Buenas. Por fin hay actualización.
Gracias, MatiasND, por tu review, y me alegra que te parezca interesante.
A diferencia del anterior encuentro, ahora Bill tiene todo fríamente calculado. (?)
Veamos si es cierto:
Capítulo 19
Peligrosas misiones
A pesar de no tener contacto con una de las personas necesarias para cumplir con la profecía, el equipo de la Cabaña del Misterio se sentía con los ánimos renovados, y todo gracias al nieto del viejo McGucket. Tal como su abuelo, él tenía un plan para un momento difícil como este, y para empezar, había que esperar a que llegaran los representantes de la llama y el corazón zurcido. Y para aprovechar el tiempo mientras esperaban, el grupo de siete más el cerdito, abandonaron el centro comercial donde se refugiaron, para encontrar a ese alguien que faltaba. Al tanto que las heladas calles eran recorridas, ellos hablaban sobre en dónde aquel se podría ocultar, y no había muchas pistas. Ya probaron con el lugar en que se vio por última vez a sus amigos prisioneros, la biblioteca, y nada, así que fueron hasta su casa, y tampoco. Por lo menos, ellos lo intentaron, se decían para consolarse y regresaron al centro del pueblo a esperar a sus compañeros del círculo místico. Había un sitio más para revisar: la nave espacial enterrada, sin embargo, eso significaba encontrarse cara a cara con el mayor enemigo y, por otra parte, si Gideon estaba del lado de ese demonio de los sueños, no va a cambiar de opinión por las buenas. Eso último no podía saberse con claridad, porque aquel niño prometió alejarse de la maldad y quizá él volvió a ser capturado.
—Cuando estemos todos, recién ahí podemos ir a buscar a ese torpe —resolvió Stan ante la idea de ir ya mismo al peligro, y su hermano estaba de acuerdo con eso, para no arriesgar a los niños.
—¿Por qué siento que hay un problema con ese sujeto? —se preguntó Brad y se puso a indagar.
Además, tampoco irían ya que estaba anocheciendo, y la opción en ese momento era hallar una guarida para escapar del frío de la noche, con lo que regresaron a ese gran almacén. Ya estando a salvo, en aquel edificio algo destruido por las criaturas salvajes, los héroes se encerraron en un local de comida, a pesar de no ver más a ningún monstruo amenazante. Al tanto que cenaban lo que encontraban, ellos se pusieron a conversar hasta que decidieron que ya era hora de dormir. La charla se trató sobre el Raromagedón, de sus similitudes y diferencias a la situación actual, en especial sobre los cambios: la venganza de otros adversarios y el hecho de que no había por ahí extraños seres de otra dimensión. También, no había gente apresada y que formara parte de un trono, aunque sí lo estaban dentro de otros pueblos vecinos, compartiendo el malestar de dejar todo para huir. Así se sentían los Noroestes, fuera de peligro pero sobreviviendo apenas en una habitación barata de un hotel. Los tres no podían creer cómo su vida cambió en poco tiempo, y extrañaban con desesperación su pasado lleno de lujos. Mucho peor se volvió al mudarse por la fuerza y, en esa nueva ciudad, ellos no eran nadie importante, no como en Gravity Falls, quienes eran reconocidos por ser parientes del supuesto fundador y los perdedores de una gran fortuna.
—Ni siquiera los amigos de aquí quieren ayudarnos —se quejaba Preston cortando una llamada.
—Fingen no conocernos —agregaba su esposa, casi al borde de las lágrimas—. ¿Qué les sucede?
Por su parte, Pacifica se mantenía en silencio, debido a que presentía que sus opiniones no iban a ser escuchadas y sus intentos de animarlos no serían efectivos. Ella no era como los demás de su familia, siempre recordaba las palabras del fantasma, y por más que también se sentía triste al tener que vender casi todas sus posesiones, ella comprendió que podía vivir sin tantas cosas. Al no estar tan de acuerdo con sus padres, si bien ella los quería, existía una larga distancia que la llevó a escaparse con facilidad. Fue, por otro lado, también difícil dejarlos a su suerte, mas no se echó para atrás porque no podía pensar sólo en ella o en sus padres, sino que era correcto el devolver algo al pueblo que tanto su estirpe se benefició. De modo que, ni bien acabó de hablar con Dipper, la rubia planeó su escape al instante, comenzando con arreglar con Robbie un punto de encuentro. Para hacer que su regreso fuera más pronto, ella debía tomar un autobús y hallar al gótico en una carretera principal, por lo tanto, debía llevar algún dinero. Para eso, la que ganó la corona en un concurso esperó a que se distrajeran los mayores para irse, no sin antes ya estar con un bolso con provisiones. Para pagar su boleto, ella tuvo que dirigirse primero a una casa de empeño y así consiguió dinero a cambio de unos aros de diamante, lo último de valor que tenía.
