Capítulo IX

Confesiones

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·٠Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ٠·"*•. En capítulos anteriores ·٠Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ٠·"*•

*• El fin del mundo se acerca. A través de sus sueños, una mujer pide a las Guerreras Mágicas que encuentren los tres talismanes para despertar a Sailor Saturn. Curiosamente ese sueño tiene relación con una antigüa profecía, de la que Haruka y Michiru están al tanto.

*• Mokona ha abandonado Céfiro para instalarse en la Tierra, siguiendo de cerca a las Guerreras Mágicas.

*• Hikaru, Umi y Fuu conocen las verdaderas identidades de las Sailor. Pero las Sailor desonfian de ellas.

*• Gurú Clef le cuenta a Umi que existe una conexión muy profunda entre la Tierra yCéfiro. También le revela que sus poderes existen independientemente del mundo en el que se encuentren.

*• Rei presencia la apertura del portal en la Torre Tokio, justo en el momento en que Hikaru, Umi y Fuu regresan a Tokio.

*• Usagi es atacada por la misteriosa mujer de sus sueños.

*• Ferio y Ascot se encuentran en la Tierra, tratando de pasar desapercibidos

*• Gurú Clef le cuenta a Latis quien es Mokona en realidad, así como sus sospechas de que algo planea en la Tierra.

*• La tensión entre las guardianas de Céfiro y de la Tierra sigue en aumento.

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Caminó por los interminables pasillos de la escuela, buscándola. Su última clase era la de historia, siempre había odiado la historia. Aun así, siempre se había esforzado el doble para obtener la mejor calificación en esa materia. Curiosamente, ya no le importaba. De todos modos, cuando ingresé a la facultad de medicina no le serviría de mucho. Jamás en su vida se había saltado una clase. Se sentía algo culpable por eso. La había buscado en el salón donde cursaba, pero sus compañeras le habían dicho que no había vuelto después del almuerzo.

Por alguna razón, llegó al área de deportes en donde se encontraba la piscina olímpica en la que el club de natación practicaba. Algo la había llevado hasta allí, quizás su conexión tan profunda con el agua. Había estado allí hacía unos días, cuando Umi la había llevado a recorrer el colegio. Ingresó al sentir el agua moverse. El club de natación se juntaba después de las clases, así que no podían ser ellos. Observó la piscina y pudo verla. Llevaba una maya entera, color azul oscuro. Sus cabellos celestes danzaban con el agua. Era buena. Parecía como un pez en el mar. O una sirena. Se preguntó porque no formaba parte del club de natación. O de alguna otra actividad extraescolar. Llegó hasta el extremo de la piscina y sacó su cabeza. Ella se apresuró a acercarle un toallón. Umi se sorprendió con su presencia. Tenía cierta tristeza en sus ojos, podía notarlo.

-Ami…- ella se apresuró a salir de la piscina y tomar el toallón. -Gracias…- dijo secando su rostro y, luego, su largo cabello. - ¿Qué haces aquí? Tienes clases ¿o no?

-Tú también... - contestó con dulzura, ambas sonrieron. - Lamento lo de ayer…- continuó, bajando su rostro. Umi se sorprendió. – Minako suele ser…

-No tienes que disculparte… está bien. - Umi se sentó en un banco que se encontraba junto a la pared. Observó la piscina, la esquela de agua que había dejado ella misma, comenzó a tomar fuerza nuevamente. Desvío la mirada, incómoda. Estaba segura de que Ami lo había notado también. Sus poderes seguían fuera de control, ¿y si Gurú Clef tenía razón? ¿Y si podían desatar una catástrofe? - Oye... Ami…

-Si… dime…

-¿Tú que piensas?

-¿Qué pienso?

-De mí… de nosotras… ¿también desconfías? - Ami se sorprendió con la pregunta. Sus mejillas se sonrojaron. Recordó aquel día en que se transformó frente a ella, ese día en que fueron a socorrer a las demás a bordo del auto de Umi. No habían tocado el tema desde entonces. Ni con ella ni con sus amigas.

