Hola a todos, de nuevo.

Como siempre, gracias por tu review, MatiasND.

Espero que te guste, y se entienda, esta batalla.

Así que ya hora de leer:


Capítulo 17

Hora de la venganza

En la zona de guerra, frente a la biblioteca, Ford advirtió a Pyronica que, si daba un paso más, le dispararía con su arma que paralizaba con un choque eléctrico. La diablesa que poseía el cuerpo de Tambry sonrió y levantó las manos en señal de rendirse, para luego empezar a retroceder. Al estar ella bastante lejos, al lado de su jefe, los pequeños Pines se reunieron con su tío abuelo de seis dedos, con un tierno abrazo. En seguida, ellos pensaron en su otro tío, el que quería ser un alcalde estafador, y antes de preocuparse, escucharon su voz ordenando que se ayudara a todos los heridos. Stan se sumó a ese feliz encuentro familiar y también Soos y Wendy, sin embargo, la felicidad no les duró mucho porque oyeron las palabras de aclamación que gritaba Bill, contento al ver a la familia que casi lo mató. Aquel triángulo se acercó un poco, para que ellos escucharan el discurso de bienvenida que decía, y de paso, él les aconsejaba que dejaran de interponerse en su camino. Que no había manera de destruirlo, decía sin importarle todas esas miradas de furia de los demás, y que regresaría siempre a intentar ver su sueño hecho realidad. Además de odio, las personas sentían cierto temor de que eso fuera verdad, entonces, no tenían más esperanza.

—Y otra cosa: ¡Rudo McGolpes! —llamó el demonio al luchador—. Te prometí al guerrero con el máximo poder y ahí está. No debes tener piedad a ese anciano; me golpeó cuando estaba débil.

El personaje de videojuego se encaminó hacia donde le señalaba Lee, en dirección hacia Stanley, quien abrió los ojos sorprendido, y así también estaban el resto de la gente. Todos se apartaban del camino de aquel sujeto fornido, ya que al final entendieron que parecía ser invencible, y por más que se veía mal abandonar a su vecino a su suerte. Su hermano quería entrometerse con su arma eléctrica, mas él no necesitaba ayuda y creía que era lo mejor enfrentarlo aunque la pelea se veía ridícula. Dipper le comentó en voz baja cómo derrotarlo: que lo importante no era ganar o perder, sino que era terminar con el juego para que ese ser virtual desapareciera. Al estafador no le agradaba la idea de perder, luego de saber cómo acabó su sobrino después del encuentro, y una paliza podría ser muy grave a su edad. No había tiempo para pensar en alguna estrategia: ese saco de músculos ya venía por él y unas barras de salud aparecieron en el aire. El creador de la Cabaña del Misterio trataba de convencer a su rival, sonando intimidado, de hallar otra forma de solucionar las cosas, y a su vez, esquivaba los golpes con precisión. No obstante, el rubio sólo tenía una idea en su cabeza, si bien, quedó pasmado al enterarse de lo que le pasaría al finalizar.

—¿Será mi fin también? —preguntó él afligido y luego miró enojado a su líder—. ¡No me lo dijo!

—¿Acaso eso te asusta? —gritó el amo de la mente con sarcasmo—. Tienes que cumplir el trato.

El que usaba vendas en sus antebrazos permaneció pensando con cuidado, pese a que su estilo era más impulsivo, y al final llegó a una conclusión: él era un vengador y debía hacer justicia por esa acción indebida. Tenía que obedecer a quien lo eligió, porque le daba un buen trato, comida y, lo mejor, le había mejorado su animación de dieciséis bits a parecer casi real. No tenía opción más que llevar esta batalla hasta el final, aunque eso significara que sería igual para él también. Con un rugido de guerra, el musculoso (ahora un poco más abrigado por el frío, con un chaleco y unas zapatillas deportivas) retomó el combate y, en esta ocasión, su contrincante se dispuso a enfrentarlo en serio. A pesar de lo diferentes que eran, estaban muy parejos en cuanto a fuerza y agilidad, de modo que sus amigos no sabían si intervenir o no con un poco de ayuda extra. Los dos también estaban tan ensimismados peleando que no tenían un ring limitado, sino que iban recorriendo el largo de las calles. Entre algunos de los que seguían bien de cerca ese conflicto, el que más se preocupaba por Stan era Soos, quien sufría por cada lesión que recibía. En cuanto al resto del equipo, ellos se quedaron a encarar a ese sujeto triángulo, pero eso no era así de fácil.

—Qué bueno que no se fueron —decía Bill sin preocupación y sonriendo como siempre, de una forma aterradora—, ya que ustedes siguen. No saben cuánto esperé por esto; meses planeando.

—¿Qué más quieres de nosotros? —preguntó Dipper enfadado—. ¿No te alcanza lo que hiciste?

