Hola y bienvenidos a un nuevo capítulo, valientes lectores.
Cada vez falta menos para que esta historia se termine, así dejo este fandom y concentrarme en otro proyecto.
Por ahora, disfruten este capítulo.
Capítulo 15
El nuevo Raromagedón
Bill y todo su equipo atravesaban el espeso bosque, llevando cada uno diferentes objetos, como si acabaran de mudarse del bunker. En efecto, así lo era y todo porque ese lugar ya era conocido por los pequeños gemelos Pines, con lo que revisarían ahí cuando emprendan la búsqueda. A él no le gustaba la idea de ocultarse, pero debía tomar medidas hasta poder recuperar la forma de antes, la que tenía pura energía. Desde luego, ellos no iban a permanecer ahí ocultos por mucho tiempo; tenían planeado ir a darles la bienvenida a esos niños, los cuales estaban cada vez más cerca. Ellos lo sabían gracias a Número Tres y Cuatro, las fotocopias de Dipper que percibían lo que el original sentía, y así se supo que él estaba asustado, aunque no tanto al estar junto a su hermana. Fue entonces donde las copias entraron en acción, funcionando como un rastreador, y así se estaría al tanto en donde estaba él con precisión. Por ahora, les faltaban un par de horas a los oriundos de California para llegar a Oregón, de modo que había que tener todo preparado para una fiesta de bienvenida. Por más que cada parte del plan de venganza no tenía retrasos, sí que era bueno dar un par de pasos adelante, por si algo se complicaba, en casos de emergencia.
—¿Así que ya casi está todo terminado? —preguntó Lee, ya acomodándose en la nueva guarida.
—Sí, sólo falta el detalle final —respondió Nate mientras que todos contemplaban la gran obra.
—Bien, y para eso, el barón tendrá que ir a buscarlo —decidió el rubio paralizando al nombrado.
El Cambia-formas preguntó por qué él, a pesar de tal vez no debía cuestionar, y como respuesta obtuvo una calmada explicación de que era el único que podía pasar por humano adulto. Ese ser no estaba muy confiado, ya que había veces que perdía la paciencia y se transformaba, mas no era el momento para temer y el demonio de los sueños le recordó que su premio estaba frente a sus ojos: su libertad. ¿Cómo podría él andar libre por ahí si no se sentía capaz de mezclarse en una multitud? Ahora más animado, el cambiante estaba decidido a cumplir con su misión y, con tal de facilitarle esta tarea tan importante, recibiría la ayuda de Gideon y sus matones. Como no había tiempo que perder, el jefe llamó al niño por teléfono y se enteró que él ya estaba reunido con sus antiguos compañeros de prisión. Mientras que le estaba contando su plan, para el final él quería saber dónde estaba y justo lo tenía donde quería: en el centro del pueblo. Eso era muy importante porque desde ahí aquel albino lanzaría un conjuro para mantener a esos pobladores ocupados, para que no estuvieran rastrillando en busca de la bestia de un solo ojo. Ya fijado el punto de encuentro entre esos criminales y su nuevo aliado, aquel último dejó atrás el recinto.
—¡Gideon! —gritó el hombre del sobretodo al divisar al albino, acercándose con un paso veloz.
—¿Y tú qué quieres? —preguntó amenazante Ojos Blancos, impidiendo que el otro se acercara.
—Bill me envía —respondió tranquilo luego de controlar su ira—. Hay que irnos y soy el barón.
La criatura no quería revelar su identidad, a menos que sea necesario, y esto le serviría para ser capaz de convivir con personas. Manteniendo el misterio, él se subió a una de las camionetas de ese grupo, ubicándose al lado del chico de nuevo en su silla para bebés, con el mejor secuaz tras el volante. Ni bien el motor se encendió, un texto llegó al móvil del regordete, haciendo que se quitara los seguros con prisa y pidiera que lo suban al techo. Ahí arriba, él recitó el hechizo y, al terminar, ordenó huir ya mismo del lugar, el cual empezaba a temblar. Ellos, junto con otros dos vehículos más, comenzaron a dirigirse hacia las carreteras, y así dejar atrás al pueblo de Gravity Falls. El viaje iniciaba con tranquilidad, sin mucho tránsito ni controles policiales, sin embargo, el sujeto misterioso le daba mala espina al menor, quien no estaba vestido como campestre (como la vez anterior), sino como sus rudos compañeros. Él no entendía por qué aquel obtuvo el rango de socio del triángulo, porque él parecía ser alguien como todos, pese a estar maravillado por lo que veía por la ventanilla. Por la desconfianza que ese supuesto psíquico sentía, él se aferraba a su dije de buena suerte, que tenía oculto en un bolsillo, listo para usarlo en cualquier momento.