-Pues yo… -observó los ojos tristes de Umi.- A decir verdad… es difícil confiar cuando no sé nada de ustedes… ¿Quiénes son? ¿Por qué tienen poderes? Pero, aun así… ustedes nos han salvado… Si no fuera por ustedes…

-Es cierto… lo siento… yo sé tú secreto, pero tú no conoces los míos…- Umi cerró los ojos con fuerza, como intentando contener las lágrimas. - Es sólo que… no es tan fácil…- Umi volvió a observar la piscina. Se puso de pie. Cerró los ojos. Un torbellino se formó en la piscina y se elevó por encima de ella. Ami observó, asombrada. - Como tú, tengo poder sobre las aguas… aunque ni yo misma se hasta dónde puede llegar mí poder… y eso me asusta… Tal vez, tus amigas tengan razón y nosotras seamos peligrosas. Tal vez tengamos algo de culpa por esos monstruos que han aparecido y hasta de las tormentas que han azotado Tokio estos últimos días. Quizás, lo mejor sería que no vuelvas a hablarme. - Umi permaneció observando la piscina, dándole la espalda. Había algo es sus palabras que la conmovía, que la hacían parecer sincera. ¿Cómo iba a pensar que ella era la responsable de todo, que ella era una enemiga, cuando ella misma se sentía culpable?

-No…- dijo, bajando la cabeza. Umi volteó a verla. - Yo no lo creo… no puedo creerlo…- apretó los puños con fuerza, manteniendo la mirada en el suelo. – Tú fuiste la única aquí que no me hizo sentir menos, la única que me brindó su amistad sin importar lo que los demás piensen. Tú estuviste conmigo cuando nadie más lo estuvo… por eso yo no puedo creer que tú tengas malas intenciones.

-Ami…

-Yo quiero ayudarte… Si tus poderes están fuera de control, sólo necesitas aprender a convivir con ellos… déjame ayudarte… Umi, déjame ayudarte… - Ami dio un paso al frente y tomó su mano. - Umi, confía en mí…- los ojos de Umi se llenaron de lágrimas. Quizás ella podría ayudarle a descubrir que estaba pasando, que significaba ese sueño que las tres habían tenido. Pero ¿cómo saber que era sincera? ¿Qué realmente quería ayudarla y no intentaba sacarle información para sus amigas?

- ¿Quién es Sailor Saturn? ¿Qué significa su despertar? – preguntó Umi, de repente. A Ami se le helo la sangre de sólo escuchar pronunciar su nombre. Umi lo notó, sintió sus nervios.

-¿Sailor Saturn?

-He soñado con ella… los tres talismanes para el despertar de Sailor Saturn.- repitió Umi, tal cual mencionaba la extraña voz en sus sueños. Ami volvió a sentarse en el banco, nerviosa. - Lo siento… no debí preguntar…- dijo al ver su actitud.

-Sailor Saturn… la Sailor de la destrucción… - Umi sintió un escalofrío. ¿Destrucción? ¿Destrucción de la Tierra? Se sentó al lado de Ami.- Ella es, la última Sailor, la que nunca debe despertar, por qué cuando lo haga, el final será inminente… Ella es la guardiana de la muerte y el renacimiento, cuando ella despierte, la destrucción de este mundo acontecerá y habrá un nuevo renacimiento, el mundo tal como lo conocemos se extinguirá para dar paso a un nuevo mundo.

-¿Un nuevo mundo?

-Ella despertó por primera vez hace miles de años y acabó con la Tierra y el reino de la Luna, del cual éramos originarias en nuestras vidas pasadas. La Tierra, entonces, tuvo una nueva oportunidad de renacer, pero de un modo diferente y, con ella, renacimos todas nosotras, pero el reino de la Luna recién tuvo su oportunidad de resurgir cuando despertó su princesa, Serenity… Usagi…

-Usagi… una princesa. - susurró Umi, una princesa, ¿Cómo Esmeralda?

