Capítulo VIII
"Extraterrestres"
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·٠•● Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ ●•٠·˙˜"*°•.En capítulos anteriores·٠•● Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ ●•٠·˙˜"*°•
*°• El fin del mundo se acerca. A través de sus sueños, una mujer pide a las Guerreras Mágicas que encuentren los tres talismanes para despertar a Sailor Saturn. Curiosamente ese sueño tiene relación con una antigua profecía, de la que Haruka y Michiru están al tanto.
*°• Mokona ha abandonado Céfiro para instalarse en la Tierra, siguiendo de cerca a las Guerreras Mágicas.
*°• Hikaru, Umi y Fuu conocen las verdaderas identidades de las Sailor. Pero las Sailor desconfían de ellas.
*°• Gurú Clef le cuenta a Umi que existe una conexión muy profunda entre la Tierra yCéfiro. También le revela que sus poderes existen independientemente del mundo en el que se encuentren.
*°• Rei presencia la apertura del portal en la Torre Tokio, justo en el momento en que Hikaru, Umi y Fuu regresan a Tokio.
*°• Usagi es atacada por la misteriosa mujer de sus sueños.
*°• Ferio y Ascot se transportan a la Tierra. ¿Se adaptarán a la ajetreada vida la metrópoli japonesa?
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-¡Explícame que es lo que está pasando, Clef!- preguntó el espadachín, levantándole el tono de voz a su maestro, por primera vez en su vida. El mago guardó silencio, mientras permanecía sentado en el trono, con aparente e inexplicable calma. - ¡Dejaste que Ferio y Ascot vayan a Mundo Místico! ¿Cómo explicas eso? Tiene que ser algo muy importante para que permitas que Ferio abandone sus obligaciones aquí.
-Ya basta, Latis, no hay nada de lo que debas preocuparte. - Latis caminaba de un lado a otro de la sala del trono. Sabía que no era cierto, que Clef algo le ocultaba. No sabía cómo, pero estaba seguro de que así era.
-Hikaru me ha contado sobre los extraños sucesos que han pasado en su mundo…- Gurú Clef suspiró, al parecer las guerreras tenían problemas para mantener la boca cerrada. - ¡Tú sabes algo! A mí no puedes engañarme…
-No lo sé… Latis, de verdad no sé qué está pasando...
-Pero…- el mago suspiró. Latis era muy obstinado. Pero también era su hombre de confianza, su mano derecha y su único amigo. No podía engañarlo. A él no.
-Es Mokona… - Latis detuvo su marcha, parándose justo enfrente de su maestro. Sabía, por boca de su difunto hermano, que Mokona era más que una simple criatura con extraordinarios poderes, que era una entidad muy importante para Céfiro, pero hasta ahí no más. Había un misterio muy grande que envolvía a esa extraña criatura, un misterio que ni el mismo Clef conocía con certeza. Nadie sabía de dónde venía, cuál era su origen o porque sabía tanto de magia y de Céfiro. - Mokona es mucho más poderosa de lo que todo creen... A ella le debemos nuestra existencia…- Latis abrió los ojos, hasta que casi se salieron de sus órbitas. ¿Mokona? ¿La creadora de Céfiro? - Estoy seguro que ella está detrás de todo esto…
- A que te refieres con "todo esto"
-No lo sé, Latis… ni yo mismo estoy seguro... Mi padre… él es el único que puede responder tus preguntas….
-¿Tu padre? ¿El primer mago supremo? Creí que estaba muerto. – Clef se puso de pie, apretó con fuerza su báculo, dio unos pasos hacia su derecha, nervioso. Latis lo notó, estaba incómodo, como nunca antes lo había visto.