—¿Seguro que es por aquí? —preguntó el Alegría un poco nervioso por un cambio de dirección.
—Sí, así es —afirmó el musculoso—. El mapa que dibujó ese dios del caos nos lleva a este lugar.
Luego de un par de horas sobre una principal ruta, la caravana se desvió para irse por un camino que no figuraba en los mapas convencionales, uno sin pavimentar, angosto y que se perdía en el horizonte. Mucho más adelante, un letrero indicaba que ellos estaban en zona militar, cosa que inquietó todavía más al niño de pelo blanco, y su mente estaba conjeturando alguna razón. ¿Por qué Bill quería que él fuera a este sitio peligroso? ¿En realidad él precisaba algo de aquí o era un plan para deshacerse de un símbolo del zodiaco? Demasiadas preguntas en su cabeza obligaron a Gideon a desesperarse y a reclamar a gritos las respuestas, desconcertando al tipo que estaba en las latas de frijoles. El Cambia-formas no sabía qué hacer, si quedarse callado o calmarlo con la verdad; eligió la segunda opción, explicándole al líder de los antiguos reclusos que no hay tal complot y que no más había que robar algo. No obstante, él no estaba conforme con eso y quiso saber más sobre este inesperado aliado, pero en esta ocasión, fue interrumpido ya que aquel le avisó que debían detenerse. Ojos Blancos le obedeció y le comunicó las noticias a sus colegas de atrás: que ya era hora para ingresar a la base militar y que algunos se quedarán como guardias.
—Rompe Huesos: tú vendrás con nosotros —se metió el chico en la conversación y ahí terminó.
Los tres hombres y el infante, subido al hombro de su fiel amigo, divisaron un edificio en medio de la nada y con rapidez se agacharon al observar a unos cuidadores con armas. El barón les dijo en voz baja que él se encargaría de ellos y les haría señas para que pudieran avanzar. Los demás no le tenían confianza en que lo haría solo, como se lo veía como alguien casi anciano, con ese cabello grisáceo y fue raro que no pidiera ayuda de los grandotes. Aquellos no pudieron discutir porque el sujeto ya estaba bajando por una colina polvorienta y se iba acercando a los soldados. A pesar de que estaba siendo apuntado por grandes rifles, el que tenía unas gafas en la cabeza se mostraba tranquilo y, en un instante, consiguió golpear a esos dos, dejándolos inconscientes en el suelo. Los observadores se quedaron perplejos al descubrirle esa habilidad y les costó ir de inmediato al ver la señal debido a que no salían de la sorpresa. Ni bien ellos se reunieron, el que quería adueñarse de la Cabaña del Misterio destruyó una cámara de seguridad con un bate, y el de piel oscura tiró abajo la puerta de metal de un golpe. Por más que una alarma empezó con su fuerte sonido, los bandidos recorrieron los pasillos tan rápido como podían, sorteando peligros.
—¡Vamos! Pronto llegarán refuerzos —exclamó el de bigote y apuntó a la mercancía para robar.
Los antes encarcelados se sentían extraños al apropiarse de cosas desconocidas y al vestirse con trajes protectores, todavía más cuando lo perdieron de vista al reciente miembro del equipo. Se lo encontraron en el corredor, empujando un barril con un carrito y se estaba dirigiendo hacia la salida. Los demás siguieron sus pasos y todos ellos continuaron corriendo hasta que traspasaron la puerta principal; no pudieron avanzar más a causa de que soldados y agentes obstruyeron su escape. Aquellos les estaban apuntando con sus armas y uno de ellos dio la orden a los ladrones para que se rindieran, logrando que ellos levantaran las manos. Todo parecía estar perdido para los ayudantes de Bill, hasta que Gideon usó su amuleto para hacer que todas las armas salieran despedidas por los aires. En el momento de la confusión, se creía que era hora de solucionarlo a los golpes, sin embargo, fue esa criatura quien reaccionó primero, convirtiéndose en el Siempre-detrás y se llevó a sus camaradas. Ahora, que él era tan alto como un árbol y se movía con gran agilidad, el Cambia-formas puso a salvo a esos tres. Ojos Blancos puso en marcha la camioneta y escapó, sin importar que le faltara su extraño pasajero, y así lo hicieron los demás. Eso no era de importancia para el monstruo, ya que viajó en la parte de atrás para quedarse vigilando el botín.
