Buenas y sean bienvenidos a un nuevo capítulo.

Gracias por tu review, pajaritodelalma. ¿Risitas? Creo que es "rositas", ¿no? ¡Qué coincidencia!

Ahora, a leer:


Capítulo 10

Esforzarse por nada

Bill no quería ofrecer una escena frente a sus secuaces y, por la furia que sentía, él hizo que esa chica de mechón pintado levitara para arrojarla con violencia hacia el "clóset de metal". Aquel le siguió para encerrarse en ese lugar y así poder arreglar el problema con ella a solas, dejando con incertidumbre a los demás. Por su parte, ellos nunca lo habían visto a su líder reaccionar de esa manera, atacando a uno de los suyos, y mostrando su fuerte poder de telequinesia que, hasta el momento, él no lo exhibió. A pesar de que sentían cierto temor, ellos querían saber qué sucedía del otro lado de la puerta, de modo que se fueron acercando en silencio. No se pudo oír bien lo que aquellos dos decían, por más que gritaban, sin embargo, estaban seguros de que tenían una fuerte discusión. No sólo eso, también se escuchaba sonidos de objetos golpeándose, con lo que esos dos salieron de la ducha descontaminante para ponerse a luchar en el área de las capsulas. Aquel grupo de curiosos que pegaban sus orejas a la placa metálica, estaban atentos para poder seguir la conversación, no obstante, por culpa del ruido y de la lejanía, ellos no entendían nada.

—Esperen —interrumpió el Cambia-formas a sus colegas que empezaban a quejarse y pelearse por un buen lugar—. ¿Para qué tratar de oírlos, si podemos verlos por las cámaras de vigilancia?

Todos se agolparon frente a los monitores y recién ahí ellos comprobaron que acertaron con la pelea, lástima que no había servicio de audio. Pese a ese inconveniente, el espectáculo de por sí ya era impresionante, y el rubio destacaba porque se lo veía muy furioso, obligándole a Tambry a esquivar los ataques en su mayoría. Por unos momentos, los contendientes se dedicaban sólo a discutir, provocando la bronca entre los espectadores que no les quedaba otra más que tratar de leer los labios. La situación se dio vuelta cuando la fémina acorraló al otro con altos muros de fuego, y no se sabía si aquella iba a carbonizarlo vivo. Por fortuna, para los testigos, eso no tuvo lugar, ya que el prisionero escapó al romper un caño de agua que se situaba en el techo, el cual no sólo apagó esas llamas, sino que mojó toda esa parte de la cueva. El agua no alcanzó a causar una inundación debido a que el triángulo arregló rápido la tubería, al ver que la otra permaneció quieta. Otro indicio de que el enfrentamiento finalizó fue que Pyronica empezó a correr hacia la salida, sin importarle el suelo mojado y resbaladizo, continuando así hasta abandonar el bunker.

—¿Hay por aquí alguna toalla? —preguntó Lee a sus compañeros que parecían estar asustados, y al no obtener una respuesta clara, él fue en busca de lo que necesitaba, sin muestras de enojo.

—Señor Clave —comenzó a decir Número Tres, con voz entrecortada—, ¿está todo bien ahora?

El endemoniado dejó de secarse con una vieja toalla que encontró para lanzar una fría mirada a sus esbirros, logrando que ellos dieran unos pasos atrás del susto que los invadió. De repente, él sonrió y respondió que no deberían preocuparse por lo que acababa de pasar. Mientras que ese chico se quitaba el abrigo y la camiseta empapados, aquel explicó (sonando algo aterrador) que eso volvería a suceder si alguno se creía más de lo que era. Además, agregó que no utilizó todos sus poderes, haciendo más que obvio que no había que meterse con él de ninguna manera. Bajo ese clima de temor, las cosas cambiaron al instante al percibir algo inusual, algo que asombró a ese grupo de extrañas criaturas. Nadie era capaz de dirigirle la palabra al jefe, y aquel sintió que había cierta inquietud en sus aliados, por lo tanto, preguntó bruscamente qué era lo que estaba pasando. Ninguno de los presentes quería decir la verdad, excepto Giffany, la cual se creía tener cierta inmunidad por ser la novia del cabecilla, e informó a su amado que se le veían unas raras marcas en su espalda. De inmediato, él recordó algo y fue por completo inútil tratar de vérselas.

—¿Qué tan raras son? —preguntó Bill intranquilo y, a falta de un buen espejo, intentó palparlas.

