dejó de estar solo. Por fortuna, quien se le acercó era su secuaz, el cual le informaba que dejó noqueado a su primer adversario, y también que necesitaba comer algo. Tan rápido como podían, los dos se alejaron de ahí y, por más que Rudo podría ocultarse bien dentro del bunker, el jefe optó por ir a su casa. A diferencia de cuando Dipper lo liberó, él lo mantenía al peleador bien controlado, y fue por eso que llegaron sin problemas a la vivienda. Aquella noche, mientras que el personaje estaba en pausa, Bill entró en la mente de Robbie para ver cómo le había afectado su encuentro con el invocador de una lluvia de puños. Él estaba al tanto de que, al adolescente, le borraron la memoria los integrantes de la acabada Sociedad del Ojo Cegado, así que fue sólo para revertirlo.
—Esto facilita las cosas —se dijo cuando encontró al chico teniendo una pesadilla, el cual quería saber por qué la sensación de ser perseguido por McGolpes era conocida, como si le pasó antes.
—Puedes ocultarte, pero no ocultarte —advertía el descalzo cuando perdió de vista a la víctima.
En medio de la destrucción, el gótico se ocultaba en una pequeña cueva hecha de escombros, y trataba de recuperar el aliento luego de correr por su vida. Él estaba atento por si venia ese loco imparable y, al oír sólo el silencio, se calmó lo suficiente como para notar que había un teléfono móvil entre las piedras. Él encendió el aparato y, tras revisarlo todo buscando algo útil, halló un video con el título de "Recuerdos borrados", que reprodujo por curiosidad. Eso fue algo extraño para el que usaba siempre un abrigo con un corazón cosido estampado; el archivo se trataba de él y logró hacerle recordar de golpe la primera vez que vio a su perseguidor. Él pudo rememorar y sentir de nuevo el miedo de aquella vez, así como también, la humillación de ser rescatado por un niño. Al estar distraído con sus pensamientos, él fue sorprendido por aquel saco de músculos y arrancado a la fuerza de su pobre refugio. Cuando soltó un grito de terror, todo a su alrededor cambió, encontrándose ahora en su habitación. Aunque todo estaba en calma, él no lo estaba y le costaba respirar con normalidad. Un susto se llevó cuando escuchó que golpeaban su puerta.
—Cariño, ¿te encuentras bien? —preguntó una voz amable, que identificó como la de su madre.
—No más tuve una pesadilla —respondió de mala gana su hijo, ni bien se topó con sus padres.
—¿Tendrá que ver con la insólita explosión de la cochera? —preguntó con serenidad su padre, recordando la mentira que le contaron para encubrir el incidente—. No entiendo cómo sucedió.
A pesar de que el pálido evitaba a sus alegres padres, en esta ocasión no fue así y aceptó que lo tranquilizaran con palabras de ánimo. Los tres charlaron largo rato sentados sobre la cama, con los adultos abrazando al joven, el cual no sabía cómo explicar lo que pasaba realmente. La cálida escena logró espantar al demonio de los sueños, quien huyó rápidamente para ocupar de nuevo su cuerpo robado. Pese al tierno suceso que fue testigo, él se consolaba reconociendo en lo bien que marchaba su plan y siguió estando así los próximos días. Ya no era necesario que él vigilara a su matón (aquel realizaba su trabajo sin inconvenientes), de modo que ocupaba su tiempo con las demás amenazas. Sus otros cómplices no se quedaban atrás, siendo los responsables de que el viejo McGucket tuviera que mudarse de su mansión embrujada, y también de que todos esos estudiantes empezaran a tratar a Wendy como una loca, por su actitud inestable. Tras escuchar esas buenas noticias en boca de casi todo el pueblo, Lee fue a casa de Tambry, para luego poder ir hacia el bunker, y así reunirse después de un par de días sin verse. Al llegar, algo no iba bien.
—¡Ocúltense! —se escuchó en el momento que ellos tres bajaban por las escaleras de caracol y, cuando llegaron por fin a la habitación, ahí estaba el Cambia-formas que les daba la bienvenida.
—¿Con quién hablabas? —preguntó el delgado, tratando de ver a algún intruso, sin embargo, lo que notó era que el lugar se veía más limpio y ordenado, algo raro para una bestia subterránea.
