Capítulo VI
Amor
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·٠•● Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ●•٠·˙˜"*°•.En capítulos anteriores·٠•● Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ●•٠·˙˜"*°•
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Un extraño sueño atormenta a nuestra princesa. Rei tiene un mal presagio. ¿Puede ocurrir un nuevo despertar de Sailor Saturn? Tal como en las visiones, una extraña luz dorada surge de la Torre Tokio, ¿acaso son nuevos enemigos?
Mientras el clima se vuelve extraño, las Sailor comienzan a sospechar de esas tres extrañas niñas que parecen tener poderes mágicos. Más aun cuando una extraña criatura aparece en la ciudad y ellas logran derrotarla usando unas reliquias samurais obtenidas en una tienda de antigüedades.
En el extraño encuentro, Hikaru, Umi y Fuu descubren que sus compañeras de clase son guerreras. ¿Son ellas las protectoras de la Tierra?
Haruka y Michiru temen que la profecía de la que saben hace tiempo este por cumplirse.
Mokona ha abandonado Céfiro. Tras varios días desaparecida hace su aparición en la Tierram frente a un misterioso hombro que parece conocer todos sus secretos. ¿Quién es él? ¿Qué relación tiene con aquella vieja profecía?
Las Sailor revelan su identidad al transformarse frente a las Guerreras Mágicas
Veamos si este capítulo despeja alguna de nuestras preguntas... o nos deja más interrogantes. ¡Espero que lo disfruten!
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Se había encerrado en su cuarto desde temprano. No podía alejar los temores de su corazón, no podía dejar de pensar en todo lo que estaba ocurriendo. Sentada sobre su cama, con sus brazos abrazando sus rodillas, escuchaba música de su celular, a través de sus auriculares. La música solía relajarla, levantarle el ánimo. No es este caso, pero, al menos, ayudaba. A esas horas, Mamoru estaba en el hospital, donde estaba haciendo su residencia.
Seguía pensando en ese sueño que había tenido, en aquellas misteriosas jóvenes, ¿Hikaru, Umi y Fuu? ¿Acaso las siluetas de su sueño era de aquellas jóvenes que les habían salvado la vida en dos oportunidades? ¿Acaso era posible que ellas fueran las responsables de la catástrofe? Entonces, ¿por qué las habían salvado? Quizás, ellas estaban ahí porque lucharían para proteger a su mundo, como ellas, y no por haber ocasionado la destrucción, ni por haber despertado a Sailor Saturn. Metida en sus pensamientos estaba cuando la pelota con forma de cabeza de gato se puso delante de ella, emitiendo un sonido gracioso. Desde que Chibiusa se la había obsequiado, Luna Pi pasaba demasiado tiempo en ese cuarto. Es que no había lugar donde una adolescente en último año de preparatoria pudiera llevar un objeto tan exótico. Usagi tomó la pelota entre sus manos, sabía a la perfección lo que ese sonido significaba. Tocó su nariz y una imagen comenzó a proyectarse sobre ella. Usagi se quitó los auriculares, se apresuró a secar las lágrimas que habían escapado de sus ojos y esbozó una sonrisa, lo mejor que pudo. La imagen de Chibiusa se apareció enseguida.
-¡Usagi! – gritó con la energía que siempre la caracterizaba, pero su sonrisa se desdibujó al ver el rostro entristecido de la joven de cabellos dorados.- ¿Qué ocurre, Usagi?
- Chibiusa… No ocurre nada, sólo estoy… un poco cansada.
-Es sábado, Usagi… Y apenas empiezan las clases…- Usagi sonrió. Al igual que le pasaba con Mamoru, no podía engañar a Chibiusa, ella siempre terminaba adivinando que le pasaba. Era muy suspicaz, esa cualidad, sin dudas, la había heredado de él.
-No te preocupes, pequeña dama, cuéntame, ¿Cómo están las cosas por allá? ¿Cómo está la reina?