—Te doy este billete y finges que no viajo sola —dijo la chica al vendedor de pasajes, quien no le quería vender por las buenas, sin embargo, cambió de parecer al ver la confianza que ella tenía.
Fue así que ella logró subirse al vehículo y emprender el viaje, para bajarse más tarde a mitad de la noche, en un lugar que no era su destino final. Con la excusa de que vio por la ventanilla a sus amigos, y que seguiría viajando con ellos, el chofer la dejó bajar y por fortuna, allí estaba el auto de los Valentinos. Los padres del ex novio de Wendy la saludaron con el buen ánimo que tenían por costumbre y, en la parte de atrás del transporte, estaba aquel adolescente, ya bastante bien recuperado de sus lesiones, mas continuaba con las muletas. Al no darle tanta importancia a las cosas negativas que había a su alrededor, como el andar con unos extraños, dentro de una vieja furgoneta, la antigua popular pudo quedarse dormida para hacer que el trayecto durara poco. Al amanecer, ella se despertó viendo el cartel de bienvenida de Gravity Falls, y otra razón que hizo que dejara de soñar fue descubrir que la marcha se detuvo y oír una discusión. Al parecer, aquel joven estaba pidiéndoles a esos alegres que no hacía falta pasar la frontera, si todo el mundo ya se fue porque era peligroso. Al final, los dos cedieron a las súplicas de su hijo y lo dejaron ir, con esa invitada haciéndole compañía, aunque esta le pedía que se apurara. El clima de esa mañana era malo, con una neblina que parecía de película de terror, y los dos no veían hacia donde iban.
—¿Ahora qué haremos? —se quejaba la fémina mientras caminaba, siguiendo la ruta de asfalto.
—Tranquila, ya los encontraremos —respondió el muchacho intentando sonar amable sin éxito.
Ambos continuaron casi a ciegas, sólo viendo el suelo que pisaban y se aseguraban de no salirse de la calle. Como ellos creían que era mejor no esperar en el punto de encuentro con los demás, en la entrada del pueblo, optaron por ir a buscar a esos quienes faltaron a su palabra, ya sea por mantenerse en movimiento para no congelarse, y para no aburrirse. Era extraño que ellos no se presentaran a la hora acordada, y quizá fue porque algo malo les sucedió, ya que tenían prisa de ver a los demás. Los recién llegados estaban en lo correcto: aquellos siete se sentían muy mal al no pegar un ojo durante esa noche. Por supuesto que esto se debía a las horribles pesadillas que Bill creaba para atormentarlos, como parte de una represalia por sabotear el portal, y que ahora requería más combustible para funcionar. No sólo eso enfadaba al triángulo, sino además saber que esta vez fue más complicado querer conseguirlo, al descubrir viajando en su forma original, que un gran ejército capturó al Cambia-formas. Como las cosas se arruinaban cada vez más para ese demonio, era justo que sus enemigos también pasaran por aprietos y, para eso, él se decidió por usar su artillería pesada. Había algo más fuerte que ser atacado por varios monstruos o ser traicionado por tu propia familia o amigos, y era la sensación de no ser capaz de despertar: una y otra vez creyendo que te despiertas aunque solo eran sueños, unos que sirven para confundir.
—¡Niños, despierten! —gritaba Ford, quien no cayó tan fácil en los trucos al estar acostumbrado a la tortura de su viejo amigo, y luego recurrió a tomarlos por los hombros y agitarlos, sin logro.
—¿Esto es la realidad? —fue lo primero que preguntó Dipper, al abrir sus ojos y se veía cansado.
Aun con ese detalle, el anciano le pidió a su sobrino que tratara de que los demás reaccionaran, ya que se estaba haciendo tarde para ir al encuentro de los símbolos que faltaban. El chico fue al principio con su hermana, la que se notaba que estaba teniendo un sueño desagradable, porque ella fruncía el ceño y manoteaba el aire. Aquel le hablaba con calma mientras le sujetaba una de sus manos, haciendo que al poco tiempo, la gemela se tranquilizara y despertara. De esta forma, el equipo volvió en sí a paso de tortuga, advirtiendo que todos tuvieron una pesadilla colectiva y que también fallaron en la cita, mas debían atender al asunto del cansancio que ellos sentían. El azúcar en gran cantidad lo arreglaría, y con lo que debían pasar por una tienda de dulces o ir por las máquinas expendedoras. La de los frenos le ponía más atención a lo que llevaba a la boca, ya sea para no comerse las envolturas y además para no toparse con las raras y prohibidas Sonrisas Dulces. Ya sintiéndose un poco mejor, al igual que los demás, todos abandonaron aquel edificio, observando que era un día de cielo cubierto y con una espesa niebla, que causaba cierto temor.
