Capitulo XVI

Ragnarok (parte II)

- La batalla de los dioses -

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El cielo se oscureció aún más, haciendo que el día parezca noche. La nieve continuaba cayendo sin cesar. La cantidad de nieve acumulada sobre el suelo hacía que se le dificulte caminar. Los fuertes vientos arremolinaban su cabello dorado. Caminaba encorvada, tratando de enfrentar el frío que sentía su cuerpo, mientras sus pies se hundían en la nieve y sentía que no los podría volver a sacar. Repentinamente, un fuerte temblor la hizo trastabillar y caer sobre la fría nieve. Levantó su rostro y pudo ver una luz dorada que caía directo desde el cielo hacia la tierra, dibujando una línea perfecta en el horizonte, justo en el lugar en el que solía estar la Torre Tokio.

-¡Usako!- la voz del príncipe resonó fuerte en su cabeza. Corrió hacia ella y la ayudó a levantarse. - ¿Por qué saliste sin avisarme? Me preocupé por ti...

-Puedo sentirlo. - Sólo atinó a decir, ya estando de pie. Al voltear, notó que sus amigas llegaban corriendo hacia ella.

-Usagi, ¿qué pensabas hacer? ¿Acaso ibas a enfrentarse a esa mujer tú sola? - protestó Minako.

-Yo… no podría hacerlo, no sé cómo luchar… pero…- En ese momento, se si sintió un fuerte estruendo, que las hizo sobresaltar. Reí observo hacía el lugar en que hacían las ruinas de la Torre Tokio.

- Es ella…- susurró, las demás lograron escucharla. Una visión pasó por su mente en ese momento. Pudo ver a la diosa que había desatado el apocalipsis. Pero no estaba sola. Con ella pudo ver a tres jovencitas con poderes extraordinarios. Eran ellas. ¿Acaso pensaban despertar a Sailor Saturn? - ¡No puede ser! - dijo y luego salió corriendo en dirección al lugar en donde la diosa se encontraba.

-¡Reí! ¿Qué fue lo que viste? - gritó Minako, pero Reí ni siquiera detuvo su marcha. Entonces corrieron todas tras ella.

Rei se detuvo en seco al llegar al lugar y, detrás de ella, se detuvieron los demás. Entonces pudieron ver allí a la diosa Thia, flotando en el aire, envuelta en una poderosa luz dorada. A sus pies, Hikaru, Umi y Fuu la observaban como embelesadas.

-No puede ser. - dijo Usagi, con los ojos llenos de lágrimas.

-Chicas, ¡es hora! - Minako dio un paso al frente. - ¡Por el poder de Venus! - gritó levantando su pluma. Las demás la siguieron, mientras Usagi observaba incrédula y con deseos de llorar. ¿Acaso ellas iban a acabar con su mundo? - ¡Usagi!- gritó la recién transformada Sailor Venus, haciendo que la joven princesa salga de su trance.

-¡Si!... ¡Por el poder del Prisma Lunar!

Una vez convertida en Sailor Moon, Usagi dio un paso al frente.

-¡Hikaru!- gritó, aún sorprendida. La pelirroja y sus amigas voltearon a verla. Pudo notar cierta tristeza en sus ojos, ella también estaba sorprendida.

Lo último que Hikaru hubiera deseado era que Usagi presencié aquel momento. Thia río escandalosamente ante aquella escena.

-Que gusto que hayas llegado, princesa. Así podrás presentar el comienzo del renacimiento del Milenio de Plata. – dijo, abriendo sus brazos en cruz. Usagi abrió los ojos con sorpresa. En ese momento, las luces de la ciudad se apagaron por completo, y horribles monstruos comenzaron a aparecer en distintos lugares destruyendo todo a su camino. Destruyeron ciudades y caminos y todo rastro de la sociedad moderna que encontraban a su paso. Y eso se replicó en todo el Mundo.- Este mundo ha llegado a su fin… ¿Están listas mis Queridas Guerrera Mágicas?