-Sailor Saturn tuvo un nuevo despertar hace un par de años, entonces, Usagi logró evitar que la destrucción aconteciera y Sailor Saturn volvió a reencarnar como humana. Desde nuestra última batalla, hace más de un año, Sailor Saturn permanece dormida como guerrera. Ha perdido todos sus recuerdos de batalla y de nosotras. - Umi se puso de pie, nuevamente dándole la espalda, incómoda. Destrucción. ¿Por qué tenía esos sueños? ¿De quién era aquella voz qué les pedía que despierten a Sailor Saturn?- Te conté mí historia, ahora cuéntame tú la tuya…

-Mi… historia… Mis poderes…- Umi observó la palma de su mano. - Ni siquiera sabía que mis poderes podían funcionar aquí, en la Tierra. - Umi volteó y observó a la joven de cabellos cortos, que la observaba, atenta y algo sorprendida. - Jamás he hablado de esto con nadie que no fueran ellas… temía que la gente pensará que estaba loca, o algo parecido… Pero supongo que a ti te puedo contar y que me creerás.

-Te escucho.

-Mis amigas y yo… Somos guardianas de un planeta muy lejano, un maravilloso de mundo que está gobernado por el corazón, un mundo que, al parecer está más conectado con este de lo que podíamos imaginar…. Soy la reencarnación de Ceres, el dios del mar, mi deber es proteger Céfiro de cualquiera que quiera hacerle daño, he luchado contra monstruos y criaturas de todo tipo. Hasta hace poco, pensaba que sólo podía usar mis poderes allá… sin embargo…- Umi volvió a mirar la piscina. - Nuestros poderes se incrementan al mismo que tiempo que la conexión entre Céfiro y la Tierra se hace más fuerte…

-Esos monstruos…- preguntó Ami, permaneciendo a las espaldas de ella.

-Quisiera creer que esos monstruos no pertenecen a Céfiro, que no han cruzado el portal como lo hacemos nosotras… pero… - Ami se acercó a ella, tocó su hombro. Ahora tenía más preguntas que antes. Pero, de algo estaba segura. Ella no era el enemigo.

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Salía del colegio, después de su día escolar. Caminaba sola, en silencio y a paso lento. Seguía pensando en lo acontecido el día anterior, en ese misterioso juego, ¿Qué secreto guardaba? Fuu tenía clases con el club de armería, así que no la acompañaba esa tarde. Estaba llegando al portón de salida, cuando sintió que alguien gritaba su nombre. Volteó y vio a la joven de odangos dorados acercarse a ella corriendo. La espero para que la alcance. Ella le sonrió. Le sorprendía como ella podía seguir siendo tan amistosa a pesar de todo.

-Caminemos juntas… Hikaru…- le dijo con una sonrisa. Ella también sonrió. Caminaron fuera del colegio, a paso lento. Guardaron silencio por un rato.

-Lamento lo de ayer…- dijo Hikaru, de repente. - Lamento haberlas llevado.

-¿Lo lamentas? ¿Por qué? Es una tienda de videojuegos, es normal que quieran ir a jugar ¿no?

-Bueno… es que… yo… Hay algo con ese videojuego ¿verdad? Por eso Minako se molesta cada vez que lo juego. - Usagi guardó silencio. No sabía cómo excusar la actitud de Minako. Ella era muy amigable y simpática. Pero demasiado sobreprotectora, sobre todo cuando de ella se trataba. Volvió a sonreír, pero guardó silencio.

Hikaru detuvo el paso de repente. Una extraña energía la invadió. Volteó a ver el árbol que acababan de pasar. Allí, en sus ramas, algo las observaba. Una criatura blanca con extrañas orejas. "Mokona" pensó Hikaru. ¿Mokona? Era una locura. ¿Qué iba a ser Mokona allí?

