Capítulo XV
Ragnarök
.
.
٠•● Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ ●•٠·˙˜"*°•. En capítulos anteriores ·٠•● Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ ●•٠·˙˜"*°•
*°• El fin del mundo se acerca. Existe una vieja profecía que así lo indica.
*°• Gurú Clef le cuenta a Umi que existe una conexión muy profunda entre la Tierra yCéfiro. También le revela que sus poderes existen independientemente del mundo en el que se encuentren.
*°• Rei presencia la apertura del portal en la Torre Tokio, justo en el momento en que Hikaru, Umi y Fuu regresan a Tokio.
*°• Ferio, Ascot y Latis se encuentran en la Tierra para unirse a la batalla que han de enfrentar las Guerreras Mágicas. Justo después de que este último atraviesa el portal, Mokona/Thia lo cierra, quizás para siempre y destruye la Torre Tokio
*°• La verdad sobre Mokona sale a la luz. Ella una poderosa diosa, creadora de Céfiro y de la Tierra, que busca acabar con la humanidad que tanto daño le está provocando al mundo que ella misma creó. ¿De verdad la única alternativa para nuestro mundo es que la raza humana se extinga?
*°• Las Guerreras Mágicas entienden cuál es la razón de su existencia como guerreras. Su única y real misión en realidad siempre fue ser el mecanismo de emergencia de ambos mundos, las responsables de destruir la existencia para darle un nuevo comienzo.
*°• Thia se presenta ante nuestras guerreras, con los tres talismanes en su poder y teniendo como cautiva a Hotaru.
*°• Después de una extensa charla, nuestras heroínas deciden unir sus fuerzas para luchar. ¿Podrán vencer a la diosa suprema si luchan juntas?
·٠•● Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ ●•٠·˙˜"*°•
.
.
Aquí estoy yo para darte
Mi fuerza y mi aliento
Y ayudarte a pintar mariposas en la oscuridad
.
Las nubes negras cubrían los cielos por completo. Mientras los rayos caían sin piedad sobre la Tierra, los vientos azotaban la ciudad haciendo que las temperaturas disminuyan a valores inimaginables para esa época del año. Desde el balcón de aquel departamento, observaba en silencio hacia el lugar donde, antaño, podía verse la cima de la Torre Tokio. Sus cabellos dorados danzaban al ritmo del viento. Su mente divagaba por vaya uno a saber dónde, su mirada perdida en el horizonte. Él salió al balcón y puso una gruesa manta sobre sus hombros, luego la abrazó desde atrás.
-Vas a enfermar si sigues aquí. - dijo con dulzura. Permanecieron así, abrazados y en silencio, durante algunos minutos.
-¿Realmente crees que este es el fin?- preguntó ella rompiendo ese silencio y sin quitar su mirada del horizonte. - ¿Realmente crees que para que Tokio de Cristal exista este mundo debe desaparecer?
-Usako...- ella volteó y entonces él pudo ver sus ojos llenos de lágrimas.
-El rey Endimión nos dijo que yo asumiría el trono, pero jamás dio detalles de cómo sería... La gente del futuro tiene el don de la longevidad... vivirán miles de años... ¿No crees que tiene sentido? ¿No crees que ellos no son humanos, sino algo más? - Él limpió con sus manos algunas lágrimas que habían caído por su rostro.
-Usako… Yo confío en ti. Si hay algo que me has enseñado es a nunca rendirme, siempre hay esperanza…
-Mamo-cham...- se abalanzó sobre él, abrazándolo con fuerza. Al hacerlo, imágenes de lo que estaba pasando en todo el mundo llegaron a su mente. Tormentas de dimensiones impensadas, enormes tsunamis arrasando las ciudades costeras, terremotos devorando todo a su alrededor, volcanes en erupción. Era como si la naturaleza estuviera queriendo recuperar lo que una vez había sido suyo. Abrió los ojos con sorpresa, al mismo tiempo que se separaba de él.
.