Hikaru, Umi y Fuu se miraron entre sí, como buscando saber que era lo que la otra sentía. ¿Acaso había alguna alternativa? Las tres estaban seguras de que podrían controlarlo, que podía cambiar el destino de su mundo y el suyo propio.

-Estamos listas, Mokona… es decir… Thia…- se aventuró a decir Hikaru. Entonces, una luz dorada apareció frente a cada una de ellas, convirtiéndose luego en los talismanes. El corazón de Setsuna apareció frente a Hikaru, el espejo de Michiru, frente a Umi y la espada de Haruka, frente a Fuu.

Hikaru suspiró. Volvió a mirar a sus amigas, como esperando su aprobación. Luego tomó el talismán con ambas manos. Al hacerlo, pudo sentir su energía circular por sus venas, esa poderosa energía tan parecida a la de su mashin. Sin dudas era la energía de Thia. Umi y Fuu hicieron lo mismo y, del mismo modo, pudieron sentir toda esa energía circular por sus venas.

Thia sonrió complacida, mientras las Sailor Senshi observaban incrédulas. Una poderosa energía rodeó a aquellas guerreras, se veía como una luz rojiza rodeando a Hikaru, una luz azulada rodeando a Umi y una luz verde rodeando a Fuu.

-¡Hikaru! ¡No lo hagas! - gritó Usagi, en un desesperado intento por evitar lo que a esas alturas parecía inevitable.

Pero ni Hikaru ni las demás parecieron escucharla. Hikaru cerró los ojos, sintiendo la energía de aquel talismán.

-¡Rayearth! – gritó y un fuerte rugido retumbó entre los inmensos edificios de la metrópoli. Un león gigante, con una llama roja en la punta de su cola salió del centro del Monte Fuji y recorrió las calles de la ciudad a toda velocidad como dueño y señor. A medida que caminaba por las calles, iba dejando un rastro de fuego que iba prendiendo todo a su paso.

Emulando a su compañera y líder, Umi alzó en alto el talismán al grito de:

-¡Ceres!- y las aguas del mar se agitaron con fuerza, surgiendo de ellas un dragón gigante de color azul, que con su fuerte rugido hizo temblar los edificios de la ciudad cual si fuera un sismo. Y las aguas del mar comenzaron a avanzar sobre la playa, recuperando el terreno que el humano una vez le "ganó al mar"

Por último, Fuu levantó la espada en alto, mientras sus cabellos danzaban al ritmo del viento sagrado

-¡Windom!- y un ave gigante se hizo paso entre los nubarrones de tormenta. Sus aleteos incrementaron la velocidad de los vientos, haciendo que lleguen a velocidades casi tan intensas como las que se dan en un tifón.

-¡Es el momento mis queridas guerreras!- dijo y desplegó su energía haciendo aparecer frente a ella el cuerpo inconsciente de la sailor de la destrucción, flotando dentro de una especie de burbuja de energía. - ¡El momento de despertar a la sailor de la destrucción!

-¡Nooooo! – gritó Usagi.

-¡Fuego de Marte! – gritó Sailor Mars, lanzando su fuego sagrado contra las guerreras.

-¡Rayo de Venus!- la siguió Sailor Venus.

-¡Trueno de Júpiter!- continuó Sailor Júpiter.

Pero sus poderes parecieron rebotar contra una pared invisible y volver en contra de ellas mismas. Estaban siendo protegidas por un poderoso escudo de energía.

Hikaru, Umi y Fuu observaron a la guerrera de la destrucción. Y luego se miraron entre sí. Era el momento. Ahora o nunca. ¿Acaso podrían contra la diosa más poderosa de todas las diosas?

Con una simple mirada, las tres supieron lo que tenía que hacer. Apuntaron los talismanes contra la guerrera de la destrucción. Estos se vieron rodeados de una poderosa luz dorada. Luego la misma luz se expandió formando una línea recta, hasta unirse los tres en un punto en común, formando así un triángulo. Una vez unidas las luces de los tres talismanes en una única luz dorada, se dirigieron hacía la burbuja de energía en la que se encontraba la Sailor de la Destrucción. Pero, lejos de despertarla como la sailor que traiga el fin de los tiempos, la poderosa energía acabo por destruir la burbuja que les mantenía cautiva, cayendo así su cuerpo inerte al vacío.