- Todos estamos bien. La reina, como siempre, orando para que la paz reine en el mundo. A veces quisiera que no todo tuviera que depender de ella. - Usagi sonrió amargamente. Chibiusa tenía razón, el deber de proteger a la Tierra y el Cristal de Plata ya era demasiado exhaustivo, si además le sumaba el hecho de que ella era la reina ante los ojos de mundo, su futuro podría asemejarse más a una pesadilla. Toda la responsabilidad por el bienestar del mundo sobre sus hombros no era exactamente el final feliz con el que siempre había soñado. Pero ¿qué más da? ¿Acaso no tenía ya toda esa responsabilidad sobre sus hombros? Aunque, a decir verdad, preferiría seguir llevando esa importante misión en el anonimato de una joven torpe y mala estudiante. Como una simple ama de casa que cuida a su familia, ¿tal vez? Pero que guarda en su armario, bajo siete llaves el santo Grial, y que lleva siempre consigo el Cristal de Plata, cual costosa gargantilla. - ¿Estas bien, Usagi? – volvió a preguntar la niña de cabellos rosados, al notar el inusual silencio de quién fuera su madre en algún tiempo. - ¿Acaso hay algo que quieres preguntarme? - continuó, como si hubiera leído sus pensamientos.
-Bueno… yo…
- ¡Dilo Usagi!
- ¿Acaso sabes si la reina enfrentó alguna nueva amenaza después de derrotar a Galaxia? - preguntó, tratando de evitar que sus ojos se entrecrucen con los de la pequeña. Chibiusa se sorprendió ante la pregunta. Usagi pudo notarlo, eso la incómodo un poco. – Olvida lo que dije. - se apresuró a decir, con sus mejillas sonrojadas. - Sé que no debería estar preguntando estas cosas, sé que no puedes hablarme de las cosas que aún no pasaron.
- ¿Algo está ocurriendo? ¿Qué ha pasado en este tiempo?
- ¡Nada! No te preocupes Chibiusa, aquí todo está bien… Y si algo llegara a pasar, podremos resolverlo, como siempre…
-Usagi… Hablaré con mamá y papá, volveré al pasado si es necesario…
-No hace falta…
-Sé que mientes…
-Estamos bien.
- ¡No es cierto! Tú no estás bien, Usagi…
-Tú debes prepararte para tomar el lugar de la reina algún día… Ya no debes preocuparte por el pasado. - dijo, tratando de contener las lágrimas que querían escapar de sus ojos.
-También es mí pasado. Si algo llegara a pasarte…
-¡Chibiusa!… nada va a pasarme… Soy más fuerte de lo que piensas. – Usagi tomó su celular, como si este hubiera sonado. - Debo irme…- hizo como que estaba leyendo un mensaje en él. – Mamoru me espera en el parque… Le enviaré saludos de tu parte.
-Espera… ¡Usagi! - Usagi se levantó de la cama de prisa. Quería huir lo más rápido posible, antes de que ya no pudiera contener las lágrimas. No quería que Chibiusa la viera llorar.
- Te hecho mucho de menos. - dijo antes de salir de la habitación. Lo último que Chibiusa vio, fue la puerta de la alcoba cerrarse.
Usagi recargó su espalda en la puerta de su alcoba, ya cerrada. Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. El temor la invadió, ese mal presentimiento seguía allí, atormentándola. Sentía que pronto tendría que enfrentarse a algo mucho más poderoso, algo que nunca antes había enfrentado.
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Sentada en el umbral de la ventana, en uno de los pisos más altos, observaba el hermoso paisaje que Céfiro ofrecía. El palacio estaba rodeado por un denso bosque, con árboles de diversos tamaños y distintos tonos de verde. Más allá del bosque podían verse las sierras que estaban a un par de kilómetros del palacio. El cielo era de un turquesa intenso, soplaba un suave viento, el sol brillaba con intensidad. Suspiró. Amaba estar en Céfiro, pero, desde que sus amigas estaban felizmente de novias, no era lo mismo. Estaba feliz por ellas, claro, pero se preguntaba porque no podía tener la misma suerte, porque no podía estar con la persona que amaba. Pensó en Clef, sus mejillas se sonrojaron. Él era tan apuesto, a pesar de su apariencia de niño. Él siempre las había cuidado, protegido, aun cuando Zagato lo había convertido en piedra. Tal vez era eso lo que la había enamorado en un principio. Pero él siempre la trataba como una niña, y aunque sus amigas solían decir que él era mucho más atento con ella, ella sentía que un hombre tan importante como él jamás se fijaría en una niña como ella.
