Hola a todos.
Gracias, MatiasND, por tu review.
Aquí las cosas mejoran un poco para los héroes, porque siempre enseñan que el bien debe ganar...
Pero todo puede cambiar.
Bueno, basta de misterio y vamos a leer:
Capítulo 18
Regalos de Navidad
—¿Así que ahora lastimas a tus amigos? —preguntó Nate molesto, con una mano en donde ella lo había golpeado, y logrando que aquella se confundiera: creyó que era un aliado del triángulo.
Wendy se sentía terrible y, cuando se quería disculpar y preguntar qué rayos estaba haciendo él ahí, todo se dio vuelta cuando aquel la llamó "Hielo". La confusión le hizo enfurecer, y de nuevo volvió a atacar, esta vez, sujetándolo con fuerza bruta y demandando que le dijera en dónde se encontraban en realidad sus amigos. El muchacho le contó que Bill sólo conocía la respuesta, no obstante, la chica no pudo continuar con su brutal sondeo porque el suelo empezó a temblar de una manera violenta. Otra vez, el portal consiguió mucha energía que hizo que la mayoría de las cosas, incluso las personas, flotaran hasta que tocaron el techo. Esa falta de gravedad facilitó de sobra la tarea de capturar a las féminas, las cuales entraron en pánico al ver cómo se reunían un sin número de piezas de metal, que luego formaron una gran jaula. Esa cárcel cayó de forma de por más pesada cuando se acabó la ingravidez, dañando así a las cautivas, mas no fue igual para el moreno, quien aterrizó como una pluma. Mientras que ellas revisaban sus golpes, pasaba por sus mentes la pregunta de qué acababa de suceder, y todo parecía ir peor al avistar el contador en el que marcaba los últimos dos minutos. Faltaba muy poco tiempo para detener el caos y no ayudaba el hecho de que estaban encerradas como canarios. Ellas debían pensar en algo rápido.
—¡Oye, tengo algo para ti! —gritó Mabel e insistió varias veces hasta que por fin el chico le hizo caso—. No sé si nos veremos mañana, así que te doy ahora tu regalo de Navidad. ¡No lo abras!
—Pero si todo sale bien, el tiempo se congelará y nunca va a ser mañana —se quejó él con pena.
Siendo así, la pequeña le permitió descubrir el contenido de la cajita decorada, y Kryptos se veía feliz por recibir un obsequio después de cientos de años. La pelirroja no sabía qué tramaba esa niña con eso y esperaba ver salir de la caja algún explosivo o alguna cosa similar, sin embargo, el objeto oculto era una botellita que aparentaba ser perfume. El demonio le agradeció con mucho ánimo y la regaladora le invitó a probarlo para saber qué opinaba. Tras quitarle la tapa y respirar profundo, su expresión indicaba que algo malo ocurría y, antes de decir una palabra, el joven se cayó al piso de repente. Ahora que el enemigo estaba distraído, la leñadora usó su arma favorita para hacer un agujero y liberarse de la prisión. Tan pronto ellas estaban libres, corrieron hacia el tablero de control para apagar la máquina infernal, y lo lograron faltando unos treinta segundos para que el reloj llegara a cero. Eso no significó el fin de la operación, sino que faltaba el asunto de que los demás rivales estaban por venir en cualquier momento, así que las dos debían irse de inmediato de ese lugar. No sólo ese era el problema, además tenían que darse maña llevando a cuestas a ese sujeto desmayado y, por suerte, aquel no llamaba la atención. Las intrusas, ocultas en la habitación contigua, oyeron cómo cierto amo de la mente se enfureció al hallar la tragedia.
—¿Acaso esas dos se atrevieron a interrumpir la cuenta final? Ese torpe debería estar vigilando.
Antes de que comenzara una búsqueda minuciosa por toda la nave, las heroínas ya se dirigían a la salida y se escabulleron a pesar de contar con peso extra. Ellas siguieron corriendo hasta estar en la densidad del bosque, donde podían esconderse y descansar un poco, aunque no mucho ya que estaba oscureciendo y el frío aumentaba. Caminando por un terreno cada tanto resbaladizo o con obstáculos, ellas se dieron cuenta que aquel que fue convertido en salchicha no intentó ni una vez despertarse, y no sabían si se debía a que la anestesia era fuerte. Eso sí era tan extraño, mas no se debían distraer con eso, sino en un cartel clavado a un árbol que reconocían bien: era de la Cabaña del Misterio, y les indicaba que estaba cerca. Ni bien distinguieron unas luces, ellas terminaron su viaje corriendo los últimos metros, hasta parar en la puerta principal. La que tenía un cerdito de mascota llamó y pidió a gritos que le dejaran entrar, para así reencontrarse con su mejor amigo. Ahí también se encontró con Dipper, quien se veía muy mal después de la golpiza, aun así, él se levantó del sillón para abrazar a su hermana. Al rato, aparecieron los ancianos y se dio una reunión familiar y de amigos, alegrándose todos de verse en medio de la guerra. Así era, por unos minutos, ellos dejaron de lado el conflicto para enfocarse en disfrutar de algo olvidado.
