Capitulo XIV

La unión hace la fuerza

٠Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ٠·"*•. En capítulos anteriores ·٠Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ٠·"*•

*• El fin del mundo se acerca. Existe una vieja profecía que así lo indica.

*• Gurú Clef le cuenta a Umi que existe una conexión muy profunda entre la Tierra y Céfiro. También le revela que sus poderes existen independientemente del mundo en el que se encuentren.

*• Rei presencia la apertura del portal en la Torre Tokio, justo en el momento en que Hikaru, Umi y Fuu regresan a Tokio.

*• Ferio, Ascot y Latis se encuentran en la Tierra para unirse a la batalla que han de enfrentar las Guerreras Mágicas. Justo después de que este último atraviesa el portal, Mokona/Thia lo cierra, quizás para siempre y destruye la Torre Tokio.

*• La tensión entre las guardianas de Céfiro y de la Tierra sigue en aumento.

*• La verdad sobre Mokona sale a la luz. Ella una poderosa diosa, creadora de Céfiro y de la Tierra, que busca acabar con la humanidad que tanto daño le está provocando al mundo que ella misma creó. ¿De verdad la única alternativa para nuestro mundo es que la raza humana se extinga?

*• Las Guerreras Mágicas entienden cuál es la razón de su existencia como guerreras. Su única y real misión en realidad siempre fue ser el mecanismo de emergencia de ambos mundos, las responsables de destruir la existencia para darle un nuevo comienzo.

*• Thia se presenta ante nuestras guerreras, con los tres talismanes en su poder y teniendo como cautiva a Hotaru.

¿Podrán nuestras heroínas unirse al fin, después de tan cruenta batalla?

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Despertó cuando los rayos del sol que se colaban por la ventana golpearon su rostro. Tenía un fuerte dolor de cabeza y sentía su cuerpo pesado y adolorido. Se sentó en la cama con algo de esfuerzo, fue cuando notó a la joven de cabellos celestes que yacía dormida, sentada en una silla junto a su cama, con el torso sobre los pies de su cama. Su rostro se tiñó de rojo al verla. ¿Qué había sucedido? ¿Acaso ella había permanecido toda la noche allí? Se sintió aún más avergonzado al ver su torso desnudo. Recorrió el cuarto con la mirada y pudo divisar su remera apoyada sobre el respaldo de una silla, en el otro extremo de la habitación. Intentó levantarse para buscarla, pero al hacerlo, ella despertó.

-¡Ascot! - dijo con una sonrisa. - ¡Por fin has despertado! ¿Cómo te sientes? ¿Te duele algo? - el tímido palu volvió a sonrojarse. Desvió la mirada, como temiendo que ella pueda leer todo eso que él sentía en sus ojos.

-Estoy bien… sólo un poco… cansado…- dijo. Entonces recordó que no llevaba remera y se apresuró a levantarse de la cama para ir por ella. Pero al hacerlo sintió un mareo que lo hizo perder el equilibrio. Umi se levantó de la silla rápidamente, corrió hacía el y lo tomó por la espalda. Se sonrojó al sentir el contacto con su piel desnuda.

-Aun no recuperas tus fuerzas… no deberías levantarte de ese modo… Siéntate… Yo… yo te… alcanzaré tu remera. - dijo caminando al otro extremo de la habitación. En silencio tomo la prenda y se la entregó. Él la tomó y se la colocó con prisa, evitando que sus ojos hagan contacto con los de ella. - ¿Por qué… por qué lo hiciste? - preguntó, bajando su mirada y apretando sus puños con fuerza. El abrió los ojos con sorpresa. Pero se mantuvo sentado en la cama, mirando el piso de madera.

-¿Acaso no sabes por qué? – dijo, con sus mejillas rosadas y su mirada clavada en el suelo.

-¡Tonto! - gritó ella, con lágrimas en los ojos. - Me preocupé mucho por ti. - Él se puso de pie y, por primera vez la miró a los ojos. Pero esta vez fue ella la que desvió la mirada como si supiera que él podría leerla como un libro abierto con solo mirar sus ojos, como si quisiera evitar que él vea sus lágrimas.

-¿Estuviste toda la noche aquí… conmigo? – preguntó tímidamente. Ella afirmó con la cabeza, mientras sus ojos seguían mirando el suelo.

- Si algo te hubiera pasado, yo…. No hubiera podido soportarlo.