No había tenido la oportunidad de verlo desde que habían llegado, temprano en la mañana. Él estaba encerrado en su despacho y había dado órdenes de que nadie lo molestará. Todos en el palacio respetaban sus órdenes, más cuando se encerraba en ese lugar durante horas. Todos sabían muy bien que era mejor no molestarlo cuando estaba allí. Pero ella tenía la sensación de que él estaba evitándolas, que estaba encerrado allí para no verlas y no tener que responder a sus preguntas, que eran muchas, por cierto. Una lágrima rodó por su mejilla. No podía dejar de pensar que algo terrible pasaría en ella Tierra, y que ellas tendrían algo que ver. Estaba segura de que Clef sabía más de lo que decía, de lo que les había contado.
Sintió que alguien se acercaba y se apresuró a secar sus lágrimas. No quería que la vieran de ese modo. El joven se paró frente se ella.
-No me agrada verte triste, Umi. - dijo, extendiendo su mano con un fino pañuelo blanco. Umi lo observó. Tenía sus mejillas sonrojadas. Eso le provocó cierta ternura. Tomo el pañuelo y sonrió.
- Gracias. - Ascot se sentó en el umbral de la ventana, en frente de ella.
- ¿Qué te ocurre? Puedes contarme…- dijo manteniendo su mirada baja, para evitar verla a los ojos. - Umi guardó silencio por algunos minutos. Él respetó ese silencio.
- ¿Tú crees que las criaturas de Céfiro puedan atravesar el portal como lo hacemos nosotras? - dijo por fin.
- ¿Por qué lo dices? - preguntó Ascot, asombrado por su pregunta.
-Han estado pasando cosas extrañas en Tokio… he luchado con criaturas... tan parecidas... a las que he visto aquí… He pensado que, quizás, sea nuestra culpa, quizás alguna criatura de aquí haya pasado el portal con nosotras sin que nos diéramos cuenta.
- ¿¡Estas bien, Umi?! ¿No te hicieron daño? - se apresuró a preguntar, levantando su vista y su tono de voz. Sus ojos verde esmeralda enfocaron a aquellos profundos ojos azules que tanto lo cautivaban. Ambos se sonrojaron.
-E… estoy bien, Ascot… No me han hecho nada… Pero han provocado muchos destrozos en la ciudad y... - Ascot se apresuró a tomarle la mano, y se acercó levemente a ella.
- ¿Quieres que vaya contigo?
- ¿Qué?
- A Tokio.
- Pero… Ascot…
- Quiero protegerte, Umi…- las mejillas del joven de ojos esmeralda se sonrojaron, bajo su mirada como tratando de evitar sus ojos. - Si algo llegara a pasarte… yo… yo… no podría soportarlo. - Ascot levantó la vista, entonces pudo observar a su amada "sirena" totalmente sonrojada. Su corazón latía con fuerza. La amaba tanto. Amor. Ni siquiera sabía que podía sentirlo por alguien que no fuera una de sus criaturas. Pero amor, sin dudas, era lo que sentía por ella. Un amor totalmente diferente al que sentía por sus monstruosos amigos, un sentimiento totalmente diferente al que sentía por Caldina o por Ferio.
Ella lo observó con dulzura. Notó cierta emoción en esos expresivos ojos verde esmeralda. Él siempre era tan tierno, tan atento. Él siempre se encargaba de protegerla, se desvivía en cuidados para ella. Pero no dejaba de ser su gran amigo. ¿Era realmente eso lo que sentía por él? ¿Lo veía como su amigo, como un hermano? Sintió sus mejillas sonrojadas. Nunca lo había notado, pero él era un joven muy apuesto, y estaba en buen estado físico. Sin dudas, cualquier mujer se sentiría dichosa de tener un hombre así a su lado. ¿Por qué ella no? Pero, ¿hombre? ¿Desde cuándo su pequeño gran amigo era un "hombre"?