—Mabel, mira. ¿Eso no se te hace familiar? —preguntó Dipper y señaló hacia la ventanilla, a un hombre con traje anti radiación junto con unos barriles—. Stan robó eso para el portal. Oh, no.
La chica no entendía nada al principio, hasta que su hermano le explicó lo que sospechaba: que Bill quizá esté construyendo el portal inter dimensional. Eso significaba un nuevo Raromagedón, si lograba completarlo, y todo ese caos podría repetirse. Había que averiguar eso cuanto antes y pronto lo descubrirían, porque ellos ya estaban muy cerca del pueblo. Cuando al final el autobús llegó a destino, ya estaba el atardecer y todo parecía estar tranquilo, ya que no había gente por ningún lado. Incluso Wendy no estaba, quien estuvo de acuerdo en buscarlos en la estación, y el hecho de que no se presentara, daba la impresión de que algo grave le sucedió. Soos era la otra opción, mas no respondía a los mensajes y la pelirroja les comentó que él perdió su teléfono. De modo que los niños, al igual que el cerdo, comenzaron a caminar con sigilo para no llamar tanto la atención, y como el frío los estaba obligando a buscar un refugio, la casa que tenían más cerca era la de su amiga Candy. Mientras que recorrían las calles, estaba empezando a nevar, algo que jamás vieron en sus vacaciones de verano en ese lugar. Por más que ver caer nieve era lindo, sus ojos se fijaron en la oscuridad que había dentro de los edificios, así como también en que varias ventanas tenían tablas de madera por cortinas. De repente, unos gritos de terror se escucharon.
—¿Qué está pasando? —habló la gemela alfa sonando asustada y se aferró a su mascota tensa.
El chico no sabía qué decirle hasta que vio a lo lejos el problema, la razón por la que gritaron las personas: unos monstruos hambrientos de carne humana, considerados casi invencibles, según los diarios de Ford. Así lo era, había una gran cantidad de zombis al final de la calle y ellos ya se dieron cuenta de la presencia de los gemelos y su cerdito. Como la vez pasada, ellos huyeron ya que no podían hacer nada contra esos cadáveres andantes, y no tenían a mano la única manera de destruirlos. Luego de correr un par de metros, alguien desde la puerta de su casa quería que entraran haciéndoles señas y, sin tener que pensarlo, ellos fueron rápido a ocultarse. Como aún había cierta claridad, la visita inesperada siguió al dueño de casa hasta una habitación oscura, y encerrados ahí, aquel encendió un farol revelando su identidad. Los jóvenes casi dieron un grito del susto, porque antes confundieron esa cara por una máscara, pero enseguida se repusieron y saludaron como se debía a Toby Decidido. Si bien los Pines no esperaban ver a ese periodista, se alegraron de encontrárselo y este les ofrecía algo de comer. Al mismo tiempo que ellos oían las terribles novedades, notaron que aquel estaba vestido diferente, algo parecido a lo que llevaba en esos días oscuros. Además, el cuarto en donde ellos estaban era como una suerte de refugio.
—Lo bueno es que conocemos a todos esos monstruos —comentó la dueña de Pato al terminar.
—Sí y lo mejor es que sabemos cómo vencerlos —agregó el que escondía la marca de su frente.
Gracias a Temerario T, ambos se enteraron que, aparte de zombis, había por ahí grandes bestias que destruían todo a su paso y, si se observaban sus ojos, mostraban el peor miedo. También en el noticiario se informó sobre destrozos provocados por animales gigantes, y una falta de dulces y más cosas debido a pequeños seres que se veían como hombrecitos desnudos. Los menores sí que tenían la solución, sin embargo, no sabían cómo comunicárselo a los pueblerinos, hasta que el fundador de su propio periódico llamó a la periodista de la televisión. Fue así que apareció un boletín especial que daba instrucciones contra los monstruos sueltos de Gravity Falls: contra los grenomos, hacer que se vieran en un espejo, y para los que se comían todo, hacer que vieran el televisor para hipnotizarlos. Para lo más importante, los muertos vivientes, el aviso sobre la cura de la zombificación, de modo que no era necesario matar a los contagiados. Además, Mabel dio el arma principal contra estos: compartió la grabación de la melodía de tres partes, cantada por ella, su hermano y el tío Stan. Cuando la canción sonó en la televisión, Dipper sintió vergüenza al oírla, recordando la ridícula letra que tuvo que cantar, y fue peor cuando se dio cuenta de que la ciudad entera lo escuchaba. Fue también duro saber que ella lo tenía guardado hacía tiempo ya.
