Buenas...

Eso que di bastante tiempo para que me dejaran un review y nada.

Lamento el largo tiempo que esperaron por un nuevo capítulo quienes leen sin comentar. Ahora que me compre un teléfono, espero actualizar más seguido.

En fin, hora de leer el nuevo capítulo:


Capítulo 13

Peek-a-boo

Con un Robbie fracturado de un pie, a Wendy le costaba mucho correr por tener que ayudarlo, y dejarlo a su suerte no era una opción. En el caos de escapar de unos monstruos por pasillos casi oscuros, perdió de vista a sus compañeros de escape y su único plan era esconderse, aunque no era su estilo. Por fortuna, el aula que ella encontró estaba abierta y llevó al gótico debajo de ese escritorio para el profesor. Él se asustó pensando que iba a ser abandonado, pero dejó esa idea de lado al ver que ella buscaba alguna especie de arma con qué defenderse. La pelirroja estaba planeando su próximo paso, a falta de un buen palo, y como era seguro que estuvieran cerradas las puertas principales, la única vía de escape sería volver al gimnasio. Ella volvió con el joven de pelo negro y le susurró que se mantuviera en silencio, para poder escuchar si alguno de aquellos cinco enemigos estaba cerca. Aun no podía creer lo que sucedía: la criatura que hizo enloquecer todo Gravity Falls había vuelto y convirtió a dos de sus amigos en peones. Este era un verdadero problema y no sabía si podría resolverse sin la ayuda de los chicos y ancianos de la familia Pines.

—Supongo que ya no debería estar con la forma de esa chica —se oía en el pasillo acercándose.

—Sí, deberías transformarte en otra cosa —opinó una voz robótica—. Ahora a seguir buscando.

La conversación se oía cerca y eso ponía nerviosos a los que se ocultaban, si bien, se calmaron al escuchar pasos que se alejaban. Era mejor esperar un poco más antes de emprender la huida, y cuando todo parecía estar en silencio, volvió el sonido de pasos y de puertas abriéndose de una forma bruta. Ellos estaban revisando las aulas una por una y tarde o temprano los encontrarían si no se movían. La leñadora decidió avanzar y, aprovechando la oscuridad, trató de ocultarse y consideró ir a gatas para no hacer ruido. Por el camino que aparentaba ser largo, los espantó el ruido de cosas cayendo con violencia, que en realidad fue la caída de una barricada de pupitres hecha por Soos. Lo que le siguió fueron los gritos de la pareja, sorprendidos por una especie de termita gigante, la cual se abrió paso arrojando con facilidad lo que le molestaba por doquier. El robusto fue alcanzado por una silla que lo desorientó, así que su novia lo guio hacia la salida. El Cambia-formas enseguida se dio cuenta de que los humanos se fugaban y se movió furioso a los corredores a tratar de hallarlos. Otra cosa fastidiosa fue que esa escuela era como un laberinto.

—¿Qué vamos a hacer? —preguntaba asustado una y otra vez Thomson a Nate; ambos estaban refugiados en la cafetería, debajo de una mesa—. Estoy seguro de que aquí nos van a encontrar.

El de piel oscura le pedía en voz baja que se quedara escondido y, como respuesta, le insistió en que se quedara ahí mientras que él iba a tratar de abrir la puerta de la cocina. Aquel accedió no muy confiado y fue así que el otro se marchó con sigilo, siempre bajo la vigilancia de su aliado. Como se lo había imaginado, la puerta estaba cerrada y justo era una que no se tiraría fácil, con lo que se fijó en las ventanas. Imposible: todas ellas tenían rejas, así que por desgracia la única manera era salir por donde entraron. Al querer regresar al lado de su socio, las puertas de doble hoja de la cafetería se abrieron de golpe, consiguiendo que ambos muchachos se paralizaran del miedo. Una sombra se observaba en la entrada, la cual se iba ingresando al lugar de a poco, y se aproximaba justo al chico gordo, quien hacia ruido musitando una especie de plegaria. Su amigo no iba a permitir que lo lastimaran, por más que no tenía oportunidad contra esos seres, y no lo dudó ni un segundo para enfrentar a esa cosa. Su valor se esfumó al reconocer esa figura, la que era la de su mejor amigo, y quería saber si algún día las cosas volverían a ser como las de antes.

—¡Ya los encontré! —exclamó el recién llegado al reparar en aquellos dos rostros aterrorizados.