-¿Hikaru? Hikaru, ¿qué ocurre? - preguntó Usagi, asustada, pero ella no la escuchó. Se acercó al árbol, pero apenas lo hizo, la criatura dio un salto y huyó de ahí, no pudo ver adónde fue. Entonces, la energía que había sentido antes la invadió. Todo se puso oscuro. Se vio envuelta a ella misma en una poderosa luz dorada. "Los tres talismanes, debes encontrar los tres talismanes… Sailor Saturn debe despertar, para que haya un nuevo renacimiento…" dijo la voz de una mujer, que no supo de donde vino. ¿Un nuevo renacimiento?

-¡Hikaru! ¡Hikaru!- Hikaru despertó y lo primero que vio fue el rostro preocupado de Usagi. Estaba tirada en el piso y ella levantaba su cabeza, sosteniéndola desde la espalda.

-¿Qué fue… que fue lo que me pasó?- dijo, sentándose en el suelo.

-Te desmayaste de repente… ¿te encuentras bien?

-Estoy bien, descuida. - Hikaru se puso de pie y volvió a observar el árbol. Estaba segura de que había visto a Mokona, ¿acaso había estado soñando despierta? - Tengo que irme…

-Espera…- Usagi la tomó del brazo, evitando que se aleje. - ¿Qué viste?

-¿Eh?

-Esa presencia… Yo también pude sentirla…- Hikaru se sorprendió. No porque haya podido sentirlo, después de todo, ella también tenía poderes, si no, más bien, porque había llegado a creer que había sido su imaginación.

-Bueno… yo…. A decir verdad… no estoy segura…

-¡Usagi!- Hikaru volteó al sentir la voz de la guerrera Venus. Lucía molesta. Minako avanzó a paso veloz hacia ellas, se puso delante de Usagi. -Quiero que te mantengas alejada de ella…- dijo en tono amenazante. Hikaru se sorprendió. No supo que responder.

-Minako…- intentó intervenir Usagi.

-¡Aléjate de ella!- volvió a decir.

-No te preocupes… No volveré acercarme a ella…- dijo Hikaru con una sonrisa y una pequeña reverencia. Luego se alejó sin decir más.

-Minako… ¿Por qué hiciste eso?

-Usagi… ¿pudiste sentirlo? Una poderosa energía la rodeaba.

-Claro que si… pero, yo no creo…

-Usagi… mí deber es protegerte… Esas chicas…

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Caminaba rumbo a su casa, cuando sintió un ruido que parecía provenir de la copa de un antiguo árbol de cerezo que se encontraba en la vereda de la preparatoria Juban. Volteó, asustada. El joven saltó desde una de las ramas más gruesas y aterrizó en el suelo con elegancia.

-Te estaba esperando.

-¡Ferio! ¡Casi me matas de un susto! - protestó, molesta. Él se le acercó despacio y le dio un tierno beso en los labios, haciendo que la tímida guerrera se sonroje.

-Moría de ganas de verte, princesa. ¡De verdad que pasas muchas horas ahí adentro! ¿Es que nunca se divierten aquí?

-Nos divertimos, pero también tenemos obligaciones. Es parte de la vida.

-Pues la vida parece muy aburrida aquí… Aunque me llama mucho la atención está ciudad, es tan ruidosa y siempre hay gente en las calles… ¿Por qué no me llevas a conocerla un poco más? Es aburrido estar todo el día encerrado en casa de Umi… Aunque debo admitir que me encantan los jardines que tiene…- Fuu se sonrojó ante el pedido de Ferio. Caminar de su mano por las calles de Tokio, como una pareja común de la ciudad, siempre había sido su sueño más loco. Un sueño que jamás pensó que se pudiera llegar a cumplir. Lo observó con detalle, desde la punta de sus pies hasta el último mechón verde de su cabello. Se veía bien como un joven japonés. Jeans gastados, chomba blanca, zapatillas deportivas.

