Capítulos VII

"Conexión"

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·٠•● Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ ●•٠·˙˜"*°•.En capítulos anteriores·٠•● Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ ●•٠·˙˜"*°•

*°• Un extraño sueño atormenta a nuestra princesa. Rei tiene un mal presagio. ¿Puede ocurrir un nuevo despertar de Sailor Saturn? Tal como en las visiones, una extraña luz dorada surge de la Torre Tokio, ¿acaso son nuevos enemigos?

*°• Mientras el clima se vuelve extraño, las Sailor comienzan a sospechar de esas tres extrañas niñas que parecen tener poderes mágicos. Más aun cuando una extraña criatura aparece en la ciudad y ellas logran derrotarla usando unas reliquias samurais obtenidas en una tienda de antigüedades.

*°• En el extraño encuentro, Hikaru, Umi y Fuu descubren que sus compañeras de clase son guerreras. ¿Son ellas las protectoras de la Tierra?

*°• Haruka y Michiru temen que la profecía de la que saben hace tiempo este por cumplirse.

*°• Mokona ha abandonado Céfiro. Tras varios días desaparecida hace su aparición en la Tierra frente a un misterioso hombre que parece conocer todos sus secretos. ¿Quién es él? ¿Qué relación tiene con aquella vieja profecía?

*°• Las Sailor revelan su identidad al transformarse frente a las Guerreras Mágicas.

*°• Gurú Clef le cuenta a Umi que existe una conexión muy profunda entre la Tierra y Céfiro. También le revela que sus poderes existen independientemente del mundo en el que se encuentren.

*°• Ascot y Ferio deciden ir a Mundo Místico para proteger a las Guerreras Mágicas.

*°• Rei presencia la apertura del portal en la Torre Tokio, justo en el momento en que Hikaru, Umi y Fuu regresan a Tokio.

¡Esto se está poniendo interesante! Veamos si las cosas se pueden complicar aún más. ¿Cómo tomarán nuestras guerreras la visita de sus amigos cefirianos?

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Era el final de un nuevo y largo día escolar. Las tres jóvenes caminaron desde la preparatoria Juuban hasta el parque que quedaba a unas pocas cuadras allí. Minako y Rei las seguían a paso lento, poco más de una cuadra detrás. No querían arriesgarse a que ellas notaran su presencia. Minako se sintió agradecida de que la rica heredera decidiera no usar su coche ese día, de haber sido así se les hubiera dificultado demasiado seguirlas. A esa altura del mes se había acabado toda su mesada, no hubiera podido tomarse un taxi. Aun así, sentía que no estaban haciendo lo correcto. Ellas lo notarían, sabrían que estaban siguiéndolas, después de todo, ellas también tenían poderes. Suspiró.

-No sé cómo deje que me convencieras de esto.

-Porque tú también desconfías de ellas…

-Cierto… pero debe haber otra manera… ¡Nos descubrirán!

-Si sigues hablando tan fuerte, claro que lo harán…

-¿Estás segura? ¿Seguro que no lo soñaste?

- ¡Claro que, Mina! Eran ellas… esa luz… Estoy segura de que ellas…- Reí observó como las jóvenes entraban al inmenso parque, que era una especie de pulmón ecológico en medio de la ajetreada metrópoli. - ¡Rayos! De verdad creí que irían a la Torre Tokio…

-Pues… ya estamos aquí... Me interesa saber que hacen esas tres cuando están juntas y solas...

ஐ.

Se sentaron en el césped, a la sombra de un gran árbol de cerezo repleto de hojas verdes. Umi llevaba una lonchera con algunas cosas dulces que había preparado para sus amigas. Amaba la repostería, siempre que estaba triste, preparar algo dulce le hacía sentir mejor. Casualmente esa había sido la razón por la que había pasado gran parte de la noche anterior cocinando. Sin embargo, las cosas dulces no eran tan de agrado, por esa razón siempre terminaba llevando lo que cocinaba a sus amigas.