Aquel respondió poniéndose furioso y levitando a unos veinte centímetros del suelo, explicando a gritos y con una voz monstruosa, que nadie podía burlarse de él y vivir para contarlo. Los Pines y la Corduroy estaban asustados, más aun las antiguas marionetas que no tenían ni idea de esas habilidades estando dentro de un cuerpo. La cosa se puso peor cuando el rubio hizo flotar unos trozos de vidrio, de unas ventanas rotas, y las dirigió a toda velocidad hacia ellos. Sólo pudieron resguardarse apenas dando la espalda y cubriéndose sus rostros; fue una suerte que no más se quedaron con unos rasguños. Luego, un poco más calmado, Clave le volvió a ofrecer a Ford ese trato, en el que le pedía la ecuación para romper la barrera, si bien ahora su recompensa sería la promesa de no lastimar a nadie más. En lugar de responderle, el anciano se preguntó para qué él quería eso, si no tenía su forma física, y la respuesta llegó de repente con un temblor que hizo que todo se despegara del suelo por unos segundos. Enojado, el genio exigió saber si aquello lo causó el portal inter dimensional, por más que era obvia la respuesta, y esa bestia de un solo ojo no le mintió. No era necesario mentir si todo estaba a su favor y ya pronto iba a lograr su meta.

—Niños, sé que esto sonará cobarde pero tienen que escapar —dijo en voz baja el investigador.

—No vamos a irnos sin ti —comentó Mabel con decisión en sus palabras y lágrimas en sus ojos.

—¡Encuentren el portal y apáguenlo! —exclamó él y luego salió al ataque, intentando distraerlo.

Los jóvenes obedecieron y se fueron corriendo, observando de reojo cómo su tío luchaba con la ayuda de varios objetos tecnológicos, sin embargo, no podían quedarse viendo por más tiempo y no pudieron saber cómo le fue. La pelirroja los cuidaba y, al principio, los tres se iban sin algún rumbo, con tal de alejarse del campo de batalla, hasta dar con un buen escondite para pensar. Si bien no era el momento de buscar un lugar tranquilo, y los hermanos trataban de resolver aquel misterio pensando en voz alta. ¿Dónde podría haber tanto espacio para que pudiera entrar esa máquina tan grande? Ya que el Cambia-formas estaba libre, quizá el bunker sea el sitio para eso, no obstante, también podía considerarse donde se descubrió a esos dinosaurios atrapados en la savia y que ahora estaban sueltos por el pueblo. Había muchos interrogantes y no el tiempo que se necesita para resolverlos, y la única manera de averiguar dónde estaba la guarida de ese loco era siguiéndolo. Esa era una idea absurda y peligrosa que jamás se llevaría a cabo, y sin muchas pistas, ellos se encontraban perdidos hasta que un recuerdo llegó a la mente del chico. Él debió indagar sobre los materiales de construcción, y recordó un lugar especial dónde los proveía: esa nave espacial enterrada. El muchacho comunicó su plan en secreto, ocultos tras un contenedor.

—No creas que vamos a dejar que arruines las cosas —se oyó de repente y notaron a los clones.

El clásico estaba molesto con ellos por seguir a una criatura que podría destruirlo todo, y quería saber la razón de esa decisión y la respuesta los dejó perplejos. Los dos seres de papel buscaban tomar represalias contra aquel que los trató como simples sirvientes, todo para impresionar a la chica leñadora. Las féminas sintieron algo de vergüenza tras oír todo lo que ellos hicieron en esa fiesta, y así también se encontraba el culpable, quien no se dio cuenta de lo que hacía. El relato además lo dejó confundido, ya que él no entendía cómo esos dos estaban al tanto de lo pasado, si no presenciaron la lucha y destrucción de las otras copias. Aparte de aturdidos, lo que dijeron fue escalofriante: ellos percibían lo que él sentía, podían leerle los pensamientos y, por lo tanto, siempre era vigilado. No, no fue una buena idea usar la fotocopiadora, concluyó Dipper, y ahora aquellas dos consecuencias de sus actos irresponsables vinieron a ajustar un par de cuentas, en nombre de Tyrone y los demás. El original quería evitar el enfrentamiento, explicando lo mismo que antes, que la lucha no se terminaría más y que dos contra uno era trampa. Tres y Cuatro se irritaron tanto que le evocaron a gritos la vez que usó a Rudo McGolpes para espantar a Robbie.

—¿Y si les pido disculpas? ¿Con eso estarán tranquilos? —sugirió nervioso el de carne y hueso.

—Sí, está bien eso —respondió uno asintiendo y terminó la frase otro, sonriendo de una forma siniestra—, luego de golpearte hasta el cansancio, hasta que pidas perdón llorando y de rodillas.