·٠•● Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ
Una poderosa energía se respiraba en el aire, pero no se sentía como una energía maligna, nada parecido a las cosas que había enfrentado en el pasado. Quizás era eso lo que más la asustaba. De repente vio como Mamoru tambaleaba, intentando mantener el equilibrio
-¿Te sientes mal, Mamo-cham?- preguntó al borde del llanto. El joven se tomaba su pecho, con su cuerpo curvado hacia adelante. Parecía que se le dificultaba respirar. Usagi lo tomó por la espalda, mientras sus amigas se acercaban a socorrerlo
-Puedo sentirlo...- dijo Mamoru, mientras se tomaba la cabeza. - Está ocurriendo en todo el mundo... y no se detendrá…
·٠•● Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ
.
Sintió un fuerte dolor en su pecho. Eso era lo que él podía ver, ese dolor era lo que lo atormentaba.
-Mamoru…- dijo asustada. Él la abrazo con fuerza, así, sin mediar palabras. Con sólo mirarla a los ojos había entendido que ella había visto todo lo que estaba pasando
-No te preocupes, todo estará bien…
-Pero ¿Qué debo hacer? Yo no sé luchar, sabes que no se hacerlo.
-Y, aun así, siempre nos has salvado, sólo con ese infinito amor que guardas en tu corazón…
.
.
·٠•● Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ ●•٠·˙˜"*°•
Quiero ser yo el que despierte en ti
Un nuevo sentimiento
Y te enseñe a creer
A entregarte otra vez sin medir, los abrazos que des.
.
Bajó a desayunar con algo de resquemor. Hacía días que no veía a su madre, probablemente la invadiría con cientos de preguntas. Y aunque se había encargado de ponerle una buena excusa por no haber dormido la noche anterior en su casa, eso no quitaba que tarde o temprano se enteraría que se ausentó de la escuela dos días seguidos. Si no era que ya lo sabía.
Se acercó al lujoso comedor y observó desde la entrada como una de las domésticas le servía su café. Mientras, en la televisión de la sala hablaban de los extraños sucesos apocalípticos que acontecían en la ciudad. Suspiró. Quizás sería mejor salir rumbo a la escuela, después de todo, su madre rara vez la notaba. Pero, antes de que pudiera poner un pie fuera de ese lugar...
-¡Umi, cielo! ¡Hasta que te veo! - Umi sonrió con cierta falsedad.
-Buenos días, mamá... Ya me voy a la escuela.
-Espera, Umi... Las clases se han suspendido en todas las escuelas.
-¿Qué?
-¿Has visto las noticias? ¿Has mirado por la ventana siquiera para ver el clima? ¡Es una catástrofe! Es un desastre en todas partes del mundo... Las temperaturas han descendido drásticamente, incluso dicen que nevará de un momento a otro... y los fuertes vientos y esos extraños rayos que azotan la ciudad... dicen que no es seguro salir... ¡Santo cielo! Y tu padre de viaje, me pregunto cómo estará. - Umi tragó saliva, se le heló la sangre y se le erizaron todos los vellos del cuerpo. Claro que sabía lo que estaba pasando, claro que sabía del clima, ella misma había sido testigo de cómo había comenzado todo. Pero saber que los medios hablaban de que lo mismo ocurría en todo el mundo era lo que la ponía nerviosa. Más aun el hecho de que se hubieran suspendido las clases. En Japón, no había nada más importante que el estudio, las clases no se suspendían por nada del mundo. Entonces, la situación era más grave de lo que había pensado. Sin mediar palabra, dio media vuelta y salió del lugar, dirigiéndose a la puerta. - ¡Espera, Umi!- gritó la mujer, levantándose de la mesa y arrastrando el fino mantel con ella. La corrió hasta la entrada de la lujosa mansión, pero ella ya había salido.
