Saludos, valientes lectores, y bienvenidos a un nuevo capítulo.
Gracias pajaritodelalma por tu review. No hay problema y, menos mal, que llegó tu comentario a tiempo. Realmente aprecio que leas y comentes.
En cuanto a los demás, no pido mucho, sólo un "sigue".
Bueno, ahora sí a seguir con la historia:
Capítulo 11
Es… complicado
Gideon fue sorprendido por un chico misterioso que decía que estaba ahí para ayudarlo y, por supuesto, que él no confió en sus palabras. Por qué le sucedían estas cosas, se preguntaba, más intentando ser una buena persona y eso hacía que se confundiera. Aquel joven lo acorraló hasta su habitación y sin más le preguntó por qué quería ayudarlo, justo a él, alguien quien estuvo en la cárcel y que aún es odiado por el pueblo. La respuesta también le asombró: explicó que sintió lástima al presenciar ese maltrato y por eso sólo quería arreglar sus problemas. Aunque sonaba milagroso, el de pelo blanco sentía que algo no iba bien que, a pesar de que era la primera vez que lo veía, ese sujeto le resultaba familiar. El niño quería saber con quién se estaba metiendo y, antes de empezar con la indagación, el adolescente se despidió de él anunciando después que pronto se volverían a encontrar. Lee se iba sonriendo, más que de costumbre, ya que presentía que estaba avanzando bien convenciendo a la familia Alegría de ser alguien inofensivo, con sólo buenas intenciones. Con los adultos, eso fue demasiado fácil, no más restaba aquel desconfiado que se veía que perdió sus agallas durante estos meses, tratando inútilmente de servir al bien.
—Hola, Bill. Ya regresé —se escuchó una voz que interrumpió sus pensamientos y le hizo enojar.
—¡Silencio! Alguien puede oírte —reprendió a la chica virtual que ahora viajaba en su teléfono, haciendo que ella se disculpara casi llorando—. ¿No te dije que no digas mi nombre en público?
Menos mal que no había nadie cerca, salvo unas personas que creyeron que él hacía una video-llamada que no alcanzaron a escuchar bien la conversación. Todavía algo enfadado por el torpe descuido de Giffany, él regresó a su casa sin decir una palabra y, ya en la habitación, a ella se le ocurrió una idea para animarlo. Al principio, aquel trataba de ignorarla distrayéndose limpiando el cuarto, sin embargo, ella no se rindió y comenzó a contar lo que averiguó. Desde la pantalla de la computadora, ella descubrió que su nueva víctima se encontraba cada vez más en aprietos por culpa de la pérdida de la fortuna familiar. Insistir le daba resultado y logró que ese demonio le pusiera atención, así que aquella siguió con su relato. Yendo directo al grano, ella supo que la damnificada Pacifica estaba en medio de una crisis social: sus amigas no la trataban de la misma manera. Las riquezas la volvieron poderosa y, ahora que la situación empeoró, esas muchachas no le tenían el mismo respeto que antes. Es más, ellas por fin podían discutir acerca de aquella vez en que les llegaron extraños mensajes, cuando los liliputienses se apoderaron del móvil y se pusieron a insultar a todos sus contactos. Solamente faltaba una chispa para que estallara todo.
—Buen trabajo —dijo él al final, mirando fijo al monitor—. Ya puedes iniciar con algún ataque… Que aparezcan primero un par de esos mensajes y, luego lo que creas mejor para volverla loca.
La universitaria asintió y se desvaneció, no sin antes de despedirse de forma cariñosa mandando un beso. Aquello fue sorpresivo para él, alguien acostumbrado a que siempre lo traten con más que temor y no con esa confiada ternura. Pese a que sentía que era algo bueno ser amado, él no lo podía permitir en ese momento, porque sólo debía concentrarse en concretar su venganza. Y debería estar haciendo algo entonces, pero se limitó a echarse sobre la cama y reflexionar en el siguiente paso que daría. Pronto averiguaría si los Pines regresarían al pueblo para las cercanas vacaciones de invierno y, por lo menos, ya debería eliminar a una de sus amenazas antes de que vinieran. Era muy posible que vengan, más los ancianos, ya que McGucket se encargó de enviar muchos mensajes de ayuda, debido a sucesos extraños en su casa. Después de un largo tiempo de desconexión, Ford le respondió a su antiguo socio de investigación paranormal, si bien, no le pudo confirmar una fecha exacta de regreso. Eso dejaba al montañés dentro de una espera que lo atormentaba y él nunca podía acostumbrarse a los poltergeist que lo siguieron hasta su nueva casa. Bill intuía que alguno de esos odiosos símbolos dejaría de existir dentro de un par de días.