—Hay un gran círculo —habló el barón, luego de que él y sus socios se acercaron a examinar; el adolescente quería mantener una distancia, pero dejó que continuaran—, con muchos dibujos.

—¿Qué esperas, Cambia-formas? ¡Conviértete en mí para que lo pueda ver! —ordenó gritando.

Dicho y hecho: aquel hombre medio viejo se transformó en una copia perfecta de Lee, y aunque aún le parecía un poco extraño lo que estaba haciendo, el demonio se apresuró en observarle la espalda. Él tenía razón para preocuparse, sólo que no esperaba a que sucediera tan pronto; ahí sobre su piel había evidencia de que el terror de Gravity Falls había vuelto. Estaba bien dibujada su verdadera apariencia junto con los símbolos que representaban su amenaza. Desde luego fue sorpresivo para la bestia de un solo ojo, a pesar de que ya sabía que surgían escrituras en la piel en los poseídos después de un tiempo. Él nunca había estado tanto tiempo habitando un mismo cuerpo y fue por eso que comenzaban a aparecer algunos efectos secundarios. Mientras que él estaba reflexionando sobre este nuevo problema, los demás relacionaron los diez símbolos con los dibujos de la tabla y, a su vez, con las diez víctimas que tenían que encargarse. Al final, aquel de ojos amarillos volvió a la realidad comentándoles a los demás que había que darse prisa con el plan de venganza, antes de que sigan presentándose más pistas que revelarían su identidad.

—Giffany, nos vamos —dijo él luego de dictar unas ordenes, mas siempre se lo notaba reflexivo.

A partir de ahora él debía esconderse más, y por poco Nate estuvo cerca de descubrir la verdad. Había que actuar con cierta precaución con ese amigo que ya empezó a sospechar, y alejarse de él no era una opción: debía seguir con el papel de mejores amigos. Quedarse así de serio no era su modo de ser, así que se dio ánimos porque no tenía que complicarse la vida, para todo había una solución; no más tenía que tener cuidado a la hora de la práctica deportiva. La chica que iba en su teléfono lo animaba también, haciéndole la promesa que lo ayudaría en lo que fuera. Eso hizo que él volviera a sonreír como de costumbre y una idea cruzó por mente, por si las cosas no salían como esperaba. Él carcajeó por la ocurrencia y además porque se preocupó tanto por una tontería, y ahora mucho más confortado, regresó más pronto a su casa. Cuando por fin llegó a la habitación, recién ahí atendió sus heridas producto de la pelea, las cuales eran un par de golpes, unos arañazos e incluso unas quemaduras. Aquellas no eran para nada graves ya que su ropa se llevó la peor parte, tanto que se asemejaba a las que se pondría un zombi. Su novia sólo miraba.

—¿Por qué no me explicas qué sucedió con esa chica? —rompió el silencio la del videojuego con una voz tranquila que indicaba curiosidad, algo que hizo que aquel otro no la mandara al diablo por chismosa—. No alcancé a escuchar lo que decían, pero creo que estuvo bien que pelearan.

Él le contó la verdad: que aquella malentendió la situación, que se creyó que tenía una relación y no era cierto. Ahora Tambry se sentía desplazada por alguien que se le adelantó y lo tenía muy bien merecido, por no estar concentrada con su tarea. La expresión de la universitaria cambió al oír que tenía cierta competencia y, antes de lanzar una amenaza, el joven le pidió que no la vea como su enemiga, que la dejara en paz para que pudiera hacer su trabajo. Desde la pantalla, ella prometió obedecerlo, y ya había pruebas suficientes para confiar que entre ellos no podía haber nada. Antes de irse a descansar después de una pelea agotadora, Clave le ordenó a la muchacha virtual que se infiltrara en el teléfono móvil de una de las víctimas y que indagara quienes eran sus amigos más cercanos. Ella asintió sonriendo y, en un segundo, ya no se la pudo ver más en el monitor, dejando solo al chico alto quien se arrojó sobre su cama para poder dormir. Su cuerpo robado quedó exhausto, sin embargo, su forma original tenía pura energía y fue a encargarse de alguien que no tenía toda la atención que se merecía, quizá tal vez porque antes fueron aliados.

—Creo que podría darle una segunda oportunidad —se decía el de tres lados mientras recorría la mente de aquel pequeño que engañó a toda una ciudad—. Será mejor que puedas ayudarme.