—¡Vengan todos a cenar! —avisó Melody, y los demás se sorprendieron al ver la cena navideña.
Fue un poco loco estar pasando un momento agradable y en paz, luego de enfrentarse contra el mayor terror del pueblo y perder salvándose por un pelo. Por más que ahí afuera había una gran amenaza, era más importante respetar la hora de descanso de los menores, por lo tanto, ambos gemelos y también la pelirroja se fueron a dormir después de comer. Por otro lado, los mayores se quedaron a planear alguna estrategia, si bien, no tenían muchas opciones y todo apuntaba a que las cosas no iban a volver a la normalidad. Algo sí estaba decidido: había que poner a salvo a la gente y eso significaba que se debía abandonar Gravity Falls, ya que no se sentía ser suficiente el pedido de no hacer tratos con Bill, porque aquel podía ser muy convincente. El mensaje de la recomendada evacuación llegó a oídos de los medios de comunicación, y esas personas del otro lado se desilusionaron al creer que sus héroes optaron por esa triste decisión. Aquello sí que era devastador y no era muy efectivo: sólo se librarían de quienes no pueden pasar por la barrera, y los demás podrían incluso perseguir a los fugitivos. Había que deshacerse de ellos también y por eso, todo el equipo de la Cabaña debía reunirse a pensar en alguna idea. A la mañana siguiente, los Pines, Wendy, Soos, también la novia y la abuela de este último, se prepararon para actuar.
—Creo que yo no debería estar aquí, si esos clones pueden saber todo lo que me pasa —explicó Dipper sonando molesto y algo cansado, pero cuando él ya se iba, Ford dejó todo para seguirlo.
Al que le gustaban las canciones de BABBA, aceptó la compañía de quien iba a ser su maestro y se quedaron charlando acerca de esas copias. El anciano propuso derretirlos con ácido, aunque eso sonaba demasiado extremo para quieres deberían estar en calma tras cumplir su venganza. Sin embargo, como ellos eran aliados de ese triángulo, aquel método para apartarlos del camino era aceptable, de todas formas, el chico no estaba seguro de eso. Pasaron así como media hora, también hablando sobre otras cosas, y luego se encontraron con los demás, los cuales parecían estar listos para salir y ausentarse de casa por días. Todos le dieron un último vistazo a la vieja y querida vivienda, que sirvió como zona segura y arma contra los monstruos de pesadilla. Ni bien cruzaron la protección del unicornio, el repara todo se llevó a su pariente, a la que vendía carne, a la Corduroy y a Nate, quien aún continuaba inconsciente, en su camioneta. Mientras tanto, los de trece y más de ochenta años se fueron a pie a la ciudad, buscando a los enemigos y tratando de averiguar qué tramaba el supuesto vidente. Con cada paso más cerca de la civilización, surgía cierto temor en aquellos cuatro, más el cerdito, y se esforzaban en ocultarlo. Había seriedad en sus rostros, y en casi todo lo demás, menos en el usual ropaje colorido de la chica de los frenos.
—Oh, no. Aquí no están —habló el que hacía listas al ver el aparcamiento de la biblioteca vacío.
—Pero nosotros sí —se oyó una voz femenina detrás del grupo, la cual resultaba ser de Tambry.
—Esta vez, no podrás ocultarte —dijo con ira Rudo señalando a Stan—. Esta será la batalla final.
La diablesa reaccionó primero echándose a correr para atacar, al mismo tiempo que aumentaba unas bolas de fuego que salían de sus manos. La familia tuvo que separarse en dos para esquivar el peligro, con lo que la poseída sólo se concentró en una de sus partes: la que incluía al doctor y a la guía. Al tanto que la de pelo pintado quería quemar y golpear al hombre, ella le exigía que le revelara la dichosa ecuación y, como antes, aquel no se la dio. Eso la hizo poner más furiosa que aumentó la cantidad de violencia y, muchas veces, sí daba en el blanco, consiguiendo lastimar a su oponente. La niña, quien veía cómo su tío recibía tremenda paliza, se desesperaba cada vez y no sabía qué hacer para ayudarlo. Sucedía lo mismo con su hermano, observando al estafador, y notaba además que ambas peleas se estaban distanciando, hasta que se perdió de vista a la otra por completo. No obstante, los jóvenes coincidieron en ayudar arrojando lo que encontraban, y así ponerle obstáculos a los seguidores del dios del caos. Por su parte, Mabel dificultó la visión a esa controladora del fuego lanzándole una bomba de brillo, una técnica hermosa pero dolorosa. Dipper también fue tras los ojos, usando como arma unas bolas de nieve, que luego tuvo mejor impacto con un soplador de hojas. El escaso tiempo de distracción debía ser bien aprovechado.