Abrió la puerta con la esperanza de verla, pero, al parecer ya había recorrido el jardín y salido por el portón de entrada. Observó, con sus ojos cristalizados, como la nieve comenzaba a caer. Y ella había salido sólo con su uniforme de media estación y sin ningún abrigo. Estaba a punto de correr tras ella, cuando la interrumpió la voz de un muchacho recién llegado.
-¿Ocurre algo malo, señora Ryuzaki?- preguntó con esa dulzura que lo caracterizaba. La mujer volteó hacía el muchacho y lo tomó por los hombros.
-Por favor, ve tras ella…- dijo, mientras lo miraba a los ojos con rostro de súplica. - Es muy peligroso que esté fuera, salió sin abrigo y está haciendo mucho frío… Iba a ir tras ella, pero no creo que tenga deseos de verme… Tú eres su amigo, no creo que se moleste contigo...
.
La nieve comenzaba a agolparse a en las copas de los árboles, al tiempo que la temperatura descendía más y más. Sobre su cabeza las nubes negras amenazantes, se iluminaban constantemente por acción de los rayos. Sus pasos retumbaban en el silencio que invadía una ciudad vacía, silencio que solo interrumpían los rayos al caer sobre la tierra. Dobló en la esquina y salió del adinerado barrio, para toparse con el pequeño parque que se encontraba justo a la entrada. Se detuvo frente a la fuente de agua, que permanecía apagada. Los dedos de sus manos estaban congelados, se cruzó de brazos intentando calentar su cuerpo, en vano. ¿Cómo podía hacer tanto frío en otoño? ¿Acaso era principio del fin? ¿El apocalipsis del que tantas religiones hablaban y que parecía nunca llegar? Miró al cielo, quizás lo mejor era ir a buscar a Mokona, Thia, o como sea que se llame. Después de todo, ella no quería hacerles daño, ellas eran parte de su plan. Suspiró, una bocanada de vapor se escapó de sus labios. No debió salir así de su casa, jamás imagino que pudiera hacer tanto frío.
Se sobresaltó al sentir que colocaban algo sobre sus hombros. Se miró a sí misma y notó que se era el camperón que solía usar cuando iba a esquiar con su familia. Volteó y se sorprendió al encontrarse con esos ojos verde esmeralda que la miraban con dulzura, admiración, amor. Se sonrojó.
-Ascot…- el joven le sonrió. Llevaba un tapado de su padre. Claro, en ningún momento había pensado en comprarle ropa de abrigo.
-Hace demasiado frío… ¿por qué no volvemos? Tu mamá está preocupada por ti.
-Ah, ¿sí? Me sorprende que haya notado que me fui…- respondió ella con cierta molestia en su mirada. - No quiero volver, Ascot… Quiero ir a buscar a Mokona…- Ascot abrió los ojos con sorpresa.
-¿A buscar a Mokona?
-Quizás pueda hacerle creer que quiero cumplir mí misión, que voy a despertar a Sailor Saturn y—
-¡No lo hagas! Es muy peligroso. - interrumpió Ascot, levantando la voz. Umi pudo notar la expresión en sus ojos. Él realmente se preocupaba por ella.
-Ascot…
-Umi… yo… yo no sé qué haría si algo llegara a pasarte…- llegó a decir, casi en un susurro, y su rostro se puso completamente rojo. Ella sonrió. Él era demasiado tímido, jamás se atrevería a decirle cuánto la amaba. Quizás era eso lo que más le gustaba de él. ¿Acaso debía tomar eso como una declaración de amor? De todos modos, ¿qué importaba si lo era o no? Ella no era el tipo de chica que se sentaba a esperar que el chico que le gustaba se le declare. Hacía tiempo que el joven que siempre había llamado amigo despertaba todo tipo de sentimientos nuevos, sentimientos que ni siquiera había tenido por el viejo mago. Durante algún tiempo había pretendido que esos sentimientos no existían, pero ya no podía negarlo. Se había enamorado de su gran amigo. ¿Acaso podía haber algo mejor que amar y saberse amada?