-¡Hotaru!- gritó Usagi, mientras corría hacia ella. Parándose en el lugar indicado, logró amortiguar su caída, salvando así su vida. En los brazos de su princesa, Hotaru recobró conocimiento. Sus ojos negros azabache la observaron con sorpresa y algo de temor. Entonces, pareció recordar. - Hotaru… Hotaru, ¿Te encuentras bien?

-Princesa….

Tras destruir el campo de energía que mantenía cautiva a Sailor Saturn, la luz proveniente de los talismanes se dirigió hacía Thia, tomándola por sorpresa. De pronto, la diosa se vio envuelta en un inmenso poder, un poder que había sido creada por ella misma, pero contra el cual nada podía hacer. Al mismo tiempo, Rayearth, Ceres y Windom, lejos de comenzar con la destrucción de aquel mundo, comenzaron a atacar a aquellos monstruos demonios que Thia había convocado.

-¡¿Qué es lo que hacen?! ¿Qué están haciendo? - Thia observó sorprendida. De repente creyó ver a Hikaru como el pilar de su amado Céfiro, con su largo cabello rojizo, suelto y un hermoso vestido blanco.

-Tú estás equivocada si de verdad piensas que vamos a destruir nuestro propio mundo. ¡De ninguna manera lo haremos! Este es nuestro mundo, aquí está toda nuestra vida, nuestras familias, nuestros amigos. Estás equivocada si piensas que las cosas no pueden solucionarse de otra manera, si piensas que porque algo no salió como lo esperabas, hay que destruirlo todo y empezar de nuevo. ¡No es así! Siempre hay una solución, siempre hay algo que hacer. Sólo hay que confiar, confiar en los corazones de las personas que habitan este mundo, así como yo confíe en los corazones de la gente de Céfiro para sacar adelante a su mundo. ¡Yo confío! ¡Así como confío en que el amor que existe en el corazón de Usagi sacará adelante a este mundo y podrá hacerlo un lugar mejor!

-Hikaru…

-¿Lo recuerdas? ¿Acaso lo recuerdas? ¿Recuerdas cuando esté mundo era perfecto? ¿Cuándo Céfiro y la Tierra convivían en extensa armonía? ¿Cuándo era posible ir de un mundo a otro sin problema?

Thia no supo que contestar, sus ojos se llenaron de lágrimas. Había olvidado aquellos tiempos en los que en la Tierra la magia era moneda corriente, parte del día a día de los terrícolas. Aquellos tiempos en los que el portal entre Céfiro y la Tierra estaba abierto para cualquier persona y los dioses solían pasearse por entre medio de los seres humanos. En aquel tiempo, incluso ella y su hermano recorrían los extensos campos verdes de Céfiro y la Tierra, y hablaban amistosamente, mientras disfrutaban de las bondades de aquellos mundos hermanos, mundos perfectos.

-Quizás no se pueda volver al pasado, pero las cosas pueden volver a ser como antes. Podemos reconstruir este mundo. Con la ayuda de los cefirianos, haremos que la gente en este mundo ame y respete la naturaleza, que vivan en armonía. Y, entonces, el Milenio de Plata podrá renacer en este mundo sin necesidad de que sea destruido y sin someter a Usagi a qué vele de por vida por el bienestar de toda su gente. ¿Por qué debería hacerlo? ¿Por qué someter a Usagi a vivir la misma vida que ha vivido Esmeralda, cuando quedó demostrado que otro mundo es posible?

-Pero…- susurró Thia, mientras seguía envuelta en aquella energía que la inmovilizaba. Observó a Hikaru. Sus ojos tenían un brillo especial, a través de ellos podía sentir el profundo amor que había en su corazón. Así como, alguna vez, había podido ver a través de los ojos de Esmeralda. – No es posible… es que ya no es posible, ya no hay esperanzas para este mundo…

-Siempre hay esperanzas… sólo tienes que desearlo con el corazón…- Hikaru cerró los ojos y la energía que provenía de su talismán se incrementó.