Durante el tiempo en que Bill atormentaba a Gideon con una pesadilla, la cual reunía lo que más le temía (un regreso a la prisión y ser rechazado por Mabel), Pyronica se sentía fatal después de la pelea. Lo que más le dolía no eran los golpes, sino el darse cuenta que aquel seguía siendo la misma bestia que sólo pensaba en venganza, ahora aún más. Ella creyó que con sus muestras de afecto, ese sujeto dejara de verla como una simple ayudante, y más como una persona especial para acompañarlo a vivir con una forma física. Ella estaba muy equivocada; creía que sería como el Raromagedón: que ni bien se conseguía algo bueno, se hacía una fiesta. No, él cambió ya que ser borrado lo afectó mucho y, por más que logró grandes avances, no significaba casi nada. Ese demonio de los sueños tenía sólo un objetivo: deshacerse de sus amenazas, al menos de la gran mayoría, y más incluiría a la familia que lo dejó en ridículo. Ella recordaba cómo aquel confesó a unos pocos amigos que fue engañado por la familia Pines y nunca se lo vio tan desdichado. Todo este tiempo, él estuvo fingiendo ser el de antes, el tipo que se divertía con la desgracia humana.

—¿Así que sólo me está utilizando? —se preguntó ella al mismo tiempo que revolvía su armario, buscando algo bueno para ponerse—. Voy a ponerlo a prueba para ver si realmente no le gusto.

A pesar de que últimamente Gravity Falls amanecía cubierta de nieve, aquella mañana Tambry se propuso a calentar un poco las cosas. Ella aprovechaba cada momento para acercarse a aquel chico gótico y besarlo con toda la pasión de la que era capaz, siempre frente a ese muchacho de cabello rubio. No todo el tiempo estaba así: ella elogiaba a Robbie durante esas reuniones en el descanso entre clases, comentando que él era tan buen músico que podría conquistar al mundo con facilidad. La de pelo teñido, la cual tenía ahora dos mechones pintados de rosa, se fijaba si su plan tenía éxito mirando de reojo y, al parecer, sí lo estaba consiguiendo. Lee se veía serio y apartaba la vista rápido ante todo comportamiento provocador, aunque ella buscaba que aquel hiciera algo más que eso. Mas él no protestaba, cosa que no ocurría con Wendy, o con el mismo Valentino que le pedía a su amada esperar hasta la salida de la escuela. Ante eso, la joven adicta al celular tuvo que bajar la intensidad, si bien, eso no significaba que abandonó su estrategia. En un inesperado encuentro a solas por los pasillos, ella tenía la oportunidad de molestarlo por fin.

—Esa chica no es real —empezó a decir en voz alta porque el otro le estaba ignorando, pasando veloz a su lado, no obstante, él se detuvo para enfrentarla—. Ella no tiene sentido y cree que…

—¿Quieres dejar de pensar en eso? —preguntó él con enfado que trataba de dominar— ¿Estás conmigo o en mi contra? Sabes bien que fácilmente puedo hacer que vuelvas por donde viniste.

Ni bien terminó de hablar, él siguió su camino dejando a su compañera paralizada del miedo. La cruel amenaza la convenció de que estuvo perdiendo el tiempo intentando inútilmente causarle celos, y admitir eso fue como si todo estuviera perdido. Desde que conoció al triángulo amarillo, ella se esforzó por ser de su agrado, por ser una buena aliada a la hora de desatar el caos, y por llegar a ser alguien especial en las buenas y en las malas. Sin embargo, miles de años se fueron a la basura y le hizo creer que aquel no tenía remedio, no era capaz de ver a los demás como otra cosa que no fueran sus esclavos. También el saber que no podía hacer nada al respecto le causó una gran devastación, ya que no podía enfrentar al mismísimo amo de las pesadillas. Sólo podía obedecer las órdenes y, como sentía que su vida en este plano estaba colgando de un hilo, optó por volver a su plan de ser una buena ayudante, esta vez no más para seguir sobreviviendo. Por eso, por desgracia tenía que mantenerse ocupada con el ex novio de la leñadora, para después acabar con él. Le resultaría algo difícil tener que actuar con alguien que no se siente nada por él.

—Espero que ella deje de ser un problema —se decía Bill mientras salía de la escuela y circulaba frente a la primaria—. Y, hablando de problemas, parece que algo anda mal con el niño Alegría.

