Bienvenidos, lectores, a un nuevo capítulo...

Un review después de tanto tiempo, es un milagro.

Gracias, MatiasND, por leer y comentar. Tomaré en cuenta tu consejo para mi próximo fic, ya que este lo terminé. Tal vez por eso no tengo muchas lecturas, porque confundo a los lectores.

Bueno, a leer de una vez:


Capítulo 16

Encuentros dolorosos

Dipper y Mabel estaban asustados porque sus enemigos descubrieron donde se ocultaban, y así les costaba decidir qué hacer. Ellos no estaban preparados para atacar, con lo que la mejor idea en ese momento era huir, por más que ese no fuera su estilo. Ese demonio los llamaba sonando gentil, sin embargo, los niños ya sabían que él era de engañar a las personas: los dos ya cayeron antes en sus trampas. El chico dio un vistazo para ver si ellos se acercaban; como no lo hacían, él contó hasta tres con su hermana para salir corriendo al final. El plan sí que estaba funcionando y nadie los perseguía, aunque enseguida ambos chocaron con algo, por no mirar hacia adelante. A causa de eso, los menores terminaron en el suelo y se desorientaron por el golpe inesperado, si bien querían saber por qué sucedió eso. Al fijarse al frente, no había nada y, antes de preguntar qué rayos pasó, a los Pines les llamó la atención el chillido de terror que hacía Pato. El cerdito se veía como si estuviera observando algo espantoso y lo peor es que tenía sus ojos posados sobre ellos. No podía ser posible: la dueña no sabía lo que le pasaba a su mascota hasta que pensó en que podría ser algo que estuviera detrás de ella, y también su pariente creyó en esa posibilidad.

—¡Ya los encontré! —susurró una voz que ellos reconocían bien, demasiado cerca de sus oídos.

Eso hizo que el par gritara del susto y les recordó la vez que fueron capturados en la pirámide, la guarida de ese ser de otra dimensión. Tras arrastrarse lejos por ese piso frío y voltearse, ellos se encontraron con ese muchacho rubio y amigo de Wendy, ahora un poco diferente. Mas esa rara sonrisa era inusual en él, no obstante, la chica la contempló una vez en su gemelo y también en aquel viajero del tiempo. En cambio, al que le robaron su cuerpo una vez reconoció a ese ladrón por aquellos ojos amarillos y con las pupilas rasgadas, y eso le hizo traer a la memoria la vez que fue un fantasma. Ese sujeto alto se quedó ahí quieto, sin quitar la vista de esos niños y sin dejar de sonreír, como si le gustara tanto que ellos estuvieran aterrorizados. En verdad que los dos se encontraban así, pero quizá no deberían sentirse de esa manera, ya que Bill estaba dentro de un cuerpo humano común. Así lo creía el que tenía una extraña marca en la frente, porque sabía lo que había qué hacer para que abandonara ese cuerpo: cansarlo hasta el desmayo. Fue entonces que él se sintió con fuerzas para enfrentarlo, tanto que cambió su expresión y se puso de pie al instante. Quien estaba a su lado se sorprendió por la reacción, debido a que no era buena idea.

—¿Me extrañaron? Admítanlo, me extrañaron —habló Lee, al mismo tiempo que se levantaba.

—¿Cuándo vas a dejarnos en paz? —preguntó enfadado aquel que usaba la gorra de la pelirroja.

—No es el momento para luchar. ¡Ya hay que irnos! —le interrumpió ella, tomándole del brazo.

—Estrella Fugaz tiene razón —afirmó Clave acercándose despacio—. ¡No pueden hacer nada! Y, por cierto, ¿por qué tan valiente, pequeñín? ¿Crees que soy diferente ahora? Puedo hacer esto.

Después de que el triángulo chasqueara los dedos, todo se volvió oscuro y confuso para los dos familiares que, luego de un rato, se despertaron frente a los delincuentes. Ahí fue que la loca de los suéteres confesó molesta que eso fue lo que le pasó antes de despertar en Mabelandía. Ese supuesto listo estaba aturdido porque, si aquel tenía poderes, por qué no los usó cuando estaba en su cuerpo. Él no quiso pensar en la respuesta y se concentró en el problema que tenía ahora, el cual parecía complicado. Ahí estaban cerca los mayores terrores de Gravity Falls, aparte de la criatura más peligrosa: el Cambia-formas, con la forma del barón, y Giffany, que la reconoció en el acto, a pesar de que se veía distinta, como si fuera humana. Sucedía lo mismo con ¿Rudo? No era posible, porque él luchó contra el Raromagedón, ¿qué hacía ahí junto con los aliados de ese amo de la mente? Él no soportaba más tener esa pregunta en su cabeza y se lo gritó, puesto que le dolía perder a un amigo, aunque la primera vez que se conocieron le dio una gran paliza. Más le causó dolor la respuesta ya que, al parecer, él se olvidó de todo, incluso de ese alguien que lo invocó para hacer trampa en una pelea. Dipper quería convencer al luchador de que estaba mal.