—Oh no. Ahora no podemos ver si viene un zombi o algún monstruo —se quejaba el paranoico.
—¡Tengan los ojos bien abiertos, torpes! —exclamó Stan y con señas indicó la dirección a seguir.
Ni bien escucharon la orden, ellos obedecieron y cada uno se encargó de vigilar un sector de las calles, pudiendo a la vez avanzar hacia la salida del pueblo. Mientras caminaban, cualquier ruido dentro de un ambiente en silencio los sobresaltaba, y los llevaba a pensar que alguien los hacía a propósito sólo para asustarlos. El grupo trataba de ignorarlos, mas se preparaban para luchar, si hacía falta, sin embargo, se pudo recorrer así varias cuadras, hasta que unas figuras oscuras se vieron al final de la calle. Estas no se movían como lo haría una persona, trasladándose de forma extraña hacía una, en tanto la otra más pequeña, iba con pasos cortos y emanando una luz muy tenue. De inmediato, algunos pensaron en que se trataban de fantasmas, recordando lo pasado en la tienda embrujada, o similar al Bromista del Súper Halloween. Todo el equipo se detuvo, ya que repararon en que aquellos se estaban acercando despacio, y rápido se decidió en ocultarse. Los siete fueron a un callejón y se escondieron detrás de contenedores de basura, esperando la llegada de esos sujetos y que siguieran derecho hacia otro lado. Sus pasos irregulares producían un eco y se oían cada vez más fuerte, hasta que de pronto se detuvo y, de reojo, Ford miró a los desconocidos. Aun no se los podía distinguir, de modo que aquel anciano preparó su arma para enfrentarlos, e hizo una señal a su hermano para salir juntos a pelear: sería a la cuenta de tres.
—¿Señor Pines? —esa voz hizo que el ataque fuera de repente suspendido—. ¿Acaso es usted?
La pelirroja fue la primera en reconocer el sonido de esa voz y salió de su escondite para hallar a uno de sus amigos y ex novio. No obstante, la alegría que sentía esa muchacha se desvaneció en un segundo, al considerar que aquel no era él en realidad, sino que era obra del Cambia-formas. Un buen rato permanecieron ellos haciéndoles preguntas para identificarlo como el verdadero y lo mismo sucedió con Pacifica, quien era su acompañante. Tomar recaudos estaba bien, después de ser engañados varias veces, pero parecía que la paranoia se contagió y lo peor era la pérdida de valioso tiempo haciendo un cuestionario absurdo. No más se consiguió que esos dos gastaran toda su paciencia y ahí recién ellos pasaron la prueba, con lo que se sumaron a los demás para ir al siguiente paso: dar con Gideon. Esa parte de la misión se veía complicada, ya que no tenían ni una pista por donde empezar a buscar, y la única idea que tenían la querían evitar. Al no tener la situación arreglada, se inició a discutir este asunto, y más se ponían molestos los recién llegados demandando una solución por parte de los más mayores. No fueron ellos quienes sugirieron un plan, sino Bradford, el cual quiso armar el círculo de todas formas, y Dipper lo apoyó recordando que se sintió la energía aquella vez. Otra vez, el científico pidió algo para dibujar los símbolos en el suelo y se repitió también usar un elemento perfecto, la pintura en aerosol, dado por Robbie.
—Bien, tómense de las manos —dijo el que pasó treinta años fuera de su dimensión al terminar.
—Otra vez a sentirme incómodo —murmuró el guitarrista, y los que estaban cerca lo ignoraron.
Al formar esa especie de ronda, un brillo azulado los envolvía a cada uno, y observaron además que los objetos pequeños tirados en el piso iban flotando cada vez más alto. La otra cosa que les llamó la atención fue el sonido de truenos, y fue instantáneo cómo todos se pusieron a ver hacia el cielo. No sólo se encontraron con que la niebla se disipaba, sino que unas nubes grises que se colocaron justo sobre sus cabezas, formaban un espiral que crecía a paso veloz. Era bueno saber que algo sucedería a pesar de no estar los diez representantes reunidos, desde luego, había que encontrar al faltante, y al pensar en eso, un instinto los llevó a decir que aquel chico estaba en el bosque. ¿Cómo podían saberlo y por qué estaban de acuerdo con eso? Quizá era la magia la que les daba ese poder y, no sólo eso se averiguó, sino también que él estaba sobre una bicicleta, la cual era del Valentino. El albino no estaba solo: alguien lo estaba llevando, andando a una gran velocidad, y se trataba de Número Tres. El verdadero dueño del rodado gruñó al descubrir a los ladrones por fin y eso lo llevó a culpar al creador de esas copias, quien lo se veía apenado. Había algo raro en que ellos parecían huir y, otra vez, faltaba en la visión uno de los clones. Tal vez eso no era importante, pero lo que sí lo era, fue saber que el antiguo vidente venía justo hacia ellos.