Ni bien aquel dio un paso, todo el lugar se iluminó de repente, y ahí él explicó con tranquilidad y sin dejar de sonreír, que Giffany al fin encontró los interruptores de la energía eléctrica. A esos dos atemorizados les costó un par de segundos acostumbrarse a la luz tan brillante de los tubos fluorescentes y, ni bien sus ojos se adaptaron, el joven de piel tatuada se echó a correr hacia al que se ocultaba. Aquel trató de sacarlo de su escondite a tirones y, de paso, miraba de reojo al demonio, el cual parecía que no estaba apurado en capturarlos. Los dos se fueron lo más rápido que podían, para no descubrir qué era lo que él quería en realidad, apuntando hacia una puerta al otro extremo de la sala. Por más que la adrenalina los impulsaba a escapar, era difícil avanzar por culpa de la torpeza del más gordo que tropezaba a cada rato. Mientras ayudaba a su amigo a levantarse, aquel dio un vistazo hacia atrás, para ver si aquel enemigo seguía donde estaba. Sí él estaba en el mismo lugar, observando entretenido la escena de la caída. No había que perder esa oportunidad para escapar de una buena vez, pensaba Nate, y por fin ellos huyeron otra vez.

—¿Qué? ¿Cómo fue que…? —dijo sintiendo mucho dolor el mejor amigo de Lee, luego de que se chocara con algo tan duro como una pared y que lo llevó directo al suelo, junto con su socio.

—Bueno, ya es hora de que vengas conmigo —habló Bill, ni bien tenía cerca el rostro del sujeto con gorra, el cual primero lo alzó con brutalidad tomándolo por el cuello y dejándolo en el aire.

Aun en el piso frío, el que sólo era conocido por su apellido estaba paralizado al ver que el otro no se podía liberar por más que pataleara, y no se animaba a tratar de ayudarlo. Sin embargo, él no debía permitir que el grupo se destruyera, así y como siempre se sacrificaba para mantenerlo unido, le pidió al triángulo que lo soltara, colgándose de ese brazo que asfixiaba al moreno. Ese atacante observó serio al valiente, y luego sonrió soltando al mismo tiempo a su víctima. Aquel que casi se muere, trataba de recuperar el aliento después de caer con violencia, y su colega se interponía entre él y la bestia. Clave felicitaba a ese chico por su valentía, aunque no se sabía si fue sarcasmo o no, hasta le propuso dejarlo ir en paz junto con sus otros compañeros. La oferta sonaba demasiado tentadora, de modo que ambos supusieron que se trataba de un engaño. Y tenían toda la razón cuando oyeron las condiciones del trato: el afroamericano debía quedarse. Eso no sonaba para nada bien y, cuando comenzaron los chicos a discutir sobre el asunto, algo los sobresaltó y era el ruido fuerte de la puerta de doble hoja abriéndose con tan bruscamente. Quienes llegaron recién a la cafetería fueron los secuaces, trayendo con ellos a los perseguidos.

—Vaya, llegan justo a tiempo —exclamó el de ojos amarillos, sonriendo por el buen trabajo que hicieron los monstruos—. Serán de utilidad para convencer a estos torpes de hacer lo que digo.

—¡No te saldrás con la tuya! —gritó Wendy, sujetada fuertemente por el Cambia-formas, tanto por los brazos como las piernas—. Sabemos tu debilidad. En cuanto llegue la familia Pines, te…

—¡Estoy esperando a que lleguen! —respondió él con su voz aterradora, mas luego se calmó—. Mientras tanto, me divertiré torturándolos, aunque ahora les daré un tiempo para poder irse.

Ellos no sabían si sus oídos les engañaban, y peor fue la confusión cuando el jugador del Baila-Baila comenzaba a llorar. Él les comentó sobre la proposición, que sí era verdad que los dejaba ir, a cambio de que Nate se quedara, y eso espantó a las presas. La pelirroja hecha una furia le preguntó la razón de aquello tan cruel, y la respuesta fue que él se merecía un castigo por faltar a su palabra. A ella no le dio importancia eso y agregó que nunca podría abandonar a un amigo, con lo que el creador del Raromagedón se estaba molestando y fue peor cuando los demás se pusieron de decir lo mismo. Además, ellos opinaron que preferían quedarse y sufrir todas esas consecuencias con las que amenazaba aquel joven alto, con tal de no tener la culpa de salvarse por causa de un sacrificio. Como él veía que esto no tenía remedio, tuvo que resolverlo todo de otra manera: primero, ordenó a sus ayudantes que soltaran a sus víctimas y se apartaran. Ellos se miraron confundidos y, antes de hacer enfadar a su jefe, obedecieron arrojando a esa gente golpeada como si fuera basura. Ahora sí la leñadora estaba libre para atacar, por más que tenía un ojo morado, sin embargo, Robbie, Melody y Soos no contaban ni ahí con ese ánimo de lucha.