-Ascot…- susurró, mientras el joven mantenía su mirada en el piso y su flequillo caoba tapaba esos ojos verde esmeralda que tanto la cautivaban. Pero él ni siquiera se atrevió a alzar su mirada. Estaba avergonzado. Se acercó a él y tomó su mentón con su mano, haciendo que levantará su mirada para enfocar la suya. Y, antes de que el joven pudiera decir algo, besó sus labios con dulzura. Ascot abrió sus ojos ante la sorpresa, y sus mejillas se tiñeron de color carmesí. Jamás en su vida había besado a una chica. Pero tampoco jamás había amado como la amaba a ella. Sus labios eran tan dulces, justo como los había imaginado. Cerró los ojos al sentir la lengua inquieta de la guerrera inmiscuirse en su boca. La chica pasó sus brazos alrededor de su cuello. A su alrededor, la nieve caía con intensidad y los vientos soplaban fuerte.
Separó sus labios del joven y se enfocó en sus ojos esmeralda, que brillaban de una manera especial.
-Umi...- susurró, con sus mejillas aun sonrojadas. Ella colocó su dedo índice sobre sus labios.
-Shh... ya no digas nada. - dijo en voz baja, mientras lo abrazaba con fuerza apoyando su cabeza sobre su pecho. Él correspondió el abrazo. Se sentía tan bien tenerla es sus brazos, ojalá el tiempo se detuviera en ese instante para siempre.
.
.
·٠•● Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ ●•٠·˙˜"*°•
Aquí estoy yo para hacerte
Reír una vez más
Confía en mí, deja tus miedos atrás
Y ya verás
.
Observaba caer los primeros copos de nieve, con algo de confusión. Jamás en su vida había visto algo similar. ¿Qué era eso que caía del cielo tan livianamente que parecía danzar en su camino al suelo? Se parecía un poco a la lluvia, pero caía más lentamente y se quedaba sobre los árboles y plantas y sobre el tejado del dojo, formando una capa blanca. Se veía muy hermoso. Mundo Místico no dejaba de sorprenderlo, aun en momentos de tanta oscuridad podía mostrar su esplendor. El planeta era realmente hermoso, si tan sólo su gente lo valorara un poco más. ¿Acaso no sería sencillo acostumbrarse a vivir en un mundo así? Mundo Místico lo tenía todo, enormes ciudades, clima variado y que no dependía del estado de ánimo de las personas, tecnología casi tan avanzada como la de Autozam, densos y hermosos bosques como Céfiro... Y a ella, claro. Ella que resplandecía como la estrella más brillante del universo, iluminando su vida, sus días.
.
·٠•● Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ
Observaba el reflejo del sol sobre la laguna, como hipnotizado, cuando sintió su presencia acercarse a sus espaldas. Pero, en ningún momento retiró su mirada del lago. Él se puso a su lado y miró el lago también. Permaneció en silencio.
-¿Y bien?- preguntó el hombre de cabellos azabache, aun sin retirar su mirada de aquel lago.
-Abriré el portal para ti...- dijo, entonces el morocho volteó a verlo por primera vez. - Él no se encuentra lejos de allí, ¿por qué no me sorprende? Allí la conexión entre Céfiro y la Tierra es mucho más fuerte, por eso razón él no se encuentra lejos de allí, y también... por esa razón ellas nacieron allí...- el espadachín abrió los ojos con sorpresa. Por supuesto, su destino había estado marcado desde el momento en que nacieron. Por esa razón nacieron en esa ciudad, por esa razón tenían la misma edad. Tampoco había sido casualidad que los colegios de las tres eligieran el mismo día para hacer una excursión a la Torre Tokio. ¿Acaso en su destino también estaría escrito aquel amor casi imposible que sentiría por él? - Sin embargo... aun no puedo precisar el lugar exacto en el que se encuentra... No puedo rastrear su energía, no desde aquí... Japón en grande, quizás te lleve demasiado tiempo encontrarlo... ¿Aun así estás dispuesto a hacerlo?
-Lo encontraré, no importa lo que me tarde.