Ascot acercó su rostro hacia ella, casi sin pensarlo. Ella olía tan bien, como la brisa de mar en las mañanas. Sus labios eran tan irresistibles, tenía tanta sed de ellos, los deseaba demasiado. La deseaba demasiado. Si tan sólo pudiera expresarle con palabras todos esos sentimientos que ella despertaba en él. O con besos y caricias. Daba igual. Él nunca había sido bueno con las palabras. Se acercó un poco más hasta casi rosar sus labios. Jamás la había tenido tan cerca, jamás había podido sentir el olor de su piel, de su cabello, tan cerca.
¿Qué demonios estaba haciendo? ¿Acaso él estaba a punto de besarla? ¿Y por qué ella no lo estaba tratando de evitar? Se le estremeció la piel. ¿Por qué sentía esos deseos de que no se detuviera? Si él era sólo su amigo. Si ella amaba a Clef. Se sintió avergonzada. Estaba segura de amar a Clef, pero él era tan sexy, tan apuesto, él se veía como todo un hombre que despertaba en su interior sus deseos más salvajes y desenfrenados. Pero, ¿en qué demonios estaba pensando?
-Ascot… - susurró. Y las mejillas del joven se sonrojaron completamente. – Ya… ya tengo que irme…- Umi se puso de pie. Sin voltear a verlo, se alejó del lugar lo más rápido que pudo. Su corazón aún latía con fuerza.
Corrió por los pasillos sin rumbo alguno. Corrió hasta que se sintió lo suficientemente alejada y a salvo. Se detuvo a tomar aliento junto a la inmensa puerta de la sala del trono, aunque sin darse cuenta de donde estaba. Tenía un nudo en la garganta. Sentía ganas de llorar.
Tremenda sorpresa se llevó al sentir el fuerte rechinido de la puerta al abrirse. Más grande aún fue su sorpresa al ver tras de ella al gran maestro, el mismo que se había estado escondiendo de ellas desde el momento en que había sentido el portal abrirse.
-Umi… ¿Qué te ocurre? - preguntó al ver su rostro. No iba a admitirlo, pero la razón por la que se había acercado a la puerta era que había sentido su presencia.
-¡Clef!- gritó, sorprendida.- Creí que estabas encerrado en...- Gurú Clef se apresuró a abrir del todo la puerta y, con su mano apuntando hacia el interior de la sala del trono, indicarle que ingrese. Umi tragó saliva. Él siempre la ponía tan nerviosa. Ingresó a la sala. El mago caminó por la alfombra roja, hasta llegar al trono, allí volteó a verla. Umi mantenía su mirada en el suelo, como queriendo evitar que él notara que las lágrimas querían escapar de sus ojos. La miró con ternura. Hizo aparecer una silla frente al trono. - Gracias. - dijo ella, algo avergonzada, y luego se sentó en ella. El mago volvió a usar su báculo para hacer aparecer un vaso de agua y se lo entregó. Umi bebió un sorbo.
-Dime, ¿qué ocurre? - volvió a preguntar. Sabía que algo le pasaba, podía leerla como un libro abierto.
-Quisiera saber que está pasando… en la Tierra. – Gurú Clef caminó hacia el trono. Nervioso, se sentó en él y llevó su mano izquierda a su cien, mientras con la izquierda seguía sosteniendo su báculo. – ¡Sé que algo nos ocultas! Clef, necesito saber.
- ¡No lo sé Umi! No sé qué es lo que está pasando… Lo único que sé es que, en estos momentos, existe una conexión profunda entre ambos mundos… una conexión que nunca antes existió.
-Han pasado cosas… Clef, hemos usado nuestros poderes en la Tierra… Tengo poder sobre las aguas, puedo sentir una conexión con el mar… como aquí…- dijo, mirando la palma de su mano. - ¿Qué significa eso?