Caminaron por las calles de la ciudad, hablando de cosas sin importancia. Aprendieron más cosas el uno del otro. Conocieron detalles de sus gustos y sus vidas. Si había tanto que desconocían del otro, entonces ¿Por qué se amaban con tanta intensidad?

Fuu le hizo un recorrido rápido por las calles del centro, observaron la Torre Tokio desde afuera. Luego lo llevó a tomar el té a su confitería favorita. La comida de una ciudad cosmopolita era algo inédito para el futuro rey de un mundo lejano, un mundo en el que no había lujos, ni siquiera para la corte real. Pero lo que más le emocionaba a Ferio era estar con ella, el amor de su vida. Desde que ellas habían logrado volver a Céfiro, casi no habían tenido tiempo a solas. ¿Una cita? Él ni siquiera sabía lo que eso significaba. Lo único que sabía era que le agradaba tenerla para él solo. En Céfiro habían pasado mucho tiempo juntos, pero siempre rodeados de sus amigos o con el gran maestro mirándolos de cerca. Pero tenerla para él solo era diferente, hermoso. Si tan sólo pudiera tenerla en un lugar sólo para ellos dos, un lugar donde no haya gente yendo de un lado para el otro. Deseaba tanto tenerla, hacerla suya, que sea su mujer. Pero no quería presionarla. La amaba demasiado como para insistirle con algo para lo que ella no estaba preparada.

-¿En qué piensas?- preguntó ella, mirándolo fijo a los ojos, mientras bebía una malteada de frutilla con un sorbete. Él se perdió en esos hermosos ojos verdes. Tantas noches había soñado con ellos que, en ese mismo instante, no sabía si eso era un sueño o era real.

-En lo mucho que te amo, mí princesa. - contestó Ferio, casi sin pensar, pero con esa picardía que lo caracterizaba. Fuu se sonrojó. Era la primera vez que él le decía que la amaba, eso la puso nerviosa. Amor. Amor era un sentimiento muy grande. Le asustaba llegar a amarlo demasiado, llegar al punto de no poder vivir un minuto sin él. Lo observó unos segundos, en silencio. Quizás ya era demasiado tarde. Daría lo que fuera porque ese momento fuera eterno, porque no tuvieran que volver a separarse, porque él se quedara en Tokio, para siempre. Pero sabía que eso no era posible. Él se preparaba para convertirse en el rey de Céfiro, claro que no podía quedarse. Y ella no estaba lista para dejar todo e irse con él.

-Ferio… Yo también te amo. - dijo, sorprendiéndose ella misma por sus palabras. Él sonrió. Tomó su pequeña y delicada manos entre las suyas.

-Algún día… serás toda mía…- dijo con picardía en su mirada. Eso la incomodó. Él volvió a sonreír. - No te preocupes… jamás te obligare a nada, ni te presionare a hacer algo para lo que no estés lista, te amo demasiado, como para esperarte el tiempo que sea necesario. - Fuu sonrió. Era agradable escucharlo. Aunque moría de ganas de quedarse a vivir en Céfiro, de convertirse en su esposa y formar una enorme familia con el futuro rey, aún tenía planes en su mundo. Y, aún, tenía que pensar que iba a hacer con su vida allí, que iba a decirle a sus padres y a su hermana.

-¿Te gustaría dar un paseo?- dijo, intentando cambiar el tema.- Te llevaré a mí parque favorito…- Ferio sonrió. Realmente no le importaba adónde ir, siempre y cuando fuera con ella.

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Hikaru caminaba rumbo a su casa, a paso lento, como si no tuviera deseos de llegar. Tenía un fuerte dolor de cabeza y aún se sentía algo mareada. Esa voz retumbaba en su mente como en el mismo momento en que se desmayó. "Los tres talismanes" ¿Qué significaba?