-Sé que lo harás...- Gurú Clef se quitó el anillo que siempre llevaba en su dedo anular y se lo entregó. - Este anillo, perteneció a mi padre... Fue todo lo que me quedó de él cuando se fue de este mundo, te ayudará a encontrarlo...- Latis tomó el anillo y lo observó. Podía sentir la inmensa energía que emanaba de él.
·٠•● Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ
.
Observó el anillo que sostenía con su mano derecha. Esa poderosa energía aún estaba presente. La sintió algo familiar. El rostro envejecido de aquel hombre de la montaña llegó a su mente. ¿Acaso era la energía de Apolo? ¿Es que Apolo había estado ayudando y guiando a Clef durante todos esos años?
-¡Latis!- la voz chillona de la pelirroja lo sacó de sus cavilaciones. Hikaru tapó su boca con sus manos, como sorprendiéndose a sí misma por el tono de su voz. Se acercó a él, algo molesta. - ¿Qué haces aquí? Si alguno de mis hermanos llegara a verte...- dijo en voz baja, pero sus labios no pudieron terminar la frase puesto que fueron interrumpidos por un beso arrebatado por el espadachín. Sus mejillas se tiñeron de rojo carmesí. No porque le avergonzara besarlo, no era la primera vez que lo hacía. Aunque si era la primera vez que era él quien la besaba. Sin embargo, lo que le preocupaba era que alguno de sus hermanos llegará a verla.
El espadachín separó sus labios de los de ella y la miró fijamente a los ojos. Por un momento, sintió que su intensa mirada azabache la derretiría.
-Te amo, Hikaru.- dijo sin despegar sus ojos de los de ella.- Nunca lo olvides.- Hikaru sonrió. También era la primera vez que era él quien le decía que la amaba en vez de responder a su confesión de amor con un dudoso "yo también." Se puso de puntas de pie y besó tiernamente sus labios.
-También te amo, Latis.- dijo en vos baja.- Y eso nunca va a cambiar. - Él sonrió. Ella realmente hacía que no quisiera volver a su mundo, que quisiera quedarse allí para siempre.
.
·٠•● Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ
-¿Estas listo? ¿Quieres hacerlo ahora mismo?
-Cuanto antes mejor...
-Tienes que ser muy cauteloso, ella sabrá de tu presencia, trata de no llamar demasiado la atención.
-De acuerdo
-Sabes lo necesario que eres aquí, ¿no es cierto? - el mago posó sus profundos ojos azules en los suyos. Pudo notar su preocupación. Después de todo, no sería la primera vez que dejaría su mundo. Ya una vez había elegido quedarse en un mundo extraño por las razones equivocadas. Cierto era que sus sentimientos lo habían llevado a adoptar como propio un mundo ajeno. Lo había hecho por amor a aquel mundo decadente y a su comandante. Pero había aprendido la lección, él pertenecía a Céfiro. Y Céfiro lo necesitaba.
-Volveré... no te preocupes...
·٠•● Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ
.
De repente, aquella seguridad que había sentido parecía sucumbir ante los encantos de la guerrera. ¿Acaso el suyo era un amor imposible? Céfiro había logrado renacer de las cenizas, como el ave fénix, y gracias a ella. Pero aún estaba en proceso de reorganización, aún quedaba mucho por hacer, aún era blanco fácil para cualquier enemigo, por eso debía permanecer allí. ¿Y qué hay de ella? Sería muy egoísta de su parte pedirle que vaya con él, si ni siquiera se había quedado cuando fue elegida como pilar. Pero tampoco quería perderla, sabía que no podía vivir sin ella. ¿Qué pasaría cuando la batalla termine? ¿Cuándo logren salvar a su mundo? Porque lo salvarían, estaba seguro de que lo harían. ¿Seguirían como hasta ahora? ¿Con ella yendo y viniendo cuando le fuera posible? ¿Hasta cuándo? ¿Hasta que ella comience la universidad? ¿Hasta que consiga un trabajo y ya no le quede tiempo?