- Eres una guerrera… aún en tu mundo, tus poderes están en tu corazón, no en una gema… Eres la reencarnación de Ceres, y como tal tienes el poder de dominar las aguas… aquí o en la Tierra.
- ¿Por qué antes no podía hacerlo? ¿Por qué antes no pudimos abrir el portal y ahora lo hacemos cada semana?
- Sus poderes se incrementan, están creciendo como guerreras. - los ojos de Umi se llenaron de lágrimas, pero hizo un gran esfuerzo para que no escaparan. Clef se puso de pie. Seguía nervioso. Ella lo ponía nervioso. – Debes ser cuidadosa… sus poderes son maravillosos, pero, así como pueden proteger a Céfiro o, incluso, a tu propio mundo, pueden ocasionar catástrofes.
- ¿Catástrofes?
-Jamás olvides lo que hay en tu corazón…
- Mi corazón…- Umi observó como el agua en el vaso que llevaba en su mano comenzó a burbujear. ¿Por qué sentía que cuando estaba triste sus poderes se salían de control? ¿A eso se refería Gurú Clef con que sus poderes podían ocasionar catástrofes? - Clef… yo…- titubeó. Cerró los ojos con fuerza, como si tratara de evitar ver su reacción a lo que estaba por decir - Sabes… tú eres… muy importante para mí… - Clef la observó, sorprendido. Sonrió. Se acercó a ella, hasta quedar justo en frente. Umi abrió los ojos. Sus miradas se entrecruzaron. - Clef... yo te...
-También eres muy importante…- se apresuró a interrumpir, como queriendo evitar que ella continuara con su confesión. Él lo sabía, lo sabía cómo todos en el palacio.
- ¿En serio? - preguntó con emoción y una sonrisa que no pudo evitar que se dibuje en su rostro.
- Como también lo son Hikaru y Fuu… Ustedes son mis mejores discípulas, la mejor prueba de que el alumno puede superar al maestro. El crecimiento que han tenido desde que llegaron aquí ha sido increíble. Ustedes tres son como mis hijas, mí mejor obra…- Umi sintió que el corazón se le partía en mil pedazos. ¿Su hija? ¡Por supuesto! ¿En qué cabeza cabía que el gran mago se fijaría en una niña tonta y caprichosa como ella?
Se puso de pie rápidamente, conteniendo las ganas de llorar.
-Creo que iré a dormir… me ha dado un poco de sueño… Bueno noches, Clef.- dijo, haciendo una pequeña reverencia. Sin más salió de la sala de su trono. Al cerrar la enorme puerta, las lágrimas que con tanto esfuerzo había contenido, fluyeron libremente. Se sentía muy estúpida. Corrió hasta su habitación. No quería que nadie la vea en ese estado. Ella, la valiente y fuerte guerrera de Ceres, claro que nadie debía verla en ese estado.
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No había podido dormir en toda la noche. Las pesadillas se lo habían impedido. No, no eran pesadillas. Eran visiones. Visiones de algo que estaba muy cerca. Más cerca de lo que había imaginado. Había estado orando frente al fuego sagrado. Y había visto otras cosas. La luz dorada. Estaba presente en cada una de sus visiones. La destrucción. El final de todo. Y un nuevo comienzo. ¿Una nueva oportunidad? No lo sabía. Lo único que sabía era que todas las visiones la llevaban allí, a esa torre. Caminó por la peatonal del centro. Hacia allá, adónde sus visiones apuntaban. Atardecía, pero la luz del sol aún alumbraba su camino.