Los dos se acercaban preparando sus puños, mientras que la víctima no sabía qué hacer y correr no era una opción estando Wendy presente. Luchar fue lo que él eligió y, por ahora, se limitaba a esquivar los golpes con dificultad, ya que ellos parecían saber karate. Las testigos no lo fueron más luego de que aquel recibiera un gran puñetazo, y fueron a atacar convencidas de que no se debería actuar así por una equivocación. Otra vez, los clones se indignaron opinando que esa no fue una equivocación cualquiera: nadie debería ser tratado como esclavo, y parecía que esto no iba a tener fin. Antes de que las chicas continuaran defendiéndolo, el cerebrito les indicó que le siguieran como parte de su plan y así empezó la persecución, con los roba bicicletas a lo último. Ellas no entendían si estaban huyendo o no, y ahí aquel les reveló que debían de buscar agua, el cual servía para derretir a sus enemigos. Ellos corrieron por varias cuadras, hasta que avistaron el restaurante de Linda Susan y, sin dudar, golpearon con desesperación la puerta cerrada. Esos perseguidores se detuvieron al ver que aquellos lograron ingresar, notando que la misma dueña los dejó pasar. Gracias a las muchas ventanas que permanecían intactas, los dos vigilaban desde un par de metros, viendo cómo aquellos consiguieron el arma mortal y se veían felices por eso.

—¡Primero, te aprovechas de nosotros y, ahora quieres eliminarnos! —gritaron ambos furiosos.

Por el momento, sólo los separaba a los grupos un vidrio y un metro de distancia, y al final, esas palabras que dijeron esos artificiales afectó a los jóvenes, incluso a la señora que poseía muchos gatos. Fue ahí cuando ese niño lampiño decidió enfrentar su destino y tenía un plan para seguir adelante: quedarse a pelear mientras que su hermana retomara con la búsqueda del portal. Era una terrible solución temporal, ya que iban a separarse los gemelos-misterio, pero se trataba de un sacrificio para no estar atascados. La pelirroja por supuesto que protestó, diciendo que debe haber otra alternativa, mas no había tiempo y él le pidió que acompañara a Mabel. Las quejas se acabaron luego de pasar por otro temblor, que los llevó a conocer el techo del negocio y, tras la brusca caída, pusieron manos a la obra. Antes de salir, los tres se dieron un último vistazo, como deseándole suerte al otro sin decir una palabra, y cruzaron la puerta tan pronto como pudieron. Ellas se perdieron de vista enseguida, internándose en el espeso bosque, en tanto aquel chico se fue en busca de ese par de torpes. Al ir donde los vio por última vez, él no los encontró y supuso que aquellos fueron tras las muchachas, porque de seguro que también sabían sobre aquel plan.

—No, Dipper Clásico, estamos aquí —se oyó detrás de él y ahí los vio—. Queríamos molestarte.

—Oigan, amigos. Lo siento, no debí tratarlos así —se mostraba arrepentido—. Pero Bill es peor.

Antes de explicar todo lo malvado y peligroso que era ese demonio, las copias lo callaron debido a que ya lo sabían, sin embargo, ellos sí le comentaron que él no conocía la verdad acerca de su jefe. Como no querían entrar en detalles para alguien que no iba a escuchar de todos modos, los dos fueron directo a poner fin al asunto, no obstante, sólo uno vino a arreglarlo con violencia. El Número Cuatro empezó con el primer round, y luego de no dar en el blanco un par de veces, por la rapidez de su oponente, él alcanzó a darle a un costado de la cara. Después de eso, que causó un gran dolor en el representante del pino, fue más fácil magullarlo y, a veces, él no se defendía. El castigado unas pocas ocasiones lanzó un ataque, ya sea por lo complicado que era con éxito, y por la sensación de estar peleando con un duro plástico. Así era: aquel no contaba con la textura del papel que debería tener y, para averiguar bien lo que pasaba, el adolescente abrió la tapa de la botella de agua que mantenía oculta y mojó a su adversario, por más que eso significara jugar sucio. La víctima quedó paralizada por el terror que sentía, y le sucedía lo mismo a su colega, de modo que estaban impactados al ver que aquel sí se atrevió a tal vil acto, a pesar de lo hablado.

—Lo siento, amigos —dijo el culpable de esa trampa y se sorprendió de repente—, pero… ¿qué?

—¡Estoy bien! —exclamó feliz aquel al ver que el agua no le afectaba—. El plastificado funcionó.