Umi y Fuu asintieron con sus cabezas e hicieron lo mismo. En cuestión de segundos, la energía de aquellos talismanos, el fuego, al agua, el aire, se volvieron invencibles. Una poderosa energía en forma de luz dorada fue hacia Thia haciendo que la gema de su frente se rompiera en mil pedazos. Derrotada, cayó al suelo de rodillas. Entonces, la poderosa energía se desparramó por todo Tokio destruyendo a los demonios que la diosa había invocado. La tormenta se disipo, los vientos cesaron, la calma volvió al lugar. Pero la oscuridad aun reinaba el lugar, aun los incendios amenzaban con devorar todo a su paso.

Hikaru, Umi y Fui cayeron de rodillas, agotadas. Mientras, los talismanes continuaban brillando sobre sus cabezas. Entonces, Rayearth volvió al monte del cual había salido, Ceres volvió a sumergirse en las aguas del océano y Windom se esfumó junto con los nubarrones.

Usagi observó sorprendida. Jamás hubiera imaginado que los talismanes poseían ese enorme poder. Mientras la calma parecía retornar a Tokio, tres figuras femeninas comenzaron a dibujarse frente a los talismanes. Usagi se puso de pie, creyendo reconocer aquellas siluetas.

-¡Haruka! ¡Michiru! ¡Setsuna!- gritó mientras corría hacia ellas.

-Princesa...- la joven de cabellos dorados se abrazó con fuerza a las guardianas que había creído que no volvería a ver jamás. Los talismanes se disolvieron frente a sus ojos y, en ese momento, pasaron a formar parte de Hikaru, Umi y Fuu, como reencarnaciones de los dioses que le dieron origen. Ahora que los talismanes ya no existían, nadie, nunca, podría volver a invocar a la destrucción de Sailor Saturn.

-¿Y ahora qué?- interrumpió una voz grave, casi sin aliento.- ¿Qué se supone que pasará ahora, princesa? El Milenio de plata jamás renacerá. - continuó, aceptando su derrota.

-Usagi…- se apresuró a decir Hikaru, poniéndose de pie. - Tú tienes el poder de cambiar el futuro… No tienes por qué atarte a un mundo que te necesitará para siempre.

Usagi se separó de las guardianas de los talismanes. Ella tenía razón, no había porque acabar con su mundo para que el Milenio de Plata renazca. Otro futuro era posible. Ella aun podía cuidarlos desde su anonimato, como siempre, como lo había hecho hasta ahora. Y, de ese modo, podría llevar una vida normal. Y de ese modo, Chibiusa tendría una vida normal. Quizás el mal vuelva a resurgir, como siempre lo hacía, y estaría lista para luchar, como siempre.

Dio un paso al frente y tomó el cristal de Plata con ambas manos. Quizás no supiera como luchar. Quizás no tuviera la fortaleza de aquellas niñas, o las habilidades de sus guardianas. Pero había algo que si podía hacer. Amar. Amar con todas sus fuerzas a ese pequeño planeta azul perdido en el basto universo. Y eso le había bastado para salvarlo del mal una y otra vez. Ni siquiera necesitaba gobernar desde un palacio de cristal custodiado las 24 horas del día. Lo único que necesitaba era usar ese profundo amor para eliminar la maldad de los corazones de las personas.

Levantó el cristal de Plata por encima de su cabeza, con ambas manos. Mientras un largo vestido blanco comenzaba a dibujarse alrededor de su figura.

-¡Curación lunar!- gritó y el inmenso poder del Cristal de Plata comenzó a "desparramarse" por todo el mundo, así como lo había hecho la oscuridad.