-¿En qué piensas?- preguntó la pelirroja de manera inquisidora. Él se perdió en sus expresivos ojos.
-En qué quisiera que el tiempo se detuviera en este mismo instante. - respondió, casi sin pensarlo. En ese momento, un fuerte rayo cayó muy cerca del dojo, estremeciéndolos con su estruendoso sonido. Entonces, un fuerte viento comenzó a soplar, arrastrando nieve y polvo con él. Ambos corrieron hacia la entrada del dojo ante la creencia de que el rayo había caído muy cerca de allí. Una nube de humo negro comenzó a levantarse desde el suelo en el lugar en el que el rayo había caído, sumiendo a la ciudad en una profunda oscuridad. Aún más profunda que la que estaban ocasionando los nubarrones negros de la tormenta. ¿Es que acaso aquel rayo había provocado un incendio? Los ojos de Hikaru se llenaron de lágrimas. Jamás imaginó que en su mundo pudiera pasar algo que le hiciera recordar tanto lo que había pasado en Céfiro.
-¡Hikaru!- la pelirroja volteó al oir la voz de su amiga, quien llegaba junto al palu, ambos alarmados ante los acontecimientos. La guerrera de Ceres se detuvo frente a ella, mientras Ascot se detenía unos pasos por detrás. Mientras tanto, la nieve continuaba cayendo copiosamente. – Hikaru… debemos hacer algo antes de que esto continúe. - la pelirroja enfocó sus ojos en los de su amiga. Hasta podía adivinar lo que ella tenía en mente. - Busquemos a Mokona… podemos hacerle creer que queremos activar los talismanes.
-¡Es una locura!- interrumpió Latis, pero la pelirroja hizo como que no lo escuchaba.
- Quisiera saber si existe una manera de encontrarla…- respondió la pelirroja, ante la sugerencia de su amiga.
.
·٠•● Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ ●•٠·˙˜"*°•
.
Le pido a Dios
Un toque de inspiración
Para decir lo que tú esperas oír de mí.
.
Desde aquel día no podía dejar de pensar en lo que había pasado entre ellos, en lo que habían hecho. Se seguía preguntando si había sido lo correcto, si había estado bien. No era que estaba arrepentida, lo amaba, por eso lo había hecho. Pero de sólo imaginar lo que sus padres pudieran llegar a hacer o decir si supieran…
Revolvía el té con su cuchara, mientras su mirada estaba perdida en algún lugar recóndito de aquella cocina y su mente divagaba por quién sabe qué rincón del universo. Afuera, la nieve, el viento y los truenos hacían parecen que el Armagedón había llegado. Quizás así era, y en sus manos estaba la llave para el fin de la humanidad y un nuevo comienzo. ¿Y qué hacer? Si acababan haciendo lo que Mokona quería, si despertaban a Sailor Saturn y aquel mundo perecía, ¿morirían ellas también con su mundo? ¿O acaso ellas al ser quienes activen el apocalipsis, tenían la llave para sobrevivir al fin de los tiempos? ¿Y a qué costo hacerlo? ¿Sobrevivir con la carga de saber que acabaron con su mundo y con todo y todos los que amaban?
Revolvía su té, que ya había dejado de echar humo, cuando su hermana ingresó a la cocina a prepararse algo para desayunar. Pero ni siquiera notó su presencia.
-¿En dónde andas hermanita?- preguntó la joven, mientras se preparaba un té. En ese momento, la rubia reaccionó y notó a su hermana.
-¿Eh?
-Desde hace tiempo ya no eres la misma, Fuu… Pero, hoy te siento aún más rara que nunca... Ya no eres la misma, ya no eres una niña, mi pequeña hermana. - Fuu sonrió nerviosa, ¿a qué se refería su hermana con esa de que "ya no era una niña"? ¿Acaso lo sabía? - Has estado faltando al colegio.