De un respetado psíquico, pasó a ser un ex presidiario estafador y ahora a una víctima principal de los bravucones de su escuela. Era así desde que hubo muchas denuncias por niños golpeados por los matones de Gideon, que sólo buscaban defender a su compañero de la cárcel. Ese chico tuvo que despedirse con tristeza de la protección de Ojos Blancos y de los demás hombres, para que no acabaran de nuevo en prisión. Sus guardaespaldas fueron denunciados, pero él no podía hacer nada contra los estudiantes que lo molestaban o, de otra forma, rompería su promesa de renunciar al mal. Ahí estaba él, solitario en un rincón del patio, el que era despreciado por todos incluso por los adultos, que aun sentían cierto rencor por lo que pasó. La campana terminó con el recreo, y se acercaba la hora de la salida, con lo que Lee lo esperó para encontrárselo cara a cara. Él sabía que el falso vidente no tomaba el autobús, sino que esperaba a su padre para ir a casa. Esta vez, Bud estaba tardando en llegar y fue ahí donde el rubio se aproximó caminando con calma. El más joven se percató que alguien se acercaba, más bien un adolescente sonriente.

—Tratar de ser un chico como todos no fue la mejor de tus ideas, ¿cierto? —comenzó a decir él.

—¿Qué? ¿Quién eres? —preguntó el pequeño confundido y algo asustado, intentando escapar.

—Cálmate, pequeñín —hablaba y, al mismo tiempo, se arrodillaba—. Sólo me gustaría ayudarte.

¿Qué estaba haciendo? ¿Ayudar a uno de sus enemigos? El triangular intuía que era mejor tener a una de sus amenazas de su lado, en lugar de eliminarla. Sí, podría utilizarlo para corroborar la información que los clones consiguieran, en primer lugar, y luego aprovechar que aquel tenía el interés en lo oculto, para convertirlo en un alguien que cambiará el mundo. Así es, podría hacer que aquel terminara el trabajo que comenzó Ford y por fin liberar su dimensión. Era una buena idea, lástima que aquel infante cada vez se asustaba más y eso lo llevó a salir corriendo, como si estuviera frente a un monstruo. Eso era algo que el poseído no esperaba, de modo que optó por insistir y siguió sus huellas, aunque tan difícil no era porque ese torpe no estaba en condiciones. Debido a que pronto lo alcanzarían, el antiguo dueño de la Tienda de la Telepatía cruzó sin ver la calle, si bien sí notó muy tarde que un auto estaba a punto de atropellarlo. Un fuerte tirón logró apartarlo de su viaje al hospital, y el conductor frenó de repente y salió para asegurarse si todo estaba bien. El héroe fue ese muchacho de pelo largo, y casi ese automovilista arrolló a su hijo.

—¿Qué pasó? ¿No te hiciste daño? —preguntó muy preocupado el vendedor de autos usados a su retoño que se encontraba en shock, y luego se fijó en el sujeto—. Oye, gracias. ¡Lo salvaste!

Cuando ya todos dejaron atrás el susto, el albino quería explicar lo que sucedió realmente, mas no lo permitía su padre porque él estaba tan agradecido que invitó a ese flacucho a su casa. El que tenía diez años se sentía algo inquieto por tener cerca a ese misterioso joven, quien viajaba a su lado en el asiento trasero del auto. Fue por eso que, ni bien llegó a su casa, fue directo a su habitación para no tener que seguir viéndolo. A su padre mucho no le importó, creía que estaba cansado después de tanta emoción, y fue con su esposa a contarse la historia. Él no llegó hasta la cocina, ya que ella ya venía con unas tazas de café y ahí se enteró de lo sucedido. Ahora fue el turno de ella para agradecer y, en ese momento, el triángulo notó que ella parecía normal, lejos de ser esa persona traumatizada. La visita pasó unos minutos con ellos charlando, hasta que vio que ya era hora de pasar a la acción. Él los interrumpió avisando que ya tenía que volver a casa, aunque no quería irse sin antes despedirse de Gideon, y le permitieron ir a buscarlo a su cuarto.

—Amigo —dijo después de tocar y pasar—. No me veas como un enemigo. Te salvé la vida, ¿no?

—No sé qué pensar —respondió él con tristeza, recostado sobre la cama—. Todo me sale mal.


Pasen por reviews, ¿sí? Los comentarios me hacen bien de verdad.