-Umi…- Él se acercó a ella, acarició su rostro con su mano. En ese momento ella se abalanzó sobre él y lo abrazó con fuerza. Y entonces no pudo evitar que las lágrimas caigan de sus ojos.

-Me da mucho gusto que estés bien…

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La imagen se proyectaba como un holograma, en el centro de la mesa. Hikaru y Fuu estaban sentadas. Mientras Ferio permanecía de pie detrás de su amada Fuu y Latis, apoyado contra la pared, cruzado de brazos, ajeno a la conversación, pero atentó a cada palabra. Un poco más lejos, en el marco de la puerta de entrada a aquella sala, Apolo escuchaba, sin animarse a intervenir. Escuchar su voz dolía, demasiado. Pero sabía mejor que nadie que jamás tendría su perdón.

Su semblante era serio, su rostro demostraba preocupación, sus ojos azul cielo lucían tristes. Había tratado de calmarlas, de recordarles lo fuerte que podían ser, que eran capaces de forjar su propio destino, o de cambiar el destino de los demás. Pero no dejaba de preguntarse dónde estaba ella, porque no estaba allí, haciendo contacto junto a sus amigas.

-Debe haber una forma de derrotarla...- dijo Fuu.- Gurú Clef, tú la conoces mejor que nadie... ella debe tener un punto débil. - Él bajó la mirada. Realmente no sabía cómo ayudarlas, no esta vez.

-Ella es una diosa, la diosa suprema, la creadora de todo y de todos... No sé si exista una manera de derrotarla...

-¿Derrotarla? - intervino Hikaru, presionando sus puños contra sus piernas. - ¿Cómo? ¿Cómo podemos matarla? ¡Ella es Mokona! ¡Siempre ha estado con nosotras! ¡Nos ha ayudado en tantas oportunidades!

-Hikaru... Mokona nunca existió, era sólo una pantalla... La razón por la que nos ayudó era porque quería que matáramos a Esmeralda... que cambiemos el sistema del pilar de Céfiro, realmente nunca fue nuestra amiga...- dijo Fuu, con el semblante serio.

-¡Tú lo sabías! - la voz de la recién llegada sorprendió a los presentes y caló hondo en el corazón del mago. Ella se acercó a la mesa, él pudo notar que el joven palú venía tras ella. Ellos estaban juntos. Sus ojos estaban enrojecidos, ella había estado llorando. - ¡Tú siempre lo supiste! - reprochó. El mago supremo bajó la mirada, cual niño al ser regañado. No había nada que pudiera decirle. Aunque, si bien él sabía que Mokona no era sólo una criatura inocente, si no la diosa creadora de todo, de ninguna manera podía haberse imaginado que fuera la misma creadora la que quería acabar con su mundo.

-Lo lamento... Sé que cometí un error al no contarles sobre Mokona. Pero, a decir verdad, ni yo mismo conocía su verdadera identidad... Ni tampoco... que ustedes también tenían la responsabilidad de despertar el ocaso de su mundo...

-Nacimos como Guerreras con la misión de asesinar a la princesa Esmeralda y cambiar el destino de Céfiro... Pero también para acabar con la historia de nuestro propio mundo. ¿Cómo podemos evitar nuestro destino?

-Mis niñas... Nunca olviden que ustedes son las únicas que pueden forjar su destino... Ustedes poseen la habilidad de cambiar su destino, sólo tienen que confiar en la fuerza de sus corazones. - Umi volteó a ver a Apolo. Le había sorprendido que Clef use la misma frase que el hombre había usado con anterioridad para referirse a aquella vieja profecía que decía que ellas serían las responsables del fin de los tiempos. Pero Apolo pareció no sorprenderse. Parecía como si lo conociera a la perfección, como si supiera que pensaba, que sentía y que tan parecido a él mismo era.

-¿Realmente crees que eso es posible, Gurú Clef?- preguntó Hikaru, con lágrimas en sus ojos.

-Hikaru… has cambiado el destino de Céfiro al darle a su pueblo la habilidad de gobernarse a sí mismo. Juntas han logrado abrir el portal y regresar para luchar junto a nosotros, a pesar de que su misión ya había acabo. Y lo han vuelto a abrir hace un año por el sólo deseo de volver a ver sus amigos… Yo confío en ustedes…

-¡Yo también!- interrumpió, Ferio enérgicamente.- Ustedes nos han salvado en muchas oportunidades… Yo confío en ustedes…

-Y yo…- continuó Ascot, dando un paso al frente.- Siempre confiaré en ustedes…

-Todos confiaremos siempre en ustedes. - acabó diciendo Latis, sin separarse de la pared en la que estaba apoyado. Gurú Clef sonrió. Darles ánimos para que confíen en sí mismas era lo único que podía hacer en ese momento. Después de todo, la fuerza de sus corazones lo era todo, aún en un mundo tan terrenal como Mundo Místico.