Aquel otro, con la forma del barón, respondió que hablaba solo y, como él se veía algo asustado, ninguno de los presentes le creyó. El triángulo fue el primero en actuar, buscando en cada sitio donde alguien pudiera esconderse, y desoyendo el pedido del hombre de no echar a perder su esfuerzo por arreglar la sala. El monstruo pensó que no era buena idea enfrentarse con su líder, así que no le impidió que aquel le sacara la tapa a un barril y descubriera su secreto. Bill no se lo esperaba: ahí dentro estaban esos clones de Dipper, hechos con una fotocopiadora mágica, y él quería saber cómo terminaron en ese lugar. Para el resto, también fue sorpresivo que aquel no se enojara y esperó con paciencia su respuesta, mientras que los niños salían de su escondite. Al parecer, después de caer en una de las trampas puestas por los chicos, el barón observó que los tres tenían cosas en común, como ser alguien que no encajaría en la sociedad. A partir de ahí, se formó una especie de amistad, más bien para pasar el tiempo con alguien diferente a las torpes criaturas del bosque. Ese fue un relato inusual, y los posesos no creían si ellos eran de confianza.
—¿Ustedes saben quién es él realmente? —preguntó Lee desafiante a las copias, al tanto que se acercaba unos pasos a esos dos que estaban algo asustados, refiriéndose sin duda al cambiante.
—Ellos no van a causar problemas —comentó el de pelo gris sonando nervioso, ante las miradas de desconcierto de sus pequeños amigos—, es más, ellos ya se iban. Ya conocen la salida, ¿no?
—¡Sí! ¡Sabemos bien quién es! —gritó sin miedo el que tenía en su gorra escrito el número tres, logrando que todos se sorprendieran, excepto Rudo, que se distrajo viendo el armario de armas.
El que tenía la gorra con un cuatro explicó que toda copia estaba "conectada" con el original, así que a ellos les llegaron las experiencias con el Cambia-formas. Ante eso, el monstruo no sabía si aliviarse por no tener que cargar con el secreto, o angustiarse ya que presentía que dejarían de confiar en él. Para empeorar las cosas, Número Tres agregó que también estaban al tanto de lo que significaban esos ojos de pupilas rasgadas y amarillas que veían en el adolescente. El que se creía saberlo casi todo se sintió mal al darse cuenta que no se hizo cargo de este detalle, y ahora tenía que recurrir a una solución para silenciarlos. Con una mirada siniestra, este lo decía todo y, antes de que comenzaran las amenazas o algo mucho más grave, los seres de papel volvieron a causar asombro. Ellos comentaron que estaban de su lado, porque odiaban al original por tener que cumplir sus ridículas órdenes y luego por olvidarse de ellos. Tarde descubrieron que fueron tratados como meros instrumentos y desechados como basura ni bien no eran de utilidad. Ellos sintieron como el resto de las copias se derritieron en un acto de solucionarlo todo a la fuerza.
—En resumen, nosotros no vamos a interferir con tu venganza, Bill. Dipper Clásico se lo merece.
Clave sonrió al oír eso; eran buenas noticias y de inmediato hizo un trato con ellos: a cambio de un poco de ayuda, los dos podrían quedarse en el bunker, a salvo de la lluvia que los mataría. El acuerdo fue aceptado dándose la mano como de costumbre, y recién ahí ellos fueron incluidos a ese equipo. El jefe regresó a casa animado ya que todo estaba marchando mejor de lo que había pensado. Contaba con cada vez más secuaces y aún faltaban por llegar, así que por eso él quería apresurarse por llegar para agregar a alguien más. Sin embargo, Pyronica interrumpió su rápido andar, poniéndose frente a su camino, después de tratar de llamarlo por las buenas. Él se enojó por supuesto, aunque la dejó hablar para que le contara qué era eso tan importante. Ella sonrió y se acercó moviéndose con provocación, para pedirle frente a frente que le acompañara con su tortura diaria, como en los viejos tiempos. Aprovechando que él estaba paralizado, fijándose en sus ojos rosados, ella tomó sus manos y cada vez más sus rostros se aproximaban. Esa escena la arruinó la aparición repentina de un ciervo y, ahora que él volvió a la realidad, se alejó despacio.
—Lo siento, no puedo —respondió a la propuesta y se fue corriendo—. Tendrá que ser otro día.
Él vio como la chica se quedó atrás, consternada, así que ahí se decidió por compensarla para la próxima. Ahora él sólo pensaba en cierta joven atrapada en un videojuego, con lo que se dirigió hacia la tienda del centro comercial. La empleada le entregó la caja aun preguntándose por qué su cliente quería tanto un juego rechazado varias veces y con una nota de destruir a toda costa.
Pasen por reviews, ¿sí?