-El abandonó este mundo hace tiempo, se marchó sin dejar rastro, nos abandonó a mí y a mí madre cuando yo aún era un adolescente, y me dejó con la responsabilidad de asumir el poder supremo de este mundo y la protección del pilar. Jamás supe adónde fue, aunque Mokona me dijo una vez que estaba en Mundo Místico. Realmente no le di importancia, jamás tuve deseos de volver a verlo, de saber de él…. Cuando él se fue, yo ni siquiera había terminado mí entrenamiento como gurú supremo, tuve que tomar el poder aún sin tener idea de muchas cosas…- Latis guardó silencio. Ahora entendía porque Clef había preferido pretender que su padre estaba muerto. – Él conoce la verdadera leyenda… la leyenda de las Guerreras Mágicas, del origen de Céfiro y el sistema del pilar. Me habló muchas veces de ella, pero tengo la impresión de que jamás me contó la historia completa. Sólo recuerdo que el solía decirme que la leyenda de las Guerreras Mágicas no es sólo lo que todos sabemos, que guarda relación con el origen de este mundo, y del Mundo Místico… - Latis suspiró. Entendía los motivos que él tenía para no querer ver a su padre. Pero ¿era necesario tanto orgullo? Si de verdad ese hombre tenía las respuestas, ¡necesitaba encontrarlo!
-Dime donde buscarlo. - dijo con el semblante serio y una templanza que hasta al mismo Gurú sorprendió. - Si no quieres verlo, yo lo buscaré… hablaré con el… tendrá que decirme todo lo que sabe.
-¡No sé dónde está, Latis!
-Pero puedes averiguarlo, ¿verdad?
-Él está en Mundo Místico, mis poderes son acotados allí… si estuviera en Céfiro o en alguno de nuestros planetas vecinos, seguramente podría.
-Iré a Mundo Místico… sólo dime dónde buscar…- Gurú Clef suspiró. No esperaba que Latis fuera capaz de semejante cosa. Estaba actuando de manera inmadura, casi tanto como Ferio. El amor realmente hace estragos en las personas.
-Veré que puedo hacer…- dijo volviendo a sentarse en el trono. - Ahora, por favor, déjame sólo… necesito pensar…- Latis frunció el ceño, pero ya no dijo nada más. En silencio, dio media vuelta y se retiró del lugar.
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Estuvieron toda la tarde de aquí para allá, recorriendo lugares totalmente extraños y atípicos. Le emocionaba estar en el reino de su princesa, aunque le asustaba un poco. La ciudad era demasiado ajetreada y ruidosa. Bocinas sonando en cada esquina, el fuerte sonido del motor de algunos autos o motos, la música fuerte de algunos negocios. Así era imposible sentir el resoplar del viento o el cantar de los pájaros. Le sorprendía la altura que tenía las casas de los terrestres, eran tan altas que hasta parecían acariciar los cielos, demasiadas edificaciones y muy pocos árboles, y ¿por qué había tantos carteles luminosos? Miró al cielo, o a lo que podía ver de él, con tanto edificio. Estaba nublado, como en los peores tiempos de su reinado. ¿Acaso en Tokio el cielo nunca se veía azul? Pero eran nubes extrañas, estaban a una baja altura, se parecían a las nubes grises que despedían los autos, y olían raro, el aire olía raro, no podía respirarse el aire puro, no había olor a pradera ni a césped, olía a humo y cloaca. La gente corría de un lado a otro, a prisa, como si se le estuviera escapando la vida, como si alguna horrible criatura las estuviera atacando. ¿Por qué tenían tanta prisa? Aun así, no podía negar que la tierra de su amada era muy bella, pero de ninguna manera podía compararse con su amado Céfiro. Suspiró.
-Oye, Ascot... ¿crees que faltará mucho para que las chicas salgan del colegio? - Ascot observó el cielo, rasco su barbilla confundido. Luego sacó del bolsillo de su jean el aparato que Umi le había dado en la mañana.
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Ella le dio la espalda, buscó algo en el cajón de su cómoda. Estaba nervioso por estar en el cuarto de la guerrera, sus mejillas estaban sonrojadas, podía sentirlo. La casa de Umi era realmente muy grande, había sido muy amable en permitirles quedarse allí esa noche. Mientras observaba, avergonzado, la silueta de la guerrera, Ferio husmeaba cada rincón de su habitación. Ella volteó por fin, llevaba en su mano un aparato rectangular. Lo presionó por el costado, se encendió emitiendo una extraña luz, luego apareció una imagen en él.