—¿Ahora qué? Quiero descansar —protestó cuando oyó el timbre de su teléfono y, después de buscar el aparato sin ganas, vio que era un número desconocido—. Espero que sea importante.
—Hola, jefe. Soy Número Tres. ¿Adivine de quién es este teléfono? —se escuchó esa voz única.
Un montón de preguntas invadían la mente de ese triángulo, empezando por cómo consiguió su número. Las copias respondieron amables al cuestionario, felices porque lograron sorprender, y explicaron que, durante la visita sigilosa a la Cabaña del Misterio, pudieron averiguar el número con el teléfono de Wendy y se llevaron como recuerdo el móvil de Soos. Antes de que se pusiera a protestar, exigiendo saber por qué lo hicieron, el rubio fue interrumpido con la explicación de que de esa manera se podía saber sobre Dipper y Mabel. Al parecer, los gemelos quizá pasarían unos días de vacaciones, si es que sus tíos regresan al pueblo y, como entre ellos no alcanzaron a comunicarse, no estaba nada seguro. Esa noticia no conformaba al líder, quien exigió aún más información, sin embargo, los secuaces no querían revelarlo todo en esa comunicación y creían que era mejor decirlo cuando se reencontraran. Aquel tuvo que aceptar de mala gana y cortó la llamada, para volver a lo que estaba haciendo: tratar de descansar un poco ese cuerpo robado y ponerse a pensar. Él decidió que era mejor comprobar si aquellos le decían la verdad y, ahí sería Gideon quien ayudaría con eso, alguien que en el fondo seguía obsesionado con Estrella Fugaz.
—Hola, Lee —lo sobresaltó una voz dulce que, de inmediato, la reconoció como la de su aliada proveniente de un videojuego de citas—. Está hecho lo que me pediste. Comencé con algo leve.
Tras oír eso, al endemoniado se le levantó el ánimo, como para ir frente a la computadora en un instante, y quiso saber los detalles del ataque. En este momento, Pacifica se encontraba dentro de sus redes sociales pidiendo disculpas por un extraño error que le ocurrió. Ella se enteró algo tarde que estaba reaccionando mal a las publicaciones de sus contactos y todo el mundo estaba enojado con ella. La rubia se disculpaba echándole la culpa a un hacker, no obstante, a la gente le costaba perdonarla, ya sea por los sucesos recientes y también por lo cruel que era con todos los demás, presumiendo su dinero. Sí, las cosas cambiaron para peor para la representante de la llama, y el detonante fue la publicación de unos antiguos documentos, algo que consiguió que el pueblo se enterara de la verdad. Ahora que la mansión Noroeste se hallaba abandonada, le fue fácil al amo de la mente dar con los archivos ultra secretos acerca del fundador de Gravity Falls. Fue una torpeza que la familia no se los llevó durante la mudanza a una casa más barata, y fue por eso que acabaron en las manos de la periodista Jiménez. La fama y la fortuna se terminaron.
—Pobre niña —comentó él al final riéndose con sarcasmo—. Pero, por un lado, se lo merecía…
Al día siguiente, era otro día de horrenda escuela, aunque muchos estudiantes no fueron ya que el clima era bastante malo. Una fuerte tormenta de nieve se apoderó del pueblo, con lo que casi todo el mundo permaneció en sus casas. Clave fue uno de los pocos valientes que afrontaron al poder de la naturaleza, yendo como podía hacia la guarida que estaba bajo tierra. Mientras que iba hacia allá, él pensaba en suspender la reunión para otro día, porque le costaba caminar en la espesa nieve y podría enfermarse. Tuvo que dejar esa idea de lado, porque él presentía que no contaba con el suficiente tiempo para tener todo preparado. Cuando por fin él llegó a ver a sus seguidores, notó que había una cara que faltaba: la chica del mechón rosa no estaba por ningún lado. Lejos de enojarse, el líder no quiso saber nada de ella, esperando a que tuviera una buena excusa por faltar. Al mismo tiempo que él trataba de recuperar el calor, ordenó a los demás que empezaran a compartir las novedades y hazañas desquiciadas. El Cambia-formas, los dos clones y Rudo explicaban que estaban asustando cada vez más, dejando a sus víctimas realmente mal.