-¿Qué dices? ¡Claro que no! - Fuu se puso de pie, nerviosa. Eso y el elevado tono de su voz le hizo saber a Kuu sobre su nerviosismo.
-Ayer pase por tu escuela, quería darte una sorpresa... pero la sorpresa me la lleve yo. Estuve esperándote un buen rato, hasta que vi salir a una de tus compañeras y ella me dijo que no habías asistido. - El rostro de Fuu se puso pálido y ya no supo que decir, ¡había sido atrapada!
-¡Por favor no se lo digas a mamá! - Kuu rio.
-No te preocupes, no le diré. Sé muy bien lo que te espera si mamá se entera que has faltado a tus clases. - dijo Kuu con una sonrisa
-¿Acaso tú...
-Han sido muchas las veces que he faltado a clases sin permiso, claro que alguna vez tenían que descubrirme... Pero me sorprende que tú hagas lo mismo, es decir, ¡yo siempre fui un desastre! Pero tú siempre has sido la niña perfecta de mamá y papá. ¡Las cosas han cambiado! Te ves diferente Fuu. Siempre estás tan callada y pensativa, como en otro mundo, parece que has madurado de repente, que tienes cientos de secretos, ¡eres otra persona! Una mujer... una mujer que ya no me cuenta sus secretos ni me pide consejos...- Fuu guardó silencio. No supo que decir. De repente se sintió culpable por esa repentina indiferencia que tenía hacia quien siempre había sido su mejor amiga, su confidente. Claro que era otra persona, Céfiro la había cambiado, la había hecho madurar. Y él había hecho el resto. Claro que tenía secretos, después de todo, ¿cómo hablarle a su hermana de Céfiro? ¿Cómo hablarle del inminente fin del mundo? - Dime, Fuu, ¿estás enamorada? - Las mejillas se Fuu se tiñeron de Carmesí.
-Bueno… yo…- titubeó…- ¿Por qué lo preguntas?
-No lo sé… curiosidad… Es que… a veces te veo tan triste y callada que sólo me cabe pensar que sufres por amor…
-No, claro que no… Es que yo…- Fuu bajó la mirada, como tratando de evitar los ojos de su hermana.
-Sabes que puedes contarme lo que sea, Fuu.
-Sólo quisiera poder contarte sin que pienses que he enloquecido. - dijo, aun manteniendo su mirada en el suelo. Aun así, Kuu pudo notar las lágrimas en sus ojos.
-Fuu…
-¡Lo siento!- dijo, antes de salir corriendo de la cocina. Kuu la observó alejarse. Pensó en ir tras ella, pero no se animó a hacerlo.
Fuu tomó su abrigo y salió, con rumbo incierto. Dio algunos pasos más allá de su casa cuando sintió una presencia detrás suya. Volteó alarmada, creyendo que, tal vez, su hermana la había seguido. Pero al hacerlo, se encontró con los expresivos ojos miel del príncipe, su príncipe.
-Ferio…
-¿Qué hace una dama tan distinguida caminando sola por las calles desiertas?- Fuu sonrió ante el comentario del joven, aunque él no pudo evitar ahondar en la tristeza reflejada en sus ojos.- No te preocupes, todo estará bien… Yo confío en ustedes…
-Tengo miedo de lo que vaya a pasar, Ferio. Tengo miedo que acabemos cumpliendo con nuestra misión, como lo hicimos en Céfiro. Que acabemos con la humanidad así como acabamos con la vida de Esmeralda.- Los ojos de Ferio se llenaron de lágrimas al oír el nombre de su hermana en labios de su princesa. Pero no era la muerte de su hermana lo que más le dolía, sino el hecho de que Fuu siguiera culpándose por eso después de tanto tiempo y de tantas veces que él le había repetido que dejara de hacerlo.