-¡Aun tiene carga!- dijo emocionada, luego tomó su mano y colocó en ella el aparato.- Es mi antiguo celular... Con él estaremos comunicados.
-¿Celular?
-Te llamaré cuando terminen las clases... Tu sólo debes presionar este botón y podremos hablar.
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Ascot presionó el botón del costado, en la pantalla del celular aparecieron los números 14:21. Umi le había dicho que esos números indicaban la hora del día. Así era como los terrestres organizaban su día, como sabían a qué hora debían levantarse, y cuando ir al colegio o al trabajo.
-No estoy seguro, hermano... Aun no entiendo esta cosa. - dijo, volviendo a guardar en celular en su bolsillo. Suspiró.
Unas jovencitas, que venían por la misma vereda, pero en sentido contrario, les sonrieron y les hicieron ojitos al cruzarlos. Eso hizo sonrojar a Ascot.
-Las cosas son demasiado extrañas aquí...- comentó Ferio, espantado.
-Ya lo creo... Pero... así deben haberse sentido ellas cuando se encontraron solas en Céfiro, ¿no crees? Nosotras, al menos, las tenemos a ellas.
-Es cierto... no lo había pensado de ese modo.
-Creo que deberíamos volver a casa de Umi... Algo me dice que no falta mucho para que terminen sus clases.
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La luna brillaba sobre la Torre Eiffel, era una noche clara, y bastante cálida. ¿Adónde había ido su tiempo? Que ironía que el dios Chronos no sea condescendiente con su propia heredera. No era fácil combinar la maternidad con el trabajo y el estudio. La conciliación no existía en realidad, ni en ese país ni en ningún otro. Entró a su edificio caminando rápidamente, haciendo malabares entre su cartera y las bolsas de sus compras para la cena. Subió al ascensor y marcó el número 10. Al llegar a su piso, apoyo las bolsas de las compras en el piso, a la entrada a su apartamento y busco sus llaves en su bolso. Le tomó algo de tiempo encontrarlas. ¿Por qué acumulaba tantas cosas allí dentro?
Ingresó al departamento y colocó las bolsas sobre la mesa del comedor.
- ¡Ya estoy aquí, Hotaru! – dijo con emoción. La niña corrió hacia ella y la abrazó.
- Bienvenida.
- Lamento llegar tarde…- Se acercó al escritorio que se encontraba junto a la ventana, en el que la niña solía hacer sus tareas o, simplemente, sentarse a dibujar. Había unas cuántas hojas sobre él, pero se detuvo en una en especial. La levantó. Era un hermoso dibujo de la Torre Tokio, hecho en lápiz sombreado. Ella tenía talento. - Que lindo…
- ¿De verdad te gusta? Se parece un poco a la Torre Eiffel. - dijo mirando por la ventana, desde la cual se podía ver el importante monumento. - Pero… está en Tokio ¿verdad? Creo recordar haberla visto alguna vez cuando vivíamos allá.
- ¿La recuerdas aún?
- Muy poco en realidad.
- Pero el dibujo está perfecto…
- Es porque he soñado con ella… muchas veces… En mí sueño, una luz dorada sale de ella… y puedo sentir que alguien me llama.
- ¿Alguien te llama desde la torre?
- Si alguien que está en la torre, pero viene de otro lado, de otro mundo. - Setsuna tragó saliva, por alguna razón ese sueño no le gustaba nada.
- ¿Y qué te dice?
- Sólo me dice que debo despertar.
- ¿Y luego que pasa?
- Sólo… despierto… ¿Qué crees que significa?
- No lo sé, Hotaru.
- Pero estudias los sueños en tu posgrado…
- No todos los sueños quieren decir algo, mi querida Hotaru
- Pero si los sueños que se repiten todas las noches.
- A veces es mejor no saber… - Setsuna se acercó a la mesa en la que había dejado sus compras, algo nerviosa. - traje baguettes y tu queso favorito, ¿por qué no comemos?