—¡Ustedes, amigos, espérenme! —gritó Gideon al divisar a los que hacían el círculo de energía.
—¿Al final de qué lado estas? —preguntó Dipper, y la misma pregunta también iba para el clon.
Mostrándose atemorizados los dos, explicaron que huyeron de Bill cuando comenzaba a perder el control, y aseguraron que sólo lo estaban siguiendo por motivos personales. Primero, fue ese niño regordete quien no más quería estar al tanto de las maniobras del triángulo, porque él aun aspiraba a ser digno de ser amado por su querida Mabel, a pesar de que las cosas no iban como lo esperado. Por eso, después de esa charla con el hermano de aquella, él ayudaba cada vez que podía y, comentando ese recuerdo, señaló que alguien no cumplió con su palabra de decirle a la chica lo mucho que se sacrificaba. Eso fue suficiente como para que todos vieran al culpable con una mirada de reproche, más la implicada que se sentía decepcionada, sin embargo, el que fue a prisión declaró que lo perdonaba, porque era mejor que su amada se diera cuenta por sí misma, y no por otros medios. Mientras decía eso, el Alegría se iba aproximando para completar aquella rueda y alzaba con suavidad una mano para que la dueña de Pato la tomara, mientras que aquel le sonreía de forma tierna. Ella le devolvió la sonrisa, y fue todo lo contrario a la primera vez en que se reunieron los diez símbolos. Ahora que todos estaban, la energía aumentó con claridad y se vio en el cielo una especie de ojo de un huracán, saliendo después de ahí un rayo azulado que cayó al bosque. Este no era como un relámpago, que desaparecía en un segundo; era constante.
—¿Qué está sucediendo, tío Ford? —preguntó el que sudaba mucho, sonando de más asustado.
—No tengo ni la menor idea —respondió pensativo aquel anciano, decepcionando a los demás.
Si él no lo sabía, nadie podría, y tan sólo ellos continuaron viendo esa línea de intensa luz, hasta que notaron que estaba regresando de a poco al principio, trayendo algo al final. La punta no se alcanzaba a ver con detalle, así que tuvieron que esperar hasta que estuviera más cerca, y estar observando esa luz hacía que sus ojos se dañaran. Al cabo de unos minutos, todo terminó: aquel brillo se desvaneció y, en el centro del circuito, apareció esa cosa que trajo la magia. Como ellos aun tenían problemas con la vista, les costó reconocer lo que había ahí, hasta que se descubrió a ese adolescente rubio amigo de Wendy. Al parecer, él cayó con fuerza bruta al suelo y eso causó que aquel se desmayara, no obstante, sonó una orden en voz alta para que se despertara, dicha por el de dedos extra. No se sabía bien si Lee aun tenía aquel demonio en su interior, con lo que desconocían si estaban frente al peligro o no, y sólo podía resolverse si ese muchacho mostrara sus ojos. Él empezaba a reaccionar con lentitud, haciendo oídos sordos a todos esos insultos que soltaba ese viejo nerd, y le costaba bastante levantarse que tan sólo logró sentarse en el duro y frío asfalto. Él se sostenía la cabeza, en señal de estar mareado, y ver a ese chico les hacía creer a los presentes que aquel se encontraba demasiado débil como para representar una amenaza.
—Ese viaje si que fue divertido —habló con torpeza el alto, sonriendo al final y alzando la vista.
—Reconoce que estás perdido, Bill —dijo el que estudiaba anomalías—. Deja a ese joven en paz.
—Y no olvides volver a la normalidad a Nate y a Tambry —agregó la pelirroja oyéndose enojada.
El amo de la mente borró esa sonrisa que lo caracterizaba para poner una mirada de furia en su rostro y, a partir de ahí, él rugía con cada vez más fuerza, haciendo que unas llamas brotaran de sus puños. Un grito hizo que el fuego explotara, llegando a una gran altura, con la intención de ir tras todos los enemigos a la vez. Por más que los diez sintieron un calor que los sofocaba, eso no pasó a mayores porque un escudo de energía los protegió de ese ataque. Eso dejó perplejo a la bestia de un sólo ojo, quien lo intentó de nuevo, una y otra vez, y al entender que aquel no iba a rendirse, el sabelotodo mayor propuso moverse hacia la frontera. La idea provocó aun más la ira de la figura de tres lados y, casi llegando a su destino final, él dejó de luchar consiguiendo que la ronda parara. Él aceptó que perdió y prometió cumplir con todos sus pedidos, a cambio de algo.
Les adelanto el título del siguiente capítulo: "Lo más importante". No sé si sea de ayuda. Hasta el próximo mes.