-Estuvo delicioso. - dijo Hikaru, luego de probar cada una de las cosas que Umi llevó. - Es un hermoso día. - Se puso de pie, tocando su estómago, había comido demasiado, ella realmente amaba las cosas dulces. Entonces, el medallón que llevaba debajo de su camisa salió a la vista. - Parece mentira que llovió toda la noche de la manera en que lo hizo. - Fuu no puedo evitar reparar en el medallón, que ya había visto con anterioridad en el cuello de Hikaru.

-Hikaru... ese medallón... ¿Acaso es...? - Hikaru tomó el medallón con ambas manos, mientras sus mejillas se teñían de rojo.

-Latis quiso que lo tenga... dijo que me protegería...

-¿Le has contado?

-Pues... yo... No todo en realidad...

-Está bien, también le he contado algo a Ferio...- Fuu suspiró. Ambas guardaron silencio durante algunos minutos. - Gurú Clef... ¿Acaso no tienen la sensación de que nos estuvo evitando todo el fin de semana? - Umi abrazó sus piernas, incómoda, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.

-Le pregunté a Latis sobre el portal... no me dijo mucho...- Hikaru volvió a mirar al cielo, mientras estiraba sus brazos, aun de pie.

-Hikaru, ¿te das cuenta? - Hikaru volvió a mirar a su amiga. - El medallón... Cuando volvimos, el medallón regresó con Latis, así como la primera vez que regresamos, la piedra que me obsequio Ferio regresó con él... Pero ahora... - Hikaru volvió a sentarse en el césped, mientras Umi abría los ojos sorprendida ante las conjeturas de Fuu. "Una conexión profunda entre ambos mundos", fueron las palabras de Clef. ¿Acaso era por eso?

-Es cierto... no lo había pensado... Aquella vez, el portal quedó cerrado definitivamente. Por más que lo deseamos más de una vez, no tuvimos ningún tipo de contacto con Céfiro durante un año... Hasta aquella vez, cuando vimos una imagen de Céfiro en el cielo de Tokio. En ese momento, ambos mundos quedaron conectados, aunque todavía no lo sabíamos...

-Y cuando logramos abrir el portal, días después, esa conexión se hizo permanente, por esa razón ahora podemos transportarnos cada vez que lo deseamos.

-Y, quizás por eso... el medallón está aquí conmigo...

-¿Será posible que esos monstruos hayan atravesado el portal como lo hizo el medallón? - Fuu se llevó la mano al mentón, como lo hacía cada vez que sacaba conjeturas. Umi sintió que la piel se le estremecía. Fuu acababa de hacer la pregunta que las tres se estaban haciendo desde hacía unos días, pero que ninguna se animaba a poner en palabras.

-¿Qué te ocurre, Umi?- preguntó, de repente, Hikaru, tomando por sorpresa a la joven de cabellos celestes.

-Estoy bien... no se preocupen...

-No es cierto... tienes los ojos hinchados... ¿has estado llorando? - Hikaru apoyó su mano en el hombro de su amiga.

-Has estado extraña desde ayer… Esperaba que nos digas algo tú... Sabes que puedes contarnos. - Umi suspiró, intentando calmarse, pero ya no pudo contener sus lágrimas.

-Ayer… intenté decirle a Clef lo que siento…- dijo llorando. Ni Hikaru ni Fuu se animaron a interrumpir, a pesar de que tenían cientos de preguntas. Aunque, claro, las respuestas estaban más que evidentes en las lágrimas de su amiga. - Me trato como una niña… me dijo que era como una hija para él.

-Umi…

-Fui una tonta al pensar que él podría fijarse en alguien como yo… - Hikaru se apresuró a abrazarla, mientras las lágrimas de Umi caían sin cesar.

-No digas eso, Umi.- dijo Fuu, moviendo su cabeza de un lado a otro.- Siempre es mejor saber… aunque duela…

ஐ.