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Hikaru los llevó hasta el paseo comercial de Tokio, aquel lugar repleto de negocios de todo tipo. Caminaron por las calles ajetreadas del centro, hasta que la pelirroja se detuvo frente a la fachada de un centro de videojuegos. "Centro de Juegos Crown", decía en su marquesina.
- ¿Es enserio? – preguntó Umi cruzando los brazos. – ¿Desde cuándo te gustan los videojuegos?
- Es un lugar interesante… entremos. - Hikaru abrió la puerta, y tanto Fuu, como Ferio y Ascot la siguieron. Umi dio un suspiro e ingresó tras ellos.
A un costado del negocio, junto al mostrador donde vendían y cargaban las tarjetas para jugar y se canjeaban premios, Mamoru conversaba con su gran amigo Motoki. Usagi y las demás estaban en el centro de control, él había preferido dejarlas tranquilas. Motoki, observó a las recién llegadas, enseguida reconoció a la joven pelirroja, no era para menos.
- Es ella. - Mamoru miró hacia la entrada. Ellas tenían una entraña aura, una energía muy poderosa, una energía que no parecía pertenecer a la Tierra. - Es la joven que pasó varios niveles del juego en tiempo récord. - A Mamoru se le estremeció la piel. Usagi le había contado sobre ella, le había contado quien era. ¿Acaso eran ellas? Pero, ¿Y los jóvenes que las acompañaban? – ¿Qué has sentido?
-No estoy seguro…- Motoki observó cómo se acercaban al juego de Sailor V.
-No deberíamos dejarla jugar. La última vez casi…
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Hikaru se paró frente al juego al que la había llevado Usagi. Umi observó el monitor.
- ¿Un juego de pantallas? ¿Qué tiene de especial?
-No lo sé, pero siento que no es sólo un juego. - Hikaru recordó cuando fue allí con Usagi. Entonces, había tenido la sensación de que Minako se había molestado con la joven de cabellos dorados, sólo por el hecho de haberla llevado a ella.
- Déjame probar, soy muy buena con estas cosas- dijo Umi, tronando sus dedos. Ascot sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, desde su cuello. Volteó ligeramente y pudo observar la mirada penetrante del joven de cabellos azabache.
-Umi… este lugar me pobre nervioso, me recuerda a Autosam, con tantas pantallas y computadoras.
- No exageres, Ascot...- Umi se acercó a la máquina, dispuesta a sentarse para jugar.
-Espera, Umi… déjame probar a mí. - interrumpió Fuu.- Me encantan este tipo de juegos
-De acuerdo cerebrito, veamos qué tan buena eres.
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Las pantallas del centro de control comenzaron a titilar y hacer un sonido como de alarmas.
- No pude ser, otra vez…-dijo Minako. - Alguien está pasando los niveles del juego.
- ¿Será ella de nuevo? - se apresuró a preguntar Makoto.
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-Mamoru… ella…- Motoki lucía alarmado y sorprendido a la vez. Mamoru se acercó a la joven, que ya estaba empezando a acumular curiosos a su alrededor. Apoyó su mano sobre la de ella, mientras acercaba su rostro a su oído, fingiendo que veía la pantalla.
-Vaya… eres muy buena…. - dijo. Eso hizo que Fuu se sonrojara, haciéndola perder el control y perdiendo la partida. Fuu se puso de pie como si tuviera un resorte en su trasero.
- ¡Oye! ¿Quién eres tú? - gritó Ferio, molesto. - ¿Qué pretendes? Ella es mí chica. - Ascot logró agarrarlo antes de que llegue hasta donde Mamoru estaba.
- ¿De qué hablas? Sólo veía su juego...
- ¡Conozco los tipos como tú!
-Ya basta Ferio…- dijo una avergonzada Fuu, mientras Mamoru volvía con su amigo.
- ¡No huyas! Cobarde.
-Ya basta, Ferio, compórtate. - interrumpió Umi. Ascot se quedó observando a aquel misterioso hombre. Estaba seguro de que algo ocultaba.
-Vaya que aún conservas tus dones de galán – dijo Motoki al oído de Mamoru, divertido.
- Por favor, que Usagi no te escuché decir eso.