Su poder recorrió cada rincón del mundo devolviendo la luz que Thia les había quitado, apagando los incendios que aún estaban activos, neutralizando la lava que había caído de los volcanes que habían hecho erupción, curando a aquellos que aún no habían perecido. Al mismo tiempo, quitaba el odio de los corazones de las personas. Entonces, aquellas cosas que le hacían daño al planeta comenzaron a desaparecer, a descomponerse. Las industrias dejaron de contaminar el agua y los cielos con sus desechos, los motores de todos los autos, aviones, barcos del mundo se descompusieron, las minas de extracción se derrumbaron, los bosques deforestados volvieron a florecer y las tierras que se habían convertido en áridas volvieron a ser fértiles.

Una vez que la luz plateada emanada recorrió todo el mundo, devolviéndole la vida, se concentró en el lugar en el que se encontraban las ruinas de la Torre Tokio. Los restos de la torre, aun desparramados por el suelo, comenzaron a flotar por los aires, mientras los hierros retorcidos que aún estaban en pie brillaban como si reflejaran la luz del sol. Durante algunos segundos, se dibujó en el horizonte la silueta del castillo de cristal que había conocido en el siglo XXX. Luego, la luz se volvió enceguecedora y envolvió a toda la ciudad de Tokio, haciendo que ver lo que ocurría fuera imposible. Poco a poco, esa luz comenzó a desvanecerse, y, al mismo tiempo, la imagen de una torre de cristal, muy parecida a aquel palacio, pero de tamaño similar a la Torre Tokio, apareció en ese lugar.

Usagi cayó de rodillas, exhausta después de semejante muestra de poder. Mamoru corrió hacia ella y la ayudó a levantarse. El vestido había desaparecido, al igual que el cristal, que había vuelto a su medallón.

-¿Te encuentras bien? - preguntó al ver sus piernas tambalear.

-Ahora lo estoy. - respondió ella con una sonrisa. A simple vista, parecía que nada había cambiado. Pero, en su interior, ella sabía que no era así.

Las nubes se alejaron, dando lugar a un hermoso cielo azul. Los rayos del sol rebotaron contra la nueva torre de cristal plateado iluminando así al resto de la ciudad, que parecía resplandecer más que nunca.

Thia se puso de pie, sorprendida ante el poderío de la princesa. Observó la Torre de Cristal y no tuvo dudas. El Milenio de Plata había renacido, pero de una forma diferente a la que estaba escrita en el destino de la princesa de la Luna. La ciudad aún estaba allí, diferente, pero seguía en pie. Igual que su gente. Aunque, sentía ella, algo había cambiado en el corazón de las personas. Tokio de Cristal acababa de nacer, sin necesidad de que el mundo sea destruido, sin necesidad de un palacio de cristal y sin necesidad de una reina que vele por el bienestar de todos.

-Qué gran muestra de poder... Debo confesor que te subestimé princesa... Pero, ¿crees que podrás con esto? Aún resta mucho por hacer, no será fácil...- dijo Thia, acercándose a ella.

-Pero donde hay amor todo es posible.- respondió Usagi con una enorme sonrisa.- Y nadie ama a este mundo más que yo...

-Estoy segura de que así será.- interrumpió Hikaru.- Y, también, estoy segura de que Céfiro y la Tierra pueden volver a relacionarse como en el pasado. Quizás no hoy, quizás no mañana... pero sé que será posible. Mientras tanto, Usagi, Céfiro ayudará a que las personas puedan vivir respetando a este mundo. - Thia sonrió. Quizás las cosas no se hayan dado como estaban destinadas, pero tenía esperanzas en el futuro y en que los dos mundos que tanto amaban volverían a ser hermanos, como en el pasado.

-Siempre supe que eras especial, Hikaru. Tú destino siempre fue convertirte en el pilar de Céfiro... Pero tienes esa gran habilidad para forjar tu propio destino.- Hikaru sonrió.- Confío en ustedes, sé que lo harán mejor que yo.- continuó, mirando a Usagi y Hikaru, para luego lanzar una mirada cómplice a Umi y Fuu.- Después de todo, no lo han hecho mal con Céfiro... Creo que después de tantos años, merezco un descanso.

-Céfiro y la Tierra estarán bien, Thia... Haremos hasta lo imposible porque la paz y la tranquilidad reinen siempre... ¿no es así, Usagi?- Usagi afirmó con la cabeza, mientras una gran sonrisa se dibujaba en su rostro.