-Debo cortar con esta comunicación… Pero aquí estaré siempre para ustedes… Estaremos en contacto si acaso lo necesitan. - La imagen de Gurú Clef desapareció, quedando sobre la mesa únicamente el anillo que él le había dado a Latis para rastrear a su padre. Latis tomó el anillo y se lo volvió a colocar en el dedo anular.

Umi volvió a mirar al hombre parado junto a la puerta de entrada.

-Pudiste hablar con él, pudiste intentar explicarle…

-Hubiera sido en vano… Quizás no lo haya visto desde que era un adolescente, pero lo conozco como a mí mismo… Me odia, y nada de lo que diga lo hará cambiar de opinión…

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Sentada en el tronco de un árbol caído, observaba el dorado amanecer, en silencio. Sentía muchos deseos de llorar. Sentía que no había escapatoria. Haruka, Michiru, Setsuna. No podía alejarlas de su mente. Hotaru prisionera. Sin dudas esa mujer no se detendría hasta conseguir el despertar de Sailor Saturn. ¿Y después qué? La última vez casi había acabado con todo. Ni siquiera recordaba como lo había impedido. ¿Y si está vez no podía impedir que ella cumpla con su única misión en este mundo? Una lágrima rodó por su mejilla. Él lo notó. Se agachó detrás de ella y la abrazó por la espalda.

-Todo estará bien, Usako...- dijo, con dulzura. Ella volteó a verlo, con lágrimas en sus ojos.

-¡Usagi!- Usagi escuchó como sus amigas, al unísono, mencionaron su nombre. Las cuatro estaban paradas detrás de Mamoru, quien permanecía de rodillas a su lado. Volteó a verlas.

-Ella puede ser una diosa, pero ni así podrá con nosotras... ¡juntas somos más fuerte! - dijo Minako.

-Rescataremos a Hotaru y salvaremos al mundo nuevamente. - continuó Makoto. Usagi se puso de pie, con sus mejillas sonrojadas. No era momento de flaquear, debía ser fuerte. Afirmó con la cabeza.

-Gracias, chicas...- dijo, con lágrimas en los ojos. Sus amigas se acercaron y la abrazaron con fuerza.

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-¿Y qué pasaría si... acabamos haciéndolo? - preguntó Umi, con lágrimas en sus ojos. - Ella nos controló... ¡estuvimos a punto de unir los talismanes! - Hikaru notó que su confianza empezaba a flaquear, ¿qué había pasado con la valiente y siempre confiada guerrera del agua? Después de todo, había sido ella la que había logrado despertar. Ella misma no sabía que hubiera hecho si las guardianas de Usagi no hubieran aparecido.

-Pero... tú lograste romper el hechizo...- dijo con una sonrisa. Umi levantó la vista hacia su amiga, quien estaba sentada en la mesa frente a ella, para luego mirar al muchacho de ojos verdes que estaba parado detrás de la pellirroja. Si, había roto el hechizo, sólo por él. Sus mejillas se tiñeron de rojo carmesí. ¿De verdad había sido sólo por él? De repente, aquellos sentimientos tan profundos que había sentido por el viejo mago parecían haber quedado enterrados en el olvido. De repente, parecía que no había nadie más importante en el universo que ese muchacho al que siempre había llamado amigo.

- La fuerza que hay en tu interior es mucho más fuerte que cualquier obstáculo que te ponga la vida. - interrumpió Apolo y su cálida voz resonó en sus cabezas y en sus corazones. Por un segundo, fue como si fuera Gurú Clef quien les hablaba. - Nunca lo olviden... Guerreras Mágicas...

-Y yo confió es ustedes...- La voz de la recién llegada las tomó por sorpresa. Las tres voltearon hacia la entrada y se encontraron con la dulce mirada de la joven de odangos dorados. Detrás de ella estaban sus amigas y guardianas. Las jóvenes habían escuchado toda la conversación.

-Usagi...- dijo Hikaru, mientras se ponía de pie.