—¿Y qué hay de los animales enormes? —preguntó Toby notando que faltó corregir ese detalle.
—Hay que regresarlos a su tamaño normal —respondió el lampiño—. Con esta linterna mágica.
—Nos ocuparemos de eso —añadió la mini golfista golpeando la mesa, demostrándole decisión.
Por más que el hombre feo no quería que los héroes se fueran tan pronto, hacia el peligro, tuvo que despedirse de ellos aunque él no se quedó en su casa a refugiarse. Mientras que ellos salían hacia una dirección, él fue por otra ayudando a los demás a vencer a los zombis y dando la gran noticia de que los chicos Pines estaban por aquí. Por otro lado, con la canción sonando fuerte en el teléfono, los que se pelearon por un cuarto avanzaban a toda prisa por las heladas calles, y a su vez, dejando un rastro de resucitados con la cabeza explotada. La mejor opción era ir hacia la Cabaña del Misterio, no obstante, ésta estaba lejos de la zona urbana y pasaba lo mismo con la casa Corduroy, con lo que tuvieron que retomar el plan del principio. Era una pena no hallar ya mismo a algún representante de los símbolos, como para preparar cuanto antes la debilidad del triángulo. Para entristecer más las cosas, ellos se percataron en las puertas abiertas de varios de los hogares cuando pasaron por una calle solitaria, y de las personas que quizá se desesperaron por huir que no les importó nada. Esperaban que la familia Chiu no formara parte de aquellos, y que pudieran ayudarles esta noche. Ya casi cerca, los gemelos vieron algo extraño en el césped.
—Espera, ¿es… una huella de dinosaurio? —indagó el muchacho con miedo por el gran tamaño.
—No, tal vez sólo sea una lagartija súper crecida —dijo la chica buscando que él no se alarmara.
Ni bien aquel apenas sonrió por preocuparse demás, un breve temblor pudo sentirse y este fue el inicio de una serie que parecía acercarse. Por dónde provenían esas sacudidas, por el bosque, ellos observaron que algunos pinos se movían, gracias a la luz de la luna, y también pudo oírse el conocido sonido del tiranosaurio. El antiguo aprendiz de los hombre-tauros no pudo alegrarse al tener la razón, ya que era una mala noticia el hecho de que hubieran unas bestias prehistóricas sueltas por ahí. Por su mente pasaban miles de pensamientos, que tenían que ver con qué era lo mejor que se podía hacer con ellos: ¿preservarlos?, ¿devolverlos al ámbar?, ¿encogerlos? Aquel salió de su meditación porque vio que su pariente lo dejaba atrás, yendo hacia la casa de Candy. Cuando la alcanzó, ella se veía decepcionada porque no había nadie que atendiera su llamado, y comenzaba a darle golpes débiles a la puerta con la cabeza. A diferencia de otras personas, esta familia se fue con cierta calma como para cerrar las puertas, y fue como si salieran por un par de días. Ahora los dos tenían que cambiar sus planes y tratar de ir con sus amigos y compañeros de trabajo, de modo que siguieron caminando. Tras superar unas cuadras, pudo percibirse algo que reconocieron como música, la cual era muy diferente a la cantada. Eso los extrañó y la siguieron.
—¿Qué está pasando ahí? —habló en voz baja él ya que se estaban escondiendo tras una pared.
—Son los amigos de Wendy —comentó ella fijándose en las personas que estaban haciendo una fiesta en el escenario—, con dos sujetos extraños y un anciano que me resulta bastante familiar.
—¡No puede ser! ¡Son ellos! —soltó con horror aquel, agarrándose la cabeza—. ¿Qué hacemos?
—¡Pino! ¡Estrella Fugaz! —ese llamado los paralizó—. ¡Ya sé que están ahí! ¡Aquí está la fiesta!
Capítulo 16: "Encuentros dolorosos", para el próximo mes. Hasta pronto.