De repente sintió un extraño sonido. Extraño, pero, a la vez, familiar. Allí estaba, otra vez esa extraña criatura esponjosa, se movía rápido, a los saltos.

-¡Mokona!- Se paró frente a ella sólo un segundo y después se alejó saltando a toda velocidad, como lo hacía siempre en los tiempos en que era su guía en aquel maravilloso mundo. Hikaru entendió que quería que la siguiera, aunque Mokona no pronunció ni un sólo sonido. Corrió tras ella a toda velocidad. Estaba segura de que no era una visión, ni estaba soñando despierta, era ella.

Corrió hasta que la vio perderse cerca de la esquina. Se detuvo frente la entrada al zoológico. Observó la marquesina. Había pasado cientos de veces por la entrada, pero jamás había ido, ni siquiera de niña. La idea de observar animales encerrados tras rejas, como si fueran delincuentes cumpliendo una condena eterna, nunca le había parecido divertida. Siempre había estado en contra de los zoológicos, de los acuarios y de todo parque que encerraran animales para diversión de las personas. Pero Mokona estaba allí adentro. La observaba. Parecía que estaba indicándole que entre. Ingresó casi por inercia, casi sin darse cuenta de lo que hacía, casi como hipnotizada. Mokona dio un salto y volvió a alejarse. Pero ya no tenía deseos de correrla. Caminó por los pasillos del zoológico, hasta que se topó con la jaula del tigre blanco. Allí estaba, acostado al sol, tan flaco que hasta se le notaban los huesos, tan desmejorado que su pelaje no brillaba, su rostro reflejaba infinita tristeza. Sintió deseos de llorar. ¿Por qué? ¿Por qué el ser humano era capaz de semejante atrocidad? ¿Por qué no podían respetar a las demás criaturas? Volvió a sentir un extraño ruido a sus espaldas. Esta vez estaba segura de que era la voz de Mokona, hablando en su característico idioma. Volteó a ver, pero ella una vez más, huyó de un salto. Entonces, pudo observar otra de las jaulas, esta vez era un león, en igual o peores condiciones que el tigre que estaba enfrente. Caminó algunos metros más. Unos cuantos metros más adelante, pudo ver a un grupo de chicos frente a la jaula de los monos. Se acercó. Los pequeños llevaban una bolsa con maníes que arrojaban a los animalitos cual proyectiles, sólo para ver quien tenía mejor puntería. Eso terminó de enfurecerla.

-¡Ya basta!- gritó, con sus puños apretados. - ¡Dejen de molestarlos! - los niños la miraron, asustados. Una extraña energía la rodeó. Sus cabellos se movieron, como danzando con el viento. Pero no había viento. Nubes negras aparecieron de repente, sobre sus cabezas, a pesar de que había estado despejado. Un rayo cayó muy cerca de ellos, haciendo que un antiguo árbol del parque, que estaba algo seco, se prendiera fuego rápidamente.

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Umi y Ami salían del colegio cuando el rayo cayó. El jardín zoológico quedaba a un par de calles de la prestigiosa institución.

-No puede ser...-dijo Umi. Sintió una energía que creyó familiar.

-Increíble... está despejado, ¿cómo puede...- Umi salió corriendo en dirección al lugar en el que había caído el rayo. Ami corrió tras ella.

ஐ..

Desde el parque Ichinohashi, Fuu pudo sentir el sonido del rayo, y una entraña sensación la invadió, aquello no parecía ser algo normal. Se puso de pie, observando hacia el lugar del que había venido el sonido. Parecía haber algunas nubes a lo lejos, el resto del cielo estaba turquesa, sin una sola nube a la vista.

-¿Qué ocurre, Fuu?

-Es que... creí sentir la energía de... Rayearth...

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Cuando Umi y Ami llegaron al zoológico notaron el alboroto. La gente huía asustada. El incendio se había propagado así que activaron el protocolo de emergencia para evacuar el lugar. Aun así, Umi ingresó, tenía un mal presentimiento. Ami corrió tras ella.