—¡Ahora! —gritaron los de tercera edad y cada uno atacó a su adversario con todas sus fuerzas.
—Esto no parece tener fin —opinó el chico que sudaba mucho, al notar que la barra de salud de Rudo le costaba agotarse, por más que aquel recibía gran caudal de golpes, incluso de los bajos.
No fue lo mismo para la endemoniada que, con un sólo intento, un pequeño paquete llegó a sus pies, se abrió y se derramó un líquido que en seguida se evaporó y la durmió. Aquello se trataba de una botella de cloroformo, dentro de una caja de regalo, y para que no afectara también a la niña y a su tío abuelo, ellos tuvieron cuidado de no respirar y se alejaron un poco. Cuando ellos vieron que Tambry daba unos pasos vacilantes, para luego desplomarse, recién ahí se acercaron y se aseguraron de que realmente estaba inconsciente. No había tiempo que perder y ambos se la llevaron para alcanzar a sus demás aliados que estaban por cruzar la frontera. Ya estando por la carretera en un auto que tomaron prestado, los dos pensaban en sus hermanos que dejaron y que ahora se la arreglaban solos. Pronto la ayuda estaría en camino, mas era necesario primero enviar a la amiga de Wendy fuera del pueblo, y casi lo estaban por lograr de no ser porque justo en las afueras de Gravity Falls vieron a Soos y compañía. Al parecer, aquellos discutían a gritos y eso no era lo más extraño, sino que Nate estaba consciente, haciendo que Ford se apresurara a bajar del vehículo y averiguar lo que pasaba. A la vez que preguntaba sonando molesto cuál era el problema, él tomó sin más al muchacho del brazo y también le apuntó con su arma eléctrica.
—Por favor, sólo quiero hablar con ustedes —pidió Kryptos mientras que era obligado a andar.
—No voy a caer más en los trucos de Bill —respondió el hombre de seis dedos, y no quería oírlo.
—¡Sólo queríamos una nueva vida! —fue lo último que exclamó el poseído antes de desfallecer.
Algunos de los presentes estaban confundidos, en especial el robusto, no obstante, el científico les recordó que a eso se dedicaban los demonios: a engañar a la pobre gente. Aún permanecían con una sensación extraña, y aquel sujeto no quería hablar más del asunto, yendo a terminar el trabajo con esa joven de pelo pintado. Esa parte del plan estaba hecha, así que pasaría a lo que seguía, y para eso, el investigador pidió que se llevara a esos adolescentes inconscientes hacia el hospital más cercano. Otra vez, el técnico sorprendió a todos rechazando la solicitud, explicando que él sentía que debía ayudar más a los Pines y no poniéndose a salvo en otra ciudad. La chica leñadora estaba con él y también quiso regresar a patear traseros, sin embargo, Stanford no iba a permitir que ocurriera lo contrario a una evacuación. A pesar de insistir, y hasta Mabel estaba de acuerdo con sus amigos, nada parecía ser convincente, y cuando aquel iba a optar por ceder, su teléfono sonó. Era su sobrino quien llamaba y, ante la esperada pregunta de si se encontraba bien, él respondió que más que bien, ahora que ese personaje del videojuego volvió a su mundo virtual. Él no podía creer que por fin se deshicieron de aquel luchador persistente, y quiso saber más detalles, y ahí se enteró que aquellos tuvieron una ayuda inesperada, un milagro navideño.
—Vengan aquí, estamos frente al centro comercial —dijo ese de voz graciosa y cortó la llamada.
—¿Qué esperan? ¡Vamos! —exclamó con ánimo la gemela alfa, desde adentro de la camioneta.
Con una rápida pero tierna despedida, Jesús dejó atrás a su novia y a su abuela, y le encargó a la primera el cuidado de los demás. Ahora los héroes regresan para ver con sus ojos aquella ayuda misteriosa y, de paso, para revisar si los pobladores cumplieron o no con el éxodo. Era triste ver las calles vacías y las casas abandonadas, como si fueran ellos los últimos habitantes de la Tierra, incluso no había rastro de animales o monstruos. El más mayor iba conduciendo, algo lento para buscar personas y también por la basura que tenía que esquivar, y al no tener ni idea por dónde estaba su destino, los jóvenes le daban indicaciones. Por poco el conductor perdía la paciencia al tratar de escuchar a esos que hablaban al mismo tiempo y tenían diferentes opciones, hasta que al final, se llegaron a encontrar con quienes faltaban en el equipo. Ahí estaba el que saboteaba a las otras trampas para turistas, junto con dos niños que charlaban con entusiasmo. Uno de ellos era Dipper, mientras que el otro no era conocido por ninguno y sostenía una rara laptop en sus manos. Cuando los recién llegados se acercaron, aquel desconocido los saludó a todos y les dijo que estaba feliz por conocerlos, en especial al genio que trabajó un tiempo con su abuelo. El de la placa de metal en la cabeza no entendió de qué estaba hablando, hasta que miró ese aparato.