—El anciano tendrá que buscar pronto otra casa —comentó el luchador—. O se caerá sobre él.
—Wendy está cansada de perseguirse a "ella misma" —reveló el barón, burlándose de la chica.
—Conseguí darle un par de golpes a ese Robbie que vive escapando —agregó McGolpes al final.
El relato hacía sonreír a Bill, sin embargo, notó que esas copias no abrieron la boca para nada y les obligó a que contaran que más averiguaron con el teléfono robado. Tres y Cuatro no sabían cómo decir lo que descubrieron, ya que sonaría como una mala noticia, y se quedaron dudando. La respuesta incoherente comenzaba a molestar no sólo al demonio, sino también a los demás presentes, así que el primero repitió su orden cambiando su tono de voz. Por fin ellos dieron el aviso de que los jóvenes gemelos Pines estaban al tanto de que ocurrían cosas extrañas, mucho más que de costumbre. Por ejemplo, sabían sobre la reaparición de Giffany, la quizás liberación del monstruo del bunker, los "fantasmas" que atacaban a McGucket, y la cacería donde la presa era el chico gótico. Todo eso sí que los sorprendió, y los secuaces esperaban cómo reaccionaría su jefe después, puesto que sólo se quedó pensativo cerrando sus ojos. De repente, él preguntó qué planeaban hacer Pino y Estrella Fugaz, y esos seres de papel respondieron que Dipper fue el que más se interesó en los casos y se comprometió a resolverlos. Desde luego, que sólo aquel va a trabajar desde California y enviar sus opiniones, aunque eso podría cambiar si todo empeora.
—Esas sí que son buenas noticias —dijo el de ojos amarillos con optimismo—. Si seguimos así, o mejor todavía, esos niños vendrán hasta aquí sin importar si están o no sus tíos. Eso es seguro.
El equipo debía darse prisa y aumentar su dosis de terror, porque aquel con la marca de la Osa Mayor en la frente era alguien listo y podría descubrir lo que pasaba. Lo más probable, o no se lo tardarían en decir, era que estaba al tanto de cierta persona con las pupilas rasgadas y, por lo tanto, culpable de todos los males. Había que vigilar más de cerca a los que hablaban con ellos, y averiguar bien qué sabían y que no, si bien por ahora, no había sospechas (aseguraron los dos muchachos fotocopiados conectados con el original). Ya tenían todos ellos sus indicaciones, no obstante, algo debían hacer antes de terminar la reunión: encargarse del otro lado del plan. Con tantas manos haciendo el trabajo, el proyecto avanzaba rápidamente, mas no seguiría así en el momento de finalizarlo en cierto lugar apartado. Aún faltaban detalles como cuándo y cómo se trasladaría el equipamiento hacia allá y ellos no querían ser descubiertos durante el proceso por nadie. Luego habrá tiempo para ocuparse de esos problemas, ahora era el momento para armar una especie de rompecabezas con lo que tenían a mano y con ayuda de los tres diarios de Ford.
—Esta herramienta les será útil —explicó Lee a los que tenían números por nombres al observar que no podían mover objetos pesados—. Uno para cada uno, y otro para alguien que se sumará.
El triángulo dejó a sus lacayos seguir construyendo, mientras que él volvía a casa y meditaba en el camino su situación. Era el atardecer y, por lo menos, dejó de nevar mejorando algo el clima, con lo que él regresaba más tranquilo, pero había alguien esperándolo. Ni bien ya estuvo bajo el techo del hogar, el padre del joven alto preguntó enojado dónde rayos había estado casi todo el día. De inmediato dio inicio a la actuación, fingiendo estar asustado y así explicó que estuvo con sus amigos. El hombre no le creyó, porque él llamó hacía varias horas a la familia de Nate y ellos no sabían nada de su hijo y, de paso, continuó regañándolo expresando lo peligroso que era irse bajo el clima que obligó suspender su día de trabajo. Todavía viéndose apenado, confesó que se fue a cuidar a su nueva mascota que encontró en el bosque, y no le importó el frío con tal de ir a acompañar a ese cervatillo herido. El cuento logró conmover a ese sujeto y sólo le pidió atender las llamadas para la próxima. Ahora que el adolescente estaba libre, luego de ese encuentro de lo más inesperado con el padre de Lee, él fue directo a su cuarto y gruñó por tener que actuar.
—No quiero que te enojes —le decía Giffany con una voz dulce—. Todo te está resultando bien.