-Sé que ustedes tienen buenas intenciones... que desean proteger este mundo tanto como nosotras... Las chicas lamentan haberlas atacado...- Hikaru negó con la cabeza

-Sólo hicieron lo que debían... éramos nosotras quienes poníamos en peligro este mundo. - Minako frunció el ceño ante ese comentario. Había prometido a Usagi que les daría una oportunidad a esas niñas, pero aún tenía sus dudas.

-Nuestra responsabilidad es proteger a este mundo y a Usagi y si eso significa tener que luchar contra ustedes, tengan por seguro que lo haremos. - dijo con el rostro serio. Las demás guardaron silencio. - Sin embargo... prometimos a Usagi que haríamos el intento de librar esta batalla juntas... Ella confía mucho en ustedes...

-Pero... antes de que unamos nuestras fuerzas...- interrumpió Rei, dando un paso al frente. - Nos gustaría conocer su historia...

Los hombres que moraban aquella cabaña en esos momentos decidieron salir al huerto, para que las guerreras pudieran hablar tranquilas.

Afuera, se respiraba un aire denso y pesado. Mamoru observó a su alrededor. Algo grande se avecinaba, estaba seguro de eso. Tragó saliva. La Tierra sufría, podía sentirlo. Temió por lo que fuera a pasar. Se sobresaltó al sentir una pesada mano posarse en su hombro. Volteó levemente y se encontró con los profundos ojos azules de Apolo. Él lo ponía nervioso. Quizás el saber que era el padre de Serenity lo ponía nervioso. Después de todo, la relación de Serenity y Endimion siempre había sido una relación prohibida.

-Puedes sentirlo... ¿verdad? - dijo el hombre, mirando el horizonte. Mamoru observó también. Los nubarrones grises se amontonaban al otro lado del valle. Entonces, la imagen de un mundo destruido llegó a su mente- El caos se acerca...

-No puede ser...- susurró Mamoru, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas, mientras el cielo comenzaba a volverse cada vez más oscuro ante sus ojos.

-Thia no se detendrá... Necesitarán de toda su fuerza para evitar que el fin de los tiempos acontezca... Confío en Serenity, es decir, Usagi... confío ciegamente... Pero, la única forma en que podrá evitar lo que se viene es con la ayuda de esas niñas...- Mamoru observó, con temor, como cientos de rayos comenzaban a caer hacia la Tierra. La furia de los dioses se estaba desatando. A su mente llegaron imágenes de lo que acontecía en el resto del mundo. Fuertes tormentas azotaban las ciudades, destruyendo todo lo construido por el hombre. Olas de mar gigantescas llegaban a las costas arrasando todo a su paso. Fuertes temblores partían la tierra en dos, tragándose edificaciones a su paso. Todos los volcanes de la Tierra comenzaban a entrar en actividad, aun aquellos que habían sido una tumba durante siglos y siglos.

Dentro de la cabaña, la conversación se vio interrumpida por el sonar de los rayos. Usagi se puso de pie, observando la ventana. Una poderosa energía se sentía en el ambiente.

-Es ella... puedo sentirlo...- se apresuró a decir Rei.- Pero, no está sola... la energía de todos los demás dioses está en el aire.

-¡No puede ser!- dijo Usagi, para luego salir corriendo hacia afuera. Las demás se levantaron de sus asientos y salieron tras ella.

Afuera, se encontraron con el terrible panorama. Nubes negras cubrían los cielos por completo, cientos de rayos caían a la tierra, los vientos soplaban con intensidad, mientras se sentía la tierra temblar. Usagi presionó su pecho con su puño. Las lágrimas comenzaron a caer de sus ojos. ¿Acaso era el principio del fin?

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··٠Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ٠·"*• CONTINUARÁ·٠Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ٠·"*•

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N/A

¡Saludos a todos mis queridos lectores! Me da gusto saber que siguen del otro lado. Esta historia esta llegando a su fin... Aunque, como en las novelas de la tele (por lo menos en la TV argentina), el "momentos culminantes" puede ser de 1 a 10 capítulos más jajajaja. La verdad es que ni yo misma lo sé, soy bastante impredecible jaja. Lo único que sé es que no quería que esta historia me quedara tan larga como mi historia estrella, pero ya ven, ya voy por el capítulo 14 y, si bien es bastante menos que los 30 de la otra historia, pensaba que iban a ser bastante menos.

Bien, sin nada más que decir, ¡nos leemos en el próximo capítulo! No les adelanto nada porque aún ni yo sé que va a pasar en el siguiente capítulo jajajajaja. Supongo que me sentaré a escribir y saldrá sólo (recen por eso XD)