—¡No te tengo miedo! —exclamó la Corduroy mientras corría y se disponía a dar un puñetazo.

Ella quería aprovechar ese momento en que Bill tenía los ojos cerrados, sin importarle que una energía azulada se incrementara en sus puños. Los monstruos no sabían si tenían que intervenir o no, pero mucho antes de que lo alcanzara el golpe, Wendy cayó desmayada, y le sucedió igual a las demás víctimas. El triángulo había chasqueado los dedos con ambas manos y consiguió que todos aquellos se quedaran inconscientes al mismo tiempo. Con seriedad, Lee levantó y se llevó a Nate entre sus brazos, saliendo de la habitación con calma, y sus secuaces le siguieron un par de pasos atrás. Así el grupo salió del edificio, encaminándose hacia la guarida subterránea, y ni bien ellos ya estaban algo lejos, se escuchó la sirena de la policía. Nadie estaba en las calles frías y oscuras, aunque sí se notaba que había intranquilidad en las casas: unas personas discutían y otras tomaban algunas cosas como suministro para un viaje inesperado. Unos pocos repararon en ellos, ya que no llamaban tanto la atención con Rudo y Giffany ocultos en el mundo virtual. Y así ellos llegaron sin problemas al espeso bosque a mitad de la noche, faltando pocos metros al destino, no obstante, el rubio se detuvo y dio la orden al barón para que accionara la escalera.

—De inmediato —respondió él en voz baja y se acercó corriendo hacia el árbol falso, para luego estirar por metros uno de sus brazos para llegar hasta la palanca. Asimismo, la escalera surgió.

Los tres bajaron en silencio y, una vez que ya estaban en el refugio, Clave colocó con cuidado a ese chico sobre una mesa rustica. La criatura termita salió de ese cuarto para ir hacia la sala de vigilancia, en tanto la chica de pelo pintado se fue a sentarse a una silla en un rincón, con una expresión de fastidio. El enojo en Tambry se hizo notar más tras oír la voz de la protagonista de Romance Academy, la cual estaba muy alegre porque todo había salido bien, y también porque aquel demonio de los sueños le seguía la corriente. La conversación terminó a pedido de él para poder concentrarse en ese muchacho que dormía profundamente y, después de acomodarse en una silla, él se despegó de su cuerpo para poder sacar el alma de aquella persona. Pyronica veía todo desde lejos, a su líder y a ese fantasma que flotaba sin preocupación, y observó cómo ese triángulo volvía al mundo físico. Luego aquel lanzó dos conjuros, uno para llevar al adolescente a ese lugar de fantasía, y el otro, para llamar a uno de sus aliados. El llamado provocó que toda la habitación estuviera en blanco y negro, y una luz empezaba a tomar una forma. La diablesa se sorprendió al distinguir una cara conocida y aquella figura se apoderó del cuerpo sobre la mesa.

—Gracias, señor —dijo ese criminal de otra dimensión, después de saber que podía moverse en ese plano—. Hacía mucho tiempo que no pasaba por esto. Es un poco extraño al principio ¿no?

—Está bien, amigo —le contestó aquel sonriendo y un poco harto ya que hablaba mucho—. Hay mucho trabajo por hacer y por eso te llamé, para que lo terminemos de una buena vez, Kryptos.

Aquel recién llegado se disculpó y, antes de hacerlo enfadar todavía más, quiso salir de encima del mueble. Sin embargo, él aún no estaba acostumbrado a esa forma, por eso las piernas no le respondían y su destino era ir hacia el piso. No ocurrió el accidente ya que el otro lo atrapó, y le aconsejó que se tomara un tiempo antes de ir a trabajar, con lo que el romboide se disculpó de nuevo con una sonrisa nerviosa. Su conversación fue interrumpida por la chica, quien sonando algo enojada, avisó que iba a cambiarse su vestido de fiesta y se fue hacia el baño. Al nuevo del equipo le pareció un poco raro verla a ella actuando de esa manera, ya que solía ser más alegre y despreocupada. Bill resopló cansado por esa situación que no terminaba más y fue la joven de uniforme japonés quien respondió a su pregunta. ¿Ella estaba celosa? Eso no era bueno, creía el demonio grisáceo, y recordó las veces en que alguna fémina que se acercaba mucho al amo de la mente, desaparecía de un día para el otro. Eso sucedía a veces, en la que aquella rosada podía ser capaz de actuar de un modo impredecible y peligroso con tal de salirse con la suya. Una vez, él vio cómo Pyronica perdió el control y redujo a cenizas a una colega de una manera espantosa.