Una luz dorada comenzó a envolver a Thia, al mismo tiempo que su imagen se hacía transparente.

-Hasta pronto, mis queridas guerreras mágicas... Y Usagi, haz que me sienta orgullosa...- dijo con una sonrisa. Después de haber visto con sus propios ojos de que era capaz la princesa de la Luna, estaba segura de que así sería.

La imagen de Thia terminó por desaparecer, convirtiéndose en una pequeña criatura blanca y esponjosa. Con unos cuantos saltos, se alejó del lugar para ya no volver. Hikaru volvió a sonreír, mientras se preguntaba adónde iría Mokona ahora que ya no tenía nada más que hacer en ese mundo ni en el otro.

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·٠•● Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ ●•٠·˙˜"*°•

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Observó el brillante cielo azul y enseguida lo supo. Ella lo había logrado, tal como las veces anteriores. Pero, esta vez, era diferente, se sentía diferente. El mundo resplandecía, se respiraba un aire diferente, se sentía como en casa. Si, eso era, olía al Milenio de Plata. Sonrió. Finalmente, su reino, el reino de su amada, había logrado renacer. Y estaba seguro de que esta vez le esperaba un futuro mucho más prometedor.

-Puuruuu.- se sintió detrás de él. Volteó, sólo para encontrarse con los ojos azabache de aquella diosa que había sido su captura durante tantos de miles de años. Ella lucía diferente, ya no había rencor ni tristeza en su mirada, llevaba un vestido blanco, ajustado con un cinturón marrón no llevaba zapatos. Su vestimenta le recordó a los tiempos en que habitaba en el Olimpo.

-Thia...- dijo embelesado. Sonrió. Después de todo, ella había cumplido su deseo, aunque las circunstancias habían sido otras. No esperaba menor de ellas, no en vano habían sido las elegidas para proteger a Céfiro y a toda la creación. Thia sonrió también.

-Eres libre, Apolo...- dijo con una dulce voz. Apolo abrió los ojos con sorpresa. Tanto había soñado con ese momento, pero ¿de qué le servía ahora? Las dos mujeres que había amado en su vida ya no pertenecían al mundo de los vivos, su hijo lo odiaba y su hija... pues, la verdad, tenía a sus padres terrenales, seguro estaba mucho mejor con ellos. - Lo sé, por mi culpa no eres más que un alma errante... ya no tienes hogar, ni familia, y quizás sea mejor así. Has pagado con creces tu pecado, quizás por demás. Pero hoy he aprendido que, no importa que tan mal estén las cosas, nunca es tarde, siempre hay esperanzas. Usagi tiene un enorme camino por delante, de seguro te necesitará a su lado. Y, Clef, bueno, ambos sabemos lo testarudo y cascarrabias que puede llegar a ser, tal vez le lleve tiempo, pero estoy segura de que algún día podrá perdonarte.

-Probablemente me tomé unos 1000 años que eso suceda… ¿Qué harás ahora? ¿Adónde irás?

-Es momento de tomarme un descanso. Ellas no lo hacen nada mal ¿eh? Y sé que tu hija será una magnífica representación mía en la Tierra… Seguramente, algún día, el mal volverá a renacer en este mundo, siempre lo hace. Pero ¿de eso se trata no?, las estrellas necesitan oscuridad para brillar.

-Creo que voy a extrañar tus visitas después de todo...

-Pero tus días de soledad ahora son opcionales... Tú decides.

-Me he acostumbrado tanto a mi vieja amiga la soledad, que ya no sé si podré convivir con otras personas.- Thia sonrió, después de todo, era muy parecido a ella. Ella también había aprendido a amar la soledad.- ¿Nos volveremos a ver algún día?

-¿Por qué no? Los caminos de la vida son indescifrables... Ni siquiera puedes estar seguro de que el destino que tienes marcado realmente sucederá...