-Fuu…- el joven rey se acercó a su amada y la abrazo con fuerza. Ella recargo su cabeza sobre su pecho. - Ustedes sólo cumplieron su deseo, no sabían nada acerca de esa estúpida misión. Y, aun así, lograron cambiar el destino de Céfiro. ¡Y míralo ahora! Es un mundo totalmente diferente, ya no depende del sacrificio de una persona. – Ferio tomó el rostro de su amada con ambas manos, mientras la separaba de su pecho.- Sé que también pueden cambiar el destino de este mundo.- Fuu sonrió. No sabía cómo, pero él siempre la hacía sentir mejor, con tan solo su presencia.
-¡Fuu! ¡Ferio!- la voz chillona de la pelirroja hizo sobresaltar a la pareja, que, impulsivamente se separó. Fuu volteó para así poder ver a sus amigos que se acercaban.
- Hikaru… Umi
-Íbamos para tu casa, Fuu… Umi y yo decidimos que es momento de enfrentar nuestro destino. – Fuu abrió los ojos con sorpresa. ¿A qué se referían con enfrentar su destino? ¿Acaso se habían vuelto locas?
-Buscaremos a Mokona para que nos entregue los talismanes.
-Pero…
-Tú también lo has sentido, ¿no es así Fuu?- la guerrera del agua observó la palma de su mano con cierta nostalgia.- Cuando tuve ese talismán en mis manos pude sentir esa energía correr por mis venas. Esos talismanes poseen un enorme poder. Por un momento, sentí como si Ceres estuviera conmigo.- Fuu guardó silencio durante algunos segundos. Intentaba imaginar adónde quería llegar Umi, pero se le hacía difícil. Aún así, no podía dejar de pensar en ese instante en que sus manos tocaron aquella espada. Umi tenía razón, ella también había podido sentirlo, esa espada poseía un gran poder, esa espada parecía haber sido creada exclusivamente para ella.
-¿Qué es lo que están planeando?
-Vamos hasta la Torre Tokio… es decir, el lugar en el que solía estar, quizás podremos encontrar a Mokona allí… - Fuu le echo una mirada de reojo al joven rey, para ver cuál era su reacción. Ferio hizo una mueca de disgusto. Ir a buscar a Mokona era como meterse en la cueva del enemigo, ¿Y si acaso volvieran a quedar bajo su hechizo? ¿Y si está vez si acababan despertando a Sailor Saturn? Volvió a ver a sus amigas, aún tenía cierto resquemor. ¿Acaso pretendían que Mokona piense que estaban dispuestas a cumplir con su misión? ¿Acaso era posible engañarla? Si ella lo sabía todo, después de todo, era una diosa, la mas poderosa, la creadora de todo y de todos, del mundo, del universo, del bien y del mal. Pero, ¿tenían otra opción? ¿Qué más podían hacer? Quizás el inmenso poder de esos talismanes podía usarse para algo más que convocar a la sailor de la destrucción. ¿Derrotar a Mokona? Ni siquiera sabía si eso era posible. Pero, quizás si pudieran convencerla de que hay otras alternativas, llegar a un punto medio, lograr que el ser humano deje de hacerle daño a su mundo.
-De acuerdo… vamos allá..
.
.
.
.
·٠•● Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ ●•٠·˙˜"*°•·٠•● Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ ●•٠·˙˜"*°•
N/A
Y estamos llegando al final, (aunque no sé cuántos capítulos me lleve ese final, trataré de ser breve). Claro, los fragmentos de canciones no podían faltar, (¡no lo puedo evitar!), la canción a la que pertenecen se llama "Aquí estoy yo", de Luis Fonsi. Este capítulo estuvo muy enfocado a las historias de amor de nuestras protagonistas, aunque me encargue de contar algunos detalles de cómo comienza el fin de los tiempos. Por cierto, algo así es lo que significa el título de este capítulo. Ragnarok, en la mitología nórdica es la batalla por el fin del mundo, por eso me gustó la idea de usar esa palabra tan rara como título de este capítulo.
En el próximo capítulo, se desata la catástrofe. ¿Podrán nuestras heroínas evitarlo? ¿O terminarán cumpliendo los deseos de Mokona?