A unos cuantos metros de allí, Minako y Reí observaban, paradas junto a un árbol, aunque sin poder escuchar lo que decían. Reí suspiró, decepcionada. Seguirlas había sido una pérdida de tiempo, ellas no habían hecho nada que tres chicas de preparatoria no hicieran. El sol se estaba escondiendo en el horizonte, se hacía tarde, estar allí no tenía demasiado sentido. Estaba a punto de anunciar la retirada cuando sintió una poderosa energía detrás de ella. Volteó bruscamente, intentando ver de qué se trataba, pero sólo alcanzó a ver una criatura blanca que se escabulló entre los árboles. Quizás era una paloma o alguna otra ave.

-¿Qué has sentido, Reí?- pregunto Minako.

-Alguien nos observaba… sentí una presencia muy poderosa.

Desde la cima del árbol, la criatura con orejas de conejo observaba. La perla que llevaba en su frente comenzó a brillar en un color rojizo. Luego dio un brinco y se alejó del lugar. Con eso sería suficiente para mantenerlas ocupadas.

El monstruo saltó desde la copa del árbol en la que Mokona había estado observando. Tenía un cuerpo humanoide, con enormes garras en lugar de manos y pies, media unos dos metros y era de un color grisáceo, con una enorme cabeza con dos cuernos y afilados dientes en su boca. Lanzó un fuerte gruñido que alarmó a todos los presentes. La gente que se encontraba en la plaza comenzó a huir, asustada.

-No puede ser…- dijo Minako. - mientras observaba como la gente huía.

Hikaru se puso de pie rápidamente.

-Otra vez… - susurró, mientras Umi y Fuu se paraban también. Umi secó sus lágrimas. Antes de que pudiera decir algo, la criatura se abalanzó sobre ellas. Umi, Hikaru y Fuu apenas pudieron esquivar su ataque.

- ¡Flecha de fuego! - gritó Hikaru para detener a la bestia. Unos cuantos metros de allí, Minako y Reí observaban, sorprendidas. Habían luchado contra criaturas malignas de todo tipo, pero nunca habían visto algo como eso. Reí estaba algo confundida, estaba segura de haber sentido una presencia detrás de ella, desde allí provenía esa bestia, pero había pasado a su lado y ni siquiera les había prestado la más mínima atención, por el contrario, parecía haber ido directo hacia esas extrañas chicas. Se apresuró a sacar su pluma del bolsillo de su camisa, cuando Minako le cruzó su brazo por delante.

-Espera.

-Pero Mina….

-Observemos que son capaces de hacer…

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Esperaba sentado pacientemente en un banco del parque, ese parque que era tan especial para ellos, el que era el punto de encuentro siempre, el mismo en el que habían conocido a quien sería su hija en el futuro. Ella estaba atrasada, para variar. Pero ya más de lo que acostumbraba. Se puso de pie al ver que llegaba corriendo.

- ¡Lamento llegar tarde! - dijo, y luego le dio un tierno beso en los labios. Él sonrió.

- Nunca cambias, Usako.- Pero así la amaba. Divertido, la tomó por la cintura, levantándola del suelo para ponerla a su altura y le dio un apasionado beso. Usagi rodeó su cuello con los brazos. Llevaba su ambo, tenía un par de horas antes de empezar su guardia en el hospital de Tokio, donde hacía su residencia. Separó sus labios de los de ella cuando sintió que necesitaba tomar aire. - ¿Adónde quieres que vayamos? Tengo tiempo para ver ir al cine, o quizás a tomar un café o un helado.

-Adónde tú quieras... lo único que quiero es estar contigo... me da igual en donde estemos...- Mamoru sonrió. La realidad era que él pensaba lo mismo. Daba igual adonde vayan, mientras lo hagan juntos. Volvió a besarla en sus labios. En ese momento, una poderosa energía los rodeó, pudo sentirla. Abrió los ojos hasta que casi se salieron de sus órbitas. Se separó de ella inmediatamente. La observó. Ella también pudo sentirlo. Sintió la risa de una mujer a sus espaldas. Usagi volteó de prisa. Allí estaba. Era la silueta gigante de una mujer, tal como en sus sueños, sus cabellos eran largos y ondulados.