Pese a sobrevivir ante ese intento de homicidio, ese sujeto no le iba a perdonar tan fácil y volvió a la batalla. Esta vez, el joven que usaba el gorro de su amor de verano no podía hacer nada más que evitar apenas tanto castigo y, cuando ya a él le costaba estar en pie, un grito de guerra hizo que comenzara un ataque a escobazos. Fue la que tenía un párpado caído la que lo salvó de una patada estando tirado en el suelo, y trató de la misma manera a Número Tres. Mientras que uno se levantó lanzando protestas en cuanto a su intervención sin permiso, el otro se puso de pie sin decir una palabra pero con mucha furia. Este último resoplaba apretando los dientes y, se dirigió a la anciana para tomar represalias. Con lo que no contaba ella, quien se sentía confiada con su escoba, era que en un instante ese niño se transformó en una criatura monstruosa. Era evidente que Linda Susan gritara de terror al ver a ese ser parecido a un insecto, blancuzco y que excedía su altura, mucho más que cuando se encontró con los gnomos. Ella huyó de inmediato, y Dipper aprovechó toda esa distracción para descansar un poco e incorporarse tras la golpiza, aunque sí necesitaba más tiempo. Si bien tenía miedo de que continuara su tormento, él pensaba en algo:

—¿Por qué está aquí el Cambia-formas en vez del otro clon? ¿Qué es lo que está pasando aquí?

—Mi hermano está haciendo algo muy importante: está tratando de averiguar lo que Ford sabe.

Y con eso, la copia y el barón se iban alejando con calma, dándole la espalda al adolescente, que ya parecía incapaz de animarse a un contraataque, moviéndose como un zombi. La venganza de los clones ya estaba concluida, a pesar de que uno de ellos no participó, y ahora era el turno del sujeto que quería tanto los diarios para eso. Cuando ambos llegaron hasta donde se encontraba su jefe, aquel se divertía torturando a Seis Dedos, para ver si por fin entrara en razón y revelara ese gran secreto. Al tanto que él estaba ocupado golpeando al anciano con cosas y también con sus propios puños, Pyronica estaba al tanto de que ningún héroe se entrometiera, ahuyentando a cualquiera con sus llamas. Ni bien ellos notaron el regreso de sus aliados, Bill dejó en paz a su víctima, otorgando el placer de seguir con el castigo al cambiante. Quien tomó la forma de ese hombre de las latas de comida, volvió a su estado original para acercarse hacia el científico y lo tomó del cuello, elevándolo del suelo. Con otra de sus patas, él noqueó a su presa y se lo llevó al bosque, dejando a Stan sin chance de poder rescatarlo, ya que se mantenía oculto del testarudo luchador. Sin embargo, el fundador de la Cabaña del Misterio no perdía de vista a su gemelo, sin permitir que nadie lo viera en el camino, y así arribó hasta fijarse en un viejo refugio bajo tierra.

—¿Qué te costaba prestarme tu diario? —preguntaba el que vivió casi toda su vida en el búnker y ahora tenía al culpable de su encierro congelado en una cápsula—. ¡Quería conocer el mundo!

Él contempló una última vez a su cruel cuidador aprisionado, pagándole con la misma moneda, y se fue de ese lugar, sonriendo por haberse vengado. Era hora de alcanzar a ese triángulo, y para no perderse el momento en que el portal fuera activado, de modo que se adentró a la arboleda. La misma se hallaba en un silencio mortal, ya sea por la obvia razón de que muchos animales se fueron a hibernar, y también porque eso ayudaba a causar un ambiente terrorífico, sólo para las chicas que andaban por ahí. Eso no detenía demasiado a Wendy, quien, como experta leñadora, también era capaz de seguir huellas, de esta manera, se evitó caminar en círculos. Después de la marcha que parecía infinita y sin sentido, ellas subieron a la cima de una colina y repararon en la extraña marca y sonido que tenía y hacía el piso. Eso era una especie de trampilla, con un diseño bastante futurista, y Mabel usó el garfio volador para poder bajar. Una vez que ambas pisaron el suelo metálico, ellas no podían creer que estaban dentro de una nave espacial y, sin más atraso, se empezó con la búsqueda del aparato apocalíptico. Recorrieron pasillos completos y revisaron cada uno de los rincones sin ningún resultado, excepto aumentar la sensación de toparse con un alienígena en cualquier momento. Ya se estaba poniendo aburrido y, sólo veían desde la puerta.

—Aquí no es… Aquí tampoco —decía la de los frenos, cada vez más harta—. No, era la de antes.

—¡Espera, Mabel! —gritó la Corduroy al ver que aquella salió corriendo hacia la zona de control.

No obstante, ella no pudo llegar hacia allá, porque alguien estaba ahí en medio, y la poca luz en el lugar les permitió reconocer una cara conocida, más para la pelirroja. Nate estaba con ellas y se lo veía serio, sin saber cómo aquel podría reaccionar, pero antes de que hiciera algo, la mayor comenzó a atacar. Él recibió un puñetazo en la cara y a ella le pareció raro que no se defendiera.


La continuación en el próximo mes, con el capítulo 18: "Regalos de Navidad".