-Entonces, prefiero pensar que esto no es un adiós, si no un "hasta luego"

-Hasta luego, mi querido amigo.- La imagen de Thia volvió a desaparecer, para convertirse en esa pequeña criatura peluda, dio un par de saltos y se alejó del lugar. Apolo la observó alejarse, hasta que se perdió en el horizonte.

El sol se ponía detrás de las montañas, dando al cielo un color anaranjado brillante. Nunca en su vida había sentido tanta paz como en ese instante. Una suave brisa movió sus cabellos rubios, mientras una leve sonrisa se dibujaba en sus labios. Se sentía bien estar en casa.

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*゚'゚・✿..:* F I N*.:。✿*゚'゚

¿O no?

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N/A

Awww, adoro los finales felices, pero detesto los finales abiertos. Paradójicamente, creo que este final tiene algo de abierto. No tenía pensado dejarlo así, imaginaba un final en el que contara como era la vida de Usagi siendi reina sin ser reina, con las sailor visitando Céfiro, pero, la verdad, preferí dejar eso a criterio del lector. De todos modos, no pude resistirme a eliminar el futuro de Tokio de Cristal. Siempre pensé que el futuro que le aguardaba a Usagi lejos estaba del final feliz, es decir, vivir encerrada en un palacio, destinada a orar por todos, velar por la seguridad del mundo, no es muy feliz que digamos ¿verdad? Me la imaginaba más con una vida normal y una linda familia con Mamoru, Chibiusa y, ¿por qué no?, Kousagi. También, con nuestras sailor gardian teniendo una vida más normal, con parejas e hijos. ¿Quien dijo que ellas guardaron celibato de por vida, después de todo, nunca se muestra demasiado de la vida de las sailor en el futuro. Pues, eso es lo que intente plasmar aquí, la posibilidad de que Usagi proteja a la Tierra con la ayuda del cristal de plata, pero desde su anónima vida normal.

Por otro lado, ¿hay algún escritor entre mis lectores? ¿No les pasa que hay cosas de sus historias que no terminan de cerrarles y, con cada releída, les convence cada vez menos? Me ha pasado en cada una de mis historias. Haásy partes de esta historia que ame escribir, y que, con cada releída, amo cada vez más. Pero siempre hay algo que no me gusta demasiado como quedó. En este caso, casi todo me ha gustado, excepto una cosa, de la que sigo dudando. Y es el hecho de la "resurrección" de las guardianas de los talistames, ¿qué opinan de eso? La verdad es que ame escribir el capítulo en que murieron, y me gustó mucho como quedó. Pero desde que lo escribí he estado pensando que haría luego. La idea de revivirlas no era de mi agrado, finalmente lo hice porque en Sailor Moon las resurrecciones son bastante comunes. Y, bueno, digamos que las sailor, o sus espiritus o las semillas estelares, o lo que sea, son eternas, y están destinadas a reencarnar una y otra vez. ¿Ustedes que piensan? ¿Debí dejar que siguieran muertas?

Por cierto, ya le tomé el gusto a eso de los epilogos, así que, si me inspiro, quizas haga uno contando que tal le fue a Usagi con el renacimiento del Milenio de Plata.

A mis queridas Clemis, ¡lo siento! Pero, desde aquel histeriqueo de Umi y Ascot durante los primeros capítulos de Destino, tenía muchas ganas de escribir una historia en la que el sueño de Ascot se haga realidad... es que, simplemente escribí una relación tan perfecta entre ellos, un amor tan profundo y sincera de parte de él hacia ella, que creí que el muchacho lo merecía, y mucho más que Clef. Era claro que la historia era esta, después de todo, no lo veo a Clef viajando a Mundo Mistico (no sé porqué). Listo, ya me saqué las ganas... Vuelvo a ser Clemi.

Una vez más, gracias a todos los que han seguido esta historia. Gracias por sus favs y reviews.

Y, si amas Sailor Moon como yo y crees que es un poco injusto que las sailor no hayan tenido la posibildad de enamorarse y formar una familia, estoy escribiendo una historia que les da una revancha, busquénla en mi perfil, se llama "El Pasado no Perdona". Y a los que no han leído "Destino", los invito a hacerlo.

Besos y hasta la próxima