-Gusto en conocerte... Sailor Moon. - dijo la mujer. A Usagi se le heló la piel. - O, mejor dicho... Princesa Serenity...

-¿Quién eres tú?- preguntó, dando un paso al frente, mientras Mamoru la tomaba de los hombros. En ese momento, una bola de luz dorada se formó en frente de la silueta de la mujer y, segundos más tarde, la lanzó contra ella. Mamoru se apresuró a tomarla por la cintura y, de un salto, la puso en un lugar seguro del inminente impacto. La bola de energía impactó con fuerza en el suelo, dejando un cráter en él y desapareciendo luego.

Usagi tomó su medallón y alzó su mano hacia el cielo.

-¡Por el poder del prisma Lunar!- gritó.

En tanto, Mamoru se apresuró a contactar a Luna en el centro de control, a través de su pulsera. Aquella presencia era muy poderosa, incluso para Usagi. Pero, por alguna razón, no sentía ningún tipo de energía maligna, como otras veces. Por el contrario, la sentía familiar.

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Reí observó con sorpresa como el monstruo derribó primero a Fuu y luego a Umi, mientras Hikaru, permanecía de pie, con su espada, lista para su ataque. ¿Qué rayos planeaba Minako? ¿Por qué no quería intervenir? En ese momento, la pulsera de Minako comenzó a sonar, la llamada venía desde el centro de control. Minako se apresuró a contestar. Desde el otro lado, Luna se escuchada algo preocupada.

-¡Mina! ¡Es Usagi!... - Minako y Rei se miraron, no hacía falta nada más para saber que debían ir. Minako fue la primera en salir corriendo. Antes de seguirla, Rei observó por última vez a las tres jóvenes luchando contra esa criatura. Esa criatura que las había buscado a ellas, ¿acaso había sido una distracción? ¿Alguien o algo había querido mantenerlas alejadas? ¿O acaso era algo que ellas mismas había planeado?

La criatura abrió la boca y lanzó una poderosa energía en forma de rayos oscuros. Hikaru dio un salto hacia atrás pero no logró esquivar el ataque. Los rayos la electrocutaron, cayó de rodillas al suelo, adolorida, su espada cayó a unos cuantos metros de ella. La criatura se le acercó, dispuesta a darle el toque de gracia.

-¡Dragón de agua!- la poderosa energía del agua golpeó contra la bestia, quien dio un fuerte gritó de dolor. Luego volteó a ver a la autora del ataque. Umi había logrado ponerse de pie con alguna dificultad, tenía heridas por todo su cuerpo. Ahora ella era su blanco. Se abalanzó sobre ella, atacándola con sus garras, pero ella logró esquivar una y otra vez sus ataques, hasta llegar al lugar en donde había caído su espada. Se apresuró a levantarla, pero, antes de que pudiera prepararse para atacar, la criatura volvió a lanzar esa poderosa energía. Inmóvil, Umi cerró los ojos esperando el impacto. Sin embargo, antes de que los rayos lleguen a tocarla, un joven se lanzó hacia ella, empujándola contra el suelo, y salvándola del impacto.

Umi cayó de espaldas al suelo, y el joven cayó sobre ella, quedando sus rostros muy cerca el uno del otro. Ella abrió los ojos y se llevó la sorpresa de su vida al ver de quién se trataba.

-¡Ascot!- el rostro del joven se puso totalmente rojo. Estaba encima de ella, demasiado cerca de su rostro, de sus labios, esos labios que tantos deseos le despertaban.

-Lo… lo siento…- dijo, mientras se ponía de pie. - ¿Te encuentras bien? - preguntó mientras extendía su mano hacia ella para ayudarla a levantarse.