En tanto, las Sailor salieron de su guarida, curiosas por saber quién jugaba al juego de Sailor V, y se encontraron con el alboroto. ¿De dónde salieron? Se preguntó Hikaru, al verlas aparecer así de repente. ¿Por qué tenía la sensación de que cada vez que alguien batía récords en ese juego, la poderosa guerrera Venus aparecía?
Minako clavó su mirada en las tres jóvenes. Otra vez ellas, ahora las tres.
-¿Hikaru?- dijo Minako, lo más amistosamente que pudo.- Parece que te ha gustado mucho el juego ¿verdad?
-Hola Minako, chicas. - contestó Hikaru, haciendo una pequeña reverencia. - No las había visto, ¡aparecieron de repente! - Minako notó la ironía en las palabras de Hiakru, eso le molestó. Estaba a punto de contestar, cuando Usagi avanzó unos pasos, hasta quedar por delante de ella.
-Hikaru, Fuu... que lindo verlas por aquí. - comentó, tratando de romper con el momento tenso. - ¡Mamo-cham, ven! Así te presento a mis amigas. - dijo con dulzura, mientras una gota de sudor caía por la cabeza de Minako. Mamoru suspiró. Se acercó a ellas. - Chicas, es el mi novio, Mamoru. Mamoru, ellas son Hikaru, Fuu y... Umi ¿verdad? - dijo señalando a las chicas. Umi afirmó levemente con la cabeza. Mamoru saludó cortésmente, aunque aún seguía teniendo esa extraña sensación con respecto a ellas. Ascot lo observó, molesto. Sus miradas se entrecruzaron y, por un momento, ambos sintieron que salían chispas de ellas.
-Un gusto conocer al famoso Mamoru.- Hikaru sonrió.- Usagi, ellos son Ascot y Ferio... Ellos son de... ¡Sídney! Están de visita en Tokio.
-Usagi...- interrumpió Rei. - Creo que ya deberíamos irnos...- Usagi notó cierta molestia en los ojos de Rei
-Pero, Rei...- Minako se acercó a Usagi y la tomó del brazo.
-Vamos Usagi, se hace tarde...- Usagi comprendió que era mejor hacerle caso a Minako y Rei, no sea cosa que se desate la tercera guerra mundial ahí mismo. Así que saludó cortésmente y salió junto con Minako y Mamoru. Makoto, Rei y Ami las siguieron.
-Vaya, vaya con ese tipo... coqueteando con Fuu y tenía novia. - comentó Ferio, molesto.
-Ya basta Ferio, ya puedes terminar con la escena. - Ascot los observó alejarse, no les retiró la mirada hasta que no los perdió de vista.
-Ese tipo no me gusta nada, chicas. - comentó, cuando por fin se aseguró de tenerlo lejos.
-¿Tú también, Ascot?
-¿No lo han sentido? Todos ellos... tienen poderes... Y él... creo que él sabe de nosotros, sabe de qué no somos de este mundo...
-¡Oye Ascot! ¡Baja la voz! Te pueden escuchar. - Ascot se sonrojó, no por el comentario de Umi, si no por la cercanía de ella. Hikaru volvió a mirar la pantalla del videojuego. ¿Qué había de especial en él? ¿Por qué ellas se reunían ahí? - ¿Ocurre algo, Hikaru?
-No... nada... Pero es tarde, creo que mejor iré a casa.
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¡Uf! Si que hay tensión entre nuestras heroínas, ¿mejorará en algún momento esa relación? En este capítulo supimos que es de la vida de Setsuna Y Hotaru... de a poquito voy incorporando a los demás personajes, aunque sea un poquito, para que sepan que están ahí, ¿ya mencioné que me cuesta llevar una trama con tantos personajes? Por eso lo hago de este modo, jaja.
En los próximos capítulos las cosas se ponen aún más extrañas. Mokona se presentará antes las Guerreras Mágicas, al mismo tiempo que seguirá ocasionando más desastres.
¡Espero les haya gustado este capítulo y sigan aquí en los próximos! ¡Gracias por leer!