—¡Ya basta de charla que esto es una fiesta! —los calló Bill y dio la orden a sus dj para poner de nuevo la música, revelando que Número Tres y Cuatro estaban tras la consola—. Quiero que se unan a los festejos del fin de una de mis amenazas. Así es, el sujeto de los lentes ya no está más.

Los gemelos no entendían a qué se refería, hasta que se acordaron de la persona que encarnaba los lentes en el zodiaco… McGucket. Las sorpresas no se terminaban más: primero, enterarse de que aún había clones por ahí; y ahora, oír sobre ese vil engaño. Los niños no le creían, ya sea por lo manipulador que era el demonio de los sueños y también porque eso significaba una horrible noticia, si es que era verdad. Por supuesto que ellos querían protestar y, al intentar gritarles en busca de explicaciones, unas personas los atraparon por detrás y los arrastraron lejos de donde estaba el festejo. Aquellos raptores pusieron una mano sobre la boca de cada presa, para evitar que gritaran, y así se alejaron hasta perderlos de vista a esos villanos. Al no ser capaces de hacer nada, los secuestrados observaron los alrededores, buscando algo que les sea útil, y durante eso notaron que Pato los estaba siguiendo, caminando de una forma tranquila. Ni bien descubrieron esa rareza, ellos fueron soltados del agarre y por fin le vieron la cara a esos misteriosos. Sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas porque estaban frente a sus dos grandes amigos y camaradas de trabajo de la Cabaña del Misterio: Wendy y Soos. Aquellos cuatro se saludaron con un abrazo grupal, tal como le gustaba al reparador, y eso duraría más de no ser por algo que los agobiaba.

—Amigos, ¿saben algo sobre el viejo McGucket? —preguntó el chico—. Está muy bien, ¿cierto?

—Dipper… —comenzó diciendo la pelirroja, con muchas dudas—. Cuando supimos que iban a volver, fuimos en busca de la gente del círculo. Ahí averiguamos que el anciano dejó la mansión.

—Se mudó al centro del pueblo —continuó el robusto, guiándolos de paso hacia la trampa para turistas—. Nadie sabe por qué lo hizo. Hoy, su casa se derrumbó sin razón y... él no pudo salir.

Al final, la bestia de un solo ojo no mintió y, con un integrante menos de la profecía, el Plan A se acaba de arruinar. Todos se sentían mal por la brutal muerte de aquel hombre que construyó el monstruo del lago, sólo para llamar la atención. Recordaban que él los salvó de los miembros de la Sociedad del Ojo Cegado, agrupación que él fundó pero que no lo recordaba. También aquella forma de ser que tenía: una especie de locura inofensiva que, a veces, era capaz de comportarse como un animalito. Fue por eso que esos jóvenes marcharon con tristeza hacia casi el bosque, y no hubo problemas al llegar hasta allí, como si los dejaran en paz para estar de luto. Después de una larga caminata bajo un ambiente invernal, ellos ingresaron a la casa rústica muy cansados, y sin embargo, sonrieron al encontrarse con Melody y Abuelita. Ellas los recibieron con unas tazas de chocolate caliente y galletas navideñas, así se aliviarían del frío y del dolor que sentían por lo que sucedía. También ellas prepararon el cuarto de los hermanos, quienes después de esa dulce y diferente comida, los dos se fueron directo a sus camas a tratar de dormir un poco. Ambos se durmieron con lágrimas en sus ojos, ya sea por la partida de un tipo especial y un valioso aliado, y además por estar en ese conflicto de no saber qué hacer para derrotar a todos esos enemigos.

—Vamos, amigos. No se pongan así —trató de animar la leñadora a los Pines, quienes apenas se comían su desayuno al día siguiente—. Sé qué pensarán en algo. Ustedes son invencibles juntos.

—Él tuvo la idea de construir el Cabañatrón… —comentó afligido el que le gustaba los misterios.