—No sé cómo decirle esto, señor —empezó a decir Kryptos temiendo mucho, ya que presentía que aquel iba a enfurecerse—. Creo que debería arreglar este problema cuanto antes, porque…

—¿Sabes qué? Es una buena idea —lo interrumpió enfrentándolo con una mirada amenazante —. ¡Tú vas a solucionarlo! Ahora tienes una nueva misión, pero no descuides tu deber principal.

En ese lugar, había cierta tranquilidad porque estuvieron de acuerdo en empezar con el trabajo recién a la mañana. Antes de irse a dormir, el nuevo conoció a los demás integrantes y, fue una suerte que ya tenían ahí varios elementos para quedarse a vivir sin problemas. Los causadores del terror en Gravity Falls descansaron tranquilos esa noche; no sucedió igual en el hogar Pines, en California. Cuando los recién adolescentes tomaron valor y contaron a sus padres la historia que mantuvieron oculta, los adultos no podían creer en unos monstruos invasores del pueblo. Y, si todo era realmente en serio, a ellos los invadió una angustia al saber que por poco no volvían a ver de nuevo a sus hijos. La respuesta fue bastante clara tras la pregunta de que si era posible regresar a ese sitio: imposible. Como ellos optaron más por creer que todo era un cruel invento, ahora debían enviar a los chicos a terapia, y los menores no tenían ni una prueba de que ocurrió el Raromagedón. Dipper y Mabel se sintieron muy mal esa noche, y no sabían bien qué hacer ya que ni siquiera podían hablar con sus tíos, para que los apoyara diciendo la terrible verdad. Ese chico se la pasó caminando por toda su habitación, tratando de pensar en algo, aunque sólo se la pasó preocupándose más y más. Por otro lado, la gemela alfa hablaba con sus amigas de allá.

—No se sabe bien qué pasó en la fiesta de Wendy —contaba Candy sonando nerviosa—. Unos vecinos nos explicaron que todo el mundo salió corriendo porque cosas extrañas sucedieron ahí.

—¡Debes ver esto! —gritó Grenda apareciendo de golpe en la video-llamada y estaba señalando el televisor—. Hay un video de la fiesta y lo están transmitiendo por el noticiario… ¿Acaso es él?

En la pantalla, se veía a dos grupos de adolescentes conversando, pero lo extraño fue ver a esos dos personajes de videojuegos. Además, lo llamativo fue que uno de esos jóvenes era capaz de mover cosas con la mente y se escuchó claramente que la pelirroja dijo el nombre de esa bestia de un solo ojo. Tras ver ese video, los gemelos notaron que no había mucha evidencia para que los habitantes del pueblo se dieran cuenta del peligro en que se encontraban. Existían muchas opiniones acerca del asunto y lo estaban discutiendo la periodista Jiménez con varios invitados. Algunos decían que no se trataba de esa criatura, porque eso significaba que sus pesadillas los atormentarían de nuevo; mientras que otros creían que sí era verdad y que era mejor irse del pueblo, ya que se descubrió que la locura no llegó a otros lugares. Era una lástima que aquellos adolescentes no estaban ahí para aclarar las cosas, en cambio, todos ellos estaban recibiendo la atención médica que necesitaban tanto. El casi aprendiz de Ford dejó de caminar tras oír que la chica cool resultó lastimada y se acercó con seriedad a su hermana para también hablar con sus amigas. Él reconoció que era buena idea alejarse antes de que algo terrible sucediera o, sino, les recomendó que se mantuvieran encerrados en sus casas, como si hubiera afuera una invasión.

—¿Y nosotros qué vamos a hacer, Dipper? —preguntó casi llorando la que creaba sus suéteres.

—No podemos quedarnos aquí sin hacer nada. Vamos a tener que escapar de casa, esta noche.


Creo que les va a gustar más lo que viene, con más participación de los protagonistas de la serie, así que dejen un review.