Se detuvo a escasos metros a la entrada a la torre. Siempre había sentido que allí había una energía especial. La Torre Tokio era un lugar mágico, un lugar donde todo era posible. No en vano existían cientos de historias de gente que había visto cosas allí. Fantasmas o almas errantes. O hasta ovnis desde su mirador. Quizás allí había una energía especial que permitía que cosas extrañas sucedan. Quizás allí había un portal hacia otra dimensión. Observó hacia arriba, como queriendo alcanzar a ver, desde allí, la cima de la Torre. Una sensación extraña la invadió. Una poderosa energía surgía de ese lugar. Ante sus ojos pudo ver aquella luz dorada, la luz de su sueño. A su alrededor, la gente seguía en sus asuntos, sin siquiera inmutarse. Al parecer solo ella podía verla. Corrió hacia la torre a toda velocidad, logró entrar y subir al ascensor en cuestión de minutos. Y llegó al mirador cuando la luz comenzaba a desvanecerse. Jadeó, cansada por la corrida. Observó a su alrededor, la gente que visitaba la torre ese día no había notado aquella luz, ni esa presencia. Recorrió el mirador con la vista. Y allí las vio. Las tres jóvenes observaban por el ventanal con cierta melancolía. La luz, la torre y, ahora, ellas. No podía ser una casualidad. Las casualidades no existían. ¿Qué hacían ellas justo en el lugar en el que había aparecido aquella luz misteriosa? ¿Qué tenían que ver ellas con esa energía?
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La noche se había hecho presente, las estrellas brillaban con intensidad, haciendo que las luces no fueran necesarias. El futuro rey observaba el cielo en silencio, sentado en las escalinatas que daban a uno de los jardines más grandes y hermosos. Hacía apenas unas horas que ella había vuelto a su mundo, y ya le pesaba su ausencia. ¿Por qué todo tenía que ser tan difícil? ¿Por qué ella no podía quedarse a vivir con él, a ser su reina? Ella sería una magnífica reina, no como él, que, con frecuencia, se escondía por los rincones del palacio para evitar las clases o sermones de Gurú Clef. Pero ella seguía insistiendo en que debía terminar el colegio, en que aún era menor de edad, que no podía dejar su casa y a su familia, así como así. Menor de edad. Ni siquiera sabía lo que eso significaba. En la Tierra la vida era demasiado complicada. En Céfiro, bastaba con amar a alguien para decidir compartir tu vida con ese alguien para siempre. ¿Por qué en la Tierra las cosas no eran así? Suspiró.
El joven de cabellos castaños se acercó a él. A menudo solía salir a ese jardín cuando necesitaba pensar, o tomar un respiro. El jardín era tan grande que estando en él hasta podía sentir que estaba en algún bosque de Céfiro, en los cuales solía esconderse con sus amigos, para que la gente de los pueblos no se asuste de ellos. No le sorprendió encontrarse con su amigo allí, sabía a la perfección que Ferio también solía salir a ese jardín cuando necesitaba escapar de su constante entrenamiento para ser rey.
Se sentó junto a él en las escalinatas. Ferio sintió su presencia, aun así, siguió observando el cielo estrellado.
-Me preocupa Umi…- dijo Ascot, después de un largo silencio de ambos. Hacía tiempo que los dos se juntaban por las noches a contarse sus problemas. En los últimos tiempos se habían vuelto muy buenos amigos. Ferio hasta solía darle consejos para que el tímido palu pueda declararle sus sentimientos a la guerrera. Consejos que Ascot nunca seguía. Ferio bajo la mirada y la fijo en algún punto del verde césped. - En realidad, me preocupan las tres.
-Ella… ¿te ha contado? - preguntó, aún sin mirar a su amigo. Ascot abrió los ojos con sorpresa.
El mago supremo pasaba por el pasillo que llevaba a esa salida al jardín, cuando sintió la presencia de sus discípulos. Algo en sus adentros le dijo que debía saber en que andaban esos dos. Estaba un poco alejado, no llegaba a escuchar lo que decían, así que usó su magia para saber de qué hablaban.
-Fuu… Me contó que han pasado cosas extrañas en la Tierra. Que han tenido que luchar contra monstruos… Cosas que, a menudo, no pasan en su mundo… También me preocupo por ellas.
-Le dije a Umi que iría con ella… Que quiero protegerla.
- ¿En serio?
- Si algo le pasará… Yo no podría soportarlo… Iría tras ella hasta el fin del mundo…
- También yo, hermano…
-Quisiera que hubiera una forma de ir a Mundo Místico… Pero nadie más que ellas y Gurú Clef pueden abrir el portal…
-Y qué hay de ti… eres el preferido, después de Zagato,… Gurú Clef te enseña sus hechizos.