—De seguro que ese triángulo tendrá otra debilidad —opinó Jesús, hablando con la boca llena.

Luego de ser regañado por su Abuelita, él participó pensando con los demás en las cosas que no era capaz de hacer esa criatura que atacaba con pesadillas. Entre varias ideas que Dipper las iba anotando, surgió un hecho importante: Bill no podía salir del pueblo, pero el cuerpo de Lee sí lo hacía. Quizá era una extraña forma de hacer que ese adolescente volviera, y también podría ser igual para los demás que fueron poseídos. Ese era el objetivo final, no obstante, tenía muchos y difíciles obstáculos que era deshacerse de todos esos seguidores. Por suerte, ellos conocían sus debilidades como, por ejemplo, quemar el disco del videojuego de citas, enfrentarse a un último combate, y derretir con agua a esas fotocopias. El plan de ataque sonaba complicado y era muy necesaria la ayuda de otras personas, ya que, al no poder reunir a los representantes de los diez símbolos, de nuevo se pediría la participación de los pobladores para defender a su territorio. Sí, ahora ya no importaba el hecho de que Pacifica no estaba en Gravity Falls, partiendo a la fuerza por culpa de su padre, quien no quería que le cambiaran los orificios de su cara otra vez. Debían darse prisa antes de que algo peor sucediera y, ya con un plan en mente, ellos fueron al centro.

—Bien, ¿todos ya saben qué hacer? —preguntó en voz baja el que bailó con un disfraz de oveja.

Al responder con gestos, lo siguiente que los cuatro hicieron fue separarse en dos equipos para buscar más rápido lo que necesitaban. Por más que dividirse no era muy seguro, estando libres aun monstruos peligrosos, ser veloz y sigiloso lo era más importante. Así, los mellizos recorrían las calles solitarias y descuidadas, como si fueran los últimos con vida después de una invasión zombi. Sin embargo, ellos se equivocaron porque sí había otras personas que se salvaron, unos pocos que se asomaban por sus ventanas para contemplar a los héroes. Estos se acercaron y se enteraron que se estaba organizando una guerra, con muchos lugares para colaborar, de modo que se fueron a prepararse para luchar. Pese a reunir un número de voluntarios, la cantidad no era tan grande como esperaban, es más, algunos que soportaron unos días no pudieron hacerlo más y abandonaron esa pequeña ciudad. Eso sí era una mala noticia, mas no era para darse por vencido, y los que participaron del Globnar continuaron buscando un elemento que hallarían en una farmacia. La misma se encontraba cerrada, con las vidrieras cubiertas para evitar el ingreso de ciertos muertos andantes, y aun así, la de los frenos llamó a la puerta. Por suerte, una mujer los atendió haciéndolos pasar de inmediato y aseguró la entrada una vez que estaban dentro. El lugar casi a oscuras, aparentaba ser un negocio antiguo, con estantes altos y con frascos opacos.

—¿Tendrá algo fuerte, lo suficiente como para desmayar a alguien al instante? —habló el chico.

—Sí, pero algo distinto a la ropa sucia de mi hermano... No queremos matarlo —bromeó la niña.

—Vengan conmigo —pidió la farmacéutica reflexiva y los dejó pasar a la parte de atrás del local.

Por otro lado, Wendy y Soos estaban en una misión detectivesca, tratando de dar con alguno de los secuaces del triángulo o con el mismísimo demonio para averiguar dónde se ocultaban. A los dos les tocó una tarea más bien suicida, armados con simples objetos, como un hacha y un bate, para defenderse. Anduvieron también reclutando gente para el contraataque y cada vez más se alejaban de la civilización, aunque acordaron reunirse con los gemelos en la biblioteca pública. A pesar de estar haciendo un buen trabajo, ambos no tenían ni un rastro de sus objetivos, como si nunca existieron. Los viajes hacia los sitios en dónde se los vio la primera vez, demostraron que no más perdieron el tiempo y significaba que todo estaba planeado con detalle. Las acciones del ser amarillo no se trataban de ocasionar caos sin ponerse a pensar en lo siguiente (como pasó la vez anterior); esta vez, todo estaba calculado para poder salir victorioso. Si bien esa idea sonaba aterradora para los compañeros de trabajo, ellos también contaban con una serie de ataques, y con la familia Pines. Tener eso en mente los animaba, y llegaron al punto de encuentro un poco cansados, luego de vencer a un par de bestias salvajes. Justo veían que se aproximaban esos dos hermanos, pero el feliz reencuentro fue arruinado por algo desagradable en el estacionamiento.