—Tienes razón —admitió él asintiendo con una leve sonrisa—. Y sólo espero que continúen así.
Con mejor ánimo, él esperó ansioso a que le confirmaran que el ataque a Gideon fue realizado, para luego atormentarlo con más pesadillas. Sí, era así, y esa misma noche, a la hora en que los niños van a la cama, una sorpresa desagradable le esperaba al de pelo blanco. Mientras que sus padres veían una película, el menor andaba por los pasillos yendo a su habitación. Esa noche era oscura y ventosa, en el cual se oía el viento fuerte de repente, haciéndole creer que la casa iba a romperse. El ex convicto estaba nervioso, pero aun así, llegó a su cuarto y se apresuró a meterse bajo las frazadas, pensando que ahí sí estaría a salvo. La débil luz de la calle alumbraba el lugar, sin embargo, el viento hacía que la energía se entrecortara, logrando una escena aterradora. Él cerró sus ojos para no tener que seguir imaginándose monstruos en los rincones y por fin se iba durmiendo. Un ruido lo despertó, uno que lo asoció a la ventana cerrándose, y fue peor el susto al ver una figura moviéndose. Esta vez, no era su imaginación, hasta se escuchó cuando aquel se sentó en una silla, como esperando tranquilo a que se prendiera alguna luz. El albino así lo hizo.
—¿Qué? ¿Dipper Pines? —titubeó muy sorprendido, porque era imposible que él estuviera ahí.
—Sólo quería verte, Gideon —habló aquel seriamente, aunque iba sonriendo de a poco, algo no común en él—. Sí, ver al torpe que se quedó sin nada. Te dejaste convencer y lo perdiste todo…
—¿Qué? ¿Qué estás diciendo? —preguntó asustado, ya que no entendía lo que estaba pasando.
—Mabel nunca te va a amar —exclamó el de la gorra levantándose de su asiento y carcajeando.
Parecía que aquel iba a lanzarse al ataque, mas no se pudo comprobar porque una oscuridad se apoderó del ambiente. Unos ruidos le siguieron, como de pisadas, y la luz regresó, dejando ver que todo volvió a la normalidad, como si nunca sucedió ese encuentro. El niño aún estaba con la respiración agitada y no podía creer que sus pesadillas llegaran a tener ese nivel de realismo. Lo que sí estaba seguro era que no iba a dormir bien esa noche, y permaneció alerta vigilando cada uno de los rincones. Gracias a ese desvelo, él no estuvo bien a la mañana siguiente, y sus padres preocupados le dejaron faltar a clases. A pesar de después descansar, ese chico seguía sintiendo una angustia que no lo dejaba en paz, y quiso tratar de distraerse saliendo al jardín cubierto de nieve. El aire fresco le ayudaba a sentirse mejor y, cuando al final se decidió a hacer un muñeco con esos copos blancos, una voz desde la entrada lo sobresaltó. Ese adolescente estaba ahí, con la mano en alto saludándolo con energía, y se quedó en ese sitio hasta que le dieran permiso de entrar. El regordete lo miraba con desconfianza, si bien era bueno que alguien quisiera visitarlo.
—Amigo, te traje un regalo, pero primero podríamos entrar. Me estoy congelando —dijo aquel.
—No entiendo por qué quieres que seamos amigos —preguntó serio el pequeño ya en el living.
—¡Bien! Te diré la verdad —contestó ya harto—. Supongo que entendiste que ser bueno no te sirvió de nada. Eres alguien único y no debes dejar que te pisoteen... Pudiste hacer esto tú solo.
—¿Es… mi lazo de la suerte? —comentó perplejo cuando cayó en sus manos el amuleto místico.
—Tienes talento para estas cosas y, con mi ayuda, volverán a respetarte —hablaba el sujeto con un tono terrorífico y sin parar de sonreír—. Acepta, y te prometo que no te meteré en una jaula.
Finalmente, Alegría obtuvo una respuesta que no esperaba oír: ¿acaso estaba hablando con ese ser llamado Bill? ¿No era que fue borrado? Aquel despejó sus dudas contando lo que pasó y, por más que ese enano quería alejarse de ahí, él se quedó ya que no se veía peligroso. Mientras que la madre del niño estaba ocupada en la cocina, el triángulo repitió su propuesta a ese inseguro.
Espero que no les duela mucho lo que les está pasando a los "chicos buenos".
Nos vemos en el siguiente capítulo.