—Sí, era de mi abuelo — confirmó ese chico y por fin se presentó—. Soy Bradford H. McGucket.
—¿No es esto genial? —preguntó feliz aquel que estuvo enamorado de Wendy—. Tal vez él sea capaz de reemplazar al viejo McGucket en el círculo de energía. Tenemos que llamar a los otros.
Las esperanzas de acabar con Bill de una vez por todas se renovó, tanto que se organizaron para comunicarse ya mismo con los que faltaban: Robbie y Pacifica. Con el primero, fue fácil hablarle, mas no estaba de ánimos para enfrentarse con ningún ser sobrenatural, ya sea por experiencia y porque no se recuperó de sus lesiones. Con una amenaza por parte de la pelirroja, él cambió de parecer y prometió que pronto se reuniría con ellos, en la entrada del pueblo. Por otro lado, con la Noroeste, ella atendió a la llamada luego de varios intentos, y explicó que no podía hablar con sus padres ahí entrometiéndose. Luego de compartir la idea, la rubia avisó que se escaparía y se encontraría con los Valentinos, para regresar y ocupar el lugar de la llama. Fue algo extraño que ella aceptara la misión sin problemas, sin absurdas advertencias de demanda, y quizá se debía a que ella no era como sus ancestros: ella quería arreglar las cosas. Mientras que acordaban unos últimos detalles del plan, los demás ingresaron al abandonado shopping para ir por lo que ellos necesitaban, como medicinas para el luchador de la familia. Estando ya un poco tranquilos y con comida a su alrededor, los héroes conversaban y le contaban al nieto del loco del pueblo un par de anécdotas sobre su pariente que vivió en un depósito de chatarra, ya que no pudo conocerlo.
—¿Acaso eso podría funcionar? —pensaba en voz alta Número Cuatro, al enterarse de lo nuevo.
—¿Qué es lo que dices? —preguntó Lee, ocupado tratando de hacer que funcione aquel portal.
El poseído dejó su trabajo de ingresar códigos para poner atención a lo que ese clon le decía, así también sucedió con Gideon y Número Tres, quienes dejaron de leer libros para escucharlo. Tras terminar de contar las novedades, él volvió a hacer la pregunta, y el que lo sabía casi todo le dijo que por desgracia así era. Esa era la manera de reemplazar a los representantes de los símbolos: que un descendiente ocupara su puesto cuando sucedía la muerte. Él explicó esto con seriedad, pero en seguida se enfureció, preguntándose cómo fue que aquel reemplazo llegó tan pronto a cumplir con su deber, el de amenazar su existencia. Él debió eliminar a más de un enemigo, para asegurarse de que esto no pasara, sin embargo, se calmó al recordar un factor muy importante: la rueda aun estaba incompleta, estando uno de sus integrantes de su parte. Descubrir eso hizo que aquel sonriera y volviera con su tarea con toda tranquilidad, hasta tarareó una canción. Los que estaban ahí para destruirlo podían intentar cumplir con la profecía, si bien, no lo lograrían y todo porque uno les hacía falta. Ahora que el niño de pelo blanco se convirtió en su aprendiz, no se debía por qué preocupar más por el zodiaco, y si llegaba a traicionarlo, aun tenía un plan B. Él lo tenía todo calculado, por más que surgieron unos reveses y perdió a unos aliados que poseía.
—Estoy empezando a creer que no hay tal ecuación —comentó la copia mayor ya harto de leer.
—Quizá fue solo una mentira, con el fin de confundir —agregó el albino también muy cansado.
Ambos apoyaron sus cabezas sobre el montón de libros que estaban esparcidos sobre una mesa metálica, con la intención de descansar un poco. De inmediato, Clave notó eso y carraspeó para llamar la atención, sobresaltando a los estudiantes, ya que eso les dio la sensación de que aquel estaba molesto. Ellos ya esperaban una clase de coacción, no obstante, esa bestia de un sólo ojo les sugirió dar una vuelta recorriendo la nave, para distenderse. Ni bien escucharon esa idea, los dos se levantaron y dejaron atrás la amplia habitación sin dudar, como si salieran al recreo de la escuela. Al ponerse a examinar los objetos de los seres espaciales, pensaron en todas las cosas a descubrir y aprender, y no se sabía si su maestro lo seguiría siendo si era liberado por completo.
Próximamente, el mes que viene, el capítulo 19: "Peligrosas misiones".