Mientras tanto, otro joven luchaba, espada en mano, contra aquel monstruo. Fuu se ponía de pie, sorprendida al reconocerlo y Hikaru buscaba su espada para volver a la pelea.

-Es Ferio… - dijo Umi, sorprendida. Luego, observó cómo Fuu se acercaba a luchar también. Aún estaba confundida, pero tenía que ayudar. Volvió a tomar su espada y se dirigió hacia él.

-Espera, Umi…. – gritó Ascot. Ella volteo a verlo. -Los cuernos… si logras cortarlos ya no podrá atacarlos…- Ascot junto sus manos al frente y luego colocó sus palmas apuntando hacia la criatura. Una poderosa energía en forma de luz blanca salió de sus manos y la envolvió, inmovilizándola. Umi observó a su amigo, sorprendida. No tenía idea de que pudiera hacer magia, además que la de convocar a sus amigos. - ¡Hazlo, Umi!

-Si- Umi corrió hacia la criatura, dio un salto y cortó sus cuernos con su espada. El monstruo gritó de dolor. Hikaru notó que eso debilitó a la criatura por completo. Así que corrió hacia ella y, con su espada, la partió a la mitad. La bestia se desvaneció en el aire antes de tocar el piso. Umi y Hikaru se miraron entre ellas, sorprendidas.

-¡Ferio!- gritó Fuu, mientras corría hacia él.- Ferio, ¿qué haces aquí? ¡Eres el futuro rey! ¡Gurú Clef se molestará contigo cuando—Ferio se las ingenió para interrumpir los regaños de su amada besando sus labios dulcemente. Enseguida, las mejillas de Fuu se sonrojaron.

Umi volteó a ver a Ascot, quien se acercaba a ellas.

- ¿Por qué están aquí?

-Yo sólo... quería protegerte. - dijo Ascot, son su rostro rojo como un tomate y sin dar más detalle. Le había prometido a Gurú Clef que no mencionaría nada acerca de su charla con él.

-¡Oigan! Lamento interrumpir tan bonita escena... Pero, creo que estamos llamando la atención de las personas. - dijo Hikaru, al ver que las personas comenzaban a volver al parque y agolparse alrededor de ellas. Tanto Ferio como las guerreras llevaban aun sus armas en mano. Las mejillas de Umi y Fuu se sonrojaron. Umi se apresuró a mirar a Ascot y Ferio, con sus extravagantes trajes.

-Chicos... debemos hacer algo con sus atuendos...

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-¡Rayo de Venus!- gritó Minako, apenas llegaron al parque. El rayo se desvaneció al llegar a la silueta de la mujer. Ella y Reí se incorporaron a la batalla que libraban Usagi, Mamoru, Ami y Makoto. No había tiempo de preguntas, ni conjeturas. Por el rostro de sus amigas, parecía que tenían las de perder, estaban realmente exhaustas. Aquella presencia era demasiado poderosa.

De la misteriosa silueta volvió a salir una esfera de luz dorada, está vez contra las recién llegadas. Minako y Reí saltaron esquivando el ataque.

-¡Niebla de Mercurio! – gritó Sailor Mercury, con la esperanza de que la niebla desorientara a su oponente. Entonces Venus se apresuró a convocar la espada sagrada.

Empuñándola con sus dos manos, corrió a toda velocidad hacia ella y, dando un salto muy alto, intento atravesarla. Pero parecía no poder llegar a ella, era como si, cuánto más se le acercara, la silueta más se alejaba de ella. La mujer río. Había logrado reunir a las cinco guardianas de los planetas interiores, ahora sólo faltaba que las dueñas de los talismanes se hagan presente. Aun así, sus guerreras habían acabado con la distracción que había creado para ellas, no esperaba menos, después de todo, eran la reencarnación de los dioses más poderosos de su creación. Debía abandonar esa batalla lo más pronto posible, antes de que ellas se percaten de su presencia.