- ¡Claro que no, Ferio! Aún tengo mucho que aprender, jamás podría. Y sé que Umi jamás me llevaría con ella.
- Quizás podamos escabullirnos la próxima vez que ellas vengan.
- Es una locura… Gurú Clef te entrena para que tomes el trono… ¿Te imaginas cómo se pondría si de repente desapareces?
- ¡Al diablo el trono! ¡Y Gurú Clef también! Nada me importa más que mí princesa… - desde donde estaba, a unos cuantos metros de allí, Gurú Clef sintió unos deseos enormes de estampar su báculo en la cabeza del joven rey. Una gota de sudor resbaló por la cabeza de Ascot
-Tal vez no debí sacar el tema…- suspiró. - Ir tras Umi era una locura mía, no era me intención que quieras sumarte a mí idea.
-Siento que he sido muy egoísta… he presionado a Fuu para que se quedará en Céfiro, para que sea mí reina… Jamás he pensado en que ella tiene toda su vida allá, su familia, sus amigos…
-Hermano, si Umi llegará a sentir la mitad de lo que yo siento, no me importaría dejar todo aquí para irme con ella. - Ferio observó a su amigo. Notó que sus ojos se llenaban de lágrimas. Tocó su hombro como intentando darle ánimos. Estaba seguro que, algún día, Umi se daría cuenta del hombre que tenía a sus pies y llegaría a amarlo como él a ella.
-Umi no tiene ni idea de lo que se pierde… Tal vez deberías decirle lo que sientes…
-Estuve a punto de hacerlo, pero no pude… Estuve a punto de besarla, pero ella huyó de mí… La verdad es que a mí no me importa si ella ama a alguien más… sólo quiero protegerla…
-Hermano…- Ascot se puso de pie rápidamente. Sorprendiendo hasta al mismo Gurú Clef, que seguía escondido detrás de una columna. El mago se apresuró a dar la vuelta en la esquina del pasillo, para que ni Ascot ni Ferio puedan ver qué escuchaba su conversación.
-Creo que iré a dormir, es tarde… y mañana temprano Gurú Clef estará tocando mí puerta para el entrenamiento matutino… Tú deberías hacer lo mismo.
-En un rato… la noche está muy hermosa… no tengo ganas de entrar…
Ascot saludó a su amigo y caminó por el pasillo, en dirección hacia el lugar en el cual Clef había escuchado cada una de sus palabras. Al doblar en la misma esquina, se encontró con su maestro, quien esperaba pacientemente por él.
-¡Gurú Clef!
-Ven conmigo, Ascot. - dijo con un semblante serio. Sin decir más, dio media vuelta y comenzó a caminar. Ascot tragó saliva y caminó tras él. Llegaron hasta la sala del trono, sin mencionar una sola palabra. Gurú Clef se paró delante del trono, entonces volteó a ver a su discípulo con ese mismo semblante serio y algo melancólico.
- ¿De verdad... estarías dispuesto a ir a Mundo Místico... por ella? - Ascot tragó saliva, nervioso. Su corazón comenzó a latir con fuerza. Él había escuchado su conversación. Él estaba preguntándole hasta donde era capaz de llegar por ella. Quizás esto último lo incomodaba un poco más. Sabidos eran sus sentimientos hacia la guerrera de Ceres, todo Céfiro lo sabía, el mago supremo no era la excepción. Pero ¿y él? ¿Qué sentimientos tenía el mago supremo por la guerrera? Ascot siempre había sentido que Gurú Clef tenía un trato especial para con ella. Así como tenía muy en claro que Umi se desvivía por él. - Lamento haber escuchado su conversación. - se apresuró a decir Gurú Clef, como si estuviera leyendo su mente.
-Gurú Clef...
-Ascot... abriré el portal para ti.
- ¿¡Qué!?- preguntó Ascot, totalmente sorprendido.