—Esos vehículos… ¿no son de los amigos de Gideon? —preguntó Dipper, buscando más indicios.

—¿Será que volvió con ellos? —examinó la pelirroja—. ¿Qué estarán haciendo aquí esos torpes?

Había muchas preguntas que no se sabía si era buena idea buscarles la respuesta, porque ahora que Bill había vuelto, era un misterio si esos ex presidiarios estaban a su favor o en contra. Pese a que pasaron de ser enemigos a aliados, gracias a la promesa del chico, las cosas podrían estar mal, ya que Mabel seguía molesta con el albino y su bondad no le sirvió de mucho. Lo mejor que podían hacer los cuatro era alejarse de ahí, sin embargo, algo los estaba esperando al otro lado de la calle. Lo que ellos no querían que sucediera, ahí estaba al dar la vuelta, porque no querían ser sorprendidos por los enemigos, sino darles una inesperada batalla. Como un enfrentamiento en el salvaje oeste, ahí, a unos cuantos metros, estaba Lee junto con Tambry, Rudo McGolpes y los clones. Fue algo extraño que no se presentara Giffany o el Cambia-formas, incluso a Nate no se lo veía, mas no era el momento para pensar en cosas que no estaban, sino enfocarse a lo que estaba adelante. Aunque no estaban todos los contrarios, el número que había sí daba miedo, y desde atrás se oían unos pasos que se acercaban. Una buena para los que querían salvar Gravity Falls: sus habitantes venían a ayudarles, unos con armas y otros ya listos, enseñando sus puños.

—Este es un nivel con una tarea —le dijo el poseído al luchador—. Debes despejar la biblioteca.

—¡Bola de fuego! ¡Bola relámpago! —gritó el personaje del juego mientras que venía corriendo.

Justo a tiempo, los jóvenes esquivaron esa esfera de energía, la cual brotó de las manos del que usaba un parche en un ojo. Tomando en cuenta lo vivido, lo único que se podía hacer era evadir los golpes, aun así, la Corduroy quiso probar suerte con su hacha. Su ataque fue desviado tan de repente que hizo comprender que la velocidad del rival fue mejorada, de todos modos, ya venía la ayuda. Los que frecuentaban la taberna se metieron en la pelea, y se estaba dando una lucha entre sujetos fuertes, entre ellos el señor Aguaclara. El muchacho de la constelación dibujada se acercaba para tratar de convencer al que se comió medio taco, diciéndole que sólo lo utilizaban. El intento fue inútil: su memoria fue borrada y sus ansias de conocer al peleador con el máximo poder, como le prometió ese demonio, era muy fuerte como para ponerse a cuestionar. Al estar tan enfocado en su deber, aquel mandaba a volar a cada contrincante con facilidad, mas no fue igual contra el varonil Dan. El combate estaba tan parejo que la chica de los suéteres buscaba el momento para dispararle con la linterna a ese buscapleitos. Eso fue observado por el jefe de los que buscaban venganza, y allí él decidió que Pyronica debía impedir que esa niña tuviera éxito. Y con llamas altas que salían de sus manos, la diablesa se fue dirigiendo rápido hacia esa multitud.

—Se acabó tu suerte, Estrella Fugaz —exclamó furiosa la de pelo pintado y le lanzó fuego a ella.

A pesar de escapar por poco, el calor del ataque obligó a la pequeña a soltar su utensilio, y este cayó al duro concreto, logrando que el cristal mágico se rompiera. No conforme con eso, aquella joven le siguió atacando física y verbalmente, ya que quería hacerle notar que no era una buena casamentera, sino que ella forzaba y fue Thomson quien arregló el problema que causó. Oír esa verdad le dolió y el pedido de su gemelo de no darle importancia no funcionaba; también fue así de horrible saber que podía evitar el conflicto con la estudiante universitaria, si sólo tuviera más corazón. La de trece años no sabía qué pensar, se sentía la peor persona, y algunos estaban con dudas sobre si ella era una heroína. Una voz se destacó entre el cuchicheo, una que le decía que ella sí era buena porque protegió a su familia con cabello de unicornio, y al hallar a quien lo dijo, se encontró con su tío Ford. Él se interpuso entre ella y la atacante, amenazándola con su arma.


El capítulo 17 "Hora de la venganza" para el próximo mes. Hasta luego.