Una luz dorada se encendió en lo que parecía ser la frente de la mujer, llamando la atención de las guardianas. Era como una gema ovoide que desprendía gran cantidad de energía.

-Fue un gusto conocerte… Princesa… Nos volveremos a ver…- dijo, para luego desaparecer.

Las guardianas se miraron unas a otras, sin saber que decir. Tenían cientos de preguntas, preguntas que parecían no tener respuesta alguna.

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El sol ya se había ocultado en el horizonte, las tiendas del centro comercial estaban cercanas a su cierre. Fuu estaba parada frente a los probadores de una importante tienda de ropa masculina, algo impaciente, se hacía tarde y sus padres se preguntarían que andaba haciendo, y avergonzada, de sólo imaginar a Ferio probándose ropa a unos pasos de ella. Mientras, Hikaru y Umi escogían más remeras entre las opciones que ofrecía la tienda.

Después de algunos minutos, Ferio por fin salió al encuentro con las jóvenes. Llevaba unos jeans azules, una chomba verde militar y zapatillas deportivas de color blanco. Fuu se sonrojó al verlo.

-¡Te ves genial, Ferio! ¡Eres todo un galán! ¿No crees Fuu?- Se apresuró a decir Hikaru, con esa energía que la caracterizaba y haciendo que la tímida guerrera del viento se pusiera aún más roja.

-¿Y Ascot? ¿Qué tanto puede tardarse? – Umi se acercó al probador en el que antes había entrado Ascot y corrió la cortina violentamente. -Ya sal Asc—se sorprendió al ver que el joven solo llevaba unos jeans negros sin nada arriba. Las mejillas de Umi se volvieron carmesí, jamás hubiera imaginado que su pequeño amigo estuviera en tan buen estado físico, tenía una espalda musculosa y unos brazos muy fuertes. Quizás, fueron esos pensamientos los que más la avergonzaron.

-¡Umi! – Ascot volteó avergonzado, mientras jalaba de la cortina para volver a cerrar. Se apresuró a ponerse la camisa a cuadros que Umi había escogido para él, para luego salir igual de avergonzado.

- ¡Tú también te ves muy lindo Ascot! - comentó Hikaru, mientras codeaba a su (extrañamente) callada amiga. - Umi tiene un gran sentido de la moda, esa ropa que eligió para ti te queda muy bien.- Ascot se sonrojó aún más ante el comentario de la extrovertida pelirroja. Umi sonrió.

-Estas muy apuesto Ascot… tendrás que tener cuidado con las chicas aquí…- comentó Umi, divertida. – Bien, vayamos a pagar todo esto y volvamos a casa. - dijo, haciendo referencia a las prendas que llevaba en sus brazos.

La Luna estaba llena esa noche. Aunque no brillaba con la intensidad que había sabido tener. Era una noche clara, sin ninguna nube a la vista. Las tiendas del centro comercial ya habían cerrado cuando subieron al auto de Umi. Habían acordado que Ascot y Ferio se quedarían en su casa, sólo había que inventar una buena excusa para sus padres. Hikaru observó la Luna desde el auto de su amiga. Tenía un mal presentimiento, algo terrible se avecinaba, y sentía que ellas no podían hacer nada para evitarlo.

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Muchas veces he imaginado como sería la historia si fueran los Cefirianos los que visiten la Tierra, en lugar de lo contrario. ¿Qué sentirían los cefirianos al encontrarse con un mundo tan diferentes, al ver los autos y grandes edificios de las metrópolis terrestres? ¿Cómo reaccionarían antes la televisión o los celulares? Uf, creo que da para una historia completa jaja. Por lo pronto, dedicaré unos párrafos a mis conclusiones en el siguiente capítulo XD.

¿Quién es la misteriosa mujer que parece conocer muy bien a Usagi? ¿Qué tiene que ver Mokona en todo esto? ¿Por qué las Guerreras Mágicas son llamadas a buscar los talismanes?

¡No se pierdan el próximo capítulo!