- Quiero pedirte un favor... Quiero que la protejas... que las protejas... Necesito que vayas a Mundo Místico y estés con ellas... Puedes llevarte a Ferio contigo, sé que nadie mejor que ustedes dos para protegerlas.
- ¡Entonces, es cierto! ¡Algo malo está pasando! ¿Verdad? ¡Y tú lo sabes!
- No estoy seguro de que es lo que está pasando, o qué es lo que va a pasar, por eso no les he dicho nada... Lo que sí sé es que no es que no ha de ser nada bueno. Confío en ellas, sé que son fuertes, pero no sé qué tan bien funcionen sus poderes en su mundo, por eso te lo estoy pidiendo.
- Iría hasta el fin del mundo por ella, haría lo que sea por protegerla. - se apresuró a decir el palu, casi sin pensar. Luego, sus mejillas se sonrojaron. Gurú Clef bajó la mirada, para evitar mirar a los ojos de su discípulo, como si sus palabras le dolieran.
- Eres fuerte, Ascot... Tienes un gran talento, el mejor alumno que he tenido, desde Zagato. Pero aun tienes mucho que aprender. Usar tus poderes en Mundo Místico no será tarea sencilla, allí las reglas del juego son diferentes... No estoy seguro de que puedas convocar a tus criaturas allí...
- Aun así, daré todo de mi...
-Muy bien... Mañana, al atardecer, los quiero a los dos aquí.
- ¿Al atardecer? ¿No podría ser ahora?
- El atardecer es el mejor momento del día para abrir el portal.
-De acuerdo... Estaremos listos para el viaje. - Ascot hizo una pequeña reverencia ante su maestro y luego dio media vuelta, dispuesto a retirarse.
-Espera...- Ascot detuvo su paso, pero no volteó. - Ella te necesita... No sólo para que las protejas. Sé lo mucho que significa para ti...- Ascot cerró sus ojos y apretó sus puños. ¿Qué demonios estaba tratando de decirle? ¿Acaso se la estaba sirviendo en bandeja? Si ella lo amaba a él. Umi no era un juguete, le molestaba que él quisiera decidir por ella. No respondió, prefería no preguntarle que quería decir, temía no poder guardarle el respeto que su maestro merecía. Siguió su camino hasta salir de la habitación.
Gurú Clef lo observó salir. Sentía una profunda tristeza en su corazón. Por alguna razón no podía evitar sentir celos con el sólo imaginarla en los brazos de Ascot. Pero, sin dudas, era lo mejor. El muchacho se la merecía... mucho más que él.
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¡Ay! El amor, el amor... Umi y su eterno triángulo amoroso. Este capítulo fue muy "azul", ¡lo siento! ¿Se nota mucho quien es mi guerrera preferida? La verdad es que me gusta escribir sobre los desastres amorosos de Umi porque su vida amorosa fue la más dejada de lado por las CLAMP. Todos sabemos de los sentimientos de Fuu hacia Ferio, y viceversa. Y hasta Hikaru y Latis se han llegado a confesar lo que sienten. Pero con Umi fue diferente, nunca se supo con exactitud si el gran Gurú estaba enamorado de ella. Y, pues, la verdad, creo que se me complica un poco escribir de relaciones perfectas y tampoco tengo ganas de meter terceros en discordia en las relaciones de Fuu y Hikaru, por eso no escribo mucho de ellas, se me hace más interesante el eterno histeriqueo de Umi entre sus dos niños-hombres. XD
Bueno, tampoco se resolvió nada en este capítulo ¿verdad? Aunque al parecer la Tierra y Céfiro están más conectados de lo que imaginábamos. ¿Creen que las guerreras mágicas tienen algo de responsabilidad por las inclemencias del clima? ¿Qué creen que pensarán las chicas al ver a sus amigos en su mundo?
En los próximos capítulos
*°• Minako piensa que Umi, Hikaru y Fuu son las responsables de los extraños acontecimientos en Tokio.
*°• Conoceremos a la mujer que está detrás de esos extraños sueños
*°• Y sabremos un poco más acerca del padre de Clef
¡Espero sigan del otro lado de la pantalla!