Esquivando a la gente que corría fuera del lugar, Umi pudo llegar hasta donde Hikaru permanecía de pie. Ella observaba el fuego como hipnotizada. Umi observó. Los empleados del lugar intentaban apagarlos con extinguidores, pero estaba fuera de control. Parecía que, con cada segundo, tomaba más fuerza.

-¡Hikaru! ¡Hikaru!- gritó, sacudiendo a su amiga, que no parecía tener reacción. Ami llegó a tiempo para presenciar la situación. De repente, una extraña criatura saltó desde la cima de una jaula y se paró a un costado de las jóvenes. En ese momento, Hikaru salió de su trance. Volteó a verla. Entonces, las llamas dejaron de tomar fuerza, el incendio se estabilizó, aunque los árboles aún seguían ardiendo. Umi se sorprendió al ver a la criatura.

-¡Mokona!- dijo Hikaru. Un extraño viento las rodeó. Esa extraña voz resonó en la cabeza de ambas. "Los tres talismanes. Hay que encontrar los tres talismanes". Mokona saltó a los brazos de Hikaru. Ella la abrazó con fuerza.

-Umi…- dijo la joven de cabellos cortos, acercándose a la heredera de Ceres. Umi observó el fuego. Debía hacer algo antes de que se desate una catástrofe. Levantó su mano en alto, dispuesta a convocar a su dragón de agua. Pero fue interrumpida por el sonido de las sirenas de los bomberos. Observó hacia la entrada del parque, ellos bajaron del camión a toda prisa y corrieron hacia el lugar, con su manguera. Umi bajó su mano. Sería mejor dejar que ellos se hagan cargo.

-Jovencitas… deben alejarse de aquí, es muy peligroso…- dijo, amablemente, uno de los bomberos recién llegados. Umi tomo a Hikaru de los hombros y la empujó hacia la salida. Aún estaba muy extraña. Ami dio un último vistazo al incendio y, luego, salió tras ellas. Aquel fuego lucía tan extraño, tan diferente. Como el fuego sagrado de Marte. ¿Acaso a eso se refería Umi cuando hablaba de sus poderes fuera de control?

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·٠Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ٠·"*•. N/A ·٠Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ٠·"*•

He de confesar que la última vez que vi Guerreras Mágicas completo fue hace muchísimos años, en mí adolescencia. De grande no lo he hecho, aunque más de una vez la comencé con la intención de prestarle la atención que una adolescente de 14 años quizá no le prestó, pero no he llegado a terminarla. La verdad, no recuerdo si Fuu y Ferio llegaron a confesarse su amor, (por mis recuerdos creo que no fue así). Si recuerdo que lo hicieron Hikaru y Latis, justo antes de que nuestras heroínas volvieran a su mundo. Pero la relación de Fuu y Ferio siempre fue más aniñada: miradas intensas, palabras bonitas, rostros sonrojados, quizás algún pequeño beso o un abrazo (típico de las CLAMP, dejarnos con las ganas, aunque hoy que lo pienso, con la mirada de una mujer adulta, no está mal, después de todo, sólo eran niños). Eso me hace suponer que mí memoria no me falla, que jamás se dijeron "Te Amo". Por eso, me gustó la idea de enfatizar eso en esta improvisada cita, su primera confesión de amor. Ellos siempre estuvieron muy enamorados, siempre se cuidaron el uno al otro, siempre estuvieron seguros de sus sentimientos, pero nunca lo pusieron en palabras. Si en realidad no fue así, sepan disculpar mí mala memoria, de todos modos, creo que quedó muy bonita esa escena.

Por otro lado, ¿qué creen que está tramando Mokona? ¿De verdad las Guerreras Mágicas van a traer caos y destrucción a su mundo? Averigüémoslo en el próximo capítulo, en el que sabremos un poco más sobre la misteriosa Mokona.

¡Nuevamente gracias por leer!